The prince and the Bat

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“Regresa conmigo, gobernaremos juntos, tú y yo…” fueron las palabras que el príncipe Kal-El dijo cuando volvió a verlo. Y su caballero realmente lo estaba considerando.

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16+

The prince and the Bat

Traidor.

Eso era.

Había tomado la confianza de sus reyes, del reino a quien protegía y simplemente les falló.

Su gente ahora tenía una razón más para juzgarlo, ahora no solo era el bastardo nacido en la Corona, un nuevo pecado yacía sobre él, uno que era su culpa; haber despertado entre las finas sábanas y los brazos del amado príncipe Kal-El.

Ese príncipe a quien juró proteger con su vida.

Debió ser firme, no permitir la compañía del príncipe en sus labores nocturnas, tampoco dejarle encender una fogata durante su descanso cuando la luna llegó a su punto más alto sobre el cielo estrellado y mucho menos permitir al ale calentar las intenciones entre ambos.

Después de eso, el príncipe y el murciélago se fundieron en un apasionado duelo de placer, donde Bruce sucumbió debajo de su Alteza.

Dónde sus dedos, uñas y dientes marcaron fieramente el cuerpo de su amante fugaz, obteniendo a cambio los dulces y cálidos besos, las caricias más hermosas y el amor más desbordante de su Serenidad.

Bruce se esfumó antes de los primeros rayos del sol, sin dejar rastro.

Tan solo la fría soledad que el príncipe Kal sintió cuando el tibio cuerpo del murciélago se separó de él.

Había dejado su armadura en el mismo lugar donde terminó la noche anterior, un sentimiento de soledad en el corazón del príncipe y su brillante espada reposando entre la seda de sus sábanas a un lado del hombre.

Y solo un recuerdo de lo sucedido esa noche.

“Discúlpeme, su Majestad. No he visto a Bruce desde que desapareció” —fueron las palabras tranquilas expresadas por Alfred, Kal sabía que mentía, pero el hombre inalterable continuó sus labores en las caballerizas del reino. — “Lamento no ser de ayuda”.

Y todo el reino parecía haberlo perdido de su vista, los jóvenes chicos de Bruce nombrados como los Robins continuaban con la historia de no saber nada de él.

Ni una pista, nada que decir.

Pero él necesitaba encontrarlo, deseaba tener entre sus brazos al hombre a quien había amado con pasión, con quien experimentó todos sus deseos callados que nadie más podía conocer.

—Olvídalo, Kal-El —la voz firme de su madre, soberana del reino se escuchó detrás de él, mientras lo miraba serena, testigo de su colecta de pertenencias para salir a buscarlo —Abandonar tu arma es una clara señal de deserción; Bruce abandonó al Reino, a la historia y herencia de sus padres.

Sin embargo, el príncipe parecía ignorarla, pasó a su lado dándole un beso en la frente como despedida y se fue, prometiendo traer de vuelta al caballero murciélago.

◘♠◘

Bruce no había desaparecido, al menos no las dos semanas siguientes de la noche de su crimen.

Sin embargo, cuando la peste que le aquejaba fue evidente tuvo que emprender su viaje al reino vecino.

Cruzar las fronteras no sería sencillo, llevaba caminando bastante tiempo, viéndose obligado a descansar más allá de los sembradías del Reino de El debido a la fatiga y que su mal le impedía muchas cosas.

Había sido rescatado por unos adorables campesinos, quienes habían servido al Rey Wayne durante muchos años, hasta su jubilación. Y ahora, en compañía a sus hijos, tenían una vida en relativa paz.

Había escuchado las palabras sabias de la señora Kent, la viejilla quien le cuidó durante esos días mientras él se disponía a regresar a su andar, ella le aconsejaba regresar a casa, tal vez aprender a vivir con la enfermedad que le aquejaba y no pusiera su vida en riesgo.

Más no hizo alusión de tenerlo en cuenta, agradeció a las personas que le ayudaron y volvió su recorrido.

Necesitaba llegar, necesitaba magia para curarse.

Esa misma magia la cual perseguía en su tierra natal.

