Una cita perfecta para dos tontos enamorados

Summary

Una primera cita puede ser muchas cosas. Para el tierno conejito Lan XiChen y la feroz pantera Jiang Cheng, tal vez era el inicio de su romántica historia de amor. A pesar de los obstáculos que encontraron en el transcurso del día, ambos se divirtieron mientras se conocían en la situación más terriblemente cliché que existe.

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¡Sorpresa!

¿Qué es lo peor que puede suceder en una primera cita?

Enumeremos:

1.- Vomitar en la puerta del hermoso chico que aceptó salir contigo.

2.- Insultar a su hermano menor con tu simple existencia.

3.- Que te cague una paloma de camino al encuentro.

4.- Por alguna razón desconocida y mística, un concierto callejero te corta el paso y llegas terriblemente tarde a su puerta (sí, esa misma que vomitarás unos minutos más tarde).

5.- Todas las anteriores.

Maldición, Jiang Cheng estaba jodido.

Siendo sinceros, nunca se imaginó que salir con otra persona en plan romántico fuera tan difícil y complicado. Los demás parecían entusiasmados por hacerlo a cada rato, por lo que intuyó que era una experiencia divertidisima. No lo era en lo absoluto, al contrario. Si bien el felino (cuya experiencia en romanticismo era nula) estaba emocionado por aquella anhelada cita con el chico que robó su corazón unos meses atras, eso no quitaba que los dioses estuvieran empecinados en ridiculizarlo y someterlo a un problemático dia de mierda. ¡Un circo, esa era su vida!

La odisea comenzó a primera hora de la mañana, o específicamente a las once del día cuando Jiang Cheng abrió los ojos debido a los molestos rayos solares y notó que el despertador no había hecho su escándalo habitual. ¡Solo tenía una cosa que hacer esa maldita cosa, una! Se dio un baño apresurado, terminó sus tareas domésticas pendientes y salió de su casa con media hora de anticipación… Lo que no sirvió de nada porque a mitad de camino un concierto callejero bloqueó la vialidad, deteniendo la vialidad durante cincuenta minutos enteros. El percance lo obligó a bajarse del colectivo quince cuadras atrás y correr como alma que lleva el diablo hacia su destino.

Pero la humillación de Jiang Cheng no acabó ahí, no, la vida no es así de sencilla. Como una gloriosa demostración de su título del guerrero menos favorito de Dios, una paloma lo cagó justo en la marquesina del edificio del tierno conejito que lo esperaba y luego vomitó discretamente en las macetas que adornaban la entrada del departamento de su cita debido a los nervios y el excesivo ejercicio al que fue sometido.

¿Verdad que era una jodida broma?

La siguiente dificultad que encontró era un nivel drásticamente imposible: tocar la puerta.

Todavía no estaba listo para hacerlo.

Decidió relajarse o sería un caos absoluto más adelante. Jiang WanYin exhalo e inhalo innumerables veces mientras divagaba en las tonterías que leyó anoche de desconocidos en internet en busca de algo que fuese de ayuda, encontrando una respuesta satisfactoria cinco minutos después.

Flores.

De acuerdo a los internautas, las flores son una declaración de amor y demuestran el cariño que se tiene a la persona deseada. La entrega de un ramo en la primera cita puede significar un genuino compromiso o el inicio de una amistad duradera, dependiendo de las intenciones que transmitían los colores elegidos.

Como un reflejo de sus pensamientos, Jiang Cheng miró en dirección a las flores del vecino a dos puertas de distancia: estas lucían bonitas y agradables, añadiendo un toque colorido a la sobria monotonía del corredor. Eran demasiado bonitas para ser simples decoraciones.

Oh, una idea brillante iluminó su mente.

Tal vez él podría… sí, ¿por qué no?

El felino se acercó a pasos determinados al macetero de piedra artificial, echó un vistazo por encima del hombro para asegurarse de la inexistencia de testigos posibles y, entonces, arrancó las flores azules en un rápido movimiento de manos. No sabía si la cámara había captado el asalto, pero por si las dudas dejó un billete enterrado en la tierra para saldar su deuda.

Regresó a la puerta del conejito mientras limpiaba los restos de tierra adheridos a las raíces del presente, su cola gatuna alborotándose detrás suyo en movimientos que delataban su ansiedad creciente.

