Ănica parte
âȘOne shot grindeldore.
âȘAU moderno. Universo
sin magia donde ambos
son un par de universitarios
y compañeros de cuarto.
âȘTenĂa que escribir algo
inspirado en una canciĂłn
de los Arctic Monkeys
porque los amo, perdĂłn đ
El paisaje nocturno creaba un escenario hermoso, incluso una enorme escena de plasticidad, como si hubiera un misterio antiguo y cósmico en los pequeños detalles que otorgaba.
Sobre el azul oscuro de la noche contrastaba el helado fulgor de las estrellas, como un imposible gotear de agua, y un orgulloso cortejo junto a la luna nueva. Tal vez, Gellert nunca habĂa prestado tanta atenciĂłn a la viva naturaleza como ahora.
Su habitaciĂłn âuna de las muchas en la residencia estudiantilâ que por el momento sĂłlo era invadida por Ă©l, estaba llena de melodĂas de una de sus bandas favoritas. Distintas canciones se reproducĂan mientras Ă©l se encontraba sentado frente al escritorio cerca de la ventana, con un libro en sus manos que hablaba sobra el sistema constitucional del Reino Unido.
A un lado tenĂa una pila de hojas que estaban llenas de distintas anotaciones para su trabajo final de derecho constitucional. Era evidente que el año escolar estaba por terminar, y no era extraño que la mayorĂa de los alumnos estuviesen ahora enfocados en sus proyectos finales, con estrĂ©s encima y teniendo dosis de cafeĂna como su mĂĄs preciada compañĂa.
Al pasar unos minutos, la puerta de la habitaciĂłn se abriĂł, obligĂĄndolo a elevar la mirada. Su compañero de cuarto estaba ahora ahĂ, con una expresiĂłn de angustia. Grindelwald asegurĂł la pĂĄgina que estaba leyendo y cerrĂł el libro, mirando al chico que habĂa dejado caer su mochila.
âHola a ti tambiĂ©n, Dumbledore âmencionĂł con una leve sonrisa, presenciando cĂłmo el joven caminaba hasta su cama y se dejaba caer en la misma. El rubio continuĂł observĂĄndolo en espera de una respuesta, mientras My Propeller de Arctic Monkeys acababa con el silencio en la estancia.
My propeller
won't spin
and I can't get it started on my own
When are you arriving?
Los orbes heterocromĂĄticos buscaron el telĂ©fono de donde provenĂa la mĂșsica, y despuĂ©s de alcanzarlo, deslizo su dedo por la pantalla para desbloquearlo, pausando la canciĂłn luego de haber entrado a Spotify.
Albus levantĂł rĂĄpidamente la mirada, sosteniendo los ojos bicolores por una fracciĂłn de segundo.
âDeja que suene, me gusta esa canciĂłn âpidiĂł, pero Gellert seguĂa atento observando, como si verlo a los ojos fuera suficiente para obtener las respuestas que necesitaba.
âHace unos dĂas dijiste que estabas cansado de escucharla. Casi me lanzas los auriculares en la cara.
âJamĂĄs me cansarĂa de escuchar la mĂșsica que te gusta ârespondiĂł, a la par que se sentaba en la camaâ. Pero justamente hace unos dĂas tenĂa que terminar mi proyecto final, Gell... no podĂa concentrarme con la mĂșsica.
El rubio soltĂł un suspiro, pensando responder algo como: "Âżla mĂșsica de Taylor Swift sĂ hace que te concentres?", no obstante, lo ignorĂł y se dispuso a dar play a la canciĂłn, bajando un poco el volumen para poder escuchar al adverso.
âÂżY bien? âalzĂł una ceja, notando cĂłmo el pelirrojo volvĂa a adquirir una expresiĂłn de nerviosismo.
Dumbledore era consciente de que Gellert no iba a descansar hasta saber la razĂłn de su angustia, pero, en el fondo, habĂa una sensaciĂłn extraña que se alojaba en su pecho cada que pensaba en la idea de soltarlo, aĂșn sin saber la razĂłn.
âBueno... Âżrecuerdas a la presidente del consejo estudiantil? âesa simple pregunta logrĂł captar aĂșn mĂĄs la atenciĂłn de Gellert. Por supuesto que la recordaba, Grace Amery era una chica muy conocida en la universidad, y habĂa notado que tenĂa cierto interĂ©s en Dumbledore. Claro, no es como si eso le importara... Âżo si?