Su camino volvió a detenerse, el atardecer comenzaba a caer y una vez más la peste drenaba su vitalidad. Gruñó de nuevo, fastidiado mientras se recargaba en un árbol, cerrando los ojos por un momento.

Tomó la decisión de seguir con su viaje; no podía perder el tiempo o alguna esperanza de curarse se perdería.

Apenas dio un par de pasos sintió como una ráfaga de viento a su lado pasó, siendo levantado por el mismo.

—¡Te encontré! —la dulce sonrisa del príncipe del Reino de El se mostró frente al caballero, mientras ambos volaban cerca de las nubes, siendo sostenido por los muslos. — espera, dentro de ti hay…

—Hay dos corazones —Bruce se adelantó a hablar, observando como la mirada del príncipe cambiaba a la sorpresa y así se acercaba hacia su vientre para escuchar mejor.

Kal se perdió en el suave sonido acelerado de los latidos del pequeño ser dentro del caballero, sonriendo ampliamente.

—Mi hijo… Nuestro heredero —Kal mencionó, sin pensarlo demasiado —Nuestro heredero, tu linaje y el mío juntos en una criatura tan pequeña, tan…

—Ningún vástago tuyo debe tener sangre de un bastardo —Bruce interrumpió, mirando los ojos azules del futuro regente con seriedad —Este niño no tiene derecho de existir, no mancharé de nuevo la realeza, no una vez ma…

Sus palabras fueron calladas en ese instante, el príncipe solo tomó su nuca y, sin pensarlo demasiado, demandó los labios del guardián de forma intensa, profunda y deseosa.

Una danza llevada por sus labios y de caricias dentro de ambas bocas, llenas de un montón de sentimientos entre los dos, robando leves jadeos de gusto por los dos y logrando que ambos cerraran sus ojos para permitirse solo sentir.

El antiguo príncipe abrazó a ese hombre que tanto parecía amarlo, pegándose más sobre él para hacer perdurar el momento.

Y Kal-El no pretendía ser quien detuviera ese momento, pero debía hacerlo.

Alejándose unos centímetros solo para juntar ambas frentes y seguir sonriendo.

—Tú y yo gobernaremos el reino, juntos... Tú y yo y nuestro pequeño heredero, vuelve conmigo... Vuelve con nosotros. la reina Lara volverá a confiar en ti. Solo... Solo quédate conmigo, mi hermoso murciélago.

Bruce quiso replicar, pero Kal había vuelto a bajar sobre él, acariciando el vientre del hombre a quien cargaba con suma delicadeza, con mucho amor.

—Por favor, vuelve conmigo al castillo —el príncipe habló una vez más, con su oreja sobre el vientre, encantado por el pequeño sonido saliendo del mismo —Déjame hacerte feliz.

Bruce suspiró de nuevo y cerró los ojos ¿Verdaderamente estaba considerándolo?, sus manos acariciaron sobre los risos del príncipe antes de simplemente abrazarle y aceptar su petición.

◘♠◘

230 lunas pasaron exactamente.

Y en esa ultima luna la tranquilidad de la noche fue desplazada por los gruñidos, quejidos y amenazas de guerra saliendo detrás la pesada puerta de la habitación matrimonial de los príncipes Kal-El y Wayne.

Demasiadas malas palabras en idiomas desconocidos seguidas de muchas débiles y asustadizas disculpas.

Solo siendo desplazados por el llorar enérgico de un bebé recién nacido.

Un bebé con lo mejor de los El y de los Wayne. Un bebé quien le regresaba la sucesión al apellido Wayne y hacía muy feliz a Kal.

Kal abrazó a su esposo, quien miraba a la pequeña criatura entre sus brazos con ensoñación, notando como se estiraba y volvía a acurrucarse en los brazos de su papá.

—Bruce… —Kal habló para llamar la atención del mas bajo, quien apartó sus ojos grisáceos del pequeño humano a su cargo pegando su mirada a la del mayor y simplemente ambos juntaron sus labios en un beso tranquilo, lleno de todo el amor que ambos se profesaban.

Solo interrumpidos por la llegada de los Robins dentro de la habitación de los príncipes para conocer a su nuevo hermanito.