Un Invierno Junto a Ti (One Shot) (GIVEN)

Summary

Ha pasado un año desde que Mafuyu confesase sus sentimientos a Uenoyama en aquel mirador frene al mar. Y ahora cada uno se encuentra en un lugar distinto, Uenoyama está llamado a la puerta de Haruki y Akihiko, mientras que Mafuyu se encuentra solo en un parque cercano a su casa.

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UN INVIERNO JUNTO A TI

—¿Qué haces aquí?

Akihiko miraba al moreno con una ceja levantada al abrir la puerta de su apartamento. Para variar, Uenoyama iba vestido de forma casual, cargando a su espalda su siempre inseparable guitarra.

—¿Está Nakayama? —preguntó el adolescente con cierta urgencia en su voz. Kaji lo miró ahora mas extrañado.

—No, ha salido hace un momento.

—Mierda... —el moreno se llevó las manos a la cabeza y miró al suelo, abrumado y alterado. El rubio pudo apreciar enseguida que el chico necesitaba ayuda, y si venía a buscar a Haruki era por algo relacionado con Mafuyu, pues todos sabían que Haruki era el mas sentimental de la pareja formada por ellos dos.

—Si quieres puedo ayudarte yo... —dijo el rubio llevándose una mano a la nuca, ganándose una mirada juiciosa y completamente desconfiada de Uenoyama —hey, si no quieres mi ayuda puedes irte por donde has venido —dijo el rubio molesto cerrando la puerta, pero no llegó a hacerlo, pues Uenoyama detuvo la puerta con la palma de su mano.

—Esta bien... perdona... em... ¿puedes ayudarme?

Kaji lo miró con cierto aire de victoria, abrió la puerta nuevamente y le dejó pasar.

—Adelante.

Una vez dentro del departamento, Uenoyama dejó su guitarra apoyada en la pared y fue a sentarse en uno de los sofás cuando se percató del aspecto de Akihiko.

—Oye, Kaji, ¿podrías vestirte, no crees?

Kaji se miró, llevaba el torso al descubierto y un pantalón de pijama, que caía justo al límite de su pubis, evitando casi por obra divina que nada privado se destapase.

—¿Por qué?... estoy en mi casa...

—Es la casa de Nakayama —replicó el moreno.

—También es la mía, te recuerdo que vivimos juntos —replicó y se sentó en el sofá enfrentado al del que se había sentado el chico —además, a Haru le gusta que vaya así —respondió llevándose una mano a la barbilla y sonriendo de forma pícara.

Uenoyama suspiró y lo dejó pasar, fue entonces cuando recordó a lo que había venido y nuevamente los nervios se apoderaron de él, pero antes de poder decir nada, Kaji se puso en pie.

—¿Quieres algo de beber mientras me cuentas que te pasa con Mafuyu?

El adolescente se quedó algo aturdido.

—¿Co-cómo sabes que es por Mafuyu?

Akihiko, que ya había entrado en la cocina para agarrar dos latas de refresco, habló alzando un poco la voz para que el adolescente le oyese.

—Porque si vienes a buscar a Haru es por algo de eso... —asomó la cabeza por la puerta y lo miró alzando una ceja —¿o no?

Tras eso, Kaji dejó una lata de refresco delante de Uenoyama y se sentó, cruzando las piernas y abriendo su propia lata, que había cambiado por una cerveza, tomando un sorbo.

—Bien, cuéntame, intentaré ayudarte en todo lo que pueda.

Uenoyama agarró su lata y la abrió, haciendo sonar el gas del refresco y dando un sorbo, mirando a Kaji de reojo.

—¿Co-cómo lo hacéis Nakayama y tú?

Akihiko escupió su bebida en la cara del adolescente, tosiendo mientras, con las mejillas rojas miraba a su contrario bastante sorprendido, mientras este se limpiaba la cerveza escupida de su cara y parte de la ropa.

—¡¿Qué dices?!, no pienso hablar de mi vida sexual contigo.

—¡¿QUÉ?! —Uenoyama gritó —¡¡YO NO QUIERO SABER ESO!!

—¿Entonces? —Kaji se frotó la boca y se volvió a sentar.

—Quiero saber que hacéis cuando tenéis citas...

La cara de alivio de Akihiko fue inmediata, suspirando y dejándose caer en el sofá.

—Ahh... era eso... fiu... —dijo quitándose el sudor imaginario de la frente.

—Si... —respondió algo avergonzado.

Una vez recuperada la tranquilidad, el rubio lo miró con una sonrisa.

—¿Qué pasa, quieres tener una cita con Mafuyu?

