Capítulo 1
El hombre de cabello oscuro estaba ordenando el estante de pociones mientras sus alumnos abandonaban la mazmorra. Había sido un día no muy ajetreado y a pesar de que tenía que aguantar e ignorar las insistentes miradas de cierto Gryffindor, todo parecía relativamente tranquilo. Sabía que probablemente aquel chico estaría esperándole de camino a su habitación o quizás haría como si hubiese olvidado algo para volver y acompañarlo a esta, pues a pesar de que parecía darle algo de “afecto” todas las veces que podía, para el de lentes no era suficiente.
Escuchó que alguien parecía toser falsamente como para llamar su atención. Era algo tan típico de él que simplemente rodó los ojos, se negaba a terminar el día con él en su cama.
A pesar de que ya lo habían hecho bastantes veces, no podía acostumbrarse a su rostro cuando lo dominaba, de hecho, cuando lo recordaba, no podía evitar sonrojarse. Se sentía algo ridículo, estar a su edad – a pesar de que solamente tenía unos treinta y pocos – con la cara colorada por tener una relación con alguien tan fogoso y a la vez cariñoso.
Ni siquiera podía creer que estaba utilizando la palabra “relación”, ya que su historia con el chico y todo lo que le rodeaba, era de lo más extraña por decirlo menos. Lo había encontrado en su celo, y después de eso todo se había puesto de cabeza, el joven no solamente le había dicho que estaba enamorado de él, si no que le pidió que formaran un vínculo y que se transformara en su omega.
No entendía como había sido capaz de decir algo tan ridículo, teniendo a tanta chica detrás de él, tantas oportunidades de ser feliz con alguien que pudiera decir orgullosamente que estaban en una relación, a diferencia de él mismo, que ni siquiera podía decir correctamente que en realidad no le molestaba para nada lo que ambos tenían.
Dicen que una acción vale más que mil palabras, y esa era la forma en la que Snape actuaba. No solo lo protegía en silencio, sino que también lo amaba de esa misma forma, las veces que se entregaba a él completamente, cuando le besaba sí que se lo pidiera, le hacía creer que solo lo hacía para que cerrara la boca y dejara de decir tonterías, pero por dentro era simplemente que ya no podía estar sin él, mucho menos añorando todas sus palabras, las cuales acariciaban su alma y hacían que su corazón galopara con fuerza dentro de su pecho.
Pero en ese momento no se sentía lo suficientemente valiente como para decirlo, mucho menos para contarlo a los demás.
Se lo había dicho Dumbledore, que, en efecto, ambos compartían un vínculo que aún no había sido sellado, pero que estaba ahí, incluso le aseguró que los sentimientos de Harry eran verdaderos, y mucho más grandes que los suyos. A pesar de esto, sentía que no merecía ser amado por nadie. Había hecho tantas cosas mal en su vida y a esto sumado su personalidad tan peculiar, era difícil creer que alguien en realidad podría quererle.
Lo único que sabía era que disfrutaría del temporal enamoramiento de su estudiante.
Volviendo a lo principal, Severus siguió ignorando ese sonido lo que más pudo, pero la insistencia era tal que dejó las pociones a un lado y caminó hasta su escritorio.
-¿Se puede saber que rayos quieres con tanta insistencia? – Preguntó de mala manera, para darse cuenta de que sobre la mesa más cercana había un sobre de color crema.
Snape alzó una ceja con incredulidad y lo tomó con cuidado entre sus manos.Al voltearlo se percató de que tenía un corazón por al frente. Se sentía tan avergonzado que creía morir, ¿Desde cuándo Harry Potter tenía esos detalles románticos con él? No podía olvidar que era un adolescente, pero no entendía como había sido tan descuidado, cualquiera que hubiera visto la carta y la hubiese leído pudo haberse enterado de la relación que mantenían.