Por mucho tiempo habĂa intentado ignorarlo, deseaba poder dejar de lado los pensamientos que lo invadĂan cuando pasaba tiempo con su compañero de cuarto hablando de cualquier cosa; sus momentos de clases, su familia, sus gustos, sus pasiones u opiniones acerca de temas de polĂtica y demĂĄs. Desde el primer momento supo que Albus era un chico brillante, pero no estaba preparado para que su mirada se perdieran en el encanto de sus ojos, en sus facciones, en cada parte de Ă©l. No querĂa aceptarlo, le aterraba la idea de imaginar que algo mĂĄs podrĂa pasar entre ambos, pero en el fondo, admitĂa que le gustaba.
Nunca habĂa sentido atracciĂłn por un chico, ni por una chica, en realidad. HabĂa intentado salir con chicas, pero realmente creĂa que eso no era lo suyo. Gellert solĂa enfocarse mĂĄs en sus propias metas que en alguna otra cosa, por lo que el tema de los romances nunca habĂa sido lo mĂĄs importante; sin embargo, ahora era diferente, pero no se atrevĂa a decir algo al respecto.
âNo puedo olvidarla, le quitarĂ© su puesto cuando llegue el momento de cambiar de presidente âbromeĂł, ganĂĄndose una risa por parte del pelirrojo, una risa que pudo haber sonado normal de no haber sido por la forma en la que su cuerpo temblaba.
âEstuvo enviĂĄndome mensajes por Instagram desde hace unas horas, pero estaba ocupado haciendo mi ensayo de teorĂas que olvidĂ© responder ârelamiĂł sus labios, desviando la mirada hasta sus pies que parecĂan moverse con impaciencia. ÂżQuĂ© lo tenĂa tan ansioso? ÂżLa anĂ©cdota estaba siguiendo el camino que Gellert habĂa estado pensando desde el inicio?â. Y... bueno, me topĂ© con ella justo cuando estaba saliendo de la biblioteca.
âÂżTe dijo algo malo? âse aventurĂł a cuestionar, sintiendo que los ojos azules volvĂan a contemplarlo.
âMe invitĂł al baile.
La habitaciĂłn se inundĂł de un completo silencio despuĂ©s de esa simple oraciĂłn; parecĂa incluso imposible escuchar la propia respiraciĂłn o el latir de sus corazones que añoraban enlazarse.
Ambos chicos lo sabĂan, no era raro que la universidad realizara un baile para despedir el año escolar antes de que todos volviesen a su hogar. Gellert no tenĂa interĂ©s en ese tipo de eventos, por lo que rechazar la invitaciĂłn de algunas chicas no le habĂa hecho sentir mal; en el fondo, imaginaba cĂłmo serĂa invitar a Albus, pero la idea salĂa de su cabeza de inmediato, sabĂa que ambos eran sĂłlo buenos amigos, aĂșn cuando deseaba algo mĂĄs.
QuizĂĄs, tampoco habĂa imaginado que Dumbledore conseguirĂa con quiĂ©n ir al baile.
âEso quiere decir que ya tienes pareja para el baile âfingiĂł dar una sonrisa, intentando sonar lo mĂĄs tranquilo posible, aĂșn cuando una extraña sensaciĂłn revolvĂa por completo su estĂłmago. ÂżImaginar a Albus con alguien mĂĄs provocaba celos en Ă©l?â. Me alegro por ti.
Albus soltĂł una risa nerviosa, negando con la cabeza.
âNo... le he dicho que no.
Oh.
âÂżPor quĂ©? âocultĂł la felicidad de su respuesta con aquella interrogante, conservando un tono de curiosidad en su voz.
âEs que... âAlbus callĂł por un momento. La mĂșsica seguĂa sonando mientras los orbes celestes encontraban la mirada del chicoâ. JamĂĄs he bailado con alguien una canciĂłn lenta; de hecho, ni siquiera he bailado alguna vez.
Gellert soltó una risa, ganåndose un fruncimiento de ceño por parte de Dumbledore ante aquella burla.
Bueno, no es como si estuviese burlĂĄndose de eso... o tal vez sĂ. En el fondo, su mente se cuestionaba si Albus habrĂa aceptado ante una situaciĂłn diferente; como saber bailar, por ejemplo.
