Soulmates III - El prisionero de Azkaban

Summary

¿Y si el heroe que todos conocemos... fuese una mujer? Por la cicatriz que lleva en la frente, sabemos que Gianna Potter no es una niña como las demás, sino la heroína que venció a lord Voldemort, el mago más temible y maligno de todos los tiempos y culpable de la muerte de los padres de Gia. Esta es la historia que todos conocemos... pero en este caso, si Harry fuera una chica. Obviamente, es un Drarry, o en este caso, un... ¿Drianna?

Status
Complete
Chapters
20
Rating
n/a
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16+

Capítulo 1. Lechuzas mansajeras

Ronald

Ron escuchaba distante las explicaciones de los guías, empanado, hasta que su hermano Fred le dio un codazo, haciéndole volver en sí.

- ¿Intentamos meter a Perce en una pirámide? - le ofreció. Ron no contestó. - ¿Qué te pasa, Ronnie? Llevas empanado todo el mes. - Ron le hizo un gesto con la cabeza para que se quedasen rezagados.

- ¿Puedo confiar en ti?

- Claro. - Ron miró a sus padres, que charlaban con el guía, Bill y Ginny mientras George y Percy discutían.

- Cuando Gia salía del despacho de McGonagall después de salvar a Ginny, yo… la besé. - Fred abrió mucho la boca, sorprendido.

- ¿Qué hiciste qué? - dijo, alucinado. - Joder, hermanito. Aspiras alto. - dijo, agitando la mano. - ¿Y por qué esa cara de lechuga?

- Se quedó boquiabierta, espantada, y se largó del susto.

- Uff…

- Ya. - dijo con una sonrisa amarga. - Ufff…

- ¿Hablaste con ella?

- Lo hablamos en el expreso, y enseguida me dejó claro que yo no le gustaba.

- ¿Y?

- Y le dije lo mismo. - Fred le miró con el ojo tembloroso. - ¿Que querías que le dijera? “Pues tu a mi si me gustas”. Arruinaría nuestra amistad, Freddie.

- Ya, bueno… En ese punto estoy de acuerdo, vale. - admitió. - Pero aun asi… no se, debiste habérselo dicho.

- ¿Sinceramente? Por la cara que puso, creo que a Gia le interesa mas Ginny que yo. - dijo con hastío. - Cuando le dije que le gustaba, se sonrojó. Y se que la canción le había parecido un detalle.

- Es que Potter es muy mona. - reconoció con ternura. - ¿Te digo lo que yo opino de Gia? - Ron asintió. - Creo que Gia no va a acabar siendo una Weasley. - se aventuró a presagiar.

- ¿Qué quieres decir?

- Gianna Potter dentro de unos años será Gianna Malfoy. Te apuesto lo que quieras. - Ron se quedó boquiabierto.

- Venga ya, no digas chorradas. Gia y Malfoy se odian.

- Si, se odian… por ahora. Pero solo hay que ver como la mira. Malfoy esta coladito por ella.

- Que estupidez.

- Lo que tú digas, Ronnie. Yo solo digo que si planeas algo con Gia, que sea rápido. - le previno.

Gianna

Gia;

¡Feliz cumpleaños! Espero que esta carta te llegue unas horas antes, si no, no tendría ninguna gracia, la verdad. ¿Qué tal? Espero que el verano con los muggles no este resultando tan horrible como el pasado. Si es así, dímelo, y haré lo que pueda por vernos otra vez.

Yo sigo en la mansión de los Malfoy (no, todavía no me han bajado al sótano para torturarme). Draco sigue cabreado porque les hayas dejado sin elfo, pero activo el modo “ignorar” y se hace mas ameno.

Un abrazo de

Blaise.

Gia sonrió al leer la carta que su amigo le había enviado, bien entrada la noche, junto con su regalo de cumpleaños: una baraja de poker, totalmente nueva y de aspecto caro, fino y elegante. Estaba claro que debía haber sido cara, y Gia no pudo evitar sonrojarse al pensar en el precio. Junto a la baraja, una nota de su amigo.

Reservala, este año pienso desplumarte.

B

En todo el verano que llevaba con los Dursley, sin duda, era con quien mas se había escrito, a parte de Hermione. Suspiró y trató de volver a su redacción de Historia (que ya ocupaba mas de pergamino y medio), pero la pluma se quedó suspendida en el aire, mientras Gia pensaba.

