Capítulo 1
Erwin trataba de terminar los últimos informes que yacían en el escritorio que estaba frente a él, nada fuera de lo normal, simplemente papeleo que era requerido por sus superiores, resultados de exploraciones y algo que nunca faltaba, los nombres de todas las bajas que habían sufrido tras la última excursión, las cuales, gracias a Dios, no eran tantas como las de la vez pasada.
Trataba de concentrarse lo que más podía, pero no podía evitar que sus ojos se desviaran y se dirigieran primero al calendario, en el cual la fecha del día presente estaba marcada y encerrada en un círculo, para luego observar el reloj que estaba en la pared.
Se sentía ansioso, mientras el minutero avanzaba sentía una especie de creciente júbilo por lo que pensaba que podría ocurrir exactamente a las 9:30 pm, para lo cual faltaban solamente un par de minutos, habían pasado quizás, unos seis meses desde esa primera vez, y aunque piensa utilizando la palabra “Quizás” sabe que está mintiendo para no emocionarse, porque los encuentros con “el soldado más fuerte de la humanidad” efectivamente habían ocurrido en esa fecha y él lo tiene absolutamente claro, si no, aquella extraña “Rutina” no figuraría en su calendario ni influiría en su diario vivir.
Es que vivía con el miedo, de que cuando llegara el tiempo indicado él no se presentara, con aquella actitud fría y lo llevara a la habitación que solo por esa noche compartirían, pues no estaba dispuesto a ensuciar las sábanas de su propia cama, con el desastre que sería limpiarla después de su encuentro, completamente llena de saliva y de los fluidos desbordantes de ambos.
Su pierna comenzaba a moverse ansiosamente, las letras que iba escribiendo cada vez se hacían menos entendibles, debido a la velocidad con las que las trazaba, esperando terminar a tiempo para su llegada.
El último timbre de la noche sobre la imagen con el rostro del más reciente fallecido y sería el final de su reporte, acompañado de una firma con su nombre. Nuevamente miró el reloj, solamente faltaba minuto y medio. Acomodó el manuscrito con una carpeta adjunta, los acomodó sobre la mesa y los metió en un sobre de papel para dejarlo dentro de un mueble que estaba a su lado. De abajo del escritorio, sacó un papel y empezó a garabatear sobre él. Aunque seguramente podía sospechar que era aparentar que en realidad hacía algo, no podía darse el lujo de hacerle saber que en realidad lo había esperado ansiosamente todo el día.
A las 9:30 en punto, alguien golpeó su puerta, con un simple “pase” fue suficiente.
Su figura esbelta y dolorosamente provocativa se hizo presente frente a él. Ahí, como siempre, como todos los viernes a las 9:30 de cada semana hace seis meses, parado con un rostro aburrido y recargado en el umbral de la puerta abierta. Poniéndose en ese lugar, en su lugar, como si es que fuera mera casualidad que anduviese rondando por ahí.
- Hey... ¿Estás ocupado? – su voz suena tranquila y casual.
- Estoy a punto de terminar un informe, Levi.
Guarda silencio por un momento, y chasquea la lengua. Parece preparado para irse, aunque sabe que solo es teatro, porque en cuanto se de vuelta para salir de la habitación, Erwin se levantará y le preguntará qué es lo que quiere, impidiéndole huir.
Se mirarán a los ojos con eso se dirán todo.
“... ¿Vamos a tu habitación?”
No tiene siquiera que contestar, solo asiente y cuando Levi se voltea, esboza una sonrisa.
Cuando llegan a su cuarto, el cual esta pulcramente limpio y ordenado por consideración a su habitual visita, la puerta es cerrada con llave para evitar cualquier tipo de interrupción, después de todo, es su hora feliz, y piensa disfrutarla tanto como sea posible.
