GOLDEN FATE
》Historia original | Extracto de Red Queen, enfocado en una pareja secundaria.
》Oc: Maru | Totalmente de mi autoría.
》Personaje: Hajime Kokonoi | propiedad de Ken Wakui.
》Ilustración de portada | creada por @Dennsster como comisión para mí.
》Historia corta, contada desde la perspectiva de ambos protagonistas y narrador omnisciente.
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》Narrador Omnisciente
Maru siempre fué una chica tranquila y reservada, no la típica mojigata sin carisma. La hermosa hacker de ojos violetas tenía convicción y carácter, pero como a la mayoría de féminas, le gustaba fantasear con el romanticismo y deseaba sentirse especial para su futura pareja.
En su vida, había tomado pocos romances. Al formar parte de la mafia más poderosa y respetada de Japón, tampoco tenía tanto tiempo para dedicarlo a la búsqueda de un prospecto y en caso de encontrarlo, no quería vivir con la tensión de cuidar una pareja común. Sabía que dentro de ese mundo, cualquier enemigo tomaría sus debilidades y lo que apreciaba, en contra de ella.
Fué así que, pasó su vida en la academia de Amaterasu preparándose para sus deberes y haciendo como segunda opción el amor.
Al pasar de la academia, directamente a trabajar con la líder de la mafia, conoció dos tipos que se sintieron atraídos por ella. Candy, su compañero de equipo y Haitani Rindou, ejecutivo afiliado de otra mafia. Bonten.
No encontró la comodidad, ni la química que buscaba en ellos así que ambas relaciones efímeras, se fueron a la basura.
Kokonoi, por otra parte, desde su adolescencia en donde se enamoró de una chica mayor, no volvió a mezclar sus sentimientos en relaciones. Vivía de aventuras esporádicas de vez en cuando, pues sus intereses por mucho tiempo fueron hacer dinero, hasta hartarse y sentir que en su vida, nada tenía sentido, todo era de cierta manera vacío y vanal. ¿De qué le servía tener montones de plata si eso no compraba el anhelo que en su interior necesitaba?
Las veces que intentó tomar algo en serio, se daba cuenta que lo veían simplemente como un cajero automático y no era que le importara, podría darles todos los lujos y caprichos que quisieran. De hecho lo hacía, pues las usaba para cumplir sus propios deseos y esa era la manera de recompensarlas. Cada parte obtenía lo que quería y ya. Para él, todas tenían un valor que podría comprar, sin embargo, muy en el fondo quería un poco de cariño.
A veces, estás tan inmerso en la rutina que das por hecho que siempre permanecerás igual y no te das cuenta que el universo te presenta en tus narices, oportunidades nuevas que cambiarían tu vida si prestaras más atención.
Eso pasó al principio con Maru y Kokonoi, cruzaron las mismas oficinas, saludos y fiestas, planearon contratos y más, viéndose como otra persona del montón.
Hasta ese día, donde en un evento anual de mafias, subastaron citas con mujeres importantes y solteras de la mafia.
Por supuesto que Maru no formaba parte de ellas, la pelinegra era una de las organizadoras del evento. Hajime por otra parte se encargaba de las transacciones y se percataba que nada fuera una estafa, siempre fué muy cuidadoso y observardor en temas laborales.
Ambos se saludaron con familiaridad. Al trabajar juntos en varios casos anteriores ya se conocían, sin embargo, no pasaron de temas netamente profesionales en el pasado. A Koko le parecía atractiva, no le era indiferente, aún así tampoco hizo algo por atreverse a invitarla a salir.
Quizá porque era consiente que las mujeres que formaban parte de Amaterasu, eran famosas por odiar el machismo y que las vieran sólo como objetos sexuales. Ellas sabían que tenían cualidades físicas que las hacían atractivas, pero también les habían enseñado que su valor era mucho más que solo belleza física, eran inteligentes y enigmáticas, cada una con cualidades únicas.
—Debería haberme postulado entre el grupo de solteras —empinó su copa de manera pulcra y delicada, al mismo tiempo que tomaba asiento en la mesa del fondo junto a Kokonoi.
—Valdría una fortuna, le habríamos sacado muchas más ganacias. —en la mente de Hajime, muchos números y el sonido de cálculos matemáticos aparecieron en segundos.
》MARU
Mis pies suplican descansar, mi garganta aclama un trago suave y necesito liberar un poco de tensión de alguna manera. Me esforcé en cumplir con mis deberes para esta noche y estoy feliz por el resultado, la presión de hacer lucir todo perfecto para este evento valió la pena. Espero que después me recompensen con un jugoso cheque con más de cinco dígitos.
