Querido Acosador

Summary

Michel tiene prosopagnosia, una discapacidad que le hace incapaz de reconocer o recordar a las personas. Durante su infancia conoció a Peter, y en diferentes etapas de su vida lo ha ido encontrado, sin embargo, es incapaz de reconocerlo. Por otro lado, Peter la reconoce casi al instante, volviéndolo a enamorar cada vez más en cada encuentro, creando así una obsesión.

Genre
Romance/Erotica
Author
Nina
Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

Una risa... Una dulce risa... ¿De quien es? ¿Por qué me sonríes así? Te ves tan dulce e inocente, me duele verte... ¿Quien eres? Ah... Te extraño... Tu mirada azúl...


Abrió sus ojos al sentir la molesta luz solar, miró a su alrededor con desinterés.

«Quiero morir...»

Enormes ojeras decoraban sus ojos, tenía los labios partidos y la boca seca.

«¿Qué hora es?»

Buscó con pereza su celular entre las sábanas, lo encontró debajo de las almohadas.

La pantalla mostró Mier. 06, 7:40am.

«Dormí tres horas...»

Soltó un suspiro y volvió a apoyar su cabeza en la almohada.

«Estoy cansada de esto, no quiero seguir viviendo...»

Cerró los ojos.

«Si muriera hoy, ¿Cuándo encontrarían mi cuerpo? Se demorarían mínimo una semana y aproximadamente 12 días siendo realista... Las vigas son débiles y no me gusta cómo me vería estando colgada, se me podría incluso romper el cuello... No tengo una tina y si la tuviera mi cuerpo se hincharía por estar tanto tiempo en el agua... No hay puentes suficientemente altos en esta ciudad, a lo más quedaría lesionada pero no moriría... Los trenes dejaron de funcionar hace mucho tiempo y si me atropella un auto las posibilidades de quedar viva...»

La ruidosa alarma que marcaba las 8 de la mañana la sacó de sus pensamientos.

«¿Debería ir al colegio hoy?»

Puso a cargar su celular, hace mucho que su celular dejó de ser un consuelo que la distraía.

«Prefiero ir al colegio que seguir aquí»

Se levantó con lentitud, se quitó la ropa del día anterior y se bañó con agua fría, se vistió y no se molestó el peinarse.Desayunó un vaso de leche con un pan, lavó el vaso que usó.Tomó los 20 dólares que estaban encima de la mesa y salió de su casa cerrando con llave y guardando el celular.

«Mamá, 20 dólares no alcanzan para un mes»

Pensó mirando el dinero en su mano.

«¿Debería comprar alcohol? ... Que triste embriagarse sola»

Se rio por sus propios pensamientos y entró al colegio sin importarle si estaba tarde o no.

Entró al salón, la profesora aún no llegaba. Buscó un asiento al lado de la ventana, puso su vieja mochila encima del pupitre y se sentó en la silla con pereza, miró por la ventana a unos chicos jugar básquetbol en la cancha.La profesora entró, no se molestó en saludarla como el resto de sus compañeros, al contrario, solo hundió su rostro en la mochila con la intención de dormir, sin embargo, como siempre, no lo logró.

La profesora que ignoró la falta de respeto empezó a nombrar a todos sus alumnos uno por uno, para hacer entrega de las calificaciones del último examen.

–Michel — Llamo la profesora, pero nadie atendió. — Señorita Michel — Volvió a llamar.

La escuchaba, pero no se quería mover.El compañero de al lado la meneó un poco.

–Michel, te llaman.

–Voy — dijo levantándose con pereza.

La profesora la miró con odio y le entregó su calificación.76/100 una muy buena calificación para alguien que no venía a clases y si lo hacía solo “dormía”.

En silencio volvió a su asiento y sin ningún cuidado guardó la hoja en su mochila.Volvió a su intento por dormir hasta que acabó la clase y solo se levantó tomando su mochila para salir a receso.

