𝐈 𝐖𝐀𝐍𝐍𝐀 𝐁𝐄 𝐘𝐎𝐔𝐑𝐒 | grindeldore.

Summary

❝Los secretos que guardo en mi corazĂłn son mĂĄs difĂ­ciles de ocultar de lo que pensĂ©. Tal vez solo quiero ser tuyo...❞ El ambiente se volviĂł mĂĄs cĂĄlido cuando estuvieron lo suficientemente cerca, dejĂĄndose envolver por la suave melodĂ­a y respirando aquel aliento que los subsumĂ­a en una alegorĂ­a de ensueño y amor. Ninguno de los dos supo cĂłmo es que las cosas habĂ­an terminado asĂ­, pero parecĂ­a que ahora sus corazones entrelazados buscaban tocar el cielo hasta encontrar todos aquellos sentimientos nunca antes dichos. ▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬ âžȘAU moderno. Albus y Gellert son roomies que aĂșn no se atreven a decir lo que sienten el uno por el otro. La excusa de nunca haber bailado una canciĂłn lenta puede ser lo que ambos habĂ­an estado esperando. âžȘLos personajes mencionados pertenecen a la escritora J.K. Rowling.

Genre
Romance
Author
ale
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Única parte


âžȘOne shot grindeldore.


âžȘAU moderno. Universo

sin magia donde ambos

son un par de universitarios

y compañeros de cuarto.


âžȘTenĂ­a que escribir algo

inspirado en una canciĂłn

de los Arctic Monkeys

porque los amo, perdón 😭



El paisaje nocturno creaba un escenario hermoso, incluso una enorme escena de plasticidad, como si hubiera un misterio antiguo y cósmico en los pequeños detalles que otorgaba.

Sobre el azul oscuro de la noche contrastaba el helado fulgor de las estrellas, como un imposible gotear de agua, y un orgulloso cortejo junto a la luna nueva. Tal vez, Gellert nunca habĂ­a prestado tanta atenciĂłn a la viva naturaleza como ahora.


Su habitaciĂłn —una de las muchas en la residencia estudiantil— que por el momento sĂłlo era invadida por Ă©l, estaba llena de melodĂ­as de una de sus bandas favoritas. Distintas canciones se reproducĂ­an mientras Ă©l se encontraba sentado frente al escritorio cerca de la ventana, con un libro en sus manos que hablaba sobra el sistema constitucional del Reino Unido.

A un lado tenía una pila de hojas que estaban llenas de distintas anotaciones para su trabajo final de derecho constitucional. Era evidente que el año escolar estaba por terminar, y no era extraño que la mayoría de los alumnos estuviesen ahora enfocados en sus proyectos finales, con estrés encima y teniendo dosis de cafeína como su mås preciada compañía.


Al pasar unos minutos, la puerta de la habitación se abrió, obligåndolo a elevar la mirada. Su compañero de cuarto estaba ahora ahí, con una expresión de angustia. Grindelwald aseguró la pågina que estaba leyendo y cerró el libro, mirando al chico que había dejado caer su mochila.


—Hola a ti tambiĂ©n, Dumbledore —mencionĂł con una leve sonrisa, presenciando cĂłmo el joven caminaba hasta su cama y se dejaba caer en la misma. El rubio continuĂł observĂĄndolo en espera de una respuesta, mientras My Propeller de Arctic Monkeys acababa con el silencio en la estancia.


My propeller

won't spin

and I can't get it started on my own

When are you arriving?


Los orbes heterocromĂĄticos buscaron el telĂ©fono de donde provenĂ­a la mĂșsica, y despuĂ©s de alcanzarlo, deslizo su dedo por la pantalla para desbloquearlo, pausando la canciĂłn luego de haber entrado a Spotify.


Albus levantĂł rĂĄpidamente la mirada, sosteniendo los ojos bicolores por una fracciĂłn de segundo.


—Deja que suene, me gusta esa canción —pidió, pero Gellert seguía atento observando, como si verlo a los ojos fuera suficiente para obtener las respuestas que necesitaba.


—Hace unos días dijiste que estabas cansado de escucharla. Casi me lanzas los auriculares en la cara.


—JamĂĄs me cansarĂ­a de escuchar la mĂșsica que te gusta —respondiĂł, a la par que se sentaba en la cama—. Pero justamente hace unos dĂ­as tenĂ­a que terminar mi proyecto final, Gell... no podĂ­a concentrarme con la mĂșsica.


