Mi razón para ser un héroe | My Hero Academia | Rumi Usagiyama x Lector | Limón

Summary

Eres un aspirante a héroe profesional que, por cuestiones personales, es repudiado y maltratado por la mayoría de los estudiantes de la famosa academia a la que perteneces conocida como UA. Tratas de sobrellevar tu vida en el ambiente hostil, donde tu mejor amiga, una adolescente con unos característicos rasgos de conejo parece odiarte y apenas cuentas con la compañía de unos pocos amigos a los que no les importa tu posición "privilegiada". Durante el pasar de los días, las dudas te asaltan y empiezas a cuestionarte sí de verdad estas siguiendo el camino que quieres para ti, pero sobre todo, quieres entender lo que conlleva ser un héroe.

Status
Complete
Chapters
4
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Capítulo 1: Una relación complicada 🐰.

—Te dije que debías defenderte —le recordó el chico de ojos cansados a su compañero detrás del casillero abierto.

—Esto apesta —pronunció con amargura el otro adolescente. Sacando una toalla de unos de los estantes, cerró la taquilla y se mostró frente a su amigo, quien se tapó la nariz al instante.

—Tú apestas —le reconoció por el olor que desprendía su compañero al que le sacaba casi una cabeza de alto.

—¡¿Y a qué esperas que oliera luego de que me tiraran basura?, ¿a flores?! —le preguntó ofendido, quitándose la cascara de banana que estaba sobre su cabeza para arrojarla al basurero a un lado de los casilleros.

—No dejaran de molestarte si no haces algo para evitarlo, debes confrontarlos. —Su voz se escuchaba tan agotada y sin vida como era costumbre, solo que ahora tenía un rastro nasal debido a la nariz tapada.

El adolescente hediondo, se apoyó de espaldas contra el armario metálico.

—Lo sé, pero ya te dije que no quiero llamar la atención, prefiero pasar desapercibido —comentó, viendo como los demás estudiantes que pasaban frente a él lo esquivaban, frunciendo sus rostros en una muesca de asco—. Aunque... ya es la décima “broma” esta semana y se esta volviendo cansador —le informó con los hombros caídos y dejó escapar un suspiro de cansancio.

—¿Podrías recordarme específicamente porque quieres pasar desapercibido por todo el mundo? —le preguntó, rascándose la cabellera azabache con la mano que no tapaba sus fosas nasales.

Con la mirada posada fuera de los ventanales de la escuela, su amigo se sinceró:

—Esa cosa de la popularidad no va conmigo —simplificó en pocas palabras—. Además, yo no tengo el sueño de ser un héroe como la mayoría de los que están acá. Ni siquiera presento esa cualidad de reaccionar sin pensar para proteger a los demás —explicó mientras veía como algunos estudiantes abandonaban la institución—. Para defenderme de ellos tendría que mostrar de lo que soy capaz de hacer con mi Don, lo que conllevaría a ponerme en el foco de la escena, y no quiero tener que aguantar que me presionen constantemente para cumplir con las expectativas de los demás —dijo estresado de tan solo imaginarse la situación—, solo para que en el caso de fallar, tenga muchos dedos apuntándome con decepción por estar “desperdiciando” mi Quirk. En cambio, si las cosas siguen igual, voy a estar feliz de que los demás piensen que lo máximo a lo que podré aspirar sea ser; policía, bombero o un algún trabajo de mierda como esos —admitió aliviado de que las cosas estuvieran yendo como lo deseaba.

—Sabes, no deberías menospreciarlos, ellos también salvan vidas como los héroes convencionales —lo reprendió el pelinegro.

—Vamos, Shota, sabes que no lo digo literalmente —dijo, arrepintiéndose un poco por su duras palabras sobre los trabajadores públicos.

—De todas formas, porque no le dices a los profesores acerca de esto —comentó en un tono neutro y sincero, como si fuera una de las mejores opciones posible.

El chico a su lado lanzó una risa quejumbrosa al aire.

—Ay mi amigo, sabes tan poco acerca del acoso escolar, decirle a los adultos solo puede empeorar la situación —dijo sonriendo ante la inocencia de su compañero.

—Supongo que entonces debería cuidarte la espalda la próxima vez —comentó Shota, demostrándole que estaba dispuesto a darle una mano.

Su amigo le colocó la mano en el hombro de forma confortadora y le mostró una mirada seria.

—No quiero ofenderte, pero ¿Qué harás? ¿Sacarle el Quirk a uno mientras los otros nos dan una paliza? Lo mejor es que no te metas. —Le enseñó una sonrisa amigable—. Déjalo así Shota, tampoco es como si estuvieran amenazando con matarme o algo parecido.

Su compañero y mejor amigo, Shota Aizawa, era un tipo inteligente y astuto por lo que comprendió el punto rápidamente, la limitación de su propio Quirk lo hacía inútil en un combate con varios objetivos, de todas maneras, como lo había destacado su compañero, era cierto que las bromas tampoco eran demasiado graves, pero aun así instó por preguntar:

—¿Y si la situación escalara a ese nivel? —indagó atento a la respuesta de su amigo.

Afilando la mirada con seriedad, lo observó a los ojos.

—Si eso sucede... van a tener que buscar un buen cirujano —respondió de manera severa, y su expresión sombría cambió por completo cuando comenzó a reír por haberse escuchado como un “villano”.

—Bueno, si tu dices que tienes la situación controlada entonces lo dejaré en tus manos —dijo relajándose al ver que su compañero estaba dispuesto a poner un límite si llegaban a exagerar demasiado.

Levantando la mochila de entre sus piernas, Aizawa se la colocó en la espalda y se preparó para irse.

—¿Eh, a donde vas? —pronunció su amigo, confundido por la repentina despedida de Shota

—Quedé en ir con Oboro y Hizashi al Karaoke —explicó, sosteniendo las hombreras de la mochila.

—¡¿Vas a cantar?! —preguntó demasiado alto debido a la sorpresa de ese acontecimiento.

—Por supuesto que no —le dijo entrecerrando los ojos.

Rápidamente, la sorpresa cambió a molestia con un ligero rastro de tristeza fingida.

—¿Y que es eso de no invitarme? Se supone que somos amigos —dijo ofendido con los hombros caídos y la mirada baja.

Shota puso los ojos en blanco y dejó salir un fuerte suspiro.

—¿Quieres venir? —preguntó, conociendo la respuesta antes de que se la diera.

—Nop, pero gracias por invitarme —dijo volviendo a mostrarle una alegre sonrisa—. Tengo cosas que hacer, así que lo dejamos para la próxima.

—Sabía que dirías eso, por eso no te invité —comentó en un tono cansado—. Por cierto, ¿Qué te tiene últimamente tan ocupado estos días?

—Nada importante, solo estoy poniéndome al día con los trabajos y el estudio. —El chico de pelo negro levantó una ceja sin creerle en lo más mínimo lo que le decía. Al darse cuenta que su mentira no lo convenció, procedió a decirle la “verdad”—. Bueno... en realidad, a la mañana compré un nuevo videojuego y se supone que llega hoy —admitió, escuchando un resoplido proveniente del chico.

—Era de esperarse que sería por algo así —pronunció separándose de los casilleros.

—D-de todas formas, como dije, la próxima vez no les fallaré —le dijo enérgicamente.

—Está bien, como quieras —comentó antes de que fuera aturdido por otra oleada de olor repulsivo que lo obligó a taparse la nariz de nuevo—. Por cierto, deberías bañarte rápido, o tu plan de “pasar de ser percibido” no durara mucho.

—No hace falta que me lo digas, justamente me estaba por ir al vestuario.—explicó mostrándole la toalla en su mano.

—Ah, y trata de evitar seguir siendo un blanco fácil para ellos en el futuro.

—Lo intentaré.

—Ya dije todo lo que tenía que decir, me voy yendo —dijo, saludándolo antes de alejarse de él.

—Vale, nos vemos luego, Aizawa —compartió el gesto despidiéndolo con la mano y observó como se retiraba por la puerta principal.

Una vez dejó de distinguirlo a la distancia se puso en marcha a las duchas en la planta baja de la escuela. En el camino fue interceptado por una persona a la que prefería no encontrarse dentro del establecimiento escolar. Abriendo la puerta de una de las aulas a sus espaldas, una chica bastante esbelta salió disparada en su dirección.

—¡Yin~Kyuuun! —lo llamó la adolescente con mucha alegría.

«Esto no podría ser peor...», pensó mientras se daba la vuelta y se enfocaba en los atractivos ojos azules delante de él.

—¿Qué hay de nuevo, Nemuri? —preguntó, tratando de ignorar el hecho de que todas las cabezas de los estudiantes restantes a su alrededor se giraron para verlo con sorpresa, nadie se esperaba que la más vibrante y popular de la academia gastara saliva en hablarle, y mucho menos que se pusiera tan contenta de ver a un don nadie como él.

Nemuri Kayama era una adolescente bastante reconocida y famosa en toda la escuela, no solo por su llamativo Quirk, su físico curvilíneo envidiable —Entre alumnas y profesoras— y su belleza natural, sino por ser alguien muy controversial entre los estudiantes e incluso profesores, debido a sus actitudes y forma de ser tan peculiar y hasta cierto punto, cuestionables, eso sin contar su vestimenta de héroe provisoria, la cual era muy... sugerente.

Yin consiguió justamente lo que más queria evitar, la atención de todos, ya no había nada que pudiera hacer para evitar la conversación, por lo que simplemente intentó olvidarse de todos a su alrededor.

—Ya sabes, lo mismo de siempre —le dijo Nemuri con una sonrisa coqueta—. Preparándome para lucir lo más extravagante posible —le explicó vanidosa.

—Oh, claro, entiendo... —pronunció nervioso. Por más que lo intentó, fue imposible ignorar la mirada de muerte de varios chicos —y de alguna que otra chica— de que tremenda mujer le dirigiera la palabra. Por lo que ante la incomodidad que sentía trató de recordarle lo que habían hablado hace tiempo y le susurró—. No quiero ser grosero contigo, pero que te dije acerca de no hablarme en la escuela.

Llevando los brazos hacia delante, Nemuri atrajo a Yin hacia ella y lo encerró en un abrazo, que debido a la altura del chico, su rostro se apretó contra sus pechos.

—Vamos Yin, deja esa manía de esconderte de todos, tienes que aprovechar y disfrutar de tu juventud mientras puedas —comentó mientras se separaba de él.

«Tan entusiasta como siempre...» pensó Yin, escondiendo la felicidad que le daba que su vieja amiga nunca cambiara.

—Si, lo que digas —dijo en un tono aburrido que demostraba lo mucho que apreciaba la impopularidad.

—¡Ah! Por cierto, este fin de semana, ¿te apetece ir de compras conmigo? —le preguntó la adolescente con una gran y perfecta sonrisa.

—Más bien a ser tu burro de carga querrás decir, ¿no? —dijo conociéndola demasiado bien.

—Que conste que lo dijiste tú no yo. —Acercándose a él, le rodeó los hombros con el brazo. inmediatamente Nemurí comenzó a olfatear un aroma extraño en el aire—. Como que huele raro, ¿no?

—Si, soy yo, te recomiendo que te alejes, es contagioso —bromeó en un tono burlón, solo para sorprenderse por la acción repentina de su amiga:

Casi que en un simple pestañeo, ella apareció a 10 metros de distancia de él.

—¡¿Estas mintiendo, ¿cierto?! —le gritó con las manos a los lados de su boca.

—¡Si, Nemuri, estoy mintiendo! —le informó riendo.

En unos segundos, ella volvió a su lado.

—Jaja, lo sabía, que buena broma, Yin —comentó palmeándole la espalda.

Moviéndose un lado para evitar las palmadas, Yin se arregló el uniforme.

—En fin, por mucho que me encantaría ser tu perro faldero otro día más, no creo poder acompañarte esta vez —explicó.

—Oh~ Vamos, te invitaré al cine, y si te portas bien tal vez te lleve a por un helado o a comer una hamburguesa de esas que te encantan —le dijo en un tono semejante al que le hablaría a una mascota.

—Te estás tomando lo de perro muy literalmente —respondió con algo de fastidio.

Nemuri infló las mejillas y le mostró un leve puchero.

—Somos amigos desde que tengo memoria, se supone que debería estar entre tus prioridades, ¿Qué cosa puede ser más importante que acompañarme un fin de semana? —preguntó ofendida de que él tuviera otro compromiso.

—No lo sé, tal vez el simple hecho de que antes que ser tu sirviente, preferiría estar descansando en casa viendo un anime mientras me como un tarro de nachos con cheddar junto a una soda bien fría, ¿no suena mucho más tentador? —comentó, pudiendo saborear los nachos con solo la imaginación.

Su compañera empezó a acercarse a él de una forma seductora al mismo tiempo que una sonrisa picarona se dibujaba entre sus labios.

—¿Y si te ofrezco una recompensa a cambio? —le preguntó en un tono sensual bastante provocativo.

Pfff. Porfavor, no hay nada en ti que no haya visto ya. —le señaló con una sonrisa arrogante.

Fu~ que aburrido eres —dijo en un puchero, y volvió a sonreír—. Ya enserio, ¿Qué te mantiene ocupado este fin de semana? —lo interrogó queriendo fisgonear en su vida privada.

—Ya te lo dije —replicó.

—Es mentira, ambos sabemos que si de verdad quisieras perder el tiempo viendo alguna serie, me invitarías —comentó, frunciendo el ceño.

—Tal vez es porque en realidad tengo planeado ver una porno y pasar el resto del fin de semana cascándomela sin parar —le dijo con monotonía.

—Si ese fuera el caso, tal vez podríamos jugar mutuamente... si sabes a lo que me refiero —le susurró melosa, guiñándole un ojo.

—Tu encanto no sirve conmigo, y lo sabes —le dijo con una sonrisa juguetona.

—¿Seguro que no eres puto? —lo cuestionó entre risas.

—Préstame a tu hermana por una noche y sabrás la respuesta a esa pregunta —bromeó.

Ella estalló en carcajadas mientras le daba ligeros codazos en el brazo.

—Eres un idiota, jajaja.

Él acompañó su risa durante unos segundos, y admitió:

—La verdad es que salió un nuevo videojuego y me va a llegar a casa este fin de semana. Mis padres no estarán, así que no puedo salir hasta asegurarme de recibir el paquete —explicó, viendo la pronta desilusión de su compañera.

—Eso suena tan típico de ti —señaló con torpeza, pero pronto la sonrisa divertida volvió entre sus labios—. Aunque si quieres puedo acompañarte mientras esperas.

—Nah, tranquila. Ve de compras, apuesto a que consigues otro perro a tiempo —le apostó entretenido.

—¿Eh? ¡Ni que fuese tan fácil conseguir un sirviente! —contrarió histérica.

—Literal, solo es cuestión de agarrar a cualquier hormonal de los que van detrás de ti, y decirle que te acompañé a comprar a cambio de mostrarle una foto tuya en ropa interior —explicó con picardía.

Llevándose las manos a las mejillas, Nemuri abrió la boca demasiado sorprendida, casi como si estuviera exagerando su asombro.

—¿Qué piensas que soy? ¿Alguna clase de puta que utiliza su hermoso, sexy y perfecto cuerpo para sacar provecho de los demás? —preguntó ofendida, mientras se pasaba los dedos por su sensual cuerpo de forma provocativa, realzando sus delicadas y magnificas curvas.

—Sí, eso es justo lo que eres. —Estimó—. No lo dije yo, lo dijiste tú —repitió sus palabras de forma astuta—. Además, literalmente no hay nada que el público no haya visto ya. Quiero decir, ¿Viste tu traje de héroe? Creo que incluso si yo utilizara una zunga me vería 10 veces menos expuesto que tú —bromeó riendo con ella.

—Bueno, en cierta parte tienes razón, pero tampoco es como si fuera por ahí vendiendo fotos mía.

Yin se sacó el celular del bolsillo, y luego de unos rápidos deslices, le enseñó su galería personal llena de fotos sexys de ella.

—No, es cierto, las regalas —comentó él.