—Vamos Jiang Cheng: toca y pregunta por él, eso es todo. ¡Puedes hacerlo! —se animó, alargando el dígito al botoncito inmóvil pegado a la pared—. ¡Tú puedes, mierda!

Sin detenerse a vacilar un segundo más, presionó el timbre y esperó.

El tiempo que tardó el comunicador en anunciar su presencia con un timbrazo atronador se volvió eterno, permitiendo que una sensación inquietante apachurrara su pecho. Suponía que no era una nueva oleada de vómito o ya habría provocado un asqueroso caos en el tapete de bienvenida. Gracias pero no, bastante tenía con soportar la maquiavélica tortura mental a la que sus pensamientos negativos lo arrastraron con insana rapidez, bombardeando su cerebro con ideas desalentadoras e histéricas, una tras otra tras otra.

«¿Y si se arrepintió? ¿Qué pasa si es muy tarde y se ha marchado de casa? ¿Y si se dio cuenta que no vale la pena perder su preciado tiempo conmigo? ¿Y si es alérgico a los gatos? Si es así ¡¿qué haré si soy un jodido gato?! Espera, nunca hablamos de alergias pero siempre hay una posibilidad de que sea sensible al pelo de las mascotas. OH DIOS, PUEDE SER ALÉRGICO A MÍ. ¡¿QUÉ HARÉ SI ES ALÉRGICO A MI O A–?!»

—Jiang WanYin.

Espléndido. Vaya manera de iniciar una cita, encontrándote con la última persona que querrías en el universo.

—Lan WangJi —saludó con un pequeño asentimiento, mismo que no fue correspondido. No le sorprendió en lo absoluto. Su compañero de clases y futuro cuñado era conocido por su cara pétrea y voz fúnebre, le daba igual recibir el mismo trato fuera de las instalaciones educativas—. ¿Estará tu hermano?

El frío e indiferente conejo adulto entrecerró sus ocelos ambarinos con sospecha.

—¿Para qué lo buscas?

—Para tomar el té con Maria Antonieta y su hermanita —respondió sarcástico, enseñando las flores en sus manos. WangJi le dio un breve vistazo al regalo y se erizó como un puercoespín al ataque—. Tendré una cita con Lan Huan.

Sin decir absolutamente nada, Lan WangJi siseó furioso y cerró la puerta de un portazo.

Jiang WanYin esbozó una sonrisa presumida, orgulloso de haber logrado que el imperturbable Lan WangJi hiciera un berrinche digno de un mocoso de seis años. ¡Era una victoria aplastante! Sin embargo, cuando la presunción disminuyó dentro de sí, se dio cuenta de que posiblemente había cancelado su salida con Lan XiChen por una jugarreta.

Mierda. Mierda. Mierda.

Buscó su móvil perdido en alguno de los bolsillos de su vestimenta a toda prisa mientras estructuraba un argumento válido para explicarle al conejito lo sucedido con su indeseable hermano menor. De verdad rogaba porque una paloma cagara a Lan WangJi en un día importante. Los dioses le deben eso, al menos.

—WanYin.

Lan XiChen cerró la puerta de su hogar al mismo tiempo que el felino alzaba la vista, aproximándose a su encuentro. Las tiernas orejas de conejo se animaron al percibir a la pantera y su adorable comportamiento, claramente emocionado por su cita. Mientras tanto, Jiang Cheng sufrió de leves ataques cardíacos, intentando comprender cómo alguien podía ser tan hermoso y sublime, dulce; con bonitos ojos broncíneos destellando a la luz artificial y una sonrisa encantadora que suavizaba las elegantes pinceladas de su rostro etéreo.

Era demasiado perfecto y… suyo.

No podía arruinar esto.

—Lan XiChen, hola. Lamento la tardanza, pasaron algunas cosas que…

—Está bien, WanYin. Puedo ver que no ha sido el mejor camino que has tenido —señaló la mancha de excremento en su chaqueta. Jiang Cheng quería morirse de la vergüenza—. ¿Todavía quieres salir conmigo? No me molestaría si quisieras regresar a casa y cambiarte si te sientes incómodo. —consideró amablemente, pero el tono desilusionado ante la posibilidad de ser abandonado no pasó desapercibido para el felino.

—¡No! —gritó, tropezando con sus pies—. Digo, no es necesario, XiChen. ¡Te traje esto! —qué patético debía verse. Le extendió las flores al chico, retrocediendo la distancia que acortó en su apurada negativa.