Ya se imaginaba lo que podría estar escrito en ella, si ni siquiera parecía arrugarse para decirle cosas vergonzosas en persona, de seguro no se sentiría inhibido al ponerlas por escrito.
Aun así, sintió que su corazón daba un vuelco, le parecía algo tan romántico como arriesgado. La guardó en un bolsillo interior de su abrigo, y se dirigió a su habitación cerca de las mazmorras para esperarle.
Eran aproximadamente las diez treinta de la noche cuando tocaron su puerta, él ya tenía su pijama puesto, y sabía por la hora que podría tratarse de dos personas, de Albus Dumbledore o de Harry Potter. El té que preparaba todas las tardes para acompañar las galletas favoritas de Harry estaba ya sobre la pequeña mesita de centro y las dos sillas estaban ordenadas una frente a la otra.
Observó las preparaciones antes de abrir la puerta, por un momento se preguntó desde hace cuánto tiempo preparaba todo con la idea de recibir a su estudiante por sobre el director. Decidió no darle más vueltas al asunto y simplemente dejarlo entrar, no trataría de seguir creando excusas en su cabeza.
Al abrirla se encontró con quien esperaba. Harry Potter le observaba son una sonrisa coqueta, esperando que le diera el permiso para entrar a su habitación, lo cual inmediatamente concedió.
-Buenas noches, profesor. – saludó amablemente. - ¿podría…?
-Claro, pasa.
A penas había entrado y la puerta fue cerrada detrás de si, volteó rápidamente para darle un beso en la boca. Había estado aguantando todo el día las ganas de llegar a sus labios, a los cuales no se podía resistir
-Toma asiento, Potter, hay algo que quiero hablar contigo. —Con el tono con el cual lo dijo el de cabello alborotado se dio cuenta de que era algo realmente serio. -Mira…cuando estamos solos no me molestan tus muestras de afecto… - Harry se sintió en el cielo al escuchar esa parte, pero sabía que debía existir un “Pero” en camino. - Pero es demasiado arriesgado que me dejes notas después de clase, cualquier entrometido podría leerla.
-¿Notas? ¿Quiere decir…una carta?
-Por favor, no te hagas el tonto. – dijo con algo de molestia.
El ceño fruncido de Harry le hizo notar al mayor que algo malo había pasado. —Yo en ningún momento he dejado una carta para usted, profesor. Digo, ganas no me faltan de que se entere todo el mundo, pero sé que para que esta relación siga, debe permanecer oculta.
Severus no entendía, si Potter no había dejado la carta, entonces ¿Quién?
-¿Me estás diciendo que no fuiste tú?
-No, por supuesto que no, no soy tan torpe.
La mirada de ambos se desvió hasta llegar sobre la mesa, donde el manuscrito descansaba. Los dos trataron de tomarla al mismo tiempo, pero en esta oportunidad Severus fue el ganador y bajo el rostro molesto de su estudiante, comenzó a leer en voz baja.
“Querido Profesor Snape
Le escribo esta carta porque ya no puedo más, desde hace algún tiempo he desarrollado sentimientos amorosos hacia usted. Sé que podría parecer extraño, pero hay algo que ha cambiado en su persona y creo que desde la primera vez que le vi sonreír, me di cuenta de que en realidad es un hombre muy cálido. Probablemente no lo recuerda, pero hace unos meses atrás fue usted quien me consoló cuando estaba llorando, había perdido a una persona muy importante en mi vida, pero me hizo entender que a pesar de que no estuviera físicamente siempre estaría dentro de mi corazón.
Lo he estado observando, y me he dado cuenta de que incluso su rostro ha cambiado, ya que puedo ver un dejo de felicidad en sus ojos y en sus leves sonrisas, las cuales me han enamorado por completo.
Aunque tengo completamente claro que seguramente esto es porque ha llegado una nueva persona a su corazón, la cual lo ha hecho ver una parte diferente de la vida y le ha llenado de alegría. También tengo claro que no podré competir con ella ni mucho menos con lo que produce en usted, por ello me mantendré al margen y seguiré observándolo desde lejos, aunque me duela, pues lo que más me gusta es verlo feliz.