Lo que hacen una vez juntos dentro del cuarto suele variar, pero casi siempre implican a Levi siendo sometido por un cuerpo más grande, gimiendo para él, cuando su rostro crea esa expresión que parece hacer derretir al de rango superior, porque le encanta como su rostro inexpresivo cambia, tornándose en puro placer, mordiendo sus propios labios para evitar jadear, o simplemente cerrando los ojos con fuerza para tratar de ocultar, que a pesar de todo lo ocurrido, siente una inmensa vergüenza.
Para ellos dos, no puede existir algo mejor que tener al otro y disfrutar de su cuerpo durante el breve tiempo que tienen, y que saben que no se ha alargado por el simple hecho de que no sabrán que decirse cuando hayan terminado, cuando la cordura se abra paso entre el abrumante calor de la pasión, y se queden en silencio para darse cuenta de que no saben quién inició todo ese desastre.
Aunque Levi lo recuerda perfectamente, y aunque quisiera admitir que no fue su culpa, es una verdad que ambos esconden bajo la mesa y hacen como si no existiera, como si el anhelo que sienten el uno por el otro hubiese nacido por casualidad. Después de todo, si es que hubiese que recibir algún tipo de castigo, se quedarían en silencio, pensando para sí mismos y en lo que flaquearon y los llevó a esa situación, después de todo, según lo que estos dos personajes recuerdan, fue el pelinegro el que amenazó con comenzar a quitarse la ropa, y fue el rubio quien decidió arrancársela por completo.
No recuerdan como ocurrió exactamente, pero de pasar a ser enemigos, comenzaron a acercarse, pasaron por varias etapas, desconocidos, conocidos, “te hablo porque tengo que hacerlo”, y un largo etcétera, hasta llegar a un “compañeros”, “amigos”, “algo extraño sucede entre nosotros”, “no puedo creer lo que acabamos de hacer” y a un actual “No tengo idea de cómo decirle como me siento”.
Se podría decir que era un día común y corriente la primera vez, pero en la mente de ambos había algo que no estaba bien, algo que no podían explicar y que parecía estar consumiéndolos poco a poco. Las miradas en ese momento incluso podrían haberse justificado, pero tampoco lo hacían, sus ojos simplemente se conectaban y tardaban a penas un segundo para darse cuenta, sus miradas trataban de huir de su unión, y se disparaban hacia otro lugar, casi siempre el extremo contrario donde había un tercero hablando.
Levi recordaba esa pregunta extraña, parecía haber sido hecha con la misma mala intención que cargaba aquella mirada de la cual huía. Sabía que sería un gran problema, ¿Cómo podría escapar de ese hombre? ¿por qué quería hacerlo si nunca en su vida había sido un cobarde? ¿Qué es lo que tenía él que le causaba tal sensación? No lo tenía claro, pero se estaba cansando de la situación.
- ¿Qué haces cuando estás solo, Levi?
- Lo mismo que tu cuando vas a esas elegantes fiestas con niñas ricas.
Había dicho eso, pero como nunca lo había hecho, esas palabras parecían, además de estar cargadas de rabia, casi con recelo.
- ¿Cómo estás enterado?
- Es muy fácil, que de parte de sus padres recibamos muchísimo capital, además llegas apestando a ese asqueroso perfume pomposo.
No pudo evitar oler su camisa, pudo sentir una leve fragancia floral, así como tampoco pudo evitar preguntarse cómo había hecho el más bajo para olerla a la distancia a la que estaba.
- ¿Qu- fue interrumpido de forma grosera.
- A veces soy yo quien lava la ropa, es todo.
No había que ser un genio para saber lo que había pasado, los dos se dieron cuenta de lo mismo al mismo tiempo, Erwin, de que Levi había olfateado su ropa, y Levi, de que había sido puesto en evidencia por sus malditos celos, los cuales, hasta ese momento no se había dado cuenta de que tenía.
Se quedaron en silencio un momento.
- ...Yo podría ayudar...
Eso fue suficiente, el pelinegro ni siguiera terminó de hablar, tampoco de explicar esa vaga oración, porque cuando se había volteado, Erwin ya estaba a su lado, acorralándole en un rincón.
