Caecillus Diabolus || ChanSoo

Summary

π™ΏπšŠπš›πš” π™²πš‘πšŠπš—πš’πšŽπš˜πš•, πšžπš— πšŠπš•πšπšŠ πšπš›πšŠπš—πšžπš“πšŠ πšœπš’πš— πšŽπšœπšŒπš›πšžΜπš™πšžπš•πš˜πšœ, 𝚚𝚞𝚎 πšπš›πšŠπšπšŠπš›πšŠΜ 𝚍𝚎 πš˜πš›πšπšŽπš—πšŠπš› 𝚜𝚞 πšŸπš’πšπšŠ. π™±πšžπšœπšŒπšŠ πšžπš—πšŠ πš™πšŠπš›πšŽπš“πšŠ πš™πšŽπš›πšπšŽπšŒπšπšŠ, πš•πšŠ πšŒπš•πšŠπšœπšŽ 𝚍𝚎 πš˜πš–πšŽπšπšŠ 𝚚𝚞𝚎 π™³πš˜πš‘ π™Ίπš’πšžπš—πšπš‚πš˜πš˜ πš“πšŠπš–πšŠΜπšœ πš™πš˜πšπš›πšŠΜ πšœπšŽπš›. π™Ίπš’πšžπš—πšπš‚πš˜πš˜ 𝚒𝚊 πšœπšžπšπš›πš’πš˜Μ πšžπš—πšŠ 𝚟𝚎𝚣 πšžπš— πšπšŽπšœπšŽπš—πšπšŠπš—Μƒπš˜ πšŠπš–πš˜πš›πš˜πšœπš˜, πš‘πšŠ πš“πšžπš›πšŠπšπš˜ πš–πšŠπš—πšπšŽπš—πšŽπš›πšœπšŽ πšŠπš™πšŠπš›πšπšŠπšπš˜ 𝚍𝚎 𝚎𝚜𝚝𝚎 𝚜𝚎𝚑𝚒 πš›πš˜πš–πš™πšŽπšŒπš˜πš›πšŠπš£πš˜πš—πšŽπšœ. πš‚πš’πš— πšŽπš–πš‹πšŠπš›πšπš˜, πšπšŽπšœπšŒπšžπš‹πš›πšŽ 𝚚𝚞𝚎 𝚎𝚜 πšπš’πšπš’ΜπšŒπš’πš• πš›πšŽπšœπš’πšœπšπš’πš›πšœπšŽ 𝚊 πš•πšŠ πšπšŽπš—πšπšŠπšŒπš’πš˜Μπš— 𝚚𝚞𝚎 πšœπšžπš™πš˜πš—πšŽ πšžπš— πšπšŽπš–πš˜πš—πš’πš˜ 𝚍𝚎 πš˜πš“πš˜πšœ πšŠπš£πšžπš•πšŽπšœ. 𝚒 πšŒπšžπšŠπš—πšπš˜ πšπšŽπš• πš™πšŠπšœπšŠπšπš˜ 𝚍𝚎 π™Ίπš’πšžπš—πšπš‚πš˜πš˜ πš›πšŽπšœπšžπš›πšπšŽ πšžπš—πšŠ πš™πšŽπš•πš’πšπš›πš˜πšœπšŠ πšŠπš–πšŽπš—πšŠπš£πšŠ, π™²πš‘πšŠπš—πš’πšŽπš˜πš• πšπšŠπš• 𝚟𝚎𝚣 𝚜𝚎𝚊 πšŽπš• πšžΜπš—πš’πšŒπš˜ 𝚚𝚞𝚎 πš™πšžπšŽπšπšŽ πšœπšŠπš•πšŸπšŠπš›πš•πš˜...

Genre
Romance/Drama
Author
Lizzie
Status
Complete
Chapters
22
Rating
n/a
Age Rating
18+

Cα΄€α΄˜ΙͺΜα΄›α΄œΚŸα΄ I

La primera vez que lo vi fue en la boda de mi hermano JongDae, al fondo del pabellΓ³n que habΓ­an levantado para dar cabida a los invitados. Estaba de pie en un rincΓ³n, apoyado contra el poste con la postura entre insolente y desgarbada de alguien que preferirΓ­a estar pasando el rato en un salΓ³n de billares. Aunque iba bien vestido, era evidente que no se ganaba la vida sentado en la mesa de una oficina. NingΓΊn traje de Armani podrΓ­a quitarle aristas a aquella clase de cuerpo fornido y armonioso. Sus largos dedos, delicadamente curvados alrededor de una copa de champΓ‘n, podrΓ­an haber hecho trocitos el cristal como si tal cosa.

Me bastΓ³ con mirarlo para saber que me hallaba ante un alfa al viejo estilo, de esos que van de caza, juegan al fΓΊtbol y al pΓ³quer, y aguantan muy bien la bebida. No son mi tipo. Yo estaba interesado en algo mΓ‘s.

Aun asΓ­, me atrajo su porte y su buena planta. Era apuesto, incluso guapo si pasabas por alto el levemente irregular puente de la nariz, que parecΓ­a haber sufrido una rotura en alguna ocasiΓ³n. Llevaba un corte de pelo β€”castaΓ±o cobrizo, tan reluciente y tupido que recordaba el pelaje de un visΓ³nβ€” en finas capas escalonadas. Pero fueron los ojos lo que mΓ‘s me llamΓ³ la atenciΓ³n por la intensidad de su azul, tan etΓ©reo y delicado que impactaba nada mΓ‘s verlo, incluso desde lejos como yo en ese momento. No pude reprimir un leve estremecimiento cuando Γ©l volviΓ³ la cabeza y me mirΓ³ directamente.