El rubio soltĂł un suspiro, pensando responder algo como: "Âżla mĂșsica de Taylor Swift sĂ­ hace que te concentres?", no obstante, lo ignorĂł y se dispuso a dar play a la canciĂłn, bajando un poco el volumen para poder escuchar al adverso.


—¿Y bien? —alzó una ceja, notando cómo el pelirrojo volvía a adquirir una expresión de nerviosismo.


Dumbledore era consciente de que Gellert no iba a descansar hasta saber la razĂłn de su angustia, pero, en el fondo, habĂ­a una sensaciĂłn extraña que se alojaba en su pecho cada que pensaba en la idea de soltarlo, aĂșn sin saber la razĂłn.


—Bueno... Âżrecuerdas a la presidente del consejo estudiantil? —esa simple pregunta logrĂł captar aĂșn mĂĄs la atenciĂłn de Gellert. Por supuesto que la recordaba, Grace Amery era una chica muy conocida en la universidad, y habĂ­a notado que tenĂ­a cierto interĂ©s en Dumbledore. Claro, no es como si eso le importara... Âżo si?


Por mucho tiempo había intentado ignorarlo, deseaba poder dejar de lado los pensamientos que lo invadían cuando pasaba tiempo con su compañero de cuarto hablando de cualquier cosa; sus momentos de clases, su familia, sus gustos, sus pasiones u opiniones acerca de temas de política y demås. Desde el primer momento supo que Albus era un chico brillante, pero no estaba preparado para que su mirada se perdieran en el encanto de sus ojos, en sus facciones, en cada parte de él. No quería aceptarlo, le aterraba la idea de imaginar que algo mås podría pasar entre ambos, pero en el fondo, admitía que le gustaba.


Nunca habĂ­a sentido atracciĂłn por un chico, ni por una chica, en realidad. HabĂ­a intentado salir con chicas, pero realmente creĂ­a que eso no era lo suyo. Gellert solĂ­a enfocarse mĂĄs en sus propias metas que en alguna otra cosa, por lo que el tema de los romances nunca habĂ­a sido lo mĂĄs importante; sin embargo, ahora era diferente, pero no se atrevĂ­a a decir algo al respecto.


—No puedo olvidarla, le quitarĂ© su puesto cuando llegue el momento de cambiar de presidente —bromeĂł, ganĂĄndose una risa por parte del pelirrojo, una risa que pudo haber sonado normal de no haber sido por la forma en la que su cuerpo temblaba.


—Estuvo enviĂĄndome mensajes por Instagram desde hace unas horas, pero estaba ocupado haciendo mi ensayo de teorĂ­as que olvidĂ© responder —relamiĂł sus labios, desviando la mirada hasta sus pies que parecĂ­an moverse con impaciencia. ÂżQuĂ© lo tenĂ­a tan ansioso? ÂżLa anĂ©cdota estaba siguiendo el camino que Gellert habĂ­a estado pensando desde el inicio?—. Y... bueno, me topĂ© con ella justo cuando estaba saliendo de la biblioteca.


—¿Te dijo algo malo? —se aventuró a cuestionar, sintiendo que los ojos azules volvían a contemplarlo.


—Me invitó al baile.


La habitación se inundó de un completo silencio después de esa simple oración; parecía incluso imposible escuchar la propia respiración o el latir de sus corazones que añoraban enlazarse.


Ambos chicos lo sabĂ­an, no era raro que la universidad realizara un baile para despedir el año escolar antes de que todos volviesen a su hogar. Gellert no tenĂ­a interĂ©s en ese tipo de eventos, por lo que rechazar la invitaciĂłn de algunas chicas no le habĂ­a hecho sentir mal; en el fondo, imaginaba cĂłmo serĂ­a invitar a Albus, pero la idea salĂ­a de su cabeza de inmediato, sabĂ­a que ambos eran sĂłlo buenos amigos, aĂșn cuando deseaba algo mĂĄs.


Quizås, tampoco había imaginado que Dumbledore conseguiría con quién ir al baile.


—Eso quiere decir que ya tienes pareja para el baile —fingiĂł dar una sonrisa, intentando sonar lo mĂĄs tranquilo posible, aĂșn cuando una extraña sensaciĂłn revolvĂ­a por completo su estĂłmago. ÂżImaginar a Albus con alguien mĂĄs provocaba celos en Ă©l?—. Me alegro por ti.


Albus soltĂł una risa nerviosa, negando con la cabeza.


