Tú siempre serás la suerte de mi vida

Summary

Paralelo al Misterio del Príncipe, pero con distintas consecuencias. Nos adelantamos a mayo, donde la escena del baño... es muy diferente a la del libro original. Y sus consecuencias, también. Dos semanas después de una noche de pasión, Gia cita a Draco en la Torre de Astronomía para anunciarle que está embarazada. Y a partir de ahi... todo es... Esperanza. ADVERTENCIA: este fic trata temas sensibles como la depresión, la violencia o el embarazo adolescente. En ningún momento busco hacer apología de éste último; solo quería dar un giro a la historia. Leerla entra dentro de tu responsabilidad

Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
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18+

Capítulo 1. Estamos en un buen lío

- Puedes repetir la prueba las veces que quieras, Gia. Va a seguir dando positivo - le aseguró Hermione. Gia gruñó.

- Es imposible - murmuró, mirando el frasquito con poción verde. Nunca se había alegrado menos de ver ese color.

- Lo que me parece imposible es que hayas cometido semejante cagada, Gianna. Creí que eras responsable, Pomfrey te dejó claro que eras muy fértil y…

- ¡Ya lo se, Hermione, ya lo se! - exclamó, dando vueltas por el baño de su cuarto -. Puede ser una falsa alarma - Hermione la miró.

- Claro. Después de lo que pasó, seguro que lo es. Aceptalo, Gia. Has hecho la prueba cuatro veces y todas han sido positivas: estás embarazada.

- No - gruñó.

- ¿Cuánto tiempo hace que…?

- Antes del partido - respondió -. Dos semanas - Hermione movió la cabeza.

- Tienes que decírselo.

- Pero…

- ¡Gia, aceptalo! - exclamó Hermione.

- ¡No quiero, Hermione, no quiero, ese es el problema! - gritó, y se sentó en el water tapándose la cara con las manos -. Joder, ¿cómo he podido meterme en este lio?

- Mas bien te han…

- Hermione, por favor - gruñó. Ella puso los ojos en blanco -. Solo pretendía ofrecerle ayuda.

***

Flashback

Caminaba por el pasillo del séptimo piso, después de una de sus habituales charlas de té y duelo con Albus, cuando escuchó un ruido que le llamó la atención en el aseo. Pegó la oreja para asegurarse, pero no había ninguna duda: había dos personas al otro lado, una que lloraba y otra que le consolaba. Con curiosidad, sacó el mapa del merodeador para ver si debía intervenir o no. Y lo que le mostraba le dejó con la boca abierta. El puntito «Malfoy» acompañado de Myrtle la Llorona. Aun atónita, abrió la puerta con cautela.

Draco estaba de pie, de espaldas a la puerta, agarrado con ambas manos a la pila y con su rubia cabeza agachada.

- No llores… - canturreaba Myrtle la Llorona desde un cubículo -. No llores… Dime qué te pasa… Yo puedo ayudarte…

- Nadie puede ayudarme - se lamentó Malfoy, sacudido por fuertes temblores -. No puedo hacerlo, no puedo… no saldrá bien… Pero si no lo hago pronto… él me matará…

Las lágrimas le resbalaban por el pálido rostro y caían en la sucia pila. Malfoy emitió un grito ahogado y tragó saliva. Entonces, con un brusco estremecimiento, levantó la cabeza, se miró en el resquebrajado espejo y a sus espaldas vio a Gia mirándolo de hito en hito desde la puerta. Durante un segundo pareció aliviado de verla, como si fuera lo que mas le reconfortaba en ese mundo. Incluso pareció que avanzaba un par de pasos con intenciones de lanzarse a sus brazos, y Gia avanzó con él, invitándolo a que se desahogara con ella. No obstante, algo se iluminó en su mente y la miró con rabia antes de volver a darse la vuelta.

- Marchate - le exigió.

- Yo…

- ¡Marchate, Potter! - repitió -. ¡No tienes nada que hacer aquí, nada! ¡Corre, ve a contarle a todo el mundo que me has visto llorando! - Gia frunció el ceño.

- No sé por qué piensas que se lo voy a contar a alguien - replicó -. Me conoces, sabes que no soy así. Solo quiero ayudarte - Draco soltó una risa amarga y abrió el grifo para lavarse la cara.

- ¿Ayudarme? - repitió -. No me hagas reír, Potter. Para empezar, lo que me pase o deje de pasarme no es asunto tuyo.

- Sabes que si me importa…

- Eres la última persona en este mundo a la que pediría ayuda - continuó -. Básicamente porque todo esto es culpa TUYA y de nadie más que tuya. No se en que puto momento me pareció que era buena idea tener algo contigo. Eres mi mayor desgracia, lo peor con lo que me he cruzado en esta vida y lo que más me la ha jodido.

Draco estaba seguro de que esas palabras le dolían más a él que a Gia, por mucho que sus rostro mostrara lo contrario, desencajándose, pero no le importó, o no quería que le importara. Cualquier cosa le valía mientras sirviera para alejar a Gia y no suponer un peligro para ella después de haber esquivado dos veces la posibilidad de ser a ella a quien atacara de manera indirecta. Agachó la mirada antes de escuchar como sollozaba.

- No había necesidad de ser tan cruel - le soltó Myrtle, que seguía ahí, escuchando la conversación. Draco la miró -. Creí que eras diferente.

