Capítulo 01 - "El Doctor"
Advertencia
La siguiente historia toma inspiración de hechos reales, mezclados con hechos ficticios que dan lugar a una trama históricamente inexacta, con personajes ficticios y situaciones inventadas por el autor.
La historia toca temas serios que podrían no ser del agrado de un público más sensible (violencia, muerte, r4cismo, h0mof0bia) por lo que se recomienda discreción al momento de leerla, has sido advertido.
Londres, época victoriana, marcada por un pequeño pero muy notorio avance industrial en su sociedad, pero así como se avanzaba en dicho aspecto, la sociedad parecía hundirse en una sombría miseria que aterraba a las personas de aquella población, parecían ir retrocediendo cada día, hasta que un día, tocaron fondo.
Una mañana algo fría (como lo eran casi todas en aquella ciudad) la neblina inundaba las calles de la misma forma que lo hacían el pánico y la paranoia, las personas miraban preocupadas a los alrededores, los rumores eran monstruosos, pero nada llegaría a ser más monstruoso que lo que estaban a punto de averiguar.
Un jóven de cabello negro caminaba por la calle con ambas manos metidas en sus bolsillos, su semblante era serio, receloso, todos lo miraban de arriba a abajo, era el precio que debía pagar por ser un extranjero recién llegado a aquella ciudad terriblemente fría, no solo en términos climáticos.
El jóven caballero de ascendencia norteamericana caminaba a paso acelerado, su destino era la sede de Scotland Yard, con los que empezó a colaborar desde hace unos meses como médico forense e investigador suplente, todos aseguraban que su conocimiento en medicina y las investigaciones que había hecho en américa, serían útiles para resolver un reciente homicidio que tenía más que horrorizada a la sociedad.
— Buen día — saludó al entrar en aquel edificio, los caballeros le saludaron de igual forma, mientras miraban de arriba a abajo y con algo de burla el semblante delgado y frágil de su "consultor".
— ¿Así que usted es Taylor Atwood? — preguntó un hombre de barba y cabello negro.
— Así es — asintió quitándose el sombrero, y dejando al descubierto su oscuro cabello rizado — ¿Cuál es la situación tan importante para la que me llamaron?
— Acompáñeme — dijo uno de esos oficiales mientras sacudía su traje y caminaba a una sala en cuestión, el jóven caminó rumbo a aquel sitio, el único sonido que resonaba por aquellos pasillos, era el de sus zapatos chocar contra el suelo, la tensión en el aire era tan palpable que llegaba a dar miedo.
Caminaron hasta llegar a una habitación oscura, de un aroma putrefacto, donde el aire era pesado, y ni hablar de la cara que tenían las personas que cuidaban dicho sitio, daban la impresión de haber visto algo espantoso, y faltaba muy poco para que el doctor lo presenciara también.
Entraron a la habitación en cuestión, donde una larga mesa era cubierta por una manta amarillenta con varias manchas rojizas alrededor, parecía haber algo debajo de dicha manta, el doctor ya intuía de lo que se trataba, aunque de igual forma, estaba algo abrumado por el misticismo de esos hombres que le hacían compañía.
— Tiene frente a usted, el cadáver de una prostituta a la que encontramos ayer en Whitechapel, no conocemos su apellido, solo sabemos que se llamaba Mónica — dijo aquel oficial mientras se paraba frente a la mesa en cuestión, el doctor arqueó una ceja con recelo al escuchar las palabras ajenas.
— Tengo entendido que es normal que prostitutas mueran como si nada en las calles de Whitechapel, ¿porqué es esta tan especial entonces? siendo que ni siquiera conocen su apellido.
— La víctima no es lo que llama la atención en este caso, doctor Atwood; es el cómo murió, lo que nos preocupa — dicho esto, el oficial levantó la manta que cubría el cuerpo de la mujer rubia, dejando ver su cuerpo sin vida, donde lo que más resaltaba, era un par de cortes pronunciados en su garganta, además de varios cortes muy precisos en varias partes de su cuerpo.
— Dios mío — murmuró el doctor con la voz algo apagada, sintió un escalofrío desagradable recorrer su cuerpo.
— Estamos investigando a la persona que pudo haber hecho esto; normalmente no investigamos cuando muerte una puta, pero luego de encontrar esto, las personas han empezado a asustarse, y nos exigen respuestas — dicho esto, el oficial señaló una mesa detrás del jóven de cabello rizado, quien volteó para ver la mesa en cuestión, y ver las manchas tan pronunciadas de sangre, hicieron que su estómago se retorciera.
Retiró la manta en cuestión, dejando ver el cuerpo de una mujer de color, con cortes similares a los de la mujer rubia, solo que esta tenía una abertura pronunciada en su vientre, abertura que hizo al doctor jadear con horror.
