Sobrevive

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Summary

En un parpadeo se puede perder todo por lo que has luchado, y solo hace falta del incentivo correcto para regresar a tus raíces e instinto primitivo. Sobrevivir.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Sobrevive



Desde que todo comenzó me he preguntado una y otra vez, ¿qué salió mal? Más nunca hubo respuesta. Aún recuerdo el momento catártico en que la mirada de todos denotaba miedo y terror. Recordar el cuerpo clavado de Esther en esos fierros viejos y oxidados detrás del edificio central me hizo preguntarme, ¿se lanzó? ¿realmente se suicidó o la asesinaron?

¿Que era yo entonces? Cierto, yo soy una sobreviviente. Me recordé al ver a mis pies el cuerpo inconsciente de Alex, él maldito sangraba de la cabeza, el tubo que sostenía en mis manos me hacían la principal sospechosa a los ojos de quien entrara ahora mismo por la puerta. ¿Qué haría entonces? ¿También lo golpearía? ¿Y luego qué?

Me agache para tomar mi libreta de las manos de Alex, él nunca debió molestarme. Su pecho seguía subiendo y bajando, saber que no lo mate me hizo respirar. Si lo mataba entonces nos condenaba.

Si, nos condenaba a los tres. La supervivencia de nuestros amigos y compañeros recae en nuestros hombros. Las discusiones y peleas que ellos tenían durante el horario escolar o fuera del mismo por lo general eran detenidos por uno de nosotros, como si los tres estuvieramos de acuerdo que no llegaríamos a ningún lado discutiendo, nuestra falsa unidad les daba a todos esperanza.

¿La verdad? Nos odiamos, no logramos soportar estar en la misma habitación los tres sin ahogarnos, sin lastimarnos. La razón era simple supervivencia, ya que nosotros somos líderes por naturaleza. Con fuertes personalidades y un carácter abrumador que no deja lugar a discusiones, por ello es que si nosotros caemos, un destino que no parecía tardar en llegar, todos caerían también. Si tuviera que describirlo creo que una forma fácil de hacerlo sería con el rey, el poeta, y el soldado.

Alex Bayori es el rey, el poder de mover a las masas a través del miedo era su don. La fuerza es su mayor virtud logrando la admiración de los más débiles, siempre capaz, inteligente, sádico, pero sobre todo protector con su único rayo de sol.

Andrea Daher es el poeta, misteriosa, tranquila, asertiva. Su gran habilidad es la palabra, no hace falta que levante la voz, con una sonrisa la he visto derriba a cualquier que intente menospreciarla. Con la capacidad de llegar a los corazones de las personas y compartir su sufrimiento.

Y yo soy el soldado, carismática, valiente, leal. Con el deseo de proteger y cuidar a mi familia y amigos, ningún precio es demasiado alto cuando se trata de ayudar. Mi gran habilidad para leer a las personas y descifrar su actuar es mi mejor arma.

—¿No vas a limpiar eso? Si alguien entra ahora habrá problemas.

Me giré hacia Andrea que se encontraba sentada en un sofá, con un rosario en su mano y ojos cerrados desde que entramos solo la escuchaba murmurar oraciones, completamente ajena a todo lo que había pasado, incluso olvidé que ella estaba allí.

—No tengo de otra, solo han pasado tres días y todos se están volviendo locos.

—Por supuesto que sí, Samantha.

Rodé los ojos exasperada, odiaba que me hablara de esa forma tan burlona que me provocaba escalofríos. Dejé la libreta en el escritorio y tomé algún trapo para limpiar la sangre del tubo y lanzarlo a cualquier lado de la habitación, el ruido levantó de inmediato Alex de manera abrupta, para quejarse segundos después tocando su cabeza. Me miró con verdadero odio a mis pies, me hizo feliz eso, con una sonrisa me hinque cerca de él.

—¿Ya estás satisfecho?

—Te voy a matar perra.

—Quiero verlo, imbécil.

Tres golpes a la puerta nos detuvieron, y antes de que cualquiera de los dos tuviéramos oportunidad de reaccionar Andrea dijo.

—Estamos a mitad de algo, ¿que necesitan?

—Lo lamento Andrea, estoy buscando a Samantha, ¿puedo entrar?

La voz de Lena me alertó. Me levanté de inmediato con la intención de salir, nadie podía enterarse de esto. Pero una mano sangrante en mi brazo me regresó al suelo, solo para que mi rostro terminará también manchado, una fuerte mano callosa sujetando con fuerza mi mandíbula y esos ojos azules que brillaban con locura a centímetros de mí, su respiración pesada chocando contra mis labios. Lo odie.