Me volvΓ­ al instante, avergonzado de que me hubiera pillado mirΓ‘ndolo con semejante descaro. Pero eso no impidiΓ³ que sintiera una especie de descarga elΓ©ctrica que me inflamΓ³ la piel, seΓ±al de que Γ©l me seguΓ­a observando. VaciΓ© mi copa de champΓ‘n con unos rΓ‘pidos sorbos, dejando que el cosquilleo de las burbujas me calmara los nervios. SΓ³lo entonces me atrevΓ­ a echar otra mirada.

Aquellos ojos se insinuaban de un modo que no tenΓ­a nada de civilizado. Una tenue sonrisa permanecΓ­a agazapada en aquella boca de labios finos, lo que marcaba un pequeΓ±o hoyuelo en su mejilla izquierda. Β«Desde luego no es la clase de hombre con el que quisiera encontrarme a solas en una habitaciΓ³nΒ», pensΓ©.

Su mirada descendiΓ³ por mi cuerpo en una perezosa inspecciΓ³n para acabar regresando a mi cara, y acto seguido me dirigiΓ³ uno de esos respetuosos asentimientos con la cabeza que los hombres de Tejas han elevado a la categorΓ­a de arte.

Le di la espalda deliberadamente, concentrando toda mi atenciΓ³n en mi novio Brian. Nos pusimos a contemplar a los reciΓ©n casados, que estaban bailando mejilla contra mejilla. Me puse de puntillas y le susurrΓ© al oΓ­do:

β€”Luego nos toca el turno a nosotros.

Brian me pasΓ³ el brazo por la cintura.

β€”Veremos quΓ© tiene que decir tu padre al respecto.

Brian iba a pedirle permiso para casarse conmigo, una tradiciΓ³n que yo encontraba anticuada e innecesaria. Pero Γ©l estaba emperrado en hacerlo.

β€”ΒΏY si niega su aprobaciΓ³n?β€” preguntΓ©. Como mi padre nunca encuentra bien nada de lo que hago, era una posibilidad a tener en cuenta.

β€”Entonces nos casaremos sin mΓ‘s. β€”Brian retrocediΓ³ unos centΓ­metros y me mirΓ³ desde arribaβ€”. Aun asΓ­, me gustarΓ­a convencerlo de que su hijo tampoco estΓ‘ haciendo tan mal negocio, despuΓ©s de todo.

β€”Eres lo mejor que me ha sucedido nunca. β€”Me acurruquΓ© en la curva de su brazo. Me parecΓ­a un milagro que alguien pudiera quererme de aquella manera. NingΓΊn otro alfa, por guapo que fuese, podrΓ­a interesarme jamΓ‘s.

SonreΓ­ y volvΓ­ a mirar en la misma direcciΓ³n de antes, con curiosidad por ver si el tipo de los ojos azules aΓΊn seguΓ­a allΓ­. Por algΓΊn motivo, me sentΓ­ aliviado cuando comprobΓ© que no era asΓ­.

Mi hermano JongDae habΓ­a insistido en que la ceremonia de su boda tenΓ­a que ser lo mΓ‘s discreta posible. SΓ³lo un puΓ±ado de personas habΓ­a podido acceder a aquella pequeΓ±a capilla de Houston del siglo XVIII, antaΓ±o utilizada por los colonizadores espaΓ±oles. El oficio nupcial habΓ­a sido tan corto como bonito, lleno de un sentimiento que impregnaba la atmΓ³sfera y te llegaba muy adentro.

La recepciΓ³n posterior, en cambio, fue lo que se dice un autΓ©ntico circo.

Se celebrΓ³ en la mansiΓ³n familiar que los Doh tenΓ­amos en River Oaks, una selecta comunidad de Houston cuyos residentes les confesaban muchas mΓ‘s cosas a sus contables que a su pΓ‘rroco. Como JongDae era el primer vΓ‘stago de los Doh que contraΓ­a matrimonio, mi padre quiso aprovechar la ocasiΓ³n para impresionar al mundo, O al menos a Tejas, que dada la manera de pensar de papΓ‘ era la ΓΊnica parte del mundo merecedora de ser impresionada. Al igual que muchos otros tejanos, mi padre estaba convencido de que si nuestro estado no hubiera sido anexionado por la UniΓ³n en 1845, probablemente habrΓ­amos acabado apropiΓ‘ndonos de todo el extremo norte del continente.

AsΓ­ que con la mente puesta en la reputaciΓ³n familiar y en el hecho de que las miradas de todo el mundo estarΓ­an fijas en nosotros, papΓ‘ habΓ­a contratado los servicios profesionales de un conocido organizador de bodas y habΓ­a limitado sus instrucciones a cuatro escuetas palabras: Β«El talonario estΓ‘ abierto.Β» Como sabΓ­a el mundo entero, era un talonario muy bien provisto.