Uenoyama enrojeció.

—Mas o menos... verás... hoy hace un año de que nos hicimos novios...



En ese mismo momento, Mafuyu se encontraba sentado en el columpio de un parque cercano a su casa, a su espalda su guitarra, y miraba al cielo azul, suspirando con una expresión decaída.

—¡Mafuyu!

El chico miró a su izquierda para ver a Haruki acercándose a él, con la mano extendida saludándole. Mafuyu se levantó e hizo una reverencia cuando estuvo a su lado.

—Gracias por venir, Nakayama-san.

—Por favor, creo que ya es hora de que dejemos las formalidades —replico el hombre de pelo castaño claro, rascándose la nuca.

El chico de pelo anaranjado asintió y se volvió a sentar, al mismo tiempo que Haruki se sentaba en el columpio de al lado, balanceándose levemente.

—Y bien, ¿Qué pasa?

Mafuyu agachó la cabeza, algo apenado.

—Hoy hace un año que Uenoyama y yo nos hicimos novios...

—¡Pero eso es algo bueno! —dijo el castaño con una sonrisa.

—Si —respondió el adolescente —pero...

Haruki miró a Mafuyu, hacia poco mas de un año que lo conocía, por lo que mas o menos podía predecir su estado de ánimo y sus pensamientos, y veía cierta tristeza en su mirada, recordándole a ese Mafuyu que conoció un año atrás, donde la muerte de su exnovio todavía estaba presente.

—¿Pero?

—Uenoyama lleva varios días sin hablarme, no responde mis llamadas y como estamos en vacaciones no lo puedo ver en el instituto... he ido a su casa, pero su hermana siempre dice que no está... creo que me está evitando...

Haruki se sorprendió mucho con esas palabras, conocía bien a Uenoyama y eso no era propio de él. Dejó de balancease en el columpio y miró fijamente a Mafuyu.

—Seguro hay alguna explicación, Uenoyama no es ese tipo de chico.

—Lo se... pero...

Haruki no sabía bien que decir, todo le parecía raro, pensó en llamar a Akihiko para preguntarle si él sabía algo, pues era cierto que hacía varias semanas que no se habían reunido para ensayar, al estar en vacaciones cada uno iba por su lado, pero esa misma mañana, el mismo Uenoyama le había escrito para saber si iba a estar en casa, no respondió al principio, pues en ese momento tenía entre manos a Akihiko desnudo y no era algo que se pueda desaprovechar, y luego se le olvidó responder.

—Creo que va a dejarme... —dijo Mafuyu de pronto haciendo que el castaño lo mirase alarmado.



—¡¡¿CÓMO QUE HACE UNA SEMANA QUE NO HABLAS CON MAFUYU?!!

El grito de Kaji sonó en todo el departamento, y el mismo Uenoyama se tuvo que tapar los oídos.

—¿Acaso eres tonto? —volvió a preguntar el rubio.

—Lo puedo explicar, no es lo que piensas... —se apresuró a defenderse el moreno.

Akihiko se cruzó de brazos, algo enfadado y lo miró escéptico.

—A ver...

—Déjame que te explique... —Uenoyama tragó saliva —hace una semana recordé que hoy era nuestro aniversario de ser novios, y quise preparar algo especial... pero si me veía con Mafuyu se iba a dar cuenta... sabes muy bien que se me notaría que estaba ocultando algo y seguro podría producirse un malentendido...

—Aja... ¿y crees que evitarle una semana no creará ningún malentendido? —le reprochó el hombre.

—Yo... bueno... —la cara de Uenoyama se puso completamente blanca, pues no había contemplado esa situación, lo que hizo que su cabeza empezase a procesar todo —mier...da...

—¿Lo entiendes ahora?

El pánico invadió a Ritsuka, que se puso de pie, histérico, caminando rápido en círculos por el salón.

—¡¡¿Qué hago?!!, ¡¡¿qué hago?!!

Kaji se acercó y lo detuvo, poniéndole las manos en los hombros y apretando para que no se moviese del sitio.

—Lo primero tranquilízate...

La respiración de Uenoyama estaba acelerada, pero poco a poco se fue calmando, pero los nervios y la sensación de sentirse una basura seguía presente.

—Bien, ahora lo primero que debes hacer es llamar a Mafuyu y disculparte, y explicarle todo, seguro que lo entenderá y no te lo tendrá en cuenta.