En todo el verano, apenas había recibido una carta de Ron, su mejor amigo, informandole de que iba a pasar sus vacaciones a Egipto por un premio que le habían dado a su padre. El curso pasado, después de salvar a su hermana pequeña de las garras de lord Voldemort, Ron le había dado un beso en los labios. El chico se excusó en que había sido la emoción del momento, pero… Gia se había sentido muy confundida al respecto.

Habían pasado unos días bastante incómodos y distantes, hasta que hablaron por fin del tema en el expreso de vuelta y acordaron que simplemente eran mejores amigos. Aun así, Gia no había dejado de darle vueltas. Quería mucho a Ron, era su mejor amigo, quien siempre la había ayudado y apoyado, pero de ahí a gustarle…

“Claro”, dijo una voz en su cabeza. “Es que no tiene el pelo rubio”.

“¿Qué coño dices?”

Gia había llegado a la conclusión que lo mejor era hablarlo cuando estuvieran en el colegio. Con quien sí lo había hablado por carta era con Hermione, que estaba de vacaciones en Francia. Estaba claro que, en estos asuntos, necesitaba una perspectiva femenina. Tenía bastante claro que Ron solo le interesaba como su mejor amigo, y nada mas que eso.

“De todas formas, estoy de acuerdo en que deberíais hablarlo otra vez cuando estemos en el colegio. O este curso va a ser muy raro para todos”, le había aconsejado Hermione. Gia bostezó, dándose cuenta de que era incapaz de continuar la redacción, y decidió que era mejor dejarlo para el día siguiente. Guardó los libros, pergaminos y tinta en una tabla suelta del suelo, y se quedó mirando por la ventana, hacia la nada. Miró el reloj de su muñeca. Hacía una hora que había cumplido trece años, pero tampoco es que fuese relevante para ella. Estaba acostumbrada a no recibir regalos ni tarjetas de felicitación, así que tampoco le resultaba emocionante. Miró a la jaula de Hedwig, vacía. Hacía dos días que se había marchado, y aunque no estaba preocupada por ella (Hedwig era dura como una piedra, como solía decirle), la echaba de menos. Era la única que no la miraba como un chicle pegado en un zapato.

Aunque Gia seguía siendo pequeña y delgada para su edad, había empezado a notar algunos cambios: había crecido varios centímetros en el último año, su cabello se había ondulado, abandonando los rizos de la infancia, y sus pechos y caderas habían crecido ligeramente. Incluso a algunos amigos de su primo, a los que Gia no soportaba, les había oído decir que “tu prima no esta nada mal. Cuando estaba en el colegio era mas fea”. Ese tipo de actitudes era algo que Gia detestaba en grado sumo. Por suerte, pensó, que al menos no era esmirriada, y supuso que se debía a los entrenamientos de quidditch en el colegio. Tras el cabello castaño rojizo (que había decidido adornar ese verano con un pequeño flequillo recto despuntado) se escondían unos ojos verde esmeralda amarronados, la combinación entre los ojos de sus dos padres, y una cicatriz en forma de rayo. La culpable de que hubiese decidido cambiar el look.

Aquella cicatriz era la característica mas extraordinaria de Gia, y curiosamente, la que menos le gustaba desde hacía unos años, consecuencia del intento de asesinarla de lord Voldemort cuando tenía un año, quien había acabado con la vida de sus padres. Miró a su brazo derecho, donde el curso pasado habia tenido atravesado un colmillo de basilisco que habia estado a punto de matarla. Suspiró y volvió a mirar por la ventana, pensando de nuevo en su amigo.

“Pero es que a mi Ron no me gusta”, pensó. “No quiero hacerle daño pero… no me gusta”. Miraba distraída por los tejados cuando, hasta que entendió lo que veía, arrugando la frente.

Perfilada contra la luna y creciendo cada vez mas, se dio cuenta de que hacia ella algo se dirigía, batiendo las alas. Rápidamente, se apartó.

Tres lechuzas penetraron por la ventana, dos sosteniendo a otra que parecía inconsciente. Aterrizaron sobre la cama de Gia, y lechuza de enmedio se quedó inmovil. Gia la reconoció al instante: era Errol, la lechuza de los Weasley. Se acercó a un cajón y sacó algunas chucherias para las tres. Reconoció a la blanca, su querida Hedwig, quien llevaba un paquete y aprecia muy satisfecha de sí misma. La tercera llevaba una carta con el emblema de Hogwarts, quien retomó el vuelo nada mas cogió el sobre.

Cogió el paquete de Errol con cierta emoción, rasgó el papel marrón y descubrió un regalo envuelto en papel dorado y la tercera tarjeta de cumpleaños de su vida. La primera, se la habia enviado un desconocido el año pasado, tambien de color dorada. Dentro había dos trozos, un trozo de periodico y una carta.