—¿C-Cómo llegó eso ahí? —preguntó Nemuri con una sonrisa nerviosa mientras el sudor le bajaba por la frente.

—B-Bueno, pero eso es solo porque somos amigos y tienes un buen ojo en cuanto a moda —se excusó ella con las manos sobre las caderas.

El rostro de Yin parecía no tomársela en serio.

—¿Oh, sí? ¿Y me que dice de esto?

—Un error lo comete cualquiera —dijo con el pecho elevado.

Inmediatamente Yin le mostró un par de conversaciones con algunos conocidos donde sucedía la misma conversación.

—¿3 veces seguidas? —la cuestionó con la ceja levantada.

—¿Si...? —Su afirmación pareció más una pregunta que una respuesta, pero rápidamente aprovechó el desconcierto del chico para tomar las riendas de la conversación y cambiar de tema a uno más picarón—. De todas modos ¿Por qué tienes una carpeta donde guardas todas mis fotos? —le preguntó, alzando las cejas repetidamente.

—Oh, la uso para masturbarme. —La respuesta fue atrevida, directa, espontánea y sin ninguna pizca de vergüenza.

—Ah, ya veo —pronunció como si nada antes de caer en cuenta de lo que dijo con tanta naturalidad—. Espera... ¿Qué? —dijo boquiabierta.

—Sería un tonto si no lo hiciera. Quiero decir, tu atractivo sexual es demasiado vistoso y sugerente, además, estoy en plena etapa de hormonas alborotadas, y si a eso le sumamos las fotos sugerentes que me mandas, solo te hace ver más irresistible —explicó de forma descarada—. A parte, no creo que haga falta decirte que probablemente no soy el único que lo hace.

Un fuerte rubor cubrió las mejillas de Nemuri al no esperar que admitiera algo así con tanto atrevimiento y sin un rastro de tacto.

—Eres bastante desvergonzado para admitir algo así —admitió, y se mordió el labio de forma sensual involuntariamente.

—Solo soy sincero. A estas alturas de nuestra vida no debería haber incomodidad en estos temas entre nosotros —dijo, rascándose detrás de la cabeza.

—¿Así que entonces te gusto? —preguntó en un tono burlón.

—No mi ciela, ya quisieras —le respondió con astucia—. Solo me atraes sexualmente, en cuanto a lo romántico, solo te veo como una hermanita menor.

Nemuri no pudo evitar reírse ante la declaración un tanto extraña de su mejor amigo.

—Hay algo que no cuadra en esas dos visiones.

Llevándose la mano a la barbilla, él reflexionó mejor sus palabras.

—Si, ahora que lo pienso, sonó medio turbio, pero entiendes el punto.

—Sí, sí —afirmó, restándole importancia al resbalón—. Entonces, ¿no vendrás el fin de semana? —preguntó, tratando de convencerlo con una mirada de perro mojado.

—Me temo que no —respondió con tenacidad, Yin podía ser demasiado terco si se lo proponía.

—Ah, está bien, lo pasaré por alto esta vez —dijo derrotada—. Pero tendrás que compensármelo la próxima vez —comentó con una sonrisa traviesa.

—No prometo nada. Ya bastantes problemas me estas dando hablándome tan libremente en la escuela —le dijo un poco fastidiado.

—Hablas como si fuera fácil no hablarte fuera de clases.

—Lo es, simplemente ignora mi presencia como lo hace el resto del mundo —se quejó Yin.

—Si eso te hace feliz, lo intentaré —dijo con un ligero puchero.

—Gracias. Ahora si me disculpas, debo ir a darme un baño —comentó moviendo la toalla en su mano frente a ella.

—Te hace falta —dijo, tapándose la nariz de forma graciosa.

—Sí, lo sé, nos vemos —la saludó con la mano.

—Adiós~. —Guiñándo un ojo, Nemuri se despidió lanzándole un beso al aire, y Yin lo recibió antes de reanudar el camino hacia las duchas de la escuela.

Cuando se alejó de ella, Yin suspiró aliviado de que aquellos que le tiraron un basurero no estuvieran presentes para ver a Nemuri coquetear con él. Los únicos estudiantes que presenciaron el momento no se quedaron viéndolo por mucho tiempo debido a la envidia que les generaba, aunque algunos sonrieron satisfechos pensando que Nemuri tan solo le hablaba para sacar ventaja de sus “privilegios” como estudiante recomendado. «Menos mal que esos tres no estaban, no quisiera oler a basura otra vez» pensó, tomándose un ligero respiro de su difícil vida cotidiana.

Al llegar a la intersección de los dos caminos al final del pasillo, Yin dobló rápido hacia la izquierda, pero el paso fue repentinamente bloqueado cuando algo que se sintió como una inquebrantable muralla de acero lo interceptó derribándolo de culo al piso.

Yin siseó de dolor y se frotó el trasero.

—Ay... eso fue un golpe duro —murmuró desde el suelo.

—¡Ey! Mira por donde vas, idiota —comentó agresivamente la voz femenina parada frente a él—. Ah, eres tú —Bufó con decepción la joven mujer—. Sal de mi camino, perdedor —dijo dándole una mirada despectiva con sus llamativos ojos rojos.

—Ah. Buenas tardes, Ru-- —Yin fue interrumpido por un fuerte pisotón que lo silenció de parte de la adolescente que contaba con algunos característicos rasgos de conejo.

—No te pases de confianzudo, enano —lo amenazó con sus largas orejas blancas en alto.

«Solo eres más alta por un centímetro», pensó molesto mientras una vena palpitaba en su frente.

Presenciando la escena, la chica rubia que acompañaba a la coneja, sonrió altanera mostrando sus dientes filosos y puntiagudos como los de un tiburón.

—Vaya, Rumi, parece que chocaste contra un insecto —se burló entre risas irritantes.

—Más bien contra un microbio —corrigió la coneja, despreciando al chico.

Yin exhaló aire agotado, era como la quinta vez en el día que la vida le ponía un obstáculo en el camino.

—Oh Genial, el trío de furros —declaró aburrido al ver a las tres personas delante de él y revoloteó los ojos.

La rubia de pelo corto se resintió de ser nombrada de esa forma.

—¡¿Cómo nos llamaste?! —preguntó con los ojos amarillos fijos en él.

—Nada que no se sepa ya —le respondió con ironía mientras se levantaba del suelo y se sacudía el pantalón.

—Imbécil, ¿te crees muy gracioso? —dijo, y lo arrinconó contra la pared de forma agresiva.

—No lo creo, lo soy —le aseguró. Pese a lo tedioso de la situación, se enfrentó a ella con mucha astucia.

—Ah, sí, entonces por que no-- —La rubia se silenció cuando una oleada apestosa inundó sus fosas nasales—. ¿Qué es ese olor? —preguntó y se llevó la mano a la nariz—. Sabia que apestabas, pero no de forma tan literal —bromeó con la voz nasal.

La coneja levantó las cejas al escucharla.

—¿Eh, que dices, Ryuko? —le preguntó a la rubia caminando hacia ellos dos. Enseguida compartió la acción de su compañera cuando su delicado olfato distinguió el aroma desagradable que salía de Yin—. Diablos, es cierto, hueles a mierda —declaró asqueada.

La adolescente rubia llamada Ryuko Tatsuma dejó salir una carcajada divertida.

—Necesitas conocer lo que son los jabones —se burló con malicia.

Cansado de que siguieran burlándose de un aspecto que nisiquiera pidió tener, Yin fue a golpearla donde más le dolía aparte del orgullo.

—Y tú necesitas decirle a tu padre que deje de tirar el jabón apropósito en el baño de la prisión —escupió con veneno mientras una sonrisa macabra se le plantaba en los labios.

—¡¿Qué fue lo que dijiste de mi padre?! —le preguntó demasiado afectada por el estado actual en que se encontraba su progenitor.

—Quien lo diría, aparte de ser una amante de los hemipenes de lagarto también eres sorda, menos mal que dicen que dios no castiga dos veces —pronunció con picardía.

Al recibir tal muestra de crueldad, las pupilas rasgadas de Ryuko comenzaron a cristalizarse.

—Tú... —pronunció con la voz temblorosa.

Antes de que Yin pudiera reírse en su cara, las dos fuertes y robustas manos de Rumi lo sorprendieron cuando lo agarraron de repente de la camisa del uniforme. Él tragó saliva sabiendo lo que seguía. Tensando los músculos de los brazos, Rumi levantó a Yin por encima del hombro y lo lanzó con mucha fuerza entre medio de los casilleros estrellándolo contra la pared. El golpe lo aturdió y el aire abandonó sus pulmones.

—Deja de hacerte el listo, idiota —escupió enfadada—. No es sorpresa que estés tan solo todo el tiempo, eres una total decepción para la UA, aspiras a ser un héroe, pero solo eres un jodido saco de boxeo cobarde y charlatán ¿Por qué no nos haces un favor a la mayoría de los que estamos aquí y desapareces? —le preguntó de forma violenta y humillante.

—Tan dulce como siempre, Usagiyama... —comentó Yin con sarcasmo.

Varios estudiantes se acercaron en forma de tumulto a la acción. Algunos murmuraron sobre lo mucho que debió doler el golpazo que recibió al impactar en la pared, mientras que otros se rieron haciendo todo tipo de comentarios despectivos sobre el pobre chico.

Por el otro lado, Ryuko no dejaba de sonreír satisfecha de que él obtuviera su merecido por burlarse de su padre, pese que fue ella quién inició todo el conflicto.

—Uy, pobre, eso tuvo que doler —declaró la rubia complacida, y afinando la voz, le habló como si de un niño pequeño se tratase—. ¿Qué sucede infeliz? No me digas que la niñita quiere llorar —dijo provocativa, burlándose de él.

—No tanto como tú cuando llevaron a tu maldito padre tras las rejas. —contestó pícaro, completamente despierto.

La perseverancia y la tenacidad de la voluntad de Yin para hacerle frente a pesar de estar entre las cuerdas solo consiguió enfadarla más, sin importar cuanto lo intentaran quebrantar, él siempre se ponía de pie como si nada, listo para confrontar los ataques.

La cabeza de Ryuko palpitaba cansada de la presencia de él y de su forma de ser tan intrépida.

—Hijo de...

Arremangándose las mangas del uniforme, estaba dispuesta a tomar su turno para golpearlo, pero fue detenida por alguien que se colocó entre medio de ellos tratando de separarlos para que la confrontación no progresara.

—Vamos, Ryuko, es suficiente, déjalo en paz, el golpe de Rumi ya debió revolverle el cerebro varias veces —declaró el tercer integrante del grupo denominado por Yin como: “El trío de coge furros”: un adolescente de cabello revoltoso de un tono rubio ceniza y de aspecto plumoso peinado hacia atrás. Debido a su Singularidad de nacimiento, contaba con unas destacables alas rojas saliendo detrás de su espalda como las de un pájaro.

Al ver que su compañero insistió en que dejará las cosas así cómo estaban, Ryuko iba a protestar, pero pensándolo mejor, habían estado llamando bastante la atención, solo era cuestión de tiempo para que un profesor se enterara, ya era mal vista por lo que ocurrió con su padre, lo menos que necesitaba era otra charla sobre su comportamiento abusivo y volver a ser el centro de atención, por lo que Ryuko decidió retroceder, evitando otro posible problema con la institución

—Hmpf, que perdedor, no por nada es el blanco fácil de todos. Al final, tanto privilegio te sirvió de mucho, ¿no? —Se burló desviando la vista directa a él, mirándolo de reojo con una sonrisa engreída—. Te convirtió en el enemigo #1 de la escuela.

Yin frunció el entrecejo mientras la observaba fijamente.

—Como si me importara —le respondió, llevándose las manos a los bolsillos delanteros del pantalón.

—No seguiré perdiendo el día contigo. Te escupiría antes de irme, pero conociéndote seguramente te gustará. —Los ojos amarillos de Ryuko fueron a parar en su amiga con rasgos de conejo—. ¿Y? ¿Qué piensas hacerle Rumi?

Usagiyama desdeñó al chico sentado en el suelo, lo observó por encima del hombro pese a que la intensidad de su mirada trasmitía un brillo confrontacional y desafiante a su persona.

—Nada, este imbécil no merece mi tiempo. Además creo que ya tiene más que suficiente con el olor a mierda que lleva encima —dijo aburrida y le quitó los ojos de encima—. Vámonos —les ordenó a sus dos inseparables amigos y comenzó a caminar hacia la salida del establecimiento.

—Te sigo —dijo Ryuko llena de vida y fue tras ella.

Rumi detuvo el paso al no escuchar el otro par de paso siguiéndola.

—¿Vienes pajarraco? —le preguntó al rubio.

—Las alcanzo en un rato —dijo con su habitual sonrisa amigable, ella asintió y siguió con su camino.

—Bien, tómate el tiempo que quieras, pero que sepas que no te vamos a esperar —declaró antes de atravesar la puerta de salida junto a otro par de estudiantes.

Con las dos mujeres fuera del instituto, el chico pelicenizo, Keigo Takami, conocido por todos con el apodo de ”Hawks" le tendió la mano a Yin para ayudarlo a levantarse. Yin dudo un poco de aceptar la ayuda, pero hasta ahora, Hawks junto con Nemuri habían sido los únicos en la academia que nunca lo maltrataron ni despreciaron, y si bien el pájaro pertenecía al grupo de Rumí “Los zoofilicos”, jamás lo había mirado de mala manera como los otros. Al final, aceptó la mano.

—Ese fue un golpe duro, eh —dijo Hawks sin ninguna malicia mientras lo levantaba del suelo.

En pie, Yin no pudo evitar reírse sintiendo un poco de dolor en la espalda.

—Fue como recibir una puta embestida de un camión —confesó.

—Sabes, hay dos cosas que me dan mucha curiosidad —comentó el pájaro—. Por lo que tengo entendido, Usagiyama y tú, ¿no eran amigos de la infancia? —Yin asintió a la pregunta—. ¿Qué pasó entre ustedes dos para que llegaran a esta situación de perro y gato?

Yin levantó los hombros desinteresado.

—Supongo que a veces las personas cambian y la popularidad termina ganándole a la amistad. Es una mierda, pero es la realidad —respondió con un poco de pesar.

—Oh, entiendo —dijo compadeciéndose de él.

—¿Y la otra cosa? —indagó Yin con curiosidad.

—Sobre... el olor.

—Ah, eso. Me tiraron un balde de basura mientras estaba en el baño. —Recordó la situación con disgusto.

—Ou... —pronunció mientras un escalofrió le recorría la espalda al imaginarse estando en su lugar.

A pesar de que la situación se había calmado hace rato, algunos estudiantes seguían en el pasillo, algunos más cerca y otros más lejos, pero en general, todos lo miraban y se hablaban entre ellos burlándose de lo que ocurrió con la coneja y la cogelagartos que era capaz de transformarse en dragón con su Quirk.

—Estamos llamando la atención, Keigo —remarcó Yin—. Anda, empújame al suelo y vete o pensarán que somos amigos y hablaran de ti también.

Hawks se río de su preocupación por él.

—No seas tonto, a diferencia de esas dos a mi no me interesa la popularidad —confesó con una sonrisa—. En fin, nos vemos mañana, iré a acompañarlas a... donde sea que hayan ido.

—¿Qué eres, su padre? —le preguntó Yin en un tono bromista.

Keigo Takami volvió a reír.

—Todos necesitamos de un hermano mayor que evite que nos salgamos de control —explicó, metiendo las manos en los bolsillos de su holgada campera.

—Ni me lo digas, las conozco demasiado bien para mis lamentos.

Luego de despedirse del cejón de Keigo, Yin finalmente consiguió llegar a las duchas de la escuela exclusivas para su clase. Sacó un cambio de ropa —el uniforme de gimnasia— de su taquilla personal. Se sentó sobre una de las bancas azules y se desvistió, dejando la ropa encima del asiento de madera.

Metido debajo de la regadera donde tenía todo lo que necesitaba para higienizarse, comenzó a pensar en el difícil momento en que se encontraba su vida en general y como había surgido el odio por parte de todos hacia su persona.