Me encamino a las mesas del fondo, así puedo observar todo el panorama del salón. La mayoría están ocupadas por hombres que pujan compitiendo por el valor que creen equivale a una cena, con mujeres que desfilan una a una en la pequeña tarima y modelan o muestran de alguna manera sus atributos y talentos.
Diviso la mesa donde se encuentra el hombre que siempre viste extravagante. Hoy no me apetece socializar con tanta gente, así que siendo la opción más tranquila ya que no lo rodean otras personas, voy a sentarme con él, luego de tomar una copa de champagne que me ofrece un mesero.
—Debería haberme postulado entre el grupo de solteras —comento en tono bajo, al verlo fruncir el seño ante el precio total por el que se vende la americana que fué subastada recién, se ve poco complacido.
Me echa un vistazo y me escanea rápidamente, relajando su expresión para volver su rostro al frente.
—Valdría una fortuna, le habríamos sacado muchas más ganacias.
No diferencio si lo dice en serio o en broma, pero me siento un poco halagada.
Aunque a decir verdad, nunca me gustó llamar la atención, ser el blanco de muchas miradas me da un poco de pavor.
Tampoco me veo a mí misma siendo promocionada como mercancía, aunque una cena con un hombre guapo y con dinero tampoco sería mala idea.
—No me expondría ante tantas personas para ser devuelta y rechazada —intento bromear y acomodo un mechón de cabello atrás de mi oreja, luego de colocar mi tablet sobre mis piernas—. Prefiero mi trabajo discreto.
—Yo te compraría —sonríe sin darle tanta adulación a sus palabras para mí.
—¿Para llevarme a cenar y prometerme el mundo por una noche? —cuestiono mientras presentan la siguiente mujer frente a nosotros.
—No —se encoje de hombros—, para que me ayudes con el papeleo, eres eficiente y eso vale más.
Me toma por sorpresa su comentario y comienzo a reírme, relajando mis músculos y afianzo uno de mis antebrazos sobre la mesa.
—¿Pero al menos me llevaría a cenar después? —degusto mi bebida una última vez, antes de poner la copa de cristal sobre la mesa.
—Por supuesto —deja de teclear en su tableta y nos sostenemos la mirada por segundos, tiempo que transcurre lento para mí.
Me percato de la atmósfera que esta empezando a envolvernos y mi mente comienza a crear extraños escenarios futuros.
Obvio que no sucederá nada de eso, Hajime es conocido por ser muy exigente sobre sus gustos con mujeres. Aunque también se dice que no podrían caer en mejores manos, entran siendo plebeyas y salen con tanto dinero como para comprarse un título de realeza. Lástima que no soy su tipo de mujer.
Por supuesto que, no lo pienso por ser insegura de mí misma como se podría interpretar, es solo que yo no estaría con un hombre sólo por su dinero y mucho menos sin tener un vínculo sentimental antes. Después de todo, lo material puedo conseguirlo yo misma.
<<Me gusta el delineado en sus ojos>>
Observándolo mejor me doy cuenta que luce cansado. ¿Estará bien? Me temo que si hago esa pregunta, me veré mal por inmiscuirme en cosas que no deben importarme de los demás.
Ambos miramos al frente cuando empiezan a ofertar por la mujer de procedencia Colombiana que sigue.
Él se enfoca nuevamente en las cifras que exponen y yo en las obligaciones que me fueron asignadas en secreto. Veo que todo vaya en orden y a través del archivo oculto en la aplicación personalizada que se le instaló a cada comprador en sus teléfonos, para que depositen sus pagos al comprar, extraigo las contraseñas de sus cuentas bancarias para retirar la cuarta parte de su dinero un par de semanas después. Sin que puedan sospechar de nuestra organización.
Ladrón que roba a ladrón, tiene cien años de perdón.
》》》》P R O C E S A N D O》》》》
La descarga dá inicio en segundos y sólo me toca esperar un par de minutos.
Observo de medio lado al ejecutivo a mi costado, quien está atento a la subasta. ¿Cuánto dinero podría hackear de sus cuentas si se diera la oportunidad?
—¿Está hecho?
La voz de mi líder se hace presente a través del intercomunicador, asegurándose que todo marche bien, así que asiento en respuesta, de manera lenta y disimulada sabiendo que me observa desde su ubicación al otro extremo del salón.
—Un millón de dólares —converso con Hajime mientras la descarga está por finalizar—, es una buena cantidad para una mujer tan hermosa.
—No es mi tipo. Pero fué una buena ganancia.
Observamos a la rubia que fué vendida por desición propia, como mercancía.
Con ella, termina la subasta y continúa el evento dando inicio a música lenta, invitando a todos a bailar y socializar.
