Corazón de hielo | MiTake

Summary

Su corazón estaba helado después de permanecer años en soledad, nunca se imaginó que alguien llegaría a descongelarlo con su hermosa compañía. Pero parece que la misma tragedia volverá a suceder. • Maitake Temática Disney • Pareja principal y única: Mikey x Takemichi • No hay viajes en el tiempo. Muy fuera del mundo de Tokyo Revengers • Los personajes no me perteneces, son de Ken Wakui • Historia inspirada en el cuento: "La Reina De Las Nieves" y la película: "Frozen" • Sino es de tu agrado el contenido de este OS te sugiero que no lo leas y pásalo de largo • Angst • No acepto ninguna adaptación o copia • Historia creada por: TaKuShi_29

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

El invierno eterno tenía el dominio en el reino del norte, Manjiro, el rey de las nieves era el causante de eso.


Una persona depresiva y taciturno, que vive en las montañas sin la compañía de un ser humano, solo del frío y la soledad, al ser considerado un monstruo por portar un poder sobrenatural, que el mismo a veces no puede controlar.


No ha llevado una buena vida en sus años de existencia, las dos únicas personas que tenía a su lado fueron asesinadas erróneamente por los aldeanos del reino; Por aquel accidente, el albino lanzo una maldición a ese territorio: "El invierno eterno gobernadora y la luz del sol nunca volverá a iluminar."


Después de lo ocurrido se volvió un ser frío, igual que su propia magia.


Se alejo de los seres humanos, yéndose a vivir en las solitarias montañas blancas, donde creo su propio reino, proclamándose como: "El rey de las nieves."


Al pasar de los años, Manjiro conoció a un niño pelinegro de ojos azules más bellos que el mar y el cielo, su nombre era Takemichi, un pequeño aldeano que vivía con su madre en la aldea del mismo reino que el albino de ojos negros maldijo hace años.


Este hombre de más de 100 años de existencia, pero de físico de un adulto de 20 años, se encariño con el menor, lo que nunca se imaginó que pasaría al tenerle odio y rencor a la humanidad.


Takemichi al saber quién es la persona de piel blanca como la nieve y expresión fría como el hielo, no le importo, no le temía, ni lo consideraba un monstruo, al contrario, se sentía demasiado feliz de estar cerca de ese ser con poderes mágicos.


La hermosa sonrisa y la dulce voz del ojiazul le llenaba de felicidad aquel albino. Tomó una decisión, regresar todo lo que congelo a la normalidad; el sol volvió a brillar, las flores han vuelto a florecer y el cantar de las aves eran sonoras en todo el territorio.


"Lo que hace años desapareció, regreso de nuevo alegrar la vida de los seres vivos".


— ¡Ha sido una bendición!. — exclamaban los aldeanos al ver de vuelta el cielo azul y brillo del sol


Los años fueron pasando, Takemichi creció hasta convertirse en un adolescente de catorce años. Aún se mantenía cerca de Manjiro.


Ambos se prometieron estar unidos y nunca separarse, porque sin darse cuenta el amor nació entre ellos.


Agradables y dulces momentos han pasado. La soledad y el dolor se marcharon, descongelando aquel corazón de hielo.


— Tu mano esta fría, pero es muy cálida. — confesó en un suave tono, sonriendo tranquilo, mientras Manjiro posaba su mano en la mejilla rojiza de Takemichi, que producía un agradable calor


Las palabras le llegaron a ese órgano rojo, cuyo cada día se descongelaba al darle paso a los sentimientos encontrados.


Para Manjiro, Takemichi era su corazón, su alma, su vida, su mundo, uno que piensa proteger y nunca dejará. Pero cómo lo es muy típico entre los seres vivos, el albino tiene un temor, uno que cada día ronda su cabeza y no lo deja muy paciente, su amado es un ser mortal y el inmortal, Takemichi seguirá creciendo, envejecerá y morirá, el albino no quiere quedarse sólo, no otra vez. Entonces, esta pensando la manera en la que el ojiazul nunca pueda morir.


Aún ellos dos seguían con sus vidas diarias y su bella relación, pero la idea de hacer a Takemichi en un ser inmortal no era descartada.


Creía que la vida le sonreía sin imaginarse que no debió cree en ella nuevamente.


La época invernal llegó al reino del norte, pero está vez sin ser provocada por Manjiro. Este en compañía de Takemichi, permanecían como todos los días en el centro del bosque, que se cubrió de un manto blanco.


El menor apreciaba las pocas flores que quedaban sin marchitar, se veían cristalinas a causa de las bajas temperaturas.


Por lo tanto, con horquillos, antorchas y ballestas, iban armados una multitud de aldeanos que se encaminaban hacia el castillo del rey de las nieves, con el propósito de acabar con la vida de este. Ya no quieren que siga en este mundo al ser una amenaza para la población.


La sonrisa de Manjiro cambio a una expresión sería al presenciar la llegada de los hombres. De inmediato, el albino colocó a Takemichi atrás de él.