Una de las razones del odio era debido a que entró a la escuela sin haber hecho ninguna de las dos pruebas de admisión correspondientes y ni hablar de los exámenes escritos. Quizás el hecho de haber ingresado de forma “privilegiada” no hubiera generado tanta controversia si su Don estuviera a la altura de esos beneficios, sin embargo, la razón principal del rechazo hacia él era porque su Quirk era prácticamente inútil, si bien tener superfuerza podía sonar muy bien en un principio —Incluso a pesar de ser una habilidad bastante común entre los Quirks—, contaba con una enorme y monstruosa debilidad: Perdía los cinco sentidos, y no podía luchar usándolo durante un periodo prolongado de tiempo, su uso se limitaba a solo una vez al día debido a la increíble tensión que le suponía y solo era capaz de usar su habilidad durante 30 segundos en lo que su singularidad drenaba toda su resistencia y fuerza hasta el último segundo. Es justo por esto que Yin había tenido que visitar la clínica de la academia varias veces después de usarlo.

La cálida lluvia junto al jabón seguían deslizándose por las curvas de los músculos de su cuerpo definido en lo que pensaba con nostalgia los tiempos pasados durante su infancia compartida con Nemuri y Rumi. En ese entonces seguían siendo muy unidos incluso en la escuela, antes de que la coneja sufriera un cambio radical en su forma de ser frente al público. Eran buenos tiempos, los tres se protegían el uno al otro de las perversas miradas malintencionada de los demás hacía ellos.

Durante la infancia, Rumi Usagiyama fue mal vista debido a su quirk mutante “Rabbit”, que era la razón por la que contaba con algunos rasgos zoomorfos relacionados a los conejos, mucha gente se encargaba de discriminarla por eso debido a que veían con malos ojos ese tipo de Dones.

Nemuri por otro lado, no era marginada, sino todo lo contrario al extremo, lo que le ocasionó varios problemas, Nemuri Kayama siempre había sino muy hermosa y de una apariencia casi celestial, esto llevo a que fuera hostigada y perseguida, el acoso era lamentablemente algo cotidiano en su vida, por lo que tanto Rumi como Yin que eran bastantes impulsivos y buscapleitos se encargaron de protegerla.

Fueron duros pero muy nostálgicos recuerdos, con tan solo cerrar los ojos Yin podía verse siendo niño de nuevo mientras los tres escribían sus iniciales bajo el texto de “por siempre” en el árbol más grande en la plaza donde se juntaban, un lugar lleno de momentos y memorias preciosas. La regadera dejó de llorar, Yin alcanzó la toalla del gancho pegado en la puerta, se cubrió rodeándose las caderas con el paño y abandonó la ducha.

Al salir, sus ojos se llenaron de cansancio al instante «Debí esperármelo.», pensó agotado. No había rastro alguno ni de su uniforme sucio, ni del cambio de ropa que había preparado encima de la banca antes de ingresar a bañarse. «Solo quiero llegar a casa lo antes posible», se dijo.

Suspirando por no tener ninguna otra opción, decidió pasear por los pasillos de la academia semi-desnudo en busca del uniforme de entrenamiento en su casillero.

—Joven, T/A, ¿Qué hace vestido de esa forma en mitad de los pasillos? —Yin fue sorprendido al escuchar la voz de un profesor detrás de él. No era de su clase y tampoco lo había tenido en alguna materia, pero habían intercambiado una que otra palabra en algún momento, lo suficiente para recordar el apellido del otro.

—Mi ropa desapareció mientras me bañaba —explicó sosteniéndose la toalla en cada paso que daba.

El profesor con aspecto de un bloque de cemento humanoide, ahora frente a él, lo miró de forma inquisitiva, algo preocupado de que estuviera pasando algo debajo de las narices de los profesores.

—¿Hay alguien molestándote? —indagó alertado.

—Nah, solo es una broma inofensiva entre amigos —dijo Yin, fingiendo la sonrisa.

El hombre bloque respiró tranquilo, pensando que solo se trataba de una broma pesada entre adolescentes inmaduros.

—Entiendo, pero diles que este tipo de acciones no corresponden en los terrenos de la escuela —dijo severamente, tratando de cumplir su papel como profesor.

—Recibido y anotado, Cementoss-sensei —dijo despidiéndose con dos dedos en la sien.

—Tenga una buena tarde, joven T/A. —El profesor le dio un ligero asentimiento y pasó de largo a su lado.

—Lo tendré, señor. —Yin siguió en la búsqueda de su uniforme de repuesto.

Con el periodo escolar terminado hace rato, se terminó de vestir dentro del baño de hombres y abandonó las instalaciones de la academia tras agarrar su mochila dentro de su casillero. Una vez fuera, tomó la ruta cotidiana hacia su casa; pasando por la tienda de dulces del señor Shikada, doblando en la lavandería de Minato y rodeando aquella extraña carpa donde supuestamente una bruja leía el futuro de las personas.

En la mitad del camino hasta su hogar, el chico tuvo que cruzar la vías del tren y tras caminar un par de metros, se llevó una gran y agradable sorpresa cuando se encontró con una chica justo en la entrada de un común y corriente colegio secundario.

—¡Pequeña Kaina! —exclamó sonriente, alzando las manos en el aire.

—¡¿Yin?! —pronunció con confusión, pero rápidamente sus labios se curvaron hacia arriba— ¡¿Cómo estás?! —preguntó emocionada.

Kaina Tsutsumi era como una hermana pequeña para él, se conocieron a partir de que sus padres los presentaron cuando ella recién cumplía los 11 años. Resultó que sus padres habían sido muy buenos amigos durante la instancia en el colegio secundario, pero en el momento en que ingresaron a la universidad perdieron absoluto contacto entre sí.

La relación entre Kaina y Yin, fue difícil al principio, ella no era de socializar mucho por lo que era muy complicado que se abriera a él, pero poco a poco fueron afianzando su amistad hasta que se volvieron prácticamente inseparables, siendo el hecho de que estuvieran en diferentes escuelas la única razón de su separación.

El aspecto de Kaina era bastante llamativo, siendo su cabello bicolor de tonos azules oscuro y rosas lo más destacable a primera vista.

—Genial, recién salgo de la escuela, estaba de camino a casa —explicó Yin viendo que ella tenía una maleta llena de libros en las manos—. Y por lo que veo sucede lo mismo contigo.

Ella le asintió enérgicamente la cabeza.

—¿Puedo acompañarte? —preguntó con una gran sonrisa.

—Seguro —afirmó, y Kaina rápidamente se acercó a él.

—Hueles bien, ¿te pusiste perfume o algo así? —indago mientras estaba inclinada hacia él.

—Gracias, acabo de bañarme —confesó, llamándole la atención.

—¿En la escuela?

—Entrené mucho, así que estuve sudando como un cerdo, por lo que decidí darme una ducha —mintió sin pensar.

—¡Oh, entiendo! —dijo acompañándolo a su lado mientras él retomaba el camino-

—¿Qué tal tu puntería? —preguntó, tratando de iniciar una conversación.

—Voy mejorando, ¡ahora puedo disparar a las latas mientras están en movimiento! —explicó con un destello de orgullo en los ojos.

—¡Eso suena estupendo! —comentó con alegría—. ¿La secundaria?

—Bastante bien, mi grupo de amigas y yo somos muy unidas. ¿Y tú, senpai, que tal te ha ido? —le preguntó muy interesada en como era su vida en esa academia tan prestigiosa.

—Como siempre, estando entre los mejores de la clase —alardeó con orgullo, pese a haber más mentira que verdad en sus palabras.

Los ojos morados de Kaina se abrieron exaltados.

—¡Guau, eres tan talentoso! —exclamó maravillada—. ¡Estar en una escuela tan prestigiosa como la UA y ser uno de los mejores de la escuela, es un enorme merito!

—Sí, lo es —respondió como sabelotodo, aunque dentro suyo se sentía muy arrepentido de mentirle a la inocente chica, pero no queria que supiera que en verdad no era el mejor de todos, sino todo lo contrario, en realidad él era el perdedor más grande de toda la escuela.

Pasaron todo el trayecto dialogando y debatiendo mientras se ponían al día con sus vidas cotidianas, charlando y riéndose entre sí hasta que llegaron a la puerta de la casa de Yin.

—Ten cuidado en el camino —advirtió Yin, preocupado por su seguridad.

Ella revoloteó los ojos manteniendo una sonrisa en los labios.

—Sabes que vivo solo a un par de cuadras de aquí, ¿no? —dijo burlonamente.

—Nunca se sabe cuando pueden atacar los villanos, siempre están merodeando.

Kaina se había acostumbrado a que él fuera tan paranoico y sobreprotector, si bien a veces podía llegar a ser un poco cansador, la realidad es que se sentía muy feliz de que se preocupara tanto por ella.

—Tendré cuidado, senpai.—respondió para tranquilizarlo, lo que consiguió con éxito al verlo relajar la expresión tensa en su rostro.

—Nos vemos, Kaina —dijo aliviado.

Acercándose a él con rapidez, lo estrechó entre sus brazos en un cariñoso y fraternal abrazo, apoyando la cabeza en su reconfortante y masculino pecho.

—Hasta mañana, Yin —se despidió y se hecho a correr hasta la esquina a dos casas de distancia, ambos se saludaron a la distancia moviendo la mano de un lado a otro —en forma de péndulo—.

Luego de la partida de la adolescente de 15 años, Yin entró a su hogar. No había ningún par de zapatos en la entrada, lo que queria decir que sus padres no se encontraban en casa o al menos que todavía no habían llegado. Mientras se descalzaba, un gato anaranjado salió de la sala al costado del pasillo de la entrada, alegrando al chico.

—Al menos no soy el único en casa. —Agachándose, llevó la mano a la cabeza del gato y comenzó acariciarlo— ¿Cómo estás, Power? —preguntó en un tono afinado.

—Miau. —Power maulló condescendiente.

—¿Quieres comer?

—¡Miau!

Dentro de la cocina, Yin preparó los cuencos correspondientes llenándolos con agua y comida, y los dejó junto a la caja de arena roja con el nombre de “Power” escrito sobre ella.

—Se acercan los exámenes, debería ponerme a estudiar un rato... tendría que ser responsable aún en mi posición de fenómeno... —Sus ojos se detuvieron en los snacks encima de la mesa que probablemente había preparado su madre especialmente para él—. Al menos que... ¡una maratón de anime me distraiga de mis labores! —De un momento a otro, toda clase de comida y bebida chatarra se encontró lista y preparada para ser exterminada por él mientras disfrutaba de alguna serie, sin embargo, el arrepentimiento no tardó en llegar—. No... quizás por primera vez, debería esforzarme en la escuela. —Con el plan de holgazanear todo el día arruinado por los pensamientos culposos, decidió dejar todo como estaba en un principio, y se dirigió a las escaleras en el pasillo de la entrada .

Subiendo los agotadores escalones sin gana alguna, el celular dentro del bolsillo del pantalón comenzó a sonar un par de veces dando a entender que le había llegado un aluvión de mensajes, por lo que se detuvo en un escalón y agarró el telefono.

«¿Quién será?», pensó intrigado, encendió la pantalla y desbloqueó el teléfono para revisar las notificaciones. Yin quedó boquiabierto, sus ojos se fijaron en su celular completamente embobados cuando entró a la aplicación de mensajería y vio de primera mano los “inocentes” mensajes que había recibido.

«Que bendición...», se dijo, e inconscientemente se mordió el labio mientras sonreía con torpeza «Maldita sea, Midnight, nunca cambias».

Tras enviar el último mensaje, Yin se quedó observando el teléfono aunque sin la intención de verlo realmente, ya que en verdad tenía la mirada perdida mientras pensaba en lo que había estado recordando en la ducha de la escuela.

Su pasado con ella y como era que a pesar de todos los años aún seguía presente en su vida incondicionalmente, y siempre estaba cuando necesitaba que alguien lo escuchara o si tan solo queria distraerse de todo en general.

Pasar tiempo con ella era de los pasatiempos más entretenidos que existían, salir juntos significaba nunca aburrirse y un día de diversión asegurado. También le gustaba el afecto físico que solían darse en forma de abrazos, si bien Nemuri parecía ser una persona bastante seductora y provocativa —cosa que era— en la intimidad podía llegar a ser muy tierna y afectuosa buscando constantemente el contacto físico entre ambos.


CHAT:

Yin: Nemuri, puedo decirte algo extraño?

Nemuri: ¿? Seguro.

Yin: Gracias por estar siempre, te quiero.

*Escribiendo... En linea... Escribiendo...*

Nemuri: ¿Te estás por morir?

Yin: ¡Claro que no! ¡¿Por qué pensarías eso?!

Nemuri: Es raro verte tan sentimental.

Yin: Lo siento, simplemente se me paso por la cabeza. ¿Te molestó?

Nemuri: Por supuesto que no, tonto. Espérame 5 minutos.

Yin: Okey?

Sentado con la espalda contra la pared del escalón, Yin tuvo que esperar 10 minutos para que al fin su celular volviera a vibrar en señal de que un nuevo mensaje había llegado.

Nemuri: Estoy.

Yin: Que fuiste a buscar?

Nemuri: Esto <3


Cerrando la conversación, Yin apretó el botón lateral del teléfono y volvió a guardarlo en el bolsillo, destacando el hecho de que sus pantalones se sentían más apretados debido a la erección que se levantó con dureza dentro de su ropa interior palpitando de necesidad. No era como si pudiera ignorarlo, podía hacer el esfuerzo, pero el dolor lo traería de regreso a la realidad.

Calculando que sus padres aún no habían llegado, probablemente se retrasarían como solía ocurrir a veces cuando iban a trabajar, quizás una hora o un poco más, el tiempo suficiente para hacerse una manualidad. En un breve vistazo a su entrepierna, se habló a si mismo.

—Esta vez, solo seremos tu y yo viejo amigo.

De inmediato, Yin subió las escaleras restantes y entró a su habitación, mientras la computadora se encendía, abrió el cajón de la mesita de luz junto a su cama y sacó de dentro: un rollo de papel higiénico junto a un pote de lubricante, y por último, se cambió el uniforme a algo más casual: una remera musculosa y un par de bermudas muy cómodas.

Ya con entera libertad, se sentó sobre la silla cubierta por una delgada tela y abrió en la computadora la galería en línea que compartía en “la nube” con su celular. Ante sus ojos desfilaron automáticamente diferentes imagenes de Nemuri con diminutos trajes, alguna lencería o —en el mejor de los casos— completamente desnuda, con objetos o sus propias manos apenas cubriendo las partes más privadas de su sensual y erótico cuerpo. En la mayoría de fotos, ella se encontraba en poses sugerentes mientras miraba hacia la cámara; era un verdadero espectáculo carnal y lascivo para el consumo masculino, y porque no, también del femenino, él estaba más que seguro de que en caso de que tuvieran acceso a todas esas fotos de Nemuri, una que otra chica de la academia no dudaría en dedearse fantaseando con ella.

Yin miraba con morbo los turgentes y tentadores pechos de su mejor amiga, la sangre le bombeaba hasta el eje que se alzaba orgullosamente duro entre sus piernas. Con las manos desocupadas, se desprendió el pantalón y liberó su palpitante erección para así poder tocarse, dando libertad absoluta a sus más sucias fantasías.

Continuó la variedad de fotos, todas resaltaban mucho en cuanto lo atractivas y excitante que se veía la linda Nemuri, pero una foto en particular lo atrapó por completo: La imagen exclusiva y dedicada para él donde ella tenía su nombre escrito encima de los senos.

Pausando el recorrido de fotos en una imagen donde se la veía de pies a cabeza en lencería negra, se detuvo por varios segundos para admirar la belleza de su amiga de piel lechosa y tersa; cabello púrpura oscuro, liso y disparejo hasta los hombros, figura esbeltica y piernas largas y esplendidas. Sus prominentes pechos siempre lo hacían imaginarse lo bien que se sentiría apretujar semejantes bolas de grasa con los dedos.

