Atrevido | S.P • O.P

Summary

Sergio Pérez • Oscar Piastri "Quién fuera vampiro para que me enterraras esa estaca." Fue un susurro apenas, algo que solamente Sergio escuchó. Oscar ya tenía en los labios una sonrisa pintada, sonrisa que se hizo más grande cuando el mexicano le miró con el rostro enrojecido y los ojos bien abiertos, "¡Aplácate, pinche chamaco atrevido!" [★] Esta es una obra completamente de ficción. Creado: 1/05/2024 Publicado: 2/05/2024

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

1/2

Oscar desde muy joven sabía que tenía algo por los hombres mayores. Uno de sus profesores en la escuela fue su primer crush, luego Mark cuando era su manager en su época de F2, y ahora, desde que llegó a la Fórmula 1, se había fijado de lleno en Sergio Pérez.


No sabe exactamente qué había sido lo que lo atrajo al hombre mexicano. Tal vez habían sido sus ojos amables, lo respetuoso que era con todos siempre, la madurez y claridad con la que enfrentaba todas las críticas y presión que la gente ponía sobre él. O tal vez era su físico, Checo era más fuerte de lo que aparentaba, Oscar a su lado, a pesar de ser más alto, se vería más pequeño; Sergio podría fácilmente cargarlo, moverlo, posicionarlo a su gusto.

La idea lo emocionaba.


Se encontraban en Miami, era jueves, día de prensa, a Oscar le tocaba asistir a la conferencia, y la emoción le invadió cuando vio el nombre de Sergio en la misma lista de asistencia.


Cuando llegaron, Checo casi llega tarde (como usualmente), Oscar se había sentado en la orilla a propósito, para poder quedar al lado del mexicano cuando llegara.

Checo llegó, lo saludó a él primero, y su mente lo procesó como una victoria por encima de los demás.


Oscar quería culpar a la edad, con eso podría justificar los impulsos que sentía que coquetear abiertamente con el mayor, pero se dijo que no había justificación para actuar en esos impulsos. Oscar era responsable.


— Qué linda se te ve esa camisa, pero me gustas más sin ella. — tal vez no tan responsable.


Ya llevaba varias carreras "piropeando" a Checo en cada oportunidad que tenía, cuando no habían camaras o micrófonos cerca. Al principio inició con cosas más inocentes, con halagos honestos y una que otra frase tonta que sacó de internet, con pistas de querer invitarlo a salir disfrazadas de bromas. La reacción de Sergio solamente era reírse y negar con la cabeza, y ocasionalmente agradecía el cumplido. Era claro para Oscar que Checo no lo tomaba en serio, y no podía culparlo, después de todo, Oscar era 11 años menor que el hombre. Fue hasta que el australiano se puso más atrevido con sus comentarios que empezó a recibir otro tipo de reacción, las risas pasaron a ser avergonzadas, podía notar un sonrojo colorear ligeramente sus mejillas haciendo resaltar las pecas con las que Oscar había llegado a obsesionarse, y si bien Checo seguía restándole importancia y sin tomarlo en serio, Oscar aún así se sentía satisfecho. Sabía que a Checo no le molestaban sus comentarios porque ya le habría pedido que parase de ser así, por lo que eso tenía que significar que, de alguna manera, incluso si solo era para subirle el ego, a Checo le gustaba lo que Oscar le decía.


Ay, Oscar... — murmuró Checo entre ligeras risas.


Oscar amaba escuchar su nombre con el acento del mexicano, la manera en la que lo pronunciaba, hacía al australiano sentirse como hipnotizado.


Checo por su parte solo intentaba ser sutil. El joven australiano se estaba poniendo más valiente con qué le decía y dónde, estaba incluso seguro que Logan había escuchado lo que Oscar le acababa de decir por la manera en la que el estadounidense cubrió su boca intentando disimular una risilla.

No le molestaban los comentarios de Oscar, al contrario, lo halagaban, de alguna forma le subía el ego saber que un muchacho con tanto talento y carisma lo encontraba atractivo. Una parte de sí se preguntaba si sería mejor ponerle un alto a todo esto, antes de terminar en una situación delicada.


