31 curitas del corazón

Summary

Argentina ama a Canadá. Canadá ama a Argentina. ¿Algo malo? no muchos aprueban esa relación. Aquí conocerás la hermosa y tierna vida de esta pareja "inusual", momentos únicos y privados que no todos pueden observar con esos mismos ojos. 🍭¡Historia gracias a un Flufftober! 🍭Amor, amor, mucho love, y un poco de profundidad.

Status
Ongoing
Chapters
17
Rating
n/a
Age Rating
18+

Dia 1>Eye contact

Argentina aún recordaba su vida, toda la mierda por la que había vivido, sus deudas, las personas tan de porquería que se aprovechaban de su trabajo, sus vecinos, su familia...todo iba de mal a peor en su vida.

¿La solución? Pensó en el suicidio.

Sentía que el mismo universo se estaba burlando de él, de su desperdiciada juventud, y eso, lo deprimían más.

Incluso había estado meses pensando en como acabar con su vida, ¿Un disparo?, no podía, no tenía dinero para comprar un arma, ¿Ahorcarse?, tampoco, no quería estar más celeste de lo que ya era, ¿Cortarse? Posiblemente, aunque él hecho de marearse o vomitarse en medio de su desangrado le daba asco.

Así que, tras suspirar volvió a levantar la mirada, mirando aquel gran edificio, si, ahí lo haría, lo había estado mirando por semanas, así que, ya estaba decidido, ahí lo haría, se tiraría de ahí y moriría mirando ese hermoso atardecer.

Él quería que lo último que vieran sus ojos fueran algo de la naturaleza, algo hermoso y que era único cada segundo, algo no tocado ni contaminado por la soberbia del hombre...esas hermosas nubes que nunca se repetían, tan únicas y suaves...si, eso quería admirar en los últimos segundos que tuviera de vida.

Así, sin pensarlo más, se dispuso a entrar al edificio, subiendo por el ascensor, respirando con pesadez, esos serian los últimos momentos de su corta vida así que, quería apreciarlos cuanto pudiera pero...algo que no sabía, era que estaría más acompañado de lo que el pensaba.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

Subió las escaleras hacia el techo, sabia perfectamente que era un edificio viejo así que, no había seguridad alguna, lo cuál, agradecía ya que podía hacer su cometido con tranquilidad aunque...al abrir la puerta y mirar hacia un lado pudo observar una figura...

Un hombre, un alto y bien portado hombre dando la espalda hacia el.

El argentino, parpadeó varias veces, no le había visto el rostro pero de por sí parecía...perfecto, ¿O acaso era ese traje de azul marino a medida que usaba?, sin pensarlo, sus mejillas se fueron sonrojando al ver que este se estaba quitando su chaqueta junto a su corbata, dejándolas tiradas a un lado y aflojando un poco su camisa.

El latino sentía su corazón latir cada vez más rápido, ver a ese hombre de hermosa espalda acomodarse llevando su cabeza hacia atrás acariciando su cabello, como si estuviera cansado, le era bastante atractivo aunque...toda esa escena de película se fue al carajo cuando vio al más alto acercarse a la orilla del edificio.

Abrió sus ojos de par en par, viendo como este se quitaba sus zapatos y los dejaba a un lado...él ya sabía que estaba por hacer, ¡Él mismo lo había planeado!.


—¡Hey! ¡Hey! ¡Detente!


Gritó alarmado corriendo hacia el esbelto hombre, no sabia lo que estaba haciendo, simplemente reaccionaba sin cuestionarse sus acciones.

Corrió cuan rápido le permitían sus piernas, ya que, aquel rojizo parecía no poder escucharle, así...como si se tratara de una cámara lenta vio su perfecto cuerpo inclinarse poco a poco hacia adelante, viendo esos rojizos pies cada vez más despegados del suelo.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

Argentina soltaba algunos quejidos, nunca en su vida había estado cargando tanto peso, sentía sus manos sudar poco a poco, lo cuál, solo provocaba que apretara más aquel antebrazo del rojizo que con tanto empeño intentaba sostener.


—Mierda...mierda...a-ayudame..


Dijo entre quejidos a aquel rojizo, quién, aún parecía estar en su propio mundo.


Suelteme...no necesito ni necesitaré su ayuda.