La sonrisa acaramelada de XiChen se ensanchó, agradeciendo el regalo como si este fuese una edición coleccionable difícil de encontrar y no las flores del vecino. Envueltos en un breve silencio caminaron juntos al elevador, sus hombros chocando mientras entraban a la caja de metal. Eso sacó una risa del conejito y un rubor avergonzado de la pantera. Decidido a no vomitar en un espacio tan cerrado, Jiang Cheng presionó el botón de descenso e inmediatamente el artefacto comenzó a deslizarse.

—Por cierto, A-Zhan envió disculpas por su comportamiento inapropiado.

—Pff, ¿en serio? —bufó el felino—. Sabemos que Lan WangJi me odia y estoy seguro de que su deseo más profundo es bailar sobre mi tumba.

Con la mitad del rostro escondido detrás del ramo de flores caseras, el Lan se las arregló para lanzarle una mirada entretenida. Definitivamente Jiang WanYin y su corazón de pollo no iban a resistir la salida sin sucumbir a la locura.

—A-Zhan no te odia, WanYin, estas exagerando.

—Creeme, no lo hago. Hay situaciones con su respectiva evidencia que exceden la palabra “exagerado” —dijo—. Por ejemplo, esa vez que me empujó a la piscina y me caí con el estúpido de su novio. ¡Intentó teñirme el cabello de rosa!

—No olvides cuando metiste una araña en su zapato y le rapaste la ceja izquierda en su cumpleaños —añadió suavemente. Jiang Cheng se abstuvo de lucir culpable, cruzándose de brazos.

—Se lo merecía. —se defendió, haciendo reír al mayor.

—Ustedes dos como un par de niños con exceso de azúcar en la sangre —arrulló Lan XiChen—. A-Zhan está siendo sobreprotector, eso es todo. Piensa que quieres robarte a su hermano mayor.

—¿Dónde está la mentira? Realmente quiero robarme a su hermano mayor.

Ah, ¿lo pensó o lo dijo?

A juzgar por la reacción del otro hombre, aparentemente sí lo dijo. La expresión del conejito Lan Huan se volvió tímida, ese delicioso polvo rosado resaltando gracias a las lindas y afelpadas orejas crispadas a cada lado de su cara. Abrió la boca para recoger los vestigios de su dignidad mientras pronunciaba una sincera disculpa, pero la violenta sacudida del elevador lo detuvo.

Un silencio suspendido aterrador y mortificantemente quieto.

Lan XiChen frunció las cejas y se acercó al monitor electrónico, masacrando con el índice el pobre botón de emergencias, sin obtener resultados. El interruptor no encendió en lo más mínimo o delató ruido alguno, inservible. El hombre cambió de táctica, esta vez aporreando el siguiente botón con la etiqueta de pánico.

Obtuvo el mismo resultado.

—Detente, es inutil que sigas intentándolo —le increpó, pateando las dobles puertas de metal—. Estamos atrapados.

—El personal de administración no mencionó nada acerca del mantenimiento del ascensor esta semana —explicó el conejo, intranquilo y alerta, tanteando las paredes con las palmas de sus manos—. Tampoco hay un cartel de advertencia.

Jiang WanYin intentó comunicarse con su hermano, pero su teléfono estaba fuera del área de servicio. Gruñó una maldición y guardó el aparato, prestando atención a su acompañante. Santa mierda, esto iba de mal en peor.

—XiChen… hey, Lan XiChen.

El mamífero cayó al piso con la espalda recargada en la superficie resbaladiza de acero pulido, con su vista dorada amenazando el monitor apagado y las manos apretadas en puños temblorosos. XiChen encogió las piernas contra su pecho, buscando a qué aferrarse en ese reducido espacio.

—¿Eres claustrofobico? —demandó el Jiang, arrodillándose frente a él—. ¿Dónde está tu teléfono?

Lan Huan le dio una firme negativa y se abrazó a sí mismo.

—No soy claustrofóbico y olvidé mi teléfono.

—¿Entonces que...?

—WanYin —llamó con una mueca en los labios—, a los conejos no nos gusta estar encerrados. Ahora mismo soy una presa atrapada en una gran caja.

