Sinopsis
Taur-nu-Fuin o Taur-e-Ndadelos, fue un enorme bosque situado en Rhovanion, al nordeste de la Tierra Media. Conocido anteriormente como el Gran Bosque Verde, desde la construcción de la fortaleza de Dol Guldur por parte de Sauron, una gran sombra se cernió sobre el bosque, pasando a llamarse Bosque Negro.
El Bosque Negro se encontraba en la Tierra Media desde los primeros tiempos, y al igual que muchos otros bosques del continente, tenía una extensión mayor que la actual. Es probable que los Elfos cruzaran este bosque en la Primera Edad, en su viaje hacia Aman desde Cuiviénen. Algunos de los Elfos que no cruzaran el Mar de Beleager serían los primeros habitantes que se asentaran en el Bosque Negro, formando un reino en el nordeste del mismo. Desde ese momento los Elfos que vivían en este bosque pasaron a ser conocidos como los Elfos de los Bosques.
Oropher, padre de Thranduil y abuelo de Legolas, es el primer rey que manda en el reino de los Elfos del Bosque Negro. Años más tarde, los Hombres se asientan en los lindes occidentales del bosque, dividiéndose entre los Hombres de los Bosques y los Beórnidas.
Desde que los Elfos habitaron el Bosque Negro este se llamaba el Gran Bosque Verde, pero en el año 1050 de la Tercera Edad, Sauron el Grande decidió construir una de sus fortalezas, Dol Guldur, en el sureste del bosque. Desde ese momento, los orcos empiezan a frecuentar el bosque y se produce una sombra de miedo que hace que los caminos del bosque sean abandonados; y de ese modo, el Gran Bosque Verde pasa a llamarse el Bosque Negro. Bajo el nombre del Nigromante, Sauron empieza a recuperar poder. A pesar del abandonamiento del Bosque, los Hombres se trasladan al nordeste del Bosque Negro, en el Lago Largo, donde fundan la ciudad flotante de Esgaroth.
Sin embargo, es en el Gran Bosque Verde donde todo empezó para Thranduil, semanas antes había dirigido las fuerzas de elfos silvanos en el ataque final a Barad-dûr, en la Guerra de la Última Alianza junto con Oropher. Después de esto fue coronado como rey, ya que su padre murió en la batalla de la Última Alianza del Bosque Verde.
Thranduil sabía que necesitaba desposar a una Elfa de su clase, nos solo para asegurar su Linaje tal y como lo exigía el Concilio y la Ley de su pueblo aquello podía posponerse por un año, siguiendo el Luto por la muerte del Rey Anterior, Pero su padre había dispuesto que después de su coronación debía enlazarse con Lady Adhriel hija de Ingwë supremo rey de los Vanyar.
Adhriel era una Elfa apta para gobernar a su lado, había sido educada para esa tarea desde su nacimiento, pero él no la deseaba, pese a ser Adhriel muy hermosa, él no la quería a su lado, Thranduil guardaba en lo profundo de su alma y de su ser un solo deseo “Encontrar el verdadero amor, su alma predestinada, su alma gemela”. Aquel día nada estaba saliendo bien, pero la visita de Mithrandir Gandalf cambiaría su vida aquella mañana.
-tu padre una vez tuvo frente a él a su Alma Gemela y renegó de ella, eligió a tu madre, eligió su deber como Rey y abandono a su Alma Gemela-
-no cometeré el mismo error que mi Padre, no soy el-
- Thranduil debes saber que una vez que tienes a tu Alma Gemela, se crea un vínculo invisible, uno que afectara a ambos, si se repudian nunca volverán a amar, es un vínculo especial y puede llevar a la muerte al que haya sido repudiado-
-¿eso le paso al alma gemela de mi padre?-
-si, después de haberle repudiado, un mes después, “él” murió-
-¿él?-
-si Thranduil, el alma gemela de tu padre era un hombre, pero ese hombre era especial, ese hombre provenía de la raza de los Sílfide y era capaz de crear vida dentro de él, pero tu padre se horrorizo al saber que su Alma Gemela era un hombre y lo repudio-
-a mí no me importaría que sea un hombre o una mujer, el simple hecho de saber que es mi alma gemela bastaría para ser feliz a su lado y darle esa misma felicidad-
-¿quieres encontrar a tu alma gemela?-
-si-
-bien, que así sea Thranduil-
Aquella noche en el Lago, Thranduil recito el hechizo que Mithrandir Gandalf le había dicho y ante él una Valquiria apareció.