- Siempre ha sido cruel - soltó Gia, limpiándose las lágrimas -. Es su única forma de ser, de vivir, de funcionar. No le creas si te ha dicho lo contrario, Myrtle. Solo sabe hacer daño a la gente. No se por que me molesto en ayudarte siempre, la verdad. Hace tiempo debí darme cuenta de que no mereces la pena - le soltó.

- Debiste haberme dejado matar por Lupin - añadió cuando se daba la vuelta para ir a la puerta-. Me habrías hecho un favor - Gia se detuvo.

- ¿Crees que me arrepiento de haberte salvado?

- Deberías. Me habrías hecho un favor.

Gia se sintió culpable. Zapateó unos segundos contra el suelo y volvió a acercarse. Draco se mordió el labio. Conforme mas se acercaba, mas le llegaba el olor de su perfume.

- No me arrepiento de haberte salvado, ¿me oyes? - le aseguró -. Jamás me arrepentiré. Y si volviese a estar en esa situación lo haría de nuevo.

- ¿Por qué? No lo merezco.

- Porque esa no es decisión tuya, sino mía. Aun sabiendo que tú no harías lo mismo por mí - sentenció.

“No hay nada que no haría por ti, Potter”, pensó mirándola a los ojos. “Y la primera es alejarte de mí aunque eso me queme por dentro”. Las esmeraldas de sus ojos brillaban mas de lo normal, o quizá hacía demasiado tiempo que no las miraba. Quizá era que necesitaba mirarlas desde hacía meses, y ahora que tenía la oportunidad, no quería parar. Quizá quería perderse en esos ojos hasta morir. Quizá eran el único lugar del mundo donde le apetece perderse.

- ¿Qué estas haciendo? - murmuró Gia, desconcertada. Pero él no la escuchaba: se había perdido en sus ojos, borracho solo con el aroma de la Amortentia que le entraba por la nariz y le inundaba el cerebro, dejándolo en blanco. “Te amo tanto…”, pensó, y sin pensarlo dos veces, posó las manos en su nuca con dulzura para inclinarse sobre sus labios.

Gia podía notar las lágrimas de ambos mezclarse por la emoción de reencontrarse. Si Myrtle seguía allí, seguramente estaba alucinando de verlos besarse de una forma tan apasionada. Draco enseguida bajó sus manos a su cintura, apretandola contra él y pidiendo permiso para entrelazar sus lenguas, y la guió hasta la puerta de un cubículo para apoyarla contra él. Gia no opuso resistencia, al contrario: lo cogió de la corbata para guiarlo, y cuando se encontró contra la pared de madera, empezó a morderle y succionar el labio.

- Vámonos de aquí - le pidió Draco.

- Deberíamos parar - le dijo Gia, y empezó a lamerle el cuello despacio, como sabía que le gustaba. Él soltó un gemido, y su polla dio un ligero tirón, irguiéndose.

- ¿Y por qué me haces eso? Sabes que me… - Gia coló la mano por debajo de su camisa, acariciandole el pecho y haciéndole suspirar. Sus dedos bajaron a la parte baja del abdomen, poniéndolo aún mas nervioso. Con un gruñido, tiró de su mano hacia afuera, arrastrándola a la Sala de los Menesteres. Tenía tan controlado el mecanismo de la puerta que tardó solo un segundo en aparecer. La abrió y algo muy diferente a lo que estaba acostumbrado apareció: la habitación que solían compartir. Uno a uno, desabotonó su camisa y la deslizó por sus hombros, dejándola caer al suelo junto con la corbata. Su sujetador de encaje negro le recordó lo hambriento que estaba de algo que hacia meses que no probaba.

Besar su piel. Succionar su pezón mientras se retorcía bajo sus manos. Oír los suspiros mientras sus labios recorrían su abdomen. Era como volver a estar en casa después de mucho tiempo, pero sin mortífagos ni Señor Tenebroso ni padre en la cárcel. Como el curso pasado, donde lo único que le preocupaba era no ser un torpe y conseguir que su novia se corriera. Gia le tocó el hombro al ver que se disponía a bajarle las braguitas. Ambos se miraron y volvió a sus labios, y mientras lo acomodaba entre sus piernas deslizó la mano por su espalda, como si le invitara a enterrarse en ella de nuevo al presionar ligeramente la parte baja de la misma. Y él obedeció, dejando que lo desnudara. Porque no había nada que anhelase mas que volver a estar en su verdadero hogar. En los brazos de Gianna Potter.

***

Pero de eso hacía ya dos semanas. Había sido una noche increíble, donde habían vuelto a reencontrarse varias veces. O al menos, eso había creído ella, porque cuando despertó por la mañana, Draco y su ropa habían desaparecido por completo de la habitación. Estuvo llorando durante lo que fue alrededor de media hora, abrazada a la almohada que aún tenía el olor de su colonia, hasta que decidió que no merecía ni una de sus lágrimas. Entonces se aseó en el baño, se vistió y salió de la habitación con la cabeza bien alta, sin saber que Draco la miraba desde la puerta del mismo baño en el que se encontraron por la tarde, llorando amargamente. Dos semanas en las que había jugado el último partido de la temporada, ganado a Ravenclaw…

Y empezado a salir con Ginny, la hermana de su mejor amigo, y en los que casi no había vuelto a ver a Malfoy, a excepción del intento que había hecho de hablar con ella y que Gia había ignorado.