Lo que siguió a eso fueron las caricias que se repetirían nuevamente, no es como si lo hubiesen decidido, es más, después de esa primera vez, el más bajo se acomodó la ropa lo mejor que pudo y sin mirar atrás, salió de la habitación, dejando al rubio pensando en lo que acababa de hacer, preguntándose qué podría hacer para que se repitiera.
Desde entonces, como si se tratara de algo sagrado, el lugar y la hora, así como el día, se repitieron hasta que llegaron al tiempo presente.
Erwin se acerca lentamente a Levi, y, nuevamente lo acorrala para asaltar a sus labios. Sus lenguas luchan por el control, pero el pelinegro se deja ganar, disfrutando el beso tan apasionado que comparten como si fuera el último, aunque sabe que en el fondo ninguno de los dos es capaz de detener esa locura.
Sin dejar de besarlo, se deshace del complicado amarre del equipo que lo sujeta entre los árboles y contra los titanes, finalmente lo deja en camisa y el pantalón desaparece lanzado por algún lugar. Comienza a jugar con el tirante de su ropa interior, utilizando sus grandes manos para sujetar su pierna y apretarla, sintiendo como sus dedos se hunden en su piel tersa y blanca, esa que no solamente tiene las marcas del equipo tridimensional, si no que, de sus besos, mordidas y una que otra cicatriz que se niega a desaparecer.
Levi gime para él, sabe que le gusta, que lo descontrola y quizás así lo prefiere, que no pronuncie palabra alguna y no le pregunte por qué se deja hacer, teniendo aquella complicada personalidad con la que carga. Pero no se queda quieto, acaricia lo que más puede de su atlética espalda, y a pesar de que aún no han llegado al punto más alto de la velada, no puede esperar para enterrar sus uñas en esta sin que él se dé cuenta, para que todo el resto del pelotón trate de adivinar quien fue quien dejó esas marcas ahí.
Ambos son conscientes de las cicatrices que quedarán después del encuentro, pero no les importa ya, hace bastante tiempo que dejaron de distinguir entre lo que es bueno y conveniente para la gran mayoría.
El rubio se desviste lo mejor que puede sin dejar de acariciarlo, pero es difícil, ya que no se quiere perder ni una de las expresiones del de ojos negros. No entiende como es hombre puede ser tan fascinante, como antes de esa vez no pensó en llegar tan lejos.
Cuando solo le queda puesto el pantalón, es obligado a sentarse en la cama por su compañero, el cual, con su dedo índice delinea desde su garganta, pasando por sus pectorales para hacer como que acabará en sus abdominales marcados, pero sigue bajando hasta que llega al lugar que antes estaba prohibido. Desabrocha el cinturón y abre el pantalón, dónde se encuentra con un miembro erecto que ruega por su atención.
Lo lame de arriba abajo, empezando por la base, después de tanto tiempo, ya sabe cómo le gusta. Lo introduce lentamente dentro de su boca, sin dejar de utilizar sus manos para apretar sus testículos, que parecen ya estar cargados con la semilla que se derramará. Succiona con gula, y cuando lo saca de su boca, lo masturba con una de sus diestras manos mientras besa la punta y desliza su lengua por esta, hasta completar toda su extensión. Siente como se tensa, mientras que al mismo tiempo le pide que vuelva a meterlo en su boca, a lo cual accede. Erwin comienza a marcar el ritmo, tirando levemente de su cabello, eso es suficiente para hacerle entender que ya está cerca, hasta que finalmente se derrama sobre el rostro de su acompañante.
A Levi no parece molestarle, de hecho, pareciera que ya está acostumbrado, y, como sabe que le excita verlo hacer eso, lame el rastro de semen que quedo en su cara mientras lo mira directamente a los ojos.
- Muy rápido. – se burla de él, hay un rastro de malicia en su voz y Erwin lo nota.