Mi padre, Eung-Soo Doh, un alfa conocido Β«mago de los negociosΒ», habΓ­a creado un fondo indexado internacional de la energΓ­a que prΓ‘cticamente habΓ­a doblado su volumen en el curso de su primera dΓ©cada de existencia. El fondo incluΓ­a productores de petrΓ³leo y gas natural, oleoductos, suministradores de carbΓ³n y fuentes de energΓ­a alternativa, y estaba representado por quince paΓ­ses. Mientras yo crecΓ­a, vi muy poco a papΓ‘; Γ©l siempre andaba por algΓΊn sitio lejano como Singapur, Nueva Zelanda o JapΓ³n. SolΓ­a ir a Washington para almorzar con el presidente de la Reserva Federal, o a Nueva York para desempeΓ±arse como tertuliano en debates o coloquios financieros. Habitualmente, desayunar con mi padre significaba sintonizar la tele en la CNN y verlo analizar las ΓΊltimas fluctuaciones del mercado bursΓ‘til mientras mis hermanos y yo dΓ‘bamos buena cuenta del desayuno.

Con ese vozarrΓ³n que tenΓ­a y aquella personalidad tan imponente que no le cabΓ­a en el cuerpo, papΓ‘ siempre me habΓ­a parecido enorme. Fue sΓ³lo durante mi adolescencia cuando lleguΓ© a darme cuenta de que fΓ­sicamente era mΓ‘s bien promedio, un peso pluma que reinaba sobre el resto del gallinero. Despreciaba la blandura, y una de sus mayores preocupaciones era que sus cuatro descendientes β€”JongDae, JongIn, Sehun y yoβ€” no fueran capaces de triunfar en la vida por haber recibido demasiados mimos. AsΓ­ que cuando andaba por casa, se aseguraba de administrarnos dosis de realidad, como cucharadas de jarabe amargo.

En vida, mi madre siempre habΓ­a co-presidido la Feria Anual del Libro, y aprovechaba los momentos muertos en el evento para salir a fumarse un cigarrillo con Kinky Friedman. MamΓ‘ era guapΓ­sima, tenΓ­a las piernas mΓ‘s hermosas de todo River Oaks, y organizaba unas cenas de etiqueta realmente fabulosas. Como solΓ­an decir en aquellos tiempos, era un pedazo de mujer.

Apenas la conocΓ­an, los hombres iban corriendo en busca de papΓ‘ para decirle que era un capullo con suerte, algo que a Γ©l lo complacΓ­a infinitamente. No se la merecΓ­a, solΓ­a proclamar, antes de reΓ­rse taimadamente, porque en su fuero interno estaba convencido de merecerse bastante mΓ‘s de lo que realmente se merecΓ­a.

Los Doh habΓ­amos invitado a setecientas personas, pero a la recepciΓ³n asistieron por lo menos mil. La gente se apretujaba dentro de la mansiΓ³n familiar o salΓ­a como podΓ­a para dirigirse al enorme pabellΓ³n blanco, que habΓ­a sido adornado con miles de lucecitas blancas y un sinfΓ­n de orquΓ­deas en distintos tonos de blanco y rosa. El calor un poco hΓΊmedo de aquella tarde de finales de primavera hacΓ­a aΓΊn mΓ‘s intensa la fragancia de las orquΓ­deas.

Dentro de la mansiΓ³n, al abrigo del aire acondicionado, la sala principal para el bufΓ© se hallaba dividida en dos secciones por una barra de hielo de seis metros cubierta con todas las clases de marisco. HabΓ­a doce esculturas de hielo, una de ellas alrededor de una fuente de champΓ‘n, otra provista de una fuente de hielo tachonada por pequeΓ±as bolsas de caviar.

Camareros de guantes blancos llenaban cilindros de cristal escarchado con vodka frΓ­o como el hielo, y esparcΓ­an cucharaditas de caviar sobre diminutos blinis preparados con crema amarga y huevos de codorniz.

Las mesas del bufΓ© caliente ofrecΓ­an soperas con crema de langosta, enormes bandejas repletas de solomillos cocinados al humo de pacanas, ashi de atΓΊn braseado, y un mΓ­nimo de treinta entrantes mΓ‘s. He asistido a muchas fiestas y acontecimientos sociales en Houston, pero nunca habΓ­a visto tanta comida junta.

Reporteros del Houston Chronicle y el Texas Monthly cubrΓ­an la recepciΓ³n, que contaba con invitados como el ex gobernador y el alcalde, un famoso chef de la televisiΓ³n, celebridades de Hollywood y gente del petrΓ³leo. Todo el mundo estaba pendiente de la llegada de JongDae y MinSeok, que se habΓ­an quedado en la capilla con el fotΓ³grafo.

Brian estaba un poco aturdido. Procediendo de una respetable familia de clase media como la suya, asistir a un acto social de aquellas caracterΓ­sticas le parecΓ­a el no va mΓ‘s de la distinciΓ³n.

Yo y mi incipiente conciencia social encontrΓ‘bamos un poco embarazoso todo aquel exceso. Mi manera de pensar habΓ­a cambiado bastante desde que fui a estudiar a Wellesley, una prestigiosa instituciΓ³n universitaria sΓ³lo para omegas que tenΓ­a por lema Non ministrare sed ministrare. Sirve a los demΓ‘s en lugar de que ellos te sirvan a ti. Fui allΓ­ convencido de que era justo la clase de lema que le irΓ­a bien aprender a una persona como yo.

Mi familia me habΓ­a tomado el pelo cariΓ±osamente diciendo que estaba pasando por una Β«fase naturalΒ». Ellos β€”sobre todo mi padreβ€” me tenΓ­an por un estereotipo ambulante, el tΓ­pico joven omega ricachΓ³n que hace sus primeros escarceos con la mala conciencia liberal. EchΓ© otra mirada a las largas mesas rebosantes de comida. Antes del inicio de la recepciΓ³n, me habΓ­a asegurado de que luego todo lo que sobrase fuera llevado a una serie de centros asistenciales de Houston, una idea que fue aprobada elogiosamente por mi familia. Pero ni aun asΓ­ conseguΓ­a dejar de sentirme culpable, un sucedΓ‘neo de jovencito liberal que hace cola mientras espera a que le sirvan su raciΓ³n de caviar.