—Me preguntó como será tocar unas así de grandes...

Reanudando el desarrollo de la galería, Yin siguió con la mirada atento a Nemuri y su cuerpo infernal. Entonces, se agarró el miembro erecto que contenía una ligera muestra de liquido preseminal en la punta, y poniéndose un poco del lubricante, empezó a masturbarse con movimientos rápidos, de abajo hacia arriba, ejerciendo un poco de presión cada tanto para simular como si estuviera dentro de ella. En poco tiempo, la calentura se hizo insoportable y mandó a volar sus pantalones junto con la ropa interior a su cama; hubo cierto rastro de perversidad sofocante en lo expuesto que se sentía al no contar con sus prendas inferiores, lo que provocó un aumento en la excitación momentánea que incluso le erizó la piel.

Sin dejar de frotar su erección, la imagen de la pantalla cambió, ahora Nemuri estaba en primer plano; su rostro, sus cejas fruncidas y sus hermosos ojos azules que miraban al cielo, insinuaban estar recibiendo un manantial de placer mientras se mordía el labio en un intentó por tratar de resistir lo que profundamente se acercaba, o al menos esa era su interpretación acalorada de la foto.

La imagen sensual solo mejoró cuando prestó atención a un pequeño detalle que le fascinaba: debajo del ojo izquierdo, la adolescente tenía dibujado un precioso lunar. No sabia la razón en específico, pero ese pequeño puntito en su piel siempre lo dejaba embobado y elevaba su libido al siguiente nivel.

Soltando el falo por un momento, se quitó la musculosa por la cabeza al sentirse sofocado. Desnudo y con las hormonas revueltas y empapadas en lujuria, se masturbó con desenfreno mientras su otra mano apretaba el apoyabrazos de la silla con angustia, sin embargo, todavía no era suficiente; necesitaba otro estimulo.

Relajó el agarre del asiento, y con la mano menos hábil; movió el cursor en la pantalla de la computadora y minimizando la pestaña de fotos, abrió un archivo —aprovechando que sus padres no estaban en casa— y pronto la habitación fue carcomida por un audio multimedia bastante “particular”.

Ah~ oh dios~❤️. —Gemidos femeninos sensuales y muy eróticos comenzaron a reproducirse por los altavoces. La voz llamativa que gritaba de placer le pertenecían ni más ni menos que a la propia Nemuri.

Si bien los gemidos no dejaban mucho a la imaginación, la realidad era que a día de hoy, todavía no estaba seguro de si sus gimoteos eran de verdad o si eran muy bien actuados. Ella le plantó el interrogante el día que le envió el audio de 3 minutos junto a un mensaje que decía:

“No te ilusiones tanto tontito, son gemidos fingidos... ¿o tal vez no? 😉 Te dejó con la duda❤️“.

No hace falta decir lo que hizo usando ese audio luego de escucharlo.

Agitado, la sensación de bombeos continuos se volvió tan placentera que el liquido pre seminal se escurrió cada vez más, bajando por su eje ensució todo a su paso. Los gemidos angelicales se instalaron profundamente en su cerebro y su mente recreó diversos escenarios con Nemuri; sus brazos trepándole por la espalda hasta los hombros, la dulce fragancia de su piel lisa; sus carnosos y bonitos labios dándole besos furiosos y reclamando su dominancia sobre él, su melodiosa y armónica voz gimiendo su nombre; mientras encima de ese pintoresco lunar sus bellos e intensos ojos similares al lapislázuli lo miraban hambrientos de deseo.

—Ah~❤ —Yin dejó escapar un gemido tembloroso que hizo sintonía con los ruidos de fondo, y le dio vergüenza a pesar de estar completamente solo en la casa.

Fuera de las fantasías, la habitación se llenó del sonido húmedo por la fricción que producía con las manos sobre su pene, y algún que otro jadeo que salía de forma involuntaria.

Cada terminación nerviosa de su miembro le enviaba un sinfín de sensaciones a su cerebro que no dejaba de secretar dopamina, perdiendo así poco a poco la cordura. Su cabeza febril solo empeoró cuando sus ojos se abrieron en el momento en que la imagen cambió a la siguiente. Al parecer, sin darse cuenta en su momento, Yin había cometido el error de infiltrar un archivo que no correspondía en la carpeta +18 de Nemuri.

Su miembro se volvió un desastre palpitante ante la nueva imagen; Nemuri ya no se encontraba sola, sino que estaba acompañada de una atlética mujer morena muy familiar, con esos ojos rubíes expresivos e impulsivos, decorados por unas largas y delgadas pestañas; esa sonrisa llena de vida y energía, aquel cabello blanco y sedoso al que Yin le encantaba acariciar; también estaban sus orejas, sus suaves y alpinas orejas, y como no destacar su físico marcado del cual era imposible despegar los ojos.

La foto casual de sus dos amigas de la infancia sonriendo a la cámara estaba frente a sus ojos mientras se masturbaba. La situación se sintió extraña, una parte de él tenía el corazón contraído en calidez y melancolía, pero por la otra parte, su cabeza se llenó de pensamientos indecentes e impuros, lo que provocó que acelerara los movimientos de la mano.

¿Con que cara lo verían si supieran todas las veces que se las imaginó formando un trío con él?

No lo sabía con seguridad, pero era probable que Mirko lo golpeara hasta la muerte, mientras que Nemuri probablemente estaría más que a gusto con la idea, o tal vez no, nunca estaba 100% seguro de lo que pasaba por su perversa cabeza.

En medio del disfrute, Yin se arrepintió profundamente de haber tirado a la basura su fleshlight por orgullo luego de que Nemuri lo encontrara tras violar su privacidad solo para encontrar alguna revista porno o algo de ese estilo en su habitación, menuda sorpresa se llevó al revisar la caja dentro del armario de su cuarto.

Ella no dejo de reírse durante todo el día, haciéndole toda clase de insinuaciones sexuales de que si estaba tan necesitado con gusto lo ayudaría a usar el masturbador masculino, pero todo se trataba de una divertida provocación para ver las reacciones avergonzadas de su mejor amigo.

Al final del día, Yin lo descartó en la basura, decidiendo que nunca más usaría uno. Sin embargo, estando en esta situación, realmente deseaba poder emular la probable estrechez de la cálida vagina de Nemuri

Se sentía un poco culpable de tener pensamientos tan explícitos y pervertidos de sus compañeras, no obstante, lo hecho, hecho estaba, y aunque estaba un poco enfriado por la nostalgia en su pecho, decidió que no iba a rendirse en su tarea de auto complacerse. Habían sido semanas muy duras en la academia donde todo el mundo, más que nunca, parecía estar en su contra y necesitaba de algún medio posible liberar la tensión acumulada, incluso si debía liberarla a través de sus bolas. De modo que se tomó unos momentos acariciándose el cabello con la mano limpia para relajar su corazón, y cuando lo logró, una imagen se le plasmó en el cerebro.

—¿Cómo se verían esas dos arrodilladas a mis pies mientras me la chupan? —Terminó de confesar sus pensamientos con un claro y crudo anhelo en la voz.

Apretando los ojos con fuerza, fantaseó con ellas postradas frente a él mientras lo veían fijamente con adoración. Se imaginó también como la coneja le sostenía las pelotas, a la vez que Nemuri le masajeaba toda la longitud, aplicando variaciones en el ritmo solo para provocarlo y hacerle perder la cabeza tal y como era su estilo. Yin respiraba rítmicamente mientras se pajeaba, las manos se les resbalaban por la acumulación de lubricante y sus fluidos naturales. Sentía todo el cuerpo en llamas, calcinándolo poco a poco en una agonía placentera.

La fantasía se volvió más salvaje cuando Rumi envolvió sus gruesos labios alrededor de su saco en lo que Nemurí abría su bonita boca para chupársela, haciendo toda clase de ruidos eróticos e impuros, su propio cerebro engañó a sus sentidos he hizo posible que por un momento pudiera casi percibir el aliento cálido en la punta de su pene.

Al mismo tiempo que ella lo succionaba con avidez, las palmas de Nemuri le acariciaron las piernas en movimientos ascendentes, para volver a descender. La cadencia en la mamada aumentaba, y la saliva comenzaba a escapársele por las comisuras de los labios.

Envuelto en su propia fantasía, Yin estaba cerca de perder la cordura, y terminó por sucumbir cuando alucinó con ese lunar empapado de sus fluidos, en un acto de impulso, imaginó que sujetaba a Nemuri del cabello para embestir contra su garganta una y otra vez, hipnotizado y fuera de sí mientras Rumi —con sus bolas dentro de su boca— mendigaba implorando tener su turno con él.

El sueño estaba por concluir, Yin estaba por eyacular y se aseguraría de hacerlo dentro y fuera de Nemuri, asegurándose de cubrir su lunar mientras ella saboreaba su espeso semen hasta la ultima gota como un animal hambriento.

En la realidad, la sensación del constante burbujeó serpenteando debajo de su abdomen era la señal de que pronto; su placer culminaría en forma de hebras pegajosas que saldrían desde la punta húmeda de su pene palpitante, y por la falta de interés de cortar un poco de papel, lo más probable es que tendría que acabar esparciendo su semen sobre su estómago.

Sin embargo, cuando estaba por alcanzar el clímax —tan cerca que incluso podía saborearlo—, algo lo interrumpió y lo sacó por completo de su tan anhelado orgasmo final.

Ring~

Riiing~

Riing~

—¡Mierda! —Yin maldijo por lo alto y pausó en seco su tarea—. ¿Quién carajos podrá ser? —se preguntó mientras su pecho aun seguía agitado. No era posible que fueran sus padres, después de todo todavía faltaba para que dejaran de trabajar, y tampoco podía ser el cartero, ya habían notificado que su pedido se había atrasado hasta el fin de semana.

Por un momento, pensó en la idea de ignorar el llamado del timbre y continuar con su trabajo manual, pero una vez más, volvió a sonar impaciente.

Frustrado y con las bolas completamente azules, se limpió la mano y la polla húmeda con papel y lo tiró al cesto de basura al lado del escritorio. Se levantó de la silla y comenzó a vestirse de nuevo con la ropa que había revoleado sobre la cama. Siendo el momento de colocarse los pantalones muy incomodo e irritante debido a la erección que seguía cargada entre sus piernas.

Cerró todo rastro de lo que estaba haciendo en la computadora, y salió de la habitación “completamente limpio” para dirigirse a la entrada. Frente a la puerta, tomó un banquito junto a las zapatillas y se subió, inclinándose hacia delante y observando por la mirilla de la puerta, pero no encontró a nadie. Con mucho enojo, pensó que se trataba de una inocente e inofensiva broma, que como simple secuela, le generó un fuerte e incomodo dolor en los huevos.

Por lo que dispuesto a insultar al resto del mundo, abrió la puerta con el ceño fruncido listó para maldecir y/o golpear a alguien, pero sorprendentemente, su expresión se relajó al presenciar a la persona de baja estatura que se encontraba detrás con una cara de pocos amigos.

—¿Rumi? ¿Qué haces aquí? —le preguntó con los ojos expandidos.

—Debemos hablar. —Fue directa y cortante, nisiquiera se molestó en saludar.

—S-seguro, pasa —dijo haciéndose a un lado, invitándola a entrar.

En el momento en que ella traspasó la entrada y él cerro la puerta, la distancia entre ambos desapareció y la coneja arrastró las manos por su cuerpo, tanteando sus músculos mientras trataba de quitarle la remera.

—¡¿Qué estas haciendo?! —le preguntó, sonrojándose únicamente por lo repentino de la situación.

—Cierra la boca, idiota —ordenó severa.

—¡E-Espera, al menos invítame un café primero! —bromeó, tratando de tapar la vergüenza que sentía, hasta que ella consiguió quitarle la musculosa por encima de la cabeza.

Rumi lo hizo girar, y miró atenta al hematoma en la espalda de Yin, era de un color rojizo, significando que el moretón se había formado relativamente hace poco tiempo.

—Lo sabía... —pronunció suavemente con tristeza, sus orejas acompañaron su estado de animo y se arquearon inclinadas hacia adelante—. Lo siento, olvide contenerme de nuevo —se disculpó y acarició la herida con suma delicadeza.

Él giró la cabeza hacia ella y sonrió ante su preocupación.

—No te preocupes, ya no duele, incluso había olvidado que estaba ahí —le aseguró y agrandó la sonrisa. Rumi se limitó a mirarlo a los ojos agachando la cabeza hasta que se reclinó hacia él y unió los labios a su espalda para besar el moretón, causando una leve sensación de cosquilleó en Yin—. Rumi, eso hace cosquillas, jajaja.

—Perdón por ser tan bruta —se disculpó con un puchero.

Él le contestó negando con la cabeza mientras volvía a estar frente a ella.

—Está bien, solo intenta reservarte un poco la próxima vez —le pidió amablemente.

—Sí, me aseguraré de tener más cuidado.

Rumi siguió a Yin hasta la cocina.

—¿Quieres comer algo? Tengo sopa instantánea por si quieres —ofreció él.

La coneja no tenía hambre, sin embargo, mirando a su alrededor, se le creó un agujero en el estómago cuando levantó las orejas extasiadas al ver la mesa llena de comida chatarra y brincó por la habitación hasta ponerse frente a Yin

—¡¿Maratón de anime?! —le preguntó con los ojos brillando de emoción.

Él se rascó la cabeza, riéndose de la intensa personalidad de su amigo.

—Sí, tenía pensado eso en un principio, pero... —El incómodo recuerdo de estar fantaseando con ella y su amiga apareció en su memoria—. Decidí que era mejor ponerme a estudiar —se excusó con una risa nerviosa.

—¡Tonterías! Deja las cosas de nerd para otro día, ¡ahora vayamos a divertirnos! —declaró, cortando distancia con la mesa.

—Espera, Rumi, pensé que querías hablar.

—Vine a disculparme, pero ya que estoy de paso haré compañía a tu solitario trasero —comentó ella con una gran sonrisa.

—Se supone que habíamos quedado en juntarnos el fin de semana.

—Sí, lo sé, pero olvida eso y vayamos a por un... ¡Maratón de series y películas! —Agarrando la mayoría de cosas de la mesa, una montaña de comida basura se creó entre sus brazos, salvó por la gaseosa que quedó frente a ella, la cual miró con mucho repudio—. ¿Qué no tenían con sabor a zanahoria? —preguntó decepcionada.

—Sabes que odio ese sabor —le recordó.

—Pero, yo lo amo, así que debiste comprarlo por mí —Ella giró la cabeza con desaprobación.

—Primero, no fui quien compró todo esto, y segundo, ni siquiera se supone que deberías estar aquí.

—A tirar excusas en la excusilería —bromeó—. Ven y agarra esa cosa porque yo no lo haré —dijo con su típico tono orgulloso.

Tomando la gaseosa de la mesa detrás de ella, Yin se burló del fanatismo de Rumi.

—¿Qué dirían los de nuestra clase si supieran que a la invencible “Mirko” le gusta encerrarse en una habitación para perder el tiempo viendo maratones de chicas mágicas? —El comentario provocó que Usagiyama volteara la cabeza para verlo con mucha seriedad.

—Jamás lo descubrirán —Su voz parecía casi intimidante.

—¿Y si se los dijera? —le preguntó en un tono juguetón.

—Te noquearía de una patada antes de que pudieras terminar de hablar —Su mirada era más fría que un glaciar.

—De todas formas, tampoco me creerían —murmuró Yin con una media sonrisa mientras Rumi se adelantaba a las escaleras.

Mirándolo a los ojos, otra sonrisa divertida se plasmó el Rumi y un rastro de competitividad despertó en sus ojos.

—¡Él ultimo en llegar es una tortuga vieja! —declaró, aumentando la velocidad mientras subía los escalones a toda prisa.

Fue como si el tiempo se detuviera cuando ella comenzó a tomar distancia de él, el breve recuerdo del estado en que se encontraba su habitación divagó en la mente de Yin; había olvidado que a excepción de la computadora, había dejado toda evidencia de lo que estaba haciendo antes de que Mirko llegara.