- Veamos quien de los dos es más rápido cuando por fin esté dentro de ti.
Como le gustaba que le hablara de esa manera, era tan diferente a cuando estaban con los demás miembros del escuadrón, ese hombre que siempre se mostraba tan propio, tenía la boca más sucia cuando se encontraban a solas.
Para este momento, Levi ya se encuentra completamente desnudo, puede que quizás las primeras veces se sintiera avergonzado, pero lo habían hecho tantas veces que sentía que el rubio conocía ya cada rincón de su cuerpo.
Erwin acaricia su cuerpo y le invita a acercarse, ya no puede aguantar un segundo más, necesita poseerle y hacerle gemir.
El de cabello oscuro se sienta lentamente sobre el miembro del contrario, acomodando sus piernas a los lados de sus caderas, mientras desliza sus manos por el pecho bien formado de Erwin, disfrutando de su forma y su perfección. Empiezan las embestidas, primero de forma lenta para que el menor se acostumbre a su tamaño, pero solamente pasan unos cuantos segundos para que el más bajo comience a montarlo a la velocidad que en verdad de le satisface.
Ambos comienzan a gemir, mientras Levi se penetra a sí mismo, y disfruta de cada embestida, Erwin no puede evitar explorar su cuerpo una vez más, acaricia con suavidad los pezones endurecidos del hombre que tanto le hace gozar. Cuando la velocidad no le satisface, cambian de posición, El mas bajo queda de espaldas a la cama, el rubio quita su miembro casi por completo para penetrarlo con fuerza, sacándole un fuerte gemido que rebota por la habitación, así como los sonidos lascivos que hacen sus cuerpos al juntarse.
El cuarto está caliente y las ventanas ya se han empañado por completo, sienten que se ahogan de tanto placer, y agradecen que están en un lugar donde no serán escuchados.
- Nghhh...ahhh...E-Erwin... - jadea Levi- Más fuerte...Ahhh...
Solo eso es necesario para que aumente la velocidad otra vez, ver a ese soldado, su rostro haciendo esa mueca de satisfacción y sus apretadas paredes que envuelven su miembro son suficientes para hacerle saber que muy pronto llegará al orgasmo. Pero no se lo dice, porque quiere acabar en su interior y a pesar de que sabe que le molesta, lo hace apropósito, pues conoce también que necesitará su ayuda para limpiarse por completo y tendrá una nueva oportunidad de probar su cuerpo y alargar su encuentro.
Da unas últimas estocadas al pequeño cuerpo que está devorando, mientras lo masturba con velocidad, Levi no puede dejar de gemir, y le dice que no aguantará mucho más tiempo. Aún así continua, está completamente excitado por la imagen que tiene frente a él y no tarda mucho en alcanzar el orgasmo.
Comparten un último y húmedo beso, que será el único que se darán para cerrar con broque de oro tanto su encuentro sexual como la noche que pasaron juntos. En cuanto recobran la respiración, El pelinegro se ve cubierto de fluidos, pero ya no le da asco, ni siquiera le molesta. Simplemente se recuesta en la cama al lado de Erwin.
Pero esta vez ocurre algo diferente, cuando Levi ya está limpio y listo para marcharse, Erwin lo detiene, lo había estado pensando durante tanto tiempo hasta que finalmente de que ocurría dentro de si mismo. Quizás en un principio solamente fue satisfacción, pero después de tenerle así tantas veces, de haber tenido que pasar tantas tragedias a su lado, algo había nacido, una cosa que no podía explicar.
No podía evitar sentirse alegre cuando lo veía, triste cuando no estaba, preocupado cuando salían de excusión, y aunque siempre contaba con que volvería, sentía que no podría soportar que algo le ocurriera. En definitiva, había desarrollado sentimientos hacia “el soldado más fuerte de la humanidad” y no eran de esos que se olvidaban fácilmente, si no que eran de esos que se llevan para siempre en el corazón.