Oscar estaba apunto de decir algo más, pero se vio interrumpido por la voz del entrevistador. Se abstuvo de rodar los ojos, y después de unas últimas palabras, más casuales, entre él y el mexicano, se enfocaron en la conferencia.


— ¿Está funcionando? — le preguntó Logan cuando el entrevistador estaba enfocado en alguien más.


Logan sabía del crush del australiano con Checo, claro que sabía, eran amigos, sus chats estaban llenos de Oscar hablando por horas y horas acerca de lo mucho que le gustaba el mexicano, e incluso de las mil y un cosas indecentes que quería hacer con él, pero eso solo lo decía a propósito para molestar al estadounidense, quien le amenazaba con bloquearle si seguía hablando de eso.


La respuesta de Oscar fue negar con la cabeza, obteniendo de Logan una pequeña risa.


— Tal vez deberías intentar simplemente decírselo directo. — sugirió Logan. Oscar se tomó un momento de pensarlo.


Contrario a lo que mucha gente pensaba, él no era tímido, solo callado, así que fácilmente podría hacer lo que sugirió a su amigo y decirle a la cara a Checo que le gusta y que quiere todo con él. Sabía que lo más probable era que Checo lo rechazara, pues claro, ¿cómo sería posible que un nombre como él se fijara en un muchacho como Oscar?

Le tenía miedo al rechazo, eso lo podría admitir. Con este juego que tenía, mínimo podía todavía hablar normal con Checo, obtener sus saludos, sus sonrisas, sus ojos sobre él. Si se le confesaba y lo rechazaba, la vergüenza y la decepción se lo iban a comer vivo, no habría manera de que pudiera ver a Sergio al rostro después de eso.


Oscar se inclinó hacia Checo, con la intención de decirle algo, haciendo que Sergio también se inclinara hacia él para escucharle bien. Con una mano cubriendo su boca, Oscar habló:


— Quién fuera vampiro para que me enterraras esa estaca.


Fue un susurro apenas, algo que solamente Sergio escuchó. Oscar ya tenía en los labios una sonrisa pintada, sonrisa que se hizo más grande cuando el mexicano le miró con el rostro enrojecido y los ojos bien abiertos,


¡Aplácate, pinche chamaco atrevido! — le susurró/gritó Checo en español mientras con una mano se cubría el rostro, e intentaba con todas sus fuerzas disimular la risa nerviosa que se le escapaba del pecho.


Los demás presentes habían notado su intercambio, y tanto Oscar como Checo tuvieron que restarle importancia al asunto para que la gente no indagara más. Sabían que iba a haber gente sospechando de lo que pasó, claro que nada iba a ser más que especulaciones, pero tampoco necesitaban rumores corrieron alrededor.


Checo empezó a considerar más seriamente hablar con Oscar. Tal vez sí necesitaba ponerle un alto.


[...]


Definitivamente debió haberle puesto un alto desde el principio. No debió haber dejado que esto escalara.


Y es que no tiene idea de cómo terminó en esta situación, en su habitación de hotel, con el australiano sobre su regazo, frotándose contra su muslo, sus manos aferradas a sus hombros, mientras que de su boca salían gemidos, jadeos y su nombre, una y otra vez.


Checo necesitaba detener esto, ¡Le saca más de 10 años al chamaco, por dios!


— Sergio... — oh, pero era tan difícil cuando Oscar decía su nombre de manera tan bonita.


Ninguno de los dos se había quitado ni una sola prenda, y la parte todavía coherente de la mente de Sergio agradecía aquello. Se decía a sí mismo que tal vez, si dejaba que el joven australiano saciara su necesidad, podría sentirse satisfecho y volver a la normalidad como si nada hubiera pasado.


De verdad, no entendía cómo pasó todo. Checo lo había invitado a su habitación en cuanto acabó la conferencia, sí, ¡pero para hablar! Esta jamás fue su intención. Él solo quería decirle a Oscar que le bajara, que si bien se sentía halagado, no podían arriesgarse a una situación comprometedora en público.