—No... le he dicho que no.


Oh.


—¿Por quĂ©? —ocultĂł la felicidad de su respuesta con aquella interrogante, conservando un tono de curiosidad en su voz.


—Es que... —Albus callĂł por un momento. La mĂșsica seguĂ­a sonando mientras los orbes celestes encontraban la mirada del chico—. JamĂĄs he bailado con alguien una canciĂłn lenta; de hecho, ni siquiera he bailado alguna vez.


Gellert soltó una risa, ganåndose un fruncimiento de ceño por parte de Dumbledore ante aquella burla.

Bueno, no es como si estuviese burlĂĄndose de eso... o tal vez sĂ­. En el fondo, su mente se cuestionaba si Albus habrĂ­a aceptado ante una situaciĂłn diferente; como saber bailar, por ejemplo.


—¿Albus Dumbledore no sabe bailar? —mencionó con un tono divertido, logrando que el joven rodara los ojos.


—No te burles.


—No me estoy burlando... pero me sorprende un poco —encontrĂł su mirada por un instante para despuĂ©s alcanzar su celular, el cual que habĂ­a estado descansando en el pequeño escritorio cerca de la ventana, junto con el libro que anteriormente habĂ­a estado leyendo y el montĂłn de hojas.


—¿Es sorprendente que a mis 20 años no sepa bailar? —indagĂł, cruzĂĄndose de brazos, a la par que observaba cĂłmo el rubio parecĂ­a concentrado en su telĂ©fono.


—Humillante, dirĂ­a yo —respondiĂł, deslizando su dedo Ă­ndice por la pantalla. El tono suave y bromista que habĂ­a utilizado le hizo saber a Dumbledore que no hablaba en serio; al menos, lo supo despuĂ©s de ver cĂłmo elevaba la mirada y volvĂ­a a encontrar sus ojos, una mirada de encanto acompañada de una sonrisa.


—Supongo que tĂș eres experto en eso... —se aventurĂł a decir, imitando el tono de voz utilizado por el contrario.


El rubio se levantó de su lugar, sin dar una respuesta. Al poco tiempo, la habitación se había llenado de una lenta melodía, una melodía que Albus había escuchado antes. Gellert dejó su teléfono de nuevo en el escritorio que separaba las dos camas individuales, acercåndose hasta el pelirrojo y extendiendo su mano en el proceso.


—Tal vez puedes descubrirlo —bisbiseó, todavía con una sonrisa en los labios—. Podemos practicar un poco —sugirió.


Albus miró la mano del chico por un momento, justo cuando los primeros versos de la canción hacían contraste con el acompañamiento musical.


I wanna be your vacuum cleaner

Breathing in your dust


El chico le regresĂł la sonrisa, levantĂĄndose de su lugar y tomando su mano.


Tal vez había mentido... tal vez, había bailado una que otra vez una canción lenta. Su madre siempre insistió en enseñarle pasos de baile pues mencionaba que en las instituciones siempre había alguno. Ahora, Albus pensaba que estaba en lo cierto.


I wanna be your Ford Cortina

I will never rust


Entonces, ¿qué razón tenía para rechazar la invitación a un baile al que la mayoría asistiría? Quizås no era el hecho de no saber bailar, en realidad, no estaba del todo interesado en ir con Grace Amery. Era una chica linda, por supuesto, pero... no era de interés para Dumbledore.


If you like your coffee hot


Estaba tan metido en sus pensamientos que sentir la mano del rubio colocĂĄndose en su cintura lo habĂ­a tomado un poco de sorpresa, pero lo aceptĂł.


Let me be your coffee pot


Albus correspondiĂł a aquella acciĂłn, y colocĂł su mano en el hombro del chico, mientras que sus manos se entrelazaban con dulzura, una uniĂłn tan simple que probablemente habĂ­a estado deseando desde hace tanto tiempo. PodĂ­a sentir una calidez en su alma, como si todas las palabras nunca antes dichas lo acariciaran y las facciones del adverso lo conquistaran. SabĂ­a la razĂłn por la que habĂ­a rechazado aquella invitaciĂłn, como si su razĂłn tuviese un nombre, uno que conocĂ­a tan bien: Gellert Grindelwald.


—No es tan difĂ­cil —el susurro de Gellert hizo presencia en medio de aquel tranquilo encuentro. Albus lo mirĂł, prestando atenciĂłn a lo dicho—. Te guiarĂ©, intenta seguir el paso.