Había empezado hacía algunas mañanas, pero ésa misma, nada mas entrar al Gran Comedor, tuvo que soltar la mano de su nueva novia y salir corriendo al baño mas cercano a vomitar. Varios días de tener que aguantar las náuseas en clase Pociones y los mareos en Defensa. Una visita a la enfermería le puso la mosca detrás de la oreja.

Y ahora estaba encerrada en el baño de su dormitorio, junto con Hermione y otras cuatro botellitas de poción de embarazos.

- No veo porque debería decirle nada - comentó Gia, mirándose las manos -. Se largó.

- Porque es el padre y tiene que hacerse responsable, Gia. No lo fuisteis en su momento, pero ahora tiene que apechugar con las consecuencias - Gia bufó y se levantó.

- No me apetece nada tener que verle la cara. En realidad fue algo positivo, porque ha desaparecido de la faz de la tierra.

- Gia - terció Hermione -. Sigue siendo el padre.

Gia se apoyó en el lavamanos, mirando las cuatro botellas. Tragó saliva y se incorporó.

- Voy a enviarle una nota - confirmó -. No me puedo creer que esto este pasando… como si no tuviera ya bastantes problemas en mi vida con su jefe persiguiéndome. Podría no decirle nada y simplemente hacer una poción abortiva. Es mi decisión.

- Tiene derecho - repitió.

- Joder, ya lo se, pero… no me apetece - replicó, cogiendo un trozo de pergamino.

“Tenemos que hablar. Es muy urgente. Te espero en la torre de Astronomía. GP”

- Crescere papirus Malfoy - murmuró, y el papelito desapareció.

***

POV Draco

Draco se quería morir. Era así de simple. Desde hacía aproximadamente dos semanas. Y había llorado tanto desde entonces que creía que una de las posibles causas seria la deshidratación. No era para menos.

“¿En qué momento me pareció buena idea levantarme e irme?” - pensó. “Fue perfecto, tan perfecto como lo recordaba. Es Gia, siempre será Gia y nadie mas que Gia. No puedo con esto, no puedo…”.

- ¿No has bajado a cenar? - le preguntó alguien a sus espaldas. Se limitó a encogerse de hombros, hecho un ovillo bajo la colcha en la que llevaba casi dos semanas.

- Tengo ganas de morirme, y pensé que de hambre y deshidratación serian dos buenas opciones - murmuró con voz tomada, como si hubiese estado llorando. Pero su rostro estaba seco. Porque ya ni eso le quedaba. No le quedaba dignidad después de haberse largado.

- Draco, no seas dramático.

- ¿Que no sea dramático? - dijo, incorporándose. Blaise arrugó la frente al verlo. Estaba demacrado, con los ojos hinchados. Tenía el peor aspecto de todo el curso -. Gia tenía razón, mi padre esta en la cárcel por culpa del Señor Tenebroso. Me han asignado una misión suicida, mi madre esta en peligro, y el único instante de felicidad que he tenido en todo el curso… - sus ojos se aguaron -, soy tan gilipollas de largarme por cobarde. Me decido a intentar hablar con ella, y me manda a tomar por culo. Y unos días después empieza a salir con la Weasley esa, que no dejo de preguntarme qué tiene que no tenga yo, cuando lo que no tiene es una puta Marca Tenebrosa en el brazo y no está en las filas de alguien que quiere matarla. ¿Cómo no voy a querer morirme?

- Vale, visto así lo entiendo pero… tío, no puedes estar así. Tienes que seguir.

- No puedo.

- No es que puedas, es que debes. Tu madre te necesita, tus padres te necesitan. Y Gia… mira tio, se que no quieres escuchar esto pero…

- Pero se merece ser feliz, y si con Weasley lo es, es lo único que debería importarme. Pero me mata cada vez que las veo juntas, porque pienso que yo era ese el año pasado. No debí dejarla… eramos tan felices… Era perfecto, eramos perfectos… Podríamos haber luchado juntos, yo se lo prometí.

- ¿Por qué la dejaste? - preguntó -. Nunca me lo dijiste.

- Suelo decirme que fue para protegerla. Creí que lo había visto en su mente y no quería que me usara de cebo para atraerla. Pero en realidad fue por cobarde, no sabía si sería capaz de ser lo que necesitaba, de oponerme a mi familia… No debí haberlo hecho, debí haber aguantado la presión - Se quedaron callados y Blaise le miró -. Sé que tengo que volver a la misión, pero… mi depresión es mejor compañera ahora mismo, la verdad.

Fue entonces cuando notó un pequeño fogonazo en la almohada. Blaise inclinó la cabeza. Un papelito había aparecido en su almohada.

- ¿Qué es eso? ¿Cómo ha…? - pero Draco había alargado la mano y cogió el papel. No necesitaba saber de quién era, pero aun así…

“Tenemos que hablar. Es muy urgente. Te espero en la torre de Astronomía. GP”

- ¿Quién es? - preguntó.

- Es… es Gia - confirmó -. Quiere que nos veamos en la torre. No debería ir, no podré soportarlo - Blaise le cogió el papel, reconociendo la letra de su amiga.

- Pone que es muy urgente - leyó -. Deberías ir.

- No se, Zabini… - dijo, cogiendo una pluma.

“No tenemos nada de qué hablar. DM”

“Ya lo creo que si, Malfoy. Estamos en un buen lío, y también es cosa tuya. GP”

- “¿Que estamos en un buen lío?” - repitió -. ¿De qué coño esta hablando?

