ADICCIÓN [Fan fiction Bella y Jasper] [Twilight]

Summary

Isabella Swan creyó que su regreso a Forks sería normal, nunca imaginó el convertirse en una enfermiza obsesión para un vampiro nómada que no tiene control por la sangre humana. Los personajes fueron creados por Stephenie Meyer a excepción de unos que inventé yo para la historia.

Status
Ongoing
Chapters
44
Rating
n/a
Age Rating
18+

Forks

-Bella POV-


Me fue imposible dormir durante el vuelo por el ruido y las constantes turbulencias; nunca creí que el viaje de Phoenix a Seattle se sentiría eterno cuando tomé la decisión de volver a Forks, con Charlie —abusando de la persuasión con Reneé para lograr convencerla—. Desde que Phil, el novio de mamá, comenzó a viajar constantemente por trabajo, les era imposible pasar tiempo juntos; su agenda se complicaba y ella ya había rechazado bastantes compromisos por quedarse a mi lado. Merecía disfrutar de su reciente matrimonio, de sus aún treinta, pero sobre todo de su felicidad. Phil siempre fue amable conmigo, no podía quejarme pues nunca hubo problemas entre nosotros y por eso me pareció justo darles ese espacio.

Enfrentándome a mis primeras inquietudes, intenté procesar el cambio que implicaría el estar allá por más de un verano o las festividades de invierno. Pero si de algo estaba segura, era que lo mío no era nada comparado con lo que seguramente debería estar dimensionando Charlie.

Una semana antes había logrado comunicarme con él a escondidas de Reneé para notificarle mi repentina invasión a su privacidad, ni siquiera les había dado tiempo previo para que ambos lo discutieran y llegaran a un mutuo acuerdo cuando ya estaba preparando mis maletas.

El último mensaje que intercambiamos fue antes de subir al avión:

Tranquila, pedí el día en la comisaría. Esperaré tu vuelo.


La voz de la azafata anunciando el próximo aterrizaje en Seattle me hizo finalmente abrir los ojos rindiéndome ante los fallidos intentos de dormir. Me incliné hacia la ventanilla y observé el paisaje, divisando la icónica torre Space Needle en la ciudad. Era un lugar tan diferente a casa, aún no estaba segura de si eso me agradaba o me inquietaba.

— Al fin llegamos. — dijo el señor a mi derecha, un hombre de unos cincuenta años que pasó gran parte del vuelo tarareando un par de canciones mientras movía su respaldo constantemente.

Le dediqué una sonrisa rápida y volví a mirar por la ventanilla. Mis oídos comenzaron a taparse ante el descenso.

Recogí las maletas y las arrastré por un buen tramo con torpeza hacia la salida; Charlie esperaba sumido en sus pensamientos junto a una máquina expendedora. Vestía su clásico uniforme de policía, un elemento tan natural en él que era difícil imaginarlo con algo diferente. Reneé bromeaba constantemente del tener ya hasta pesadillas de eso. Después de todo, en los últimos trece años él se había dedicado por completo a su trabajo, sacrificando muchas cosas en el camino pero obteniendo la jefatura como recompensa.

Me acerqué, tomándolo por sorpresa, quien, por el susto, derramó un poco de su café.

— Bella, tu vuelo llegó…—balbuceó, revisando el reloj y dejando su vaso de café para ayudarme con el equipaje— justo a tiempo. ¿Fue un viaje agradable?

— Fue... rápido —mentí, el aire comenzó a helarme los brazos—vaya que hace frío aquí.

— Ya no es Arizona, Bella. Aquí se pronostica tormenta cada semana —dijo con una media sonrisa— deberás acostumbrarte.

Salimos en dirección al estacionamiento, donde un Cruiser azul con el logo de la comisaría de Forks en ambos lados nos esperaba en las primeras filas.

— Nos espera un viaje largo, así que ponte cómoda. ¿Quieres hacer una parada en Seattle antes de irnos?

— No, estoy bien.

Hacía preguntas ocasionales sobre mamá y sus pasatiempos “hippies” —según Charlie lo recordaba—, del estado actual de la relación de ella y Phil, de sus viajes, su estilo de vida. Su tono era casual, sin molestia ni resentimiento, estaba orgulloso de que Reneé hiciera su vida y de que había encontrado a alguien que la complementara; a pesar de que su relación fue caótica por su joven edad y su diferente manera de ver el mundo, para mi fortuna, habían logrado crear una amistad con el paso de los años por el bien de ambos a pesar de su separación cuando yo era pequeña.


El viaje de regreso fue de más de tres horas de constante lluvia, tiempo suficiente para actualizarle de mi vida, ambos guardamos silencio al divisar el letrero de bienvenida a Forks.

— ¿Le tomaste foto? Mándasela a Reneé para avisarle que llegaste bien.

— Le diré a Phil, ella pierde su celular cada vez que parpadea.

