Un Amor Complicado

Summary

Espero les guste este Fanfic de Black Clover. De un fan para fans, disfruten :D

Status
Ongoing
Chapters
16
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Prólogo

— Novecientos noventa y ocho...

— Novecientos noventa y nueve...

— ¡Mil!

Asta finalizó su rutina matutina contando en voz alta cada flexión. Al ponerse de pie, su energía parecía desbordarse como un río caudaloso. Estaba ansioso puesto que hoy no era un día cualquiera, sino la noche de la gran celebración, justo nueve meses después de la derrota de Lucius –estando a pocos meses de su cumpleaños número 20–. Salvando al reino entero de la destrucción total. Ganando la admiración de todos en el reino junto a una reputación más que envidiable.

Y así Asta ingreso a la base caminando con parsimonia, lo que él no sabía era que una mujer no le quitaba el ojo de encima. Desde su habitación en la base de los Black Bulls, Noelle observaba a Asta a escondidas. Seguía sus ejercicios matutinos como si fuera la melodía de su canción favorita.

Recostada en el alféizar de la ventana, la albina se enredaba nerviosamente un mechón de su cabello plateado entre los dedos. Desde que aclaró sus sentimientos por el caballero de la antimagia estos se hicieron más fuertes, floreciendo como gardenias en primavera, y por consecuencia no había reunido el valor para hablarle. Cada vez que lo intentaba, escapaba como un ratón asustadizo.

Esta situación la carcomía por dentro cual gusano royendo una manzana. Pero hoy, Noelle estaba decidida a cambiar el guion. Se daría valor para por fin acercarse a Asta durante la celebración.

Con un suspiro que sonó como el viento entre los árboles, la albina se armó de determinación. Dejaría sus miedos atrás; era hora de actuar.

Horas más tarde, en el comedor de la base de los Black Bulls reinaba el caos total justo antes de partir a la celebración.

— ¡Más carne asada para mí! —gritaba Luck mientras esquivaba una bola de fuego lanzada por Magna. Ambos peleaban alrededor de la mesa, lanzando hechizos y platos por los aires.

— Chicos, tranquilos, prepararé más comida para todos —dijo una sonriente Charmy mientras se engullía un enorme trozo de carne.

En el sofá, Vanessa yacía totalmente ebria, con varias botellas vacías rodando por el suelo.

— No me importa esa celebración, yo solo quiero ir al baño —resopló Yami con aburrimiento.

Mientras tanto, Asta devoraba la comida frenéticamente, tragando enormes cantidades como si fuera una aspiradora. Noelle, sentada frente a él, le lanzaba miradas furtivas de reojo. Se moría de ganas por hablar con él, pero los nervios se lo impedían.

Una vez todos terminaron, Finral estaba listo para partir, se puso de pie y abrió un portal, justo en medio de la estancia.

— ¡Chicos, es hora de partir! No lleguemos tarde a la celebración en la capital —anunció el castaño animado, mientras movía sus brazos señalando al portal enérgicamente.

Los Black Bulls llegaron al enorme salón recién reconstruido donde se llevaría a cabo la celebración. El lugar de dos plantas tenía vistas espectaculares de todo el reino, que aún no se recuperaba totalmente de los daños de la última batalla.

Yami se fue directamente al baño, mientras que Finral fue a coquetear con un grupo de chicas. Para su mala suerte, todas lo rechazaron sin contemplaciones.

En el centro del salón estaban los capitanes de las ordenes con sus respectivos caballeros, conversando animadamente.

El joven de cabellos cenizos recorrió el lugar con los ojos brillantes de emoción, hechos estrellitas. La chica de cabellos plateados lo seguía a cierta distancia, con las mejillas rojas y el ceño levemente fruncido. Los nervios revoloteaban en su estómago cual mariposas inquietas, pero se armó de determinación para hablarle.

— O-oye A-Asta —tartamudeó Noelle para llamar su atención, retorciendo sus dedos con ansiedad.

— ¿Huh? —el pelicenizo volteó a verla, sonriendo con su acostumbrada energía—. ¡Hola Noelle!

La chica se sobresaltó, comenzando a pasear sus ojos amatista por los alrededores, evitando mirar al joven frente a ella.

«Vamos, Noelle —se animó internamente—. Es solo Asta».