— Yelena Wilson, una hija de inmigrantes americanos, parece que su color de piel no les daban muchas opciones de vida de su lado del planeta — dijo aquel oficial plagado de ácida ironía, logrando que el doctor le mirara de reojo con algo de seriedad, al mismo tiempo que trataba de mantener la compostura, aunque le era difícil, era la primera vez que veía algo tan monstruoso — A la víctima le hicieron cortes similares a los de la primera, pero también parecen haberle extirpado el útero.
— Esto es monstruoso... — susurró mientras detallaba de arriba a abajo el cuerpo sin vida de la mujer en cuestión — S-Se nota que fue—
— Fueron asesinadas por el mismo hombre — respondió el oficial en seco mientras se cruzaba de brazos — Dado que usted conoce más de medicina que cualquiera de nosotros, queremos que nos ayude a buscar alguna pista, algún patrón que nos guíe a este desquiciado.
— Soy obstetra, ¡no un forense!
— ¡Por su elevado conocimiento sobre anatomía femenina es que le pedimos ayuda, doctor Atwood! — reclamó el oficial mientras se acercaba a él y le jaloneaba de la camisa de forma brusca — ¡Deje de ser usted tan cobarde, hay cosas más importantes en juego! ¡creí que había venido a Londres a aprender más sobre su oficio!
— ¡Aprender, no ver cuerpos descuartizados! — reclamó entre pesados jadeos, ganándose un duro golpe en su rostro de parte de aquel oficial en cuestión.
— Creame que si tuviéramos otro doctor a nuestra disposición, no recurriríamos a un amanerado idiota como usted — dicho esto, el oficial se dio media vuelta y se marchó del lugar, dejando solo al doctor, quien miraba con horror los cuerpos a su alrededor, nunca creyó que la situación sería tan monstruosa, aunque él mismo estaba consciente de que si la policía solicitó su ayuda, no era para ver algo grato o memorable.
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Revisaba dichos cuerpos de arriba a abajo, trataba de hallar algo que pudiera identificar a su homicida, pero solo lograba encontrar rastros desagradables de una vida llena de excesos y hombres que usaban a dichas mujeres de forma brusca y nada condescendiente, hasta dejarlas totalmente desfiguradas o con su cuerpo dañado de por vida, dicho panorama era espantoso.
— Bien doctor — habló un policía mientras entraba a dicho lugar junto a otros dos, uno pelirrojo, uno de cabello castaño (que fue quien golpeó al doctor) y uno de cabello cobrizo, algo descuidado — ¿Qué nos tienes? — exclamó el castaño.
— No he hallado nada que pueda ser relevante, s-solo indicios de que ambas eran prostit... trabajadoras sexuales — se corrigió a sí mismo, siempre respetó muchísimo a las mujeres, razón por la cual dichos crímenes se le hacían tan desagradables — Además, ambas eran alcohólicas, en sus órganos se nota que bebían cantidades absurdas de alcohol.
— Interesante, o mejor dicho, inservible — escupió el de cabello castaño — ¡Todas las prostitutas en Whitechapel ingieren alcohol, eso no nos dice nada!
— Sabremos cuáles serán sus víctimas potenciales — dijo el pelirrojo.
— Mh, bien — volteó a ver al doctor de forma incrédula — Puede marcharse, pero necesitamos que vuelva mañana temprano a seguir examinando estos cuerpos.
— ¿Qué más se les puede analizar? ¡no tienen nada!
— ¡¡Así deba quitarles la piel y volvérsela a poner, pero quiero que halle algo, no lo trajimos aquí a presumir su título!! — gritó el oficial de cabello castaño, quien miraba al doctor con odio absoluto, odiaba aquellos gestos delicados y "femeninos" que hacía dicho sujeto en cuestión, se le hacían sumamente desagradables.
El doctor tomó un pañuelo para limpiar la sangre de sus manos, y salió de aquella habitación, añoraba alejarse de eso hombres lo más pronto posible, y realmente no deseaba volver a tratar con ellos, de hecho, no quería seguir viendo cadáveres, menos unos tan maltratados como los que había visto hace poco.
Salió de la jefatura de policía, y empezó a caminar por aquellas calles tan deterioradas y lúgubres, donde había una mujer en cada esquina haciendo tratos con hombres de dudosa moral, o al menos eso era lo que pensaba él, y después de que la frase "moral" apareciera en su mente, se dió cuenta de que era absurdo citar dicha frase, ¿en qué parte de aquel mundo tan podrido, reinaba la moral, las buenas costumbres, acaso eso existía? daba la impresión de no ser así.