He ahí un punto válido y una de las partes más insufribles de compartir un cuerpo híbrido con un animal al azar. Quizás a Lan XiChen no le interesaban los espacios cerrados o altos, pero el indefenso mamífero que habitaba dentro de su ser no opinaba los mismo. Los conejos no están conformes en los espacios reducidos, mucho menos con poca ventilación y luz. Era una pesadilla.

Una rafaga de instinto protector invadió al felino, quién no podía permitirse otro segundo de sufrimiento en su próxima pareja. Al diablo el nerviosismo y las tonterías juveniles, era hora de ser un verdadero hombre.

Sentándose de piernas cruzadas, dio un manotazo a su inquieta cola gatuna para apartarla del camino y sonrió al conejito para animarlo.

—Parece que nuestra cita tomó un rumbo diferente al que esperábamos, XiChen. ¿Quieres jugar?

—... ¿Jugar? —inclinó la cabeza adorablemente hacia un lado, haciendo que parte del flequillo caído tapara sus inocentes ojos—. ¿A qué podríamos jugar aquí? —Jiang Cheng le dio una mirada cargada de emociones, unas más visibles que otras. XiChen entrecerró los ojos—. Si dices a la mamá y al papá voy a patearte. —advirtió.

Esta vez Jiang Cheng realmente se carcajeó de sus payasadas, golpeando la punta de la naricita del conejo con un dedo.

—No pensaba en eso, pero si es lo que propones…

—¡WanYin!

—¡Es broma, es broma! —levantó las manos en señal de rendición—. ¿Has jugado a las veinte preguntas?

XiChen asintió, curioso de la distracción propuesta por el menor.

—Una vez hace años. ¿Quieres que juguemos ahora?

Jiang Cheng aceptó la petición (que no era una en realidad). Estaba consciente de que jugar a las veinte preguntas de mierda no era la mejor de las ideas que había tenido en toda su jodida existencia, ni siquiera en el día, pero genuinamente quería conocer más a fondo al dulce chico y tranquilizarlo en el proceso.

Era un asunto importante para el felino que el mamífero viera en él un protector, alguien que podría cuidarlo como se merece. Lan XiChen merecía todo lo bueno que el mundo tenía para ofrecer. Él personalmente se lo daría.

—Empezaré yo —se adelantó, recargando los codos en sus muslos—. ¿Cuál es tu película de superhéroes favorita?

—Difícil decisión —tarareo XiChen, un fanatico absoluto del universo Marvel—. Las de Iron Man son buenas, pero Pantera Negra es… —el conejo fingió un escalofrío de deseosa anticipación—, así que elijo esas. ¿Y las tuyas?

—Guardianes de la Galaxia. ¿Has visto el emotivo final del primer volumen? Yondu me hace llorar cada vez que me atrevo a repetirla —WanYin limpió la lágrima imaginaria que se deslizó por su pómulo. El Lan continuó con la sesión.

—De todas las personas del mundo, ¿con quién tendrías una cita?

La sonrisa amable de Jiang Cheng se transformó en una mierda coqueta, dando latigazos en el suelo plastificado con su esponjosa cola oscura.

—Con la persona más hermosa que he visto jamás.

El mayor arqueó las cejas inquisitivamente.

—¿Y esa persona es...?

—Tú, Lan XiChen. Sin importar cuantas personas existen en el planeta, al único que quiero es a ti.

Aunque las pálidas mejillas de XiChen enrojecieron por la descarada confesión, no apartó la vista, sosteniendo valientemente la mirada con el felino. Jiang Cheng se acercó y acarició tímidamente la suave curva de su rostro, completamente hechizado por la belleza del hombre frente a él.

—¿Cual es la tuya?

—Tom Hiddleston.

—¡Oye! —rió Jiang Cheng, consciente de la mentira—. ¿Qué canción cantaste en tu último tour mundial en la ducha?

—¿Cómo sabes que canto en la ducha?

—Porque todos lo hacemos —dijo el felino con exagerada obviedad—. Yo canté «Christmas EveL» de Stray Kıds.

—Ya no estamos en navidad, WanYin —sonrió XiChen, verdaderamente encantado con la faceta divertida y relajada del chico que le gustaba. Lo hacía enamorarse aún más.

—Se nota que no sabes nada de los placeres de la vida XiChen-ge. «Christmas EveL» es un temazo y es un desperdicio y un crimen escucharla sólo en épocas navideñas.