Me incorporo de mi asiento con delicadeza, despidiéndome del hombre de cabello blanco, para ir a reportarme al punto de encuentro con Candy y Uzume.
—¿Quieres otra copa de champagne?
—Gracias, pero me temo que ya tomé lo permitido para hoy. —declino su invitación.
—Bien, entonces un baile.
Apaga su aparato tecnológico y me brinda su mano. Me veo en apuros porque debo irme, sin embargo al girar hacia donde se encuentra mi líder amiga, está siendo llevada a la pista de baile por Sanzu. Supongo que puedo aceptar una pieza yo también.
Tomo la mano de Koko.
》KOKONOI
—Ya no somos del bando contrario —Le recuerdo, cuando busca con la mirada a la odiosa de su líder.
Es muy atractiva, desde que se sentó a mi lado me tiene inquieto.
La palabrería con la que abordo a las mujeres no funcionará con ella.
Ese vestido oscuro se le ajusta perfectamente al cuerpo, haciendo sobresalir las partes adecuadas para que no quiera apartar la vista de ella esta noche.
Me controlé a mí mismo clavando la vista en mi tablet hace un momento, aunque no tengo idea si analicé como debería las últimas ofertas en línea.
La estrecho contra mi pecho al llevarla a la pista de baile y disfruto la vista de ese par de tetas que a penas pueden sostener los delgados tirantes.
Tiene las medidas correctas que me gustan, ni tan grandes, ni tan pequeñas.
La he visto en muchas ocasiones, la primera vez apuntó un arma hacia mí, sin titubear. Parece que las mujeres de esa organización son todas igual de desquiciadas. Por eso me abstuve de detallar de más a cualquiera. Pero ésta noche no será así, no con ella.
Me balanceo al ritmo de la música junto a la pelinegra y deslizo mi mano hasta posarla en el centro de su espalda.
Bailamos sin emitir una palabra por un buen rato, hasta que ella rompe el silencio.
—No te ves como un tipo que pudiera bailar —dice elevando la mirada. Es más pequeña que yo en estatura y eso me genera cosquilleo en la entrepierna al imaginar como puedo sostenerla mientras la embisto.
—Hay muchas cosas que soy y no parezco —la hago girar y la devuelvo a mis brazos, apretando su cintura.
—¿Un buen hombre? —sonríe—. Uno que está cansando y agotado.
Me deja sin palabras.
—Debería abandonar la fiesta e ir a descansar, señor Koko. —añade y se separa delicadamente de mí, haciendo una pequeña reverencia despidiéndose y dejándome una sensación extraña.
Observo como se mezcla entre el gentío y después de un momento, esa melena color azabache desaparece.
—La quiero para mí.
Intento encontrarla de nuevo, sin parecer un acosador, pero fallo en el intento. Parece que quien se marchó es ella. Varias personas se acercan a mí en lo que transcurre la noche. Todas con el mismo interés: Dinero. Negocios. Ambición.
》》》》》Días después
.
Ahora entiendo un poco a Sanzu, Hanma y Kazutora, podría incluso comprender a Mikey. El tener metida en tu cabeza a una mujer aún cuando no quieres hacerlo te jode y te vuelve peligroso.
Ahora envidio a Rindou, que pudo tenerla con él y me alegra que no funcionaran como novios.
Yo puedo darle todo lo que quiera y necesite.
¿Pero qué tienen esos ojos púrpuras que no puedo sacarlos de mi cabeza desde la noche de la subasta?
Me encamino a la base de
Amaterasu
, ser afiliado al fin me da una verdadera ganancia y ventaja.
Recorro los pasillos de las oficinas y no encuentro lo que en verdad vine a buscar así que me cuelgo de mi segunda opción.
—¿Dónde estás? —cuestiono a Sanzu cuando responde mi llamada al quinto timbre.
—¿Te lo diría por? —lo escucho agitado.
—Estoy en la base principal ¿estás aquí?
—¿Y a mí qué?
Me empieza a colmar la paciencia, tenía esperanza en que me ayudara a buscar la manera de trabajar con ella pronto. No tengo tanta confianza con alguien más de aquí y preguntar directamente por ella me hará ver obvio. Esto es ridículo.
》Narrador Omnisciente
Las oficinas estaban en un edificio de más de treinta pisos. Todo el personal, tenía tareas que cumplir y cada uno vivía en su propio mundo la mayor parte del tiempo.
La suerte de Koko se desvanecía como la espuma y ni siquiera lo sabía.
Sanzu estaba demasiado ocupado follando con su esposa en su oficina y los favores para terceros nunca fueron su fuerte.
—Si me esperas unas horas, quizá te atienda.