- Tío, ves y te lo quitas de encima. Igual es algo de clase, vete a saber - refunfuñando, Draco se levantó de la cama y escribió unas últimas palabras:

“Dame unos minutos. Mas te vale que sea importante, Potter” - le previno, y entró en el cuarto de baño. Esperaba y rezaba porque no fuera para para restregarle por la cara lo super feliz que era con Weasley, porque entonces iba a cabrearse o tirarse por la torre. Se adecentó lo mas que pudo y le apetecía y, arrastrando los pies, salió de la sala común tratando de evitar que los profesores de guardia le vieran quebrantar el toque de queda. Potter ya estaba allí cuando llegó, dando vueltas mordiéndose el dedo en la boca, y lo primero que sintió al verla fue una increíble nostalgia. La última vez que habían estado allí era invierno, y sonaba de fondo La vie en Rose de Edith Piaf, una cantante francesa, mientras bailaban. Gia estaba increiblemente preciosa en pijama esa noche, y recordó que pensó que realmente la vida era de color de rosa con la muchacha entre sus brazos, bailando bajo un cielo estrellado. Deseaba poder transportarse a ese momento y quedarse anclado para siempre en él.

Pero hacía mucho tiempo desde ese momento. Y Draco se había encargado de destrozar todos esos bonitos recuerdos. Gia se detuvo cuando lo vio, arrugando la frente con preocupación.

- Por Dior… - murmuró -. ¿Que…?

- Al grano, Potter. Tengo mejores cosas que hacer que estar contigo ahora mismo - mintió a medias. No había nada que le apeteciera mas que verla, pero entonces recordaba que ya no estaban juntos y se le quitaban las ganas.

- Creeme, el sentimiento es mutuo. Eres la última persona con la que me apetece estar ahora mismo, pero es lo que hay.

- No, en realidad no hay nada. Pero has insistido así que… ¿te importa que me fume un cigarro? - preguntó, secando un paquete -. ¿Quieres? - con un gesto de la mano, Gia se lo quitó -. ¿Qué coño haces?

- Es parte de lo que tengo que decirte - replicó, guardándolo en el bolsillo. Draco se acercó con intenciones de quitárselo, pero Gia alzó la mano -. ¿De verdad quieres empezar un duelo que no puedes ganar?

- Ya no soy tan débil, Potter. He aprendido cosas.

- No, no has aprendido nada - replicó -. Si hubieses aprendido… No viene a cuento. Tenemos un problema, Malfoy. Uno muy gordo.

- Lo dudo mucho. Tú y yo ya no tenemos nada, Potter. Ni bueno, ni malo.

- Te equivocas. Estamos metidos en un problema. De magnitudes catastróficas - Draco alzó una ceja. No creía que hubiera nada mas importante que el armario de la Sala de los Menesteres. Gia sacó una botella de líquido verde y se la pasó. Draco la analizó.

- ¿Se supone que debo saber lo que es? - preguntó.

- Pues eres bueno en pociones, deberías saberlo.

- Podría ser cualquier cosa; un veneno, por ejemplo - “En vena, por favor, asi dejo de verte con esa zanahoria”, pensó.

- No, no es un veneno. Es una poción que sirve para saber si una mujer está embarazada - Draco hizo una mueca.

- Ahm. ¿Quieres que resolvamos el misterio de quién es la dueña? Porque te aseguro que me importa…

- Si te interesa, la dueña soy yo - la botella cayó de sus manos en el suelo, haciéndose añicos -. Estoy embarazada.

Draco se quedó completamente helado, sin saber qué decir. Estaban en pleno junio, el verano se acercaba y para él, parecía totalmente enero de la rabia gélida que acababa de recorrerle por todo el cuerpo. Era lo último que le faltaba, saber que su ex novia y mujer de sus sueños estaba preñada de otro hijo de puta. Miró su rostro, lleno de preocupación y expectante por su reacción.

- ¿Y a mi que cojones me cuentas, Potter? - le soltó, muerto de celos -. ¿A mi que mierdas me importa que seas tan zorra…? - Gia le soltó un bofetón.

- ¿A que eso no te lo ha enseñado tu amo? - le preguntó, viéndole sobarse la mejilla -. Como te atrevas a llamarme zorra de nuevo te salto los dientes. Sabes que soy capaz.

- ¿Qué quieres que te diga, Potter? ¿Que te traiga globitos? ¿Un baby shower? Si te has quedado preñada, pues mala suerte por ti, haber tenido mas cuidado, pero no se que esperas que te diga yo.

- Dime una cosa, ¿Voldemort os lanza un maleficio de estupidez cuando os haceis sus lameculos oficiales? - Draco dejó de sobarse la mejilla y fue hacia ella con cara de rabia, pero Gia le bloqueó -. No puede ser que seas tan rematadamente estupido.

- No te atrevas a…

- Es tuyo, pedazo de anormal - le espetó, furiosa -. Eres el único con el que he estado en el último año y medio.

- Eso es imposible, Potter.

- Estoy con una chica, Malfoy - le recordó -. No puede ser de nadie mas.

- Eso es lo que tú… - Gia alzó la mano con intención de repetir el bofetón -. No puede ser. Es imposible, tuvimos…

- ¿Estas seguro? ¿Lo recuerdas perfectamente? - le preguntó.

Con dolor, empezó a volver a atrás en su cabeza, tratando de recordar esa tarde - noche. Habían repetido tres veces, como solían hacer cuando estaban juntos. Las imágenes empezaron a aparecer en su cabeza como un rollo de película. Desnudarla. Besarla. La sensación de estar de nuevo en casa, aunque fuera por una noche… El sonido de los cristales rotos le llenó la cabeza mientras iba dando pasos hacia atrás hasta llegar a la pared.