— Hemos venido por ti, rey de las nieves. — anunció el líder de los aldeanos


Manjiro no se iba a quedar así, estaba por responderles, pero Takemichi se le adelantó.


— No le hagan nada, por favor. — pidió el menor con una expresión de humildad. Sus ojos se estaban cristalizando por las lágrimas que estaban por salir, al sentir miedo por lo que le puedan hacer al mayor — Manjiro es una buena persona, es incapaz de causarle daño a los demás. — explicaba con la intención de proteger al albino


Y era verdad lo que decía Takemichi, Manjiro no le hacía daño a otros. Y eso es por la compañía que a recibido del chico de ojos azules.


Apesar de explicarles y detallarles la persona que es el mayor, los contrarios no le prestaban atención al menor, ya que por su miedo, se dejaron cegar.


No esperaron más y comenzaron atacar.


Con las ballestas, tiraban contra Manjiro, quien al darse cuenta rápido uso su poder mágico para congelar todo lo que se acercaba a su contra.


No recibía ningún daño al observar y calcular cada movimiento que hacían los enemigos. Pero no solo era para protegerse a si mismo, también era para que Takemichi no saliera lesionado.


Sin embargo, la desgracia eterna llegó para Manjiro, estaba tan enfocado en los aldeanos que atacaban hacia adelante, que no se percató que había uno atrás, dispuesto a dispararle con su ballesta. Ya estaba apuntando contra el corazón del albino.


— ¡Manjiro, cuidado!. — exclamó Takemichi al darse cuenta que la flecha de la ballesta fue disparada para matar a albino


Todo sucedió tan rápido, por el temor que Manjiro fuera asesinado, Takemichi se puso al frente de él para protegerlo. Pero la consecuencia fue que la flecha atravesó su corazón.


Manjiro quedó impactado por ver esa desagradable escena, dejando de atacar.


Takemichi cayó sobre la blanca nieve, que a los pocos segundos se fue tornando de rojo.


No lo pensó dos veces y el albino con angustia se acercó hasta donde cayó el ojiazul. Lo tomó con ambos brazos, pegandolo a su pecho.


— No, no, Takemitchy. — afligido con la respiración agitada estaba Manjiro. Se sentía culpable de lo sucedido


El menor entreabrio sus ojos y miró a la persona que lo abrazaba fuertemente.


— ¿Estás bien... Manjiro?. — preguntó con la voz baja y débil, ya no le quedaba mucho tiempo. La sangre no solo salía de su herido mortal, también de su boca


— Yo estoy bien, pero ahora el que importa eres tú. Discúlpame, Takemitchy, por mi culpa te hirieron. — se lamentaba, las lágrimas comenzaron a salir de los ojos de Manjiro, que caían sobre el rostro del menor, se congelaban al tocar su piel


— No quiero... que te culpes... ¿De acuerdo? — susurró. Con las pocas fuerzas que le quedaban, alzó su mano y la colocó sobre la mejilla de Manjiro, mientras le sonreia con dulzura. El contrario tomó la mano del menor — Manjiro... te amo. — confesó con amor — La mano de Manjiro... esta fría, pero... es cálida. — soltó su última palabra de aliento y su alma abandonó su cuerpo


La mano de Takemichi cayó, acabo de morir el amor de Manjiro.


El albino comenzó a llorar, pego más el cuerpo del ojiazul a su pecho, al sentir que estaba perdiendo el calor. Tal vez con eso el chico estaría bien ¿No?.


Solo eran ideas absurdas.


Al ver vulnerable al hombre ojinegro, los aldeanos fueron contra él, tenían la ventaja de matarlo; Sin embargo, nunca se imaginaron lo que estaba por ocurrir.


Por consecuencia del haber matado a Takemichi, Manjiro desató su magia; grandes picos de hielo salieron de la tierra, atravesando a todos los hombres, asesinandolos de una forma tan cruel.


Desde ese día, el invierno eterno regreso al reino del norte, donde nunca más regresará la primavera, ni el verano, mucho menos el otoño, solo existirá el frío y el dolor.


Ahora solo Manjiro se la pasa en su castillo de hielo, nuevamente entre el frío y la soledad, lamentándose por la muerte de su amado Takemichi.


Su amor se ha marchitado.


Con sus propios poderes le ha construido un ataúd de cristal, ahí ahora descansarán para toda la eternidad los restos de Takemichi.


Nunca más volvera a escuchar su suave voz, ni vera su linda sonrisa, ni siquiera podrá sentir ese ligero calor que producía su cuerpo. Sus ojos están cerrados, ya no verá ese bello y único color azul.


Solo podrá ver aún Takemichi sin vida.


Los días y las noches el albino las pasa junto en esa tumba sin sol, donde siempre permanecerá el pelinegro dormido.


El corazón de hielo regreso y nadie podrá descongelarlo, ya que el amor que Takemichi le daba a Manjiro, era único y especial.