-MIDAS-
El polvo y la mugre llenaban el ambiente, como neblina fría que informaba lo horrible que era todo alrededor...era una manera aterradoramente precisa de ambientar la situación que se llevaba a cabo.
El amanecer gris impactaba todo a su alrededor, dejando a todos los que deseaban que llegara la luz del sol impacientes y desesperados, mientras el sol seguía oculto entre las nubes oscuras, negandose a salir y ver tal sangrienta batalla.
Hechizos volaban por todas partes, gritos de diferentes encantos y alaridos de dolor llenaban todo el escenario, una contaminación sonora digna de la pesadilla a la que pertenecía, y de la memoria que atormentaria a los sobrevivientes de este encuentro.
Luces de diferentes colores inpactaban paredes y seres vivos que luchaban en esta guerra, habian caídos en batalla de ambos bandos, pero ninguno retrocedia por el deseo de ver a su bando encima de todos.
No era el que venciera, era el que no muriera primero, en eso se convirtió esa lucha.
Personas fieles a sus creencias caían uno a uno por varios hechizos que atravesaban su piel cuando bajaron la guardia, ya sea por cansancio, agotamiento, el shock de perder a alguien o por verce vencido.
Incluso a los de horrible corazón se les revolvía las entrañas por lo que veían junto a ellos, sangre y muerte, mugre y destrucción, todo en cada esquina y en cada parte del piso perteneciente a lo que antes era la entrada a Hogwarts.
Los elfos domésticos peleaban con los mortífagos con cuchillos de cocina y demas, habían centauros con lanzas y flechas y hombres lobo con garras y colmillos.
Habian magos desgarrando sus gargantas con tal de lanzar hechizos y brujos oscuros que regalaban maleficios cómo dulces envenenados a niños muggles.
Las personas del bando de la luz temblaba mientras intentaba mantenerse fuertes, al igual que la barrera de hogwarts que los habia rodeado hace un rato.
Querían ignorar como había terminado esa barrera, pero era obvio las consecuencias de la caída de esta, por eso no caerían ellos, no querían ver a su seres queridos pagando esas consecuencias.
Gritos de victoria y dolor, hechizos de todo tipo, trampas y maleficios, iluciones y envenenamiento, traiciones y complots, todo conformando la escena de una batalla caótica y mortal que quedaría en la historia, siendo escrita solo por quien ganará la guerra.
Siendo recordada con alegria solo por los que ganaran está atrocidad.
Esa era la batalla que elegiría que bando controlaría todo, quien tomaría la decisión, que lado de la magia era más fuerte y quién mandaba al infierno a quien.
Pero ninguna de esas pequeñas luchas que formaban la gran batalla era tan importante como la que se daba en medio de todo, los dos elegidos por el destino para enfrentarse llevando con ellos los títulos de la luz o la oscuridad, uno contra el otro con sus varitas en mano en una lucha de magia.
Rojo y verde se enfrentaban luchando fervientemente por avanzar con tal de cumplir su objetivo, matar o lanzar lejos la varita del otro, ambos chocando en una combinación caótica y hermosa de magia.
A su vez los mismos colores en lados contrarios luchaban mirada contra mirada, evitando el miedo en sus pupilas para mostrar una decisión fuerte y furiosa de acabar con el otro.
Los magos que dirigían esos hechizos se mantenían serios y con la cabeza en batalla, mirando a su oponente y esperando cualquier desliz del otro para poder vencer.
Lord Voldemort, también conocido como el señor oscuro, estaba frente su némesis y el destinado a matarlo.
Se enfrentaba al niño que no pudo matar hace tantos años, al niño que vivió sin importar cuánto intento matarlo, el niño que se profetizaba, estaba destinado a destruirlo con un poder que él no conocía.
Pero para mala suerte de
Harry Potter,
èl era el lord oscuro, ya había vencido la muerte; no había nada que no conociera y no había nada que lo derrotara.
O eso pensó.
Al segundo siguiente lo que pasó por su cabeza fue temor, una sacudida de miedo que no pudo evitar, un escalofrío helado, algo que ciertamente no estaba acostumbrado a sentir.
Pero tenía una razón, lo sintió, cómo si fuera su cuerpo el que se pasó por eso, el hijo de los Longbottom corto el cuello de su preciada Nagini.
Su horrocrux había sido decapitado por un débil niño y una espada brillante y de oro que la había dividido y matado, y el había sentido el filo de esa espada en su propio cuello.
Pero pronto recupero la razón, estaba en una pelea con Potter e iba a ganarla sin importar que, estaba cerca de lograrlo y nada lo detendría, no era nada uno o dos horrocrux menos, aún le quedaban varios que aseguraban su poder e inmortalidad y eso no cambiaría.
Dirigió sus ojos a Potter cuando noto su hechizo torcer, uso más magia y miro al niño que representaba su supuesta destrucción, pero lo que vio lo desconcertó, y más miedo oculto se removió en él.