—Pero... —los pensamientos de Uenoyama eran como puñales hiriéndole el alma, solo podía pensar en Mafuyu y lo dolido que tendría que estar por lo que le había hecho, y mas sabiendo todo lo que pasó con Yuki en el pasado —me va a odiar... soy una mierda —dijo entre lágrimas...

Akihiko se llevó una mano a la cara, rodó los ojos y abrazó al chico para procurar calmarlo.

—Creo que va a dejarme...



Haruki se levantó del columpio al oír eso, sin saber muy bien que decir, y algo agobiado se puso frente a él.

—No digas eso... te aseguro que debe haber alguna explicación.

Mafuyu agachó la cabeza, viejas sensaciones estaban volviendo, llevó su mano a la funda de su guitarra y la agarró con fuerza, y tras unos instantes se levantó ante la atenta mirada de Haruki y se colgó la guitarra a su espalda y lo miró.

—Gracias por venir... creo que me iré a casa... estoy cansado.

—Mafuyu...

Sin poder hacer nada, Haruki vio como Mafuyu se alejaba, fue entonces cuando la música del teléfono del chico de pelo anaranjado comenzó a sonar, haciendo que el castaño lo mirase. Mafuyu echó mano a su bolsillo y agarró el aparato, y cuando vio el nombre de Uenoyama en la pantalla, su cara y su mirada se iluminaron, al punto de notar que iba a llorar.

Se giró y miró a Haruki en la distancia, levantando el teléfono.

—¡¡ES ÉL!! —gritó con emoción en su voz.

—¡Contesta! —le gritó el rubio.

Mafuyu sonrió y pulsó el botón de aceptar la llamada, y sin dar tiempo nada se lo puso en la oreja y habló.

—Uenoyama...



Dos horas después, Mafuyu se encontraba solo, en el mirador frente al mar donde un año atrás, le había confesado sus sentimientos a Uenoyama, la guitarra a su espalda le daba cierta seguridad y estabilidad, pues el viento y la brisa marina a veces venía con fuerza.

En su cabeza no cesaban de repetirse las palabras que Uenoyama le había dicho por teléfono hacia un par de horas.

La ansiedad que sentía empezaba a pasarle factura, no pudiendo evitar recordar sucesos del pasado, el como encontró a Yuki colgado. Esos recuerdos hicieron que sus dedos se tensasen sobre su ropa arrugando un poco su camiseta.

—Mafuyu...

El chico dio un ligero respingo al oír su nombre y giró la cabeza a su izquierda para ver a Uenoyama, a pocos metros, con las manos en los bolsillos y mirándole fijamente.

El moreno miraba a Mafuyu de forma tranquila, tras meter la pata de forma monumental al haberlo evitado estos días para hacerle una sorpresa había provocado algo muy malo, debía disculparse, pero los nervios hacían que todo su ser se tensase y no le dejasen ser él mismo.

Uenoyama se acercó mas a Mafuyu y se puso a su lado, mirando al mar, con las manos en los bolsillos, tragó saliva mientras Mafuyu agachaba la cabeza.

—Mafuyu... tengo que decirte algo...

El moreno se maldijo por hacer sonar su voz tan seria, pues recordaba como hacia menos de dos horas, Kaji se había puesto furioso con él por decirle a Mafuyu por teléfono que “tenían que hablar”, pues esa frase y con la seriedad con la que la había dicho podría provocar malentendidos.

La seriedad provocada por los nervios hizo mella en el chico de pelo anaranjado, que su ansiedad tocó techo, y pensando en que se avecinaba la ruptura no pudo evitar ponerse a llorar, llevándose las manos a la cara.

Eso dejó algo aturdido a Uenoyama que al oírlo y verlo llorar se asustó.

—Ah... ¿Qué pasa?... ¿por qué lloras? —Uenoyama se pegó mucho mas a Mafuyu y le sostuvo la cara con las manos, mirándole a los ojos con cierto temor.

—Si he hecho algo mal, por favor, dame otra oportunidad, sé que lo puedo hacer mejor, por favor... —decía Mafuyu entre lágrimas, aferrándose a los brazos del moreno.

—¿Qué dices? —Uenoyama no entendía nada.

—Por favor, no me dejes...

Entonces la mente de Uenoyama despertó y lo comprendió todo, y sin mas abrazó a Mafuyu, aferrándose bien a él.

—Perdóname... yo... no quiero dejarte —pudo decir por fin librándose de toda la tensión y los nervios.

Debido al abrazo, la boca del moreno se encontraba cerca del oído de Mafuyu, por lo que oyó con claridad esas palabras que entraron en él como si fuese agua fluyendo por el mar que tenían frente a ellos.

