CAPÍTULO 1: el hada.
- boypussy
- JungKook x BTS.
- Será una historia un poco más estructurada, pero tampoco esperen la gran cosa, será una trama simple con desarrollo rápido (o eso intentaré) y smut.
- Capítulos algo largos, así que tardaré más en actualizar.
- Es una historia basada en un mundo de fantasía.
- Pondré advertencias en los capítulos correspondientes si llega a haber algún fetiche o filia, pero no creo que sea la gran cosa, pero sí habrá smut.
- Evitar leer si no les gusta.
JungKook era el príncipe de los feen, nacido del sagrado árbol que tenía propiedades mágicas. Algunos decían que se podía obtener milagros de él, razón por la que era buscado incansablemente por los humanos. Esa no era una excepción, JungKook ya estaba acostumbrado a la guerra.
Las personas se sorprendían con él, ¿no se supone que las hadas son criaturas delicadas y etéreas? Claro, él definitivamente no es de este mundo, pero nadie pensaría que alguien con tatuajes y algo de musculatura resultaría ser un feen. Él era un príncipe joven y hermoso, pero era el mejor guerrero de las hadas y por eso se había encargado de liderar muchas batallas. Las personas que lo conocían, sabían que era un hombre arrogante.
JungKook se arrepiente mucho por eso, porque quizás fue su ego el que le arrebató sus alas.
— No le quites el ojo de encima, mató a un guardia esta mañana aunque no lo parezca.
El hombre de sombrero finalmente lo miró, pero JungKook no se dejó intimidar por los penetrantes ojos y siguió la mirada del alto. El hombre tenía hoyuelos y la piel morena, ojos oscuros y desprendía un olor fuerte que no lograba identificar. Daba un poco de miedo, pero no lo demostró.
— ¿Una pequeña bestia? Qué bueno que tengo experiencia domando fieras.
Si tan sólo le hubiera hecho caso a su padre aquella mañana…
JungKook se sentía completamente humillado. ¿Cómo es que siendo el príncipe de los feen había sido vendido al circo? ¿Cómo era posible que estuviera ahora con esa gente allí?
Trasportado como un animal en una jaula, JungKook pensaba en la forma de escapar y veganzarse. Aunque sus pensamientos se disiparon por las luces colgantes, el bullicio de las risas y el dulce olor a comida. ¿Hace cuánto no probaba algo decente?
—¿Qué traes ahí, Nam?
Un hombre vestido de payaso estaba junto a la jaula. El maquillaje blanco cubría su rostro, parches de pintura negra sobre los ojos y una sonrisa dibujada que daba escalofríos. ¿Eso era un circo o un manicomio?
— Una fiera —respondió el hombre del sombrero que lo compró.
El payaso entonces sonrió con los dientes en blanco. Y con un palo golpeó los barrotes de la jaula donde estaba, haciéndole estremecer. El príncipe feen gruñó, sacando los brazos entre los barrotes para intentar alcanzar al molesto payaso pero fue en vano, sólo consiguió la burla del mismo.
— Qué fiera tan interesante.
— No lo molestes y lárgate. Aún no lo usaremos, al menos hay que bañarlo. Miralo, apesta.
Y aunque esas palabras no debieron afectar al príncipe, terminó bastante desanimado. Era cierto, apestaba. Llevaba semanas sin bañarse, tenía el cabello sucio y seguramente lucía patético, no como en sus días de gloria. Ya había olvidado cuánto tiempo llevaba en cautiverio, como un ave.
Extrañaba su arruinado hogar y extrañaba a su familia en el Bosque de las Hadas. Pero estaba seguro de que si volvía no encontraría nada y eso lo mataría.
Al menos sabía que el Árbol Sagrado seguía vivo. Podía sentirlo. Todos los feen estaban conectados a su vida y magia.
El carro siguió rodando, alejándose hasta una zona apartada llena de caravanas y casas rodantes, un poco más sencilla que la extravagante entrada anterior. Se detuvo y el hombre del sombrero apareció.
