this little bitch
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—¿entonces puedo ir?— preguntó Vaggie con el atisbo de una sonrisa y sus manos juntas sobre su pecho mientras miraba con expectación al hombre frente a ella, que estaba cortando unas papas sobre una tabla.
Adam chasqueó la lengua, mientras enterraba el cuchillo sobre una papa entera y se volteaba para mirar a la menor con una mano en su cintura.
—sí, seguro.
Vaggie estaba apunto de saltar en su lugar por la emoción de obtener una respuesta positiva, pero Adam le golpeó la cabeza con uno de sus dedos para llamar su atención.
él cruzó sus brazos antes de decir; —solo si Lute accede a ir contigo. — Vaggie frunció el ceño apenas registró su condición. —hey, no me mires así, perra. — regañó Adam ante la expresión de la menor.
Vaggie bufó. —¿por qué esa imbécil tiene que venir? soy lo suficientemente mayor como para ir so-
Adam hizo un gesto con sus manos, cortando su pregunta. —Vagi. — la menor estuvo a nada de saltarle encima por la mención del nombre que odiaba con su alma cuando Adam continuó; —¿que no sabes que hay algunos enfermos que pretenden ser mujeres solo para colarse ahí y engatusar jovencitas estúpidas como tú? ¿lo sabes? ¡por supuesto que no, tonta!
Vaggie apretó la mandíbula mientras sus manos formaban puños inconscientemente. —¡son gente que Charlie conoce, por dios!— dijo refutando.
Adam frunció el ceño. —¿y eso lo hace mejor? ¡no es como que esa noviecita tuya con tres piernas sea tampoco la persona más confiable de todas! ¡¿quién sabe con qué clase de gente se relacionará?!
Vaggie entrecerró su ojo. —¡oh vamos, Adam! ¡tu problema con Charlie no es que ‘no sea confiable’ sino que sea una Morningstar!
los ojos de Adam se abrieron a lo grande mientras su boca se abría y cerraba ante la afirmación de Vaggie, que sonrió al ver el efecto que sus palabras habían tenido en el mayor.
—oh, di en el blanco, ¿verdad?
Adam frunció la nariz. —escucha, perra… — dijo amenazante. —Lute va contigo, o no vas, tan simple como eso. — terminó mientras bajaba su tono de voz.
Vaggie bufó. —¡agh, cómo sea!— dijo mientras salía de la cocina, pateando el cubo de basura y volcando su contenido en el proceso. —¡te odio, pendejo!— gritó desde las escaleras.
Adam no se quedó atrás mientras también se alejaba de la cocina, quedándose debajo de la escalera y poniendo sus manos al rededor de su boca para gritar en respuesta;
—¡el sentimiento es mutuo, bastarda!— sonrió cuando escuchó un estruendo en el piso de arriba seguido de un audible gruñido. —ah, ¡y lleven abrigos, hace frío afuera!— dijo para luego ir de regreso a la cocina, pero deteniéndose ante el desastre de basura que Vaggie había dejado desparramado por el piso. —esa pequeña perra. — masculló.
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