—Tienes razón —concedió el conejito—. La canción de cierre en mi gira artística fue «Look What You Made Me Do» de Taylor Swift.

—Otro temazo empoderado. Siguiente; ¿Cuál es tu miedo más grande en el mundo?

—¿No era mi turno? —cuestionó Lan Huan, imitando su postura desordenada.

Jiang WanYin le lanzó un guiño coqueto y se encogió de hombros.

—Ya lo dijiste, era. Responde, lindo conejito.

—Eres un tramposo sinvergüenza —acusó el mencionado, frunciendo la nariz aunque no estaba realmente enojado, al contrario, desprendía felicidad—. Mi miedo más grande son los insectos o cualquier bichito que tenga patas, tenazas, se arrastre o sea baboso, los odio.

—Aww~ eres tan adorable —canturreo Jiang Cheng, ganándose una mirada desagradable de XiChen y la insistencia a que contestara su propia pregunta. La pantera feroz se movió incómodamente, golpeando su cola con la pared—. Me aterra mi mamá y los patos.

Lan XiChen hizo un ruidito de incredulidad, acercándose a su espacio con sus expresivos ojos relucientes de regocijo.

—¿Los patos?

WanYin levantó el mentón, claramente ofendido por su desconsideración.

—¡Son bestias sanguinarias! Una vez en el parque me persiguió una pata porque Wei WuXian me hizo casi caer encima de sus patitos, y no se detuvo hasta que me picó el trasero… ¡Deja de reirte! —acusó, viendo cómo el mayor intentaba ocultar sus carcajadas y fallaba miserablemente en su tarea. Con pequeñas lágrimas colgando de sus pestañas y una sonrisa radiante, XiChen era la viva imagen de la belleza.

—¡Lo siento, lo siento! Es que--

La pantera permitió que su cita se burlara de su humillación un par de minutos antes de cambiar a la siguiente ronda.

—Esta vez sí es mi turno —apuntó Lan Huan. Jiang Cheng le dio la razón con un ademán desdeñoso—. ¿Tienes algún talento oculto?

WanYin se estaría engañando a sí mismo si respondía un rotundo y definitivo no a esa interrogante. Nunca fue fanático de alardear de sus talentos porque pocas veces los tenía, sin embargo, esto era diferente. Este era el chico que lentamente robaba su corazón, no personas aleatorias en la universidad. Él era importante.

—Hace algunos años mis hermanos y yo descubrimos que soy bueno en el patinaje sobre hielo. Nunca lo había practicado antes ¡joder, ni siquiera sabía atarme los cordones! Pero en cuanto entré a la pista era como si todo hubiera desaparecido… me sentía libre, feliz, ligero. Como un verdadero campeón de las grandes, es increíble. ¿Qué hay de ti, XiChen-ge?

—Al igual que tú, nadie me enseñó o lo intenté antes, pero en segundo semestre de la universidad descubrí que hacer malabarismo montado en una rueda es lo mío.

La mandíbula de Jiang Cheng cayó abierta y sus ojos chispearon como los de un niño en la dulcería.

—Espera, ¿cómo los del circo? —el Lan asintió—. ¡Eso es fantástico! ¿Me mostrarías en nuestra segunda cita?

«¡Dijo segunda cita!» celebró Lan Huan, burbujeando de emoción «¡A-Cheng quiere una segunda cita!»

—Te prometo que te mostraré, WanYin —ofreció e inmediatamente después sacó su as bajo la manga—. Si tu vida fuera un libro, ¿en qué arco de personaje estarías?

WanYin le apuntó con un dedo acusador.

—¿Y yo soy el tramposo sinvergüenza?

—Sabes que lo eres —confirma XiChen con simpleza.

—¡Ja! Mhm, hay dos opciones: la primera es donde el personaje principal sufre desgracias y humillaciones para iniciar el arco de poder oscurecido; la segunda es más agradable, ya que es donde encuentra al amor de su vida en una situación cliché y estúpidamente romántica. El típico «¡Mierda, me enamoré!».

Lan Huan esbozó una sonrisa dulce.

—¿Encontraste al amor de tu vida en una situación cliché y estúpidamente romántica?

«Lo hice y es fantástico» pensó Jiang WanYin, gesticulando a la diminuta caja obsoleta que los rodeaba con una sonrisa de oreja a oreja.