âÂżAlbus Dumbledore no sabe bailar? âmencionĂł con un tono divertido, logrando que el joven rodara los ojos.
âNo te burles.
âNo me estoy burlando... pero me sorprende un poco âencontrĂł su mirada por un instante para despuĂ©s alcanzar su celular, el cual que habĂa estado descansando en el pequeño escritorio cerca de la ventana, junto con el libro que anteriormente habĂa estado leyendo y el montĂłn de hojas.
âÂżEs sorprendente que a mis 20 años no sepa bailar? âindagĂł, cruzĂĄndose de brazos, a la par que observaba cĂłmo el rubio parecĂa concentrado en su telĂ©fono.
âHumillante, dirĂa yo ârespondiĂł, deslizando su dedo Ăndice por la pantalla. El tono suave y bromista que habĂa utilizado le hizo saber a Dumbledore que no hablaba en serio; al menos, lo supo despuĂ©s de ver cĂłmo elevaba la mirada y volvĂa a encontrar sus ojos, una mirada de encanto acompañada de una sonrisa.
âSupongo que tĂș eres experto en eso... âse aventurĂł a decir, imitando el tono de voz utilizado por el contrario.
El rubio se levantĂł de su lugar, sin dar una respuesta. Al poco tiempo, la habitaciĂłn se habĂa llenado de una lenta melodĂa, una melodĂa que Albus habĂa escuchado antes. Gellert dejĂł su telĂ©fono de nuevo en el escritorio que separaba las dos camas individuales, acercĂĄndose hasta el pelirrojo y extendiendo su mano en el proceso.
âTal vez puedes descubrirlo âbisbiseĂł, todavĂa con una sonrisa en los labiosâ. Podemos practicar un poco âsugiriĂł.
Albus mirĂł la mano del chico por un momento, justo cuando los primeros versos de la canciĂłn hacĂan contraste con el acompañamiento musical.
I wanna be your vacuum cleaner
Breathing in your dust
El chico le regresĂł la sonrisa, levantĂĄndose de su lugar y tomando su mano.
Tal vez habĂa mentido... tal vez, habĂa bailado una que otra vez una canciĂłn lenta. Su madre siempre insistiĂł en enseñarle pasos de baile pues mencionaba que en las instituciones siempre habĂa alguno. Ahora, Albus pensaba que estaba en lo cierto.
I wanna be your Ford Cortina
I will never rust
Entonces, ÂżquĂ© razĂłn tenĂa para rechazar la invitaciĂłn a un baile al que la mayorĂa asistirĂa? QuizĂĄs no era el hecho de no saber bailar, en realidad, no estaba del todo interesado en ir con Grace Amery. Era una chica linda, por supuesto, pero... no era de interĂ©s para Dumbledore.
If you like your coffee hot
Estaba tan metido en sus pensamientos que sentir la mano del rubio colocĂĄndose en su cintura lo habĂa tomado un poco de sorpresa, pero lo aceptĂł.
Let me be your coffee pot
Albus correspondiĂł a aquella acciĂłn, y colocĂł su mano en el hombro del chico, mientras que sus manos se entrelazaban con dulzura, una uniĂłn tan simple que probablemente habĂa estado deseando desde hace tanto tiempo. PodĂa sentir una calidez en su alma, como si todas las palabras nunca antes dichas lo acariciaran y las facciones del adverso lo conquistaran. SabĂa la razĂłn por la que habĂa rechazado aquella invitaciĂłn, como si su razĂłn tuviese un nombre, uno que conocĂa tan bien: Gellert Grindelwald.
âNo es tan difĂcil âel susurro de Gellert hizo presencia en medio de aquel tranquilo encuentro. Albus lo mirĂł, prestando atenciĂłn a lo dichoâ. Te guiarĂ©, intenta seguir el paso.
You call the shots, babe
Dumbledore asintiĂł con la cabeza, experimentando una sensaciĂłn de calor en todo su cuerpo cuando su compañero lo apegĂł un poco mĂĄs a Ă©l, llegando a sentir incluso el latido de su corazĂłn, galopando a un ritmo acelerado mientras sus pies comenzaban a moverse al tiempo de la mĂșsica.
I just wanna be yours
Se miraron a los ojos por un momento, sosteniendo aquella mirada que podĂa hablar aĂșn cuando no habĂa palabras de por medio. Al contemplar los ojos de Gellert, Albus podĂa jurar que veĂa todo el universo a travĂ©s de su mirada, como si fuera un fulgor de estrellas que titilaban, coronando sus sienes con una pizca de magia; constelando una luz en su sonrisa y escribiendo poesĂa sin estrofas escritas.