Él trató de seguirle el ritmo, pero Rumi era demasiado rápida, y Yin se fue quedando atrás.

—¡Aguarda, todavía no limpié el cuarto! —se excusó, yendo tras ella.

—Como si eso me hubiese detenido antes. Estoy acostumbrada a que tu habitación sea un desastre —dijo al final de las escaleras.

Yin intentó detenerla.

—¡Espera, no lo entiendes, yo--!

Pero ya era demasiado tarde, Rumi había conseguido irrumpir en su cuarto. Ella se imaginaba que encontraría todo dado vuelta, tal vez toda su ropa sucia sobre la cama, algunos platos y/o utensilios de comida sin lavar, basura por allí, cajas vacías por allá, pero para su enorme sorpresa la habitación estaba bastante limpia. Era extraño para tratarse de él; los mangas estaban ordenados por orden alfabético en su respectivo estante, no había basura en el suelo ni en las esquinas, todo rastro de comida y envoltorios vacíos estaban recogidos y puestos en la bolsa del basurero, y para su gran alivio, ninguna de la enorme cantidad de figuras que le había regalado se encontraba en un frasco cubierto de un liquido “extraño”.

Todo parecía muy anormal, salvó por la ropa sucia que tal y como lo pensó, estaba esparcida por la cama. Sin embargo, al olfatear el aire, sus fosas nasales la aturdieron durante un momento cuando un olor particular le golpeó de lleno la nariz, lo que la llevó directo a revisar con sospecha el escritorio donde estaba la computadora. Yin miró hacia abajo con vergüenza, desviando la mirada. La evidencia estaba a la vista: la silla frente a la computadora, la loción lubricante y el papel higiénico junto al mouse. Rumi no era tonta ni mucho menos, no había duda alguna de lo que Yin estaba por hacer antes de que llegara a la puerta de su casa sin avisar.

—Con que estudiando, ¿eh? —le dijo con los ojos entrecerrados.

Tapándose la cara y con un suave rubor en las orejas, Yin confesó:

—Hubo un cambio de planes a ultimo momento.

—Es por esa perra de Nemuri, ¿no? —preguntó, y de inmediato Yin la miró lleno de nerviosismo.

—¡¿Quééé?! —dijo afinando la voz sin tener la intención de hacerlo—. Pff, no —mintió en lo que trataba de controlar su sonrisa nerviosa.

—Tu celular —pronunció de brazos cruzados.

—¿Perdón?

—Te perdono. —Rumi le mostró la palma hacia abajo y retrajo los dedos una y otra vez—. Ya te la sabes, celular y cartera, carnal —ordenó de forma intimidante.

—No sabia que tuvieras un lado tóxico —comentó divertido.

—¿Te doy una paliza cada día en el colegio y te sorprendes de esto? —indagó con una mano en la cadera.

—Bueno, tal vez tengas razón, pero no te daré mi-- —Ella le mostró en su cara que ya lo tenía en la mano—. ¡¿Cómo lo--?! —preguntó tanto confundido como sorprendido.

Desbloqueando el celular, la foto sensual de Nemuri apareció frente a los iris rojos de la coneja.

—Oh, lo imaginé, esa zorra nunca cambia. —Inmediatamente se fijó en el mensaje de la imagen y algo le llamó la atención—. Aunque tengo que admitirlo... tiene buenas tetas —confesó un poco celosa.

—¿Sí, verdad? se ven grandes. —Yin gesticuló con las manos imitando dos globos enormes.

—Y apretujables... —completó embobada. Al darse cuenta de lo que admitió, sacudió la cabeza de izquierda a derecha con rapidez—. A estas alturas, me sorprendería que alguien en la escuela no tenga alguna foto reveladora de ella, aunque dudo mucho que alguno tenga siquiera una sola foto dedicada como esta, siéntete afortunado —declaró, y lanzó el celular a la cama, ocasionando que rebotara amortiguado por el colchón

—Tampoco es para tanto —dijo, aunque en realidad se sentía tal y como lo dijo Rumi—. Cambiando de tema, ¿empezamos la maratón?

—¿E ignorar el hecho de que tu habitación huele a polla? Seguro, porque no —concordó, escogiéndose de hombros.

—No tenias que ser tan directa —le señaló en un tono plano.

—Jajaja, olvídalo, ¿Qué vemos? —preguntó la coneja.

—Tengo un par de opciones que podemos ver —explicó el adolescente y se sentó en la silla con respaldo incluido.

—Oh, tengo una, me la recomendaron por internet —dijo, saltando sobre Yin para apoyar el trasero en su regazo.

—Adelante, pon lo que quieras —ofreció, dejándola al mando de la computadora—. Siéntete cómoda, como siempre mi casa es tu casa.

—Y aunque no lo fuera, lo haría de todas formas —dijo con una sonrisa juguetona.

Moviendo el escritorio de la computadora hasta dejarlo frente a la cama, Yin tomó asiento sobre el suave colchón con las manos a sus costados y una vez más, Rumi se sentó encima de él y movió el mouse para entrar a internet en busca de encontrar la serie que le habían recomendado. Dentro de una página pirata, —porque como sucedía la mayoría de veces la página oficial estaba caída— escribió el nombre del anime y dio inició al primer capitulo.

En unos momentos, la pantalla ganó la completa atención llena de expectativas de los dos adolescentes. El primer capítulo fue divertido y atrapante, tenía una trama entretenida u atractiva, así que no dudaron en ponerse de acuerdo para continuar con el siguiente episodio. Mientras la música de apertura empezaba a sonar, la coneja elaboró una pregunta, causando que Yin despegara los ojos de la pantalla y se enfocaran en la adolescente encima de él

—No me odias... ¿verdad? —titubeó con un rastro de miedo y angustia en la voz, giró la cabeza para mirarlo y tras reconocer la confusión en el rostro de Yin, añadió—: Ya sabes, por lo de hoy —explicó jugando con sus dedos índices.

La formación de una cálida sonrisa entre sus labios la tranquilizó.

—Jamás podría odiarte Rumi, eres mi primera amiga —le recordó con cariño, lo que en parte entristeció a la coneja.

—Lo siento por ser una mala amiga entonces, no debería importarme la popularidad y esas cosas si para eso debo maltratarte en la escuela —declaró arrepentida.

—Fue mi decisión estar en esta posición, estar conmigo solo hará que los demás te hagan la vida imposible, simplemente, no le des tanta importancia —dijo, y le rodeó el abdomen con los brazos atrayéndola él.

—Tal vez, ser rechazada junto a ti sea lo mejor —consideró a gusto en el abrazo.

—Y destruir el respeto que construiste todo este tiempo, no vale la pena —opinó apoyando la frente en su espalda.

—Pero--

—Estaré bien, lo prometo —le aseguró con una sonrisa.

—Voy a encontrar la forma de sobrellevar la situación, te lo juro —declaró determinada a lograrlo.

Él se río conmovido.

—Está bien, solo no te sobre exijas demasiado.

El resumen del capitulo anterior terminó, dando inicio al nuevo episodio, el cual empezó bastante bien, la trama seguía siendo igual de atrapante y la animación de calidad permanecía fluida y destacable comparándola con otras series que habían visto juntos. No obstante, para la grata sorpresa de ambos, a mitad del capítulo; una situación bastante “fogosa” comenzó a desarrollarse entre los protagonistas.

—¡Guau! No sabía que tuviera este tipo de escenas —confesó Rumi con un delicado sonrojo en las mejillas.

La mirada atónita de Yin no se desvió de la pantalla ni un segundo, interesado de ver como el momento se iba intensificando de a poco cada vez más.

—¿Qué este no es recién el segundo capitulo? —preguntó boquiabierto.

Rumi asintió la cabeza con torpeza, igual de atenta que él.

«¡Que rápidos!» pensaron a la vez.

Observando fijamente lo que sucedía en la pantalla, los pensamientos pervertidos y recuerdos de sus fantasías se manifestaron rígidamente en el cuerpo de Yin, lo que provocó un oscuro sonrojo en las mejillas morenas de Rumi.

—Yin... eso duro en mi trasero, ¿es lo que creo que es? —preguntó sobresaltada.

—Rumi... —pronunció Yin sobre su espalda, enchinándole la piel—. Lo siento, es que me interrumpiste justo cuando estaba en el borde de... ya sabes, eso —confesó, y plantó los labios detrás de su cuello.

—Mmm~ —tarareó complacida—. Lo supuse en cuanto vi el papel tirado en el cesto de basura —admitió—, supongo que debería hacerme responsable, ¿no? —dijo Rumi algo avergonzada.

Él elevó la mano por el cuerpo definido de Rumi y le apretujó uno de los senos por encima del uniforme escolar, provocando que un gruñido minucioso escapara de los esponjosos labios de Rumi.

—Podríamos ver algo tal vez más... ¿intenso? —preguntó contra su piel.

—Prometimos que esperaríamos hasta el sábado. —le recordó la coneja, empezando a sentirse acalorada.

—Por favor, te necesito, Mirko —suplicó demandado de atención.

El utilizar su nombre de heroína solo consiguió incentivar que algo dentro de Rumi se encendiera.

—¿Lo mismo de siempre? —preguntó con el corazón palpitándole a mil.

—Pon lo que quieras. —Yin levantó ligeramente las caderas, y comenzó a frotarse la entrepierna contra su trasero aún cubierto por la falda escolar.

Usando la computadora, Rumi entró en una de las carpeta del escritorio con el nombre: “Carpeta hipermegasuperultra secreta, no tocar excepto nosotros”, era un nombre cursi, sí, pero se lo habían puesto cuando estaban en primaria. Ella siguió navegando entre carpetas dentro de otras carpetas hasta que llegó a “Tutoriales de manualidades”, dentro había una cantidad incontable de videos e imagenes, muchas contaban con miniaturas un tanto... explícitamente reveladoras.

—¿Cualquiera? —le preguntó la coneja.

—Cualquiera —corroboró él alzado.

Sin mirar, Rumi hizo clic en cualquier archivo de la carpeta y una pestaña se abrió. El video empezó con el clásico contexto genérico de los videos porno, pero el prólogo les dio suficiente tiempo para desvestirse: Rumi se desabotonó el saco, se aflojó la corbata roja y se los quitó, dejándolos sobre la almohada de la cama. Con solo la camisa ciñendo su musculoso cuerpo, se podía distinguir claramente el tamaño de su busto; que si bien no era tan grande como el de Nemuri, no tenía nada que envidiarle, la camisa blanca no tardó en terminar con el mismo destino que el uniforme, dejando en plena exposición su físico cincelado.

Tan solo le quedaba la falda, las medias largas y la ropa interior. Con una sonrisa picarona en los labios, Rumi se inclinó hacia adelante, asegurándose de empinar el trasero frente al rostro de Yin para tener toda su atención, y una vez sintió sus ojos sobre ella, se bajó la falda provocativamente. La tela cayó al suelo, y frente a la mirada embobada del chico, la colita pomposa de Rumi se asomó por encima de las bragas blancas de un aspecto simple. Era inminente que la erección del chico llegaría en cualquier momento, un poco más de estimulo y estaría más que despierto. Mirko lo miró de reojo solo para encontrar su mirada atrapada en sus firmes y sexys glúteos.

—¿Te gusta la vista? —le preguntó divertida, sacudiendo el trasero y él la siguió hipnotizado de lado a lado.

—Sí, pero para serte sincero pensé que traerías algo más deportivo. —Una sonrisa se formó entre sus labios—. No me digas que esperabas que termináramos de esta forma.

—Una mujer siempre tiene que estar preparada para lo que sea —contestó enaltecida por la predicción y se sentó junto a él. Subiendo los pies a la cama, le mostró la espalda—. ¿Podrías ayudarme? —le preguntó y recogió su cabello con las manos, colocándoselo delante del pecho para darle un fácil acceso al broche del sujetador.

Yin estuvo más que complacido en ayudarla, se puso manos a la obra. Acariciándole la espalda sintió sus fuertes y desarrollados músculos y los trazó con las yemas de los dedos. Rumi se retorció con el suave toque y la piel de los hombros se le oscureció en el momento en que las manos de Yin alcanzaron el corpiño.

Los dedos experimentados y hábiles del chico desunieron el prendedor en un pestañeo, liberando los pechos gomosos de Rumi que se alzaron con orgullo, sus botones rosáceos se endurecieron cuando su piel caliente y sensible chocó en contraste contra el frío del ambiente. Ella se tapó los pechos con un brazo y se volteó, su mirada compuesta por sus largas y características pestañas fue fulminante hacía él quien la veía con suma atención, pero el fuerte sonrojo en su rostro enterneció cualquier rudeza que pudiera mostrar.

—Es algo vergonzoso ser la única que está desnuda —confesó, peinándose el flequillo para evitar que tapara su rostro.

—Ah, claro, lo siento. —Yin se disculpó con torpeza y se llevó los dedos al borde del pantalón corto que rodeaba sus caderas, donde su bulto estaba a medio camino de enderezarse—. ¿Hace falta que me mires tanto? —preguntó avergonzado a pesar de no ser la primera vez que se desvestía frente a ella.

La intensa mirada de Rumi seguía cada pequeño movimiento que hacían sus manos.

—Por supuesto que sí tonto, quiero disfrutar de todo el proceso —señaló con una sonrisa satisfecha.

Yin se dio por vencido y se sometió a ella. Levantando las caderas de la cama, fue bajándose el pantalón junto a la ropa interior. Rumi se mordió el labio con anticipación mientras veía el inició del tronco de su miembro presentarse hasta que solo la punta quedó cubierta con la tela, lo que la llevó a frotarse las piernas entre sí.

Él soltó el pantalón y dejo que la gravedad hiciera lo suyo el resto del camino mientras volvía a sentarse. Su eje semi erecto quedó a la plena vista de Rumi, quién continuó mordiéndose el labio atraída por ese pedazo de carne venoso frente a sus ojos. No dudó en alejar el brazo de su pecho para enseñarle los senos.

Sentía como sus bragas se humedecían un poco más con cada minuto que pasaba esperando a que su longitud gruesa —o al menos así le parecía a ella— se alzara por completo. Yin por otro lado, estaba deslumbrado por sus pechos; su textura moldeable y esponjosa resaltaban demasiado en una figura tan fornida como la suya. Él se relamió los labios ante el abdomen marcado con cada abdominal esculpido de tanto entrenamiento, y la vista solo fue capaz de mejorar cuando una gota de sudor bajo a lo largo de su cuerpo, atravesando las hendiduras marcadas de su vientre.

Los dos se sentaron uno al lado del otro con los pies sobre el suelo justo cuando la introducción del video terminó. Rumi lo miró y le preguntó si se sentía cómodo como para comenzar con la acción, aunque en cada palabra que pronunciaba iba por momentos desviando involuntariamente la mirada hacía su entrepierna, Yin no tardó en admitir que estaba más que listo cuando su pene se volvió un mástil completo.

Acomodados en la cama, cada uno enfocó toda su atención ansiosa en la pantalla; los juegos previos habían iniciado. Rumi fue la primera en tocarse, haciendo un lado sus bragas, comenzó a acariciarse la vulva en forma circular y dejó que un suspiro satisfecho saliera de sus pulmones. Al ver la iniciativa de su compañera, Yin le dio rienda suelta a su propio trabajo y, envolviendo su eje con la mano hábil, arrastró la piel de arriba abajo, bombeando su miembro una y otra vez mientras un ligero cosquilleó le recorría la espalda dorsal.

Los adolescentes continuaron masturbándose desvergonzadamente en lo que disfrutaban de la película pornográfica. A medida que el video iba escalando de nivel, ellos dos se volvían más intensos con sus movimientos, hasta que en un punto, cuando Rumi se sintió preparada luego de observar como los dos actores comenzaban a comerse entre sí, ella insertó el dedo índice profundamente dentro de su estrecha raja.