FUNCIONARIO DEL MINISTERIO DE MAGIA RECIBE EL GRAN PREMIO

Arthur Weasley, director de la Oficina Contra el Uso Indebido de Artefactos Muggles, ha ganado el gran premio anual Galleon Draw que entrega el diario El Profeta.

El señor Weasley, radiante de alegría, declaró a El Profeta: «Gastaremos el dinero en unas vacaciones estivales en Egipto, donde trabaja Bill, nuestro hijo mayor, deshaciendo hechizos para el banco mágico Gringotts.»

La familia Weasley pasará un mes en Egipto, y regresará para el comienzo del nuevo curso escolar de Hogwarts, donde estudian actualmente cinco hijos del matrimonio Weasley.

Observó la fotografía en movimiento, y una sonrisa se le dibujó en la cara al ver a los nueve Weasley ante una enorme pirámide, saludándolo con la mano. La pequeña y rechoncha señora Weasley, el alto y casi calvo señor Weasley, y los seis hijos y la hija tenían (aunque la fotografía en blanco y negro no lo mostrara) el pelo de un rojo intenso. Justo en el centro de la foto aparecía Ron, alto y larguirucho, con su rata Scabbers sobre el hombro y con el brazo alrededor de Ginny, su hermana pequeña.

Gia sonrió con ternura, y se alegró de que, pese a todo, Ron le escribiera con tan buenas noticias. Nadie se merecía mas el premio que ellos.

Cogió la carta de Ron y la desdobló:

Querida Gia:

¡Feliz cumpleaños! Siento no haberte llamado, pero mi madre intervino, opinando que no era muy buena idea.

Egipto es estupendo. Bill nos ha llevado a ver todas las tumbas, y no te creerías las maldiciones que los antiguos brujos egipcios ponían en ellas. Mi madre no dejó que Ginny entrara en la última. Estaba llena de esqueletos mutantes de muggles que habían profanado la tumba y tenían varias cabezas y cosas así.

Cuando mi padre ganó el premio de El Profeta no me lo podía creer. ¡Setecientos galeones! La mayor parte se nos ha ido en estas vacaciones, pero me van a comprar otra varita mágica para el próximo curso.

Gia lanzó un suspiró de alivio. Recordaba bien como se había roto la varita de Ron.

Regresaremos más o menos una semana antes de que comience el curso. Iremos a Londres a comprar la varita mágica y los nuevos libros. ¿Podríamos vernos allí?

¡No dejes que los muggles te depriman!

Intenta venir a Londres.

Ron.

Posdata: Percy es delegado. Recibió la notificación la semana pasada.

“Emocionante”, pensó Gia, mirando de nuevo la foto. Percy parecia especialmente orgulloso. Se habia colocado la insignia de delegado en el fez que llevaba sobre el pelo repeinado. Gia rodó los ojos. Cogió el regalo y lo desenvolvió, parecía una diminuta peonza de cristal, con una nota de Ron:

Gia:

Esto es un chivatoscopio de bolsillo. Si hay alguien cerca que no sea de fiar, en teoría tiene que dar vueltas y encenderse. Bill dice que no es más que una engañifa para turistas magos, y que no funciona, porque la noche pasada estuvo toda la cena sin parar. Claro que él no sabía que Fred y George le habían echado escarabajos en la sopa.

Hasta pronto,

Ron.

Gia ahogó una carcajada y puso el chivatoscopio de bolsillo sobre la mesita de noche, donde permaneció inmóvil, en equilibrio sobre la punta, reflejando las manecillas luminosas del reloj. Lo contempló durante unos segundos, satisfecho, y luego cogió el paquete que había llevado Hedwig.

También contenía un regalo envuelto en papel, una tarjeta y una carta, esta vez de Hermione:

Querida Gia:

¿Como te va? ¿Has sabido algo mas de Ron? ¿Que vas a hacer con el?

En estos momentos estoy en Francia de vacaciones y no sabía cómo enviarte esto (¿y si lo abrían en la aduana?), ¡pero entonces apareció Hedwig! Creo que quería asegurarse de que, para variar, recibías un regalo de cumpleaños. El regalo te lo he comprado por catálogo vía lechuza. Había un anuncio en El Profeta (me he suscrito, hay que estar al tanto de lo que ocurre en el mundo mágico). ¿Has visto la foto que salió de Ron y su familia hace una semana? Apuesto a que está aprendiendo montones de cosas, me muero de envidia… los brujos del antiguo Egipto eran fascinantes.