Aún con lágrimas en los ojos, Mafuyu se separó un poco para mirar a los ojos a Uenoyama, el cual le devolvía una mirada culpable y lastimera, apretando los labios, intentando mantener la compostura.

—Mafuyu... yo no quiero dejarte, nunca se me ha pasado por la cabeza... —volvió a decir ahora con un tono de voz mas suave, casi melódico, lo que hizo que Mafuyu soltase sus brazos y rodeándole el cuello, buscando sus labios, y besarlos de forma intensa, casi demandante, apretando sus labios, mojándolos con sus salivas.

Tras unos instantes donde no se podría decir donde empezaba la boca de uno y la del otro, se separaron, mirándose a los ojos, Mafuyu con una sonrisa y Uenoyama completamente aturdido, pero rápidamente volvió en sí.

—¿Estás mejor? —pudo preguntar Ritsuka pasando un dedo por la mejilla del chico de pelo anaranjado.

—Si...

—Lo siento... no debí haberte evitado estos días...

Mafuyu lo miró sin dejar de rodear su cuello con sus brazos.

—¿Y por qué lo hiciste?

—Veras —Uenoyama tragó saliva, enrojeciendo levemente —¿Sabes qué día es hoy, no?

—Claro... hoy... hace un año, y en este mismo sitio te dije que me gustabas.

—Exactamente... yo... quería prepararte algo, pero sabía que si me veías ibas a descubrirlo..., porque tu sabes leerme muy bien, aunque lo intente ocultar.

—Eso es cierto... espera... —Mafuyu se separó y lo miró alzando una ceja —¿me estás diciendo que te has pasado una semana sin hablarme, ni responder mis llamadas, porque estabas preparando algo para mí?

—S-si... —Uenoyama cerró los ojos esperando una bofetada o algo así, pero al ver que nada impactaba en su cara, abrió los ojos poco a poco.

—Eres tonto... —Mafuyu volvió a rodearle con los brazos y volvió a besarlo.

—¿Estás enfadado? —preguntó cuando sus labios se separaron.

—Un poco... —sonrió el chico —pero te perdono.

—Gra...

—Pero... —interrumpió —no lo vuelvas a hacer...

—Lo prometo —dijo alzando una mano en modo de juramento.

Tras eso, ambos se abrazaron, y una vez el ambiente se calmó, acabaron sentados en uno de los bancos que había frente a la playa, viendo como el atardecer empezaba a teñir el cielo de naranja.

—¿Y qué es eso que has preparado para mí? —preguntó de repente Mafuyu.

Uenoyama se tensó un poco, tragando saliva y mirando al cielo, notando la mirada de su compañero a su derecha perforándole.

—Bu-bueno... tampoco es gran cosa... no te vayas a esperar algo grandioso.

—Nada de lo que tú me des no puede ser grandioso.

Uenoyama se llevó la mano a la nuca y volvió a tragar saliva, y sin mirar a Mafuyu, enfocando su mirada al mar, habló:

—Te he compuesto una canción.

El corazón de Mafuyu pareció enloquecer, comenzó a latir de forma acelerada y los ojos del chico empezaron a temblar y humedecerse; aquello le había tomado completamente por sorpresa, ya que en ningún momento se había podido imaginar que Uenoyama haría eso por él.

—¿D-de-de verdad?

Uenoyama lo miró viendo como las lágrimas volvían a salir, y ver la rojez y brillo de su cara, que aquella noticia le había traído una felicidad que nunca supo que podría sentir.

—Por supuesto...

La emoción e ilusión de Mafuyu aumentaba, se puso de pie y agarró las manos de Uenoyama, mirándole a los ojos.

—Enséñamela.

—¡¡¡¿QUÉ?!!! —el moreno, asombrado, miró a todas partes —¿Aquí, delante de todos?

—Si...

Uenoyama se estaba poniendo nervioso.

—Me-mejor vamos a mi casa... y te quedas a dormir... hoy no está mi familia.

Mafuyu se quedó un instante callado.

—¿Es algún tipo de propuesta indecente? —preguntó el chico de pelo anaranjado.

—¡¡CLARO QUE NO!! —gritó enrojeciendo.

—Vaya... —dijo lastimándose de la respuesta —yo si quería.

Los ojos de Ritsuka se abrieron de par en par y se puso de pie al instante, agarró la mano de su novio y sin decir nada comenzó a caminar dirección a su casa, mientras Mafuyu, aferrado a esa mano con fuerza, sonreía y miraba la espalda de Uenoyama, agradeciendo a los dioses de haberlo puesto en su camino en su peor momento.