El niño era conciente lo sucedido, estaba seguro, el poco miedo humano que podía sentir se había asomado y Harry Potter lo había visto, podía sentirlo, el niño había sido un horrocrux que ya no existía, así que esa conexión ya no estaba allí, pero el lo sabía, el chico conocía lo que pasó con su Nagini y parecía un gato que había conseguido lo que queria.
La pequeña sonrisa depredadora que llegó a las comisuras del chico lo puso alerta, pero nada lo preparo para lo que sintió.
Dolor
Mucho dolor
Lo invadió una sensación horrible, nada con que compararlo, sentia todos los pequeños pedazos de su alma estrujandose y encogiendose, algo lo invadía por dentro, algo le pasaba a todos sus horrocrux a la vez, todos encerrandoce a si mismos hasta la destrucción.
Sintió los chillidos de desesperación que soltaban, eran su alma después de todo, también sentían dolor, pero sus horrocrux, afortunados, solo sentian un poco, él lo estaba sintiendo todo, cada crujido que soltaban al verce obligados a envolverse en si mismos para sobrevivir a lo que fuera que estaba pasando, todo eso multiplicado y enviado directo a su pecho.
Uno por uno reventando a pocos segundos del otro, como fuegos artificiales en su interior que quemaban cómo llama infernal y lo obligaba a retorcerse de dolor, algo tan dentro de si que ardia, quería arrancarse el pecho, realmente dolía.
Por ello, en medio de su desesperación y sin pensarlo, solo conciente de la necesidad de detener ese sentir, de alejar más dolor insoportable, solo por eso, soltó el hechizo destinado a su enemigo y perdió su varita.
A penas lo noto cuando sucedia, y el sabía bien que ese pequeño desliz podría ser su perdición, pero esa sensación tortuosa estaba enterrando sus uñas en su pecho, y no pudo resolver nada hasta segundos después.
Hizo magia sin varita y recupero la madera perdida con el propósito de destruir lo que sentía, era lo único que le interesaba ahora
El se había vuelto así para no sentir dolor, había renunciado a su belleza por fuerza, por resistencia, para evitar eso.
Cambio su forma para ya no ser débil, no para sentir como cada fragmento de su alma se retorcía en una jaula cada vez más pequeña mientras sufrían y él sufria enormemente.
Estaba listo para lanzar cualquier hechizo que sirviera para detener el dolor que aumentaba en cantidad, cada vez superiores a lo posible, pero no hizo nada, no cuando un sentir diferente, pero aún más aterrador, lo invadió.
La sensación de perdida fue aterradoramente real, como se rompia la conexión con su último horrocrux, cómo era mortal de nuevo, cómo perdía todo y se volvía
debil.
Solo, en ese shock, en ese miedo, que ya no estaba en sus entrañas si no respirando por su piel, dándose cuenta de lo que había perdido, de lo que había pasado, ahi lo descubrió, la debilidad que lo invadió se lo dijo.
Y el descubrimiento lo lleno una vez más de rabia incandescente y destructiva.
El maldito niño había destruido sus horrocrux de alguna manera, sabía que era él, él muchacho que vivió los había encontrado y él no lo había notado, no, no lo noto.
Y con la rabia y miles de pensamientos de culpa y pesar, de recriminarse tan fatal daño, todos llenando de neblina los ojos del señor tenebroso, no noto como el niño desaparecía tras una tela sin forma o color evidente.
El golpe de debilidad fue tan fuerte que no noto la falta de Harry Potter frente a él, él niño había desaparecido.
Pero el señor oscuro estaba demaciado dentro de su dolor y susto como para reaccionar o notarlo siquiera.
El mortal silencio en la zona central, en medio de todo, provoco que cabezas se levantan, curiosas y temerosas por los resultados de esa importante batalla.
Su señor no festejaba, cómo dignamente un señor tenebroso hacia, no, solo había silencio, uno que se extendió hasta las demás peleas, detenidas por los mortífagos alertados por el cambio.
El bosque, el castillo, el prado, fueron vaciados por los luchadores sangrantes, que incluso a rastras se esforzaban por ver la situación.
Se dirigieron a dónde todo el enfrentamiento comenzo, donde se decidía que bando controlaba, quien ganaba, allí iban los pies pesados, dónde se elegía el futuro de su mundo.
Solo para encontrar al señor tenebroso solo y casi en shock, provocando reacciones idénticas o peores en sus seguidores, temerosos por la vista.
El poderoso heredero de Slytherin se encontraba encorvado en cólera, ira y miedo, mirando sus manos mientras estás y todo su cuerpo temblaba, más pálido de lo que debería ser posible y más asustado de lo que ningún ser vio alguna vez.
Incluso el viento dejo de sonar, dejando los ecos de las batallas tan abandonados que parecía irreal.
