Capítulo 1 - Estupidez con Sabor a Alcohol
Max sabía que llegaría a su casa apestando a alcohol, pero jamás pensó que el hombre que se le había acercado le terminaría por ganar en el concurso no escrito de «A ver quién era el que perdía la dignidad en vodka», porque cuando lo tuvo lo bastante cerca para olerlo, el hombre estaba prácticamente perfumado en la dichosa bebida barata que servían en el antro, y algo más que sólo podía identificar como ron añejo.
—Oye… la verdad desde hace un rato te eché el ojo; tienes el culo perfecto para mi verga, ¿podemos, sólo digo, ver si te cabe?
Max levantó las cejas sorprendido por lo que acababa de escuchar, la música era fuerte, pero sin duda lo que le había dicho ese sujeto a punto de un coma etílico le aturdió más que cualquier canción al volumen más ensordecedor.
—¿Ah sí? ¿Y yo qué gano? —preguntó Max, deslizando su mano por la entrepierna del hombre y palpar un poco el tamaño, torciendo la boca en un gesto fingido de decepción—. No sé si este tamaño sea la cuota a la que estoy acostumbrado. —Sonrió, una sonrisa socarrona que se le arrancó al ver cómo el hombre se estremecía ante su toque y le gruñía al oído por sus acciones.
Luego le llegó el aroma, esa sensación de feromonas que era un pecado y algo casi enfermizo de probar. Un alfa, se le había acercado un alfa.
No es como que les tuviera un miedo profundo, pero tampoco es como que le gustara acercarse a ellos deliberadamente; hacer eso era suicidio social, ¿qué dirían de un omega que sólo se la pasaba rodeado de alfas?
Sin embargo, para Max, todas esas cosas eran insufribles y la verdad es que él prefería disfrutar, pero teniendo una gran verga adentro, por eso mismo es que se atrevió a seguir con sus fechorías cuando el alfa empujó su entrepierna contra su mano.
Sonrió, pero sonrió más cuando el hombre lo tomó del cuello y lo acercó a su cuerpo para olerlo; vainilla y vino oporto, ése era su aroma, y por la manera en la que el tipo se relamió los labios intuyó que el olor se le había quedado tatuado hasta en el recuerdo.
—¿Te gusta? —preguntó Max, ahora metiendo su mano deliberadamente en el pantalón del hombre y comenzando a masturbarlo—. Puedo darte algo mejor que esto.
—Actúas como toda una puta, espero que cumplas como una.
—Mientras sepas hacerlo, créeme que tendrás a esta puta todo el rato que quieras…
Las voces de los dos estaban cubiertas por el sonido estruendoso de la música en el antro, todos estaban bailando pegados y la gente estaba cediendo en diferentes niveles a la locura y a la lujuria más pura; Max y ese tipo ya estaban enterrados en ella.
El hombre le tomó la mano y lo guio a los baños, cosa a lo que Max no se quejó ni replicó; el guardia de los sanitarios miró a Max con una sonrisa burlona y extendió la mano, Max le tendió un billete de 50 dracores.
—Prohibido que Miguel se entere de esto o créeme que te arrepentirás.
El guardia miró a Max de arriba abajo con descaro, apreciando el sucio estado en el que se encontraba; el cabello rizado y castaño lo llevaba revuelto y enredado que a la vez se le pegaba a la frente con el sudor, haciéndolo lucir un poco más largo de lo que realmente era; su cuerpo bien trabajado estaba tambaleante por estar notablemente borracho. Tenía marcas de besos y mordidas en la piel blanca y pálida de su cuello, sin embargo, nada de eso era tan impresionante como los ojos grandes, un poco caídos y de color turquesa de Max, que estaban oscuros por la notable urgencia de ir a hacer sus fechorías; y no sólo en los ojos, también se veía reflejado en su erección que se podía notar debajo del pantalón negro de vestir que llevaba. No sólo eso, la camisa que tenía —que era negra y con una apertura en el pecho que sólo se sostenía de la espalda por unas cadenas adornadas— la llevaba ya toda malpuesta de tanto que había estado divirtiéndose con personas varias; quién sabe con quienes se había estado involucrando el chico, pero sin duda, el tipo con el que se osaba a presentarse no era el que le había hecho todos esos chupetones en el cuello; o bueno, no el único, al menos.
Suspiró, no eran sus asuntos. Soltó un bufido y los dejó pasar.
Max sin vergüenza guio al hombre adentro en los baños, encerrándose en el último cubículo con él y, tan pronto como estuvieron solos, el hombre tomó del cuello a Max, lo arrinconó contra la pared y comenzó a besarlo, frotándose contra su pelvis con total descaro.
Ambos alientos y ambas salivas estaban impregnadas en alcohol, pero ni todo el licor del mundo embriagaba tanto a Max como lo hacía el coger con hombres experimentados, y ese tipo parecía tener toda la experiencia que él quería.
Alto, cabello corto y negro, ojos cafés oscuro, piel blanca y con un cuerpo fuerte que se sentía que si lo provocaba lo haría llorar, o bueno, esas fueron las únicas facciones que se preocupó en grabarse en la memoria, ya que, siendo sinceros, lo único en lo que tenía interés en recordar era aquello que le colgaba entre las piernas, que eso precisamente era lo que Max estaba buscando.