You call the shots, babe


Dumbledore asintiĂł con la cabeza, experimentando una sensaciĂłn de calor en todo su cuerpo cuando su compañero lo apegĂł un poco mĂĄs a Ă©l, llegando a sentir incluso el latido de su corazĂłn, galopando a un ritmo acelerado mientras sus pies comenzaban a moverse al tiempo de la mĂșsica.


I just wanna be yours


Se miraron a los ojos por un momento, sosteniendo aquella mirada que podĂ­a hablar aĂșn cuando no habĂ­a palabras de por medio. Al contemplar los ojos de Gellert, Albus podĂ­a jurar que veĂ­a todo el universo a travĂ©s de su mirada, como si fuera un fulgor de estrellas que titilaban, coronando sus sienes con una pizca de magia; constelando una luz en su sonrisa y escribiendo poesĂ­a sin estrofas escritas.


Por mucho tiempo habĂ­a dejado sus sentimientos de lado, habĂ­a ignorado la forma en la que esos orbes desiguales aparecĂ­an en sus sueños, encantando su corazĂłn y su alma. HabĂ­a ignorado, por mucho tiempo, la sensaciĂłn que experimentaba ante aquella cercanĂ­a entre ambos. Quiso desdeñar la imagen de esos cabellos rubios, de esas finas facciones, de ese acento que tanto le gustaba y esas plĂĄticas nocturnas sobre temas constitucionales o filosĂłficos, hablando de todo y nada a la vez. ÂżEra posible ignorar la manera en la que ambos se miraban cuando compartĂ­an horas de estudio en aquella residencia? Por mucho tiempo lo habĂ­a intentado, hasta que llegĂł un punto en el que sus esfuerzos se volvieron inĂștiles. Ahora sabĂ­a que era imposible.


Secrets I have held in my heart

Are harder to hide than I thought


Sus pies se movían en automåtico, como si estuviese condicionado para lo mismo. Ninguno de los dos parecía sorprendido cuando comenzaron a moverse con facilidad por toda la estancia, en una danza eterna, con movimientos lentos que no deseaban terminar. Gellert se separó un poco, sólo para lograr que Albus diera una vuelta. El chico sonrió, aprovechando esa acción para invertir el lugar de sus manos; esta vez fue Dumbledore quien rodeó la cintura del joven quien descendía un poco la mirada para poder contemplar bien aquellos ojos azules. Grindelwald colocó su mano libre en el hombro de su acompañante, dejåndolo que esta vez fuera él quien marcara el paso.


—¿QuĂ© opinas? —indagĂł el mĂĄs bajo, admirando cĂłmo el rubio soltaba una risa mientras seguĂ­a sus movimientos.


Maybe I just wanna be yours


—¿EstĂĄs seguro que esta es la primera vez que bailas una canciĂłn lenta? —se inclinĂł ligeramente al frente, sintiendo de cerca la respiraciĂłn del pelirrojo. RompiĂł el lazo que habĂ­a entre sus manos, y las bajĂł con lentitud, rodeando la cintura de su compañero mientras este Ășltimo lo miraba con atenciĂłn.


Una sonrisa se dibujĂł en su rostro, cuestionĂĄndose en sus adentros si serĂ­a buena idea lo que estaba a punto de hacer.


Sin mĂĄs, siguiĂł su instinto. Su cuerpo se acercĂł un poco mĂĄs al contrario, rodeando el cuello de su —por ahora— pareja de baile. VolviĂł a experimentar aquella calidez, esa sensaciĂłn extraña que se alojaba en su pecho y enviaba escalofrĂ­os a su espalda; podĂ­a jurar que incluso la luz de la luna llegaba hasta ellos en ligeros rayos, mismos que causaban un contraste perfecto en los mechones dorados de Gellert, en su piel y en sus movimientos.


Cuando se miraron a los ojos otra vez, el tiempo pareciĂł detenerse, era incluso como si la mĂșsica hubiese dejado de sonar y la magia comenzara a florecer entre ambos. ParecĂ­a como si los leves rayos de luna se hicieran llamas, como si quemaran la sangre al contemplarlos, o como si explotaran su mente y su alma. PodĂ­an ver el reflejo del otro en sus ojos, ese brillo de todas las auroras que estaban en sus pupilas dilatadas. Todo parecĂ­a fluir con tanta naturalidad, como si ese amor que habĂ­an estado escondiendo se impregnara por fin en sus fragancias, en medio de su cercanĂ­a, entre todo lo que habĂ­an anhelado. Gellert lo supo, tal vez desde un principio: querĂ­a que ese fuera su momento, que fuera sĂłlo para Ă©l.


