El resultado de todo
En la enorme ciudad de Japón, llena de sus edificios y el día a día de batallas entre grandes héroes y terribles villanos, un día, una noticia, solo una pesadilla para cambiarlo.
Todo lo que pensaban, los prejuicios, los ideales, eso cambio en un día, uno cualquiera, tan común y sencillo que incluso llegaba a ser perdido entre las memorias.
Hasta que ya no lo fue.
El primero ser visto en el salón de clases fue un don nadie y él inútil desperdicio del salón.
Él Deku quirklees.
Solo estaba allí en soledad, quieto y en un silencio que enmascararba su presencia hasta que alguien más llegó y lo noto alli, sentado junto a la ventana, encerrado en si mismo como cuando moría de terror.
Estaba quieto como una estatua, la mata verde de su cabello sobresaliendo cómo era natural en él, enredado y desprolijo, acostado en sus delgados y debiles brazos que se cerraban alrededor de su cabeza y le permitían esconderse de la realidad, cómo mayormente intentaba.
Y como era ese maldito inutil, a nadie le importo.
Era un día de clases de lo más corriente y aburrido, nada interesante ni especial, todo normal, común e igual, y ni si quiera molestar a ese inútil en ese día se veía atractivo.
Los cuerpos de los estudiantes se sintieron perezosos bajo los fríos climas, además, estaban lo suficientemente tranquilos como para pensar en hacer algo, ya que ya estaban distraídos después de la noticia que el ataque de limo.
La gente fue ingresando, molestos por madrugar, con sueño, con amigos, solos, lo de siempre en realidad, sin diferencias más que las fechas y otras cosas sin importancia.
Algunos se rieron de él estúpido quirkless, otros les importo un carajo, pero ninguno se acerco demasiado, no era como si él fuera lo suficiente como para hacerlo.
Ademas, alguien ya había hecho la burla del día; a algún tonto se había ocurrido y se había atrevido, probablemente el día anterior, a poner un jarron con flores, burlandose de la estúpida vida del nerd.
Era un jarrón demasiado bello para alguien tan asqueroso y poco desarollado cómo él, con un tono violeta sencillo pero agradable que añadían belleza a las dos débiles flores blancas que se posaban allí con ligereza, era demasiado para ese tonto.
Y Deku solo estaba allí, acostado frente al jarrón, seguramente llorando por eso y queriendo esconderse de la realidad.
Por qué solo era eso, un cobarde llorón, un inútil subdesarrollado que no debería estar en ningún lugar, nunca, simplemente no debía existir.
Incluso Bakugo lo paso por alto, ni si quiera ofreciendo una mirada al que una vez, hace tanto tiempo que era borroso, fue su amigo.
El rubio solo lo paso por alto queriendo ignorarlo de momento, había estado bastante irascible desde el ataque del villano de baba, pero ese día en específico tenía un presentimiento terrible, ni si quiera pensaba bien, solo concentrado en el nudo de su estómago y los temblores, los nervios elevados casi violentamente.
Así que solo bufo y se sento con toda comodidad, importandole un bledo los demás mientras alzaba los pies para apoyarlos dónde quisiera y miraba a todos como la asquerosidad desagradable de sus zapatos.
El salón de lleno de conversaciones cómo era comun a medida que avanzaba el tiempo y llegaba más gente, obvio no faltaron las burlas que insinuaban el suicidio de Deku, animaldolo a hacerlo ya que "era mejor el jarron que su estúpida existencia".
Pero eso se detuvo, o por lo menos bajo a un volumen que no era necesario reclamar, cuando el maestro llegó al salón con esa cara alargada, papeles y demás, listo para enseñar, por mucho que no quisiera hacerlo.
Nadie lo culpaba, los adolescentes normalmente eran una paria, y con quirks todo era más desordenado; de todos modos el no había querido quedar como maestro, pero no tenía de otra, asi que solo hizo lo que tenía que hacer.
En silencio, bajo la rutina despacionada de siempre, organizo todo, apartando los ojos y haciendo sordo y ciego ante las burlas que aún continuaban ahí hacia el estudiante defectuoso, no se molestó ni si quiera en pensar en hacer algo, no le importaba.
Iba a comenzar su lección cuando noto a ese mismo niño dormido, demaciado quieto para estar llorando, y tampoco temblaba, por lo que no tenía escusa para levantar la cabeza.
