EL RENACER DE UNA FLOR (SasuSaku)

Summary

Mi nombre no es Sakura, ella murió. ¿Eso te dice todo? No lo creo. Podre armar el rompecabezas del porque me eliminaron de su juego, pero faltaran piezas que me revolverán la mente. Todos a mi alrededor tienen planes distintos, así que lee con atención como llego a su mundo buscando respuestas. ¿Quieres un consejo? No le creas a nadie, todos mienten.

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

PRÓLOGO

La luz que desprendía la camioneta iluminaba la carretera de la noche estrellada. El sonido del motor en movimiento era lo único que nos acompaña a mi amiga y a mí. Mi emoción era palpable, que emana por cada poro de mi piel, el brillo es mis pupilas decían estar más que emocionada y habría jurado que podía ser la mejor etapa de mi vida.


Por fin la preparatoria había acabado y con ello las graduaciones y festejos. Pero mi forma de festejar había sido diferente, no podía costear una gran fiesta, porque no tenía nadie quien me dijera "lo hiciste bien, pequeña"; sin embargo Ino, mi amiga, decidió invitarme a una cabaña a las afueras de la ciudad de Shibuya acompañada de sus amigas, que también estaban de festejo.


Eso ayudaba a que no me sintiera sola.


La miré y su vista solo se centraba en la carretera, sus manos adornadas con uñas largas movían el volante y su pie presionaba el clutch. Su largo cabello rubio cubría su espalda y la ropa de diseñador que portaba eran gracias al puesto que tenían sus padres en la división de inteligencia del país.


Bajeé mi vista y la enfoqué en mi vestimenta. No era de diseñador pero por lo menos no pasaba frio con ella, mi par de tenis desgastado representaba haber caminado con ellos por un buen tiempo, pronto ya no me quedarían y tendría que comprar unos nuevos.


«Tal vez me los merecía por mis 18 años que no festejé ».


Recordé que hoy se cumplían algunos años desde que recibí la noticia de la muerte de mis padres en aquel accidente aéreo, donde también murieron los Uzumaki.


«Lamento informarle señorita Haruno, pero ninguno sobrevivió».


Eso me había desbastado.


«Mi madre jamás cepillaría mi cabello, ni me abrazaría y mucho menos me cantaría antes de dormir. Todo se había acabado para mí, pero eso no me detuvo, seguí en busca de segundas oportunidades y descubrir que la vida puede ser mejor».


JA


Que estúpida.


Mi dolor no acababa solamente ahí y nadie me había preparado para ello, pero lo que obtuve de todo eso fue, mucho odio.


Me acomodé nuevamente en el asiento del copiloto y la voz de Ino rompió el silencio.


— ¿Traes todo lo necesario, frente? —cuestionó dándome una mirada rápida.


— Por supuesto. Empaqué para 3 días, cerda —reí ante nuestros apodos.


Todo eso solo era un simple recuerdo.


La confianza había surgido a lo largo de un año en que trabajé en su casa como empleada doméstica.


Trabajar y estudiar si se podían, por lo menos bajo el techo de los Yamanaka, podía. Por las mañanas asistía a una escuela pública y por las tardes hacia mis deberes. Eso me ayudó a esconderme demasiado bien del Señor Nagato Uzumaki: mi peor enemigo.


Verlo acabado se volvió mi sueño, el cual vivo por cumplirlo.


¿Venganza? No. Yo lo llamaría: justicia por mi propia cuenta.


Pero lo que hizo no tiene nombre. Marco la vida de un ser inocente, un ser que lo tenía todo y después nada.


Volviendo al tema del festejo, solo diré algo: NUNCA DEBI ASISTIR.


De ahí radica mi problema, o eso fue cuando me di cuenta de todo este rollo. Seguro te preguntarás, y bueno Sakura, ¿Qué te hizo el gran Nagato?


Tendría que empezar esta historia contando lo que sucedió después de que quedé huérfana, espero que le entiendas y no te aburras. Sonará triste y llena de dolor, pero seamos realistas, ¿en qué historia no hay dolor? O por lo menos en las que yo conozco. Pero no siempre será así, digamos que tiene sus... momentos.


Sonrío de lado.


Ahí estaba yo, mojada y con lodo en mis pies, con tan solo 14 años y mi única maleta sostenida por mi mano frente a la puerta de la mansión Uzumaki.


Toda mi infancia había estado ahí, viviendo en una pequeña casita que se encontraba dentro de la propiedad. El matrimonio Uzumaki conformado por: Minato y Kushina que eran los patrones de mis padres. La confianza y amistad se formó en los años de trabajo, nunca nos hicieron menos, les teníamos demasiado respeto.


Lamentablemente cuando murieron la fortuna pasó a manos del señor Nagato; el hermano menor de la señora Kushina. Aunque en realidad el único heredero debió ser Naruto; su hijo, que al ser aún menor de edad y no estar en el país, se le negó tal derecho. Ese chico me dejó por irse a estudiar al extranjero, y supongo que cuando regresó a Japón, ya no me encontró. No dejé ningún rastro, pues su tío se encargó de eso. Me sacó como un vil perro de ahí.


