Bajo el manto de la noche

All Rights Reserved ©

Summary

Antología de cuentos y ensayos recopilados de innumerables noches de insomnio y reflexiones. Estás a punto de adentrarte conmigo bajo el manto de la noche. Créditos a Adrien Olichon por la fotografía para la portada. (c) Derechos reservados

Status
Complete
Chapters
12
Rating
n/a
Age Rating
16+

Recuerdos furtivos

El viento recorría con suavidad entre los altos pastizales, trayendo consigo el dulce aroma de la cabaña colina arriba. Tu cabello era despeinado gentilmente con la brisa, luciendo casi como pequeños niños danzando sobre ti. Tus incontables pecas crecían al compás de tu irreconocible risa. Tus manos insistentes se posaron sobre mis hombros, tercos como era tu persona. Lo irónico es que desconocías el poder de aquellos ademanes para conseguir cualquier cosa a tu paso. A pesar de ser tan pequeña y repleta de incertidumbres en tu presente: sonreías. Jugabas, vagabas, danzabas en cualquier sitio con inocencia. Una serie de características opuestas a mi persona. A tu lado parecía más una sombra que un compañero, si quiera sé si podíamos llamarnos amigos. Era extraño estar a tu lado. No podía ser el mismo.

Te aferraste a mi mano con fuerza, contemplando las grandes nubes de lluvia que nos cubrían. Susurrabas algunas palabras, seguramente trazabas en voz alta un plan para volver a casa. O quizás alguna travesura nueva. Sólo sabía que de pronto estaba corriendo a tu lado sintiendo las primeras gotas de lluvia sobre mi rostro. Una especie de rugido fuerte hizo eco en el maizal. Cualquier persona gritaría al escuchar algo parecido pero no tú. Eras tan extraña que comenzaste a imitar el sonido. Parecía como si quisieras conjurar algo y, seré honesto, a veces temía que si lo hicieras.

Inevitablemente un gran cúmulo de lluvia cayó sobre nosotros, volviendo todo muy borroso y confuso. Desconozco si has presenciado una lluvia en mitad de la nada entre altos pastizales y tu sola presencia. Si no es así, trataré de ser lo más descriptivo posible.

Recuerda el lugar más lejano de cualquier ciudad. Sin personas, sin ruido, anuncios publicitarios o comentarios cotidianos. Recuerda la brisa más ligera que has respirado. Sin ningún químico, esencia artificial u olor desagradable. Lo más cercano a la calma absoluta que hayas experimentado. Siente entre tus manos las pequeñas partículas de polvo o las hojas golpeando gentilmente tu espalda. Sin ataduras de ninguna clase, sólo estás ahí casi como un capricho. Como una forma del universo de obligarte a detenerte y respirar tu presente.

Algo similar me ocurría en ese momento. Ella estaba a mi lado. Lo cual no restaba la paz que sentía. Al contrario, parecía obra del “destino” el estar en ese lugar.

La lluvia se hizo paso caprichosamente entre los pequeños orificios de la madera que nos cubría. Apenas podíamos estar en el interior de la construcción. Tú no dejabas de sonreír. A veces pensaba que tenías serios problemas mentales por tu falta de preocupación. En mi mente pasaban mil y un posibles escenarios trágicos que podrían ocurrirnos. Era imposible que alguien no pudiera preocuparse cuando el viento casi podía elevarnos. No obstante, en ninguno de los escenarios que pensé estaba la posibilidad de lo que ocurrió…

– Noah… ¡Noah! – gritaste mi nombre antes de nublarse mi mirada en blanco y perder el conocimiento.

El viento se hacía paso como un silbido entre las rejillas de mi desgastado departamento, trayendo consigo el nauseabundo olor de la marihuana y las vibraciones de la música alta de mis vecinos.

¿Por qué recuerdo algo tan absurdo?, ¿tan pequeño e insignificante incapaz de saldar mis deudas?

Aunque jamás pude conocerte del todo. Simplemente fui tu vecino por unos meses pero…

Elegiría mil veces regresar contigo antes que vivir en absoluto silencio… Silvia…

Next Chapter