Secretos De Familia (Brunoxlectora)

Summary

Bruno no es lo único prohibido de nombrar en Encanto, hay un grave secreto, el mismo causante de lágrimas, dolor y miedo, un profundo miedo por la verdad, todo esto oculto en la oscuridad dónde la vela no puede tocar, dónde ni el mismo Milagro pudo hacer algo. ¿A cuántos más arrastrará este secreto?, ¿Acaso la Casita se canso de ocultar todo y el milagro no perdona?, ¿Podrá Mirabel ser la única valiente para descubrir todo lo que sucede detrás de su mágica familia? ¿Porque no se habla de Bruno? Porque la sola imagen de su tío Bruno la persigue.

Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
16+

𝖎𝖓𝖙𝖗𝖔𝖉𝖚𝖈𝖈𝖎𝖔́𝖓



Bruno no es lo único prohibido de nombrar en Encanto, hay un grave secreto, el mismo causante de lágrimas, dolor y miedo, un profundo miedo por la verdad, todo esto oculto en la oscuridad dónde la vela no puede tocar, dónde ni el mismo Milagro pudo hacer algo.


¿A cuántos más arrastrará este secreto?, ¿Acaso la Casita se canso de ocultar todo y el milagro no perdona?, ¿Podrá Mirabel ser la única valiente para descubrir todo lo que sucede detrás de su mágica familia?


¿Porque no se habla de Bruno?


Porque la sola imagen de su tío Bruno la persigue.




Era una noche especial, digna de celebrar y todo el pueblo lo sabía, por lo mismo casi la población entera de Encanto entraba a la Casita, emocionados por el recibimiento del Don de la pequeña Mirabel Madrigal.


Todos felicitaban a Agustín y a Julieta por su maravillosa niña, asegurando que tendría un don tan extraordinario como ella.


Si tan solo supieran que los verdaderos padres esperaban a Alma y a la pequeña festejada afuera de su habitación.


— oh no, ¿Y si algo sale mal? ¿Dónde está la sal? Todo tiene que estar perfecto o no me lo perdonaré —hablaba casi en trabas el varón de los hijos de Alma.


Las ratas del dueño de esta escena de pánico, se habían bajado de él para no marear se por el Bamboleo.


— Bruno, Bruno, ¡Ya Bruno! —riñe la mujer a su lado, apoyada en la pared mientras veía preocupada a su esposo.


Bruno solo paro, pero eso no quitó el nerviosismo del hombre, casi parecía que se desmayaría en cualquier momento.


— l-lo siento Imelda, es que... Nose, ¿Y si Mirabel me dice papá frente a la gente? ¿Que pasará al verme y si se asustan? —habla nervioso.


Bruno regulo su respiración cuando la bella mujer frente a el lo abrazo, era como si esos brazos cálidos calmaran el malestar de su cuerpo, se acurrucó en ella y en su cabello que olía a rosas, seguramente producto de que decorara la casa con Isabella.


— todo estará bien mi ratoncito —alentó, acariciando el cabello de su esposo y besa su mejilla— ¿Ok?, Si alguien dice algo de Mirabel los sacaré a patadas con Casita, igual si alguien te dice algo.


El hombre sonríe, enternecido de las palabras de su mujer, amaba con locura a la madre de su hija.


— harás que a mamá le de algo —comento burlesco, haciendo reír a la de piel clara—, gracias por calmar me, te amo.


— yo también te amo Bruno —susurro juguetona en el oído del hombre, haciéndolo estremecer—, quisiera poder estar con ella más cerca, celebrar de verdad todos juntos...


Bruno se alejó un poco de su mujer, quien con sus ojos color nuez le decía todo el dolor que albergaba su corazón.


— perdona me Imelda.


— no tengo nada que perdonar te Bruno, es por el bien de Mirabel —murmuró con la voz quebrada, sintiendo los dedos de su marido tomar su rostro—, nuestra niña es fuerte, mientras estemos juntos nada nos pasará.


— sí, eso lo saco de tí creo —bromeó con diversión Bruno— mientras estemos juntos, no dejaré que nos pase nada.


— tal vez cuando termine toda la celebración...


