All Yuuji

Summary

One shots cortos de Yuuji siendo shippeado con todos los personajes varones de JJK. Los personajes no me pertenecen, todos son obra de Gege Akutami.

Status
Ongoing
Chapters
11
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

¿Supresor? || GoYuu


A pesar de que sus dos mejores amigos, Fushiguro y Kugisaki eran alfas, Yuuji no se sentía inferior o con algún complejo por ser omega. Caminaba con naturalidad al lado de éstos, portando un collar de cuero alrededor de su cuello, lo que permitiría que ningún alfa quiera propasarse con él y marcarlo. Aunque muy en el fondo, sentía algo de temor, a sus quince años su celo aún no se había presentado por lo que temía que cuando por fin apareciera, lo tomara desprevenido; es por eso que, se mantenía muy cuidadoso con sus dosis de inyecciones para suprimir el olor que soltaba naturalmente.

Aunque no funcionaba por completo al parecer, pues había escuchado a sus dos amigos hablar a sus espaldas, sobre que Yuuji desprendía un olor dulce y muy agradable como a una mezcla embriagante de vainilla y jazmín; por fortuna, la plática estaba seguida de una lista de instrucciones acerca de cómo tendrían que turnarse para vigilar al pelirrosa y evitar que algún alfa se acercara a él con malas intenciones.

Recordó que dentro de poco le tocaría colocarse nuevamente una de sus inyecciones, pues la última se la había puesto hace aproximadamente veinticuatro horas. Odiaba la sensación y efectos secundarios que éstas dejaban, por lo que luego de colocárselas debía descansar en su habitación alrededor de un par de horas, soportando los dolores de cabeza, mareos y náuseas que traían consigo. Pero valía la pena, no quería volver a tratar con un grupo de alfas molestándolo e intentando toquetearlo.

Esto le había sucedido hace un año exactamente, eran tres los varones que lo rodearon embriagados por su olor, parecían perros olfateándolo, y a pesar, de que el menor intentó defenderse, los alfas contraatacaron soltando fuertes feromonas que lo marearon y por poco lo hacen desvanecerse dejándolo a la merced de los tres mayores.

Fue su profesor favorito el que lo salvó esa vez. Era de noche y sus amigos ya estaban instalados en sus habitaciones, y al pelirrosa le gustaba dar pequeñas caminatas por los alrededores antes de dormir. Sintió como antes de caer inconsciente, estaba en siendo cargado por unos fuertes brazos que lo llevaban a su dormitorio, su vista estaba un poco nublada. Luego de unas horas, despertó encontrando una nota en su velador, era de Gojo-sensei. ‘Yo te protegeré, Yuuji-kun. Descansa.’ Sonrió aliviado. Evitaría tocar aquel tema con Megumi y Nobara, pues sólo obtendría regaños de su parte al enterarse de que deambulaba solo por las noches.

Al día siguiente, al terminar las clases, los tres chicos estaban esperándolo afuera del salón de clases, arrepentidos y rogando por su perdón. Yuuji creyó que eran un poco exagerados, aunque le divertía verlos así. ‘¿Qué les habría dicho o hecho Gojo-sensei para que estuvieran tan asustados?’ pensó. Luego se enteró por unos rumores, que los chicos estaban entrando en su etapa de celo y se negaban a tomar supresores por el efecto que éstos les causaba.

Por suerte, ahora tenía dos inseparables alfas que lo protegían, o eso creía, pues éstos habían sido enviados a una misión de duraría de tres días en el mejor de los casos.

Se dirigió a la oficina de Shoko-san para recoger la inyección que le tocaría colocarse en unos minutos. Tocó la puerta y nadie respondió. No era la primera vez que no encontraba a Shoko-san en su oficina y ya sabía dónde se encontraban las inyecciones que necesitaba, por lo que decidió entrar y tomarla. Sin embargo, había algo diferente, había dos filas de inyecciones, por lo que no supo si tomar alguna de la primera o segunda fila, a pesar de ser del mismo color; él siempre había visto una sólo fila de éstas. Tomó la de la segunda fila sin dudarlo mucho, no mezclarían algo peligroso con los supresores que están al alcance de los alumnos, ¿verdad?


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La reunión en la sala de profesores estaba por terminar, pero Shoko dio un último aviso. “La nueva inyección por fin llegó esta mañana.” Comentó la castaña.

“¿No es algo innecesario provocar el celo a propósito en un omega?” Preguntó el director Yaga.

Shoko negó. “Esta inyección, contrario a lo que crees, podría ayudarlos.” Habló sin vacilar. “Éstos podrán experimentar su primer celo en la comodidad de su habitación, sin ningún alfa que los moleste o intimide. No habría complicaciones al pasar por la etapa de celo por primera vez.”