β€”ΒΏSabΓ­as β€”le preguntΓ© a Brian mientras Γ­bamos hacia la fuente del vodkaβ€” que para encontrar un diamante de un quilate antes tienes que pasar por el cedazo el equivalente a una tonelada de tierra? AsΓ­ que para producir todos los diamantes que hay en esta habitaciΓ³n, tendrΓ­as que excavar gran parte de Australia.

Brian fingiΓ³ quedarse perplejo.

β€”Pues la ΓΊltima vez que mirΓ©, Australia todavΓ­a estaba en su sitio. β€”Me pasΓ³ la punta de los dedos por el hombroβ€”. TranquilΓ­zate, KyungSoo. No tienes que demostrar nada. Yo ya sΓ© quiΓ©n eres.

Aunque ambos Γ©ramos naturales de Tejas, nos habΓ­amos encontrado en Massachusetts. Yo habΓ­a ido a Wellesley y Brian fue a Tufts. Lo conocΓ­ en una fiesta de vuelta-al-mundo organizada en un viejo caserΓ³n de Cambridge. Cada una de las habitaciones estaba dedicada a un paΓ­s distinto, y ofrecΓ­a barra libre de la bebida tΓ­pica nacional. Vodka en Rusia, whisky en Escocia, Soju en Corea del Sur y asΓ­ sucesivamente.

En algΓΊn lugar entre SuramΓ©rica y JapΓ³n, uno de los traspiΓ©s que yo habΓ­a empezado a dar con alarmante frecuencia me llevΓ³ a tropezar con un chico de pelo oscuro, ojos rasgados pardos y una sonrisa que irradiaba seguridad en sΓ­ mismo. TenΓ­a la musculatura delicadamente nervuda de un corredor de fondo y pinta de intelectual.

Para mi deleite, me hablΓ³ con acento tejano.

β€”QuizΓ‘ deberΓ­as hacer una pausa en tu vuelta al mundo. Al menos hasta que no te cueste tanto ver por dΓ³nde vas.

β€”TΓΊ eres de Houston β€”dije.

β€”Su sonrisa se ensanchΓ³ en cuanto oyΓ³ mi acento.

β€”No, milord.

β€”ΒΏSan Antonio?

β€”No.

β€”ΒΏAustin? ΒΏAmarillo? ΒΏEl Paso?

β€”No, no, y gracias a Dios, no.

β€”De Dallas, entonces β€”dije con pesarβ€”. LΓ‘stima. Vamos, que casi eres yanqui.

Brian me habΓ­a acompaΓ±ado fuera, donde nos sentamos en el escalΓ³n de la entrada principal del caserΓ³n y pasamos dos horas largas hablando a pesar de que hacΓ­a un frΓ­o que pelaba.

Nos enamoramos en un abrir y cerrar de ojos. Yo estaba dispuesto a hacer lo que fuese por Brian, a ir a cualquier sitio con Γ©l. Iba a casarme con Γ©l. SerΓ­a el omega de Brian Nam. KyungSoo Nam. No iba a permitir que nadie se interpusiera en mi camino.

Cuando por fin me tocΓ³ el turno de bailar con mi padre, Al Jarreau estaba cantando Accentuate the Positive con esa voz suya que es pura melodΓ­a. Brian habΓ­a ido a buscar una copa con mis hermanos JongIn y Sehun, y se reunirΓ­a conmigo en la residencia familiar dentro de un rato.

Brian era el primer alfa que llevaba a casa de mis padres, el primero del que me habΓ­a enamorado. Y el ΓΊnico con el que me habΓ­a ido a la cama. Nunca he salido demasiado. Mi madre muriΓ³ de cΓ‘ncer cuando yo tenΓ­a quince aΓ±os, y durante los dos aΓ±os siguientes me sentΓ­ tan deprimido y tan espantosamente culpable que ni siquiera podΓ­a pensar en llegar a tener algΓΊn tipo de vida sentimental. Y de pronto me encontrΓ© en una universidad sΓ³lo para omegas, algo que le sentΓ³ de maravilla a mi educaciΓ³n pero no tanto a mi vida amorosa.

Sin embargo, no fue sΓ³lo ese entorno exclusivamente de omegas lo que me impidiΓ³ llegar a establecer relaciones con los otros gΓ©neros. Muchos de mis compaΓ±eros de estudios asistΓ­an a fiestas fuera del campus, o conocΓ­an a alfas y betas porque se habΓ­an matriculado en cursos extra en Harvard o en el MIT. El problema radicaba en mΓ­. Era como si careciese de cierta habilidad esencial a la hora de atraer a la gente, de dar y recibir amor sin necesidad de esforzarse. Me costaba horrores, en serio. Era como si ahuyentase precisamente a las personas que mΓ‘s ganas tenΓ­a de conocer. Con el paso del tiempo, comprendΓ­ que lograr que alguien se enamore de ti es como tratar de convencer a un pΓ‘jaro de que se te pose en el dedo... no sucederΓ‘ hasta que dejes de empeΓ±arte en que suceda.