Y él no iba a soportar eso en su clase, le importaba poco él muchacho, nada de hecho, pero no quería que insitara a los demás a hacerse de vagos, no cuando algunos de ellos por lo menos tenían un futuro.
Después de llamarlo un par de veces en que el insolente muchacho se negó a responder, el maestro se veía molesto, desagradado ante la situación, no ayudaban las débiles risas y su poca paciencia.
Enfadado, le pidió al estudiante detrás de el chico que lo levantará, que lo despertara para la lección sin importare en absoluto entregar el niño a los brabucones.
El joven al que le pidieron el favor sonrió maldadosamente, deslizó es sus dedos y luego tomo con fuerza el cuello de la camisa pobre chico antes de jalar con fueza hacia atrás, provocando que se golpeara con el respaldo de la silla.
Después de el golpe se espero casi expectante un sonido de dolor o queja, incluso un gemido o un patético llanto antes de que el maestro lo regañara y continuará la lección, todos atentos para burlarse con alegría de alguien tan inútil.
Pero el único resultado de eso fue revelar una cara blanca, palida y quieta, una expresión cerrada y estoica que no mostraba nada mientras miraba a la nada con ojos vacíos y falta de vida.
Era un estado congelado y muerto, quieto en un sufrimiento en silencio y unos ojos que, muchos juraban, miraban con dolor y odio, con culpa, a pesar de los muertos que se veian; muchos se removieron en sus asientos antes de procesar lo que sucedía.
Pronto gritaron aterrados, y quién había levantado y agarrado al chico salto bruscamente hacia atrás, por fin notando que adelante de el no había vida, no ahora.
El movimiento provocó que las manos del niño, antes posadas en el escritorio, cayeran por la gravedad a sus costados, balanceandose pesadamente antes de detenerse, no pasó mucho antes de que sonará una gota y vieran...las manos del chico habían comenzando sangrar.
De alguna manera las leves y lentas gotas que se deslizaron elegantemente por los dedos pálidos hasta el dañado suelo hicieron todo más realista, revelando que la pesadilla era viviente.
El resonar espaciado de las gotas carmín solo provocó mas pánico, pero ahora era uno silencioso y desgarrador que estaba enloqueciendo a todos, que solo observaban el cadáver joven y quieto y las gotas rojas que caían.
El silencio era atosigante y la escena parecía fuera de la realidad, y a la vez, más real que nunca, una escena de terror, una pesadilla viviente.
El escenario provocaba un nudo en la garganta que crecia hasta provocar la muerte por no poder respirar, ahogado mientras morias en culpa.
En el primer asiento junto a la ventana, se encontraba Izuku Midoriya muerto, la chaqueta abierta mostraba un torso completo de vendas con sangre, sus brazos goteaban vieja vida con lentitud y su rostro era blanco, pálido y quieto.
Sus ojos miraban tu alma, te recordaba todo lo que hiciste, lo que pensaste, dijiste, lo que pudiste hacer; no tenía que fijarse en ti, sus pupilas perdidas no tenían que mirarte, la falta de todo era lo único que necesitaba.
Eran simplemente una ventana rota, no en si misma, si no una muestra clara de lo que había pasado en el alma del pequeño niño que se había enfrentado al mundo, uno demaciado cruel.
El cuadro macabro cambio toda la mañana, todo el día, y el de las próximas semanas probablemente, tal vez los próximos meses, tal vez perseguirá a todos como un fantasma que los carcomía en forma de conciencia, tal vez arormentaria la nación después de que todos abrieran los ojos para ver lo que habían hecho.
Pero aún faltaba más por ver.
En su escritorio se posaba uno de sus cuadernos de notas vacío, con quemaduras, rotos, hojas arrancadas, mugre y sangre, allí, cerrado y quieto cómo si le faltará la misma vitalidad que su dueño.
Tal vez fue el viento, tal vez fue su alma, tal vez un quirk, o el destino molesto por lo que habían hecho, pero el cuaderno se movio, permitiendo que se viera la mesa del pobre niño; entre todas las palabras talladas, los insultos y las desgracias, las suicidas estabas subrayadas con sangre.
Además, al mismo tiempo en que el cuaderno se deslizó con vida, el jarrón púrpura con bellas flores había caído al piso, rompiendose inevitablemente mostrando que, además de las flores, también contenía sangre, mucha sangre.
No había duda de quién era.