El sureño frunció el ceño, eso no estaba para nada en sus planes, ¿Ayudar a un suicida cuando el pensaba hacer lo mismo?, ¿Qué clase de estúpidas frases motivacionales se debía decir en esos momentos?.


—La...la vida es bella, si tienes problemas me los puedes decir, por favor, yo no soy fuerte nos vamos a caer los dos y yo aprecio mi vida.


Comentó, claramente mintiendo, aunque debía admitirlo, incluso el sentía que decir esas palabras era muy cliché, tal vez hasta el mismo rojizo lo había adivinado, ya que, por su propia cuenta fue poco a poco soltándose entre sus manos, por lo que, el latino al ver eso solo lo sostuvo más fuerte, jalándolo a cuanto su fuerza lo permitía.


—¡Enserio ya déjeme! ¡No se meta en mi vida! ¡Usted es un total desconocido, ya déjeme antes de que llamen a la policía! ¡Déjeme morir en paz, maldita sea!.


Argentina sintió que eso fue la gota que derramó el vaso, de por sentía que su vida era una mierda, ese día lo habían tratado mal en el trabajo, lo habían tratado como basura, y ahora, que intentaba hacer algo “bueno” por alguien, le gritaban, así que, arreglaría aquello por su cuenta, con sus propias palabras ya que, paciencia no le quedaba.


—¡A ver escúchame maldita cucaracha de porquería! ¡Hoy tuve un día de mierda, todos mis días son pura mierda y ahora que hago algo bueno por alguien, resulta ser un bueno para nada mal agradecido! ¡Si no aprecias tu vida entonces tírate de otro maldito edificio, no en este! ¡Si vas a suicidarte se considerado por una vez y tírate a otro que yo pensé primero en tirarme de este! ¡¡Hey!! ¡Mírame cuando te hablo, carajo!


Gritaba el latino con enojo y molestia, sin saber que apretaba más aquel antebrazo, mirando hacia la cabeza de aquel hombre, quién, solo había estado mirando el lejano suelo aunque...cuando este levantó su cabeza, sus miradas chocaron...

Argentina sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, mirando esos ojos rojizos tan profundos, carentes de brillo pero a la vez tan vivos...era como si sus propias almas estuvieran teniendo una profunda conversación ya que, el rojizo miraba con total atención los brillantes ojos dorados del albiceleste, para él, eran únicos, esa profunda y extraña calidez que le provocaba verlos eran solo similares a la última compañía que le había otorgado el sol en ese atardecer.

Y, aunque él momento era algo íntimo y único para los dos el argentino empezó a preocuparse al sentir como sus manos, al estar sudadas de los nervios, empezaban a perder la fuerza.


—No...no, no, no.


Intentó volverse a agarrar de aquella camisa pero sus manos terminaron por soltar aquel brazo, estaba por gritar cuando notó que aquel hombre se sostenía aún de la orilla del edificio con su otro brazo, como si fuera alguna especie de burla, por lo que, sin pensarlo dos veces le tomó de los cabellos rojizos y lo jaló hacia arriba hasta obligarlo a subirse al techo escuchando sus quejidos.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

—¡Maldito bastardo! ¡Hijo de remil puta casi me das un paro!


Regañaba el latino teniendo a ese hombre acostado encima suyo, por lo que, aprovechaba que no podía moverse para darle golpecitos en sus hombros y espalda en medio de su berrinche ya que, por unos segundo pensó que él también podría haberse caído por ahí.

Claro que, sus berrinches cesaron cuando el rojizo se fue enderezando poco a poco, volviendo a tener ese electrizante contacto visual, dejando a ambos callados por unos segundos ya que, sus miradas chocaban de manera directa por varios segundos, como si no pudieran separar la vista del otro.


—...Me llamo Canadá.


El latino al ver la mano del hombre guapo dudó un poco pero tras unos segundos decidió estrecharla.


—Y yo Argentina...


Dijo desviando la mirada al fin, ya que, por sus adentros no podía aguantar la belleza que era aquel canadiense, habían muchas cosas que el no entendía, ¿Por que alguien tan hermoso querría acabar con su vida?, no parecía pobre para nada, incluso podría trabajar de modelo sin problema alguno así que...muchas dudas entraron en su cabeza aquel día.

Next Chapter