TASTE | ChengXi

Summary

Una noche luego de su entrenamiento para el torneo internacional de danza callejera, Jiang Cheng encontró un número telefónico pegado a los cristales de su auto. Aquel desconocido escribió en el papelito lo encantado que estaría de ser su compañero sexual. Creyó que era una simple broma, hasta que envió el primer mensaje... la respuesta siendo nada más ni nada menos que una imagen erótica de un chico exquisitamente pecaminoso; de suaves curvas y muslos seductores, sonriendo con suciedad a la cámara. Él no conocía su rostro, y aun así, cayó en la tentación. Una dulce y prohibida tentación. O: Donde Jiang Cheng encuentra un número desconocido y crea una increíble tensión con el chico al otro lado de la línea. Todo se rompe cuando descubre la identidad de su misterioso amante a distancia. -Etiquetas destacables: Diferencia de edades y sexting. -Lan XiChen bottom/Jiang Cheng top. -Los personajes pertenecen a MXTX, MDZS.

Status
Ongoing
Chapters
7
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

1. Ofrecimiento nocturno

—¡Maldita sea!

Jiang Cheng rugió furioso, golpeando con las palmas abiertas el suelo de madera barnizada. La aplastante sensación de frustración se entretejió con la exhaustiva impotencia que albergaba desde el inicio de su entrenamiento. Luego de lamentarse durante unos minutos, se limpió las gotas de sudor de la cara con una toalla y echó un vistazo a su reflejo; la vista que le devolvía la mirada era patética. Derrotada. Miserable. Suya.

Suspirando de resignación se puso de pie, pausando con el control remoto la música a todo volumen que zumbaba a través de los altavoces del salón de prácticas. Estiró sus músculos adoloridos, abriendo una botella de agua e ingiriendo el contenido de un solo trago, recuperando la compostura con cada gota.

Después de todo, perder la cabeza no serviría de nada.

Aunque su propósito fuese un maldito reto.

Una de las más grandes pasiones de Jiang Cheng era el baile. Amaba bailar. La música electrizante lo llenaba de emoción y una increíble felicidad. De niño soñaba con ser un famoso competidor de las grandes ligas, y afortunadamente pudo lograr su objetivo gracias a su esfuerzo y dedicación. Había participado en un montón de campeonatos locales y nacionales, pero ahora, a sus veintiséis años, era hora de prepararse para su primer torneo internacional.

Solo que no era nada fácil.

Las elevadas exigencias del programa de concursantes eran agotadoras hasta para el más experto de los bailarines. Jiang WanYin no era la excepción. Incluso con la experiencia de su trayectoria en danza callejera, krumping y popping, todavía consideraba su nivel en desventaja con las habilidades de los demás competidores.

Por si fuera poco, la academia de baile que fundó con sus hermanos y mejor amigo hace un par de años tenía su popular evento de fin de curso a la vuelta de la esquina, sus aprendices buscando la aprobación de sus maestros a cada segundo del día. Nadie quería arruinar una festividad tan importante para la institución y ellos mismos, pues de eso dependía su futuro como estrellas de la danza urbana o tradicional. Si un cazatalentos lograba sorprenderse de sus destrezas, era un contrato asegurado. A Jiang Cheng no le molestaba tener a los polluelos detrás de él toda la semana, ya que enseñar a su grupo era una de sus cosas preferidas. Sin embargo, no podía evitar malhumorarse cuando su número de apertura para el torneo internacional no salía como debería.

Como en ese momento.

Miró el reloj digital en lo alto del mural de espejos. Las 10:49 p.m.

Ya era tarde... pero merecía un premio por su arduo esfuerzo.

Total, ¿quién iba a llevarle la contraria?

Tiró de la cinta de su mochila deportiva y sacó una caja de donas glaseadas y un termo de café. Haciendo caso omiso de su estricta dieta, mordió uno de los esponjosos panes, saboreando el dulzor del azúcar derretido y el chocolate en su paladar. A la mierda las calorías y todas esas mierdas que ponían histérico a su mejor amigo.

Poco a poco el malhumor del fracaso disminuyó en Jiang Cheng. Arrojó al bote de basura la caja vacía de los apetitosos manjares y comenzó a guardar sus pertenencias con renovado entusiasmo. Mañana escucharía el sermón del insoportable de su mejor amigo, Lan Zhan, mientras tanto, esta noche disfrutaría de la vida loca.

Dulces, azúcar y café, ¿qué más podría pedir?

Un rugido triunfal se escuchó al otro lado del pasillo. WanYin supuso que su hermano había terminado de ensayar su propia coreografía para el fin de curso con éxito, y que era hora de volver a casa.

No se equivocó en su suposición, pues unos instantes después la puerta del salón privado donde se encontraba se abrió de un portazo estruendoso, y del hueco emergió Wei WuXian, todo asquerosamente sudado y sonriente.

Guácala.

—¡A-Cheng, es hora de... NO PUEDE SER! —gritó Wei Ying, pasando junto a él a rápidas zancadas. Sacó de la basura la prueba de su delito y la mostró en sus narices—. ¡Jiang Cheng, cómo te atreviste a comer donas sin mí! ¡Eso es traición!