El joven la miraba expectante, aguardando una respuesta. Noelle inspiró profundo.

— B-buen clima está haciendo, ¿no? —musitó entre balbuceos, retorciendo un mechón de su sedoso cabello.

— ¿Eh? —Asta ladeó la cabeza sin comprender sus palabras.

— Este salón... ¿qué te parece? —logró articular desviando la mirada, sonrojada.

— ¡Es genial! —exclamó Asta con una amplia sonrisa.

— ¡Asta de los Toros Negros! —interrumpió la conversación una voz potente, convocándolo—. ¡Pasa al frente!

Obedeciendo, el susodicho asintió y se dirigió al centro del lugar. Noelle lo observó alejarse, en parte molesta por la interrupción y también aliviada de no hacer el ridículo frente a él.

En el centro del gran salón se hallaba el actual Rey del Trébol, Augustus Kira Clover XIII, rodeado por los capitanes. Todos observaban expectantes al joven Asta.

— Bien, Asta de los Toros Negros —comenzó el rey con voz solemne— por tus heroicas hazañas en la batalla contra Lucius, te has ganado el reconocimiento de todo el reino. ¡Es por ello que tengo el honor de ascenderte a Super Caballero Mágico!

— ¿Ehh? —murmuraron los caballeros en la multitud, desconcertados.

— ¿Super Caballero Mágico? ¿Qué rango es ese?

Los cuchicheos de confusión inundaron el salón. Era evidente que nadie había oído antes de esa misteriosa posición entre los caballeros.

— ¡Escuchen! —continuó el monarca—. El “Super Caballero Mágico” es un rango creado recientemente. Es una prueba previa antes de convertirse en el Rey Mago.

Al escuchar esa impactante revelación, el público se quedó estupefacto. Pronto los murmullos dieron paso a explosiones de ovaciones y aplausos que retumbaron en las paredes.

Asta observaba la escena totalmente abrumado, sin saber cómo reaccionar.

— Los detalles te los compartiré en privado —dijo el rey mirando al atónito muchacho.

Una avalancha emocional embargaba a Asta. Estaba a un paso de cumplir su sueño. Con ojos lagrimosos, agradeció fervientemente a la multitud que lo vitoreaba.

En una sala privada, Asta se encontraba reunido con el Rey Augustus y los capitanes. Le estaban explicando los detalles de su nuevo rango de “Super Caballero Mágico”.

— Tienes un año para aprenderte todos los protocolos y etiqueta real. Debes conocer al dedillo cómo comportarte frente a la realeza y la nobleza —Nozel Silva fue el primero en hablar. Con su acostumbrada expresión de pocos amigos.

Acto seguido, le entregó una enorme pila de documentos y libros de etiqueta que parecían pesar toneladas.

— Esto mantendrá ocupada tu diminuto cerebro —agregó Nozel con una mirada penetrante.

— Además, deberás acudir regularmente al castillo para que te instruyan en las complejidades del papeleo real y la administración del reino. Es indispensable que un Rey Mago domine estos temas —agregó Fuego León.

Asta observaba la montaña de documentos con una media sonrisa. Tanta información junta era demasiado para él, que solo pensaba en entrenar y hacerse más fuerte. Pero no podía decepcionarlos.

— Je, je...no se preocupen. ¡Me esforzaré al máximo! —exclamó con su característica sonrisa, aunque por dentro los nervios lo carcomían—. ¡No me rendiré!

Tras enterarse de la asombrosa noticia, Noelle no podía estar más feliz por Asta. Su amigo estaba a punto de cumplir su sueño de ser Rey Mago.

Pero había otra chica igual de entusiasmada: Mimosa Vermillion, la prima de Noelle. Ella había observado maravillada la ceremonia de premiación a Asta con ojos relucientes de alegría.

Ahora, tanto Mimosa como Noelle buscaban al pelicenizo para felicitarlo. Pero al doblar una esquina del castillo, las dos primas se encontraron cara a cara.

— Oh, hola Prima... —saludó Mimosa con una sonrisa tensa.

— Mimosa, qué sorpresa —respondió Noelle sin disimular su incomodidad.

Ambas chicas intercambiaron miradas de hielo. Las dos sabían lo que sentían por Asta.

— Bueno, no te entretengo. Déjame adivinar, seguro buscas a Asta, ¿no? —comentó Noelle—. Él está ocupado.