—No vas a salir hasta que limpies esto perra, creo que tu putita podrá esperar.— dijo con burla en su voz.

Estaba a punto de tomarlo del cabello y estrellarlo contra el suelo cuando el sonido de la puerta nos alarmó a los dos. Afuera la voz de Andrea se alcanzó a escuchar diciéndole a Lena que estábamos ocupados. Cuando regresó aun seguíamos en la misma posición, ella con los ojos cerrados y una gran sonrisa dijo muy bajo, en un susurro que sentí atravesó mi alma.

—Ambos van a limpiar eso ya.

Como dije anteriormente, nuestras personalidades no solo sofocan a otros, incluso evitan que logremos discutir entre nosotros. Cuando uno lidera los otros dos ceden, cuando uno lucha los otros dos responden, cuando uno habla los otros dos escuchan. Por eso nuestra relación ha sido de tira y afloja desde que nos conocimos, porque ni Andrea, Alex o yo estamos dispuestos a ceder y bajar la cabeza, pero no se puede evitar.

—Bien.— respondimos al unísono.

Nos odiamos.

Nos amamos.

Nos alejamos, pero como si una fuerza invisible existiera a nuestro alrededor nos empuja a acercarnos. No soportamos la presencia del otro, pero tampoco nos agrada la ausencia. Es una relación que comenzó mucho tiempo atrás y que nos perseguirá hasta el día en que fallezcamos.

De rodillas me encuentro limpiando la sangre del suelo mientras que a unos pasos Alex se encuentra lavando el trapo ensangrentado en una cubeta con agua. Una suave mano en mi hombro me alerta y al girarme veo a Andrea arrodillada a mi lado, el rosario colgando de su cuello es lo que capta mi atención, la pequeña cruz que se balancea me deja congelada por un momento, ignorando por completo la lengua húmeda que se arrastra desde mi barbilla hasta mi pómulo izquierdo, llevando consigo la sangre que aún no limpiaba. Sin intención de detenerse una mano se coloca en mi nuca y la otra en mi barbilla apretando ligeramente. Vuelvo a sentir su lengua pasar por mi rostro limpiando la sangre de Alex, y al levantar la mirada lo veo allí viéndonos, con un rastro de sangre que iba desde su cabeza pasando por su oreja derecha hasta terminar en su barbilla definida, pero lo desagradable fue el notable bulto en sus pantalones.

Iba a reírme, decir algo hiriente, pero la mano que se encontraba en mi nuca paso a mi cabello corto en un parpadeo. Tomando un puñado de cabello mi cabeza se levantó por el tirón, un débil gemido abandonando mis labios, empeorando por la mano que se había deslizado de mi mandíbula a mi garganta, una voz melosa y baja susurrando en mi oído provocándome escalofríos.

—Ya sabes lo que pasa cuando uno de los tres sangra, ¿no es así?

Frente a mí ya se encontraba de pie Alex, sus pantalones a medio muslo usando solamente su bóxer, un aroma extraño y para nada atractivo emanando de él, su miembro aun cubierto claramente duro, no debía levantar la mirada para saber que estaba sonriendo. Y lo odie tanto como lo ame.

—Lo sé.

Estamos mal, lo que hacemos no es normal, pero hemos llegado con esto tan lejos que detenernos ahora no es una opción, porque nos odiamos, porque nos amamos; lo odio, pero no puedo detenerlo, no cuando Andrea ya se encuentra besando mi cuello y su mano entra en mis pantalones, me he mojado. Su mano en mi cabeza me empuja hacia adelante donde mis labios chocan con el miembro descubierto ya de Alex, y al sentirlo temblar sé que él también lo odia. Se retuerce, pero no se retira, igual que yo, y entonces me encuentro abriendo la boca y cierro los ojos.

Como dije antes, no queda espacio para discusiones, si uno ordena el resto obedece, si uno muerde el resto lame, si uno sangra el resto se olvida de respirar. Por eso sabemos lo que es sobrevivir, porque hemos pasado tanto tiempo sobreviviendo a esta relación que lo que pasa afuera nos parece irrelevante, pero es nuestro deber asegurar que el resto sobreviva, pero ¿cómo hacerlo cuando incluso nosotros hemos olvidado respirar?

Que gane el mejor, una lucha entre el rey, el poeta y el soldado, una lucha que no tardará en llegar a su final, y cuando el primero deje de respirar el resto lo seguirán. Entonces habrá terminado.