Imelda tomo las manos de Bruno en su rostro, sonriendo ante la intriga del moreno.


— tal vez, si Mirabel no se ha caído del cansancio de tanto bailar —bromeó, haciendo reír al Madrigal— podemos ir los tres al techo de casita y ver las estrellas, ¿Que dices?


— yo digo... —alargó la última sílaba, besando los labios de su adorada esposa en un casto roce— que la velada será solo para nosotros dos.


Ella sonrió provocando cosquillas en los labios de Bruno, quien correspondió la misma sonrisa.


— ¿Acaso lo viste en una visión tontito? —jugo ella, acercando más su cuerpo al del hombre que adoraba.


— no hay que ser vidente o hechicero para saber que Mirabel estará bailando, saltando y usando su don con sus primos toda la noche hasta caer rendida —le aseguro Bruno, divertido, ocasionando la risa de la mujer.


— ya veo porque te dieron el don de la predicción mi ratoncito —se mofa, alejando se abruptamente de Bruno cuando la Casita hizo bailar la cerámica, la puerta de la habitación de Mirabel se abrió. 


Frente a ellos una emocionada pequeña los veía con ilusión, con su hermoso vestido blanco y su sonrisa de oreja a oreja.


— mami, papi, ¡La abuela me dijo que seguro mi don será grandioso como yo! — habla emocionada, dando saltos y descolocando se su lazo rosa.


La de cabello oscuro sonrió, adorando con su alma la emoción de su pequeña niña, Mirabel era una versión más extrovertida de Bruno y verla llegar a esto la hacía recordar esos tiempos cuando era una niña y estaba enamorada de la oveja negra de los Madrigal.


— ¡Mirabel! Sabes que cuando haya gente en la casa no puedes decir nos papá y mamá —réplica Bruno, asustado y viendo a su alrededor.


Alma frunció el ceño e Imelda la imitó. Más al ver a su pequeña niña apenada.


— lo siento papi, se me olvidó —se disculpó.


— Bruno, no seas tan duro con la niña —replicó Imelda, cargando a su bebé, a su hermosa e increíble bebé—, no te disculpes mi niña hermosa y preciosa, cuando todo termine mañana mismo celebraremos solo los tres, ¿Te parece?


A Mirabel se le iluminaron los ojos, ilusionada.


— ¿Y me enseñaran a usar mi grandioso Don para ayudar a la comunidad como dijo la abuela? —la emoción en la voz de la pequeña no pudo dar más.


Bruno contempló a su hija y a su esposa, su razón para vivir, el porque seguía de pie y aguantaba está maldición que el milagro le dió.


— claro que sí Mirabel —se acercó Bruno, para estar a lado de su esposa y acariciar el rostro de su hija—, pero no olvides que sin importar cuál sea tu don, tu seguirás siendo la increíble Mirabel Madrigal.


— no dejes que tu Don te defina —continuo Imelda, entendiendo el porque Bruno decía esas palabras a su hija.


La niña sonrió, mientras su abuela acomodaba su lazo, para que quedará perfecto.


— bueno mi niña, ya es hora de que tus papis bajen y recibas tu don —le recordó Alma, Mirabel casi salta de los brazos de su madre


— vamos, vamos, vamos abuela —dice emocionada, mientras toma la mano de su abuela.


— Mirabel, cariño, ten cuidado me vas a romper —advierte divertida Alma. Tratando de seguir a la niña.


Ambos adultos se ríen, se miraron entre sí, Bruno tomo la mano de su esposa, sintiendo el anillo de matrimonio rozar su piel.


— vamos antes de que Camilo se coma todas las arepas —dice Bruno.


— entonces debemos correr —dice Imelda, corriendo de golpe mientras arrastraba consigo a Bruno, quien poco a poco le siguió el paso, mientras reían.


No cabían en su dicha, era como si el mundo estuviera pintado del color de las flores más hermosas y el paraíso les permitiera pisar sus terrenos.


Bruno se calmo, reconociendo que su amada tenía razón, después de todo ¿Que podía salir mal?.


........


Bajaron, tratando de disimular su carrera ante la multitud, de ojos que los interceptaron al solo momento de llegar.


