Capítulo 1
Boo Seungkwan despertó antes del alba. Su cuerpo rodó fuera de la cama e impactó contra el frío suelo de madera.
El joven no se levantó de inmediato. Cerró los ojos y trató de calmar los alterados latidos de su corazón. El aire gélido que se colaba a través de las cortinas de su habitación le ayudó a secar el sudor que envolvía su cuerpo.
Seungkwan suspiró, abrió los ojos y todo lo que pudo ver era oscuridad. Su mano derecha se movió para apartar los cabellos que se adherían a su frente.
Seungkwan no recordaba sobre que trató la pesadilla que lo despertó, únicamente quedó la sensación de miedo y dolor. Él no solía tener sueños o pesadillas, dormía de forma tan tranquila e imperturbable, pero ésta vez algo feo logró alterarlo hasta tal punto de hacerlo llorar mientras aún dormía.
Regresó a su cama después de cerrar la ventana y ver qué el cielo era solo un manchón de negro. Seungkwan trató de en volverse en el calor brindado por sus sábanas, pero los vestigios de la pesadilla aún no se iban.
Apretó los ojos cuando su mente trató de indagar sobre la pesadilla que tuvo, rescatando sólo la sensación de ser acechado por algo desconocido y por último la sensación de ser desmembrado.
Seungkwan pateó las sábanas y encendió la luz de la habitación. Sus manos recorrieron su cuerpo, tratando de eliminar esa última sensación.
Faltaban veinte minutos para las cinco de la mañana, por lo que Seungkwan decidió abandonar la cama y bajar descalzo a la cocina para tenerle listo el desayuno a su abuela.
El joven de rubios cabellos presenció cómo la oscuridad del cielo se diluía en suaves tonos azules hasta que empezaron aparecer los primeros rayos del sol.
Colocó el humeante plato de comida en el momento en qué su abuela, como un puntual reloj, aparecía por la puerta.
Sus pequeños ojos castaños lo vieron con sorpresa.
—¿Dormiste bien? No sueles despertar temprano —Dijo.
Seungkwan tomó asiento frente a ella en la pequeña mesa redonda que yacía en medio de la cocina.
—Solo fue un mal sueño —Respondió sin darle mucha importancia.
Su abuela le dio un largo trago a la taza de café.
—También tuve un mal sueño —Comentó pensativamente— Aunque no recuerdo de que iba, pero me costó volver a dormir.
Seungkwan la observó con atención. Quería hablarle sobre las sensaciones que le dejó la pesadilla, pero descartó la idea. Solo fue una pesadilla tonta y fea, no tenía importancia.
—¿Tienes planeado hacer algo hoy? —Preguntó la abuela tiempo después, mientras buscaba carretes de hilo en un enorme bolso café.
Seungkwan negó, reanudando su tarea de lavar los platos.
—Es tu último día de vacaciones. Deberías salir un rato y divertirte —Opinó— Tal vez ir al río con tus amigos.
Seungkwan hizo una mueca sin que ella lo viera. Él no tenía amigos, era uno de los marginados de la escuela y los pocos que parecían recordar su existencia era solo para molestarlo. Pero su abuela, gracias a mentiras de él, creía que era alguien popular y muy querido.
—Lo pensaré —La miró sobre su hombro y le sonrió.
Horas después, Boo Seungkwan se encontró abandonando su cómodo hogar ante la insistencia de su abuela para que pasara tiempo con sus "amigos". Se montó en su bicicleta y se alejó a través de las silenciosas y grises calles de Gyeonwon.
Muchas familias habían salido del pequeño pueblo para pasar las vacaciones en algún lugar turístico, mientras que otras yacían encerradas en sus hogares, probablemente refrescándose en los jardínes traseros, sin ser interrumpidos por nadie. Eso hacía que en algunas zona Gyeonwon pareciera un pueblo fantasma.
No había muchos lugares interesantes a los que ir, así que Seungkwan se dedicó a recorrer las calles que ya conocía a la perfección, siendo saludado de vez en cuando por alguna de las mujeres del Corazón Sagrado de Cristo o por las integrantes del club de lectura al cual asistía su abuela.
