Introducción
En 1939 estalló la segunda guerra mundial, luego de la invasión a Polonia.
El Imperio Japonés se adhirió al desastre mundial en 1941, Haciendo su entrada el nuevo recluta aviador de las fuerzas aéreas de Japón. Un jóven Fascista de 22 años, cabello corto, tez pálida con un salpicón de pecas en su nariz y un par de ojos bellos de tonos variantes.
Era hijo de una rebelde duquesa inglesa y un Militar muy temido japonés.
Esté jóven era Maro Toganami, el hermano menor de tres hermanos y él único que quedó viviendo en Japón luego de la WW2, a excepción de su hermano mayor, que murió en el estallido de la bomba de Nagasaki.
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En Mayo de 1940 las tropas canadienses brindaron ayuda a sus aliados, dando lugar y crecimiento a una asociación en ese entonces pacífica que buscaba el refugio y la protección de todos los canadienses que estuvieran metidos y envueltos en la guerra, Guiados por la mente del equipo, un jóven de 24 años muy comprometido con su patria. Él era un hombre bastante fornido, tenía unos rizos rojos debido a una mutación genética muy extraña que solo poseían su padre y él, acompañados de un par de ojos azules brillantes. Era hijo único y amaba los barcos, aunque le rechazaron la entrada a la Marina al menos unas 6 veces.
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Quien diría que en 1945 dentro de la Asamblea General de la ONU estás dos almas se encontrarían y conectarían tan rápidamente.
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1944
— Sr. Toganami, por favor dé un paso adelante — gritó un hombre, de al menos unos 48 años, al chico jóven que estaba entre sus reclutas.
El jóven dió un paso adelante — Coronel — Levantó la vista y se puso lo más derecho posible, con sus gafas de piloto reposando sobre su cabeza y un poco de tierra manchando su pálida cara.
— Jóven, El comandante general quiere verlo ahora mismo en su oficina — el hombre bajó el tono de su voz y agarró al chico con una mano en la espalda, empujándolo en dirección a la oficina del comandante general.
Él jóven no dijo nada y fue hacía la oficina a trote rápido y cuando llegó tocó la puerta
El comandante le abrió la puerta sonriéndole al jóven.
— Pasa Niñato. — Caminó hasta el gran escritorio de caoba y se sentó en su silla.
La oficina del Comandante era bastante amplió, con paredes de una madera oscura y refinada, adornada con cuadros de los anteriores comandantes y él mismo comandante actual.
Habían unos sillones Marrones delicados y una mesita de té. Atrás del gran escritorio, en la pared, acompañaba un hermoso ventanal que mostraba toda la zona del campo militar.
Arriba del escritorio posaban una lampara de noche, un teléfono negro y un montículo de papeles, acompañados de un par de diarios.
— Mira... Maro... hablando un poco más informalmente — hizo una pausa y agarró un pañuelo — Tú sabes que ya soy un hombre muy viejo... y qué necesitábamos ceder el puesto de Comandante general aéreo a alguien jóven y lleno de energía... — pasó el pañuelo por uno de sus ojos secando las lágrimas que amenazaban con salir
— Sr. Comandante... ¿Es eso lo que está tratando de decirme? — Los ojos del jóven se iluminaron
— Si, Jovencito... hemos estado observando y hemos llegado a concluir que el sucesor de mi puesto... — Las lágrimas del viejo señor salieron a todo dar — eres tú... Haz sido elegido Jóven Maro... — Con la mano libre tocó el hombro del Jóven delgado que tenía frente a él.
— Comandante... Es un honor para mí... No sé arrepentirá — Maro se levantó y estrechó su mano con el Lloroso comandante.
Él señor secó sus lágrimas y le dió las últimas instrucciones al jóven, junto al cronograma de Honores.
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El 15 de Abril De 1944 Maro se volvió Comandante General de la fuerza aérea, sustituyendo al Señor Yoichi que ya tenía unos 50 años.
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1945 Hirohito se rindió, aunque perdurando su reinado.
Aunque eso no duraría más de 5 años más.
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1945
— ¡¿Cómo pudo haberse rendido?! — Gritó el Comandante general de las fuerzas Armadas, un hombre de al menos 30 años.
— ¿¡ Está Loco !? ¡¡el emperador hizo un favor al pueblo!! — Se levantó el comandante de la fuerza Marina — Fue lo más correcto. —
Los hombres se giraron a ver a Maro, que estaba tomando el té, distraído.
— Sr. Toganami — Habló el Coronel — Para que el debate sea más fructífero necesitamos de su participación. — Dijo con una mirada desafiante
— Err... Lo siento Coronel, Comandantes. De manera personal creo que la decisión que tomó el emperador... — Hizo una pausa tomando un sorbo de su té, tembloroso — Fue rendirse, Japón no está en las condiciones de seguir recibiendo ataques de ese estilo. — Su mirada pereció y tomó otro sorbo de su té
— Comandante, ¿es verdad que su hermano falleció en Nagasaki? — Maro solo se limitó a asentir
Los comandantes y el coronel se miraron y siguieron su debate aparte.
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“ Japón es fuerte, no tanto cómo yo, pero algún día será invencible, aunque no tenga que ser a manos del emperador.... ”