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Lee Felix había crecido rodeado de la religión católica, con padres devotos y nulo contacto con su familia, lo único que conocía era la biblia, los sacerdotes y la comunidad tan celosa que los rodeaba.
Aún siendo un chico era bastante bonito y quizás eso debido a su pequeño problema, Felix no tenía un pene como los otros chicos sino había nacido con una bonita vagina. Cuando sus padres se dieron cuenta de ese hecho no lo repudiaron simplemente trataron de proteger su primogenito del pastor, porque sabían que ese hombre no dudaría en decir que el era un hijo del pecado, que había llegado a tentar a todos los hombres de la comunidad.
Fue por eso que su padre se encargó durante gran parte de su niñez de educarlo en casa, junto con su madre aprendió lo que se supone debe saber, más allá de leer y escribir era importante que tuviera a Dios presente en su vida y supiera amarlo como temerle a su juicio al final de su vida. El pecoso de cabello azabache deseo que toda su vida fuera así pero la llegada de la pubertad solo complicó aquel hecho y le hizo enfrentarse no solo a ser señalado sino castigado por ser un hijo del diablo, un provocador.
Cada golpe qué recibía delante de todos era una forma, según ellos, de castigar a Satanás por hacerlo así, el pequeño Felix lloraba todas las noches luego de ser tratado como un bastardo y un degenerado cuando no habia hecho nada. Las marcas en su espalda con los años cicatrizaron y a sus cortos 17 años era un chico distinto pero igual de bello, seguía siendo señalado pero había puesto su eterna obediencia ante la iglesia y para ellos fue suficiente, mantuvieron al azabache trabajando dentro de las paredes sagradas con el fin de que no corrompiera a nadie.
Pero quizás ellos no sería corrompidos sino el pecoso.
Habia alguien que lo visitaba en las noches desde hace más de 3 años, a sus cortos 14 años Lee Felix conoció alguien que jamás lo juzgo pero se volvió su perdición. El demonio Vassago o Hyunjin como a él le gustaba ser llamado había tomado lentamente no solo la inocencia de Felix sino su cuerpo en inunerables ocasiones durante sus sueños.
Y es que el demonio en una de sus tantas actividades de búsqueda había encontrado al pequeño pecoso en las orillas de un río lavando su cuerpo, nada lo había cautivado tanto como esos ojos almendra, labios carnosos y las constelaciones que adornaban no solo su rostro sino su piel, era quizás por eso que cada noche durante sus sueños se permitía tocar, adorar y amar al humano. Eso fue el inicio de todo.
Hyunjin conocía lo que la iglesia y esos seres había hecho con el pero no podía hacer nada sin el permiso del más joven quien aunque a sido lastimado mantiene cierta bondad que no le permite actuar contra otros, era por eso que hoy tenía un plan para lograr lo que tanto quería, solo necesitaba arder todo en llamas para llevarse al pecoso con el. Porque su puesto como uno de los príncipes del infierno le permitiría tener a su ángel con el por toda la eternidad.
El pelirrojo apareció con un suave destello dentro de la iglesia, las paredes sagradas y llenas de pinturas que le hacen formar una mueca en su rostro, el conocía a dios y sabía que el estaría en contra de todo lo que le habían hecho no solo a Felix sino a cualquier otro joven que era distinto a lo que "su religión" decía. El odio comenzaba a formarse de nuevo en su interior y sentía tantos deseos de quemar todo hasta que ve al de cabellos azabaches adentrarse al confesionario, sus ojos brillan como los de un depredador listo por devorar a su presa, admira la delicada y bien formada figura del joven e inevitablemente suspiro. No importaba cuántas veces vea a Felix siempre algo en su pecho saltaba de con fuerza igual que su polla, el tenía el poder de lograr eso en el. Con pasos lentos se aproxima hasta la estructura de madera, rodeando la misma hasta encontrar la puerta abierta en dónde podía apreciar al joven limpiando el lugar con dedicación, su hábito de color blanco solo destacaba esa dulzura y belleza que deleitaba al demonio.
—Pareces ocupado pequeño.—La voz profunda de Hyunjin hizo brincar del susto al pequeño pecoso, girando su rostro siente todo en cámara lenta apenas ve al rubio.
—¡Jinnie!
El más joven no tarda en lanzarse a los brazos del demonio, hundiendo su rostro contra el cuello de este se permite suspirar y frotarse contra el cual gato con su dueño, las grandes manos del mayor delinean la bella figura fascinado por las curvas de Felix.
