park jimin
Trabajar con un pequeño chico de cabello naranja a su alrededor no era para nada fácil. Yoongi lo supo desde el momento en que le había permitido a Jimin entrar a su estudio cuando quisiera. No se arrepentía pero tampoco iba a decir que no extrañaba la comodidad de la soledad, solo a veces, aunque ese "solo a veces" se había convertido en un casi nunca por obvias razones.
— ¿Podemos ir a dormir ya? Es muy tarde.
Yoongi no se movió de su sitio, permaneció tranquilo esperando que el menor se acercara como siempre hacía cuando no le prestaba la atención suficiente. Y así lo hizo, en menos de un suspiro ya tenía a Jimin a su lado moviendo su mano frente a su rostro una y otra vez. Se sentó a su lado en el sillón e intentó mover la laptop de sus piernas para distraerlo del trabajo y así poder ir a dormir lo antes posible. No funciono para nada, el mayor parecía pegado al aparato.
—Ya es muy tarde, tengo sueño y no lo dejare aquí. — su voz tenía un toque de reproche pero no era lo suficiente fuerte como para inquietar al mayor. — Si lo dejo, no dormirá nada de nada. Debe dormir más.
Su voz era dulce, tranquila y cantarina, con una emoción bastante particular en él. Era una de las cosas que más le gustaba al mayor, luego estaban sus mejillas, labios, manos y así la lista seguía, porque le gustaba Jimin. Le gustaba mucho y, aunque nunca lo había afirmado o negado, era imposible ocultarlo.
—Solo debo terminar este arreglo y me iré a dormir. Lo prometo.
—Entonces esperare con usted.
No espero una respuesta, se recostó en el sillón extendiendo sus piernas a lo largo del mismo para estar más cómodo y de alguna manera, no tan sorprendente, descanso su cabeza en ese pequeño espacio entre su pecho y la laptop, justo encima de sus piernas. Se acurruco y restregó la cara contra la camisa roja de Yoongi buscando su calor u olor como casi siempre hacía cuando tenía mucho sueño y se encontraba cerca.
Pero a Yoongi nada de eso lo molestaba, todo lo contrario, lo hacía sentir bien y a gusto. Desde hace un par de meses se había vuelto una costumbre entre ellos dos; Jimin lo acompañaba después de comer, lo veía trabajar mientras intercambiaban unas cuantas palabras, luego le pedía ir a dormir y terminaban así, acurrucados en el sillón mientras el mayor fingía estar trabajando, cuando lo que realmente hacía era disfrutar del momento, disfrutar a Jimin.
No le importaba pasar sus dedos por las hebras de su cabello teñido, observar sus rasgos finos, sus labios rellenos, sus pestañas abundantes o su respiración pausada, para nada le importa observar a Jimin. Y menos en ese lugar que se había vuelto su lugar. Había dejado de ser solo de él para convertirse también en el de Jimin, ahora era suyo tanto como era de él.
— ¿Ya acabo? Tengo muchísimo sueño— la voz se le escuchaba somnolienta y eso hizo reír al peliplata. Era otro punto que iba a anotar en la lista de cosas que le gustan de Park Jimin.
—Si me das un beso prometo cerrar todo para que vayamos a dormir. — la sonrisa que se formo en sus labios al ver el ceño fruncido de Jimin también era algo habitual por las noches. La sonrisa boba que se dibuja en sus labios era habitual cuando tenía a Jimin cerca.
—No, luego me pedirá otro y otro. Es un tramposo.
—Esta vez no haré trampa.
Pero sin esperar respuesta alguna acercó sus labios delgados a los de Jimin para besarle de manera rápida y ruidosa. El pelinaranja soltó un suspiro placentero que fue acompañado por más caricias de parte del menor de los Min. Dejo la laptop a un lado y se levantó para tomar la cobija que siempre se traía Jimin consigo cuando se iban al estudio para taparse del supuesto frió que hacía en el lugar. Vio como Jimin se acurrucaba más sobre sí mismo y su ceño se suavizaba anunciándole al rapero que estaba pronto a caer en el sueño, se acercó sigiloso y se recostó a su lado. El espacio reducido del sillón nunca había sido un problema para ellos, al contrario, siempre lograban aprovecharlo al máximo, porque vamos ¿Quien no quiere estar pegado a Park Jimin todo el tiempo?
La respiración del menor decayó. Estaba dormido y Yoongi no podía hacer otra cosa más que mirarlo. Estaba agradecido, se sentía agradecido por tener ese pequeño momento, por tener a Jimin a su lado luciendo tan relajado. Por un segundo tuvo ganas de apretarlo como a una pequeña cosita tierna, apretarlo contra si para poder sentir su calor, pero se contuvo. No quería ser un loco obsesivo que hacía cosas raras mientras la otra persona dormía, así que descansó la cabeza en el hombro contrario y respiro, llenando sus pulmones de ese delicioso olor a mandarina que desprendía el chico a su lado, tan suave y a su vez intenso. De esa manera podía describir a Park Jimin.
Era una combinación entre lo dulce y lo agrio, entre lo inocente y lo atrevido, entre lo tranquilo y extravagante. Recordaba con claridad todas esas veces en las que lo había sorprendido con escenas o comentarios realmente sucios o esos momentos en los que actuaba como un bebé de cinco años llenando su sistema de azúcar.
Le gustaba encontrar polos opuestos en la persona que le gustaba.
Amaba cada comentario sucio que salía de esos labios carnoso, cada sonrisa pícara que le ofrecía, cada mirada de cachorrito, cada puchero inconsciente. Amaba cada detalle de Jimin.
Amaba a Jimin y era algo que no podía evitar, mucho menos negar.
Se acurrucó contra el cuerpo cálido del menor a su lado y espero a que el sueño llegara, deleitándose con la situación y la sensación de sentirse completo, de sentirse feliz, porque definitivamente la persona que tenía a su lado lo hacía feliz.
Lo hacía feliz verlo moverse por sus espacios como si fueran suyos, lo hacía feliz ver esos pequeños ojos iluminados por cualquier característica de un día cualquiera, lo hacía feliz impregnarse de ese olor a mandarina, lo hacía feliz sentir las manos contrarias aferrarse a su camisa mientras dormía.
Y es que le hacía feliz estar junto a Park Jimin, porque él era la felicidad misma.