I'll be there, for you...
âUna princesa y una guardiana, perdidas en un lugar desconocidoâ.
Pero, ÂżcĂłmo llegaron allĂ?
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Nayeon, Im Nayeon es la princesa mĂĄs hermosa que habĂa en su Ă©poca. Su belleza realmente es irreal; su piel pĂĄlida parecĂa esculpida en porcelana fina y sus ojos brillaban con un matiz carmesĂ bajo la luz de la luna. AdemĂĄs, ella tambiĂ©n podĂa ser escalofriante y peligrosa si asĂ lo deseaba, pues en sus venas corrĂa la sangre del linaje vampĂrico mĂĄs antiguo del continente.
Su familia pertenecĂa a la realeza. No eran simples nobles⊠eran soberanos de uno de los reinos mĂĄs antiguos y temidos: El reino de Yeonhwa se alzaba entre montañas cubiertas de niebla plateada, donde la luna parecĂa brillar con mayor intensidad que en cualquier otra tierra. Sus palacios estaban construidos con piedra oscura pulida y techos curvados al estilo tradicional, decorados con detalles en oro antiguo. Los faroles iluminaban los pasillos durante la noche, reflejĂĄndose en estanques silenciosos donde florecĂan lotos bajo la luz lunar.
En Yeonhwa, la luna no era solo un astro⊠era un sĂmbolo de pureza y poder. La Casa Im gobernaba con una elegancia frĂa y majestuosa pero justa. Sus sĂșbditos siempre mostraban el mĂĄs profundo respeto, inclinando la cabeza hasta casi tocar el suelo al pronunciar el nombre de la princesa, llamĂĄndola: Su Alteza, la Flor CarmesĂ de Yeonhwa.
El linaje vampĂrico de los Im era considerado bendecido por la luna misma. Su sangre era sagrada, su palabra ley, y su presencia⊠imposible de ignorar.
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Nayeon, mĂĄs allĂĄ de ser la heredera del trono de Yeonhwa, siempre habĂa sido una soñadora empedernida. Bajo su porte elegante y su educaciĂłn impecable, escondĂa un corazĂłn que anhelaba amar y ser amada, deseando inocentemente conocer a alguien especial que la mirara mĂĄs allĂĄ de su corona. Aunque fue educada bajo estrictas normas reales: protocolos, control de emociones, dominio de sus instintos. En el fondo deseaba algo mĂĄs humano⊠algo mĂĄs cĂĄlido.
Soñaba con estar enamorada. Sin embargo, habĂa cometido un error. El error de enamorarse de alguien que no la amaba. O Pensaba que realmente estaba enamorada. Ese alguien que la sedujo o mĂĄs bien la manipulĂł, era uno de esos hombres envueltos en misterio y sombras, con antecedentes mĂĄs oscuros y una diferencia de edad que incluso para un vampiro resultaba cuestionable.
Ăl logrĂł algo que ninguno de los hombres o mujeres del reino habĂa logrado⊠logrĂł conquistar el corazĂłn de la futura Reina de la Luna CarmesĂ.
Ella sin mĂĄs decidiĂł huir de la seguridad de su reino, de la protecciĂłn de sus padres y del juramento de sus guardianas para seguirlo. Fue tras ese hombre, tras ese supuesto amor⊠o mĂĄs bien, tras lo que ella creĂa que era amor.
Sin embargo, la princesa no estaba realmente sola.
Con ella se encontraba una de sus guardianas reales. Su nombre es Yoo Jeongyeon. Alta, fuerte y veloz como el viento nocturno, era una de las guerreras mĂĄs respetadas dentro de la orden de guardianes humana al servicio de la corona.
Desde pequeña fue entrenada para proteger a la futura reina. Su espada, su mente estratĂ©gica y su disciplina la convertĂan en un arma perfecta. Pero lo que nadie sabĂa o al menos nadie mencionaba era que su mayor fortaleza no era fĂsica.
Era su amor.
Tal vez no era la gran cosa ser un simple humano en un reino dominado por criaturas inmortales. Pero Yoo Jeongyeon no era una simple humana. PoseĂa una resistencia inusual, una lealtad inquebrantable y un corazĂłn capaz de desafiar incluso la eternidad.
Ese amor silencioso por su princesa la hacĂa mĂĄs fuerte que cualquier poder sobrenatural.
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Ya habĂan pasado dos semanas desde que abandonaron el reino.
Ahora se encontraban en un pueblo desconocido, construido con casas de piedra gris y techos de madera envejecida. El aire olĂa a tierra hĂșmeda y a leña quemĂĄndose en chimeneas pequeñas. Las calles empedradas crujĂan bajo sus pasos, y las miradas curiosas de los aldeanos las seguĂan cuando pasaban.