Fué lo que consiguió como respuesta por parte del pelirosa, antes que colgara la llamada.
Maru, ni siquiera se encontraba en las instalaciones. Se marchó hacia la academia donde creció, para supervisar que todo estuviera en orden y traer informes de ello.
—¿Qué te trae por aquí? —Aslan, quien era el segundo al mando de la mafia, salió de su oficina y notó la presencia de Hajime que se encontraba parado como estatua en el pasillo.
Dudó en responder, tampoco le apetecía emitir grandes mentiras, así que se limitó a decir:
—Vine porque estoy interesado en un nuevo negocio, personal.
El rubio lo invitó a esperar en la sala de conferencias cuando Hajime le avisó que el trato lo haría con Sanzu y al mismo tiempo marcó al número privado de Uzume, para avisarle de la visita que tenía su esposo. Parecía que le quedaba un poco de suerte al hombre que Maru enamoró sin querer.
—Lo que hago por obtener una cita con una mujer de aquí —mascullaba Koko a solas, tomando asiento con impaciencia, sin saber que estaba siendo escuchado y monitoreado en la oficina de Uzume, desde que Ash le avisó donde estaría.
Al escuchar aquella declaración, se separó la pelirroja de Sanzu, dejando de lado la calentura y mandándolo prontamente hacia Hajime.
Con mucho pesar, no podía ir, pues sabía que el ex-ejecutivo y tesorero de Bonten, no abriría la boca con ella presente, si se trataba de un tema de faldas.
Sanzu cerraba la cremayera del pantalón de mala gana. En lugar de ayudar, quería ir a darle un tiro en la frente a Koko por interrumpir el momento que más disfrutaba.
Por otra parte, Maru estaba encantada saludando viejos amigos en la academia, no tenía idea de lo que pasaba en la base. El efecto mariposa se desencadenó por ir a sentarse junto al hombre de delineado bonito, noches atrás.
Después de acordar un nuevo contrato, Hajime pidió como única condición trabajar con Maru en el nuevo proyecto de fraude para un político. Usando de excusa que Candy, quien cumplía la misma función que la pelinegra, era demasiado controlador y no se llevaban bien.
Así pues, Sanzu quién decía sí a todo para librarse de Hajime, aprobó el trabajo, otorgando millones de ganancias futuras para Amaterasu y cumpliendo el capricho de su colega.
Prontamente, Kokonoi volvió a ver a su pequeña hacker de ojos violetas.
A través del acercamiento de cada día, tomaron más confianza, encontrando pequeñas cosas que tenían en común e interesándose más el uno en el otro.
La chica de cabello oscuro y brillante, se percató de la atracción que despertó en Hajime. Aún así, no le daba la oportunidad de coqueteos más allá que sonrisas y miradas. Él tenía una fama y ella no quería formar parte del grupo de mujeres que desfilaron en su cama y fueron desechadas con un premio en oro, pero sin dignidad.
Quizá no le hubiese importado experimentar el acostarse por deseo con Koko, capáz y conseguía lo que pensaba en aquel evento, hackear de alguna manera sus cuentas. Quizá se hubiese atrevido... si no fuera porque ella empezó a desarrollar sentimientos por él, por las pequeñas atenciones y el trato de princesa que le brindaba. Cosas que no eran materiales y excesivas.
El ejecutivo, estaba coladito por ella. ¿Quería hacerla suya? Sí, pero iba más allá de querer tenerla por un par de noches.
Ya se pertenecían.
Decidido, Hajime pidió una cita a Maru, pero por las costumbres de su pasado lo hizo ofreciéndole algo a cambio.
—Diamantes, un auto, una propiedad. ¿Qué puedo darte para que salgas a cenar conmigo ésta noche?
—Podrías darme algo que te cueste más.
—¿Qué cosa? Pídelo y será tuyo —En su interior, Koko tuvo un pequeño dolor al escuchar que aquella chica no era tan diferente a las demás.
Su mente empezó a crear dudas que eran como cuchillos afilados en el corazón. ¿Y si las pequeñas señales sólo fueron una ilusión que él mismo se creó? ¿Y si las veces que le preguntaba sobre cosas triviales, no eran más que para interesarlo en ella y sólo finjía que él le importaba? ¿Qué le pediría? Un avión privado tal vez, una pequeña isla ó todo lo que él le ofreció a la vez.
—Dame tu tiempo y atención —recogió papeles del escritorio donde se encontraban y le sonrió—, eso vale más para mí que cualquier otra cosa y como bonus pediré unas flores, por ser mi cumpleaños.
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¡Gracias por leer! Espera la segunda y última parte de ésta historia pronto.