- No - gimió -. No, Potter, no. Por favor, dime que… - Gia le apartó la vista y asintió. Draco se dejó caer en el suelo -. Mierda. Mierda, mierda, mierda… - Ambos se quedaron en silencio, mientras Draco trataba de asimilar lo que le estaba diciendo -. ¿Cuánto?

- Unas dos semanas - confirmó. Él miró a su estómago, tan plano como siempre. Era imposible, y sin embargo… Potter no bromearía con algo así. La chica fue hasta donde estaba y se sentó a su lado.

- ¿Estas segura de que…? - ella lo miró.

- Me he hecho cuatro pruebas - le confirmó.

Volvieron a quedarse en silencio. Siempre había sido algo cómodo para ellos. A veces no necesitaban decir nada, solo estar abrazados y mirando las estrellas, y Draco sintió el impulso de hacerlo.

- ¿Te encuentras bien? - ella asintió.

- Algo cansada, y con náuseas. Pero supongo que es normal, no lo sé. No sé cómo va esto - comentó, llevándose la mano a la cabeza. Draco la miró, parecía igual que siempre. Aun así, contuvo el impulso de poner la mano encima de su tripa -. Mira, opino que nadie tiene por qué enterarse de esto. Vale, si, Hermione lo sabe, pero me ha visto vomitar varias veces entonces… era inevitable - le aclaró -. Pero creo que no es necesario que nadie mas se entere de esto. La hemos cagado, si, pero…

Pero Draco no la escuchaba. Su cabeza había empezado a divagar, y su mente formó una imagen con la que había soñado desde el año pasado, cuando estaban a gusto y felices. En ese momento estaban en su enorme mansión, rodeados de lujo. Ahora era una casa mucho mas sencilla, pero infinitamente mas bonita. Dejaba una bata verde en el perchero, y desde el recibidor escuchaba dos risas. Unas infantiles. Otras de mujer. Entraba en el salón y Potter, con una sonrisa radiante, cargaba a un precioso bebé de pelo rubio y ojos verdes, emocionado de ver a su padre. Su pequeña familia, con la mujer que amaba, era algo real. Por fin era real.

- … si colaboramos los dos, podemos tenerla lista en tres días, somos buenos en Pociones y…

- ¿Pociones? - preguntó -. ¿De qué estas hablando?

- ¿Cómo que de qué estoy hablando, Malfoy? - repitió -. ¿Estas sordo o no me estas escuchando? ¡Te estoy hablando de una poción abortiva, por supuesto!

La ilusión se fue tan rápido como había venido.

- ¿Poción abortiva? Pero… ¡¿qué estas diciendo?! - preguntó escandalizado.

- ¿Pero a ti qué te pasa? ¡Te estoy hablando de ocuparnos de este asunto!

- Pe-pero…

- Decía que no es necesario que se entere nadie - repitió -. Qué podemos hacer esto solos, y cuando este solucionado, podremos seguir con nuestras vidas. No te preocupes, buscaré la poción y…

- Espera… pero…

- Pero, ¿qué, Malfoy?

- Pero yo no quiero… yo no sé si quiero que abortes - dijo en voz baja,

Gia se quedó callada unos minutos, tratando de descubrir si se lo estaba diciendo en serio o le estaba vacilando. Vio su rostro serio y se echó a reír.

- ¿De qué te ríes? ¿Te parece gracioso?

- Es que es la única forma de tomarse esto, a broma… No puedes estar diciéndolo en serio, Malfoy, de verdad que no.

- ¿Y por qué no? - repitió. Gia abrió la boca, alucinada.

- Ay, dios, que va en serio. ¿Pero tú te has vuelto majara o qué te pasa? - exclamó -. ¿Tú te das cuenta de lo que estas diciendo?

- ¡Perfectamente! ¡Estas embarazada, el bebé es mío y no sé si quiero tenerlo o no! ¡Tengo derecho a opinar en esto, ¿sabes?!

- ¡Si, claro, en la poción que vamos a utilizar, no en traer un crío al mundo!

- ¡No veo cual es el maldito problema! - Gia se quedó aún mas boquiabierta.

- Esto no puede estar pasando de verdad - murmuró, paseando por la torre -. No puedes estar diciendo en serio qué te planteas que lo tengamos. ¿Que cuál es el maldito problema? ¡No sé, dímelo tú, pero creo que hay varios, empezando por el mas claro: no quiero tener un hijo tuyo! - le espetó.

“Eso duele, Potter” - pensó Draco. “Porque no hay nadie con quien querría tener hijos mas que contigo”

- Es… eso es un poco…

- No quiero tener al hijo de un mortifago, ¿te enteras? - le espetó con rabia. Draco aguantó el golpe.

- Quiero pensarlo, Potter - insistió.

- Pues yo no, así que… - chistó con la lengua -. Y la última palabra la tengo yo.

- ¿Podrías… dejar de ser tan tú y escucharme por un momento? - le pidió, enfadado. La imagen volvía a abrirse con fuerza en su cabeza, y Draco pensaba aferrarse a ella con uñas y dientes -. Has dicho que estas de dos semanas, ¿no? - ella asintió -. Vamos a… darnos dos días para pensarlo. Es fin de semana, podemos aprovechar para pensar. Por favor. Si después de esto sigues queriendo… - tragó saliva, pensando en el bebé en sus brazos -. Te ayudaré a hacer la poción y nunca te diré absolutamente nada sobre el tema. Pero dame estos días para asimilar esto y… dame estos días - le suplicó.