Abrió su boca dejando que el hombre metiera su lengua mientras le ayudaba a desabrocharle el pantalón, liberando su erección y dejando que se le cayeran los pantalones por las piernas.
—¿Tan hambriento estás? —dijo el hombre, jalando a Max del cabello, provocándole un gemido suave—. Parece que la puta sabe qué quiere.
—Pues claro, no me interesas tú, me interesa tu pene. —El tipo enarcó una ceja en sorpresa, sin embargo, no replicó por nada del mundo, hasta creía que lo prefería así, por lo que, dando el siguiente paso, puso su mano en la cabeza de Max y lo empujó un poco hacia abajo para que se arrodillara. Max entendió el mensaje y se hincó de inmediato, quedando a la altura de la entrepierna del hombre, quien, nada más tener a Max frente a él de esa manera, se sacó el pene debajo del bóxer y se la acercó a Max a la cara, dándole un par de golpecitos en los labios, lo cual lo hizo sentirse ensoñado. Estaba encantado.
Max soltó un suspiro y sintió que su excitación se disparó, tomando el pene entre sus manos para masturbarlo un poco, dando apenas lengüetazos en la punta, lengüetazos húmedos mientras sus manos se ocupaban del resto del falo. Sin embargo, esas atenciones no duraron más allá de un par de minutos, porque más tarde que temprano, Max empezó a comerse el pene completo del hombre.
Primero había sido la mitad, en donde apretaba los labios lo más posible contra la verga ajena para sentir la textura de las venas en su boca, luego comenzó a ahogar sus gemidos en su garganta para hacer su pito vibrar para al final simplemente empezar a mover su cabeza contra su pene; de punta a base, besando la puntita y comiéndose todo el falo hasta sus labios tocaron los testículos del hombre y su nariz la pelvis.
Y así, de adelante atrás en un vaivén ansioso en el que cada vez que la verga le entraba la garganta era una corriente eléctrica que iba directo a su pelvis ansiosa de que lo follaran.
Estaba ocupado en su ansiosa tarea de comerse el pene contrario cuando sintió que el hombre le tomó de la cabeza, la mantuvo quieta y ahí fue cuando lo sintió; arremetidas salvajes y duras contra su garganta, sacándole un sonido acuoso y gruñidos ahogados por la verga. El hombre había comenzado desesperadamente a follarse su boca.
—Sí… mantén la boca abierta, putita. —le dijo sin parar sus movimientos contra la cara de Max quien ya le salían lágrimas de la brusquedad—. Me voy a venir en tu cara… cierra los ojos….
Y así fue, prácticamente la crónica de una venida anunciada que le llegó a la cara; el tipo le sacó el pene de la boca y se masturbó hasta conseguir venirse en la cara de Max, quien gustoso terminó recibiendo todo el semen salpicado.
Max elevó la mirada: —Cógeme —imploró—. Fuerte; no te apures, soy de uso rudo.
El tipo sonrió divertido por ver a Max tan acomedido, por lo que, ya ni lento ni perezoso, levantó a Max y lo arrinconó contra la pared, volteándolo cara a ésta y bajándolo los pantalones para que levantara las caderas. Le dio un azote que provocó a Max un gemido ahogado y que le meneara las caderas, agitando sus glúteos de forma descarada.
Era una linda vista, pero se le antojaba menos eso que follarlo, por lo que arrimó la punta de su pene bien mojado a la entrada de Max y comenzó a penetrarlo suavemente, introduciéndose con lentitud. Max gimió bajito, arqueando su espalda y soltando un gemido de gusto y apretando la pared conforme se la iban metiendo.
—Está… está grande — gimió Max al empujarse más contra el hombre.
—Ah, ¿sí? —contestó el mayor. El hombre rio divertido de la situación y de las tontas expresiones del omega, pero creía que eran expresiones normales de la edad, al fin y al cabo, el omega no aparentaba más de los veinte, así que lo comprendía por completo—. Si te parece grande, nada más espera.
Y sin previo aviso, tomó a Max de las caderas y lo jaló con fuerza contra él para embestirlo hasta el tope.
Max se arqueó bruscamente cuando sintió la repentina penetrada en su ser, haciendo que todo su cuerpo se estremeciera, pero de sus labios no saliera ni una queja, sólo un gemido que al mayor fue como miel para sus oídos… maldita sea…
—Estás bien apretado. —dijo, comenzando a embestirlo sin delicadeza ni consideración, entrando y saliendo con fuerza del interior de Max mientras se encargaba y deleitaba de ver a Max moverse de manera tan obscena de atrás hacia adelante cada vez que se la metía—. ¿Sigues creyendo que ésta no te llena la cuota?
La pregunta del alfa a Max le entró por un oído y le salió por el otro, no podía importarle menos las tonterías que estaba diciendo cuando tenía una verga que le llenaba por completo. Max gimoteaba e imploraba entrecortadamente que no parara, que le siguiera dando, que estaba rico… y es que estaba tan caliente que el cuerpo le vibraba, que los pensamientos se le iban y que cada rincón de su piel le quemaba… mierda.