Bruno se tenso y trato de ver sus pies para no captar las miradas, Imelda no se dejó intimidar por ellas y con más seguridad tomo la mano de su esposo.


Aunque nada la preparaba para las palabras.


“es el brujo y su esposa”


“ hay quienes dicen que el la hechizo después de maldecir la y enlazar su futuro”


“que horror, como una mujer tan bella podía estar con un hombre como el”


“por culpa de él no tienen hijos, seguro Dios no lo quiso y por eso perdió a su bebé”


eso es cierto, si no fuera por culpa de ese hombre el que recibiría el milagro sería su hijo y no la de Julieta y Agustín”


“no le basto con desgraciar a su familia y al pueblo, también se atreve a aparecer ahora”


“a mí me dijeron que cuando te mira es para saber tu condena futura”


“es horrible”


“es malvado”


“hara lo mismo que en la boda de su hermana, arruinaran todo”


“ni hablar de cuando predijo el futuro de su sobrina”


Esa y más palabras hirientes, murmura, chismosea y comenta el público a su alrededor. Como si fuera una atracción de circo su matrimonio y un remolino de sensaciones hace sentir desdichado a Bruno, trata de verdad de ser fuerte pero duele ¿Que acaso ni en su hogar podían dejar de verlo como un monstruo?


Como si el fuera un demonio que predecía lo peor.


— tranquilo ratoncito, recuerda que estamos aquí por Mirabel, a ella no le gustaría verte triste —le susurra en su oído a su esposo.


¿Cómo se atrevían estas personas a desanimar a su marido? Sabía que Bruno a veces podía ser sensible e inseguro pero hasta a ella le dolieron las palabras sobre la “perdida” de su bebé y peor aún que le dieran responsabilidad a Bruno.


Cómo si no fuera su culpa el que tuvieran que esconder su verdadero parentesco con su hija, ellos podían soportar los insultos, los malos tratos, las miradas despectivas y la sisaña, pero Mirabel era tan solo una niña.


— seguro está muy emocionada para notar lo —murmuró, aún sin levantar la vista, guiado por su esposa.


— ella siempre nota cuando estás mal Bruno, ella se preocupa mucho por tí.


— es igual a su madre —sonrió el moreno, tratando de animar se a si mismo.


— e igual que ella le romperá la cara un día a todos los mal paridos que hablen mal de tí —dice con odio en su mirada, agradecía que Alma no estuviera cerca o Mirabel.


— ¡Imelda! —alega anonadado, nunca se acostumbraría al temperamento de su mujer. Le encantaba, pero a la vez le aterraba.


— ay no Bruno... ¡Ouch! —dijo al sentir que algo chocaba con ella, al menos con su pierna.


— ¿Camilo?, ¿Que te pasa? —dijo Bruno preocupado, tomando en brazos al niño, importando le poco la expresión disgustada de algunos.


El pequeño niño de rizos, estaba con la carita roja mientras lloraba a moco tendido.


— ¡Salomé me pegó! —alegó entre hipidos.


Bruno e Imelda se miraron entre sí perplejos, antes de poder decir algo llegaron cuatro niñas frente a ellos.


— ¡Tía Imelda no le crea a Camilo! —alegó una niña de cabello rubio y ojos verdes, con un hermoso vestido de tonos tierra.


La mujer de cabello oscuro frente a ella, cruzo los brazos, viendo a sus sobrinas; Dolores e Isabella de 10 años, junto a una pequeña de 8 años llamada Luisa, que eran las sobrinas de Bruno, mientras que su única sobrina sanguínea Salomé de 12 años, está última parecía molesta.


— ¿Entonces no le pegaste a Camilo? —pregunto con voz altiva.


Las niñas parecían apenadas y más al ver llorar a Camilo, quien se acurrucó entre los cabellos de su tío favorito.


— bueno si, pero ¡El se lo merecía! —contesto la niña, aún firme.


— eso es cierto tía —defendió una pequeña morena llena de flores.


— no me importa, no deben pegar le a Camilo es su primo y tú hermano Dolores, ¿Porque no lo defendiste? —regaño la mujer, las niñas parecían arrepentidas, sobre todo Luisa que no había hecho más que seguir a sus primas y hermana mayor.


