[AppleRadio] - [RadioApple] - Mini Historias

Summary

One-Shots poco realistas sobre la relación amorosa entre el rey del infierno y el demonio radio. Las descripciones no son mi fuerte, pero entra, te gustará (espero).

Status
Ongoing
Chapters
23
Rating
n/a
Age Rating
18+

FENIX

《NARRADOR OMNISCIENTE》

El corazón de la princesa se rompió en mil pedazos al escuchar las dolorosas palabras de los labios de su papá.

“Deberíamos divorciarnos”, fue lo que dijo su papá Lucifer.

Ella rogó en su interior que tan solo fuera una discusión que escaló demasiado, pero, al no escuchar a su padre, Alastor, negarse, las lágrimas no se pudieron evitar.

No podía emitir ningún sonido, ellos no debían enterarse que ella estaba detrás de la puerta de la oficina de su papá, escuchando cada palabra salida de las bocas de los reyes.

No alcanzó a escuchar por completo la razón de la pelea, pero, por las palabras pronunciadas, era serio.

—Sí es la única solución que encuentras, en ese caso, estoy de acuerdo –fue lo que respondió su padre.

La esperanza de que su papá se tragara el orgullo y reconsiderara su idea del divorcio la llena repentinamente.

—Sí, es lo mejor.

Lo que la pequeña no consideró, es que no puedes ganar al pecado capital del egoísmo en su propio juego.

Fue un divorcio bastante rápido, pues a diferencia de la primera ex esposa de Lucifer, Alastor no intentó quitarle todo lo que poseía.

Para un niño, vivir la separación de sus padres deja una gran huella en el corazón, vivir dos crea un fuerte impacto que deja una cicatriz igual de grande.

Todo el manejo de su vida cambió a partir de eso. Por razones que, en su momento, Charlie no comprendió porqué tuvo que quedarse con uno solo de sus padres, Lucifer.

Sí, Alastor nunca dejó de demostrarle amor, dándole regalos, visitas frecuentes y salidas por el infierno, pero no era lo mismo.

A pesar de que la convivencia entre sus padres no era la más sana, ni de cerca, su prioridad era, y siempre fue, el desarrollo correcto de su pequeña.

O así fue hasta la repentina desaparición del demonio radio, de sus vidas y el infierno, nadie supo nada sobre él durante 7 años.

Por supuesto, en ningún momento Alastor reportó su vuelta al infierno al rey, y tampoco le interesó hacerlo.

Tenía algo más importante que atender.

—¡Ho... –la puerta fue cerrada con fuerza en su cara, para luego ser abierta nuevamente–...la!

La impresión se hizo presente en la cara de la princesa, palideciendo su piel, pero el dolor y rencor se hicieron presentes en su corazón.

“El hombre que me abondonó, a mí y a mi papá, está en la puerta, con una sonrisa en el rostro y bien vestido”, fue su pensamiento.

A pesar de tratarse con respeto, se hablaron formalmente, cómo un par de desconocidos encontrándose por primera vez. Ambos presentan pena en sus corazones, pero sus miradas muestran emociones totalmente contrarias, mientras que una muestra lealtad y amor incondicional, la otra demuestra desconfianza.

Después de la primera impresión por parte de la pareja de Charlie y su pecador en intento de redención, Alastor brinda ayuda con un par de pecadores atados a él, a los cuales, la princesa nunca llegó a conocer en el pasado, tal vez porque fueron recientemente añadidos a su colección.

Padre e hija se encontraron en la habitación de la segunda, mirándose fijamente.

—¿Y bien, querida? ¿Qué es lo que...? –fue interrumpido.

—¿Por qué se divorciaron tú y papá? –Fue directo al grano.

La pregunta lo sorprendió en su momento, no por lo que implicaba, sino, por lo directa que fue. Él siempre supo que ella en algún momento exigiría saber, y, también sabía, que Lucifer se negaría a darle la respuesta, por lo que le preguntaría a él.

—Que manera de iniciar una conversación.

Charlie lo miró con el ceño fruncido, sin titubear en algún momento.

Alastor suspiró.

—Las peleas se volvieron muy frecuentes, cariño, y los actos de amor disminuyeron notablemente. Ya no funcionaba. Hay que saber cuando rendirse, dulzura.

La princesa se mordió los labios.

—¿Tú ya no lo amas? –Cuando Alastor va a responder, ella lo interrumpe— Dime la verdad, padre.

“Padre”, el apodo que usa cuando el asunto se pone serio. Comenzó a hacerlo en su adolescencia, la distinción entre Lucifer y el suyo es que, mientras a él lo llama de esa

manera, a Lucifer lo llama “papá“.