AsΓ­ que al final lo dejΓ© correr, y como todos los tΓ³picos encierran su pequeΓ±a verdad, fue precisamente entonces cuando sucediΓ³. ConocΓ­ a Brian y nos enamoramos. Brian era el hombre al que amaba. Eso deberΓ­a haber sido suficiente para mi familia, pero a los Doh no les bastaba con eso. De repente me encontrΓ© teniendo que responder a preguntas que ni siquiera se formulaban, lo que me obligaba a decir cosas como Β«Nunca habΓ­a sido tan felizΒ», o Β«Brian va a licenciarse en economΓ­aΒ», o Β«Nos conocimos en una fiesta universitariaΒ». El que mostraran tan poco interΓ©s por Γ©l, por su pasado o por el futuro de nuestra relaciΓ³n, me enfurecΓ­a y frustraba. Era como un juicio en sΓ­ mismo, aquel ominoso silencio.

HongKi Lee, mi amigo del alma, lo entendiΓ³ enseguida en cuanto lo llamΓ© para quejarme. Γ‰l y yo nos conocΓ­amos desde los doce aΓ±os, cuando su familia vino a vivir a River Oaks. El padre de HongKi, era un pintor que habΓ­a expuesto su obra en todos los grandes museos, incluidos el MOMA de Nueva York y el Kimbell de Fort Worth.

Los residentes de River Oaks nunca habΓ­an acabado de entender del todo a los Lee. Para empezar eran vegetarianos, los primeros que yo conocΓ­a. VestΓ­an prendas de algodΓ³n hindΓΊ y solΓ­an calzar sandalias. En un vecindario donde predominaban dos estilos de decoraciΓ³n de interiores, casa de campo inglesa o tejano-mediterrΓ‘nea, los Lee habΓ­an pintado de un color diferente cada una de las habitaciones de su casa, llenando las paredes con franjas y motivos ornamentales exΓ³ticos.

AΓΊn mΓ‘s fascinante que eso, los Lee eran budistas, una palabra que yo habΓ­a oΓ­do todavΓ­a menos a menudo que Β«vegetarianoΒ». Cuando le preguntΓ© a Hong quΓ© hacΓ­an exactamente los budistas, Γ©l me explicΓ³ que dedicaban mucho tiempo a la contemplaciΓ³n y a meditar sobre la naturaleza de la realidad. HongKi y sus padres incluso me habΓ­an invitado a ir al templo budista con ellos, pero para gran disgusto mΓ­o, mis padres dijeron que no. Yo era baptista, me recordΓ³ mi madre, y los baptistas no dedicaban sus ratos libres a meditar sobre la naturaleza de la realidad.

Hong y yo siempre habΓ­amos estado tan unidos que la gente daba por hecho que salΓ­amos al ver a un beta y omega juntos. Nunca habΓ­amos llegado a desarrollar el menor atisbo de relaciΓ³n romΓ‘ntica, pero el sentimiento que nos unΓ­a tampoco era estrictamente platΓ³nico. No estoy seguro de que ninguno de los dos hubiera podido explicar lo que significΓ‘bamos el uno para el otro.

HongKi era probablemente el ser humano mΓ‘s hermoso que yo habΓ­a conocido jamΓ‘s. Esbelto y atlΓ©tico, de facciones delicadas y pelo castaΓ±o. Y poseΓ­a una indefinible cualidad felina ajena a los andares arrogantes tan tΓ­picamente tejanos de todos los hombres beta que habΓ­a conocido hasta entonces. Una vez le preguntΓ© sobre su orientaciΓ³n, y Γ©l respondiΓ³ que le daba igual si alguien era hombre o mujer, alfa, beta u omega, que le interesaba mΓ‘s el interior de la persona.

β€”ΒΏAsΓ­ que eres bisexual? β€”le preguntΓ©, y Γ©l se riΓ³ de mi insistencia en ponerle una etiqueta a todo.

β€”Supongo que soy biposible β€”contestΓ³, y me dio un cariΓ±oso besito.

Nadie me conocΓ­a o me entendΓ­a tan bien como HongKi. Era mi confidente, la ΓΊnica persona con la que podΓ­a contar incluso cuando discrepΓ‘bamos sobre algo.

β€”Es justo lo que dijiste que harΓ­an β€”dijo HongKi, cuando hube acabado de contarle por telΓ©fono que mi familia ignoraba a mi novioβ€”. Tampoco es ninguna sorpresa, ΒΏverdad?

β€”El que no sea ninguna sorpresa no significa que me guste.

β€”Eh, recuerda que este fin de semana no va de tΓΊ y Brian. Va de los novios.

β€”Las bodas nunca van de los novios β€”dijeβ€”. Para las familias disfuncionales, las bodas son exhibicionismo social.

β€”Pero incluso las familias disfuncionales tienen que fingir que la cosa va de los novios. AsΓ­ que tΓΊ sΓ­gueles la corriente, pΓ‘salo bien en la ceremonia, y no le hables de Brian a tu papΓ‘ hasta despuΓ©s de la boda.

β€”HongKi β€”preguntΓ© yo con voz quejumbrosaβ€”, tΓΊ has conocido a Brian. Te cae bien, ΒΏverdad?

β€”No puedo responder a esa pregunta.

β€”ΒΏPor quΓ© no?

β€”Porque si todavΓ­a no lo has visto, nada de lo que yo te diga podrΓ‘ hacΓ©rtelo ver.

β€”ΒΏQuΓ© es lo que tengo que ver? ΒΏA quΓ© te refieres?