— porque Camilo molesto a Isabella haciéndose pasar por Marianito —contó en voz apenas audible.


Camilo se tenso, tratando de aguantar la risa al recordar su travesura.


— ¿Eso es cierto Camilo? —cuestionó la mujer, Bruno se mantenía callado, no podía salvar a Camilo de esta.


Eso o ya no habría noche en el techo bajo las estrellas.


— pero ella me pegó —se defendió, como si fuera lo peor del mundo.


— y tú te burlaste de tu prima Isabella y te hiciste pasar por el niño que le gusta...


— ¡Tía a mi no me gusta Mariano! corrige toda roja de vergüenza, mientras flores salen de su cabeza.


Se vio a Camilo reír divertido, delatando se.


— a mí sí —susurro apenas audible Dolores.


— ¿Que dijiste? — pregunto Luisa por primera vez.


— jum.


— bueno, bueno, bueno, ya basta esto se resuelve de manera racional, o se disculpan y se abrazan o llamamos a Pepa —habla Bruno, por fin actuando como el adulto que se dice ser.


Todos los niños negaron frenéticos y el propio Camilo se bajó de los brazos de su tío asustado.


— no no no no no tío no llame a mi ama' —rogó Camilo.


— Pepa lanza truenos si se enoja —recordó Salomé con miedo.


— los truenos me lastiman los odios —se queja Dolores, tapándose los oídos.


— ¡La tía da miedo cuando se enoja! —dice Luisa.


— ¡Sí!


— entonces se disculpan el uno con el otro y se abrazan o llamo a Pepa — amenaza Imelda.


— está bien —dice Camilo rendido, quitando se los mechones de la cara con sus manitas— perdona me primita por molestar te con Mariano.


— te perdono primito —se abrazan con fuerza, Isabella a propósito con más de la debida, haciendo que Camilo se separe de ella de golpe, viéndola mal.


— ahora tu Salomé —le dice Imelda.


— perdóname Camilo por golpear te y hacer que lloraras como una nena —se disculpó con falso arrepentimiento, haciendo reír a Dolores y a Isabella.


— ¡Si serás...! —Camilo se calla ante el carraspear de su tía— uy, eres de lo peor. Te perdono por pegar me y perdón por burlar me de tu feo vestido.


— ¡Ey pero eso no lo hiciste! —alegó Salomé molesta.


— bueno pues ya lo hice y me disculpé —se mofo, para después salir corriendo a dónde su mamá.


— cobarde —murmura la pequeña de tes clara.


Ambos adultos vieron alejar se a los niños, sin poder creer la escena, no pudieron evitar reír se recordando buenos tiempos.


— ¡Ya es hora, ya es hora! —hablaron las personas, haciendo el espacio y dejando casi todo a oscuras.


Imelda sintió su corazón latir con fuerza, su bella niña estaba al fondo, siendo iluminada por la luz proyectada para caminar hacía la puerta. A su alrededor Pepa llegó junto a Félix, quien cargaba a Camilo veía feliz a su prima y mejor amiga, no fue ni un segundo cuando Agustín y Julieta se acercaron igual, con sus rostros llenos de orgullo.


Al su hija pasar por su lado les sonrió, Imelda sintió como Bruno apretó la mano en su cintura, abrazándola con una mirada llena de tanto amor como solo un padre podía ver a su hija.


Como un padre que reconocía que este momento era un paso importante en su vida.


— los quiero —susurro la pequeña.


— nosotros a tí —murmuraron a la vez. Casi con lágrimas en los ojos al ver a su niña subir los escalones.


Se veía tan feliz, todo era perfecto, la abuela Alma tomo la mano de la pequeña y con seguridad le hizo saber que debía tomar la perilla.


Mirabel por segundos vio está y muchos se exaltaron cuándo por fin la toco, la puerta brillo y sintió que el corazón ya no latía, a Bruno se le cortó la respiración, la puerta seguía brillando, tratando de tomar forma como siempre lo hacía.


Pero no todo puede ser perfecto ¿O si?