—¿Que haces aquí? ¿Sucedió algo?— El pelirrojo sonríe ante la dulzura del más joven y solo asiente, tomando su cuerpo entre sus brazos se adentran al apretado confesionario de madera.
—Si bebé, sucede que no puedo dejar de pensar en ti...— Sus manos se abren paso en la tela de color blanco, elevando la misma para descubrir la piernas carnosas y bronceadas del más joven, este intenta cubrirse pero es detenido por Hyunjin que simplemente deja un beso en su cabeza.
—Dejame amarte Lee Felix, aquí frente a todos los dioses.— Y no sabe si es el atractivo del demonio, su voz o simplemente el amor que sentia por el que se dejó llevar por la perdición de una vez por todas.— Hazlo...
Envuelto en la voz de este como si de un afrodisíaco se tratase, el pecoso admira como su hábito es deslizado hacia arriba hasta dejar sus bonitos pezones a la vista, el coño se le humedece apenas Hyunjin le sonríe y desliza su dedo en su pecho.
Jadea y tiembla con el corazon hecho un desastre, sus labios se entre abren y recibe los labios carnosos del contrario, un beso fogoso y que les hace chocar los dientes en algún momento debido a la necesidad que sienten por el otro, los alientos se mezclan mientras sus corazones laten como si fueran uno mismo.
La poca conciencia que le quedaba a Felix le pedía parar y pedir disculpas a la casa de dios pero ignora ese pensamiento y se permite ser adorado por un lujurioso Hyunjin que está fascinado en corromper al pequeño pecoso, sus pequeñas tetas son mimadas con la boca y lengua del demonio, marcas rojizas y pequeños cortes manchan la piel del pequeño "angel" pero eso solo lo hace perderse en un espiral de placer mientras se aferra al cuerpo del contrario.
—¡Hmn!— un quejido sale de su boca apenas es acomodado contra la pared del confesionario, sus ojos brillantes por las lágrimas admiran de reojo a Hyunjin que parece casi enloquecer por esa expresión, el pelirrojo no se contiene y acaricia suavemente el coño del pecoso, arriba hacia abajo repitiendo el movimiento hasta que los jugos de amor del pequeño llenan sus dedos, de un solo movimiento lo penetra con estos comenzando a tentar y enloquecer al más joven, gemidos y algunos susurros salen de sus labios heridos, apegando su cabeza contra la pared de madera, Felix se deja manejar por aquellos dedos mientras le ruega por más.
Hyunjin acelera los movimientos de su mano hasta que son apretados por el coño del pequeño y con ello los fluidos salpican sus piernas, el demonio palmea su clítoris con su otra mano alargando el placer de Felix hasta a hacerle chillar y gimotear de forma aguda. El pecoso cree que sería todo pero rápidamente es sacado de su error en cuanto Hyunjin lo acomoda de nuevo contra la pared, dos de sus dedos toman más de sus fluidos y se dirigen a su ano, frotando estos lentamente contra el músculo entre sus glúteos.
—N-No... Jinnie...— Felix intenta moverse pero es rápidamente detenido por el cuerpo del pelirrojo que le susurra.— Cae ante mi angel, déjame llevarte a la perdición mientras te corrompo.
Quiere negarse, su ano comienza a doler mientras es penetrado por esos dedos pero esa sensación lo aturde y lo vuelve un manojo de jadeos mientras empuja sus caderas, Felix quiere pensar que el no es así de pervertido pero llega a un punto en que no le importa apenas el anillo de carne es abierto por los dedos del demonio, empalando su agujero y volviendole estúpido, entre balbuceos solo puede dejar caer su cara contra la madera mientras es follado por el recto con esos dedos tan largos.
—Asi bebé... Mira que hermoso eres..— Hyunjin besa su cuello y lame cada lágrima que sale de esos ojos avellana, fascinado por lo que este le ofrece se permite ir más lejos.
Hyunjin saca sus dedos de el mientas que con su otra mano libera su miembro de su pantalón dirigiendo este mismo contra su pequeño y apretado agujero entre sus nalgas, Felix no tarda en notar lo que desea hacer y niega con la cabeza como si eso pudiera evitar su inminente caída en brazos del demonio que ama. Empuja sus caderas y con ello su polla busca abrir su anillo de carne, el glande lentamente se abre paso y se permite jadear por la sensación de ser apretado con tanta fuerza que el demonio está seguro que podría correrse en ese instante.