Gia se quedó mirándole, dudosa. Tras unos minutos, pareció entender que dos días no iban a cambiar mucho la situación, asique terminó por asentir.

- Dos días, Malfoy - le previno -. No pienso darte ni uno mas.

- En dos días en la Sala de los Menesteres - le pidió.

Gia se marchó sin decir nada más, y cuando sus pasos dejaron de oírse, Draco se asomó a los ventanales de la torre, pero por primera vez en meses, no para pensar en tirarse. Miró al cielo, sonriendo. Un bebé. Un bebé de Potter y él, hermoso y listo como ella. Con sus ojitos verdes curiosos. Y ellos dos adorándolo y amándose, como siempre debió haber sido. Nada debía haber cambiado, nunca, era lo que estaba bien. Eran almas gemelas, era lo que siempre había querido que pasara con ella. Quizá eran demasiado jóvenes pero… Por Merlin, amaba tanto a esa mujer… Que no ponía en duda lo que tenía que hacer. Hacía tanto que no volvía a sentirse tan lleno de esperanza…

Blaise lo miraba completamente alucinado, como si acabara de darle con un atizador en la cabeza, dando vueltas por la habitación, pensando.

- Tienes que estar de puta broma - murmuró, molesto.

- Te aseguro que no lo es. Gia no bromearía con esto - respondió, entusiasmado. Su amigo lo miró.

- ¿Y ese entusiasmo? - preguntó. Draco sonrió.

- ¿Te lo imaginas? Un mini yo, o una mini Potter - esa idea le entusiasmaba aún más -. Y ella conmigo, para siempre, como siempre tuvo que ser. Nunca debí dejarla, yo…

- Espera, espera, rebobina - le interrumpió -. ¿Estas hablando en serio? ¿De verdad estas insinuando que quieres que lo tenga?

- A mi también me pareció una locura al principio, Blaise, pero cuanto mas lo pienso, mas me parece una idea estupenda.

- ¿Te has vuelto loco? ¿Eres consciente de lo que estas diciendo? - preguntó, enfadado.

- ¿Qué pasa? Si, claro que soy consciente: Potter está embarazada, el bebé es mío. Y creo que quiero tenerlo. Si, quiero tenerlo - le aseguró.

- Si, definitivamente te has vuelto loco.

- ¿Es que acaso aun sientes algo por ella? - preguntó. Blaise chistó.

- No, idiota, solo quiero que tengas algo de sentido común - le espetó -. ¿Quieres que te enumere una lista por las cuales esto no es una buena idea? Porque podría empezar por esto - dijo, cogiéndole el brazo izquierdo.

- Soy consciente, y estoy pensando muy bien en como…

- No, no lo estas pensando. Draco, es Gianna Potter de quien estamos hablando.

- No me digas - dijo, sarcástico -. La conozco desde hace seis años, no sabía quién era. ¿Eres tonto?

- No, el tonto aqui eres tú - le soltó -. Draco, no estas hablando de cualquiera, empezando por tus padres: han estado intentando durante años concertarte un matrimonio con Astoria. ¿Crees que simplemente van a aceptar sin mas que tengas un hijo fuera del matrimonio con una mestiza de apellido Potter?

- ¿Te crees que me importa el matrimonio ese de mierda? ¡Es estar con la mujer que quiero, tener una familia con ella!

- ¿Pero de verdad piensas que esa familia va a llegar a existir? ¡Draco, quiere matarla! ¡Tu jefe quiere matarla! ¿Y qué crees que hará con el bebé? Es el hijo de Gianna Potter, el que puede continuar su legado y acabar con él.

- No tocará a mi hijo - le aseguró -. A ninguno de los dos.

- No te ofendas, pero no has tenido mucho éxito con la misión, y dudo que lo tengas en esto. Y Gia estaría de acuerdo conmigo si se entera… Tampoco sabe que eres un mortifago.

- Si que lo sabe - replicó -. Me ha visto en pelotas, claro que vio la Marca. Te recuerdo que tiene mejor vista que nosotros.

- ¿Y tus padres? - repitió.

- Ellos no tienen por qué saber nada - Blaise abrió la boca.

- No hombre, no. Para qué vas a decirles que vas a ser padre, ¿verdad? Ya se enteraran cuando Voldemort los amenace con matarlos por traidores a la sangre. ¿Te estas escuchando? ¿De verdad te estas planteando en serio seguir adelante con esto?

- Cada vez lo tengo mas claro. Y sé exactamente lo que tengo que hacer y a quién tengo que acudir.

- ¿Ah sí? ¿A quién? Sorpréndeme.

- A Dumbledore.

Blaise se quedó aún mas boquiabierto todavía, y el silencio volvió a hacerse en la habitación mientras el moreno miraba a su amigo. Desprendía un aura de seguridad y emoción que hacía meses que no le veía, desde que estaba con Gia. Su cara dejaba claro que no iba de farol y que hablaba completamente en serio: quería hablar con Dumbledore y tener al bebé.

- Puedes repetir - le pidió en voz baja.

- Hablaremos con Dumbledore. Le contaré todo. Es el único que puede ayudarnos a trazar un plan y que los dos estén a salvo. No me importa tener que venderme y asumir las consecuencias.