Aquí también tienen un interesante pasado en cuestión de brujería. He tenido que reescribir completa la redacción sobre Historia de la Magia para poder incluir algunas cosas que he

averiguado. Espero que no resulte excesivamente larga: comprende dos pergaminos más de los que había pedido el profesor Binns.

Ron dice que irá a Londres la última semana de vacaciones. ¿Podrías ir tú también? ¿Te dejarán tus tíos? Espero que sí, asi podrás hablar con él. Si no, nos veremos en el expreso de Hogwarts el 1 de septiembre.

Besos de

Hermione

Posdata: Ron me ha dicho que han nombrado delegado a Percy. Me imagino que estará en una nube. A Ron no parece que le haga mucha gracia.

“A mí tampoco me haría gracia, la verdad. Pero supongo que vivo influenciada por Fred y George”, pensó. Cogió el regalo, pensando que sería un libro de poderosos embrujos para que practicase cuando pudiera (Gia era una bruja inusualmente poderosa, que gracias a su linaje mágico, no necesitaba varita), pero no. El corazón le dio un vuelco cuando quitó el papel y vio un estuche de cuero negro con unas palabras estampadas en plata: EQUIPO DE MANTENIMIENTO DE ESCOBAS VOLADORAS.

- ¡Ostras, Hermione! - murmuró, encantada.

Contenía un tarro grande de abrillantador de palo de escoba marca Fleetwood, unas tijeras especiales de plata para recortar las ramitas, una pequeña brújula de latón para los viajes largos en escoba y un Manual de mantenimiento de la escoba voladora.

“Lo que daria por un partido de quidditch ahora mismo”, pensó con nostalgia. Era la segunda cosa que mas echaba de menos de Hogwarts, después de sus amigos. La tercera, quizá. Si jugaba contra Slytherin, estaba a la par que discutir con Malfoy.

Gia dejó el estuche a un lado y cogió el último paquete. Reconoció los garabatos que había en el papel como la letra de Hagrid, y enseguida su expresión cambió a recelo. Vio una cosa verde y como de piel al quitar la capa de papel, cosa que no la tranquilizó en absoluto. El paquete tembló y lo que estaba dentro soltó un ruido fuerte, como si fueran unas fauces cerrandose.

“Ay, señor”, gimió, temiendose cualquier cosa. No creía que fuera peligroso, pero el concepto de peligro que Hagrid manejaba no era el que Gia, ni cualquier ser humano, manejaba, eso lo tenia claro. Gia tocó el paquete con el dedo con recelo. El libro volvio a hacer el mismo amago de querer abrir las fauces. Con cuidado y alejandose prudentemente, cogió con la otra mano lo que quedaba de envoltorio y tiró de él.

Cayó un libro, pero solo tuvo tiempo de ver la elegante cubierta verde con letras doradas, El monstruoso libro de los monstruos. El libro se levantó sobre el lomo y escapó de ella como un cangrejo.

- Pero qué narices… - gruñó.

Cayó de la cama y recorrió la habitación, arrastrando las hojas. Alucinada, se agacho a comprobar que se había escondido debajo de la mesa.

- ¡Ay!

El libro le atrapó la mano y huy batiendo las hojas. Gateó y fue hasta el, sentandose encima, y con un cinturón, lo cerró, dejandolo encima de la cama.

Querida Gia:

¡Feliz cumpleaños!

He pensado que esto ye podría resultar util para el proximo curso. De momento no te digo mas. Te lo dire cuando nos veamos. Espero que ls muggles te estén tratando bien.

Con mis mejores deseos

Hagrid.

“Pues de momento va a la par que el librito, Hagrid”, pensó Gia, cogiendo la carta de Hogwarts. Rasgó el sobre, notando que era mas gruesa de lo normal.

Estimada señorita Potter:

Le rogamos que no olvide que el próximo curso dará comienzo el 1 de septiembre. El expreso de Hogwarts partirá a las once en punto de la mañana de la estación de King’s Cross, anden nueve y tres cuartos.

A los alumnos de tercer curso se les permite visitar determinados fines de semana el pueblo de Hogsmeade. Le rogamos que entregue a sus padres o tutores el documento de autorización adjunto para que lo firmen.

También se adjunta la lista de libros del próximo curso.

Atentamente

Profesora M. McGonagall

Subdirectora

“Pues no estaría mal”, pensó. “Pero no se como voy a conseguir que me firmen la autorización. Se encogió de hombros y miró la hora. Las dos de la mañana. Arrancó la pagina del calendario, dando paso por fin a agosto, y se tumbó en la cama.