Mimosa le dijo todo con su mirada, Noelle continuó.

— Ver a Asta llegar tan lejos realmente resalta la calidad de las personas que lo rodean, ¿no piensas lo mismo, Mimosa? Es bueno saber que somos parte de su círculo cercano. Oh, cierto tu no perteneces a ese circulo. —Noelle dejó colgar cada palabra, impregnadas de un significado que iba más allá de una simple observación, mientras le ofrecía a Mimosa una sonrisa astuta.

— No es una competencia, Noelle —Mimosa respondió con la misma moneda, su tono era dulce pero las palabras tenían filo—. Simplemente aprecio el talento de Asta y quiero felicitarlo por su éxito. Al igual que todos en el reino. —sus ojos verdes estaban fijos en los rosados de Noelle, buscando algún indicio de debilidad.

— Apoyo su talento, desde luego, pero tengo curiosidad, Mimosa... Si él te ofreciera algo más que una felicitación, ¿cómo responderías? —Noelle cruzó sus brazos, evaluando a su prima quería ver que tan profundos eran sus sentimientos hacia Asta.

La pelinaranja se sonrojó levemente, pero mantuvo su postura.

— Prima, no es apropiado hablar de tales cosas en este lugar. Pero, cualquier cosa que Asta decida, estaré allí para él, como debería estarlo cualquier amiga leal. No como otras...

Noelle apretó los dientes ante el comentario.

— Y bueno, si las estrellas se alinean de otra manera... —Mimosa continuó, tomando un respiro y lanzando una mirada inescrutable a Noelle.

— ¿Amiga? ¿O tal vez esperas ser algo más? —Noelle casi escupió las palabras, con una mezcla de envidia y desafío.

Mimosa suspiró.

— ¿Acaso te gustaría ser su novia o algo así, Noelle? —preguntó Mimosa de repente, levantando una ceja expectante de la respuesta de su prima.

Noelle sintió cómo su rostro se calentaba a pesar de su intento por mantener la compostura. Su corazón latía fuertemente, negando vehementemente sus verdaderos sentimientos, haberlos aceptado para si misma era una cosa, pero aceptarlos abiertamente era una completamente distinta, sus palabras salieron totalmente al revés de lo que pretendía.

— ¡Pues claro que no! —la albina exclamó, con un tono mucho más alto de lo que hubiera deseado—. Quiero decir, alguien como yo y alguien como él... —su voz se fue apagando y su mirada vagó, perdida en sus propios pensamientos sobre Asta.

Mimosa no pudo contener una risa de burla. Conocía a Noelle lo suficiente como para leer entre líneas.

— Oh, Noelle, con esa actitud nunca lograrás nada con él —dijo con un tono burlón—. Mientras sigas negando lo que sientes, yo seguiré estando un paso adelante. Asta necesita a alguien que no tenga miedo de mostrar su corazón.

Noelle frunció el ceño ante el comentario, sin embargo, no pudo evitar sentir una punzada de verdad en las palabras de Mimosa. Por un momento, su mente se perdió imaginando a Asta a su lado, más cercano de lo que una amistad permitiría; los roces casuales, las sonrisas compartidas... Sacudió la cabeza, intentando deshacerse de tales pensamientos embriagadores.

— No necesitas recordarme eso, prima —dijo finalmente Noelle, con su voz más firme que antes—. Soy perfectamente capaz de manejar mis propios asuntos. Y Asta... Él tomará su propia decisión, al final del día.

Mimosa asintió, su mirada era determinada.

— Por supuesto que lo hará. Y estaremos ambas allí para verlo, sea cual sea la decisión que tome —concedió Mimosa, aunque en su voz resonaba una especie de desafío silencioso.

Ambas chicas sostuvieron la mirada por unos segundos, ninguna dispuesta a ceder. La tensión entre ellas era evidente, pero también una mutua admisión tácita: Asta había impactado profundamente en ambas sus vidas, y ninguna estaba lista para dejarlo ir sin luchar.

Las dos mujeres se observaron desafiantes por unos instantes más que parecieron eternos. Luego siguieron su camino en direcciones opuestas, ansiosas por encontrar primero al afortunado pelicenizo.

