EL ÚLTIMO SOPLO DE MI CORAZÓN
Eran las ocho y pocos minutos de la mañana del 18 de Enero, y Toya se encontraba sentado en uno de los vagones del tren que usaba todas las mañanas para ir a la universidad, no era el tren que le llevaba directo, pues este le dejaba a casi un kilómetro de su destino, exactamente en Shibuya, pero la razón por la que tomaba ese tren todas las mañanas desde hacia mas de dos meses era ese chico rubio que se sentaba siempre delante de él.
Hace dos meses, debido a un problema con las líneas de trenes tuvo que tomar otro tren, donde de casualidad se topó con él, su primer encuentro fue algo accidentado, pues nada mas subir al vagón, una multitud casi lo arroya e hizo que se chocase con ese chico de pelo rubio y ojos dorados. Tras una disculpa escueta por parte del rubio, Toya buscó un asiento, con la casualidad de que a los pocos minutos ese chico se sentó frente a él mientras usaba su teléfono.
Toya no pudo decir por qué, pero fue incapaz de dejar de mirarlo, y puede sonar a cliché malo de historia de amor adolescente, pero Toya se enamoró a primera vista de ese chico, hasta tal punto que sin faltar un solo día, tomaba ese tren con la intención de toparse con él, sentados siempre que podía frente a él, con la vaga idea de que alguna vez percibiese su presencia.
Ese chico rubio parecía tener la misma edad que Toya o algún año menos, era guapo, de pelo rubio y ojos dorados, solía vestir con ropa alegre, colores claros y cargaba con una mochila roja con unas plumas colgando.
A ojos de Toya, ese chico era demasiado guapo, lo que hacia que de alguna forma nunca diese el paso de querer hablar con él. Se decía a él mismo que si fuese mas guapo, mas alto, mas fuerte... si fuese mas especial se atrevería a acercarse a él, pero Toya no tenía buena impresión de si mismo, aunque siempre le habían dicho lo guapo y especial que era, aunque nunca se lo había llegado a creer.
En esos dos meses de encuentros, Toya había podido averiguar varias cosas sobre ese chico, lo primero fue su nombre, pues una de las veces fue acompañado de algunos chicos, Toya pensaba que podían ser sus amigos, aunque dentro de él pensaba que alguno podría ser su novio, lo que le impedía totalmente el acceso a él. Su nombre era Keigo.
También vio que era un chico bromista y alegre siempre le escuchaba hablar por teléfono con alguien y su sonrisa era tan mágica que Toya debía apartar la mirada, pues si se le quedaba mirando mucho tiempo perdía el aliento.
En esos dos meses sus miradas se habían cruzado varias veces, pero recientemente, Toya sintió que su corazón iba a explotar, pues en uno de sus últimos viajes, sus miradas se volvieron a encontrar; en ese momento Keigo emitió un suspiro e inconscientemente Toya cerró los ojos, aunque percibiendo que el rubio apartaba la mirada, la mente de Toya colapsó y se encogió en el asiento, nervioso y alterado, apretando su pantalón se puso a temblar de la emoción.
Y ahora en el presente, 18 de Enero, su cumpleaños, Toya iba camino a la universidad, en ese tren, y frente a él, Keigo, el cual ni siquiera podría imaginar que Toya llevaba su mejor ropa para captar su atención.
La llamada de megafonía de que estaban a menos de quince minutos de llegar a la estación de Shibuya, donde finalizaba su viaje y ambos partirían a sus destinos. Por alguna razón, ese día Toya estaba algo mas alterado de lo normal, Keigo, frente a él se veía mas guapo que nunca, era como si irradiase luz, incluso podía percibir la colonia que usaba.
Por un instante, sus miradas se volvieron a encontrar, haciendo que Toya cerrase los ojos y apartase la mirada, respirando rápido y fuerte. Al abrir los ojos vio que Keigo miraba a otro lado.
“Si fuese mas guapo, si fuese mejor, si fuese mas alto... si fuese mas como tú”
Nuevamente la cara de Keigo se movió y volvió a mirar fijamente a Toya, esta vez no apartó la cara ni cerró los ojos.
“Si fuese mas valiente...”
Toya entonces vio lo mas hermoso que había visto en sus veinte años de vida, Keigo estaba sonriendo en su dirección
<Próxima parada, Shibuya>
La emoción se apoderó de Toya, que sin apartar la mirada, se echó hacia delante y abrió la boca.
—Ke-Keigo...
Al oir esas palabras salir de su boca, Toya se echó hacia atrás, asustado y completamente avergonzado, había sido un acto reflejo, él no quería llamarlo.
“Soy un estúpido, va a pensar que soy un idiota”, pensó el pelirrojo.
Entonces fue como si el tiempo se detuviese, pues Toya pudo ver como Keigo se levantaba y se acercaba a él, totalmente alterado y casi sin aire se levantó para en poco tiempo quedar a escasos centímetros de él.
—Hola... —dijo el rubio con una sonrisa.
—Ho-hola...
—Te va a parecer un poco raro, llevo observándote un tiempo, pero no me atrevía a hablar contigo...
—¿Qu-qué?... —Toya pensaba que iba a morirse.
—En verdad... llevo con ganas de hablar contigo desde hace dos meses... te vi en este tren y desde ese día lo tomo, aunque me deja muy lejos de mi universidad... solo para verte.
Toya estaba al borde del colapso, la felicidad era abrumadora y suprema, sus ojos empezaron a lagrimear.
—¿Sabes?... no te conozco, pero es como si ya te echase de menos... es raro ¿no?
Toya tuvo que tapar su boca pues había empezado a llorar y no quería que le viese así. A su vez, Keigo le tomó de la mano y se la besó, justo en el momento que el tren parecía atravesar un túnel, oscureciendo todo.
Y en esa oscuridad, la valentía de Toya despertó y a tientas, sostuvo la cara de Keigo y la acercó a la suya, buscando sus labios y besándolos, sintiendo como Keigo le rodeaba con sus brazos, uniéndose también a ese beso.
Al separase, y entre lágrimas, Toya pudo sentir como la cara de Keigo se acercaba a su oído y le susurraba.
—Te amo.
Las emociones de Toya explotaron y entonces le entregó a Keigo su último aliento.
—Yo tamb....
Justo en el momento que el tren llegaba a la estación de Shibuya, las bombas que un grupo terrorista había colocado en el tren y en la misma estación explotaron arrasando con la estación, aniquilando a todo aquel en varios metros de distancia.
Varias horas después, entre el humo, el fuego y los escombros, pudieron encontrar algunos cuerpos, en especial dos que se encontraban en la misma posición que estaban cuando la bomba explotó, uno sentado al frente del otro a cada lado del vagón.
FIN
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EXPLICACIÓN:
Este One Shot esta inspirado por dos cosas, la primera; el 11 de Marzo del 2004, en España, en la estación de Atocha de Madrid, un grupo terrorista hizo explotar varias bombas en los vagones de un tren, asesinando a 192 personas y hiriendo a mas de 1000.
La segunda es la canción Jueves de La Oreja de Van Gogh, que se hizo en homenaje, de la cual he sacado la inspiración para escribir este One Shot.
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La explicación del final es simple, todo lo que pasa después de que Toya diga el nombre de Keigo es una enajenación mental del mismo Toya, pues justo en el momento que pronuncia su nombre es cuando las bombas explotan y los matan, haciendo que el cerebro de Toya, para asimilar la muerte crease ese universo paralelo donde Keigo correspondía a sus sentimientos, cuando en realidad, Keigo no había podido llegar a oír como Toya lo llamaba.