Charlie bajó el volumen de la radio en mi parte favorita de la canción, esta emitió un sonido de alerta irrumpiendo la estación. Frunció el ceño confundido y maldijo por lo bajo.

— Les dije que hoy estaría ocupado. Bella, ¿te importaría si...?

— No hay problema —respondí de inmediato, entendiendo sin que terminara la frase. Al parecer, un asunto en la comisaría requería su atención.

Pasó a toda velocidad la calle principal desviándose hacia la comisaría, donde varias patrullas con las luces encendidas ya esperaban.

Rodeó el vehículo para abrir mi puerta.

— No me tomará mucho tiempo. Puedes esperar en la recepción con Marie; ella te hará compañía. Si quieres algo de la máquina, pídele la llave del jefe —me guiñó el ojo.

Caminó a paso firme hacia la entrada, me costó mantenerle el paso, el resto de policías se apresuraron para alcanzarlo, balbuceaban cosas al mismo tiempo peleándose por su atención mientras lo seguían hasta su oficina.

Al vivir esa escena en persona, comprendí algo: este era el día a día de Charlie, probablemente esos jóvenes y no tan jóvenes cumplían ese papel de familia suplente,puede que incluso algunos, después de tanta convivencia y rutina, fueran los hijos que mi padre nunca tuvo la oportunidad de ver crecer.

Me detuve en la recepción con una extraña sensación amarga mientras ellos avanzaban; una recepcionista de cabello oscuro atendía el teléfono y al verme me ofreció una cálida sonrisa, sin colgar su llamada susurró:

—Bienvenida, Bella.


La comisaría era una sala fría con un toque lúgubre, detenida en el tiempo. Un enorme mapa antiguo de Forks decoraba la pared principal y junto al pequeño sillón del que me había apropiado en los últimos diez minutos, una mesa con periódicos recientes captó mi atención; tomé uno para entretenerme ojeando los titulares:

Desapariciones en los alrededores.

La noticia me dejó un nudo en el estómago. Si Renée sabría de esto, nunca me habría dejado venir. Dejé el periódico, sintiéndome inquieta, intentando pasar el malestar. Escuchar la puerta principal abrirse me sacó del pequeño trance. Un policía joven de cabello dorado con una inquietante presencia que imponía, pasó junto a mí captando al instante mi atención. Sus facciones parecían esculpidas con precisión, sus rasgos me eran extraños y, a la vez, magnéticos. Cruzamos mirada por un instante, me dedicó una breve sonrisa antes de continuar hacia la oficina de Charlie.

Tomé la palabra de Charlie y visité hacia la famosa máquina expendedora fuera de la comisaría, pero nada de lo que ofrecía parecía apetecible. Miraba de vez en cuando hacia su oficina, deseando que saliera aunque sabía que seguía ocupado. Acepté la remota idea de incluso pasar la noche allí o irme caminando hacia la dirección de su casa que no recordaba en absoluto. Forks me parecía tan desconocido ahora, mis recuerdos de infancia lo pintaban más… colorido.

Charlie lucía orgulloso de llegar a la Comisaría conmigo vistiendo una versión miniatura de un uniforme de policía para niños de tres años con su apellido en mi etiqueta “I. Swan”, un regalo más para papá que para mí de parte de la familia Black por Navidad.

Perdí la noción del tiempo hasta que los vi salir deprisa rumbo a sus autos, encendiendo las sirenas. Charlie fue el último en aparecer, hablando rápidamente por su radio coordinándolos. Me acerqué aturdida.

— Sube al auto —me dijo apresuradamente, siguiéndole el paso.

— ¿Pasó algo? No respondió, mantuvo su vista al frente.


Sentí el golpe de adrenalina al asimilar la velocidad en la que el auto avanzaba. No se lograba distinguir la silueta de los altos pinos característicos del pueblo. Ninguno de los dos emitió palabra alguna. Al cabo de unos minutos, el vecindario se hizo visible. La casa permanecía igual, intacta en el tiempo. Charlie frenó en seco, el cinturón se tensó sobre mí.

— Llegamos —murmuró, bajándose rápidamente para ayudarme con las maletas.

Lo seguí hasta la parte trasera, cerré la cajuela del carro y lo observé aún confundida.

Abrió la puerta de la casa en cuestión de segundos, metiendo las maletas.

—¿Lo dejarás encendido? —Pregunté señalando la patrulla con el motor aún funcionando.

—Surgió algo; me necesitan —dijo, con una sonrisa forzada, bajando los escalones a toda velocidad, se detuvo frente a la puerta del conductor—. No le digas a Phil, te dejé algo para cenar...

—Déjame adivinar —sonreí—. Macarrones con queso.

Me devolvió una sonrisa nostálgica.

— La especialidad del Chef Swan.

—Todavía es de mis comidas favoritas... —mentí—. No me molesta quedarme sola, solo... cuídate, ¿sí?

Asintió, antes de partir dijo:

—Bienvenida a Forks, Bella.