Tanto Mimosa como Noelle vagaban por los pasillos del castillo en busca de Asta. De repente, escucharon voces provenientes de una sala cercana. Al asomarse discretamente, vieron al pelicenizo reunido con el Rey y los capitanes.

A escondidas, las chicas oyeron explicar los detalles sobre el rango de “Super Caballero Mágico” y las abrumadoras responsabilidades que Asta debería aprender.

Ambas primas intercambiaron una mirada desafiante. Como nobles educadas en etiqueta real, cada una pensaba lo mismo.

Después de la árida conferencia, Asta decidió refrescarse con la brisa de la medianoche en uno de los balcones enrejados del majestuoso castillo. El fresco viento de la noche jugaba con sus cabellos cenizos, mientras sus ojos absorbían el espectáculo de millones de estrellas brillando en la oscuridad del firmamento. En ese tranquilo momento de soledad, Asta aún estaba lidiando con la sorpresa de su inesperada promoción a “Super Caballero Mágico”.

Un leve eco de pasos rotos por el silencio nocturno lo puso en alerta. Tan pronto como giró, sus ojos se cruzaron con los de Noelle, quien caminaba hacia él con una timidez que rozaba lo encantador.

— Ehh, ¡Hola, Noelle! ¿Cómo estás? —saludó Asta sin perder su tradicional y resplandeciente sonrisa.

— B-bien... S-super c-caballero... —musitó la dama, mirando a otro lado con un encantador rubor adornando sus mejillas—. Ahora eres un... s-super Bakasta —agregó juguetona.

Ante ese comentario su vergüenza se transformó en pequeñas risas. Asta la observó con una cara de poker, para luego unirse a las carcajadas de su compañera.

Cuando se calmaron, la albina dirigió una mirada interrogativa al montón de documentos sobre protocolos reales que yacían en una pequeña mesa de caoba junto a Asta.

— ¿Q-qué es eso? —interrogó con “inquietud”.

Asta, degustando la curiosidad en su voz, le contó cada detalle del profundo aprendizaje sobre la etiqueta y los modales que le esperaba en su nuevo destino. Los ojos amatista de Noelle aumentaron su brillo.

— Si n-necesitas ayuda c-con eso... yo podría... enseñarte —murmuró, eclipsando su timidez con una decisión firme y tentadora, una ofrenda que hablaba de su creciente valentía.

Justo cuando la albina se había ofrecido a ayudar a su enamorado, una interrupción ocurrió...

— ¡Asta! —a poca distancia en el balcón, apareció Mimosa gritando el nombre del pelicenizo y corriendo hacia él, capturando la atención del par de black bulls.

«Sobre mi cadáver te le vas a abalanzar así, Mimosa —pensó Noelle con una mirada afilada».

Al ver que la pelinaranja iba directo a abrazar a Asta, Noelle no lo pensó dos veces. Cuando Mimosa se acercó lo suficiente, la albina estiró discretamente su pie, haciendo tropezar a su rival, quien cayó estrepitosamente del balcón hacia una jardinera en la planta inferior.

— ¡Mimosa! —gritó Asta alarmado al verla “tropezar” y bajó rápidamente a auxiliarla. Noelle lo siguió, ocultando su semblante bajo una capa de preocupación.

— Mimosa, no seas tan torpe. Andar corriendo por ahí tan distraídamente no es propio de la realeza —la regañó Noelle con fingida preocupación.

— Prima... —Mimosa le lanzaba dagas con su mirada penetrante.

— Mimosa, ¿te encuentras bien? ¿Por qué tropezaste así? —preguntó Asta extendiendo su mano para ayudar a levantarla.

Pero Noelle se le adelantó y la levantó bruscamente del suelo, lastimándola.

— No te preocupes, Super Bakasta. Mimosa está perfectamente, ¿verdad? —espetó Noelle con una sonrisa burlona hacia su rival olvidando su nerviosismo.

Mimosa solo apretó los dientes, mientras sonreía falsamente. Luego de un rato, una capa silenciosa se extendió como pólvora entre el trio.

— Bueno Noelle, cuento contigo —le dijo Asta a la albina, con intención de volver al salón.

— ¿Qué? —cuestionó Mimosa, confundida.

— Ah, sí...Noelle me ayudará con... —pero, la menor de los Silva rápidamente le tapó la boca mientras le daba un discreto pisotón al chico.