Detallaba sus ensangrentadas manos mientras un horrible nudo se formaba en su garganta, inevitablemente pensó en su madre, en su hermana, en él mismo bajo una piel diferente, y es que, gran parte de su admiración por el sexo opuesto, era porque muy en el fondo, él sentía que había nacido de la forma equivocada, bajo la piel equivocada, en un cuerpo equivocado, por ello le horrorizaba ver cómo le hacían ese tipo de cosas tan horribles a seres tan hermosos como lo eran las mujeres, era simplemente monstruoso.
Caminó hasta que llegó a un pequeño pero muy concurrido bar, lleno de hombres de mal aspecto y mujeres de dudosa moralidad, él las miraba con pena y temor, en cada una de ellas, solo podía ver a las dos damas a las que tuvo que examinar hace unas horas, pensar que cualquiera de ellas podía ser la siguiente víctima, le daba náuseas.
Al llegar a la barra, pidió un vaso de whisky, necesitaba algo fuerte para quitarse aquel amargo sabor de boca provocado por la angustia y la ansiedad, estaba tan ensimismado en sus pensamientos, que apenas y notó la silueta que se sentaba a su lado.
— Un whisky por favor — pidió una elegante voz de un extraño acento que le hizo arquear una ceja, miró de reojo hacía aquel sujeto, sonrojándose al ver a tal persona tan bien parecida; ojos azules como un par de zafiros luminosos, larga cabellera negra tan oscura como la noche, y una encantadora sonrisa que lograba embrujar a cualquiera, él estaba seguro de eso, porque apenas lo vio, se sintió embrujado.
Aquel caballero fijó su mirada azúl sobre el chico americano, quien agachó la mirada con vergüenza, sabía que a muchos hombres les incomodaba ser vistos como si fueran una hermosa quinceañera, sin embargo, a aquel caballero no parecía importarle, de hecho, parecía agradarle.
— Buen día — murmuró cordialmente, el chico respondió a su saludo agachando sutilmente la cabeza — ¿Es nuevo por aquí?
— ¿Porqué la pregunta? — murmuró con la voz algo temerosa, el contrario sonrió de forma juguetona, parecía alguien con un carisma sin igual.
— Aún tienes algo de brillo en tus ojos, eso es algo que ya nadie preserva aquí en Whitechapel — el chico sonrió algo apenado al oír tal explicación, el contrario extendió su mano hacía él — Robert James Dawson, hijo de John Dawson.
— ¡¿E-El John Dawson?! ¡¿e-el dueño de licores Dawson?!
— De hecho lo heredó de mi abuelo, pero sí, ese John Dawson — comentó con una sobria sonrisa que hacía al de ojos cafés tartamudear, no podía creer que estaba frente a un millonario.
— E-Es un placer conocerle, señor Dawson.
— Dime Robert, "señor Dawson" me hace sentir muy viejo.
— C-Claro — murmuró el doctor mientras agachaba un poco la mirada.
— ¿Y tú eres? — preguntó mientras tomaba el vaso con licor y le daba un sorbo — No escuché tu nombre.
— Taylor Atwood, s-soy americano.
— Lo sé, lo noté apenas te vi — afirmó con algo de orgullo mientras arqueaba una ceja — Sé reconocer a un inmigrante cuando lo veo.
— ¿T-Tan evidente es mi cara de que no tengo idea de en dónde estoy? — preguntó con vergüenza mientras arreglaba un poco su cabello, empezaba a entrar más en confianza con aquel caballero de ojos azules.
— En parte, también ayuda que yo siempre he sido bueno con las deducciones — afirmó dando otro sorbo a su whisky — Y presiento que esas manchas en sus manos no son tinta, doctor — el chico jadeó al escuchar dichas palabras, por lo que ocultó sus manos bajo la barra de la mesa, logrando que el caballero que le acompañaba empezara a reír calmadamente.
— ¿C-Cómo sabe usted que yo—
— ¿Que eres doctor? fácil, ningún asesino en serie iría por la calle con las manos manchadas de sangre, tendría que estar muy loco, o muy orgulloso de lo que hizo para hacer eso — dichas palabras hicieron que el doctor suspirara con pesar, recordó nuevamente el trabajo en el que lo habían involucrado, y eso solo hizo que su pecho empezara a sentirse pesado de nuevo — Te noto estresado, ¿puedo invitarte un trago para que te calmes, doctor?
— N-No creo que eso sea correcto — murmuró mirando con pena al contrario, quien arqueó receloso una ceja al oír dichas palabras.
— ¿Porqué? ¿los americanos son alérgicos al licor?