—Relajate ángel, deja que tú príncipe tome todo de ti.— Muerde la nuca del pecoso y empuja lentamente sus caderas abriéndose paso en el.— Cae ante tu dueño mi ángel.
Felix no encuentra su voz, de su boca solo salen gemidos y suspiros por Hyunjin, sabe que es inevitable lo que está sucediendo y eso no podría importarle menos pues solo desea ser del demonio.
De un solo movimiento termina teniendo a Hyunjin dentro de el, con sus ojos llenos de lágrimas y su cuerpo temblando ante el placer, es colocado sobre las piernas del pelirrojo que no tarda en usarlo como si de un juguete se tratara, los movimientos constantes de sus dedos contra su coño y de sus caderas contra su recto hacen un desastre del pecoso.
—Eso amor... Mira que hermoso eres así.
Hyunjin lame las lágrimas de placer que caen de sus ojos y solo puede pensar en lo mucho que desea estar así con Felix por siempre, el pecoso ya no contiene sus gemidos que cada instante se hacen más fuertes, el demonio cautivado por la soltura de este deja un momento su coño y lo toma de las piernas, doblando el pequeño cuerpo para poder follarlo como quiere, su polla entra y sale de el sin descanso, abriendo el virginal recto sin piedad alguna, deseando quedarse dentro de el por siempre.
Felix solo tiembla y balbucea cosas poco entendibles, el éxtasis es tanto que su cabeza es un desastre y con ello su cuerpo, el placer es tanto que está seguro va a correrse, niega levemente con su cabeza en un intento de querer soportar más, no quiere que esto termine.
—¿Vas a correrte angel?— Hyunjin acelera más sus movimientos, chocando su pelvis contra los redondos glúteos del pecoso.— Hazlo bebé ¡Hazlo!
Felix solo aprieta sus manos contra los brazos de Hyunjin mientras el éxtasis lo alcanza y lo golpea como una ola, entre lágrimas los fluidos salpican de su coño mientras su recto aprieta al demonio con tal fuerza que termina vaciando su semen dentro de el. Jadeos y maldiciones es todo lo que se puede oír, Hyunjin mueve sus caderas y saca su polla de el, admirando el blanquecino líquido caer de su ano.
—J-Jinnie...— Felix le llama mareado por el placer .— Dame más...
Esto toma por sorpresa al demonio, no puede decir nada pues Felix toma su pene y lo dirige directamente a su coño, alineando aún su endurecida erección termina por penetrarse asi mismo de golpe.
El mas joven se apoya contra las rodillas del pelirrojo y comienza a brincar sobre el, las pequeñas tetas bailan junto con su cabello azabache, los gemidos lentamente se hacen presentes de nuevo, lo amaba, amaba tanto a ese demonio que lo dejaría hacer lo que quiera con el, aún si eso significaba ser usado de esta forma por siempre.
—¡Hmn! Jinnie... Jinnie...— Lo llama entre gemidos y con sus ojos mirándolo de reojo, con tal adoración que Hyunjin no tarda en tomar las redondas caderas del pecoso y comienza a marcar el ritmo, estocadas fuertes y firmes derriten al pecoso que solo puede dejarse tomar por el.
Hyunjin se siente extasiado en más de una forma, con sus ojos fijos en la bella creatura delante de el mientras sus corazones laten con un misma necesidad de estar con el otro. Nada importaba, no interesaba si alguien los veía simplemente querían sentirse más y más.
Felix toma las manos del demonio y las besa, adorando a quien será su perdición y le llevará al más profundo rincon del infierno mientras que Hyunjin solo puede morder su cuello y hombros, marcando como su propiedad al bello angel delante de el, no tarda más de dos estocadas hasta que llena el pequeño coño del joven con su semen.
Sus respiraciones se mantienen agitadas mientras se besan torpemente y se aferran al otro como si fueran su vida entera.
—Aceptame angel... Déjame quemar tu pasado y construye un futuro conmigo...— Hyunjin besa sus párpados con amor y devoción que terminan por romper cualquier duda que haya teniendo Felix.
—Solo si me llevas contigo, dejame estar a tu lado.
Hyunjin no necesita pensarlo más de dos veces antes de que las pequeñas llamas nazcan dentro de la iglesia, atrapando a quien alguna vez intento cortar las alas de su ángel por última vez, ambos desaparecen en medio del fuego y con sus corazón latiendo con un mismo sentimiento, dejando todo atrás.