— Lo que Asta quería decir es que tenemos una misión secreta asignada y no puede contar los detalles —improvisó Noelle, nerviosa. Lo que menos deseaba era que Mimosa también se involucrara con el pelicenizo y menos con algo que ella le había propuesto.

Mimosa entrecerró los ojos, mirando desafiante a su prima. Claramente no se tragaba esa excusa.

— Asta —la Vermillion llamó al caballero de la antimagia—, sabes que yo podría ayudarte con todo lo relacionado a etiqueta y protocolos reales... Escuché sobre el importante examen que rendirás en un año —comentó astutamente.

Asta asintió con una sonrisa, sorprendido de que Mimosa estuviera al tanto de eso.

Por otro lado Noelle apretó los puños. No permitiría que le arrebataran la oportunidad de acercarse a Asta.

— ¿Perdón? —espetó Noelle, irritada—. Mimosa, no está bien espiar tras las puertas. Ese tema no te incumbe.

El comentario pareció profundizar la grieta entre las dos chicas, con Asta observando, confundido, no solo por las sutilezas de la conversación sino por el comportamiento cambiante de sus amigas.

La tensión que había surgido antes, silenciosa y pesada, tomaba ahora la forma de palabras afiladas entre Mimosa y Noelle.

— No llamaría “espiar” a preocuparse por el bienestar de nuestros amigos y camaradas, ¿verdad, Noelle? — Mimosa replicó, esgrimiendo su amabilidad usual como escudo y lanza.

— Por supuesto, siempre es admirable estar al servicio de los demás — respondió Noelle, con un tono ligeramente agudo que sugería una sonrisa que no alcanzaba a tocarse con su mirada—. Aunque también es importante respetar los límites y la privacidad.

Mimosa, no dispuesta a retroceder, decidió entonces enfocar su atención en Asta, quizás para poner a Noelle a prueba o simplemente para zanjar aquel clima crecientemente áspero.

— Aunque el termino “espiar” También aplica para ti —soltó las palabras como una daga silente.

Noelle frunció el ceño y apretó los dientes.

El pelicenizo se rascó la nuca, sin saber cómo reaccionar ante la extraña tensión entre las dos.

— Si como sea, por cierto, Asta felicidades por tu ascenso, Super Caballero Mágico —dijo Mimosa, su sonrisa tan tierna que hizo que sus mejillas se tiñeran con un sutil rubor—. ¿Qué te parece si como celebración, salimos a tomar algo...?

En un furioso vórtice interior, Noelle reaccionaba ante la audacia de Mimosa.

«¡¿SE ATREVE A INVITARLO A SALIR EN MI PRESENCIA?! ¡QUÉ DESCARADA! —pensó, mientras retorcía sus manos en contra de su blanco vestido».

El silencio había mutado en un tira y afloja verbal que Asta, ajeno a los matices del conflicto, no lograba entender del todo la situación.

— Gracias Mimosa, bueno me parece bie...

— Bueno yo también voy —interrumpió Noelle de manera abrupta, decidida a no ser excluida—. Después de todo siempre te tengo que estar vigilando para que no hagas ninguna locura Bakasta.

La mente de Mimosa giraba a toda velocidad.

«¿Vigilarlo? Sí claro, solo tú te lo crees —evaluaba en silencio, manteniendo en su rostro una expresión de calma imperturbable».

La situación, lejos de suavizarse, se había vuelto un campo de batalla en el que las miradas de Noelle y Mimosa servían de espadas y escudos. Asta se encontró en medio, como un árbitro inadvertido de un duelo que apenas comprendía.

Asta, cuyo sentido para percibir el Ki estaba bien desarrollado, sintió claramente la hostilidad que emanaba de ambas. Su pensamiento era claro.

«Por sus Ki... ¡las dos están bien enojadas! Bueno, Noelle no me sorprende tanto, aunque últimamente ya no gruñe tanto como antes, pero Mimosa es raro verla de esa manera... Siento que esto no acabará bien...».

— C-chicas, mejor vayamos a ver qué podemos ver por los alrededores de la ciudad un buen lugar para tomar algo —propuso Asta, con una voz que no podía ocultar su nerviosismo.

— ¡Humpf! —resoplaron Mimosa y Noelle al unísono, claramente disgustadas.

...La guerra silenciosa entre primas estaba más que declarada...

Espero les guste esta historia.