Seungkwan se detuvo cuando llegó a la última calle del pueblo. En medio de secas malezas se alzaba como un tenebroso monumento la única casa abandonada en todo Gyeonwon. Aparte de lo deteriorada y sucia que estaba la casa, sobresalía del resto por su inusual estilo. Los hogares en Gyeonwon parecían pequeñas cajas de cartón blanco con un techo plano y dos únicas ventanas tan cuadradas al frente.
En cambio, la casa "Oscura", como los menores solían referirse a ella, era el único lugar que contaba con dos pisos y un pequeño ático, un alto tejado a dos aguas, poseía un porche y altos escalones. Pero si había algo que le gustaba a Seungkwan de aquella casa, eran los altos ventanales de arco que poseía. Muchas veces de pequeño se paraba delante de la casa abandonada y solía observar esos altos ventanales de fino cristal, imaginando que algún día podría comprar y renovar aquel hogar, por lo menos así era hasta la noche que encontró un cadáver adentro de aquellas paredes.
La bicicleta se detuvo frente a la casa. Seungkwan miró a través de la ventana que daba a la enorme sala de estar. Tragó en seco.
Nada sucedió.
Seungkwan casi se rió de lo tonto que estaba siendo. No habría ningún cadáver devolviéndole la mirada ni extendiendo sus podridas manos para alcanzarlo. Ya tenía dieciséis años, no se podía seguir asustando por ese recuerdo cómo lo hizo hace seis años.
Seungkwan se alejó calle abajo, disfrutando de aquel sol del verano, ignorando por completo a la silueta que lo observaba desde la penumbra de una ventana del segundo piso.
Horas después, Seungkwan pedaleó a través del sendero que llevaba hacía el río. El sol era solo una mancha en el horizonte cuando Seungkwan se bajó de su bicicleta en una alta elevación de tierra, teniendo de lejos una buena vista de la orilla del río y del montón de jóvenes que estaban ahí reunidos.
Seungkwan observó como algunos de ellos aún se sumergían en el río, otros se reunían para armar una fogata y el resto conversaban entre risas. La gran mayoría de esos jóvenes eran estudiantes del mismo colegio al que iba. Todos ellos habían sido invitados menos él.
Seungkwan no se sorprendió ni se puso triste, estaba tan acostumbrado a ser ignorado. Pensó que encontraría solo el río y podría sumergir un poco los pies mientras le inventaba una buena excusa sobre su día a su abuela, pero resultó no ser así.
Una melena de claros cabellos castaños captó su atención. Joshua se reía de algo que Minji dijo, mientras ella entrelazó su brazo con el suyo.
Seungkwan alejó de inmediato la mirada, odiando sentirse triste por aquella simple y tonta imágen. Se montó en la bicicleta y se alejó lo más pronto de allí, llevándose consigo el vivo recuerdo de la encantadora sonrisa de Joshua.
Era en esos momentos en los que una muy pequeña parte de él se aliviaba de que él y Joshua, junto con Mingyu, ya no fueran los mejores amigos. Ya era lo suficiente malo lidiar con sus sentimientos por Joshua sin tenerlo cerca, no quería imaginar cómo sería si su relación no se hubiera estropeado luego de que los tres se colaron a media noche en la casa abandonada.
Muchas cosas sucedieron esa noche de hace seis años, y muchas de ellas seguían sin estar claras para Seungkwan, a pesar de lo que muchos trataron de decirle. Aunque la policía registró la casa en busca de aquel cadáver sin haber encontrado nada, Seungkwan siguió obstinado por un tiempo en lo que vió.
Tardó años en comprender que el miedo le hizo ver cosas y, cuando finalmente lo hizo, también entendió que en el colegio nadie quería estar cerca de él.
Seungkwan siguió pedaleando con rapidez, incluso cuando llegó al pueblo. Lo único que quería era llegar a su habitación y armar uno de los rompecabezas que tanto le gustaba a su madre, por lo que no se percató que al pasar por la casa Oscura, una única luz había sido encendida.
🥀
Los movimientos de Mingyu se volvieron descontrolados al estar a punto de llegar a su orgasmo. Debajo de él, Soonyoung le acariciaba con pereza su espalda luego de haber alcanzado su límite. Sus gemidos volviéndose débiles.
Un par de movimientos después, Mingyu logró correrse. Dejó caer todo su peso sobre el chico de rubios cabellos, sin importarle el quejido que esté soltó.
Soonyoung empezó a repartir besos sobre su cuello y abrazarlo con leves caricias, a lo que Mingyu rodó fuera de él.