—Ven aquí, pequeña fiera.
JungKook lo ignoró.
—Sé que puedes entenderme. Hagamos esto sencillo para ambos.
Otra vez silencio. El orgullo del príncipe le impedía moverse.
Vió cómo el hombre más tarde puso un plato dentro de la jaula.
—Espero no me hagas repetir otra vez la orden la siguiente vez.
Se fue. Y JungKook se quedó en su lugar, abrazando sus rodillas y mirando fijamente el plato que todavía echaba humo. Su estómago se removió con hambre y finalmente se acercó, no sin antes haber echado ojo por si había alguien cerca. Pero estaba finalmente solo.
Eran vegetales al vapor con una salsa apetitosa y fideos. No había rastro de carne por ninguna parte. No supo si fue coincidencia o si realmente el hombre del sombrero sabía sobre la dieta vegetariana de las hadas, pero muy dentro de él lo agradeció. No había comido algo decente desde que había sido capturado, así que eso le pareció una delicia. Esperaba que no estuviera envenenado.
El plato quedó vacío y su estómago hinchado y feliz, JungKook ni siquiera contempló la posibilidad de escapar. Y tampoco había notado que la puerta había estado sin candado todo este tiempo, así que apenas se sorprendió cuando se abrió abruptamente.
—Vamos, pequeña fiera. Es hora de salir. Las noches aquí son frías.
Evaluó al hombre del sombrero una vez más, aunque esté estaba acompañado de un adorable cachorro de lobo negro que se robó su atención. El del sombrero lo dejó dentro de la jaula y como si el perro supiera que hacer, fue directamente hacia JungKook, tomando la tela de su desgastado pantalón para tirar de ella.
Como buena hada, JungKook tenía una debilidad con los animales, así que después de unas cuantas caricias en la pequeña cabecita terminó accediendo, pero notó enseguida anillos de hierro en la mano del hombre que pretendía ayudarlo y se retiró con desagrado.
—No me toques —dijo JungKook bajando por su cuenta, observando a sus alrededores—. ¿Qué es lo que quieres de mí, Sombrerero?
La mirada filosa hizo que el hombre sonriera, enseñando sus hoyuelos.
—Veo que te gustó nuestro amiguito —dijo este, ignorando la pregunta de la hada.
JungKook miró al lobito en el suelo, aparentando indiferencia pero la verdad se moría por tocar el suave pelaje una vez más.
—Sígueme, pequeña fiera. No hagas enojar a Hoseok con intentos estúpidos de escape.
Frunció el ceño. ¿Qué podía hacer ese tipo contra un hada entrenada en la guerra como lo era él? ¿Qué acaso el mercader que lo vendió no le había advertido sobre lo que era capaz de hacer?
—Andando.
—Quiero que me respondas.
El pequeño lobo gruñó, soltando pequeños ladridos, luciendo claramente impaciente. El hombre cambió su expresión, ahora un poco más apático.
—Cariño, no es el momento ni el lugar. No te lastimaremos, si es lo que te preocupa. Te salvé de que te vendieran a un puesto ambulante de fenómenos.
—¿Y cuál es la diferencia con este puto circo?
El hombre sonrió.
—Lo descubrirás.
(...)
JungKook terminó yendo a una carpa grande en medio de un círculo de casas rodantes, donde el hombre del sombrero lo dejó a cargo de un tipo llamado YoonGi, quien era un hombre de piel pálida y rostro frío pero corazón amable. Lo llevó a un lugar privado tras las caravanas, donde le ayudó a tomar un baño.
—¿Es necesario que te quedes allí?
—Lo es. De todas formas, no es nada que no haya visto antes, así que no te preocupes. Sólo vigilaré.
Y aunque entre las hadas la desnudez no era mal vista, que otras personas lo hicieran resultaba un poco incomodo para JungKook, pero al menos YoonGi había sido lo suficientemente amable para darle ropa limpia y un buen jabón para que se quitara la mugre mientras la manguera hacía correr el agua sobre su cuerpo. No era lo más cómodo para un príncipe pero definitivamente era el cielo para alguien que no conocía la limpieza hace semanas.