- Draco… ¿te estas planteando esto en serio? Tienes diecisiete años…

- Blaise… ¿cómo estaba hace veinticuatro horas? - le preguntó. Zabini no respondió -. Estaba hundido en la mierda, me sentía la persona mas miserable del mundo. Y sigo sintiéndome así, pero pensaba que todo estaba perdido. Que lo único que me quedaba era una misión suicida y salir de aquí para no volver. Y una ex novia que me odiaba (y me odia aun) a la que nunca podría volver a ver. No, evidentemente no soy idiota y no es lo que yo querria para volver a estar juntos - admitió -. Pero… La amo. Y amo a ese bebé. Y estoy dispuesto a hacer lo que tenga que hacer para tener la familia que siempre he querido. Mi familia me ha condenado a esto - dijo, mostrándole la Marca -. Gia es la única que siempre ha creído en mí. Le prometí luchar el año pasado y la cagué rompiendo con ella. No me sentía valiente. Pero ahora sí.

- Tienes diecisiete años - le recordó -. Eres un crío que quiere cuidar a otro crío.

- Lo sé. Soy consciente.

- Estas pasando por alto que Gia probablemente no quiera tenerlo.

- Y no quiere - le aseguró -. Pero le he pedido este fin de semana para pensarlo. Necesitamos tiempo. Y lo primero… - se acercó a la mesilla y cogió un trozo de papel.

- No puedes obligarla a tener un hijo si no quiere - le recordó -. Te recuerdo que es ella quien va a cargar con todo el proceso, y que tiene a un puto psicopata pegado a los talones. Y le has hecho daño. No esperes que ahora quiera parir a tu hijo.

- Lo sé. Se que lo tengo todo en mi contra, pero…

- Un hijo no es un trampolín para que tú desates tu valentía, Draco - le replicó -. Estas planteandote traer una vida a este mundo para ponerlo en el centro de una guerra. Piensa bien lo que estas diciendo, por favor.

- Blaise, te aseguro que en mi cabeza están todas esas opciones - le aseguró, escribiendo -. Incluso peores. Supongo que es por la noticia y porque mi cabeza empieza a asimilarlo: todo el rato se me vienen posibles desastres. Pero nosotros la hemos cagado, y si puede ser… haré todo lo que sea necesario para que viva en un mundo sin miedo, libre de odio. Crescere papirus Potter - murmuró, haciendo desaparecer el papel.

- Lo estas diciendo de verdad - terció -. De verdad estas planteandote en serio tenerlo. ¿Qué le has dicho?

- Que durmamos en la Sala de los Menesteres - explicó -. Si tiene náuseas, no debe ser agradable levantarte toda la noche y que te vean tus compañeras de cuarto. Estará mucho mas cómoda allí. Si, claro que lo digo de verdad. Entenderé si quiere abortar, no se lo reprocharé nunca, pero quiero al menos plantearle esa opción.

- No quiero que pienses que decidáis lo que decidáis no voy a apoyaros, pero creo que tengo que ser honesto contigo diciéndote lo que pienso. Gia no te creerá que vas a darlo todo por ella.

- Se que no quiere tener al hijo de un mortífago, y lo entiendo. Le he hecho daño, y cuando mejor estábamos lo eché todo a perder por culpa de mi padre y el Señor Tenebroso. Pero no quiero seguir siendo un cobarde toda mi vida. Se bien a lo que me enfrento, Blaise, no creas que no lo se. Y si tengo que morir por esto, pues muero.

Blaise asintió, viendo lo decidido que estaba.

- No puedo hacerte entrar en razón - Draco sonrió y negó -. O supongo que eso es entrar en razón. No se que decirte.

- Pues… de momento… no lo se yo tampoco. Pero quizá dentro de unos días puedes probar a darme la enhorabuena, supongo, porque seré padre.

- Joder, es que da vertigo…

- Da muchisimo miedo - admitió -. Pero se que tarde o temprano, cuando haya caído y lo tenga en mis brazos… sabré que mereció la pena.

- Tío, estas majara - dijo, dándole un abrazo.

- Será eso… - murmuró, secándose las lágrimas de la emoción.

***

POV Gianna

- ¿Que quiere que? - preguntó Hermione, incrédula, mientras sujetaba el cabello de su mejor amiga, que vomitaba escandalosamente en el baño de Myrtle la Llorona. Gia se apoyó contra la pared y se limpió la boca.

- Quiere pensarlo - repitió con voz nasal -. Quiere que nos demos este fin de semana para pensar que hacer - Hermione la miró y sonrió como si fuera una broma.

- Tiene que estar bromeando. No, en serio - insistió. Gia suspiró y se encogió de hombros -. ¿Lo dices en serio? - Gia asintió -. No me lo puedo creer.

- Yo menos… no puedo creer que se lo este planteando de verdad…

- Es que es una completa locura - terció Hermione -. ¿Te encuentras mejor?

- No, pero tenemos que salir de aquí - replicó, poniéndose en pie ayudada por su amiga. Se tambaleó y volvió a vomitar -. Esto es una mierda.

- Viéndote, se me están quitando las ganas de tener hijos - admitió, apartándole el pelo. Gia asintió.

- Y a mi también - salió a enjuagarse la boca y salieron del baño.

- Lo siento - se disculpó cuando salieron -. Te animé a decírselo porque pensé que seria mas sensato y te ayudaría con la poción, pero esta claro que me equivocaba.