Por mucho tiempo habĂa dejado sus sentimientos de lado, habĂa ignorado la forma en la que esos orbes desiguales aparecĂan en sus sueños, encantando su corazĂłn y su alma. HabĂa ignorado, por mucho tiempo, la sensaciĂłn que experimentaba ante aquella cercanĂa entre ambos. Quiso desdeñar la imagen de esos cabellos rubios, de esas finas facciones, de ese acento que tanto le gustaba y esas plĂĄticas nocturnas sobre temas constitucionales o filosĂłficos, hablando de todo y nada a la vez. ÂżEra posible ignorar la manera en la que ambos se miraban cuando compartĂan horas de estudio en aquella residencia? Por mucho tiempo lo habĂa intentado, hasta que llegĂł un punto en el que sus esfuerzos se volvieron inĂștiles. Ahora sabĂa que era imposible.
Secrets I have held in my heart
Are harder to hide than I thought
Sus pies se movĂan en automĂĄtico, como si estuviese condicionado para lo mismo. Ninguno de los dos parecĂa sorprendido cuando comenzaron a moverse con facilidad por toda la estancia, en una danza eterna, con movimientos lentos que no deseaban terminar. Gellert se separĂł un poco, sĂłlo para lograr que Albus diera una vuelta. El chico sonriĂł, aprovechando esa acciĂłn para invertir el lugar de sus manos; esta vez fue Dumbledore quien rodeĂł la cintura del joven quien descendĂa un poco la mirada para poder contemplar bien aquellos ojos azules. Grindelwald colocĂł su mano libre en el hombro de su acompañante, dejĂĄndolo que esta vez fuera Ă©l quien marcara el paso.
âÂżQuĂ© opinas? âindagĂł el mĂĄs bajo, admirando cĂłmo el rubio soltaba una risa mientras seguĂa sus movimientos.
Maybe I just wanna be yours
âÂżEstĂĄs seguro que esta es la primera vez que bailas una canciĂłn lenta? âse inclinĂł ligeramente al frente, sintiendo de cerca la respiraciĂłn del pelirrojo. RompiĂł el lazo que habĂa entre sus manos, y las bajĂł con lentitud, rodeando la cintura de su compañero mientras este Ășltimo lo miraba con atenciĂłn.
Una sonrisa se dibujĂł en su rostro, cuestionĂĄndose en sus adentros si serĂa buena idea lo que estaba a punto de hacer.
Sin mĂĄs, siguiĂł su instinto. Su cuerpo se acercĂł un poco mĂĄs al contrario, rodeando el cuello de su âpor ahoraâ pareja de baile. VolviĂł a experimentar aquella calidez, esa sensaciĂłn extraña que se alojaba en su pecho y enviaba escalofrĂos a su espalda; podĂa jurar que incluso la luz de la luna llegaba hasta ellos en ligeros rayos, mismos que causaban un contraste perfecto en los mechones dorados de Gellert, en su piel y en sus movimientos.
Cuando se miraron a los ojos otra vez, el tiempo pareciĂł detenerse, era incluso como si la mĂșsica hubiese dejado de sonar y la magia comenzara a florecer entre ambos. ParecĂa como si los leves rayos de luna se hicieran llamas, como si quemaran la sangre al contemplarlos, o como si explotaran su mente y su alma. PodĂan ver el reflejo del otro en sus ojos, ese brillo de todas las auroras que estaban en sus pupilas dilatadas. Todo parecĂa fluir con tanta naturalidad, como si ese amor que habĂan estado escondiendo se impregnara por fin en sus fragancias, en medio de su cercanĂa, entre todo lo que habĂan anhelado. Gellert lo supo, tal vez desde un principio: querĂa que ese fuera su momento, que fuera sĂłlo para Ă©l.
I wanna be yours
I wanna be yours
El ambiente se volviĂł mĂĄs cĂĄlido cuando estuvieron lo suficientemente cerca, dejĂĄndose envolver por la suave melodĂa y respirando aquel aliento que los subsumĂa en una alegorĂa de ensueño y amor. Ninguno de los dos tenĂan claro cĂłmo es que las cosas habĂan terminado asĂ, pero parecĂa que ahora sus corazones entrelazados buscaban tocar el cielo hasta encontrar todos aquellos sentimientos nunca antes dichos.