Nadie sabĂa quiĂ©n era realmente la joven de belleza sobrenatural que habitaba en la casa alquilada al final del pueblo. Pero algo en ella obligaba a bajar la mirada.
El joven que las habĂa llevado allĂ con falsas promesas pidiĂł a la princesa que permaneciera en ese lugar por un tiempo. Le asegurĂł que pronto regresarĂan por ella para marcharse aĂșn mĂĄs lejos⊠lejos del control del reino.
Obviamente, la princesa le creyĂł. AsĂ que se quedĂł esperando todos los dĂas su regreso.
Jeongyeon odiaba aquella decisiĂłn, pero guardaba silencio. Su deber era protegerla, no cuestionarla. Aunque aquello le provocara celos silenciosos y una punzada constante en el pecho.
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Jeongyeon ahora volvĂa de su recorrido por el pueblo. Siempre vigilaba los alrededores, analizando posibles amenazas, rutas de escape y rumores locales. No confiaba en nadie.
Aunque no estaban lejos del territorio del reino, sabĂa que el Rey ya debĂa haber notado la ausencia de su hija. Y cuando la Luna CarmesĂ exigĂa algo⊠lo reclamaba.
Minutos despuĂ©s, en la pequeña casa iluminada por una sola lĂĄmpara de aceite, preparĂł una cena sencilla. La mesa de madera rĂșstica estaba pulida con cuidado. Todo debĂa ser digno de su Alteza, incluso en el exilio.
"Traje la comida, mi señoraâŠ", declarĂł con una leve reverencia, como dictaban las antiguas costumbres del palacio.
La vampira sonriĂł ampliamente y caminĂł con pasos silenciosos hasta la mesa. Se sentĂł con elegancia natural, incluso lejos del trono.
"SĂ© que tal vez esto no es mucho, mi Alteza, pero es lo Ășnico que ofrece este pueblo", explicĂł Jeongyeon mientras colocaba el plato frente a ella.
"No importa⊠mientras mi sed y mi apetito estén satisfechos, sobreviviré", respondió con ligera vacilación.
Observó la carne jugosa acompañada de una simple ensalada de tomates frescos. Jeongyeon dejó entonces una copa de cristal tallado a su alcance.
"Es de ciervo", dijo suavemente al notar su atenciĂłn. "Su favorito, mi princesa."
"Lo aprecio mucho", respondiĂł antes de beber.
El lĂquido rojo contrastĂł con sus labios pĂĄlidos. DespuĂ©s del sorbo, se limpiĂł con una servilleta y sonriĂł satisfecha.
"EstĂĄ delicioso."
Jeongyeon se sintió orgullosa. Servirla, cuidarla⊠era suficiente para ella. Estaba lista para retirarse cuando la princesa la detuvo.
"Yoo... Sabe que puede acompañarme. No estamos en el reino⊠aquà no existen protocolos. Siéntese conmigo."
El corazĂłn de la humana latiĂł con fuerza.
"Como ordene, mi señora", respondió, aunque su sonrisa fue mås cålida que formal.
"Eso ha cambiado ahora", dijo Nayeon con simpleza, sosteniendo su mirada.
Jeongyeon comprendiĂł que todo estaba cambiando.
"ÂżEso significa que no volveremos al reino, Su Alteza?", preguntĂł con cautela.
"No. Nunca fui feliz allå⊠Pero si usted desea regresar, puede hacerlo."
Fue un golpe directo al corazĂłn de la guardiana.
"No puedo hacerlo", respondiĂł de inmediato.
"¿Por qué?"
Las miradas se entrelazaron con intensidad. Jeongyeon nunca lograba sostenerla sin que su pecho ardiera. Porque la ama.
"Porque juré protegerla ante el Rey⊠y ante la Luna misma."
"No, ya no debe nada. Puede irse cuando quiera. Soy libre ahora⊠ya no seré una princesa mås."
Jeongyeon respirĂł hondo.
"Aunque renuncie a su tĂtulo, aunque el mundo la desconozca⊠yo no lo harĂ©. La seguirĂ© donde vaya, mi señora. Porque mi deber no naciĂł del juramento⊠naciĂł de mi elecciĂłn."
"Gracias, Jeongyeon" Fue la primera vez que la princesa pronunciĂł su nombre sin formalidad.
Y para ambas, aquel pequeño gesto fue mĂĄs Ăntimo que cualquier confesiĂłn.
"Estaré allà para usted⊠siempre."
AquĂ, otra de mis historias, espero te guste... đ