Se sentó en un pasillo oculto, reviso la parte interior de su cuaderno y vio varios nombres anotados al azar con su letra, parecía que lo había escrito desesperadamente.

«Damián»

Leyó uno de los nombres escritos.

«¿Quién era?... Ah... Parece que olvidé a alguien más...»

Pensó con algo de tristeza, tachó el nombre con un bolígrafo negro.

«Peter...»

Cerró los ojos y se le vino a la mente una inocente mirada azulina de un pequeño niño.

«No sé quién es, pero tiene unos lindos ojos...»

Guardó el cuaderno y se puso los audífonos para escuchar música mientras intentaba dormir nuevamente.Esa mañana estaba algo fresca pero realmente no le importaba mucho el frío.

«Me siento sola...»

Pensó antes de caer dormida.

Despertó y el sol abrazador le llegaba en la cara.

–Hace calor... — se quejó mirando la hora.

12:48pm.

«A esta hora todos están en clases... Voy a la biblioteca o me pongo a vagar»

Se intentaba decidir.

–¡He! — la llamó un chico.

–Dime.

–¿Tu eres la que vende?

–Si.

–¿A cuánto?

–Dos dólares la pastilla.

El chico con disimuladamente le pasó el dinero y ella de la misma forma le entregó la pastilla.

Decidió ir al baño. Bebió agua y sintió nauseas.

–Maldita sea — entró en uno de los cubículos y vomitó sintiendo su estómago apretarse. — Solo déjame morir — susurró para sí misma.

Se sentó cansada en el suelo del baño.

–Vámonos a la mierda — se limpió la boca y se fugó saltándose el muro del colegio.

Caminó por la ciudad hasta un parque donde se acostó en el pasto a la sombra de un árbol.Miró el celeste cielo decorado con blancas nubes.

–Quiero morir...

Luego de un largo rato se fue a su casa.Se quedó parada unos minutos enfrente de la puerta de su casa, sin querer entrar realmente. Inspiró hondo y entró encontrándose todo a oscuras y tal y como ella lo dejó.

–Odio la oscuridad...

Tiró su mochila encima de su cama y sin prender la luz se cambió de ropa. Unos ajustados jeans negros de mezclilla, en vez de usar un brasier se puso parches en los pezones, tomó un top negro con el logo de una banda de rock, encima se puso un holgado polerón que cerró completamente, peinó un poco su cabello hacía atrás y se colocó un jockey negro. Tomó su mochila y salió nuevamente.Caminó entre callejones hasta llegar a un mural que escaló y sentándose encima contempló la ciudad.Respiró de la fría brisa mirando el paisaje nocturno.

De repente su celular sonó. Miró la pantalla.

[Llamada entrante... Lucy😘]

–¿Lucy? — Contestó la llamada.

–Linda~

–¿Qué quieres?

–¿Te quedan pastillas?

Michel miró dentro de su mochila.

–Algo ¿Por? ¿Cuántas quieres?

–Dame la bolsa.

–¿Tienes 40 dólares?

–Si, mi amigo tiene dinero.

–De acuerdo, ¿Dónde estás?

–Estoy en la Avenida Roch con San Marcos.

–¡Qué mierda Lucy! ¡Eso queda a las afueras!

–Porfis — Suplicó.

–Te cobraré 50.

–Que sean 45 y te doy comida.

–Trato.

–Gracias Michel, eres la mejor~ — dijo melosa.

Cortó la llamada casi al instante.

Bajó del mural y se dirigió a una parada de buses, a esperar el que le sirva. A los 30 minutos llegó uno y tras 40 minutos de viaje por fin llegó a su destino. Abrió el chat y le escribió a Lucy.

[Lucy, ya estoy en la parada, ¿Dónde estás?]

[Voy a buscarte, estoy cerca, me verás enseguida.]

[Ok.]

De entre la oscuridad se abrió paso la sensual figura de una chica.

–Hola Lucy — Saludó estoica.

–Hola Michel~ Sígueme — dijo tomando por el brazo a la chica de cabello negro.

–¿Que tienes para comer?