-Tu ser amado resuena en tiempos lejanos, sin embargo, su historia aun no resuena, pero su profecía escrita esta, caos, dolor, sufrimiento, llanto, odio, rencor, olvido, agonía, es lo que debe vivir, su alma aun no resuena en el cielo estrellado, aún no ha nacido para poder traerlo aquí-
La brisa nocturna agitaba suavemente las aguas del lago, envolviendo a Thranduil en un susurro antiguo y misterioso. La Valquiria, con sus alas plateadas extendidas y ojos tan profundos como la noche misma, descendió hasta quedar a su altura.
—No temas al destino, Thranduil —dijo con voz etérea—. El dolor es la savia de la vida, y de las cenizas del sufrimiento brota el jardín de los amores verdaderos. Solo quien cruza la sombra puede reconocer la luz—
Thranduil, de pie bajo el resplandor de la luna, sintió cómo las palabras calaban en lo más hondo de su ser. Un anhelo desconocido se despertó en su pecho, mezclando esperanza y temor.
—¿Puedo hacer algo para que su nacimiento sea antes? ¿O para aliviar su destino? —preguntó, su voz quebrándose entre el deseo y la incertidumbre.
La Valquiria volvió la mirada al firmamento estrellado, como si buscara señales entre constelaciones olvidadas.
—El tiempo no responde a ruegos ni a lágrimas, pero los actos nobles pueden sembrar caminos. Cultiva compasión, protege a quienes la vida hiere, y cuando llegue el momento, tu alma sabrá reconocer a la suya, aunque camine bajo otro sol o se oculte tras una máscara de dolor—
El eco de la profecía quedó flotando en el aire, y antes de desvanecerse, la Valquiria dejó caer una pluma iridiscente en las manos de Thranduil, símbolo de promesa y de espera. La noche, entonces, se llenó de un silencio expectante, como si el mundo mismo contuviera el aliento, aguardando el cumplimiento de un destino escrito mucho antes de que los astros ocuparan su lugar en el cielo.
Con la pluma resguardada entre sus dedos, Thranduil sintió un leve cosquilleo recorrerle la piel, como si la esencia de la Valquiria se hubiese impregnado en su ser. Una corriente de energía, desconocida y ancestral vibró en su interior, y por un instante creyó percibir, al otro lado del lago, una silueta que se desvanecía en la bruma.
El monarca élfico se aproximó a la orilla, contemplando el reflejo de la luna danzando sobre las aguas. Cada latido de su corazón parecía resonar con las palabras recién pronunciadas, forjando en él una resolución silenciosa.
A lo lejos, el susurro del bosque trajo consigo voces olvidadas, promesas de tiempos antiguos y juramentos hechos bajo la luz de estrellas ya extintas. Thranduil cerró los ojos, permitiendo que el frescor nocturno bañara su rostro, renovando su propósito de no dejarse arrastrar por la desesperanza.
Guardó la pluma iridiscente en el interior de su túnica, prometiéndose a sí mismo que, cuando la profecía se cumpliera y el alma errante llegara finalmente al mundo, él estaría preparado para reconocerle.
Entonces, el viento cambió de dirección y, en ese instante, Thranduil supo que el encuentro con la Valquiria no había sido solo un presagio, sino el inicio de una nueva espera, tejida con hilos de luz y de sombra, capaz de desafiar al mismo destino.