- Adios, Erwin. – su voz sonó seca y fría, ¿Cómo haría el rubio para poder derribar aquellos muros?
Antes siquiera de que se diera cuenta, ya lo estaba sujetando del brazo, se encontró con el rostro de ese hombre que tanto significaba para él y no supo que decir.
- Suéltame, tengo que irme.
- No.
“No” ¿Por qué le daba tanto significado a esa palabra? Era sin duda, una orden como superior. Se quedó plantado en ese lugar esperando algo que no entendía.
- Por favor...quédate.
- Sabes que no puedo.
- ¿Qué es lo que te lo impide?
Ah, Eran tantas cosas las que le impedían quedarse y saltar a sus brazos, no solamente el que dirán, no solamente que ambos eran hombres, lo que mas le aterraba era lo mismo que el rubio sentía, ¿Qué pasaba si aceptaba que se estaba enamorando de él? Con qué cara se pararía sobre su sepultura cuando el tiempo llegara antes de lo esperado y la muerte lo reclamara, ¿Cómo haría para seguir adelante comandando a un grupo de personas llenas de esperanza, cuando la única que tenía se iría con él a la lápida?
No quería atarse más, el hecho de entregar su cuerpo como no lo había hecho con nadie antes ya era la mayor prueba de que algo esta pasando, pero no lo admitiría, pronunciar esas palabras sería como aceptar una sentencia de muerte, una muerte lenta y dolorosa.
- Sé que tienes miedo, Levi. Yo también lo tengo, no sé que haría si llegara a perderte. – Tomó la mano como nunca, temblorosa, del soldado. Tenía que hablarle de sus sentimientos. – Pero prefiero haber vivido esto hasta que llegue mi hora, que vivir durante mucho tiempo sin haber tenido la oportunidad de decirte lo que en verdad significas para mí.
Levi observaba con los ojos vidriosos, ¿Cómo se había atrevido a decir eso? ¿Cómo había tenido el valor de poner las cartas sobre la mesa? De aceptar lo que había estado oculto en cada uno de sus encuentros, de sus besos y muestras de afecto dentro de la habitación.
Cuando estaba teniendo una batalla mental dentro de su cabeza, el rubio hizo algo que nunca había esperado, tomó su mano con suavidad y le dio un casto beso en ella. El menor miraba fijamente sin poder creer lo que estaba haciendo.
- Aguarda un momento, por favor no te vayas aún. – pidió.
Se levantó de donde estaba y se dirigió a un cajón que estaba al lado de su cama, de ahí, sacó una pequeña cajita hecha de una costosa tela fina. El de ojos negros no podía creer lo que veía, dentro de ella había un par de anillos que parecían de oro. ¿De verdad quería dar un paso tan grande? ¿Acaso estaba soñando?
- ¿Te gustaría tener una relación seria conmigo? Jamás sería capaz de esconderte, lo único que quiero es que todos sepan lo que pasa entre nosotros, no me importa lo que digan, solo me importa lo que digas tú, y espero que sea algo bueno para ambos.
Pero a aquel soldado le daba miedo aceptar aquel anillo, sabía que, si lo hacía, se convertiría en la debilidad de Erwin, así como él se convertiría en la suya. Sin embargo, quería aceptarlo, a pesar de que todo sería más complicado. Se sentía inmensamente feliz de que alguien lo amara de esa manera.
- ¿Y qué dices? ¿te gustaría ser mi debilidad?
Fue silencioso, casi como un susurro, un casi inaudible “Si” que fue reforzado por una leve sonrisa, de esas que no solía mostrar casi nunca, acompañado con un abrazo lleno de cariño y un beso de amor que le robó el corazón.
Desde ese momento, ya dejarían de esconderse, pues ahora se habían transformado en uno, que se jodieran los titanes, que se jodiera el mundo. Estarían juntos pasara lo que pasara, hasta que llegara la hora de partir al otro mundo, y lo harían juntos, como todo de ahora en adelante.