I wanna be yours

I wanna be yours


El ambiente se volvió mås cålido cuando estuvieron lo suficientemente cerca, dejåndose envolver por la suave melodía y respirando aquel aliento que los subsumía en una alegoría de ensueño y amor. Ninguno de los dos tenían claro cómo es que las cosas habían terminado así, pero parecía que ahora sus corazones entrelazados buscaban tocar el cielo hasta encontrar todos aquellos sentimientos nunca antes dichos.


Ese baile habĂ­a sido suficiente para ambos.


ÂżHabĂ­a sido quizĂĄs una excusa para que los dos pudiesen expresar lo que sentĂ­an?


Wanna be yours


—Albus... —el murmullo que escapó de los labios de Grindelwald se había sentido tan frágil y lejano, pero Dumbledore había sido capaz de divisarlo. Esperó una respuesta, obteniendo que el chico sólo siguiera la letra de la canción—. Wanna be yours...


—Gell... —lo llamó, sin un propósito en específico. Sus ojos analizaron las hebras rubias, el piercing en su nariz, la luz y la oscuridad en sus ojos, la suave piel de su rostro, hasta detenerse por fin en sus labios.


HabĂ­a algo que lo impulsaba, algo que lo hacĂ­a desear terminar con todo eso. Ninguno de los dos mencionĂł nada, pues parecĂ­a que ni siquiera las palabras eran suficientes ahora.


Gellert siempre creyĂł que las palabras trabajaban de una manera peculiar, debĂ­a admitir que le gustaba ese poder que habĂ­a en las misma; algunas veces, una palabra era suficiente para transmitir el mayor sentimiento, aunque en otras ocasiones habĂ­a que hacer un uso mĂĄs elaborado de las mismas. Era una naturaleza simple pero compleja, conservando el lenguaje como algo singular.


Grindelwald se consideraba bueno con las palabras; ÂżcuĂĄntas veces no habĂ­a logrado persuadir con sus discursos? Constantemente estaba de la mano con argumentos lĂłgicos y leyes que habĂ­a estado aprendiendo a lo largo de su carrera, pero los debates acerca de la fundamentaciĂłn de derechos no era la Ășnica manera en la que utilizaba sus palabras. A veces, cuando la Ășnica compañía era el suave rugir del viento nocturno, o cuando su compañero se encontraba plĂĄcidamente hundido en el sueño, Gellert solĂ­a utilizar metĂĄforas extensas, suaves rimas y poesĂ­as; guardĂł en su corazĂłn cada verso colorido de palabras pintadas, convenciĂ©ndose de que eran simples escritos para el viento.


Pero ahora, teniendo a Dumbledore frente a él, comenzaba a conocer el sentido de todas sus previas acciones. Sabía que todos esos escritos pertenecían a ese amor secreto.


SĂłlo querĂ­a ser suyo.


Fue demasiado rĂĄpido cuando su cuerpo actuĂł antes de que su mente se detuviese a procesarlo, apretĂł ligeramente la cintura del pelirrojo, inclinĂĄndose para probar los labios ajenos que se habĂ­an mantenido entreabiertos ante la sorpresa de sus acciones. Al poco tiempo, lo sintiĂł corresponder. Sus ojos se cerraron de manera automĂĄtica, experimentando una sensaciĂłn de calor cuando Albus se apegĂł un poco mĂĄs a Ă©l. No era el primer beso de ninguno de los dos, pero podĂ­an reconocer que era mucho mĂĄs mĂĄgico que algĂșn otro encuentro. Sus labios se movĂ­an en perfecta sincronĂ­a, saboreando cada centĂ­metro mientras la canciĂłn continuaba invadiendo la habitaciĂłn.


I wanna be your vacuum cleaner

(wanna be yours)


Tal vez, Albus podía admitir que por mucho tiempo había imaginado el sabor de los labios de Grindelwald, pero ahora sabía que sus pensamientos estaban lejos de la verdad, pues todo era mucho mås maravilloso a como había imaginado. Podía sentir cómo jugueteaba con sus labios, logrando el acceso completo a su boca tiempo después.


Breathing in your dust

(wanna be yours)


El calor regresó cuando Dumbledore sintió la pasión en su lengua, moviéndose con ansias y haciéndolo elevarse tan cerca del cielo. Sus dedos se enredaron en los cabellos dorados de su compañero; era como si estuviese tocando las nubes, y como si las estrellas estuviesen al nivel de sus ojos.