–Come todo lo que encuentres en la mesa — Dijo desinteresada Lucy.

Se acercaron a una casa de donde se podía escuchar una fuerte música y se podían ver luces parpadeantes desde la ventana.

–¿Una fiesta? — dijo en forma de reproche.

–Si ¿Y?

–Lucy son apenas las 8 de la noche.

–¿Que tiene? La casa ni es mía — Dijo quitándole importancia al asunto — No te pongas así, de seguro esta noche vendes todo y te vas con buena pasta, además hay comida.

Michel no dijo nada más y solo siguió a Lucy hacia el interior de la casa.

Había pocas personas en el interior, se acercó al comprador e hicieron la transacción, fácil y simple.Guardó el dinero en su mochila y se fue a comer.No había nada muy nutritivo, pero era comida, la música era de su gusto por ahora, aunque el volumen era molesto.Poco a poco fue llegando más gente, algunos se le acercaba a comprarle y otros a invitarla a bailar. Solo aceptó a los primeros hasta que se quedó sin pastillas.

Michel se había hecho buen dinero esa noche así que estaba de buen humor.Buscó a Lucy con la mirada y la encontró besándose hasta el alma con un tipo.

–Lucy — la llamó repetidamente — ¡Maldita sea Lucy, préstame atención! — le gritó.

—¡Ay! ¡qué quieres! — exclamó fastidiada.

–¿Quien vende hierba?

–Te dije que te harías buena pasta — dijo juguetona.

–¿Que? ¿Que vende tu amiga? — preguntó el tipo aun sujetando la cintura de Lucy.

–Clona, pero ya se me acabó.

–El tipo de la hierba era uno de lentes con barba.

–Eso no es muy específico.

—¡Ay! Es que no me acuerdo cómo se llama — dijo intentando hacer memoria — ¿Te acuerdas como se llama el tipo que vende la hierba?

–¿Quien? ¿Franco?

–Ese mismísimo, pregunta por Franco.

–Dale... — Michel miró con fastidio la multitud y se mezcló entre ella.

Preguntó por Franco hasta que dio con él, el tipo se encontraba bebiendo tranquilamente en una esquina junto a un grupo de chicos.

–¿Tu eres Franco? — Preguntó Michel.

–Si.

–Me dijeron que estabas vendiendo hierba.

–Si amiga, pero se me acabó, lo siento.

–No, no te preocupes, se cómo es esto — dijo Michel despidiéndose.

«¿Que debería hacer ahora?»

Se preguntó saliendo hacia el jardín.

Todo estaba más tranquilo ahí, la verdadera fiesta acababa de empezar y con el frío de la noche nadie quería salir. Sorprendentemente se encontró con un tipo de cabello negro largo de aspecto gótico y hermosos ojos azules, estaba sentado en el pasto fumando tranquilamente un cigarrillo.

Michel lo miró con detenimiento. Pantalones ajustados, una chaqueta de cuero con púas, botines negros de correa y una camiseta negra sin mangas con el logo de una banda de metal, uñas pintadas de negro y accesorios que le daban un estilo más agresivo.

–Me gusta tu estilo — Lo elogió Michel, el chico pareció ignorarla.

En silencio siguió fumando su cigarrillo. Las noches frías como esa ponían melancólica a Michel.

–¿Me regalas un cigarrillo? — le preguntó al chico a su lado.

–Claro. — aceptó él sacando uno de la cajetilla que tenía entre las manos.

–Puedo prenderlo con tu cigarro —Dijo tomando el cigarrillo y poniéndolo en su boca.

El chico se acercó a ella y con la punta encendida de su cigarrillo encendió el de ella.

«Tiene unos ojos hermosos, me recuerda a alguien ¿quién era?»

–Gracias. — Dijo limitándose a fumar mirando la luna llena.

Ninguno de los dos tenía la intención de iniciar una conversación, cada vez hacia más frío. Michel miró la pantalla de su celular y este marcaba la 01:08am. Relativamente temprano.