Gojo no dijo nada al respecto. Luego de las palabras de la castaña, el resto de los presentes estuvo de acuerdo. Cabe resaltar, que todos ellos eran alfas; sin embargo, tenían a su cargo alumnos omegas, por lo que debían cuidar de ellos.

Al salir de la sala, el mayor vio a su alumno caminar hacia su dormitorio llevando cuidadosamente algo entre sus manos que no llegaba a percibir que era. Caminó hacia él, alcanzándolo justo en la puerta de su dormitorio.

“Yuuji-kun.” Llamó al menor. El chico volteó sorprendido pues no había sentido los pasos de su profesor cerca. “¿Qué llevas ahí?” Preguntó.

Los labios del pelirrosa se entreabrieron ligeramente. “Sensei. Si me disculpa, debo entrar a mi habitación.” Dijo nervioso.

“¿No me invitarás a pasar?” Susurró el mayor. Existía bastante confianza entre ambos, pues Gojo no sólo era el profesor favorito de Yuuji, sino también viceversa. Sus personalidades encajaban perfectamente y les encantaba pasar tiempo juntos.

Sin embargo, esta vez Yuuji se mostraba extraño. No era común para Satoru verlo nervioso, aunque debía admitir que le parecía bastante adorable verlo actuar así, lo incitaba a molestarlo aún más. “E-está bien.”

Gojo siguió al menor hacia adentro de la habitación de éste, y con entera confianza, se sentó sobre su cama, mientras que Yuuji estaba recostado sobre una pared. Había contado los minutos, y era hace diez minutos exactamente que debía haberse colocado la inyección, no quería que su olor fuera percibido por alguien. Pero su profesor favorito había decidido hacerle una pequeña visita en el momento menos oportuno; a pesar de que al menor le encantaba pasar tiempo con su profesor, estaba deseando realmente que éste abandonara el lugar.

“Entonces…” El mayor rompió el silencio. “¿Qué tienes ahí?”

Yuuji aún sostenía la inyección entre sus manos intentando ocultarla. “Es-” Le avergonzaba decirlo. No porque fuera algo malo, sino porque se sentía incómodo con que alguien además de Shoko-sensei y sus dos amigos se enterara de que usaba supresores de olores para evitar que otros alfas lo molestasen, se sentía débil. “Es mi supresor de olores.” Dijo con lentitud.

“Oh.” Gojo lo miró fijamente por unos segundos, hasta que mostró una juguetona sonrisa. “¿Me dejarías inyectarte?” Añadió.

“¿Que?” El pelirrosa respondió rápidamente. “No, no, no. ¿Por qué querría hacer eso? Es raro.”

Gojo rió. “Por favor, siempre he querido saber cómo se colocan esas cosas.” Éste a diferencia de sus compañeros alfas, no usaba pastillas o inyecciones, sino unos parches, los cuales eran tan efectivos como costosos. Él podría haberle comprado varios a Yuuji, pero el director se lo había prohibido, pues todos los alumnos debían llevar sus ciclos y controles por igual. “Vamos. Ven aquí.” Tomó por la muñeca al menor, sintiendo como la piel de éste se sentía cálida. Lo sentó sobre sus piernas, lo que le permitió aspirar el suave y dulce olor que se desprendía de su cuello. Frunció el ceño confundido por los sentimientos que afloraron de él, pero como el buen alfa que era, sabía cómo controlarse.

Yuuji temblaba mientras tenía sus muñecas eran sujetadas por la gran mano de Gojo-sensei. Su mirada se mantenía fija hacia al frente, pues su giraba unos centímetros su rosto, chocaría con el del mayor.

Gojo destapó la inyección con cuidado y con la mano que sujetaba las muñecas del menor, tomó el borde de la sudadera amarilla y la subió hasta el pecho. Yuuji jadeó por el contacto de la mano fría del mayor con su abdomen.

“Es por aquí, ¿verdad?” La voz del mayor no abandonaba el tono juguetón. Por el contrario, Yuuji temblaba sobre las piernas de su profesor, y se movía incómodo. “Yuuji, si te sigues moviendo así-” Dijo muy cerca de su oído. “Picaré en un lugar incorrecto, eh.”

Yuuji contuvo la respiración mientras sentía el líquido de la inyección entraba. “No fue tan difícil, hehe.” Río Satoru.

Un mareo inundó a Yuuji, y su cuerpo fue atrapado entre los brazos de su profesor antes de que cayera al suelo.

“Yuuji.” Preguntó con cierto temor el mayor. No podía haber inyectado mal, él tenía conocimientos acerca de eso. “¿Estás bien?” Gojo levantó al menor y lo recostó sobre su cama.

Un Yuuji ardiendo, con las mejillas teñidas de un rosa intenso, unos ojos vidriosos con pupilas dilatadas y sus labios hinchados y rosados tomó su mano. “Sensei.” Gimió.