Una sacudida de placer recorrió su cuerpo y Rumi no pudo evitar morderse el labio. Sus ojos se enfocaron en la acción que ocurría entre ambos actores mientras ella metía y sacaba el dedo de su coño con movimientos inquietos. Su vagina aún se sentía vacía, deseando que algo más grande entrara en ella. Pronto el dedo corazón se sumó a la diversión y se introdujo en la entrada de su apretado agujero. Sus jugos eran tan abundantes que los dedos se deslizaron con facilidad. Su otra mano viajó sobre su pecho, tomándolo suavemente y ella sintió el placer recorrerle el cuerpo.

Los gemidos provenientes de los altavoces se hicieron más fuertes y erráticos, indicándoles lo bien que se estaban sintiendo los actores. Los dedos de Rumi también se movieron más rápido dentro de su raja. Sus caderas se sacudieron hacia arriba de vez en cuando disfrutando de su propio placer. Su respiración se volvió más irregular a cada segundo y podía sentir cómo las bragas se le mojaban por completo. Con un suave gemido, la coneja tiró de su pezón y el receptor sensorial de su botón le mandó una infinidad de sensaciones placenteras a todo su cuerpo febril. Y profundizando el toqueteo, se folló el coño en carne viva, como si sus dedos fueran una polla erecta amenazando su coño cada vez más ásperamente con cada embestida.

El placer fue aumentando. Rumi presionó los dedos con más fuerza contra las áreas sensibles de su vagina y dejó salir un jadeo lujurioso, girando la cabeza hacia un lado mientras apretaba los dientes. Si bien había estado recibiendo constantes bombardeos de placer por su espina dorsal que hacía que su cabeza se nublara, aún contaba con una pizca de claridad, pero toda clase de cordura se fue por el caño cuando escuchó los gruñidos a su lado.

Mirko tragó saliva con los ojos pegados en la larga polla que era acariciada de arriba abajo con mucho entusiasmo. Ella ralentizó los bombeos de sus propios dedos de su interior y se enfocó en su compañero que parecía estar perdido en su propio mundo mientras se tocaba. Rumi pudo distinguir como las venas alrededor del falo estaban hinchadas de excitación, y sus pelotas que colgaban con toda libertad fuera de la cama, se chocaban contra su mano a medida que Yin descendía por el eje de carne.

El pecho de su compañero subía y bajaba en fuertes latidos acelerados. La mirada rubí de Mirko trazó los duros rasgos de sus facciones y deslumbró como sus ojos se cerraban mientras su rostro se fruncía y se contraía de placer. Bajando por donde su manzana de adán sobresalía de su garganta, su visión llegó a su pecho, y al igual que con él, la vista de su hermoso cuerpo definido solo mejoró cuando vio que el sudor se arrastraba por sus pectorales hasta sus abdominales tallados con mucho esfuerzo. Ella siguió cada musculo de su cuerpo con extremo deseo mientras se marcaban por el movimiento repetitivo y desesperado de su mano.

Mientras veía a Yin disfrutar tan íntimamente de las caricias, Rumi recordó una charla de chicas que había tenido en la academia unos días atrás; una de sus compañeras confesó que le había enviado un video tocándose a su novio y él respondió de la misma forma, algo normal, sin embargo, la discusión entre el grupo de chicas inició cuando ella se quejó de la diferencia de sensualidad y elegancia de cada forma de darse placer. Mientras el video de ella irradiaba provocación y erotismo, el de él era tosco y poco atractivo, simplemente era él jalándose la nutría hasta acabar.

Las opiniones fueron divididas, una parte estaba de acuerdo en que los videos masculinos eran aburridos y sin ninguna pizca de gracia, mientras que la otra parte en desacuerdo defendieron a los pobres hombres explicando que no era como si pudieran ingeniársela mucho cuando el palo entre sus piernas solo puede subir y bajar. Fue una larga e inútil discusión, pero en medio de la disputa, le preguntaron a Rumi que pensaba de todo esto. Ella fue fría y cortante: “Verlos masturbarse como perros en celo es repugnante”. Que mentira tan grande.

La verdad era que ella jamás se cansaría de observar a Yin auto complacerse, porque no era simplemente el hecho de que se sacudiera la polla hasta correrse lo que le gustaba, sino lo que hacía atractivo el acto era el conjunto de sucesos que ocurrían en el cuerpo del chico hasta llegar al clímax; la forma en que su rostro se contorsionaba de placer en cada bombeo, los gemidos y suspiros que escapaban de sus desvergonzados labios como una melodía que Rumi nunca se cansaba de escuchar, el sudor de su piel; la agitación de su pecho, sus músculos endureciéndose en cada movimiento.

Ella nunca se perdía de ningún detalle, nisiquiera en la forma en que a veces le temblaban las piernas y los dedos de sus pies se curvaban o su gutural voz agrietada que siempre indicaba la proximidad de su clímax. También estaban sus bonitas y gordas bolas, las cuales se contraían emocionadas cuando las venas de su eje palpitaban extasiadas, y por último, pero no menos importante, esa abundante carga blanca en forma de ráfagas intermitentes, espesas y viscosas, con un suave sabor amargo, pero que a su vez era extrañamente viciosa. Todo ese desarrollo de principio a fin era lo que volvía completamente hipnótica y embelesada la vista.

Quizás fue porque reunió todo el valor, o tal vez fue solo porque la lujuria se apoderó de ella. La diferencia en ese momento importaba poco, pero cuando la fogosidad del momento estaba en el aire, suplicando que la llama se intensificara; en un arrebato de calor asfixiante, Rumi apoyó la mano —que había estado en su pecho— encima del muslo de Yin. No hicieron falta palabras, Yin necesitó una sola mirada para entenderla, sus ojos lo dijeron todo.

Con una leve sonrisa, Yin frenó en seco los movimientos; su pene cayó erecto en un ruido húmedo sobre su muslo debido al peso y curvatura del mismo. La mirada suplicante de Rumi le pedía que empezara; él le hizo caso y abalanzó la mano sobre ella. Con un tacto gentil, sus dedos recorrieron de abajo hacia arriba la carne fibrosa y caliente del muslo izquierdo de la coneja morena. Rumi observó ansiosa como se iba acercando lentamente a su núcleo y, apretando los labios con fuerza, reprimió un gemido en el momento en que los dedos acariciaron su humedad. Sin perder el tiempo, sintió como dos largos dedos se adentraban dentro suyo, forzando que un gemido sensual se le escapara de la boca mientras Yin exploraba su interior.

La coneja se retorció de placer ante el toque delicado de sus dedos, una parte de ella deseaba acostarse sobre la cama, apretar las sábanas con fuerza y dejar que él devastara sus profundidades todo lo que quisiera mientras ella silenciaba sus agonizantes gemidos contra la almohada, pero el lado orgulloso y terco de Rumi no se lo permitió, se negaba a caer en la tentación y derretirse por el toqueteo mientras sucumbía dócilmente ante él, por lo que no tardó en “contraatacar” tratando de equilibrar la balanza.

Yin fue envuelto en una cálida sensación cuando la mano de Rumi se arrastró sobre sus caderas y enredó los dedos cuidadosamente sobre su erección. Él palpitó con anhelo dentro del calor de su palma, expectante de como continuaría. Mientras los dedos de Yin seguían metiéndose y saliendo dentro de su vagina, la mano embadurnada de Rumi —por los fluidos naturales de él— descendió por primera vez a lo largo de la base de carne, estimulando cada nervio de su pene mientras exponía la cabeza rosada frente a sus ojos. El chico dejó escapar un silencioso gemido y tembló ligeramente por el frío de la palma, si bien estaba caliente seguía por debajo de la temperatura de su órgano sexual, aun así lo disfrutó, incluso a pesar del leve escalofrío que sintió de la ligera incomodidad.

—Rumi~ —gimió Yin con una voz suave.

Al escuchar su nombre escapar de sus labios de una forma tan sensual, ella comenzó a acariciarle la polla con movimientos lentos que fueron de arriba hacia abajo mientras sus ojos rubíes seguían los cambios quejumbrosos de su expresión.

—¿Qué sucede? ¿Se siente bien? —le preguntó juguetona, acelerando el ritmo con el que movía los dedos.

—Sí, no pares —suplicó vergonzosamente.

Moviendo los dedos en el interior húmedo y apretado de Mirko, Yin tocó justo debajo de un punto dulce, lo que provocó que ella detuviera el bombeo un momento.

Mhm~ sí eso es lo que quieres —dijo la chica conejo, volviendo a retomar las caricias, esta vez enfocándose en la cabeza de su pene—, entonces haré que sigas gimiendo mi nombre —dijo con una sonrisa mientras sus dedos en forma de garra arrastraban cautelosamente la piel sensible hacia abajo y hacia arriba sobre la punta sensitiva.

Los ojos de los adolescentes volvieron momentáneamente a la pantalla; se estaba llevando a cabo una de las mamadas más sucias y depravadas de toda la colección de videos porno que tenían. Rumi tragó saliva, imaginándose siendo ella quien le estuviera proporcionando sexo oral a su acompañante. La imagen de Yin retorciéndose con sus lamidas se veía tentadora, sobre todo el hecho de poder escucharlo gemir y verlo temblar mientras ella se enfocaba en disfrutar de su zanahoria de carne favorita.

Las caricias mutuas continuaron intensificándose en lo que el actor no dejaba de gruñir. Rumi, ahora enfocada principalmente en el tronco del miembro a sabiendas de que si se concentraba demasiado en la cabeza en ese momento Yin se correría en cuestión de segundos, movió la mano arriba y abajo, tirando el prepucio hacia atrás. Con cada movimiento, se formaba más líquido preseminal en la punta y lentamente descendía a lo largo de ella.

El chico respondió, e internalizando los dedos más profundo, los curvó hacia arriba contra las paredes interiores de su coño.

Ahh~❣. —Rumi emitió un largo gemido que aumento de volumen en el momento en que el pulgar del chico empezó a trazar pequeños círculos alrededor de su clítoris.

Mmm~♥. —Yin también gimió con jadeos irregulares que llenaron el aire mientras ella bombeaba su polla como si su vida dependiera de ello.

Ambos aceleraron el ritmo, perdiéndose en su placer respectivo. Los gruñidos puntuaban sus respiraciones mientras los movimientos se hacían más rápidos. El tiempo parecía detenerse mientras el placer aumentaba en su interior, y el repentino entusiasmo constante de Rumi demostró que algo ocultaba en sus acciones, y al mirarla, Yin comprendió lo que estaba pasando. Silenciosamente, había comenzado una competencia entre ellos por ver quien acababa primero.

Mientras los gemidos seguían incesante saliendo de los altavoces, ellos se encontraron en una lucha de orgullo y pasión. Yin fue el primero en tomar la iniciativa, levantando un poco el trasero para acercarse a ella cortó toda la distancia posible entre ellos. Los muslos de Rumi se rozaron entre sí mientras las piernas les temblaban. La mano de Yin se posó sobre la columna baja de la coneja y ella se estremeció por el repentino contacto en su piel. Él le rodeó la espalda con el brazo, trazó hacia arriba los tentativos abdominales morenos con mucho deseo, sintiendo su dureza y la forma perfecta en las que estaban marcados. Yin condujo la mano hasta su busto pronunciado donde al palpar uno de sus senos con delicadeza, los dedos se hundieron en la carne esponjosa.

Atrayéndola a hacía él, se inclinó hacia ella y mientras jugaba con una mano dentro de su interior y con la otra sobre su teta, Yin sorprendió a Rumi cuando envolvió los labios sobre su pezón izquierdo y succionó con cuidado mientras exploraban fervientemente sus zonas más sensibles.

—¡Ahh~ Yin~❣️! —La coneja dejó escapar un fuerte gemido al no poder mantener la boca cerrada, los diferentes puntos de placer le hicieron puré el cerebro durante un breve momento. Le costó mantener la postura, pero hizo el esfuerzo por mantener la espalda lo más recta posible.

Yin la acarició con avidez y deseo, sus dedos revoloteando en su interior la volvían loca, su mano pellizcando, tirando y apretando su pecho la convirtió en un desastre temblante, y su boca rodeando, chupando y saboreando su piel rosada, hacía que la mirada de la albina intentara mirar al techo.

Rumi se encontraba en una agonía placentera de la cual no queria despegarse, queria hundirse en el placer, ahogarse en él hasta quedarse sin aire, sentir sus dedos recorriendo cada fibra de su piel y que su aroma quedase impregnada en cada rincón de su cuerpo. Gemido tras gemido escapó de su garganta, pero a ella no le importó, quería mostrarle al resto del mundo lo bien que la hacía sentir mientras la complacía.

La morena se regocijó cuando sintió que los dedos dentro de su vagina se curvaban en busca de un punto dulce y en la forma en que la boca de Yin le mordisqueó el pezón tal y como ella le había mostrado que le encantaba. Eso era algo que le fascinaba de él, era como un libro en blanco al que le decía instrucciones y él se encargaría de recordar por más pequeño que fuera el detalle.

Rumi le enseñó todo, los puntos en su atlético cuerpo que la harían gritar, las partes más sensibles al tacto, las más sensibles a los besos. Incluso se tomó toda una tarde en explicarle donde tenía que tocarla dentro suyo para hacer que su cuerpo reaccionara de diferentes formas, ya sea retorciéndose o sufriendo espasmos, Rumi pasó de orgasmo en orgasmo ese día.

Al igual que él, ella también lo conocía de pies a cabeza, sabia con toda claridad donde tenia que tocar, lamer, incluso hasta morder para hacerle perder la cabeza. Lo conocía tan bien que sabia todo acerca de sus inseguridades, por eso siempre se encargaba de mostrarle que no tenía nada de que preocuparse, ella agarraría cualquier inseguridad y la besaría hasta convertirla en una fortaleza, aunque eso no significaba que no se burlará de él a veces, después de todo, una de las cosas que más le gustaban era tocar cada centímetro intimo de su cuerpo y hacerlo gemir como loco, solo para reírse de él y decirle que se escuchaba como una niña.

La coneja estaba muy a gusto disfrutando de los dedeos y las caricias mientras gemía, sin embargo, cuando sintió que algo comenzaba a surgir dentro de ella, su lado competitivo salió a flote, no queria perder la competencia imaginaria que ella misma inició. Usando la mano donde no tenía su polla, entrelazó los dedos sobre el cabello de Yin, apretó suavemente y le tiró la cabeza hacía atrás sacándolo de su teta.

Sus ojos perdidos en el otro dijeron más que mil palabras. Manteniendo el agarre en su cabello, Rumi lo acercó a su rostro y estrelló los labios contra los de él con mucho apetito, ruidos húmedos de los ligeros choques entre ambos se sonorizaron, ella disfrutó de la sensación de sus labios acariciando los suyos. Los bombeos de su mano sobre la polla se ralentizaron, priorizando enfocarse en el beso. Jalándole el cabello un poco más, Rumi aprovechó el leve asombro de parte del chico para ganarle el terreno, adentrando la lengua en su cavidad bucal.

Yin abrió los ojos perplejo por el hambre salvaje en que Rumi exploró el interior de su boca, la lengua de la coneja se movía entusiasta alrededor de la suya de un lado a otro revolviéndose entre sí, fue tan pasional y ardiente que parecía como si hubiese estado reprimida desde hace años, aunque solo habían pasado un par de días desde la ultima vez que estuvieron juntos. Ella dejó su cabello y le recorrió el rostro hasta que su mano se posó en la mejilla que se encontraba completamente enrojecida por lo atrevida que estaba siendo con él.

Rumi se volvió tan descarada porque sabía que los besos eran su debilidad, él siempre buscaba una excusa para besarla, incluso cuando no estaban teniendo un momento ardiente, como ese día que estaban comiendo un helado en el banco de un parque y él la besó, excusándose de que se había ensuciado el labio con el helado. La verdad es que ella sabia que Yin solo necesitaba de un simple beso para que una erección apareciera en sus pantalones, algo que ella utilizaba varias veces solo para provocar y molestarlo.