Ese baile habĂa sido suficiente para ambos.
ÂżHabĂa sido quizĂĄs una excusa para que los dos pudiesen expresar lo que sentĂan?
Wanna be yours
âAlbus... âel murmullo que escapĂł de los labios de Grindelwald se habĂa sentido tan frĂĄgil y lejano, pero Dumbledore habĂa sido capaz de divisarlo. EsperĂł una respuesta, obteniendo que el chico sĂłlo siguiera la letra de la canciĂłnâ. Wanna be yours...
âGell... âlo llamĂł, sin un propĂłsito en especĂfico. Sus ojos analizaron las hebras rubias, el piercing en su nariz, la luz y la oscuridad en sus ojos, la suave piel de su rostro, hasta detenerse por fin en sus labios.
HabĂa algo que lo impulsaba, algo que lo hacĂa desear terminar con todo eso. Ninguno de los dos mencionĂł nada, pues parecĂa que ni siquiera las palabras eran suficientes ahora.
Gellert siempre creyĂł que las palabras trabajaban de una manera peculiar, debĂa admitir que le gustaba ese poder que habĂa en las misma; algunas veces, una palabra era suficiente para transmitir el mayor sentimiento, aunque en otras ocasiones habĂa que hacer un uso mĂĄs elaborado de las mismas. Era una naturaleza simple pero compleja, conservando el lenguaje como algo singular.
Grindelwald se consideraba bueno con las palabras; ÂżcuĂĄntas veces no habĂa logrado persuadir con sus discursos? Constantemente estaba de la mano con argumentos lĂłgicos y leyes que habĂa estado aprendiendo a lo largo de su carrera, pero los debates acerca de la fundamentaciĂłn de derechos no era la Ășnica manera en la que utilizaba sus palabras. A veces, cuando la Ășnica compañĂa era el suave rugir del viento nocturno, o cuando su compañero se encontraba plĂĄcidamente hundido en el sueño, Gellert solĂa utilizar metĂĄforas extensas, suaves rimas y poesĂas; guardĂł en su corazĂłn cada verso colorido de palabras pintadas, convenciĂ©ndose de que eran simples escritos para el viento.
Pero ahora, teniendo a Dumbledore frente a Ă©l, comenzaba a conocer el sentido de todas sus previas acciones. SabĂa que todos esos escritos pertenecĂan a ese amor secreto.
SĂłlo querĂa ser suyo.
Fue demasiado rĂĄpido cuando su cuerpo actuĂł antes de que su mente se detuviese a procesarlo, apretĂł ligeramente la cintura del pelirrojo, inclinĂĄndose para probar los labios ajenos que se habĂan mantenido entreabiertos ante la sorpresa de sus acciones. Al poco tiempo, lo sintiĂł corresponder. Sus ojos se cerraron de manera automĂĄtica, experimentando una sensaciĂłn de calor cuando Albus se apegĂł un poco mĂĄs a Ă©l. No era el primer beso de ninguno de los dos, pero podĂan reconocer que era mucho mĂĄs mĂĄgico que algĂșn otro encuentro. Sus labios se movĂan en perfecta sincronĂa, saboreando cada centĂmetro mientras la canciĂłn continuaba invadiendo la habitaciĂłn.
I wanna be your vacuum cleaner
(wanna be yours)
Tal vez, Albus podĂa admitir que por mucho tiempo habĂa imaginado el sabor de los labios de Grindelwald, pero ahora sabĂa que sus pensamientos estaban lejos de la verdad, pues todo era mucho mĂĄs maravilloso a como habĂa imaginado. PodĂa sentir cĂłmo jugueteaba con sus labios, logrando el acceso completo a su boca tiempo despuĂ©s.
Breathing in your dust
(wanna be yours)
El calor regresó cuando Dumbledore sintió la pasión en su lengua, moviéndose con ansias y haciéndolo elevarse tan cerca del cielo. Sus dedos se enredaron en los cabellos dorados de su compañero; era como si estuviese tocando las nubes, y como si las estrellas estuviesen al nivel de sus ojos.