Pero cuando Oscar le miró con ojitos de cachorro y le preguntó con la voz más suave que jamás había escuchado "¿No te gusto?", Checo no pudo decirle que no. Cuando Oscar se acercó a él hasta que sus cuerpos hicieron contacto, no pudo decirle que no. Y cuando el australiano le besó, con inexperiencia compensada por confianza, tampoco pudo decirle que no.


— Por favor, tócame..., por favor... — la voz del australiano sacó a Checo de sus pensamientos, mientras el joven tomaba sus manos que anteriormente se mantenían sobre sus caderas y lo invitaba a explorar su cuerpo.


Sergio juraba que podía ver corazones en los ojos del muchacho.


Hizo lo que Oscar le pidió, es decir, si ya estaban aquí, ¿Qué más daba terminar de cumplirle el gusto al chamaco? Metió sus manos por debajo de la camiseta de McLaren que Oscar llevaba puesta (a Checo le parecía gracioso como el australiano ni siquiera se cambió, era la prueba de que había ido directamente con él apenas salir), explorando su torso, sintiendo la piel caliente bajo su palma, y como esta misma se estremecía cuando lo acariciaba solamente con las puntas de los dedos, el mexicano fascinado ante como cada gesto, cada movimiento, arrancaba un jadeo tembloroso del más joven.


Preguntándose a sí mismo si era prudente, Checo bajó una mano hasta que sus dedos alcanzaron el borde de los shorts que el australiano llevaba puestos, en un gesto que silenciosamente le pedía permiso al más joven para ir más lejos, y lo obtuvo cuando Oscar asintió. Checo deshizo el botón y el cierre de la prenda, presionó su mano contra el miembro del más joven aún por encima de su ropa interior, el toque firme recibiendo un gemido más alto del australiano, el sonido yendo directamente al miembro del mexicano, igualmente duro dentro de pantalon deportivo que llevaba puesto, Oscar comenzó a embestir, casi por instinto, contra la mano de Sergio.


Oscar tenía los ojos cerrados, completamente perdido en disfrutar de las sensaciones, de su propio placer, de sus labios entreabiertos se escapaban gemidos, suspiros y jadeos que empezaban a quedarse tatuados en la mente del mexicano. Checo no podía evitar admirar la vista sobre él, había algo en la expresión de Oscar que hacía a Sergio sentirse satisfecho, como si complacer al joven era algo que había estado reprimiendo durante mucho tiempo, y es que había algo en Oscar que te hacía querer darle todo lo que quería; mimarlo.


Su mente le recordó la valentía que el australiano había estado demostrando en esos meses, una sonrisa pintó sus labios ante el contrataste de esa actitud con la de ahora.


— ¿Dónde quedó ese atrevimiento de antes, mm? — preguntó Sergio, en un tono ligeramente burlón.


Checo se tensó cuando Oscar abrió los ojos, sintiendo que el joven podía ver directamente a través de él.


— ¿Quieres que me ponga atrevido?


Sergio sintió un escalofrío recorrerle. Oscar le había respondido con tanta tranquilidad que daba miedo, y por primera vez en mucho tiempo, Sergio pudo ver que el australiano hablaba en serio. Por primera vez, lo tomó en serio.


Sin esperar una respuesta, Oscar comenzó a hablar:


— Quiero besarte, tocarte y que me toques, que me muevas como quieras, que me uses; complacerte... — cada palabra estaba decorada por un gemido o un suspiro, cada letra pronunciada hacia que a Checo se le subiera el color al rostro. La manera en la que Oscar no pausó por ningún momento el movimiento de su cadera, y como acercaba su rostro cada vez más al suyo hasta rozar sus labios le estaba arrancando el aire de los pulmones a Sergio. — Quiero que me cojas.


Dios santo... — murmuró Sergio, mientras cerraba los ojos y volteaba a un costado, como en un intento de ignorar la tentación; tratar de ignorar mientras le hablaba el pecado mismo.


Las manos de Oscar le tomaron del rostro y lo hicieron volver a verle.


— Por favor, dame lo que quiero. — rogó el australiano. — Por favor...


"Este chamaco me va a volver loco...", pensó Sergio.