Pero HongKi no habΓ­a abierto la boca, y colguΓ© sintiΓ©ndome perplejo y bastante enfadado.

Lamentablemente, el consejo de HongKi se me fue de la cabeza apenas empecΓ© a bailar un foxtrot con papΓ‘.

El champΓ‘n y el triunfo habΓ­an hecho que se le subieran los colores. Nunca habΓ­a mantenido en secreto que Γ©l querΓ­a que aquella boda se celebrara, y la noticia de que mi nuevo cuΓ±ado estaba en cinta era una especie de bonificaciΓ³n aΓ±adida. Las cosas estaban yendo justo como querΓ­a Γ©l. Yo estaba seguro de que en aquellos momentos papΓ‘ tendrΓ­a la cabeza llena de visiones de nietecitos haciendo monerΓ­as, generaciones enteras de ADN maleable a su entera disposiciΓ³n.

Fornido y paticorto, papΓ‘ tenΓ­a los ojos muy negros y tal cantidad de pelo que costaba lo suyo encontrarle el cuero cabelludo debajo de aquella mata. Combinado con su mandΓ­bula, eso lo hacΓ­a impresionante, ya que no guapo. TenΓ­a un poco de sangre comanche por el lado materno, y un montΓ³n de antepasados coreanos que no tenΓ­an futuro en su paΓ­s. AsΓ­ que decidieron venirse a Tejas en busca de tierras baratas donde no se conociera el invierno, tan fΓ©rtiles que bastarΓ­a con que ellos se pusieran a cultivarlas para alcanzar la prosperidad. En lugar de eso obtuvieron sequΓ­as, epidemias, ataques de los indios, escorpiones y gorgojos tan grandes como uΓ±as de pulgar.

Los Doh que lograron sobrevivir a todo aquello eran las personas mΓ‘s testarudas que hubo nunca sobre la faz de la Tierra, la clase de gente que sigue confiando en el vigor de sus espaldas incluso despuΓ©s de que algo se las haya roto. Eso explicaba la testarudez de papΓ‘... y la mΓ­a, claro. MamΓ‘ siempre habΓ­a dicho que Γ©l y yo nos parecΓ­amos demasiado, porque ambos Γ©ramos capaces de llegar hasta donde hiciera falta para salirnos con la nuestra y si uno trazaba una lΓ­nea, el otro se la saltaba sin pensΓ‘rselo dos veces.

β€”Eh, papΓ‘.

β€”Bichito. β€”Mi padre tenΓ­a una voz muy ronca, y la perpetua impaciencia de un hombre que nunca se habΓ­a visto obligado a congraciarse con nadie la hacΓ­a sonar aΓΊn mΓ‘s Γ‘speraβ€”. EstΓ‘s guapo esta noche. Me recuerdas a tu mamΓ‘.

β€”Gracias. β€”Los cumplidos eran algo muy raro en Γ©l. Supongo que Γ©sa fue la razΓ³n por la que aΓΊn agradecΓ­ mΓ‘s oΓ­rle decir aquello, aunque sabΓ­a que mi parecido con mi madre era, en el mejor de los casos, ligero.

Hoy llevaba un esmoquin de satΓ©n verde claro, camisa blanca y una pajarita a juego, los zapatos eran un par de charoles blancos y MinSeok habΓ­a insistido en ocuparse de mi look final como el ΓΊnico omega entre el cortejo. MinSeok no me llevaba muchos aΓ±os, pero se habΓ­a mostrado cariΓ±osamente maternal, de una forma en que rara vez lo habΓ­a sido mi madre.

β€”Listo β€”habΓ­a murmurado en cuanto acabΓ³, y luego echΓ³ mano de la borla de los polvos para pasΓ‘rmela por la nariz con una sonrisita juguetonaβ€”. Perfecto.

Realmente era difΓ­cil no querer a MinSeok

Mientras papΓ‘ y yo bailΓ‘bamos, mi fotΓ³grafo vino hacia nosotros. Nos acercamos un poco mΓ‘s el uno al otro y sonreΓ­mos al destello cegador del flash, y luego volvimos a adoptar la distancia anterior.

β€”Brian y yo vamos a ir a Massachusetts maΓ±ana β€”dije.

CogerΓ­amos un vuelo comercial; yo habΓ­a cargado dos billetes de primera clase en mi tarjeta de crΓ©dito. Como las facturas de mi Visa las pagaba papΓ‘, y Γ©l nunca delegaba esa tarea en ninguno de sus subordinados, ya estaba al corriente de que el billete de Brian habΓ­a corrido de mi cargo. No habΓ­a dicho nada al respecto. TodavΓ­a.

β€”Antes de que subamos al aviΓ³n β€”continuΓ©β€”, Brian quiere hablar un momento contigo.

β€”Estupendo.

β€”Me gustarΓ­a que procures mostrarte simpΓ‘tico con Γ©l.

β€”A veces tengo mis razones para mostrarme antipΓ‘tico. Es un buen modo de averiguar de quΓ© pasta estΓ‘ hecho alguien.

β€”No hay ninguna necesidad de que pongas a prueba a Brian. Basta con que respetes mis elecciones.

β€”Quiere casarse contigo.

β€”SΓ­.

β€”Porque da por supuesto que asΓ­ podrΓ‘ viajar en primera el resto de su vida. Eso es todo lo que eres para Γ©l, KyungSoo.

β€”ΒΏSe te ha ocurrido pensar alguna vez que alguien podrΓ­a quererme por mΓ­ mismo, y no por tu dinero?