I wanna be your Ford Cortina
(wanna be yours)
Para ambos, todo era muchĂsimo mĂĄs de lo que habĂan soñado alguna vez. Gellert jamĂĄs creyĂł que se encontrarĂa perdido en el sonido de sus labios moviĂ©ndose con calma para despuĂ©s encontrar nuevos ritmos de intensidad. BebiĂł de sus labios, bebiĂł todo de Ă©l, como si por primera vez las palabras no fueran suficientes para expresar lo que estaba sintiendo. QuerĂa que Albus lo supiera, querĂa que sintiera lo mismo. QuerĂa que fuera suyo.
I will never rust
(wanna be yours)
DespuĂ©s de un momento, sus labios se separaron, pero ambos continuaron con aquella cercanĂa entre sus cuerpos. Dumbledore podĂa sentir cĂłmo su corazĂłn galopaba en su pecho con rapidez, e inclusive se atrevĂa a decir que el rubio estaba en la misma situaciĂłn. PodĂa jurar que sus corazones se habĂan convertido en uno solo.
âCreo que... eres un buen profesor âmencionĂł el pelirrojo, acabando con el silencio. Sus dedos todavĂa se dedicaban a brindar caricias en los cabellos de su acompañante, quien sonriĂł de inmediato ante su comentario.
âEn mis planes no estĂĄ ser profesor de baile, ni profesor en general âsusurrĂł, a la par que su mano subĂa lentamente por la espalda del chicoâ. Pero tĂș sĂ serĂĄs un buen profesor.
Albus sonriĂł ante lo dicho, escuchando los Ășltimos versos de la canciĂłn.
I just wanna be yours
(wanna be yours)
SabĂa que Grindelwald no habĂa elegido esa canciĂłn sĂłlo porque era de su banda favorita.
âMe gustas, Gellert âdijo por fin, experimentando una sensaciĂłn de calma, como si acabara de confesar uno de sus mĂĄs grandes secretos.
El rubio sonriĂł, relamiendo sus labios con ligereza antes de colocar su mano en la mejilla de Albus, quien habĂa sentido como su rostro entero se calentaba.
âCreĂ que me odiabas âdijo por lo bajo, recordando aquella vez en la que Albus le habĂa confesado ebrio que realmente aborrecĂa a los estudiantes de derecho. Claro, Dumbledore estaba lo bastante alejado del mundo como para reconocer que su compañero estaba ante Ă©l, pero a Gellert le gustaba seguir molestĂĄndolo con eso. Albus soltĂł una risa, dispuesto a responder, pero las palabras del chico fueron mĂĄs velocesâ. TĂș tambiĂ©n me gustas, Al... me has ayudado a confirmar que lo que siento por ti va mucho mĂĄs allĂĄ que un aprecio por ser mi roomie.
La felicidad en el rostro del joven cobrizo fue clara, lo que hizo a Gellert sonreĂr.
Antes de que alguno de los dos pudiese decir algo mĂĄs, Albus volviĂł a acercarse, disfrutando de nuevo la pasiĂłn entre sus labios, y el calor que lo envolvĂa ante la mĂnima cercanĂa.
HabĂa esperado mucho por eso, y ahora, todo parecĂa ser mucho mĂĄs mĂĄgico de lo que imaginĂł. QuerĂa permanecer asĂ toda la noche, incluso las noches que estaban por llegar.
Al separarse, volvieron a encontrar sus miradas, sonriendo como dos tontos enamorados.
âÂżAĂșn no tiene pareja para el baile, señor Dumbledore? âcuestionĂł Gellert, brindando suaves caricias en las mejillas del adverso.
âÂżEstĂĄ pensando en invitarme, señor Grindelwald?
âTal vez...
âMe encantarĂa.
Ambos sonrieron, sabiendo que ese serĂa el inicio de su mĂĄgica historia. Gellert jamĂĄs habĂa imaginado que hubiese personas que pudiesen complementarse, pero ahora, comenzaba a creerlo. Era un ensueño, un deseo febril, una sensaciĂłn indescriptible y un amor indeleble; detrĂĄs de aquellas murallas de palabras, ambos eran dos almas latiendo, dos corazones unidos, fugĂĄndose en un sueño. Albus jamĂĄs se habĂa sentido tan vivo, parecĂa asombrado, sin aliento, e incluso temblando por las acciones y las palabras de Gellert. Estaba encantado y se sentĂa libre, elevĂĄndose cada vez mĂĄs con alas hechas de sueños y anhelos.
Tal vez sĂłlo quiero ser tuyo...