Todos ellos eran concientes, si el que los lideraba, quien los representaba, caía, no había mucho que pudieran hacer.
Los mortífagos sabían, su señor se había levantado de nuevo, pero todos habían dado su cara, si el volvía a caer, no era un verdadero señor oscuro, pero sería tarde para arrepentirse, por qué con sus marcas reveladas y las nuevas perdidas, la gente de la luz sería sádica con su destrucción.
Quienes se consideran luz pensaban igual, si Potter, su salvador, moría allí, esa era una batalla perdida, podrían avanzar, pero solo en ese niño estaban las esperanzas de su mundo.
Que halla desaparecido era inquietante, se había levantado de la muerte hace un momento, aunque no sabían que tan real era eso, y el líder de la oscuridad temblaba de temor, pero temían si eso era bueno para ellos.
Al final toda la multitud se encontraba, sin mirar a nadie más, sin pelear, sin odiar, solo observando dónde se estaba eligiendo el destino del mundo mágico, encontrando un escenario extraño, a falta de una palabra mejor.
Los ojos alejados, el enorme silencio, el cambio de magia alrededor, eso logro despertar al señor tenebroso, permitiendo a todo el que podía ver, cómo este regresaba a la batalla.
Todos lo vieron, lleno de ira la cabeza de Voldemort se levantó como un látigo de cuero, dirigiéndose a dónde había estado el salvador de la luz.
Pero igual que todos, lo encontró decierto, y el pánico inevitablemente lo invadió.
Una vez más se sintió más pequeño que su montaña de pensamientos ¿Que estaba haciendo el maldito Harry Potter? ¿Dónde estaba? ¿A dónde fue?
El terror de su rostro fue tan real e impactante que todos los que observaban cómo espectadores dieron uno o varios pasos hacia atrás, llenos de horror.
El silencio incómodo y mortal termino de envolver todo a su alrededor mientras Voldemort seguía mirando con miedo dónde el niño había estado una vez, consumíendo su cabeza con pensamientos llenos de temor e irá, ahora era mortal, era un pedazo de alma fácil de matar, y el niño tenía que desaparecer ahora.
Harry Potter iba a matarlo, pero aún mortal era más poderoso, solo tenía que encontrarlo y matarlo antes de que ese niño pudiera matarlo.
¿Verdad?
En su cabeza pasaron tantos pensamientos que incluso como maestro en oclumancia era dificil soportarlos, se aparto de su alrededor para arreglarlo, el niño debía de haber huido y no atacaría pronto, eso parecía ser, en ese momento primero tenía que ordenar sus pensamientos, era su prioridad.
Y eso se dedicó a hacer, todos los atentos a la situación veían como el señor tenebroso Miraba a un punto en particular, sin mirarlo realmente.
Pero a cambio de la creencias de algunos sobre estar lanzando un hechizo de gran concentración o localizar algo con magia, el estaba organizando su cabeza para elegir que hacer primero, ¿Terminar de tomar Hogwarts? ¿Curar a sus mortífagos? ¿Esparcir el terror? ¿Matar a los sangre sucias? ¿Buscar a Harry Potter?
Aún así, por muy importante que fuera la siguiente decisión, todos esos pensamientos fueron interrumpidos por una ola de peligro que lo lleno de pies a cabeza y en lo profundo de su piel, deslizándose hasta sus poros, saliendo de él y avisando peligro inminente, pero aún para ser un señor tenebroso
fue muy lento.
Rápidamente y sin que él lo notará o lograra evitar, como una serpiente sedienta lista para quitarle la vida, una mano helada y fria toco su pálido cuello, justo en la yugular, dónde su pulso se sentía rápido y torpe, y ahora se había descarrilado mucho más, el temor se escurrió en toda su columna y el único pensamiento que pasó, cómo letras mayúsculas fue "voy a morir".
¿Era ese el toque de la muerte? No podía morir, no ahora, aún debía Matar a Harry Potter, aún debía gobernar Gran Bretaña, aún debía tomar Hogwarts, el era Lord Voldemort, era indestructible.
Trago grueso antes eso, no,
ya no lo era,
y con eso en mente el miedo se volvió un ser vivo salvaje y destructivo que jugaba con su sistema nervioso, tocando cada nervio, tan fuerte y real que causaba dolor.
El terror en él ya era una bestia, y él lo sentía en cada parte de si, deformando sus cara para que todos lograrán ver lo que sentía, en su máxima expresión.
Un aliento cálido lo aterró más, una sacudida, un rugido de la criatura cruel, sentía su cuello y cuerpo entumecerse, pero con convicción aún así intento ver qué había allí.
—
Realmente
nunca pensé, que la cara de terror de un señor oscuro fuera tan— un suspiro cálido justo encima del agarre helado —
confortante
— susurro la voz, demaciado cerca de él.