β€”Brian no es de esa clase de hombres.

β€”Eso me corresponde decidirlo a mΓ­ β€”le espetΓ©.

β€”Ya lo has decidido β€”dijo papΓ‘, y aunque no era exactamente una pregunta, murmurΓ© que sΓ­, que lo habΓ­a decididoβ€”. Entonces no me pidas mi permiso β€”prosiguiΓ³β€”. Elige y carga con las consecuencias despuΓ©s. Tu hermano no vino a preguntarme si me parecΓ­a bien que se casara con MinSeok.

β€”Por supuesto que no. HabΓ­as hecho todo lo posible para unirlos. Todo el mundo sabe que estΓ‘s loquito por Γ©l. β€”Sorprendido por la sombra de celos que habΓ­a en mi voz, me apresurΓ© a aΓ±adirβ€”: ΒΏNo podemos hacer esto del modo en que se hace normalmente, papΓ‘? Yo traigo a casa a mi novio, tΓΊ finges que te cae bien, yo sigo con mi vida, y tΓΊ y yo nos telefoneamos cada vez que haya alguna festividad importante. β€”ForcΓ© una sonrisaβ€”. No te interpongas, papΓ‘. Lo ΓΊnico que te pido es que me dejes ser feliz.

β€”No serΓ‘s feliz con Brian. Ese chico nunca llegarΓ‘ a nada.

β€”ΒΏCΓ³mo lo sabes? Β‘Pero si no has pasado mΓ‘s de una hora con Γ©l!

β€”He vivido lo suficiente para reconocer a un fracasado en cuanto lo veo.

No creo que ninguno de los dos hubiera llegado a levantar la voz, pero notΓ© que estΓ‘bamos siendo objeto de algunas miradas curiosas. Desde luego no hacΓ­a falta discutir en voz alta para que otras personas se enteraran de nuestras cosas. Me esforcΓ© por tranquilizarme, y mantuve los pies moviΓ©ndose en un vaivΓ©n de circunstancia.

β€”Para ti cualquier persona con la que quiera compartir mi vida tiene que ser un fracasado β€”RepliquΓ©β€”. A menos que me lo hayas escogido personalmente, claro. β€”En esas palabras habΓ­a suficiente verdad para que mi padre perdiera los estribos.

β€”Te organizarΓ© una boda β€”dijoβ€”, pero tendrΓ‘s que buscarte a otro alfa para que te lleve al altar. Y luego no acudas a mΓ­ cuando necesites dinero para el divorcio. Si te casas con Brian, te cerrarΓ© el grifo. Ni tΓΊ ni Γ©l recibirΓ©is un solo centavo de mΓ­, ΒΏcomprendes? Si ese chico tiene valor para venir a hablar conmigo maΓ±ana, yo mismo se lo dirΓ© a la cara.

β€”Gracias, papΓ‘. β€”Me apartΓ© de Γ©l justo cuando cesaba la mΓΊsicaβ€”. TΓΊ sΓ­ que tienes sentido del ritmo.

Mientras dejaba la pista, pasΓ© junto a LuHan, que corrΓ­a hacia mi padre con los brazos extendidos. Era el hermano pequeΓ±o de MinSeok.

β€”Β‘Ahora me toca a mΓ­! β€”chillΓ³, como si bailar con mi padre fuera lo mejor que te puede suceder en el mundo.

Cuando tenΓ­a nueve aΓ±os, pensΓ© con amargura, yo tambiΓ©n sentΓ­a lo mismo hacia mi padre.

Me abrΓ­ paso entre el gentΓ­o, viendo sΓ³lo bocas y mΓ‘s bocas... hablando, riendo, comiendo, bebiendo, besando el aire. HabΓ­a tanto ruido de fondo que no podΓ­as pensar.

Le echΓ© una mirada al reloj de pared que adornaba el vestΓ­bulo, un viejo modelo de la Bell que en tiempos habΓ­a sido propiedad del Ferrocarril Buffalo Bayou, Brazos y Colorado. Las nueve.

Al cabo de media hora debΓ­a reunirme con MinSeok en uno de los dormitorios del piso de arriba para ayudarlo a cambiarse el traje de boda y ponerse ropa de calle. Estaba impaciente por dejar atrΓ‘s ese ritual. Mi organismo ya habΓ­a tenido bastante felicidad lacrimosa por hoy.

El champΓ‘n me habΓ­a dado sed. Fui a la cocina, donde apenas se podΓ­a dar un paso por la cantidad de gente del catering que habΓ­a, y me las arreglΓ© para encontrar un vaso limpio en un armario. Lo llenΓ© de agua en el fregadero y lo apurΓ© de unos cuantos tragos sedientos.

β€”Perdone β€”dijo un camarero nerviosamente mientras trataba de esquivarme con una humeante bandeja de pescado al vapor. Me hice a un lado para dejarle paso y me encaminΓ© al comedor ovalado.

Para mi alivio, divisΓ© a Brian cruzando el arco de la puerta que conducΓ­a a la bodega de vinos y pequeΓ±o comedor auxiliar. HabΓ­a entrado por la pequeΓ±a puerta de hierro forjado y la habΓ­a dejado entornada. PensΓ© que se habΓ­a hartado del gentΓ­o y buscaba un momento de tranquilidad.

Tuve ganas de que me abrazara. Yo tambiΓ©n necesitaba un momento de paz entre toda aquella cacofonΓ­a.