—Tengo que irme —Anunció, buscando su ropa por la habitación.
—Aun es temprano. Mi familia llega dentro de tres horas.
Mingyu no volvió a ver al chico. Botó el condón que acabaron de usar y guardó los otros dos para su próximo encuentro.
—Hoy es el cumpleaños de mamá. Tengo que estar temprano en su cena de celebración —Era una mentira a medias. Su madre cumplía años, pero no habría ninguna celebración.
Soonyoung guardó silencio. Poco después, Mingyu lo escuchó salir de la cama y empezar a vestirse.
—¿Actuaremos cómo completos extraños en la escuela? —Preguntó con timidez poco después.
Mingyu se observó en el espejo. Varios de sus negros cabellos eran un desastre. Los peinó usando un poco del gel de Soonyoung.
—Lo éramos antes de empezar esto. Lo mejor será seguir así y no levantar ningún tipo de sospecha.
Por el rabillo del ojo, observó a Soonyoung asentir con cierto decaimiento.
—Nos vemos —Abandonó la habitación antes que el mayor insistiera sobre quedarse.
El gordo y negro gato de Soonyoung lo esperaba en la puerta principal como siempre. Aún le seguía resultando extraño que aquel gato, luego de casi dos meses colándose en la casa de los Kwon, siguiera intuyendo las veces que estaba por irse, dando pequeños maullidos como si fueran una despedida.
—Hasta mañana, pequeña bola de pelos.
El gato empezó a maullar de manera insistente, algo inusual en él. Mingyu lo observó extrañado cuando el felino empezó a enterrar las garras en su pantalón.
—Me tengo que ir. Ve a buscar a Soonyoung.
El gato se interpuso en medio de la puerta, viéndolo con aquel par de fríos ojos amarillos y sin dejar de maullar.
—Si tienes hambre busca a tu dueño —Alegó, sin entender del todo el raro actuar del gato. Hizo a un lado al animal que se mostró inquieto en sus brazos y abrió la puerta— Volviéndose extraño igual que Soonyoung— Murmuró.
Era de noche cuando Mingyu abandonó el hogar de Soonyoung. Solía quedarse hasta más tarde, incluso había conocido a los señores Kwon. Bien pudo pasar un poco de tiempo con el mayor, pero en las últimas semanas notó ciertos cambios en Soonyoung, como la forma en que lo miraba y como solía acurrucarse junto a él. Todo ello le empezaba dar ideas que no le agradaban. Él quería que el sexo entre ambos siguiera como un escape y sin ningún compromiso.
Sin evitarlo, recordó cuando habló por primera vez con el mayor. Fue durante la primera semana de las vacaciones de verano, donde Mingyu tuvo la suerte de escuchar los "pecados" de Soonyoung. El pobre chico de rubios cabellos era un manojo de nervios mientras confesa su atracción errónea por los hombres, pensando que al otro lado del confesionario se encontraba el Padre y no un adolescente que se escondía para no ayudar a limpiar la Casa Cural.
—Tu alma está destinada arder en el infierno. No hay perdón para tal pecado —Dijo. Al otro lado escuchó como Soonyoung se ahogaba con su propia saliva. Sin evitarlo, soltó una carcajada.
Abandonó el pequeño espacio para encarar a Soonyoung.
—¿Realmente creíste lo que dije? —Preguntó con diversión.
El rostro de Soonyoung se desfiguró en uno de pánico cuando vio a los ojos de uno de sus compañeros de clases.
Mingyu tuvo lástima de él.
—No tienes nada de que preocuparte. No le diré nada a nadie —Confesó con un poco de empatía.
Soonyoung dudó, pero no le quedó de otra más que asentir y creer en las palabras del menor.
A partir de ese día Soonyoung y Mingyu solían encontrarse después de acabada la misa, ya que eran obligados por sus madres a quedarse mientras ellas se reunían con el resto de integrantes del Corazón Sagrado de Cristo. Solían verse en la parte más alejada de los jardínes de la iglesia donde hablaban sin parar.
Al principio Mingyu no le confesó que a él también le atraían los hombres, dudaba si hacerlo o solo seguir siendo el acompañante de Soonyoung. Pero una tarde, mientras yacían sentados bajo la sombra de un árbol, Mingyu se cuestionó como se sentiría besar a otro chico.