–¿Te aburre la fiesta? — Preguntó Michel.

–Algo.

–¿Y si nos vamos? Te invito unas cervezas.

El chico se levantó con pereza.

–Te sigo.

Michel le sonrió con simpleza.

«Es muy aburrido beber sola»

Pasaron a una tienda, Michel compró varias botellas que hecho a su mochila. Caminaron entre callejones hasta que llegaron a un mural.

–¿Sabes escalar? — preguntó Michel.

El chico solo le sonrió arrogante y con mucha agilidad escaló sentándose en el borde. Michel también escaló sin tanta agilidad, pero con determinación. Se sentó al lado de aquel extraño chico, abrió su mochila y sacó una cerveza para cada uno.

–Pon música, no seas aburrido.

–No creo que te guste mi música — Comentó abriendo su botella y bebiendo el líquido.

–Lo dudo — Dijo Michel bajando el cierre de su polerón mostrando el logo de su banda favorita y aquel chico sonrió complacido.

–Conste que te lo advertí — sacó su celular y puso algo de Slipknot.


Me colé en una fiesta con buena música, pero a medida que llegaba gente la cosa se ponía fastidiosa.Salí para fumar un cigarrillo, me senté en el piso y disfruté del frío de la noche.

Al rato salió alguien, no le presté atención hasta que sentí que me estaba mirando mucho, me giré para encarar al maldito, pero no esperaba encontrarme con un rostro conocido.

«¿Michel?»

Me quedé embobado viéndola, había cambiado mucho desde que la vi la última vez, pero definitivamente era ella, y seguía siendo tan hermosa como siempre.

–Me gusta tu estilo — Me dijo con aprobación.

Me quedé mudo, mis orejas ardían.

«Mierda, me estoy poniendo rojo»

Oculté mi sonrojo y seguí fumando.

–¿Me regalas un cigarrillo? — me preguntó repentinamente.

–Claro. — apenas pude formular una simple respuesta.

«Me estoy poniendo cada vez más nervioso, hace mucho que no la veo... ¿Desde cuándo fuma?»

–¿Puedo prenderlo con tu cigarro? — me pidió tomando el cigarrillo que le regalé y poniéndolo en su boca.

«Carajo, se ha vuelto muy sexy»

Hice lo que me pidió y con esa cercanía podía sentí su aroma.

–Gracias — me dijo con voz serena.

Miró la luna y yo la miré a ella embobado.

«Tengo tantas preguntas que quiero hacerle, pero parece que no me recuerda»

Miró la pantalla de su celular y me sonrió.

–¿Te aburre la fiesta?

–Algo.

–¿Y si nos vamos? Te invito unas cervezas.

«¿Será una señal?»

Me levanté sintiéndome entumecido.

–Te sigo.


Es curioso como pasa el tiempo, antes de darse cuenta ambos estaban completamente ebrios en la habitación de Michel, y esta misma contaba lo jodida que era su vida con humor, Peter la escuchaba atentamente con una sonrisa estúpida que no suele tener.

–Y así pase mi décimo cumpleaños, fue una locura, como odio al tío Dion.

Peter estaba ebrio, pero se juró recordar a ese Tío Dion y propinarle al menos un golpe.

–Te toca — dijo Michel mirándolo fijamente.

–¿Qué cosa? — preguntó dándole un sorbo a su cerveza.

–Hablar de que tan jodida está tu vida — Peter soltó una risita entre dientes, algo que Michel encontró jodidamente sexy.

–No es algo que quieras escuchar cariño.

Ante la negativa Michel se subió encima de él y lo besó, Peter correspondió gustoso.

–Lucy me dijo que un hombre que se niega a hablar de su pasado es porque o es muy doloroso o es peligroso.

–¿Y cuál crees que es?

–Por tu mirada diría que es la primera.

–No me analices — dijo besándole la mejilla absteniéndose de morderla y hacerla suya en ese momento.

Luego de aquello solo fueron coqueteos y pequeños besos tiernos.