— No, pero... tal vez quiera usted gozar de otro tipo de compañía, tal vez... ¿femenina? — el contrario rió de forma algo incrédula al escuchar las palabras del jóven doctor.
— Creo que no me estás entendiendo, doctor — susurró mientras usaba su dedo índice para alzar la mirada del chico de ojos cafés, y hacerle verlo fijamente a los ojos, ojos que con cada segundo trastornaban más y más al doctor, y fueron los causantes de que él finalmente accediera a la invitación de aquel caballero tan elegante.
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— ¿Y qué has venido a hacer aquí? — preguntó mirando atentamente al sujeto que bebía junto a él, eran ya las 07:29 de la noche, una vela era la única fuente de luz entre ambos, aquel bar se empezaba a quedar solo, por lo que ambos empezaron a hablar con un poco más de soltura, ya que no había nadie que pudiera oír sus palabras.
— Planeaba hacer prácticas en varios hospitales, pero unos oficiales de policía solicitaron mi apoyo en un caso especial por mi conocimiento en anatomía femenina — habló sin darse cuenta de lo que estaba diciendo, el alcohol empezaba a hacer estragos en él.
— ¿Caso especial? — preguntó el de ojos azules mientras fruncía sutilmente el ceño — ¿De qué hablas?
— Esto, s-se supone que no debo decirlo, porque no quieren preocupar a la gente, pero en Whitechapel han ocurrido unos horribles crímenes últimamente, asesinaron a dos mujeres que se dedicaban a la prostitución — el caballero arqueó una ceja con severidad al oírle.
— Muchas mujeres mueren en whitechapel y a Scotland Yard no parece importarle, ¿porqué es este un caso especial entonces?
— Por la forma en que murieron, las apuñalaron y extirparon órganos internos, prácticamente fueron destripadas — murmuró mientras daba otro trago seco a su vaso con whisky, el hombre frente a él se quedó estático, una expresión de pena y preocupación se logró reflejar en él.
— Dios santo — murmuró agachando la mirada y haciéndose una cruz en la frente — Dios se apiade de esas almas.
— Es más horrible de lo que suena, salud — murmuró dando otro trago a su copa — Por eso estoy tan abrumado, ¡la policía depende de mí para ayudarles a resolver el caso, y yo no logré hallar nada en esos cuerpos que pueda servirles!
— Cualquiera creería que la medicina americana es más avanzada que la nuestra — murmuró el caballero de ojos azules mientras apoyaba ambos codos en la mesa.
— Estamos igual — bufó pasando su mano por su rostro — Solo he averiguado que las mujeres eran alcohólicas, porque ni siquiera he logrado descifrar los cortes y las mutilaciones, tal vez sea un acto de brujería.
— O un doctor desquiciado — afirmó aquel caballero mientras daba un trago seco a su vaso, el chico le miró con atención al oír sus palabras.
— ¿Disculpe?
— Es evidente, doctor; ¿quién goza del conocimiento básico para extirpar órganos de esa forma? obviamente debe ser alguien con un doctorado, o alguien especializado en cortar carne — las palabras ajenas hicieron que el doctor abriera sus ojos casi por completo, era un detalle un tanto obvio, pero lo suyo no eran las deducciones, por lo que obviamente lo pasó por alto.
— ¿U-Usted cree?
— Basado en lo que me cuentas, es lo más lógico — murmuró dando otro sorbo a su trago.
— Dios mío, ¡debo ir a avisarle al jefe! — exclamó colocándose de pie de forma brusca, el caballero de ojos azules se levantó igual que él para tomarle del hombro y sonreírle coquetamente.
— Oye cálmate, ¿porqué tanta prisa? aún es de noche.
— L-Lo sé, pero... — titubeó mientras empezaba a tambalearse a causa del alcohol, el contrario le sujetó con fuerza para evitar que cayera al suelo.
— Tranquilo, doctor, déjeme ayudarle — murmuró aquel sujeto de forma galante y tranquila, mientras sacaba algo de dinero de su bolsillo y lo dejaba sobre la barra para ayudar al doctor a caminar hacía la puerta de aquel local.
— E-El asesino, podría ir a atacar a otra mujer — murmuró el doctor mientras miraba preocupado al de ojos azules, quien le miró algo preocupado ante su evidente estado de embriaguez.
— Tengamos fé en que eso no sucederá, doctor — murmuró posando ambas manos sobre los hombros ajenos y caminando junto al jóven chico hacía la puerta de aquel oscuro y maloliente bar, donde varios hombres y mujeres hacían tratos donde intercambiaban un par de monedas por un par de horas en una cama de hotel, era deplorable, pero lamentablemente, era el oficio al que muchas mujeres debían dedicarse debido a la pobreza de aquel distrito.