Demaciado cálida a contraste de la fría mano que se se posaba sobre si, queriendo quitarle la vida
lentamente.
Era una voz inusualmente poderosa y peligrosa, sonaba demente y a legre, cómo solo un loco podía sonar, como un desastre atrayente, con un tono grueso y sedoso cargado de magia que irradiaba muerte en cada aliento, un aliento demaciado cercano.
No era como él, que necesitaba sicear y hablar en tonos bajos y amenazantes, incluso con su antigua belleza con él, no, la voz que escuchaba era peligrosa, más peligrosa que muchas cosas, más peligrosa que él, irradiaba peligro, pero sonaba calmante, melodiosa, como un castigo que sin importar lo que hagas, no podrías evitarlo.
Esa voz sonaba como la
muerte.
Y esa muerte expresaba diversión y satisfacción por lo que él estaba sufriendo, con ese tono burlesco que indicaba lo feliz que estaba de su miedo, la alegria que sentia por su terror.
Pronto sintió que no podía moverse mientras la desesperación llegaba a niveles que casi ningún humano había logrado pasar, algo helado comenzó a crezer en su piel como una capa de hielo que siempre aparecia junto a los dementores, pero nunca tan frío como la mano que posaba sus dedos justo donde ya no podía sentir su pulso.
Entonces, sin poder mover la cabeza por alguna razón desconocida, voltio sus ojos lo mejor que puso para ver a la muerte que estaba a su lado, ver qué lo estaba haciendo sufrir asi.
Sus ojos dolieron un poco por tal esfuerzo, no estaba acostumbrado a ver a su costado o a ningún lugar que no fuera debajo del, dónde sus súbitos siempre se arrodillaba.
Aún así logro notar el cuerpo firme y elegante que se posaba casi sobre él, no era un esqueleto, como la muerte fue pintada alguna vez, y se sentía más real, y esa realidad lo asustó aún más, por qué reconoció quien era.
A pesar de los ojos dementes y con brillo poderoso, el cabello prolijo y más largo, la cara limpia y la sonrisa orgullosa y satisfecha como depredador contento, logro reconocer quién era, el maldito Harry Potter, eso era quien tomaba su cuello, mirándo con gusto su miedo ¿Eso era lo que sentían sus víctimas? ¿Ahora sería la víctima de Harry Potter? ¿Por qué Potter se comportaba así?
—Shhh— soltó el niño sin apartarse de su cuello, dirigiéndose una mirada casi...hambrienta.
Voldemort no pudo hacer nada, ni si quiera estremecerse, solo estaba congelado, a penas logrando procesar lo que veía, y aún así, no lograba entender.
—Piensas demaciado— susurro —Te puedo escuchar pensar desde aquí— se burló él con tranquilidad
Esa tranquilidad, esa sonrisa sofisticada y elegante, victoriosa de un modo suave, provoco todo lo contrario en el señor tenebroso.
Entonces, su miedo ya no era como una serpiente que se envolvía hasta asfixiarlo, presionando cada parte de él, llevándolo a su muerte mientras era conciente de que iba a morir, no.
Su miedo ahora tenía forma de un formidable Dragón, enorme e imponente, poderoso, que lo calcinaria, llevándolo a sufrir en fuego infernal, llenandolo de dolor y manteniéndolo vivo hasta el último segundo de su sufrimiento, ese era su miedo.
Y Harry Potter parecía muy conciente, y hasta
satisfecho
, de eso.
—Tienes preguntas ¿No?— pregunto el con zaña, alegría —Mmm, déjame concederte esto, si, el saber
que
está pasando— murmuró con un tono melodioso, que congelaría de miedo a quien le oyere, ese tono sonriente y burlon, cruel y dulce.
Como un ángel que impartia castigo, uno sádico, uno que se había fijado en Voldemort y lo haría sufrir, liberando su sed por el sufrimiento que tenía, con la escusa de los pecados que había cometido él.
Cómo si sus pensamientos fueran visibles para ese demonio lleno de elegancia y belleza, se rió con gracia y humor, antes de volver a hablar —No puedes responder, estas paralizado, mmm, pero déjame decirte algo— menciono, burlándose por lo que sea que le hizo.
Con la gracia que ahora parecía poseer con creces extendío con delicadeza su otra mano, casi igual de fría que su contraparte, y tocó su barbilla, inclinandolo levemente, para que mirara firmemente al frente —Mira delante de ti— ordenó, por qué si, era una orden, en un tono más bajo.
Sin poder hacer nada más y gobernado por su curiosidad y miedo hizo lo pedido, tampoco es que tuviera otra opción.
—Mira su miedo, su asombro— Indicó con un tono satisfecho, honesto y lleno de alegría, mientras Voldemort se fijaba en las caras aterradas de todos los que lo veían, expresiones de horror incluso en sus leales mortífagos, había sorpresa, miedo, habían unos que parecían listos para huir, gente de ambos bandos asustados por lo que le estaba pasando ¿Que le estaba pasando?