“¿Eh?” El aroma dulce que soltaba Yuuji empezó a embriagarlo. Satoru sabía controlarse, claro, pero no teniendo frente a él a un omega en pleno celo, y peor aún, a uno tan lindo como lo era su alumno. A pesar de que nunca lo había visto con otros ojos, más que con los de un profesor, algo estaba cambiando en él en ese preciso momento.

“Ah, ah.” Los gemidos y temblores del menor eran cada vez más intensos y el dulce aroma que soltaba, ya había inundado la habitación. “Mi cuerpo arde.” Habló entre jadeos.

Satoru seguía sin soltar palabra. Dio un profundo respiro, arrepintiéndose al instante, pues el aroma del omega lo envolvió. “Yuuji. De-detente.” Apretó sus puños clavando sus uñas en sus palmas. Si ponía una mano sobre el menor, no se lo perdonaría nunca. El aroma se intensificó. ‘¿Acaso lo estaba haciendo a propósito?’, pensó.

“Sensei. Por favor.” Los ojos del menor lo miraban fijo entrecerrándose con suavidad. Al diablo, pensó. Si alguien iba a tomar la primera vez de Yuuji, debía ser un alfa fuerte y digno, tal y cómo él lo era, aunque la diferencia de edad, le causaba un ligero remordimiento, no había vuelta atrás.

Atrapó los sedosos labios del menor en un necesitado beso. No recordaba haber necesitado besar a alguien tan desesperadamente alguna vez, a pesar de que había tenido relaciones -de muy corta duración- antes, no había sentido este deseo por ninguna de sus anteriores parejas. Su lengua entró en la cálida boca de Yuuji, lo cual hizo gemir al menor, al sentir como cada centímetro de su boca era recorrida por su profesor. Se separaron por la necesidad de aire dejando un rastro de saliva en sus labios.

Tomó el cierre de la sudadera del chico y lo deslizó hacia abajo con dolorosa lentitud para no asustar a Yuuji, luego de quitarlo por lo completo, hizo lo mismo con su propia camisa, con rapidez la desabotonó y tiró hacia algún lado de la habitación. El torso del chico era una maravilla, su tierna y suave piel estaba adornada por abdomen marcado y más arriba, sus dos botones rosados y levemente hinchados exigían atención. Se acercó al menor posicionándose entre sus piernas, pasó su lengua sobre uno de sus pezones, deleitándose con el sabor de su piel, con su mano libre hacía movimientos circulares y peñiscaba el otro, ganándose sonoros gemidos del pequeño.

“Gojo-sen-sei.” Habló Yuuji entre suspiros. El mayor subió la miraba hacia el menor el cual mordía su labio inferior con fuerza. “Adentro.” Subió alcanzando su rostro y dio una lamida a los labios rojos del menor.

“Mmh.” Lo incitó a hablar, cómo si no entendiera lo que Yuuji quiso decirle.

Las manos de Yuuji tomaron sus brazos delicadamente. “Adentro. Te necesito adentro mío.” Lloriqueó.

‘¿Diría eso de no ser por el celo?’, se preguntaba Satoru. Lamentablemente, en su mente no había espacio en ese momento para juicios morales.

Tomó el borde de los pantalones de Yuuji junto a su bóxers, y los bajó de un solo tirón, revelando su erección y sus torneadas piernas. ‘Una maravilla’, pensó. Sin perder un segundo, sostuvo al menor de sus tobillos y llevó sus rodillas hacia su pecho, obteniendo una perfecta vista de la entrada del pelirrosa, bastante húmeda hasta ese momento. Sin embargo, debía prepararlo, él era un hombre muy bien dotado y temía desgarrar al pequeño en su primera vez. Por lo que introdujo con sumo cuidado dos dedos en el interior de éste; a pesar de que ya estaba bastante lubricado naturalmente, el menor estaba apretando sus dedos, por lo que decidió empezar a repartir húmedos besos en los delicados muslos de Yuuji, obteniendo suspiros del más pequeño. Se mantuvo así por un rato, hasta que sintió que ya era hora de llenar al menor como era debido.

Yuuji tenía su mente y visión nubladas debido al placer que sentía, hasta que sintió la invasión en su entrada. Cerró los ojos con fuerza al sentir como el gran miembro de Satoru lo llenaba por completo. Dolía, dolía mucho, pero le gustaba y mirar el rostro de Gojo-sensei observándolo con cuidado y atento a todas sus expresiones, lo calentaba aún más. “Muévete, por favor.” Susurró con timidez.