El mencionado apagó las luces de la sala y empujó al bebé llorón hacia la salida, ignorándolo como si fuese una mota de aire insignificante.

—Tuve una crisis.

—¡Eso es injusto! ¡La semana pasada yo sí te di de mis cheetos y mi batido! —berreó el mayor, pisoteando como un niño pequeño. Lejos de sentirse conmovido por su pataleta, el chico de ojos azules cerró la puerta principal del establecimiento y echó a andar hacia su auto. Viéndose ignorado, Wei WuXian cambió de estrategia—. ¡A-Cheng, vamos a cenar pizza!

—¿Dónde demonios vamos a encontrar pizza a esta hora? —preguntó, frunciendo el ceño.

—Bueno, no lo sé. Quizás si damos una vuelta encontremos un autoservicio disponible. Aún no es tan noche. —propuso, sacando su móvil para buscar en internet—. Mira, hay uno a veinte minutos de aquí, son hamburguesas... ¡Ah, mira, tienen una promoción buenísima para parejas! ¿Qué dices, mi amor?

Sin ánimos de matarlo y deshacerse de las evidencias del crimen en el río, el joven loto simplemente negó a la propuesta.

—Estoy demasiado cansado para ir hasta allá.

—Aiyo, anciano, no te preocupes. Yo conduzco y tú pagas —su hermano le guiñó un ojo, arrebatándole las llaves en un parpadeo—. ¡El último en llegar al coche es un huevo podrido!

—¡Regresa aquí, tarado!

Corrió detrás de la sombra del mayor con las piernas tambaleantes y una sonrisa escondida en la oscuridad nocturna. La tenue iluminación del estacionamiento apenas hacía visible el asfalto bajo sus pies. Alcanzó a Wei WuXian a unos metros del vehículo, tensando el listón de su mochila para hacerlo retroceder a traspiés e impulsarse para llegar primero.

¡Ja, chúpate esa!

—¡Oye, eso es trampa! —rió el chico de ojos grises. Jiang Cheng le enseñó el dedo medio, imitando sus carcajadas. El cansancio se había esfumado.

Las risas escandalosas de ambos hermanos murieron cuando, llegando al auto, se percataron de una hoja blanca pegada al parabrisas. Inmediatamente, la expresión divertida de Wei Ying fue reemplazada por una máscara de fría alarma, alejando al menor de la escena.

Vaya dramatismo. Detrás de él, Jiang Cheng bufó y arrancó la hoja, desdoblándola para leer el contenido.

«Las luces rojas de su estudio acentúan su belleza, profesor Jiang. Se vería deliciosamente caliente follándome frente a esos bonitos espejos, empañándolos con nuestros gemidos y jadeos mientras su gruesa polla llena de semen mi agujero abierto.

Llámeme si quiere hacer realidad esa fantasía»

—Santa mierda —Wei WuXian rompió a reír como un jodido maniaco, aquella seriedad adquirida anteriormente siendo olvidada por la noble tarea de burlarse de su hermanito. Jiang Cheng sintió el rostro en llamas, avergonzado por la estupidez de aquel idiota desconocido que decidió hacerle una jugarreta. Iba a aventar a la calle la bola de papel cuando los dedos de su acompañante lo detuvieron—. ¡No, espera, qué estás haciendo!

—¡Quien sea que escribió esto, que se joda! No estoy para soportar las bromas de nadie.

—¡Ah, ChengCheng, que aguafiestas eres! —protestó, quitándole la hoja para guardarla en el bolsillo superior de la chaqueta del enojado bailarín. Wei Ying dio unas palmaditas satisfechas al encargo y jaló la puerta del auto—. ¡Tienes que llamarle esta noche!

—¿Qué? ¡No digas idioteces!

¿Qué demonios tenía Wei WuXian en su estúpida cabeza de chorlito para sugerir que debía contactar al extraño autor de dicho papel? ¡Un demente absoluto!

Además, con la suerte que se cargaba Jiang Cheng, capaz y terminaba mensajeándose con un anciano de asquerosas y horripilantes intenciones o una mujer divorciada con problemas mentales. Un mal rato asegurado. ¡De eso se trataban las bromas, después de todo!

WuXian encendió el motor y negó con un gesto de la cabeza, hablando en tono sabio y conciliador.

—Piénsalo, didi. La persona que te dejó esto sabe que estás desesperado por un polvo.

Jiang Cheng lo golpeó con fuerza en el hombro.

—¡Eres un reverendo imbécil! ¡Yo no estoy desesperado!

Por supuesto que lo estás—refutó el otro bailarín, incorporándose al carril de baja velocidad—. Y porque lo estás, es que vas a contactar a tu admirador secreto. Quién sabe, tal vez encuentres al amor de tu vida después de tantos años en prolongada soltería.

«O un trauma que me llevará a la tumba» refunfuño el joven loto.

Los canturreos insoportables de Wei WuXian indicaron que le esperaba un larguísimo viaje de regreso a casa.

Pese a esto, una interrogante daba vueltas en su cabeza.

¿Quién era el loco que se atrevió a dejar semejante proposición en una nota?

O la verdadera cuestión:

¿Por qué Jiang Cheng estaba interesado en sus servicios?

...

La desesperación, supuso.

Mierda.