—¿Ves ese asombro? ¿Ese horror?— inquirio con curiosidad cruel —Oh, Tu no lo entiendes, no, pero puedes verlo en sus ojos, los de todos ellos— y dejo escapar su risa alegre una vez mas —Mmm, tal vez no me creas, pero pronto serás solo un trofeo— finalizo burlándose, moviendo su mano, la de su barbilla, a su mejilla, como una caricia, pero no a un ser humano, no, a un objeto precioso, cómo acababa de describirlo.
Voldemort volvió a mirar a su costado para ver a Harry Potter feliz y orgulloso, cómo si ubiera conseguido lo que más quería: derrotarlo, llenarlo de temor, vengarze,
No,
se corrigió a si mismo,
era
tenerlo como trofeo.
Eso había dicho él, y por su expresión, por esa mirada demente, esa satisfacción tranquila y real, podía creerle fácilmente.
Eso definitivamente no lo tranquilizo.
—No sabes a lo que me refiero, no— continuo él, alegre de su monólogo, que no sabía si odiar o agradecer, por qué estaba muriendo, pero quería entender, así sea curiosidad morbosa, o algo a recordar si tenía una próxima vida.
Renunciaste a ella,
se recordó, pero aún así no podía hacer más que escuchar, ver cómo esos ojos se iluminaban al notar que lo buscaba con la mirada, que Voldemort temía, pero quería saber, y hubo allí alegría infantil —Adivina que, si hay un poder que no conoces— hablo burbujeante de alegría que solo logro aterrarlo más, y sus ojos brillaron de magia, iluminados cómo la maldición asesina.
Pero lo que más terror le dió, lo que llegó hasta el último pedazo de el, fueron esas palabras.
Entonces, a pesar de las horribles perspectivas, por fin había caído en cuenta que está vez no había sido derrotado, está vez iba a
morir
de verdad, para siempre, y por quién se habia profetizado que sería.
Y se dió cuenta que a veces habían palabras del destino que no se podían cambiar, por mucho que lo hubiera intentado.
En ese instante, ese momento, cuando las palabras dejaron de retumbar en todo su ser, realmente deseo no haber ido esa noche tras los Potter, por qué tal vez así eso no hubiera pasado, o tal vez no perseguir a Harry Potter más, pero ahora no había posibilidad de arrepentirse o cambiar, ni si quiera con todo su poder, podría salir vivo de esa.
—¡Si!— Exclamó el niño gozoso de alegría espontánea y real, demostrando el ser cruel que era, en quién había confiando el mundo para salvarse, un ángel con la más grandes de las malicias.
Uno que se había fijado en él, y estaba a punto de destruirlo —Mmm— tarareo contento —Esa mirada de terror tuya me dice que sabes algo de esto— se regocijo —me dice que sabes que vas a morir—
Si su cuerpo le respondiera, entonces estaria de rodillas, lleno de temor, por qué ahora parecía una misericordia que la muerte fuera quien lo llevará, por qué con él, Harry Potter, no encontraría jamás el perdón.
Pero a su vez, esto solo era culpa de quien lo había vencido, quien lo tenía bajo sus garras delicadas y finas, de quién siempre intento matar.
—No me mires con odio, por favor— indicó él, con una sonrisa tan grande que el pequeño tono juguetón y triste ni siquiera había podido pasar por eso —Prefiero el terror— murmuró cruel, antes de que sintiera más dolor
invadirlo,
recorrerlo a mayor velocidad, acercandolo más a su muerte.
—Si, así mejor, miedo— declaro contento —así te quedarás para siempre, así que por favor siente
...más
terror— añadio con un tono demente y emocionado.
Un ángel amante del castigo y el sufrir, una belleza cruel y asesina.
—No sabes por qué digo para siempre ¿Verdad? Bueno, no sé si conoces la historia, mmm ¿Sabes que es la Mano de Midas?— pregunto con duda fingida.
—¡Oh! Mira esa comprensión pasando por tus pupilas ¡Lo sabes! — celebro él con emocion —Bueno, eso es lo que estás pasando, te estás convirtiendo en oro, ¡serás una estatua de por vida! O bueno, eso será tu muerte— añadió aún más emocionado, pero sintiéndose como veneno congelado.
Elegante como era, un ser de belleza divina con un sadismo ocultó, tras la sonrisa demente y tranquila, que parecía poseer permanentemente, alejo por fin ambas manos de él, y camino con gracia al frente, aún en su campo de visión.
Camino con un movimiento delicado y casual, flexible, natural, bello y encantador, como una Veela demostrando toda su belleza resbaladiza y clasica.
Pero eso fue a espaldas de él, a vista de todos, pues solo el señor tenebroso podía ver esa sonrisa brillante, que prometía descanso de los infiernos para algo mucho peor, sin misericordia alguna, una venganza sádica y demente, y una sonrisa de victoria, por qué eso era lo que le esperaba a el.