—Dímelo tú; estoy encerrado en un elevador con el chico que me gusta. Eso es bastante cliché y romántico —el sonrojo del mayor aumentó de tonalidades, luciendo adorable y pachoncito para la vista enamorada del felino—. Dios, eres precioso.

—¡WanYin! —reprendió, dándole una palmada juguetona en la pierna—. Mi arco es el de las flores de primavera, ese donde todo es bonito y… conozco a mi interés amoroso.

Jiang WanYin no iba a poder soportar demasiado tiempo los encantos de ese tierno hombre, cayendo como un estúpido en las redes del primer amor. Porque eso es lo que sucedía, estaba enamorándose de Lan XiChen y todo en cuestión de horas. Sin embargo, era inevitable hacerlo cuando el conejito era la dulzura e inocencia personificada, ¿quién no se enamoraría de él?

Debía permanecer con la cabeza fría o haría una idiotez como acorralarlo contra la pared y besarlo. De solo imaginar esa posibilidad un escalofrío esponjó su cola y agazapó sus orejas.

—¡Sigamos o nunca veremos el fin de esto! Veamos... uhm... ¿Qué es algo que no le perdonarías a alguien?

Lan Huan no titubeó en lo absoluto cuando contestó en voz firme y contundente.

—Las mentiras. Considero que hay cosas que debemos apreciar como un tesoro, la confianza es una de ellas. Es algo difícil de ganar pero tan fácil de perder, sin embargo, nadie se da cuenta de su valor hasta que es demasiado tarde. Hasta que no hay vuelta atrás. Hasta que han mentido tanto que ni siquiera ellos saben dónde empieza y dónde termina su lío. Incluso las que tienen un propósito benévolo destruyen más de lo que construyen, y al final ¿de qué sirve hacerlo? —razonó sabiamente—. ¿Tú?

—Que hagan cosas a mis espaldas para beneficiarme y al final resulta ser un desastre —dijo Jiang Cheng—. Mira, pongamos a mi hermano y a mi en perspectiva: Si Wei Ying me ocultara algo importante que nos relacione a ambos, no lo perdonaría porque se supone que nos amamos y existe una confianza donde no podríamos mantener a ciegas al otro.

—¿Y si piensa que es lo mejor para ti?

—¿Lo mejor para mi? —repitió de vuelta—. Por favor, XiChen, eso es ridículo. Dar por sentado lo que querrían o sería mejor para los que amamos es lo peor que podemos hacer. —parpadeo, despejando la maraña de pensamientos que nublaron su mente y poder concentrarse en su compañía—. Basta de eso, pasemos a la que sigue.

Lan XiChen tarareo, reflexionando sobre qué podría lanzar al aire para despejar esa tensión que creó la última pregunta. Las manecillas del reloj en su muñeca marcaban las 3 de la tarde, lo que sorprendió a ambos. Habían pasado dos horas y minutos y todavía nadie los rescataba.

—Si pudieras retroceder en el tiempo, ¿cambiarías algo?

—¡Pff, si! ¿Recuerdas la programación infantil de antes? Las que veíamos previo a ir al colegio. ¡Eran asombrosas! —gritó alegremente—. Entonces, si tuviera esa habilidad la usaría para hacerle presidente y poner en la constitución que quitarlas de emisión sería considerado traición a la patria y un crimen de guerra, así nadie se atrevería a tocarlas.

XiChen rompió a reír a carcajadas. ¡La pantera era tan chistosa! Incluso cuando su cita comenzó como una tragicomedia, no se arrepentía de haber aceptado su invitación.

—Tu perseverancia es admirable, WanYin —dijo entre risas—. Creo que no cambiaría nada… ¡No, espera, sí lo haría! Evitaría el nacimiento de mi profesor de secundaria, Dios, ese hombre era una aberración.

—¡Eso es malvado! —chilló Jiang Cheng, acomodándose en su sitio. La postura sentada e incómoda le estaba provocando dolor de espalda—. Me va. ¿Qué es lo primero que harías si te sacaras la lotería hoy mismo?

—Construir un albergue para animales callejeros y darles una buena vida el resto de sus días —contestó XiChen. La contestación hizo que el corazón animalista del felino diera un brinco de entusiasmo dentro de su pecho. ¡El conejito era su alma gemela!