RodeΓ© la mesa del comedor y entrΓ© en la bodega, repleta de toneles de roble que perfumaban el recinto. La puerta se cerrΓ³ tras de mΓ­ con un suave chasquido AccionΓ© el interruptor de la luz y me adentrΓ© en la bodega.

β€”Eh... β€”le oΓ­ murmurar.

β€”Soy yo. β€”Di con Γ©l en la oscuridad y reΓ­ suavemente mientras le rodeaba los hombrosβ€”. Te echaba de menos β€”susurrΓ©β€”. AΓΊn no has bailado conmigo.

Γ‰l contuvo la respiraciΓ³n, y sus manos se posaron sobre mis caderas mientras me tambaleaba un poco sobre mis pies. El olfato se me llenΓ³ con la fragancia del vino, y algo mΓ‘s, el aroma de la piel masculina, suave como el jengibre o la nuez moscada, alguna especia que hubiera retenido el calor del sol. Le apretΓ© la nuca con las manos y llevΓ© su boca hacia la mΓ­a, encontrando suavidad y calor, el cosquilleo de las burbujas de champΓ‘n entremezclado con el sabor de Brian.

Una de sus manos sacΓ³ mi camisa y subiΓ³ por mi espalda, provocΓ‘ndome un estremecimiento, una deliciosa sacudida, cuando mi piel desnuda notΓ³ el calor de su palma. SentΓ­ la fuerza de aquella mano, y tambiΓ©n la delicadeza con que sabΓ­a tocar, cuando rodeΓ³ mi nuca y me inclinΓ³ suavemente la cabeza hacia atrΓ‘s. La boca de Brian apenas rozΓ³ la mΓ­a, mΓ‘s la promesa de un beso que uno de verdad. DejΓ© escapar un leve gemido al contacto de sus labios y mantuve el rostro vuelto hacia arriba, anhelando mΓ‘s. Hubo otro delicioso descenso, seguido por una presiΓ³n vertiginosa cuando Brian me abriΓ³ la boca con la suya. BuscΓ³ dentro de ella, y su lengua me hizo unas suaves cosquillas que me arrancaron una trΓ©mula carcajada.

TratΓ© de pegarme a Γ©l, estrechΓ‘ndolo contra mi cuerpo arqueado. La boca de Brian era lenta e insistente, sus besos enΓ©rgicos en un primer momento para luego ir aflojΓ‘ndose poco a poco como si no les quedara otro remedio que ceder al calor que irradiaba de ellos. La excitaciΓ³n creciΓ³ rΓ‘pidamente y oleadas de deseo fluyeron por mi cuerpo hasta mi miembro, intensificando la sensaciΓ³n. No me di cuenta de que daba un paso atrΓ‘s, pero de pronto sentΓ­ la mesa para las catas de vino contra mi trasero, el duro borde incrustΓ‘ndoseme.

Brian me levantΓ³ en vilo con una asombrosa facilidad y me encontrΓ© sentado en la frΓ­a superficie de mΓ‘rmol. Entonces volviΓ³ a tomar posesiΓ³n de mi boca, todavΓ­a mΓ‘s profundamente que antes, mientras yo me esforzaba por capturar su lengua, tratando de atraerla mΓ‘s adentro de mi boca. QuerΓ­a tumbarme sobre la mesa, convertirme en una ofrenda anhelante sobre el mΓ‘rmol frΓ­o, y dejar que Brian hiciera lo que quisiese conmigo. Algo acababa de ser liberado dentro de mΓ­. Me sentΓ­a embriagado de excitaciΓ³n, y una parte de la sensaciΓ³n se debΓ­a a que Brian, quien siempre parecΓ­a tener tanto control de sΓ­ mismo, luchaba por contenerse. HabΓ­a empezado a respirar con jadeos entrecortados y sus manos me aferraban el cuerpo.

DesabotonΓ³ los primeros botones de mi camisa y me besΓ³ el cuello, saboreando mi piel delgada y sensible, y sus labios acariciaron el rΓ‘pido latir de mi pulso desbocado. Con la respiraciΓ³n sΓΊbitamente acelerada, subΓ­ las manos hacia su pelo, tan suave y abundante, capas de densa seda en mis palmas.

Que no se parecΓ­an en nada al pelo de Brian.

Una frΓ­a descarga de horror me bajΓ³ hasta el estΓ³mago.

β€”Oh, Dios β€”logrΓ© murmurar a duras penas. ToquΓ© su cara en la oscuridad y encontrΓ© unas facciones que no me eran nada familiares, el tenue roce de una barba afeitada hacΓ­a poco.

SentΓ­ un sΓΊbito escozor en los ojos, pero no hubiese sabido decir si las lΓ‘grimas inminentes se debΓ­an a la vergΓΌenza, la ira, el miedo, la decepciΓ³n, o a alguna pecaminosa combinaciΓ³n de todas esas cosas a la vezβ€”. ΒΏBrian?

Una mano fuerte me atrapΓ³ la muΓ±eca, y la boca de Γ©l se deslizΓ³ suavemente entre mis dedos. Un beso me abrasΓ³ el centro de la palma, y un instante despuΓ©s oΓ­ una voz tan profunda que hubiese podido pertenecer al mismΓ­simo diablo.

β€”ΒΏQuiΓ©n es Brian?


Notas: Soy yo de nuevo, aquΓ­ les dejo el primer capΓ­tulo de esta historia, espero sea de su agrado. Nos leemos pronto β™₯