Que todos vieran un ángel en toda su belleza, él ya estaba en los profundos avernos, y no había terminado de bajar.
—Mira hacia aquí, si— indicó el —Asegúrate de quedar bien, eso es, Asegúrate de mostrar
terror
en tus ojos— continuo juguetón.
—Estaras en mi bóveda por el resto de tus días— siguio divertido, mientras los últimos momentos de vida de un mago de los más poderosos pasaban frente a él.
—¡A si! Tu paz mental— se recordó a su mismo —Todos tus horrocruxs también son valiosos pedazos de oro, así que te acompañarán—declaro, sabiendo bien su reacción ante esto.
Harry Potter lo venció, fue él quien lo destruyó todo, lo estaba matando, no se suponía que fuera si, pero ya era demaciado tarde.
—Adiós, señor tenebroso— susurro él.
Entonces el frío lo invadió por cada poro, todo quedó oscuro y vio todo negro, alli dejo de vivir.
Nadie pregunto nada, todos los presentes callaron al ver a un diferente Harry Potter frente al señor tenebroso hecho de oro, fue demaciado para todos.
Y la ignorancia es un Don
Pronto todo regreso a movimiento, sobre todo por los gritos que comenzaron a sonar al rededor.
El bando de la luz ganó, pequeñas lágrimas de celebración y luego comenzaron a revisar a los heridos y capturar a los mortífagos.
Los aurores llegaron rápidamente alarmados por las noticias del ataque para encontrár varios mortífagos delirantes y aterrados, todos con manchas doradas en todo su antebrazo dónde alguna vez estuvo la marca.
Todo era lento y caótico, una victoria difícil y una batalla final desconocida y temida, pero debían continuar.
Las reparaciones comenzaron, los abrazos, las lágrimas, las emociones revolotearon y todo continuo en movimiento.
Los Weasley, todos vivos, se abrazaron fuertemente y con alegría por haber sobrevivido.
Los estudiantes y profesores respiraron, por fin eran libres, y Hogwarts, después de su reparación, volvería a ser su hogar.
Pronto la preguntas de como ganaron llegaron de los que desconocían el final del señor oscuro y de los reporteros, pero nadie logro sacar la historia.
Pronto Neville, Luna, algunos de la familia Weasley y Hermione preguntaron en dónde se encontraba su amigo y el salvador de la luz.
Cuando indicaron que aún estaba donde se llevó la batalla definiva o la batalla de Harry, rápidamente se dirigieron allí, solo para encontrarlo sentado, mirando la estatua de oro en silencio inquietante, quieto y tranquilo, casi sin movimiento.
Pero el acercamiento de sus amigos y la tranquilidad de él se vieron interrumpidas por el Ministro.
—Ciertamente es un gusto volverlo a verlo señor Potter— escucharon lo dicho por el hombre
—No esperaba verlo ministro ¿Que hace aquí?— pregunto Harry curioso mientras se levantaba y sacudía, aún sin notar a todos los que se habían acercado a preguntar cómo estaba.
—Bien, bien, está bien, cuando me dijeron que el señor oscuro se había convertido en oro, bueno, fue demaciado difícil creerlo como para no venir a verlo— se rió el hombre mayor.
—No tan difícil, usted puede verlo, Lord Voldemort ahora es una estatua de oro— dijo Harry con tranquilidad, señalando con la cabeza a dicha estatua, sin siquiera inquietarse por el hecho.
—Si, puedo verlo ¿Que planea hacer con él?— pregunto curioso el ministro, ocultando horriblemente mal su interés por ello.
—¿Que cree que haré?— pregunto Harry mirándolo, con un tono peligroso, una advertencia que el ministro no noto, una diversión diferente y fría.
—Bueno, tal vez este soñando pero ¿Hay una posibilidad que lo done al ministerio?— pregunto el hombre emocionado, lleno de interés propio.
Harry sonrio —bueno, ciertamente las estatuas de oro son valiosas— comento.
—Si que lo son— añadió el ministro, avaricia brillando en sus ojos.
-¿A usted le gustaría una estatua de oro de usted?- pregunto Harry con amabilidad.
El ministro se emocionó con la pregunta- bueno, ciertamente no creo que la merezca, pero si pudiera conseguirla- hablo sin añadir obviamente que lo haría.
-Es un trato- dijo Harry extendiendo la mano.
-Con mucho gusto- fue lo último que alcanzó a decir antes de ser convertido en un segundo en una estatua de oro justo como lo había pedido.
—¡HARRY!— Grito Alarmada Hermione, quien corrió hacia el chico, acompañada de cerca por los demás.
—Oh, hola chicos— sonrió Harry amablemente a ellos.
—¿Harry, Que fue eso?— pregunto Hermione rápidamente, llena de preocupación real y latente.