I wanna be your Ford Cortina

(wanna be yours)


Para ambos, todo era muchísimo mås de lo que habían soñado alguna vez. Gellert jamås creyó que se encontraría perdido en el sonido de sus labios moviéndose con calma para después encontrar nuevos ritmos de intensidad. Bebió de sus labios, bebió todo de él, como si por primera vez las palabras no fueran suficientes para expresar lo que estaba sintiendo. Quería que Albus lo supiera, quería que sintiera lo mismo. Quería que fuera suyo.


I will never rust

(wanna be yours)


Después de un momento, sus labios se separaron, pero ambos continuaron con aquella cercanía entre sus cuerpos. Dumbledore podía sentir cómo su corazón galopaba en su pecho con rapidez, e inclusive se atrevía a decir que el rubio estaba en la misma situación. Podía jurar que sus corazones se habían convertido en uno solo.


—Creo que... eres un buen profesor —mencionĂł el pelirrojo, acabando con el silencio. Sus dedos todavĂ­a se dedicaban a brindar caricias en los cabellos de su acompañante, quien sonriĂł de inmediato ante su comentario.


—En mis planes no estĂĄ ser profesor de baile, ni profesor en general —susurrĂł, a la par que su mano subĂ­a lentamente por la espalda del chico—. Pero tĂș sĂ­ serĂĄs un buen profesor.


Albus sonriĂł ante lo dicho, escuchando los Ășltimos versos de la canciĂłn.


I just wanna be yours

(wanna be yours)


SabĂ­a que Grindelwald no habĂ­a elegido esa canciĂłn sĂłlo porque era de su banda favorita.


—Me gustas, Gellert —dijo por fin, experimentando una sensación de calma, como si acabara de confesar uno de sus más grandes secretos.


El rubio sonriĂł, relamiendo sus labios con ligereza antes de colocar su mano en la mejilla de Albus, quien habĂ­a sentido como su rostro entero se calentaba.


—CreĂ­ que me odiabas —dijo por lo bajo, recordando aquella vez en la que Albus le habĂ­a confesado ebrio que realmente aborrecĂ­a a los estudiantes de derecho. Claro, Dumbledore estaba lo bastante alejado del mundo como para reconocer que su compañero estaba ante Ă©l, pero a Gellert le gustaba seguir molestĂĄndolo con eso. Albus soltĂł una risa, dispuesto a responder, pero las palabras del chico fueron mĂĄs veloces—. TĂș tambiĂ©n me gustas, Al... me has ayudado a confirmar que lo que siento por ti va mucho mĂĄs allĂĄ que un aprecio por ser mi roomie.


La felicidad en el rostro del joven cobrizo fue clara, lo que hizo a Gellert sonreĂ­r.


Antes de que alguno de los dos pudiese decir algo mĂĄs, Albus volviĂł a acercarse, disfrutando de nuevo la pasiĂłn entre sus labios, y el calor que lo envolvĂ­a ante la mĂ­nima cercanĂ­a.


HabĂ­a esperado mucho por eso, y ahora, todo parecĂ­a ser mucho mĂĄs mĂĄgico de lo que imaginĂł. QuerĂ­a permanecer asĂ­ toda la noche, incluso las noches que estaban por llegar.


Al separarse, volvieron a encontrar sus miradas, sonriendo como dos tontos enamorados.


—¿AĂșn no tiene pareja para el baile, señor Dumbledore? —cuestionĂł Gellert, brindando suaves caricias en las mejillas del adverso.


—¿EstĂĄ pensando en invitarme, señor Grindelwald?


—Tal vez...


—Me encantaría.


Ambos sonrieron, sabiendo que ese sería el inicio de su mågica historia. Gellert jamås había imaginado que hubiese personas que pudiesen complementarse, pero ahora, comenzaba a creerlo. Era un ensueño, un deseo febril, una sensación indescriptible y un amor indeleble; detrås de aquellas murallas de palabras, ambos eran dos almas latiendo, dos corazones unidos, fugåndose en un sueño. Albus jamås se había sentido tan vivo, parecía asombrado, sin aliento, e incluso temblando por las acciones y las palabras de Gellert. Estaba encantado y se sentía libre, elevåndose cada vez mås con alas hechas de sueños y anhelos.


Tal vez sĂłlo quiero ser tuyo...