—Las cenizas de nuestro amor todavía se encuentran esparcidas en mi interior, acumulándose cómo suciedad, si es lo que deseas saber.

[...]

Nunca le fue informado a los demás ocupantes del hotel sobre la relación entre Charlie y Alastor, y fue por eso que Vaggie no dudó en sugerir pedir la ayuda del papá de Charlie, lo que le pareció una maravillosa idea a la princesa del infierno.

—¡Charlie! –Grita emocionado, lanzándose a abrazar a su pequeña— ¡Estoy tan contento de verte!

Una rara sensación se acumula en Charlie, y no, no es la incomodidad de que su papá, con el que no ha hablado cara a cara durante meses, tal vez años, esté abrazándola en éste preciso momento.

¿Qué sería?

—Hola, pa’ –dice nerviosa.

Su papá entra al edificio, examinando todo y a todos.

Al no ver a su padre, Charlie lo busca a sus alrededores, y cuando lo encuentra, parece recordar un punto de mayor importancia que había olvidado.

Oh, mierda...

Había olvidado el pequeño detalle de que ese par estuvo casado, y que no terminaron en buenos términos.

Y, cómo cereza del pastel, jamás le contó a su papá sobre la presencia de su padre en el hotel.

—¡¿Qué horrible maldición del diablo es esa?! –Señala con su bastón.

Ja, curioso, ese bastón fue un regalo de bodas de parte de Alastor.

—Quisimos hacer unas renovaciones –hace acto de presencia el demonio radio.

El cerebro de Lucifer parece desconectarse en ese preciso momento, en el momento en el que su corazón se acelera de emoción, sus brazos le piden a gritos acercarse a abrazarlo, pero sus piernas le ruegan por salir corriendo.

Alastor le hace una pregunta. ¿Qué fue lo que dijo? ¿Qué está haciendo? ¡¿Qué se supone diga ahora?!

—¿Y éste quién es? ¿El botones? –Pésima respuesta, sea cual haya sido la pregunta.

Una risa entre estática resuena.

—¡No! ¡Soy el gran anfitrión del hotel!

Una corta discución se forma inevitablemente entre ellos, aunque se volvió personal demasiado rápido.

—De hecho, yo me ofrecí para el cargo.

—Oh –ríe en manera de burla—, ya veo porque fracasó.

—¿Quiere hablar de fracasos, su majestad? Por favor, permítame comenzar –un sutil gruñido sale de su garganta al decir lo último.

—¡Okey! –se interpone entre ellos la rubia menor— ¡Ya fue suficiente! –habla nerviosa, intentado no alimentar la ira de alguno, y es más, llevándose a su papá lejos de Alastor, cambiando el tema.

[...]

—¿Qué es lo que haces aquí? –pregunta de brazos cruzados Lucifer.

Tuvo que pasar una disputa entre ellos, un momento emotivo con Charlie, y dos canciones, para que ahora los ex esposos se miren a las caras, en el bosque que hay dentro de la habitación de Alastor, para poder conversar.

—No entiendo tu pregunta –aunque la sonrisa de Alastor persiste, es más que obvio que es por compromiso—. Vengo a apoyar a mi hija.

—Que curioso que ahora quieras apoyarla. ¿Eres el mismo que la dejó hace años?

—Corrección: te dejé a ti, no a mi pequeña. No todo gira en torno a ti, Lucifer.

El rey desvía la mirada, conteniendose de gritar, en cambio, soltando un suspiro de molestia.

—¿Qué es lo que buscas, Alastor? ¿Qué esperas sacar de mi hija?

—Parece que no te entra en la cabeza. No te culpo, eres tan pequeño que dudo que algo quepa allí dentro. Así que lo diré de manera más simple: vengo a apoyar a mi hija, cosa que su papá no hizo.

Lucifer se queda callado ante su acusación. No va a decirle que la razón por la que descuidó tanto a su bebé es porque cayó en una gran depresión después de su desaparición. No, por supuesto que no se lo diría.

—Ésta conversación es un error, nunca debió existir –dice Alastor, dándose la vuelta, dirigendose a la puerta de su habitación, con la intensión de salir.

—¿Seguimos hablando de la conversación?

—Interpretalo cómo quieras, poco me importa –responde sin voltearlo a ver.

—Tienes razón, ésto fue un error, igual que nuestro matrimonio –suelta sin pensarlo.

Alastor detiene su paso, pero no mira a Lucifer a los ojos.

—Tú existencia fue el error –responde—. No entras en las expectativas que tenían para ti, mucho menos en las que no fuiste creado. ¿Te queda muy grande el saco?