—No es nada— aseguro él —aunque podría llamar a los goblins, ciertamente cada grano de oro del ministro vale una fortuna, con eso podríamos pagar lo que rompimos del banco y el sobrante lo donariamos para reparaciones— añadió Harry como respuesta.
—Bueno, me parece una buena idea— comento Ronald antes de cualquier cosa que dijera su novia.
—Es buena idea, ¿No crees George?— comento uno de los gemelos asintiendo.
—Definitivamente George— hablo el otro.
—Deja de fingir Fred, ahora sí podemos reconocerlos— hablo Harry deteniendo la diatraba con humor.
—Bueno, señor salvador del mundo ¿Por qué no me cuentas que le dijiste al señor oscuro?— hablo Fred, fingiendo molestia por qué lo descubrieran —y el cambio de look— incluyo.
Harry se rió tranquilo —Pense que destruir al mago más poderoso merecía que este presentable, además, me veía así hace un rato, solo lo oculte por los problemas, para parecerme a mi padre y eso, pero ya no es necesario— explico él.
—Te vez bien— dijo Ron rápidamente —Pero realmente te tengo envidia ahora, estoy lleno de tierra, tengo el pelo enredado, y estoy seguro que hay algo de sangre que no es mía por ahi, ¡Y tú vienes de luchar con el más fuerte y parece que fuiste a tomar vino en una fiesta elegante!— se burló el, provocando risa en todos.
—Si, si, Harry se ve bien, pero quiero la respuesta a mi primera pregunta— exigió el gemelo.
—¿No se me escuchaba?— mensiono Harry con curiosidad.
—No, ni siquiera se escuchaba un susurro, y eso que había mucho silencio, o hablabas demaciado bajo o yo estoy sordo, pero sea cualquiera de las dos aún quiero saber— comento el mismo gemelo mientras el otro asentía.
—Bueno Roninkins, nuestro buen Harry, en resumen, apareció de repente al lado de un Voldemort muy asustado por quién sabe que y le tocó el cuello, le dijo muchas cosas que aún quiero saber que era mientras Voldemort se convertía en oro, luego Harry se paró delante de él y dijo algo que sonó como "Adiós voldivar" y Voldemort se convirtió en arte— añadió el otro gemelo burlesco meintras explicaba la situación.
Fue inevitable para Hermione reír por el nuevo apodo del señor oscuro.
—Si no estuviera muerto estoy seguro que estarías muy adolorido por ese apodo— mensiono Neville a George.
—Si, bueno, yo también quiero saber que le dijo Harry a Voldivar— interrumpió Fred.
— A si, bueno, le dije que él era malo y que yo tenía un poder que el no conocía que me ayudaría para derrotarlo, así que le conté que busque y toque a cada uno de los horrocrux que buscamos Mione, Ron y yo, así que los convertía en oro muy lentamente para que él no lo notará, luego le dije que ahora sería una estatua que pondría en mi bóveda y que por fin había logrado vengar a mis padres, luego dije "Adiós Voldemort" no voldivar, pero si, eso fue todo—
—Espera ¿Es por eso que no los destruidas y solo los tocabas?— cuestión Hermione.
—Sip, puedo controlar que tan rápido se convierte en oro cada cosa, obvio algunas demoran más y eso, pero si—
—Oh wow, compañero ¿Entonces que paso con el ministro? Pensé que el hechizo que usaste solo no te daba control y fue un error— añadió ron curioso.
—Ah no, se lo merecía, solo salió de su escondite por codicia, de resto no ayudo en nada— acuso Harry sin problema.
—Harry tiene razón, con el ministro hecho de oro muchos nargles tendrán que irse a otro lugar por que si habrá dinero para reparar los lugares destruidos, es muy buena forma de espantarlos— añadió Luna soñadoramente.
—¿Pero entonces que fue eso?— pregunto Ron.
—Se lo dije a Voldemort, es un don, se llama mano de Midas, prácticamente me permite convertir en oro valioso todo lo que toco, si tiene magia entonces el oro sirve como material mágico, creo que hasta podría haber nucleos de varitas de hilos de oro, pero esa es otra historia— respondió Harry con tranquilidad.
—¿Entonces fue eso lo que le hiciste a la espada, la convertiste en oro?— pregunto Neville curioso.
—Si, así es más fuerte y repele algunos hechizos, además, se ve demaciado bien, incluso ayudo en tu presentación de "soy un verdadero león leal, valiente, caballeroso y poderoso y me enfrentaré a ti aunque esté débil"— termino Harry provocando un sonrojo avergonzado de Neville, pero ahora con una gran sonrisa.
—Espera, si pudiste hacer eso todo el tiempo ¿Por qué no lo hacías?— pregunto Ron con curiosidad mientras los gemelos asentían detrás de si.