Así que me tragueé todo el coraje y divagué en muchas calles, sola y pasando frio. No tenía esperanzas, mi estómago rugía demasiado y opté por robar alimento. Hasta que un día, la vida me sonrió y llegué a una casa hogar, en donde por lo menos tenía una cama y techo. Sé que era poco, pero es mejor a no tener nada.


Le puse todo mi empeño y estudié consiguiendo becas. A los 17 años me salí de allí y así fue como llegué a la casa de los Yamanaka a trabajar. Ino se volvió mi amiga, en la que puede confiar, o eso creía.


La noche de la cabaña. Bufé. Me da cierta risa el tan solo recordarlo, Ino jamás me había dicho a quien le pertenecía y tampoco quien eran sus amigas. Supongo que era un plan.


Llegando ahí me las presentó y valla sorpresa al ver a cierta pelirroja con lentes, dando aires de grandeza —era igual a su padre— debía reconocerlo. Ino me la presentó, ella se portó muy amable conmigo, pero tenía un mal presentimiento; sin embargo hice caso omiso y me adentré en la boca del lobo. Me instalé en un cuarto para que al siguiente día disfrutáramos lo que la naturaleza del bosque nos podía ofrecer.


Y sorpresa: nunca regresé de aquel lugar.


Transcurrieron tres meses, de cuales fueron un total encierro. El maltrato hacia mí, me dejo huella. Era una esclava. Pero el día que logreé escapar de ahí, sí que podía recordarlo con mucha satisfacción.


« Corría los más rápido como mis piernas me permitían, mi corazón bombeaba fuerte amenazando en cualquier momento salirse de mi pecho. Me perdí entre los grandes árboles tratando de esconderme, miraba a todas direcciones asegurándome de que lo había perdido de vista. En efecto, ya no me seguía.


Me permití recargarme sobre la gran corteza de un gran árbol para regular mi respiración. Los minutos transcurrían y el miedo en mi seguía presente.


— Creíste que puedes escapar de mí —me sobresalté al escuchar su voz detrás.


Lentamente volteé para verlo mejor, pero fue más rápido, así que me tomó por la cintura y me tapó la boca con una de sus manos.


Intenté patalear, pero me fue inútil; era más fuerte que yo. Posó su cabeza en mi hombro y sintiendo su aliento chocar contra mi oreja, me susurro:


— Vamos ga-ta.


Solo rogaba que esa pesadilla acabara y que todo fuera un sueño.


En cuanto corrí de aquel lugar grité pidiendo ayuda, pero era ilógico que alguien me escuchara, ya que estando en medio del bosque las probabilidades eran nulas.


Me tomó por la fuerza y me hizo caminar de regreso a la pocilga en donde solo un rayo de luz se asomaba por la pared agrietada. Me alimentaba una vez al día, está siendo orden de la pelirroja. ¿Por qué? No lo sabía, solo mencionó que representaba una amenaza para ella en cuanto aparecí.


— Eres una inútil, camina rápido y deja de llorar —me gritó jalándome del brazo.


Me tropecé y caí al suelo boca abajo, mis labios tocaban la tierra húmeda. Me sentía demasiado mal, las fuerzas abandonaban mi cuerpo y las esperanzas también.


Al levantar mi mirada lo vi de pie junto a mí, la luna que era nuestra acompañante aclaraba el panorama, su cabello blanco se podía distinguir entre la oscuridad. Sus ojos morados no quitaban la vista de los míos y solo utilicé esa distracción para tomar una piedra con mi mano izquierda y esconderla bajo la manga de mi suéter desgastado.


En la fría madrugada, solo se escuchan nuestros pasos, pero de pronto pasó. El sonido de un arbusto lo hizo detenerse.


— ¿Quién anda ahí? —preguntó. Lo cual es irónico ya que según yo, no había casas cerca.


Aquel sonido se realizó de nuevo permitiendo aflojarme de su agarre. La distracción había sido mi salvación.


Agradecí internamente a aquel animalito o lo que haya sido, que le diera un piedrazo al peliblanco en su cabeza. Provocó que se quejara del dolor y yo solo salí corriendo lo más rápido que podía sin mirar atrás.


— ¡Ven aquí maldita! — gritó.


No sabía ni qué dirección tomar, solo corría con mi pies adoloridos por el esfuerzo. Quería encontrar una carretera o algo que me diera indicios de que tenía una esperanza.


Seguía corriendo, pero me detuve en seco al ver un barranco enfrente a mí. Mis pies sobre la orilla trataban de alejarse pero el tipo me alcanzó. Forcejeé, dando de manotazos y patadas evitando que me tomara de nuevo. Pero un mal paso hizo que cayera rodando completamente al vacío.


Solté un gran grito.


Por instinto cubrí mi cabeza con las palmas de mis manos protegiéndolo de grandes daños. Sentía como mi ropa se rasgaba y como mi cuerpo era golpeado por las rocas del lugar. Al llegar hasta abajo mi cuerpo por fin se detuvo, mi vista se tornó borrosa y mis ojos se cerraron completamente dándole paso a la oscuridad total.»


Un trágico comienzo para una historia un tanto revuelta.


Será satisfactorio ver a mis enemigos desesperados e hundidos, y suplicando perdón. Estoy segura que cuando los tenga enfrente renaceré de las cenizas y entonces, no habrá nadie quien me detenga y riegue sangre por donde pase, porque esto solo lo hago para protegerme a mí


¿Villana? Tal vez...