Max se empujó lejos del alfa hasta sacarse el pene de este, se volteó, recargando su espalda en la pared y abrazó al tipo lo más posible: —Cárgame —suplicó—. Así llega más adentro…
Max estaba cediendo a su parte más primitiva, y el hombre estaba más que encantado de cumplir todas las sucias experiencias del chico.
Lo cargó con facilidad para recargarlo contra la pared y entrar en él, dejando que el cuerpo de Max cayera por completo en su pene, dejando que entrara perfectamente hasta el fondo de su ser, moviéndose inmediatamente sin esperar nada.
El cuerpo caliente de Max hacía sucia la situación, pero sus gemidos y la manera tan fácil en que le abría las piernas hacían todo tan obsceno que al tipo ya no le importó su intento de ser suave y comenzó a arremeter contra el omega tan fuerte que sus pieles hacían un chasquido fuerte al momento de chocar entre sí, además de un sonido húmedo y acuoso que los unía.
—Me… me voy a venir —avisó Max, aferrándose a la espalda del alfa como si la vida se le fuera en ello, y es que casi que era así, porque con cada golpe certero que daba en su interior le arrancaba gemidos cada vez más ruidosos.
—Eres una puta.

El timbre le retumbaba en los tímpanos, la cabeza le dolía y el cuerpo le vibraba de una manera tan terrible que sentía que moriría. Maldita fuera la resaca.
—Max, te ves terrible —dijo Íngrid, una de las chicas de su salón que se le acercó y lo vio atento—, también hueles a puro alcohol.
—¿Te parece? —La respuesta arisca y sarcástica de Max hizo que Íngrid hiciera una mueca de molestia para luego irse a sentar a su lugar. Max rodó los ojos, pero simplemente la dejó ser, no es como que le preocupara mucho lo que pensara ella de él, y si le dejaba de hablar, no le importaba tampoco. Volvió a dejar caer su cabeza contra su pupitre, escondiendo su cara de la luz del sol que entraba por las ventanas al aula.
—Buenos días, alumnos. —Max ni levantó la cabeza, no le importaba lo que fuera a decir el profesor, su cruda le podía más, por lo que sólo se mantuvo escuchando sin moverse—. Como bien saben, iban a recibir un maestro suplente en su clase de álgebra mientras regresa la maestra Raquel por su incapacidad por maternidad.
—¡Sí! ¡Afirmativo, maestro!
Max se rio, hablar del permiso por maternidad era el chisme favorito de la escuela, más que nada porque la maestra había salido embarazada de uno de los profesores, y nadie sabía de quien, así que especular de la vida sexual de la mujer era el pan de cada día.
Escuchó a sus compañeros sacarle plática al profesor; que cómo se llamaba, que cuántos años tenía, que, si estaba casado y cualquier otro chisme más, a lo que el hombre contestó con alegría los cuestionamientos; que se llamaba Daniel Ibarra y que tenía 28 años, que no estaba casado, pero sí comprometido. El sonido de las voces de decepción de sus compañeros fue divertido, seguido de varias preguntas sobre cómo era la prometida de dicho hombre. El profesor sólo se rio por los comentarios inadecuados de los chicos, a lo que sólo les siguió el juego hasta que el tipo se dignó a dar indicaciones a la clase.
—Bueno, chicos, todos sentados en su lugar que voy a pasar lista. —Indicó comenzando a dictar los nombres.
Nada fuera de lo normal, Max estaba consciente y escuchando de manera atenta al maestro, preparándose para escuchar su nombre y decir el presente que le correspondía, sin embargo, el tipo se detuvo de la nada y no siguió nombrando a sus compañeros.
—Disculpa, ¿por qué él está durmiendo? —Escuchó Max la voz del profesor cerca de él; maldita sea, ya lo iban a regañar.
—¿Max? Es que está crudo, profe —contestó una de las chicas, según por su voz, debía ser Íngrid—. Siempre se pone así, yo que usted le ponía falta de una vez.
—No seas metiche, Íngrid, estoy… —Max había comenzado a hablar desde su lugar, levantando la cabeza para enfrentar a su compañera, sin embargo, no esperaba lo que vio frente a él… porque en su mente, jamás había esperado que se volviese a topar con esos ojos café oscuro que lo veían de igual manera, estupefactos, porque sin duda, su profesor era el hombre con el que había cogido la noche anterior.
—…
—…
—Bueno, profesor, él es Maximiliano Dunbar.

FIN DEL CAPÍTULO
Sesión 1:
-Max entra a la sala con un libro robado-
Daniel: Los que no siguen las reglas van a la cárcel.
Max: Oite, tengo el número del FBI y no me da miedo usarlo.
Daniel: (agraviado) Calladito me veo más bonito...
Dato Enciclopédico robado de la Biblioteca Secreta Kiril:
1. ¿Dónde y cuándo se desarrolla la historia? En nuestro mundo, casi 500 años en el futuro, pero hay una razón por la que la tecnología está tan atrasada y la situación global empeoró.