—si lo hago mucho o seguido ciertamente Lestrange quedará pequeña contra mi, cada vez que convierto algo en oro pierdo parte de mi cordura— añadió Harry tranquilo, ignorando como todos ellos se pusieron tensos.
—P-pero...— Hermione tartamudeo —Todo lo que as convertido—
—Los horrocrux, la espada, a Voldemort y el ministro— añadió George en voz baja.
—Todo eso era necesario, lo necesitaba para ganar la guerra, incluído el ministro, ya que necesitamos uno nuevo— declaró el con seguridad — aunque no conté con que también convertiría en oro la marca tenebrosa— añadió Harry despreocupado.
—Pero hay cientos de mortifagos— añadió Neville nervioso.
Harry solo sonrió suavemente.
—Pero era mi deber hacerlo— declaró con serenidad, sabiendo que sus amigos sabían, era totalmente verdad.
Él solo siguío sonriendo cuando vio comprensión en ellos, no podría decirles a ellos sus verdaderas palabras hacia Voldemort, no, por qué eran muy fieles, por qué ellos lo amaban, y él a ellos, pero ellos no entenderían.
No comprenderían que no solo los horrocrux eran ahora objetos dorados, que sus intentos para controlar su poder eran varios, y que también tenían costo.
Que tenía tres estatuas de tamaño real, hechas de oro macizo y brillante, valiosas y costosas, en ambos significados, y con forma de sus amados parientes.
Que el estrés de ser el salvador del mundo solo disminuyo cuando objetos de la sala del ir y venir fueron convertidos por sus manos en oro dorado y reluciente.
Por qué ellos lo amaban, lo quería mucho, confiaban en él, y él amaba la confianza, pero nunca aprendió a darla totalmente, por qué pondria su vida en ellos, pero no sus secretos.
Así que solo sonrió, no les dijo que ya no era seguro estar con él, no les dijo que Voldemort y el ministerio no eran los únicos muertos, que los mortífagos estarían en agonía hasta morir y que su magia estaba agotada en esos momento de peligro, que en realidad era mucho más poderoso.
No les dijo nada, solo sonrió, como un mentiroso podía sonreír, cómo si fuera real, por qué ellos solo vieron una sonrisa despreocupada, no todas esas cosas ocultas, ellos nunca las lograrían ver.
Y su sonrisa los tranquilizó, provocando sentimientos reales en su rostro, y aún así, ellos lo miraron con nerviosismo, leve temor, y pesar.
—Si, lo sé— respondió el a sus miradas — supongo que ahora no estoy muy cuerdo— confesó, por qué algo debían saber —Pero siendo sinceros, ya no importa— dijo en un suspiro mientras se alejaba, dandole la espalda a sus amigos.
—¿Que?— pregunto Hermione, el no temió por la conmoción en su voz, si, era apegada a la ley, pero lo quería más a él.
—Creo que ya perdí demasiada cordura como para que me importe— confesó, sintiendo tranquilidad, por qué eso no era una mentira, por qué hace mucho dejo de preocuparse.
Los demás observaron, viendo como él sonrió, con un aire demente que envío escalofríos en sus espaldas, sin importarle nada más, solo viendo la estatua del señor tenebroso, deformado en terror, Harry Potter estaba feliz con ese resultado.
Esas fueron las últimas palabras que salieron de su boca ese dia, un murmullo muy diferente a los gritos de antes, pero tan aterrador como todos ellos.
Las últimas palabras que se escucharon en el escenario que presentaba toda esa batalla.
Esa pequeña sonrisa satisfecha fue lo último que se vio de Harry Potter hasta mucho después, por qué muchos lo recordaron por salvarlos del señor tenebroso, pero los cercanos a el vieron más allá, y el lo sabía, y temía por ello.
El mundo mágico lo amo, hubo fiesta y celebración, se guardo en lo libros de historia como un héroe y la gente estubo orgullosa de tenerlo.
Pero ellos no lograron entenderlo nunca, y le permitieron alejarse del mundo, por qué también le llegaron a temer, por qué el ministro desapareció, a Voldemort no se le volvió a ver, los mortífagos perdieron cualquier cordura que tuvieron alguna vez, y todo a su nombre.
La comunidad mágica oculto eso al exterior, e ignoro esos detalles hasta olvidarlos, con el tiempo, y con mayor aceptación, su familia y amigos también le abrieron los brazos, pero no era un truco de la luz como evitaron sus manos.
No fue difícil aceptarlo de nuevo, no mucho, aún era alguien muy amable y los visitaba seguido, los apoyaba en sus proyectos e iba a cenar.
Pero siempre tenían cuidado con èl, con su falta de cordura, su obsesión con las estatuas y a su bendición,
la mano de Midas.
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Aviso:
Esta historia es orginalmente de Wattpad, y al ser desplazada a esta plataforma no se sometio a ninguna edición o cambio, disculpen los errores presentes y