Ella lo sentía palpitar desesperado entre los dedos de su mano. No faltaba mucho para que estallara. Separando los labios de él, un rastro de saliva entre los dos se rompió y Rumi cerró los labios alrededor de su cuello en su nuez de adán y succionó suavemente consiguiendo más gruñidos frustrados de su parte. Los dedos dentro de la vagina de Rumi apenas tenían fuerza para darle un placer continúo sin ningún cambio de ritmo, pero eso no la molestaba, ella se encontraba más enfocada en él que en su propio placer, aunque movía las caderas en vez en cuando para facilitarle el dedeo.

Arrastrando los labios por su cuello hasta arriba, Rumi le beso la mandíbula insinuando lentamente de que volvería a su boca, pero antes que eso, su mano abandonó su miembro. Yin sintió con mucho pesar la falta de calidez rodeando su pene, pero pronto desapareció y una nueva sensación de calor sofocante apareció cuando la palma de Rumi sostuvo sus bolas, mandando una corriente eléctrica a su cerebro mientras comenzaba a masajearlas.

En lo que Yin se retorcía de placer ante la fricción de los dedos frotando su saco, Rumi volvió a estampar sus labios en un profundo, pero rápido beso y se separó, no sin antes apretarle las mejillas con el dedo índice y el pulgar para obligar a Yin a sacar la lengua. Con la sinhueso asomada fuera de la boca, Rumi envolvió los labios alrededor de su lengua y la apretó. Atrapando la lengua húmeda con los labios, Rumi comenzó a mover la cabeza con movimientos ascendentes y descendentes mientras la acariciaba. Yin explotó en un fuerte sonrojo al darse cuenta que se sentía —y era— como si Mirko le estuviera dándo una mamada a su lengua.

Su pene se alzó demasiado excitado y las palpitaciones de las venas parecían indispuestas a detenerse. Rumi había ganado la batalla esta vez, Yin quedó completamente sumiso ante ella mientras sentía como las incontables terminaciones nerviosas de su lengua se estimulaban por la forma en que Rumi lo dominaba de la forma que queria.

Un ultimo apretón suave en sus bolas y Rumi volvió a mimarle la polla. Yin retomó fuerzas e intentó ardientemente revolver los dedos en el interior de la coneja, pero su esfuerzo quedó aminorado por los bombeos frenéticos que Rumi le proporcionaba.

Nngh... —Yin gimió alrededor de su lengua al sentir la sensación de su orgasmo comenzando a acumularse dentro de su cuerpo. Mantuvo sus ojos fijos en Rumi y observó cómo sus piernas comenzaban a retorcerse en la cama también aún con la poca estimulación que estaba recibiendo. El movimiento de su mano aceleró al ser consiente que Yin estaba cerca del borde. Rumi cambió la posición de sus dedos, esta vez concentrándose más en la cabeza de su pene, sin embargo, lentamente sus movimientos disminuyeron, tratando de evitar que se corriera para alargar el orgasmo tanto tiempo como pudiera.

«Estoy... cerca... Estoy tan cerca...» Reconoció Yin con la cabeza nublada.

Rumi movió las caderas, ayudando a que las olas de placer dentro de ella creciera un poco más. Llegando a un punto, pudo ver a Yin temblar sin parar mientras las vibraciones de sus gemidos vibraban en su lengua. Su mano continuó acariciando la base de la polla de arriba a abajo. Yin estaba cada vez más cerca de su límite. Chupándole la lengua por ultima vez, Rumi separó los labios de él, una hebra de saliva conectó sus boca hasta que la corta distancia entre ambos fue lo suficiente para romperla.

Mmh~❤ Yin... ¿estás cerca, no? —le susurró al oído con una sonrisa en los labios.

Yin asintió, apenas capaz de hablar a pesar de sus gemidos:

—S-sí... yo ah~... estoy por... explotar.

Ante la afirmativa de él, la sonrisa de la coneja se agrando.

—Puedes correrte solo cuando yo te diga, ¿entendido? —explicó en un tono profundo, ralentizando la paja para mostrar el punto.

—Rumi, no--

Antes de que Yin pudiera quejarse, Rumi lo interrumpió.

—¿Fui clara? —preguntó, frenando la mano y apretando la base de su pene.

—Sí, sí, lo entendí, porfavor no te detengas —suplicó, levantando las caderas vergonzosamente tratando de follarle la mano para estimularse.

—Buen chico~ —lo elogio de forma cariñosa y le besó la frente.

Rumi reanudó las caricias con un entusiasmo inesperado, su mano se movió enérgicamente de arriba abajo mientras chocaban los labios una vez más. La otra mano dejó su rostro y le rodeó el cuerpo para ir a su sensible saco. Sus dedos trabajaron hábilmente; acariciando, frotando y bombeando sus puntos de placer. Los sentidos de Yin se inundaron de Rumi, de su aroma, de su calor, de su sabor, lo único que podía pensar en su mente era en ella. Nisiquiera estaba preocupado por el hecho de que sus padres pudieran llegar en cualquier momento, tan solo quería seguir sintiendo como lo mimaba.

Yin movía los dedos aún más dentro de ella. Presionó con más fuerza el interior de su coño hasta que tocó el punto esponjoso de su vagina, haciendo que otro gemido abandonara la garganta de la coneja. Los ojos del adolescente estaban fijos en ella mientras las caricias se hacían más rápidas. La presión en su polla aumentaba y se endurecía con cada golpe que le daba.

—Oh cielos... ... ... porfavor voy a... déjame correrme... —suplicó histérico alejándose del beso.

—No, todavía no. —dijo acelerando las bombeadas y las caricias a sus testículos.

—Mirko, porfavor, no aguanto más.

Rumi se relamió disfrutando el verlo de esa forma, su rostro se veía tan destrozado y con desesperación que no pudo evitar pensar en que se veía adorable. Pero el sufrimiento tenía que acabar para sus lamentos, si había algo que le gustaba más que presenciarlo de esa forma, era mirar como se retorcía mientras alcanzaba el clímax.

Ella se inclinó a su oreja y le susurró anunciando la orden final:

—Eyacula para mí.

Eso fue todo, la gota que derramó el vaso. La mano que le acariciaba las pelotas lo hizo soltar un gemido y la otra sobre su pene endurecido lo obligó a recostarse sobre el hombro de la coneja, temblando mientras era victima de su pináculo de placer. Con los ojos bizcos y lanzando varios gemidos al aire, ambos sintieron como las bolas se contraían, y un sinfín de oleadas placenteras invadieron a Yin mientras la primera carga de semen salía disparada de su pene.

Un espeso chorro de la sustancia espesa y lechosa se descargó hacia él y le salpicó el cuello y el pecho. Su pene latió salvajemente, uno, dos, tres veces. Siguieron varios chorros más y todo lo que pudo hacer Mirko fue disfrutar del espectáculo del rostro del chico frunciéndose de alivio. El placer contenido le recorrió las venas y sus bolas se sintieron más vacías a medida que cada chorro salía volando de su glande. Gimiendo complacido, cada poderosa explosión era tan fuerte y potente como la anterior mientras se disparaba hacia arriba solo para aterrizar desordenadamente en su longitud, las hebras se unieron más y más hasta cubrirla por completo de su pegajosa corrida.

Los segundos se sintieron como una eternidad eufórica hasta que finalmente terminó. Rumi observó a Yin mientras su pecho subía y bajaba rápidamente, con su cara roja y sudorosa y su pecho cubierto de semen. Sus ojos perdidos la miraron expectantes. Con el brazo envuelto en él, ella se inclinó hacia sus pectorales y sacando la lengua, lamió de abajo hacia arriba las cuerdas de carga en forma de tiras hasta que limpió el ultimo rastro de ellas.

Una vez su pecho y cuello estuvieron limpios, Yin logró recobrar el aire.

—No hacía falta que hicieras eso, tengo el papel justo encima de la mesa —dijo señalando el escritorio, donde en la pantalla el video olvidado aún seguía rodando.

—Lo hice porque quise —explicó con una sonrisa tranquilizadora. De pronto, los ojos de Rumi se abrieron emocionados—. ¡Es cierto! ¡Gané, ahora dale su premio a la ganadora! —declaró orgullosa con los puños a los costados de las caderas.

—¿Premio? —preguntó confundido, pero en vez de recibir una respuesta verbal fue empujado sobre la cama.

—Sí, pero antes —pronunció, y acostándose frente a él, se inclinó a su entrepierna—. Te daré un pequeño regalo por ser un buen chico —Sonrió con picardía guiñándole un ojo.

Agarrándole el pene cubierto de fluidos, Rumi envolvió sus gruesos labios sobre la longitud y con ayuda de su lengua, se encargó de sorber ruidosamente todo rastro de semen mientras arrastraba la boca en cada rincón de su miembro embadurnado y no se detuvo hasta dejarlo completamente limpio. Rumi se alejó con un “pop” húmedo y se relamió los labios antes de ir a reclamar su recompensa.

Sin bragas ocultando su feminidad y con las rodillas a cada lado de la cabeza del adolescente, Rumi se sentó sobre la cara de Yin. La respiración del chico chocando contra su vulva le causó cosquillas. Sus húmedos labios vaginales irradiaron calor encima de la boca de Yin, que estaba pasmado porque toda la secuencia pasó demasiado rápido.

—Tu lengua, lámeme —ordenó la coneja, que desde su posición superior solo era capaz de distinguir los ojos de Yin entre sus piernas—. No lo repetiré —amenazó en un tono seco.

Dócilmente, Yin envolvió suavemente las manos alrededor de sus muslos y colocó los labios contra sus apetecibles pliegues. Ella suspiró por el bendito contacto. Los jugos salados fluyeron libres y Yin abrió la boca para poder saborear aquella fuente irresistible. Su lengua se movió amorosamente arriba y abajo por su raja, y un zumbido de aprobación salió de la coneja mientras él saboreaba su dulce sabor.

Lentamente, Rumi descansó la mano en su cabeza, masajeándolo ligeramente mientras Yin continuaba con su suave masaje. A la coneja se le escaparon indicios de un gemido y se estremeció, clavando los dedos en él.

—Más rápido —suplicó ella, las palabras prácticamente se le atragantaron en la garganta.

Él cumplió con el pedido y sus movimientos se volvieron aún más rápido. Pasaron un par de segundos antes de que obtuviera un verdadero gemido, los muslos de la coneja se tensaron en lo que su cuerpo se sacudía. El suave movimiento de sus caderas femeninas comenzaron a sincronizarse perfectamente con el baile fogoso de su lengua, una señal obvia de que lo disfrutaba, eso sumado a las delicadas reacciones de su rostro motivó a Yin a querer presionarla más y se sumergió con más avidez.

Su nariz presionó contra su suave carne, y su lengua descendió por su hendidura, ignorando los pliegues mientras se sumergía dentro de ella. Las paredes apretadas se abrieron mientras la exploraba, un gemido tembloroso es todo lo que ella pudo emitir mientras le temblaban las rodillas. Todos en la academia siempre la destacaban como una mujer fuerte, inamovible e inquebrantable, es por eso que en momentos como estos, Yin se enorgullecía demasiado de que él fuera el único capaz de hacerla temblar, y quien lo diría, solo con su lengua.

El adolescente tragó saliva cuando sintió que la peliblanca sostenía su cabello con fuerza, no había más remedio que ceder a ella. Rumi lo enterró profundamente en su vagina. Sus muslos se apretaron a su alrededor y un fuerte gemido dejó su boca, sus entrañas amenazaron con repeler la lengua en su interior mientras se apretaba con fuerza a su alrededor.

—T-Te eduqué demasiado bien —se quejó ella, resistiéndose salvajemente contra él. Una y otra lo empujó hacia ella mientras movía las caderas con desesperación. Los jugos calientes fluyeron y cubrieron todo debajo de la nariz del chico. A él no le importó, soportaba casi alegremente su placer.

Los segundos fueron y vinieron cabalgando en su rostro, hasta que sus movimientos salvajes empezaron a disminuir con cada segundo que pasaba. Ella estaba gimiendo incoherentemente ahora, todo su cuerpo temblaba un poco. Yin comenzó a mover la lengua más profundo dentro de ella, dentro y fuera, amando la forma en que ella jadeaba y se apretaba a su alrededor mientras él hacía eso. Antes de que Yin se diera cuenta, Rumi se detuvo y aflojó las piernas, respirando profundamente.

A él le encantaba esto. Le encantaba el sabor de Rumi, le encantaba la sensación de sus manos agarrando su cabello y la forma en que sus músculos se contraían mientras él la comía. Se sentía bien tener todo su peso presionado contra su cara mientras los muslos se apretaban alrededor de su cabeza.

Por otro lado, se sentía tan bien ver a Yin retorcerse debajo de ella, se sentía tan bien tenerlo dentro, presionando contra cualquier lugar que quisiera, y ni siquiera necesitaba controlarlo, él simplemente lo hacía de la forma que le gustaba. Yin pasó la lengua sobre su clítoris y lo succionó con delicadeza.

—Ah~ joder, Yin —gimió Mirko, y lo mantuvo más cerca entre sus piernas, como si él fuera capaz de irse antes de que terminara el trabajo. Ella estaba cerca, Yin se dio cuenta, y su lengua lamió a lo largo de su sexo, mordisqueando su clítoris mientras la morena apretaba su cabello.

No hizo falta mucho más para que Rumi se corriera, sus paredes palpitaron alrededor de su lengua y sus piernas se volvieron gelatinas temblantes. Finalmente gritó, su agujero sufrió espasmos cuando llegó, incapaz de controlar sus ruidos por más tiempo. Ella se dobló hacía atrás, todo su cuerpo tembló violentamente mientras él seguía saboreando su interior mientras se corría, permitiéndole alcanzar su máximo clímax.

Aunque era difícil desde el ángulo en el que estaba, Yin miró hacia arriba para poder verla correrse, con los ojos cerrados y el labio inferior atrapado entre los dientes. Sus bonitos ojos rojos se entreabrieron llenos de lágrimas y su boca apenas podía hablar.

Sin fuerzas en las piernas, Rumi se esforzó y se movió hacia un lado retrocediendo ligeramente para liberar a Yin. Él volvió a respirar aire fresco, aunque algo del aroma de Mirko seguía impregnado en su piel. Se sentó sobre la cama y Rumi lo tiró del hombro y conecto sus labios, percibiendo el sabor de ella misma en su lengua.

Al separarse, ambos respiraron agitados mientras se veían entre sí. Aunque estaban hechos un desastre, ante la vista del otro se veían deslumbrantes, incluso teniendo el cabello desaliñado y el rostro sudado de tanta acción. Gemidos y gruñidos se escuchaban de fondo saliendo de la computadora, pero a estas alturas no le prestaban atención.

Rumi no perdió el tiempo y volvió a arrojarlo sobre las sabanas, subiendo encima de él aprisionó sus muñecas sobre la cama con las manos, e inclinándose hacia él completamente intoxicada en lujuria, le susurró suavemente:

—Te voy a dar tantos sentones, que te va a dejar las piernas temblando —murmuró excitada.

—Grr~ —pronunció Yin de forma juguetona, anticipando que ella tomara el control total de su cuerpo.

Abriendo las piernas a los costados de las caderas de Yin, Mirko se preparó para empezar; agarrando el miembro que había vuelto a la vida esperando ansioso por ella, lo alineó contra su palpitante agujero dispuesta a darle el primer sentón. Pero antes de que pudiera siquiera bajar las caderas sobre él, el ruido de la puerta de la entrada cerrándose resonó hasta la habitación.

—¡Tus padres! —exclamó Rumi asustada y se separó de él, poniéndose de pie fuera de la cama.

—Rápido, hay que cambiarnos —declaró, agarrando las bragas de Rumi sobre la cama y se las lanzó.

La atlética coneja, acostumbrada a recibir balones de básquet —su deporte favorito— interceptó la ropa interior en mitad del camino. En lo que se colocaba las bragas, distinguió los pantalones de Yin en la esquina de la habitación, por lo que sin dudarlo llegó hasta ahí y se los tiró hacia él de la misma forma que él hizo con su prenda. Los adolescentes no tardaron en ponerse presentables mientras escuchaban chillidos de las escaleras cada vez más cerca. Yin pausó el video justo en el clímax final, y arrastró el escritorio con rueditas a su posición original. Mirko se arreglaba la falda mientras que él, sentado en la silla frente a la computadora abría un videojuego para tratar de disimular lo que estuvieron haciendo.