Solo quería escribir esto para desahogarme, ya que nunca seré lo suficientemente valiente como para entregárselo directamente. Si es que llegara a recordar quien soy, no es necesario que me diga nada, soy feliz simplemente sabiendo que, si llegara a sentirse solo, siempre tendrá a alguien que lo ame pase lo que pase.
Sinceramente: Anónima.”
Severus quedó en shock por un momento, buscó en su memoria aquel evento, mientras dejaba la carta sobre la mesa, podía sentir sobre él la mirada de su alumno, quien parecía estar pidiéndole autorización para leer él también la carta, así que simplemente asintió.
Al joven le faltaron manos para sujetarla y comenzar frenéticamente a leer. En definitiva, no era el único que había notado ese cambio en Snape. Se sintió un poco celoso de la desconocida, que había compartido un momento a solas con su amado profesor. Pero le reconfortaba la idea de que incluso ella sabía que el pocionista tenía sentimientos hacia él. De un momento a otro se sintió algo feliz, ya la chica no se entrometería entre ambos.
Estuvieron en silencio unos cuantos segundos, Snape se dejó caer pesadamente sobre la silla bajo la mirada atenta de Harry, quien se moría por bombardearlo en preguntas.
-…y… ¿la recuerda, Profesor? – dijo con voz seria.
-Si, lo hago.
-Entonces… ¿Podría contarme quién es?
-Creo que su nombre es Erika Moonith, es de mi casa. En efecto, estaba llorando cuando la encontré…pero jamás pensé que me veía de otra forma que no fuera su profesor.
-¿Qué opina de ella?
-Es una alumna bastante buena, de hecho, me pregunto todavía por qué no fue a Ravenclaw, es una chica de cabello negro y ojos castaños, no resalta mucho en la multitud. De hecho, me recuerda un poco a Granger, con la diferencia de que, aunque sepa la respuesta siempre se mantiene en silencio.
Harry no sabía que decir, estaba celoso de que Snape la recordara. Le hubiese gustado haber seguido sus instintos y quedarse un momento más en la clase de pociones y evitar que la chica dejara la carta. Sabía que en el pasado a su profesor no le hubieran importado para nada esas palabras, pero ahora era diferente.
-No estará pensando en contestar su carta, ¿verdad? – preguntó Harry.
-Por supuesto que no…
-Por un momento pensé que-
-Se lo diré en persona. No me gustaría darle alas.
El chico de los ojos verdes le miró como si hubiera enloquecido, ¿En persona? No podía ser cierto.
-No tiene por qué hacerlo, no lo dejaré. Me niego a dejar que se vaya con esa chica. Usted me pertenece, Tenemos una relación, no voy a permitir que ella lo aparte de mi lado.
Severus se preguntaba por qué el chico era tan inseguro. Entonces se dio cuenta de que era simplemente porque él nunca había dicho que le correspondía, mucho menos que lo amaba. Sintiéndose completamente atrapado contra la espada y la pared, se acercó a Harry y lo besó.
El chico no tardó en corresponder, asaltó sus labios con pasión, no quería dejar de besarle, pero tampoco quería dejar esa conversación inconclusa. Sospechaba que el mayor solo lo había besado para evitar el tema, sobre todo porque él nunca tomaba la iniciativa.
Harry no pudo evitar tomar a Snape del brazo y llevarlo a su habitación, ni siquiera permitiría que pensara en ella, él era lo único en lo que el chico quería que el pocionista pensara. Había hecho tantos avances, había logrado que le aceptara, no se arriesgaría a perderlo todo, no perdería a su amado Omega por una muchachita enamorada que había salido de la nada.