—Lan XiChen… —el carnívoro apretó suavemente las mejillas del conejo, retrocediendo poco después—. Haría lo mismo, ayudaría a los animales que más lo necesitan. ¡La que sigue! ¿Has hecho alguna travesura memorable con tu hermano? Si es así, ¿qué hiciste?

—¡Otra vez robaste mi turno!

—En la guerra, en el amor y en las 20 preguntas todo se vale.

—¿Quién dijo eso? —A-Huan hizo un puchero de inconformidad, sus lindas orejitas esponjosas crispadas en la parte superior de su cabeza—. Sí lo hicimos. Recuerdo que cuando éramos niños mi tío tenía una colección de muñecas gitanas realmente espantosas en la sala, daba pavor sentarte en los sillones y sentir cómo te observaban con sus perturbadoras miradas cristalinas. WangJi y yo decidimos asustar al tío para que se deshiciera de ellas. Una noche estábamos viendo una película de terror y mi tío se quedó dormido, nosotros le subimos el volumen a los sonidos aterradores y acomodamos las muñecas de manera que lo primero que viera al despertar fuera sus ojos. Fue una pesadilla; WangJi tropezó y derramó la sangre falsa por todo su estómago, siendo aplastado por la muñeca gigante. Sus gritos aterradores alertaron a mi tío y pues… Imagínate ver a tu sobrino de ocho años cubierto de sangre mientras una muñeca asesina lo tiene acorralado. Lan Qiren las tiró al día siguiente.

—Ustedes están enfermos —siseó Jiang Cheng, riendo sin preámbulos. Pensar en Lan Qiren cagándose de miedo por una broma infantil era cómico—. Una vez mis padres invitaron a sus amigos los Jin a pasar las vacaciones juntos, obligándonos a cuidar que su delicado pavito no se quemara con el sol de la bahía. Wei Ying y yo nos cansamos de ser canguros y le robamos el traje de baño. ¡Todavía puedo escuchar sus amenazas vacías mientras nos perseguía desnudo!

—Y somos nosotros los enfermos —ironizó el mayor—. ¿Cuál era tu sueño de infancia?

—Una vez mi madre me llevó al observatorio y vimos las estrellas, desde entonces quería ser astronauta para poder jugar y contemplar las estrellas desde la cercanía —contó, su voz teñida de nostalgia—Luego descubrí que ser un astronauta requiere más que una fantasía y lo deje atrás.

—Los sueños de nuestra infancia son hermosos porque contienen nuestras más grandes e inocentes ilusiones, WanYin. Es una lástima que no podamos cumplirlos, sin embargo, eso no significa que debemos dejar de soñar.

—¿Por qué piensas que dejé de hacerlo? —sonrió, mirándolo a través de sus pestañas oscuras—. Los sueños son los deseos y anhelos que guardamos en el corazón, y pueden ser cualquier cosa que queramos en el mundo. Yo quiero a una persona; un conejito de bonita sonrisa y tiernos orbes dorados que enrojece cuando le digo cuánto me gusta. Él es mi nuevo sueño, ¿cuál es el tuyo?

Lan Huan nunca había negado los sentimientos que albergaba por el chico más joven. La idea de enamorarse era una bella ilusión que tenía desde siempre, y sabía que una relación iba más allá de las personas y sus cualidades, la conexión entre los dos era el secreto. Jiang Cheng tardó unos cuantos meses en enamorarlo, y era tiempo de demostrarlo.

Cambió de postura, en parte para aliviar el agotamiento de sus músculos y cintura luego de permanecer en la misma posición durante tanto tiempo, y también para acercarse al felino.

—Siendo niño soñaba con ser como mi héroe, mi tío. Él es maestro. Lo gracioso aquí es que odio enseñar, no estoy calificado para hacerlo y me rendí en cuanto supe que sería un fracaso absoluto. Ahora estoy estudiando lo que amo; la música, pero mi sueño, mi verdadero sueño lo descubrí hace pocos meses cuando entraste a mi tienda. Desde ese día, mi único sueño es que tus ojos nunca dejaran de mirarme y mi deseo más grande es que nuestra relación sea la más bonita de todas. Sueño, deseo y anhelo que nos amemos con el corazón.

Jiang Cheng esbozó una sonrisa cariñosa. Lo que sucedería a partir de ese momento no tendría retorno alguno.