Mingyu era el tipo de persona que reaccionaba siempre a sus impulsos sin importarle nada. Así que lo hizo. Besó a Soonyoung y la sensación fue agradable, y al parecer el contrario también pensó lo mismo.
Los encuentros se volvieron más frecuentes y discretos. Ya casi no hablaban, solo se besan por largos lapsos de tiempo. Pero Mingyu era alguien muy hormonal y curioso, pronto quiso saber cómo era el sexo entre los hombres.
Investigar fue muy difícil en un pequeño y conservador pueblo como lo era Gyeonwon, pero logró conseguir la información básica, por lo que no dudó en hacerle saber su curiosidad a Soonyoung.
El mayor fue su primera vez, pero Mingyu estaba seguro que no sería su última vez con un hombre. Él tenía planeado irse lo más lejos de aquel pueblo, conocer más personas de mente abierta y no vivir bajo el régimen de los integrantes del Corazón Sagrado de Cristo, donde lastimosamente su madre era una de las miembros más activas y quién impulsó aquella campaña de "educación" donde trataba la homosexualidad como un mal que debe ser erradicado.
En cambio Soonyoung era de aquel alto porcentaje de jóvenes que planeaban quedarse en Gyeonwon. El mayor de los hermanos Kwon se haría cargo de la panadería familiar y en unos quince años estaría casado con una mujer del agrado de sus padres y esperaría por su primer hijo, reprimiendo su atracción por los hombres. Para Mingyu era tan obvio como resultaría el futuro de Soonyoung.
Mingyu continúo divagando sobre cómo sería su futuro lejos del pueblo, cuando al pasar por un callejón escuchó ruidos de gruñidos y patadas.
Dos altas figuras se erguían sobre el cuerpo tirado de un joven de rubios cabellos.
Mingyu no era el tipo de héroe por naturaleza, era el primero en huir o mantenerse al margen ante cualquier situación de pánico o violencia. Pero conocía aquellas dos abusadoras figuras.
—Veo que volvieron antes de tiempo. —Sus palabras fueron recibidas con una mueca por los dos jóvenes.
—Vete de aquí, Kim. —Dijo el más alto de aquel par.
—No se me apetece hacerlo. —Sonrió— Sus padres no estarán contentos de que hayan vuelto a sus andanzas. Pensé que aquel reformatorio había funcionado.
Los dos chicos dejaron de lado a su víctima, para concentrarse en Mingyu.
—¿Qué quieres? —Preguntó con molestia Himchan.
—Saludarlos. Hace meses que no los veo. ¿Qué tal les ha ido? —Guardó las manos en los bolsillos de su pantalón, luciendo bastante relajado.
—Vete a molestar a otro lado, imbécil —Replicó Beoduel, el más alto de los dos.
—Lo mismo les digo —Mingyu observó al otro joven, esperando que huyera ahora que ambos mayores le daban la espalda, en cambio aquel desconocido solo se sentó sobre el frío suelo.
—No te aproveches de que antes fuimos tus amigos —Dijo Himchan— Sólo vete.
—Sus padres no estarán contentos de ver lo que están haciendo —Su mirada viajó al chico de rubios cabellos— Tampoco mis padres.
—Como sea —Bufó Himchan, luciendo repentinamente aburrido —Nos veremos otro día. Ya nos entretuvimos lo suficiente.
Ambos matones pasaron cerca de él, empujándolo por los hombros. Mingyu no se inmutó.
—Se creen muy adultos y rudos, pero aún le tienen mucho miedo a sus padres —Comentó una vez que los dos mayores abandonaron el callejón.
—No debiste entrometerte. Lo tenía todo controlado. —La voz profunda y baja de aquel chico emanaba irritación.
Mingyu quería reírse de sus palabras.
—Usualmente uno dice gracias.
Sintió como la irritación del desconocido aumentó. Eso lo hizo sonreír por algún motivo desconocido.
—Estaba a punto de encargarme de ellos, pero metiste tu gran narizota —El chico se levantó en actitud arrogante, sorprendiendo a Mingyu por lo alto que era.
—No creo que desde tu posición tirada en el suelo pudieras hacer gran cosa —Respondió con una sonrisa.
El desconocido se acercó, dejando ver mejor su rostro.
Mingyu apreció con vívida atención los rasgos demasiado apuestos del chico, aunque los ojos afilados y fríos le hicieron sentir algo nervioso.