- No te preocupes, Herms. Yo también pensé que sería mas sensato.

- ¿Qué vas a hacer? - preguntó.

- Ocultarle todo esto a Ron y Ginny, buscar la poción y… que remedio, esperar el fin de semana. Y alejarme lo mas que pueda de él.

- ¿Crees que intentará convencerte?

- Obvio que lo intentará. Como hizo el año pasado con lo de la entrevista, me prometió que siempre me apoyaría y luego era todo mentira y me puso los cuernos. Pues no pienso dejarme convencer esta vez, y menos para traer una vida a este mundo - notó como algo aparecía en su bolsillo. Una nota.

“No se si te parecerá bien, pero creo que sería mejor que durmiéramos juntos en la Sala de los Menesteres. Sé que Granger puede cubrirte, pero no debe ser cómodo estar toda la noche yendo al baño delante de tus compañeros, y es mi responsabilidad cuidar de ti. Si te parece bien, nos reunimos allí antes del toque de queda. DM”

- ¿Qué te dije? - dijo Gia, enseñándole a su mejor amiga la nota. Hermione la leyó -. Se cree que no lo conozco.

- Razón no le falta en que es su responsabilidad cuidarte - comentó -. ¿Crees que intentará convencerte?

- Claro que intentara convencerme, por eso no pienso ir.

- ¡Gia! - la llamó una voz detrás de ella. Ginny se acercaba a ella corriendo. Parecía algo enfadada -. Habíamos quedado para hacer deberes en la biblioteca, ¿es que no te acuerdas? - Gia se llevó la mano a la frente. Estaba como para acordarse de citas con Ginny.

- Mierda, Gin… Si, tienes razón, se me ha pasado, he estado… Con Dumbledore - mintió. Ginny relajó el ceño -. Perdona, si. Vamos. Lo siento, en serio - Se cogieron de la mano y se encaminaron junto con Hermione a la biblioteca.

- No te preocupes, si estabas con Dumbledore lo entiendo - le tranquilizó, dándole un beso en la mejilla. El olor floral del perfume de Ginny le entró por la nariz y una náusea le subió por el esófago, haciendo que se tapara la boca. Era demasiado fuerte, y le revolvía el estómago -. ¿Estas bien? Te has puesto verde.

- S-si… no - respondió, y echó a correr al baño a vomitar, chocando contra varias personas.

- ¿Qué le pasa? - le preguntó Ginny a Hermione, preocupada.

- Eh… ayer estuvo con Zabini - se apresuró a mentir -. Creo que mezclaron mejillones en escabeche, jalapeños y píldoras mega ácidas - Ginny puso los ojos en blanco.

- ¿Otra vez con sus ridículas apuestas? - negó con la cabeza -. Iré a ver cómo esta, la acompañare a la enfermería si hace falta.

- ¡No! - exclamó -. Ya voy yo. Tú… busca buen sitio - le pidió, entrando en el baño. Ginny arrugó la frente, muy intrigada, pero entró en la biblioteca -. ¿Gia?

- Aquí - la llamó desde el tercer retrete. Gia estaba recostada contra la pared, mas verde que antes.

- Gi, tienes muy mala cara.

- Me encuentro como el culo - admitió -. Dios, necesito hacer esa poción. Joder, puto Malfoy. Siempre haciamos el puto hechizo… Creo que me voy a ir al cuarto, necesito tumbarme un rato, estoy agotada… ¿Puedes decirle a Ginny que cenare sin falta con ella esta noche?

- Le he mentido diciendo que es por una apuesta con Blaise - Gia asintió y se incorporó -. Solo serán dos días, Gi - le aseguró, dándole un abrazo. Gia aguantó la respiración, pero el perfume de Hermione era mucho mas agradable que el de Ginny. Sonrió levemente y se encaminó a la torre de Gryffindor.

- ¿Potter? - Gia puso los ojos en blanco, reconociendo la voz -. ¿Estas bien?

- No, no estoy bien, Malfoy - replicó -. Y en parte es por tu culpa, porque no me dejas acabar con esto.

- Potter, yo…

- Me voy, no tengo nada de ganas de hablar contigo - dijo, dándose media vuelta. Pero Draco corrió para ponerse delante de ella.

- Tienes náuseas, ¿verdad? - Gia le apartó la mirada. Draco sacó una bolsita y un paquete de galletas y se las tendió -. Son caramelos de jengibre y galletas saladas. Te ayudarán con las náuseas.

- No necesito tu ayuda, Malfoy - replicó, pasando de largo.

- Gia, por favor, no seas terca. Al margen de la decisión que tomemos… Son dos días. Dejame ayudarte, anda - Gia le fulminó con la mirada, pero él puso cara suplicante, como cuando estaban juntos y quería mimos o sexo. Gruñó, pero terminó por coger ambas cosas -. ¿Te ibas a la torre?

- Si. Estoy muy mareada. Y no me digas que…

- Estarás mas cómoda, y puedo cuidarte. Gia, por favor - le pidió -. Sé que eres mas cabezota que yo pero… no eres solo tú…

- Ni lo digas, Malfoy - le previno -. Te he dado dos días por la bondad de mi corazón, pero ten por seguro que esta es la última vez que tú y yo tenemos algo en común - muy ufana, se dio media vuelta, dejándolo con la palabra en la boca y marchándose a la Torre de Gryffindor. «Se me había olvidado lo jodidamente terca que eres, Potter», pensó.