—¿Estás incómodo, verdad? —interrogó, ya que XiChen había cruzado las piernas en un ángulo extraño, limitado por el estrecho espacio del elevador. WanYin se acordó de que esa mañana guardó una barrita energética y una botella de agua de emergencias, sacando ambos alimentos para dárselos al mamífero. Quería demostrarle que podía cuidar de su pequeña e inofensiva presa—. Toma, debes comer algo mientras estamos encerrados en esta chatarra.

—Gracias.

XiChen avanzó hacia el felino y tomó asiento en la abertura de sus piernas extendidas. La espalda del tierno conejito se recostó en el amplio y cálido pecho del gatito, emitiendo un suspiro gustoso. Mientras comía la barra de cereal que le proporcionó su compañero, la nariz del híbrido esponjoso se movió adorablemente en el aire, tarareando en voz baja una canción aleatoria.

Jiang Cheng, increíblemente satisfecho con los cuidados que dio a su pareja, empezó a ronronear, emitiendo un sonido que podría compararse con el motor rugiente de un tractor. Lan Huan encontró el murmullo reconfortante y hogareño, presionándose con más fuerza contra la calidez del cuerpo ajeno mientras hundía su nariz en el hueco sensible del cuello de la pantera para olfatear su aroma.

Teniendo al compañero que deseaba de por vida felizmente en sus brazos, la lejana fantasía de un futuro juntos embargó al loto, la travesía de un dulce amor eterno. Sin borrar la tonta sonrisa en su cara, acarició las orejas suaves del mayor, brindándole mimos y arrumacos, su cola gatuna enroscada en el brazo como un reclamo de pertenencia absoluta. Lan XiChen era suyo y lo sería siempre.

Luego de una finita eternidad, el Jiang rompió el silencio con el final del juego:

—¿Listo para la última pregunta?

El Lan dio un asentimiento adormilado, con los párpados caídos debido a los cuidados del hombre con característico perfume a lotos silvestres.

—¿Quisieras... intentarlo conmigo?

XiChen dio un tímido y pequeño beso a la comisura de los labios entreabiertos de la pantera, cayendo en las profundidades del sueño después de susurrar:

—Sí quiero, A-Cheng.

Jiang Cheng le devolvió el beso rebosante de cariño, cerrando los ojos para acompañarlo a la tierra de las maravillas.

Había sido la primera cita perfecta.



~Horas más tarde~


—¡Les avisamos a todos los inquilinos que el elevador estaría fuera de servicio durante un mes! ¿Que nadie escucha lo que digo? —refunfuñó Su She, el encargado de mantenimiento del edificio.

—No —dictaminó Lan WangJi fríamente.

Su She se quejó de la imprudencia de los residentes mientras el equipo de bomberos pasaba a su lado para abrir las compuertas de metal atascadas. Lan WangJi golpeaba el suelo con la suela de sus zapatos con impaciencia, la preocupación tangente en su expresión. La certeza de que su querido hermano debía estar asustado por la diminuta caja lo inquietaba y convertía en piedra su corazón.

—Las puertas están abiertas, las víctimas se encuentran en perfectas condiciones.

—¡Cuidarse era lo mínimo que debían hacer! ¡Si salían heridos el edificio no se iba a hacer responsable de sus actos descuidados y--! ¡¡Oye!!

Lan WangJi empujó a Su She como si fuese una bolsa de basura mojada con agua de dudosa procedencia, deshaciéndose del fastidioso hombre con una mirada de advertencia que le heló la sangre en las venas. Uno de los bomberos cercanos agarró al sujeto de mantenimiento y lo alejó antes de sufrir una muerte prematura pero merecida.

El híbrido macho avanzó hacia su hermano con la intención de llevarlo de vuelta a la seguridad de su madriguera y envolverlo en mantas y chocolate caliente, sin embargo…

Su hermano parecía cómodo. Bastante cómodo, durmiendo encima de Jiang WanYin.

La imagen era enternecedora, similar a las anécdotas de los libros de romance o las películas de romance rosa. XiChen-ge roncando adorablemente entre los brazos de la pantera, una nube de flores, dulces y muchos colores ridículos flotando como una aureola mágica.

Lan WangJi quería patear a Jiang WanYin por robarse a su gege.

Aunque, una parte de sí mismo le recordó que era lo justo. Un hermano por un hermano.

Era el karma de la vida.