Lo recostó suavemente sobre la cama, y trató de quitarle la ropa lo más rápido que pudo, Snape se sentía abrumado, a pesar de la naturaleza apasionada de su amante, sentía que el de ojos verdes no parecía estar como usualmente, cuando le hacía bromas mientras lo tomaba o incluso le dedicaba palabras de amor.
En vez de eso parecía nervioso y algo asustado, como si estuviese preocupado y debiera hacer algo para evitar que se fuera para siempre.
Lo desnudó a la fuerza, quitándole los pantalones y la camiseta junto con la ropa interior de un tirón, ni siquiera se tomó un momento para que Snape se relajara como siempre lo hacía, si no que atacó su cuello y comenzó a besarlo con desesperación. Mordía su cuello y manoseaba su cuerpo, acariciándolo con brusquedad.
-Espera… ¡d-detente!
-No, no voy a parar.
-¡Te dije que te detengas! – gritó Severus, sujetando el rostro de Harry con ambas manos. - ¿Qué rayos te pasa? Usualmente no eres así de rudo…
-… - el chico guardó silencio, no se veía capaz de mirar a su profesor directamente a los ojos como siempre lo hacía.
-¿Estás bien…Harry?
Era de esas pocas veces que lo llamaba por su nombre, si es que lo hacía era porque estaba hablando enserio.– No estarás pensando en ella, ¿Verdad?
Sabía que debía responder, pero no se veía capaz así que simplemente dejó semi desnudo a Severus a un lado y se sentó sobre la cama.
-Respóndeme. – ordenó el mayor.
-Es solo… Ella pudo llamar tu atención, algo que a mí me ha costado muchísimo y he tratado de hacer hace tanto tiempo. Me hace pensar que en realidad solo haz hecho esto para evitar tenerme revoloteando constantemente a tu alrededor…Yo pensaba que finalmente había podido llegar a ti, y que quizás algún día podrías llegar a amarme tanto como yo te amo…- el de ojos verdes ya no aguantaba más, así que simplemente se levantó para irse.
Snape quedó completamente impresionado. Sintió su corazón sacudirse y apretarse, no quería que se fuera, no quería perderlo, pero sobre todas las cosas…
No quería dejar de amarlo.
Se levantó rápidamente y se cubrió con una de las sábanas, caminó a pasos agigantados hacia el joven de ojos verdes y lo sujetó del brazo. No permitiría que se fuera, no sin que escuchara la verdad.
-No te vayas…Por favor… Te necesito aquí…
Era la primera vez que le decía que le necesitaba.
-Se que estoy exagerando…pero lo que tenemos es tan frágil que siento que jamás podrás corresponderme.
-…Pues te equivocas…
Harry se sorprendió, y con los ojos muy abiertos volteó para mirarle de frente.
-Yo…Demonios…Yo…te amo, Harry.
-… ¿Qué?
-¿Tengo que repetirlo para que entre en tu cabezota?
-Sería un placer para mi que lo repitieras. – Le sonrió con toda la calidez del mundo y tomó una de sus manos, mientras que con la otra acariciaba su mejilla.
-…Te dije que te amo…- Tenía el rostro completamente sonrojado, si es que no estuviera sujetando su rostro probablemente ya estaría corriendo en la dirección contraria para que no pudiera ver su cara roja.
-¿Sabes hace cuanto tiempo estaba esperando que dijeras eso?
-Supongo que hace de bastante tiempo. Lo lamento, fue…complicado.
El chico de ojos verdes podía comprenderlo, Severus era un hombre complicado, la mayoría del tiempo no sabía que estaba pasando por su cabeza, o al menos era así antes de que comenzaran su relación, por que ahora podía darse cuenta de que estaba diciendo la verdad, y no lo había dicho eso simplemente por el hecho de hacerle cerrar la boca.
Lo abrazó con mucha fuerza, de hecho, casi lo derribó. Se sentía tan feliz que creía poder explotar, la confesión de Snape se repetía una y otra vez dentro de su cabeza, no podía más de la felicidad, y no podía recordar un momento más dichoso que ese. Le quedó claro enseguida que ese momento de ahora en adelante se transformaría en su nuevo Patronus.
