Ma vie

Summary

Por que hasta Cupido puede fallar en el amor. 》》》》》》》》》》》》》》》》》》》 🍑 Argentina, el llamado "Cupido" por los mortales, cayó perdidamente enamorado, ¿Podrá superar aquella delgada línea entre la disciplina y la desobediencia por su Dios? 🍑⚠️Toxic⚠️ 🍑+18 🍑Argentina × ???

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Capítulo 1

☀️Argentina siempre sintió admiración por los demás ángeles y Dioses, queriendo ser como ellos cuando fuese más grande pero...era una lastima que los demás vieran a aquel pequeño Cupido como un ser inútil y poco esencial para los seres humanos.

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Aquel pequeño ángel miraba con asombro a su compañero de clase, USA, el Dios de la guerra, observaba con atención como éste usaba con agilidad su espada contra un muñeco de paja, dejándolo completamente destrozado en cuestión de segundos.

Argentina deseaba poder ser así de fuerte, tener un arma así de filosa y útil pero...el solo tenía sus pequeñas flechas y arco.

En realidad, siempre había algo malo que recalcar de sí mismo, los otros niños eran delgados, altos y con su abdomen levemente marcado, en cambio, él era bajito, y con un poco de peso demás, llegando a resaltar más de el, su gran y suave pancita junto a sus pequeñas alas en su espalda.

Se disponía a darse la vuelta cuando notó el escudo del otro niño caer cerca suyo, al principio dudo un poco pero al ver al de rayas bastante lejos decidió agarrarlo, soltando leves quejidos por lo pesado que era por lo que, empezó a mover sus alas, intentarlo levantarse a sí mismo y a aquel objeto de hierro pero...no podía, su peso combinado con el arma ajena eran demasiado para sus alitas.


Tsk, ya deja de ensuciar mi escudo, bastardo.


Dijo el estadounidense una vez se acercó corriendo hacia donde había visto caer su pertenencia, llegando a fruncir el ceño en cuanto vio a ese ángel inútil apenas arrastrando su escudo en las nubes.

Una vez cerca empujó al más bajo dejándolo caer para así, agarrar aquel objeto con total facilidad, llegando a apuntar con su espada al menor en su abdomen.


—¿Enserio con la barriga que tienes pensabas poder alzarlo? Solo mírate, pareces embarazado.


Aquel pequeño Dios soltó unas carcajadas al ver al pequeño Cupido soltar lágrimas mientras el pinchaba su abdomen con la punta de su espada, logrando ver, como al poco aquel albiceleste se levantaba y empezaba a correr sollozando por ahí.


Encima de débil, llorón.


Dijo antes de darse la vuelta y seguir con su entretenimiento con su cuidador.

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—¡Chicos, a comer!.


Gritó uno de los ángeles logrando ver a los pequeños venir corriendo o volando hacia aquel gran palacio, tomando cada uno un asiento en la larga y decorada mesa de mármol y oro.

Argentina, por su parte, fue caminando algo nervioso a su lugar, todos hablan con alguien, todos tenían un amigo...todos excepto el.

Ningún ángel o Dios hablaban con el, siempre lo veían con molestia o simplemente lo ignoraban por como era.


—B..buenas tardes, Italia..


Dijo con timidez el menor mientras agarraba su pequeña bandeja, dispuesto a sentarse al lado del pequeño Dios mensajero pero...éste le miró con burla, levantando una de sus piernas, la cual, tenía pequeñas alas al principio del tobillo.


—¡Oh, no! Discúlpame Argentina, estas cosas funcionan por si solas.


Comentó en tono de lastima aunque terminó riéndose al igual que otros que estaban cerca suyo viendo y apuntando al gordito ángel en el suelo embarrado de su propia comida.

Oír las carcajadas y burlas de los demás fue muy duro para el albiceleste, quién, tenía sus ojitos cristalinos ante las ganas de llorar que tenía, así, se levantó como pudo y salió corriendo de ahí tapando su carita con sus pequeñas manos para evitar que lo vieran sollozar.

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—...¿Por que nací así?..ni siquiera puedo volar...


Decía el menor limpiándose sus lágrimas cerca de un pequeño río que había a lo lejos, se miró en el reflejo del agua cristalina, mojando sus piecitos mientras comía algunas uvas, fue lo único que pudo conseguir ahí, su ración de comida se había desperdiciado, lo único bueno, fue el hecho de que se pudo limpiar con el agua que había ahí.

Suspiró con pesadez, desde que había nacido siempre fue duro para el vivir ahí, ni siquiera tenía un ángel guardián a cargo como los demás niños, nunca supo el por qué, y tampoco tenía la valentía para preguntarle al Dios supremo, ONU.

Sus alitas se erizaron al sólo recordar su fría y seria mirada, bastó que lo viera una sola vez para que nunca más quiera volver a verlo, ya que, realmente le daba miedo.

Así, pensativo de su desdicha, notó a través del reflejo del agua a unas aves acercarse a el a gran velocidad, intentó levantarse y correr pensando que iban en busca de peces pero...lo único que consiguió fue ser perseguido por estas, soltando quejidos por los picoteos que le daban a sus alas y a su celeste piel.


—¡Déjenme, por favor! ¡No soy el río! ¡No tengo peces!


Gritó el pequeño entre quejidos mientras corría a todo lo que sus piernas le permitían, llegando así, a entrar a una pequeña cueva, escondiéndose y abrazando sus piernas para encogerse mientras aquellas aves sólo volvieron a volar hacia otra zona.

Aquel latino, tras el susto que se había dado empezó a sollozar...estirando sus pequeñas alas para cubrirse un poco a sí mismo cual pajarito herido, realmente se sentía solo, abandonado, y odiado...él no tenía a un ángel que tratara sus heridas, a un amigo que le ayudara, no tenía a nadie...

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Pero poco sabia ese pequeño ángel que su suerte iba a cambiar.

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