—Alastor –llama enojado.

El mencionado por fin se digna a verlo a los ojos, demostrando enojo en su mirar.

—Oh, disculpa, ¿dí en el clavo?

—Ya cállate.

—¿Te arrepientes de haber desafiado desafiado tu padre?

—Basta.

—No haz respondido mi pregunta.

Los pasos de Lucifer toman camino hacia Alastor. Cuando se encuentra frente a él, lo toma de un brazo y lo acerca a si mismo, para que pudiera ver de cerca el enojo en sus ojos.

—...De lo que... ¡de lo único que me...! –trata de terminar la oración, pero las palabras no salen de su boca.

—Vamos, dilo –lo reta el pelirrojo, esperando que diga que se arrepiente de haberlo conocido, esperando que suelte el golpe de gracia en el corazón del pecador, el cual, sólo necesita una decepción más para terminar con la perfecta idealización que tardó años en crear, y tal vez, por fin, dejarlo de amar.

La respiración de Lucifer se vuelve errática, terminando agitado por las múltiples emociones reprimidas.

—De lo único que me arrepiento... –las lágrimas se acumulan en sus ojos, sin saber cómo más expresarse—...es haberte dejado ir.

La decepción que Alastor esperaba jamás llegó. Ese rey, del que se enamoró perdidamente hace tantos años, tan solo logró reanimar las llamas de entre las cenizas de su amor, resurgiendo cómo un hermoso fénix.

—Me arrepiento, sí, pero de no haber resuelto las cosas cuando pude –no sabe ni siquiera la razón de porque le dice éstas cosas, pero, una vez que las dice, ya no puede parar—. Y me arrepiento de haberme dejado cegar por mi orgullo, de no haber hecho lo que tanto anhelé hace por años.

El demonio radio ni siquiera sabe que decir, atinando a hacer una última pregunta.

—¿Y eso es?

—Haberte abrazado cada vez que te ví, haberte llenado de besos y pedirte perdón hasta que mis cuerdas vocales no pudieran emitir algún otro sonido que no sea tu nombre y tristes ruegos de tu absolución.

Después de eso, ninguno de los dos emite una sola palabra, procesando lo que acaba de pasar.

A pesar de que el rey tenía la esperanza de que su ex pareja hablara primero, al ver que no lo hace decide continuar su discurso.

—Me creas o no, lamento cada día desde que te pedí el divorcio –suelta el agarre que tenía sobre él al darse cuenta de que sus manos comenzaron a sudar demasiado—. Jamás, créeme, jamás debí haberte comparado con Lilith, en especial, cuando con tu presencia me devolviste la felicidad que ella me robó con su ausencia.

El pecador sube su mano derecha para tapar la mitad de su rostro, y evitar que lágrimas se derramen por sus mejillas, aunque, un lastimero sollozo sale de él.

—Y, también... –agrega—...lamento haber insultado la receta de jambalaya de tu madre, es un platillo increíble.

Junto con otro sollozo, Alastor ríe suavemente.

—Mejor que tus hot cakes sí es.

Lucifer ríe ante la broma.

—Alastor, por favor –toma con delicadeza la mano con la que el mencionado se tapa la cara—, si me lo permites, enmendaré todos los errores que cometí en el pasado –besa su mano delicadamente—. Empecemos de nuevo, amor mío –susurra.

La espera a la respuesta de Alastor es casi tortuosa, pues se toma su momento para contestar.

—Bien –responde finalmente—. Pero te advierto: tengo un ex esposo terrible, y mi pasatiempo favorito es quejarme de él.

La esperanza y felicidad llegan de la mano a invadir el corazón de Lucifer.

El rubio no tarda en soltar un par de lágrimas, acompañadas de risas. Para luego, lanzarse a abrazar a Alastor por la cintura y elevarlo en el aire, sin notar cómo sus alas son liberadas inconscientemente.

El movimiento toma por sorpresa al más alto, pero es bien recibido, riendo mientras hace tal cosa.

Al bajarlo, no tarda en abrazarlo fuertemente y hundir cabeza en el cuerpo de su acompañante, inhalando el delicioso aroma que tanto extrañó en el pasado.

[...]

Fue algo complejo explicarle a Charlie la situación en la que se encuentran, pues, no están en una relación, pero tampoco son tan solo amigos.

Con varios revueltos y una que otra pregunta de la menor, terminan de explicar, dando paso al amoroso abrazo que ella les brindó a ambos por sus cuellos.

Sería algo complicado, sí, habrían tropiezos, y muchos, pero, al fin y al cabo, ambos seguirían amándose uno al otro, y ni la muerte los podría separar, pues, fue ella quien los unió.