Por pura casualidad, ambos olisquearon el aire a la vez y abriendo los ojos se enfocaron en la pared azul que daba al frente.

—¡Las ventanas! —señalaron a la vez.

Alcanzando las ventanas, las abrieron esperando que el aire puro del exterior encubriera el olor a sexo de la habitación. Solo por si las dudas mientras Yin se encargaba de cerrar las otras dos ventanas del cuarto, Rumi abrió el cajón junto a la cama e ignorando todas las cosas que podían usarse con fines sexuales dentro, agarró un desodorante en aerosol y empezó a enmascarar el fuerte aroma que persistía en el aire. Con todo eso listo, solo quedaban los últimos detalles.

Cuando el picaporte giró y la puerta de madera refinada se abrió, los padres de Yin se asomaron en la habitación encontrándose con el par de adolescentes que se encontraban jugando frente a la computadora sentados en la silla uno al lado del otro con los auriculares. Yin simuló sorprenderse al verlos y sacándose los cascos de las orejas se dirigió hacia ellos con una inocente sonrisa.

—¡Oh! no los escuché llegar, ¿qué tal les fue en el trabajo? —le preguntó, pausando juego, lo que pareció fastidiar a Rumi, quien lo miró con mala cara.

—Bien, aunque estamos algo cansados, jaja —respondió su madre, antes de que sus ojos agotados se enfocaran en la coneja

—¡Oye idiota, no detengas el juego a mitad de un combate! —se quejó Rumi antes de que Yin le quitara los auriculares.

—¡¿Rumi?! ¡Que sorpresa! —exclamó la madre de Yin con una cálida sonrisa entre los labios.

La coneja se tensó e inmediatamente se puso de pie.

—¡Buenas tardes, señora y señor T/A! —Su voz rígida salió más alto de lo que planeó.

—Ay, porfavor Rumi, has sido amiga de mi hijo desde siempre no tienes que ser tan formal conmigo —explicó manteniendo la calidez, aunque pronto su aura cambio por completo a una que provocó un ligero temblor en Rumi—. Además, que me digan señora me recuerda a como mi juventud va lentamente decayendo.

El hombre a su lado que le sacaba una cabeza de altura a su mujer, carcajeó estruendoso.

—Habla por ti misma T/M, a mí me encanta que me digan señor, me hace sentir importante —bromeó el padre de Yin, lo que causó la risa de los presentes en la habitación.

Rumi sonrió serena.

—Está bien, señorita T/M.

Los ojos de la mujer parecieron brillar ante la mención de su nombre.

—Así me gusta más —señaló divertida—. ¿Qué estuvieron haciendo mientras trabajamos? —indagó con curiosidad.

Los adolescentes se miraron entre sí, esperando a ver quién era el que tomaría las riendas en la mentira.

—Estuvimos teniendo una maratón de anime —explicó el chico.

Su madre distinguió toda la comida chatarra sobre la mesa enana de la habitación.

—Puedo suponer que entonces vieron los regalos que te dejamos sobre la mesa —compartió.

—Sí, gracias, mamá.

—De nada hijo, solo asegúrense de no comerse todo en un solo día —dijo preocupada.

El padre del chico se cruzó de brazos, apoyando la espalda en el marco de la puerta.

—¿Y después? —les preguntó arqueando una ceja.

—¿...Y después? —repitió Yin confundido.

—¿Qué hicieron?

Yin parecía nervioso, por lo que Rumi le tomó el relevo.

—¡Jugamos! —explicó y señaló la pantalla.

—¿Seguros? —indagó el padre.

El chico saltó al rescate ante la inseguridad de su compañera.

—S-sí, estuvimos toda la tarde jugando videojuegos, ¿qué otra cosa pudimos estar haciendo sino? —preguntó, esforzándose en no titubear.

—No lo sé, dos adolescentes encerrados en una habitación, sin nadie que estuviera para vigilarlos, sentimientos frustrados , hormonas alborotadas, puerta casi insonora... A mi edad te haces la idea. —Los rostros de ambos chicos rápidamente tomaron color.

El hombre recibió un golpe con el codo debajo de la costilla.

—¡No seas cochino, no digas esas cosas delante de una dama! —le reprendió su mujer.

—P-pero es lo que hacíamos nosotros. —Esta vez el golpe lo dejó sin aire.

La mujer se sacudió las manos.

—Cambiando de tema, hay algo que me llama la atención, ¿Por qué hay tanto olor a perfume en el ambiente?

—E-es para tapar el olor a sex-- —El padre de Yin cerró la boca al percibir la mirada de muerte de parte de su esposa.

—Bueno, eso... —pronunció Rumi sin saber que responder.

—Usagiyama vino de entrenar, así que estaba toda sudada y le tiré un kilo de desodorante para ocultar que olía a conejo mojado—. dijo Yin, y reaccionó justo a tiempo para esquivar un golpe que fue directo a su cara.

—No hacía falta ser tan sincero. —Con una vez palpitándole en la frente, Rumi se esforzó por añadir más fuerza a la mentira, mientras en su interior resistía las ganas de convertir a Yin en una pelota antiestrés.

Su madre frunció el ceño.

—Dios mío, crie a un par de hombres desconsiderados e irrespetuosos, lo siento Rumi —se disculpó profundamente de la actitud descarada de sus personas favoritas.

—Nah, tranquila, ya me acostumbre a que sea un idiota —señaló divertida.

La mujer se río ligeramente.

—Chicos me alegra que la hayan pasado genial, ¿tienen hambre? Voy a pedir comida —explicó sonriente.

—¡Sí, porfavor! —acordaron a la vez, si bien no tuvieron sexo por completo, todo el acto carnal entre ambos les abrió el apetito.

—¡Genial! Sigan jugando, los llamaré cuando llegué la comida.

—¡Gracias, Mamá!/¡Gracias, T/M! —dijeron al mismo tiempo y volvieron a enfocar la atención al frente para reanudar con el juego.

—¡Esperen! —exclamó Yin, llamando a sus padres que estaban por irse de la habitación—. La próxima vez, porfavor toquen la puerta antes de entrar, en este caso por suerte estaba jugando con Rumi, pero no quiero que se vuelva a repetir lo del otro día... —dijo tratando de olvidar el incomodo suceso que había pasado la semana pasada.

—S-sí, l-lo siento, me aseguraré de tocar la próxima —prometió su madre.

La coneja miró a Yin de forma inquisitiva.

—¿Qué sucedió la semana pasada?

—Créeme, no quieres saberlo —dijo con amargura.

—No, sí quiero.

—No, no quieres —le respondió Yin.

—¡Que sí!

—¡Que no!

Mientras ellos discutían, los progenitores de Yin abandonaron la habitación. Una vez cerraron la puerta, el padre de Yin se acercó a su mujer y tocándola con el hombro le destacó algo:

—Es la tercer chica esta semana, mi hijo es todo un fornicador —dijo en un tono orgulloso.

—No te proyectes, querido —comentó e hizo un puchero, a lo que su esposo le acarició suavemente la cabeza.

—Solo bromeo —explicó—. Y sabes muy bien que la única mujer que quiero y querré el resto de mi vida eres tú —Él la estrechó calurosamente entre sus fuertes brazos.

—Sí, lo sé, siempre lo dices. —Sonrió feliz en el abrazo, y dirigiendo la mirada hacia la puerta del cuarto de su hijo, añadió—: ¿Cuánto crees que tarden esos dos para comenzar a salir?

Ambos continuaron la charla mientras bajaban las chirriantes escaleras.

—Con Nemuri de por medio veo complicado que sea pronto —reconoció el hombre de una cabeza más alto que ella.

—¡¿La exhibicionista?! No me cae bien para nuestro bebé, esa niña solo le romperá el corazón —compartió con enfado.

—Ya te dije que Nemuri no es lo que parece. —Suspiró cansado de tener siempre la misma discusión.

—Soy mujer, así que conozco a las mujeres, y si digo que esa chica es una futura perra, es una futura perra —dijo testaruda.

El pobre hombre se rindió ante la terquedad de ella.

—Sí, cariño, lo que tú digas.

—¡No me des la razón solo porque sí! —se quejó y su marido solo se río de la ternura que le generaba el rostro molesto de su mujer.

Después de 40 minutos, T/M se asomó a las escaleras desde la planta baja y llamó a los dos adolescentes. La comida había llegado, Rumi y Yin se miraron entre sí con evidente fulgor en sus ojos. Una nueva competencia comenzó entre ambos, el que llegará a la mesa primero se quedaría con el vaso impreso de sus personajes favoritos. Mirko volvió a salir victoriosa de otro encuentro y tomó asiento en su trono —donde siempre se sentaba Yin— para comer. Disfrutaron de la agradable cena como una familia. Después de comer terminar de comer, la madre de Yin informó que había postre alegrando a ambos adolescentes, que degustaron el helado más que complacidos.

Sin nada más que quedara pendiente. Era hora de despedirse, la madre de Yin le ofreció a Rumi que se quedara a dormir en el cuarto de invitados tal y como lo hacía de pequeña, pero ella se negó agradeciendo el gesto, tenía cosas que hacer con su madre el día siguiente por lo que se atrasaría si se quedaba. Usagiyama se dirigió hacía la entrada feliz de que había tenido un gran día mientras Yin la acompañaba hasta la puerta principal. La despedida fue rápida y algo torpe, a ella no le gustaban las despedidas, pero de todas formas se esforzó por poner buena cara.

Fuera de la casa, Yin volvió a ofrecer que se quedara, pero ella volvió a negarse esta vez con la cabeza. Se acercó a él y le dio un fuerte abrazo que lo levantó del suelo, y dándole un tímido beso en la mejilla, le susurró al oído:

—Estaré ansiosa esperando este fin de semana —pronunció y se mordió el labio inferior. Rumi se marchó de la casa con la mano balanceándose de un lado a otro en alto mientras Yin simplemente la veía desaparecer en la esquina de la cuadra. Sin duda, la extrañaría.


Al caer la noche, Yin estuvo un largo tiempo observando el techo mientras trataba de conciliar el sueño. Había sido un día muy largo y agitado, y lo vivido con Rumi solo reforzaba ese pensamiento, fue inevitable no pensar en ella y revivir lo sucedido en su habitación horas atrás. Con tan solo cerrar los ojos aún podía recordar su silueta y su rostro con total claridad; su piel morena que se oscurecía cada vez que se avergonzaba, esos ojos que ardían con tanta pasión que lograban cautivarlo, esa sonrisa divertida que lo llenaba de alegría, aquel lacio y sedoso cabello albino que nunca se cansaba de acariciar con los dedos, todo seguía muy fresco en su cabeza.

Un rastro de amargura apareció al saber que al día siguiente iban a tener que actuar como si nada de lo que hicieron entre los dos hubiese pasado. Yin seguía con la mirada en el techo replanteándose cuanto tiempo habían estado ocultando su vínculo a los demás, incluso a Nemuri, quien conocía la verdadera razón por la que Rumi era tan fría con él en clase, desconocía por completo el tipo de relación que llevaban los dos.

Todo entre ambos fue muy espontáneo, ninguno lo planeó, sin embargo, cuando cruzaron la línea decidieron mantenerlo en secreto el resto de sus vidas, no porque sintieran vergüenza del otro, sino para evitar ser señalados por los demás por haberse salteado etapas, después de todo, su relación de “amigos con derecho” comenzó a temprana edad por culpa de Nemuri.

Ellos tres habían sido muy unidos de niños casi que se podía decir que eran inseparables, siendo Yin el eje central del trío, si bien Rumi y Nemuri se llevaban muy bien, sus personalidades tan contrarias solían generar pequeños conflictos, pero por suerte siempre estaba Yin para apaciguar las aguas. La relación entre Yin con cada chica era distinta, mientras que con Nemuri tenía una amistad verdadera y sincera, donde se escuchaban, se ayudaban y se apoyaban dispuestos a estar el uno para el otro para lo que fuera, con Rumi era una amistad más de hermandad, eran compañeros de travesuras, tonteras e incluso de compañía.

Las distintas forma de ser de ambas chicas, provocó un trato diferente por parte de Yin; con Nemuri, había cierta barrera entre ambos, y eso era debido a que la veía y la trataba como una niña, era muy fácil para ella hacerlo sonrojarse con un pequeño coqueteo, por lo que existía cierta distancia entre ambos que dificultaba la interacción al no poder expresar uno que otro tema vergonzoso de hablar con una chica. Con Rumi, la situación era completamente contraria y eso era principalmente a que Yin la veía más como un igual que como una fémina, por lo que todo entre ellos fue más fácil que hasta incluso no tenían problema alguno en bañarse juntos cuando estaban en primaria, aunque aquella visión sobre la coneja cambió radicalmente en la secundaria.

Rumi y Yin se encontraban jugando a la consola en la casa de la morena, cuando Nemuri golpeó la puerta de la habitación. Ella entró con una gran sonrisa de oreja a oreja mientras ocultaba algo debajo de su suéter, lo que llamó la atención de los otros dos chicos. Una vez se aseguró que la puerta estuviera cerrada sacó de debajo de su ropa una pequeña caja cuadrada que contenía un CD adentro.

Luego de unas cuantas preguntas, Nemuri explicó que la había encontrado debajo de la cama de sus padres. Yin fue el primero en cuestionar que era lo que tenía grabado, y a carcajadas ella le confesó que contenía algo muy gracioso de ver. Rumi indagó y la futura heroína “+18” admitió que se trataba de —según sus palabras— como se hacen los bebes.

Teniendo el ligero recuerdo de haberlo escuchado en el colegio, Yin dijo que debía devolverlo antes de que sus padres se dieran cuenta, pero Nemuri le aseguro que no lo notarían pronto. Tras decirles que se los prestaba por ese día, se retiró de la habitación explicando que había quedado con otras amigas para salir de compras.

Con la caja sobre la mesa, Yin no sentía interés alguno de ver lo que contenía, mucho menos después de recordar que cuando la profesora les contó como era todo el proceso, las nauseas aparecieron. Por otro lado, si bien Rumi tenía exactamente el mismo dilema, una parte dentro de ella estaba muerta de curiosidad por presenciar con sus propios ojos si “eso” era tan asqueroso como se escuchaba.

Tras una larga conversación acerca de lo mal que estaba husmear en las cosas de los padres, Rumi consiguió convencer a Yin de reproducir el video. Él se rindió ante la insistencia de ella y decidió hacerle caso. Con el DVD encendido, prendieron el televisor frente a la cama de Rumi y tomaron asiento en el colchón uno al lado del otro sobre las sábanas, esperaron a que el dispositivo leyera el CD, y la coneja presionó el botón de “play”.

Su primera experiencia viendo un video para adultos estuvo llena de emociones, desde sorpresa, curiosidad, terror, asco, y hasta excitación. Si bien todo este mundo era algo sorprendente y novedoso para ellos, ambos conocían lo que era complacerse a uno mismo debido a que lo habían experimentado de primera mano.

En esa situación calurosa, y sintiéndose tan cómodos el uno con el otro, simplemente se dejaron llevar y terminaron por saborear un nuevo placer en conjunto, que continuaron experimentando hasta el día de hoy. No pasó mucho tiempo para que tuvieran su primera vez juntos, donde Yin descubrió que debido a la singularidad conejo de Mirko; su deseo sexual era demasiado alto, y al no poder seguirle el ritmo en muchas ocasiones, terminó convirtiéndose un punto de burla continuo por parte de ella.

Yin cerró los ojos, finalmente el sueño lo alcanzaba. Estaba seguro de que el día siguiente sería bastante difícil, debía reunir toda la fuerza que pudiera para poder sobrellevar el peso de sus deseos y lo que conllevaba que se cumplieran. Su último pensamiento antes de caer rendido; fue que realmente hubiese disfrutado los sentones por parte de la morena.

Continúa en el capítulo 2.