—No importa —Expresó el rubio con molestia.
Mingyu sabía que debía irse, pero se quedó a observar como el chico se arreglaba sus rubios cabellos y retiraba la suciedad de las mangas de su suéter.
—¿Que hiciste para que te molestaran? —Preguntó con curiosidad.
El chico alzó brevemente su mirada irritada antes de continuar con su labor de sacudir el polvo de sus pantalones.
—Hueles a algo familiar.
Mingyu alzó las cejas, confuso ante el cambio de tema.
—Quieres decir que... ¿Huelo bien?
El chico lo miró fijamente, sin ninguna expresión.
—Hueles a sexo.
Mingyu sintió como un leve rubor ascendía por su cuello hasta sus mejillas.
Aquel desconocido no podía adivinar que tuvo sexo con un chico, debía serenarse un poco. Solo un mal comentario para molestarlo. No había manera de que él oliera a sexo, en especial cuando robo un poco de la colonia del mayor.
El pelinegro quería replicar con una frase inteligente y mordaz, pero su mente aún estaba en blanco.
—Me estoy recobrando poco a poco —Le escuchó susurrar al desconocido, aunque tal vez no escuchó bien.
—Eres nuevo en el pueblo ¿Cierto? —Lo mejor era cambiar de tema.
El chico no respondió de inmediato.
Mingyu lo observó tensarse y estar atento a su alrededor, a la espera de más matones bajando de las paredes. Pronto Mingyu captó como los extremos de su nariz se movían de manera casi imperceptible. Estaba olfateando el ambiente y aquello le resultó sumamente raro.
—Debo seguir buscando a mi hermano —Por el tono en que lo dijo, aquella frase parecía no estar dirigida a Mingyu.
El desconocido se encaminó a la salida.
—¿Tu hermano está perdido? —Mingyu lo siguió a pesar de no obtener una clara repuesta. El contrario se detuvo con irritación —¿Ya le avisaste a la policía?
—Puedo encontrarlo solo —Replicó—Vuelve a tu casa.
—¿Cómo se llama él? Podría ayudarte a encontrarlo —Siguió diciendo, ignorando las palabras del chico. Mingyu no entendía el por qué de su deseo de ayudar. Él ya debería estar cómodo en su casa jugando videojuegos.
—Puedo solo —Recalcó.
Una fría y oscura mirada por parte del chico le hizo entender que lo mejor era no seguir insistiendo.
—¿Podrías decirme el nombre de tu hermano en caso de encontrarme con él? —Mingyu no esperaba una respuesta, sólo ser ignorando de nuevo, pero se sorprendió cuando el chico habló.
—Hansol.
Mingyu asintió.
—¿Y el tuyo? Yo me llamo Kim Mingyu —Agregó para hacer que el chico se sintiera con un poco de confianza.
Su respuesta tardó en llegar.
—Me llamo Wonwoo.
El chico abandonó el callejón. Entonces Mingyu se percató que no le preguntó por su dirección, aunque pensándolo bien no había ninguna casa de alquiler o posada en todo Gyeonwon para hospedar visitantes.
Se apresuró a salir del callejón y alcanzar al chico, pero al doblar en la dirección que lo vio irse no encontró algún rastro de él. Las calles de Gyeonwon eran largas y anchas, no había manera de que Wonwoo hubiera caminado tan rápido en segundos.
Mingyu recorrió toda esa dirección sin tener éxito de encontrarlo. Incluso las personas que estaban en la calle dijeron no haber visto a algún chico de rubios cabellos. Era como si Wonwoo hubiera desaparecido al salir del callejón.
Al final no le quedó de otra que retomar su camino a casa.
🥀
Wonwoo observó al chico con expresión inescrutable y decidió seguirlo a casa cuando esté se canso de su tonta búsqueda.
Había algo interesante en el olor de Mingyu, y no se refería a la leve esencia de sexo que aún quedaba en su piel, era algo más a lo cual aún no lograba darle un nombre.
Sabía que tenía que encontrar a Hansol esa misma noche, pero también sabía que el menor de sus hermanos estaría perdiendo el tiempo no muy lejos de ahí, Jihoon solo estaba exagerando la situación.
Mingyu en esos instantes lucía como un interesante entretenimiento durante su estadía en aquel maldito pueblo.