Gojo, quién aún no entraba por completo, sonrió. Sacó su miembro por completo y entró con fuerza, marcando un ritmo lento y profundo. Yuuji chilló, y clavó sus uñas en los brazos de su profesor. Sin embargo, el dolor sólo permaneció por unos segundos, pues Gojo ya había encontrado el dulce punto del menor, notando cómo los ojos de éste se llenaban de lágrimas mientras sus labios se entreabrían jadeantes.

No recordaba el momento en el que su alumno favorito había pasado de un chico lindo y adorable con una sonrisa que iluminaba cada lugar al que iba, a uno ardiente y que desbordaba sensualidad con cada gemido que salía de sus labios rosas. Temió por un instante no poder controlarse en un futuro, ya conocía esa faceta de Yuuji, y para ser sincero, quería verlo así constantemente desde ahora.

El menor pasó sus brazos alrededor del cuello de éste, y besó con necesidad los labios del mayor. Satoru sonrío durante el beso. “¿Te gusta duro eh?” Susurró sobre los labios del pelirrosa. Yuuji se sonrojó, pero asintió con timidez sin mirarlo.

Los sedosos cabellos rosados del menor se adherían a su frente debido a las gotas de sudor, sus mejillas ardían en un tono rojo fuerte y sus labios hinchados se enrojecían más con cada beso que se daban, se veía precioso en ese preciso momento. Satoru agradeció tener memoria fotográfica, pues atesoraría esa imagen por siempre.

Colocó sus manos en la cabecera de la cama de Yuuji, sosteniendo con fuerza y regalándole una sonrisa pervertido al menor, que lo miraba confundido. Aceleró sus embestidas sin previo aviso, enterrándose en la calidez de Yuuji con más fuerza y profundidad. El adolescente era un desastre en ese momento, sus manos apretaban las sábanas con fuerza y sus ojos se desenfocaban vidriosos. En unos minutos, el semen del menor había caído sobre su vientre. Gojo no iba a aguantar más, por lo que sacó su miembro de la entrada del menor, obteniendo un suspiro triste por parte de éste. Sonrió. “Te verías tan hermoso cargando a mi hijo en tu vientre. Pero aún eres un niño, Yuuji.” Besó la frente del chico, y tomó su miembro entre sus manos observando a Itadori sonrojado por la última frase dicha.

‘Lindo’, pensó. Se vino orgulloso sobre el vientre y los muslos del chico. “No soy tan impaciente como para no esperar un par de años.” Dijo haciendo reír nervioso al menor. Depositó un último beso en los labios del pelirrosa, un beso delicado saboreando la dulzura y exquisitez del menor, antes de que éste se quedara profundamente dormido.


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Itadori despertó y se sentía fantástico. Había dormido tan placenteramente como no lo había hecho desde hace mucho. Fue hacia el baño y se observó al espejo, irradiaba más luz que de costumbre, sus labios lucían un poco maltratados pero sus mejillas tenían un hermoso sonrojo imposible de borrar, además, sus ojos brillaban cual faroles. Sonrió.

Llevaba puesta sólo una camiseta ancha, la cual revelaba sus pronunciadas clavículas, pasó su mano por detrás de tu cuello, sintiendo un ligero ardor. Se volteó para ver que había causado esa sensación, y se congeló al ver una marca de mordida en su cuello, no era tan profunda, pero era bastante notoria, y se notaba reciente. Su collar. No llevaba puesto su collar y apenas lo había notado.

Sus labios se entreabrieron cuando su mente se llenó de los recuerdos de su profesor en su habitación, haciéndolo gritar y lloriquear se placer. Sus mejillas quemaron al instante. Pero, ¿en qué momento lo había mordido?, pensó. Además, esa no era una marca permanente, lucía más bien cómo una provisional. Su cuerpo se tensó al imaginar a Gojo-sensei marcándolo como suyo.

Se bañó y cambió rápidamente, asegurándose de colocar su collar que serviría para cubrir la mordida. Miró su celular y se detuvo en la fecha que marcaba éste, dos días, había dormido por dos días seguidos. Desde hace un tiempo venía durmiendo apenas tres horas diarias, así que no era algo tan malo después de todo. Además, con suerte sus amigos llegarían hoy, y tampoco tendría clases con Gojo-sensei, no podría mirarlo a los ojos. Tal vez nunca podría volver a hacerlo.

Salió de su dormitorio revisando que no estuviese su profesor cerca, camino hacia la cancha deportiva del colegio, y vio cómo estaban Fushiguro y Kugisaki esperándolo, se acercó a ellos, mientras éstos lo saludaban con la mano alegremente. Sin embargo, sus alegres sonrisas se borraban mientras se acortaba la distancia entre ellos, confundidos por el olor que abrazaba al omega, el olor de un alfa. Se miraron mutuamente, maldiciendo y sintiendo lástima por aquel alfa que se había atrevido a poner sus manos en Yuuji.