-Yo también te amo, y siempre lo haré. No pienses que voy a dejarte, jamás sería capaz de hacerlo y no sabes lo feliz que me haces.
Ya no podía contenerse más, así que lo arrastró de vuelta a la habitación, en donde se aseguró de dejarle claro que sus sentimientos siempre serían correspondidos si se quedaba con él. Le besó como nunca lo había hecho, toco su cuerpo para dejar huella en él. Snape ya no le temía a la marca, sabía que estaba en lo correcto y que ya no era necesario esconderse. El joven le había demostrado mas de una vez que en verdad le adoraba…y el podría decir lo mismo en ese momento.
Le acarició con suavidad y por primera vez, le hizo el amor sabiendo que era completamente correspondido. Aún así, no pudo evitar morder su nuca en medio del calor de la pasión. Sabía que Snape estaba asustado, pero que le permitiera hacerlo le dejó completamente claro que el mayor ahora si concebía un futuro a su lado.
Cuando Snape pudo levantarse de la cama, se dio cuenta de que eran casi las 12 de la noche y que probablemente la chica estaría en el lugar donde la había consolado. Dejó a Harry durmiendo sin antes plantarle un suave beso en los labios. Lo miró amorosamente antes de ponerse la ropa que estaba tirada por la habitación.
Caminó hacia el patio posterior del colegio, justo al lado de la fuente, una joven estaba esperándole con la cabeza abajo.
-Sabía que vendría, Profesor. -murmuró cuando él estuvo a su lado.
El de ojos café se sentó a su lado, no muy cerca, pero tampoco tan lejos. Pensó en escuchar lo que la chica tenía que decir para poder rechazarla de la forma más cordial que pudiera.
-Vine para ponerle un punto final a esto. No debiste haber escrito esa carta, de hecho, estoy seguro de que sabías que te recordaría y por esa misma razón estaría aquí, junto a ti.
-Fue una estupidez, lo tengo bastante claro…Supongo que solamente quería soñar despierta que usted podría corresponderme. Pero ahora no solo sé que no hay oportunidad alguna de que pase algo entre nosotros…Después de todo, usted tiene a alguien… ¿No es así?
El pocionista quedó en silencio, no sabía como responder ¿Cómo se había dado cuenta? – Sé que lo nuestro simplemente no hubiese podido ser, ya que yo también soy una omega. Tranquilo, no se lo diré a nadie…pero usted tiene un aroma diferente al de el otro día.
-Estoy seguro de que alguien competente podrá fijarse en ti, eres una Slytherin y podrás comerte el mundo. No llores por algo así, no valgo tus lágrimas, nadie lo hace. Tu solo sigue adelante, tienes la fuerza para ello.
La muchacha sonrió levemente. – Muchas gracias por sus palabras.
-Solo vuelve a tu cuarto, hace demasiado frio y es muy tarde para que estés afuera.
Ella sintió, se dio la media vuelta y dejó el lugar, no sin antes dar un vistazo atrás por última vez. Murmuró algo que no alcanzó a entender y despareció entre la oscuridad del castillo.
-No era necesario que me siguieras, sabías lo que iba a decirle. Tu eres la única persona que existe para mí.
-Lo sé…solamente quería verlo por mi mismo. – Harry se quitó la capa de invisibilidad y reveló su presencia. - ¿Me permites volver a tu habitación? Quisiera estar contigo toda la noche.
Snape volvió a sonrojarse, preguntándose cuantas veces sus mejillas se tintarían de carmín por culpa de su ahora amante. Asintió y tomó su mano, ambos caminaron directo hacia la mazmorra. El niño que vivió volvía a sonreír, el mayor ahora por fin era suyo y lo sería por siempre y lo aprovecharía y amaría más allá del fin de sus días.