El aire apestaba a cobre, el ambiente era silencioso, la verdad causada temblores a todos.
Era una escena de lo más macabra.
En silencio unos ojos temblantes y llenos de terror tragaron el escenario con terror; el jarrón de la señora Midoriya estaba roto, esparciendo una mancha como si un vino se deslizara, uno tan valioso que daba vida.
Las vendas manchadas que se posaban del torso y unas que sobresalían de las mangas de la camisa, mismas que también estaban empapadas con sangre que se deslizaba en ríos y patrones lentos perseguían al observador.
Y por eso siempre despertaba en la noche, consumido por pesadillas vividas que le recordaban sin descanso ese momento, dónde todo lo hecho llegó a golpearlo con la realidad.
Sus hechos, sus recuerdos, sus palabras, sus acciones, el peso de lo que había hecho lo perseguian constantemente, no lo dejaba en paz.
No es como si lo mereciera.
No podía dormir, estaba pagando el dolor causado con toda la culpa que lo carcomía.
Las heridas, el dolor, eso, todo, era su culpa, el torso vendado, la idea de ir a su propia muerte, los cortes en lao brazos y las marcas de quemaduras eran su culpa, las múltiple heridas de explosiones y ni si quiera podía hablar del daño mental que había dejado.
Explosiones...
Sus explociones.
Esa falta de sonrisa, esos ojos vacíos, el olor a sangre, el nuevo jarrón en el salón de clases.
Todo eso lo perseguia.
Lo atormentaba sin descanzo por qué el lo sabía, era su culpa.
Bueno, no solo suya.
Al llegar a casa, antes de que las pesadillas comenzarán, antes de que realmente aceptará que había hecho, que sangre estaba en sus manos, había llegado una carta.
Solo a él había llegado un sobre, firmado sencillamente, aún así la letra le provocó náuseas, el mismo sabía de quién era, las notas, los trabajos que destruyó; cada cosa de su día a día le recordaba sus acciones como cadenas atadas en todo su ser.
Abrió la carta, sabiendo que debía sentirse así, que era su culpa, la abrió para que el mismo notará que todo era real.
Para que comenzará a pagar.
En el sobre no había una carta de odio, no había una despedida, no habían lágrimas ni gritos escritos, y de alguna manera eso le dolio aun más, por qué eso era loqnue había esperado.
Ni si quiera antes de morir lo culpo de verdad, no lo insulto, no lo admitido, nada.
Ni si quiera lo conocía lo suficientemente bien como para saber que haria, cómo eviaria algo, que decisión, que pensamientos ¡eran amigos maldita sea!...lo había prometido, estar allí, siempre estar, ser su amigo, ser heroes...pero él no lo era, no podia.
Y aún así no podía renunciar a serlo, no con lo que, con sus últimos momentos, él le había enviado; era un análisis de su peculiaridad y millones de concejos, dibujos de trajes, ayudas, recomendaciones y un pedido "Por favor, se el héroe que prometiste ser"...
No pudo dejar de llorar, incluso muerto de cansancio no pudo dejar eso ir.
Fue tiempo después que, al revisar el sobre, encontró algo más, una hoja protegida de libreta, de sus libretas, era vieja y se encontraba magullada, pero tenía algo que resaltaba sobre todo, la firma de All Might y...una nota.
"Kacchan, tenias razon, All Might tambien lo dijo...
No puedo ser un héroe"
—Sere un héroe, Izuku, cambiare el mundo a uno donde tú nunca sufrieras, y me aseguraré que sea así, lo prometo, tus concejos, tus deseos, los mantendré en mi para siempre...Me duele, mis disculpas no sirven de nada, no cambiarán nada, no harán nada, y aún así...regreso, pero entre a UA, lo prometí, y seré un héroe...—
...
—Cuando sea un héroe regresaré aquí, no es como si no te visite siempre, pero cuando de verdad sea un héroe, vendré, y te agradeceré por todo, cómo debí hacerlo, me pondré de rodillas y te diré, seré el héroe número uno, pero solo tu mereces el puesto—
...
—Una cosa más, antes de dejarte descansar, tal vez no te guste, pero hablaré con All Might...haré que venga y te ruege perdón por lo dicho...se que es hipócrita...pero él no debió mentir, si podías ser un héroe, solo necesitabas a alguien que creyera en ti, perdón...—
...
—Nos vemos Izu...regresaré después—
...
Fin.