—No sabía que las hadas de su tipo tenían coño —comentó de repente una voz.
JungKook se aterrizó cuando vió a alguien más allí, era el payaso, aunque sin todo ese maquillaje. Ahora sólo lucía un cabello rubio oscuro y ropas menos ostentosas, su rostro era fino y atractivo como un maniquí. Sin embargo, eso no hizo que se relajara.
—Todas las hadas tienen —respondió YoonGi con simpleza, poniéndose de pie—. Pero las que lucen más masculinas nacen de una forma diferente, por eso se ve así.
A JungKook no le gustaba que hablaran de él de esa forma, ni siquiera se había movido un poco. Se estaba enjabonando cuando llegó el payaso, por lo que tenía los pequeños pechos brillantes de espuma y también las generosas nalgas.
—Vete, Tae. La estás molestando.
—¿Y tú por qué te puedes quedar a verle las tetas? —se quejó este con un mohín.
YoonGi no alcanzó a responder cuando un chorro de agua lo empapó de pies a cabeza, así que se retiró antes de que JungKook siguiera atacando con la manguera. YoonGi soltó una carcajada.
—Disculpa a TaeHyung, es un chico… demasiado imprudente y curioso —le extendió una toalla para que se secara y esperó paciente a que JungKook terminara de vestirse—. ¿Lista?
Una vez vestido, se halló siguiendo a YoonGi de regreso a la carpa. Ni siquiera sabía por qué le obedecía, pero ese tipo le inspiraba mucha confianza.
—Dime, YoonGi… —empezó JungKook con tono suave, por alguna razón sintiéndose menos hostil junto al pálido—. ¿Qué hace alguien como tú con estas personas?
—¿Alguien como yo?
—Un brujo.
YoonGi sonrió. Claro, la pequeña hada se había dado cuenta de eso. Siempre había una conexión neutral entre humanos con esos dones y hadas.
—Trabajo, querida. Me gusta este lugar. Soy un mago.
—Mhm —tararea, siguiéndole hasta una de las casas rodantes. Las luces se habían hecho más tenues y había mucho menos ruido que antes—. ¿Sabes qué quieren de mí, YoonGi?
YoonGi le dejó pasar a la casa rodante, el interior era cómodo, estaba lleno de libros y algunas estatuillas decoraban los alrededores, igual que plantas. El lugar se sintió agradable para el feen al instante.
—Has sido una sorpresa, pequeña hada, nadie te esperaba, pero NamJoon te trajo repentinamente y supongo que ahora perteneces aquí con nosotros —respondió él con tranquilidad, brindándole un pastelito que tenía en la cocina, el hada aceptando. Le gustaban las cosas dulces—. Simplemente no te preocupes, no son malas personas. Y por favor, no huyas, no te lo recomiendo.
—¿Por qué no? —cuestionó con mala cara.
—No creo que quieras que HoSeok vaya detrás de ti.
¿Por qué hablaban de ese cachorro adorable como si fuera el diablo?
—Además —retomó, pasando un cepillo por los cabellos oscuros del príncipe, peinando con delicadeza —, no es un mal lugar. Danos la oportunidad. Después de todo no tienes a dónde regresar, ¿cierto?
YoonGi sabía que las hadas odiaban estar en cautiverio, pero si se les fidelizaba entonces irían a donde fueran contigo. JungKook se sintió un poco triste por la afirmación del mago, pero negó.
—El bosque…
—Hablaremos de eso luego. ¿Cómo puedo llamarte, pequeña hada?
Compartieron una mirada larga y silenciosa, un poco más inquisitiva por parte de JungKook. Finalmente habló:
—Llámame JK.
(...)
En la carpa central, bajo las luces de las farolas, estaban reunidos un grupo de hombres.
—¿Estás diciendo que lograste que esa cosita linda entrara por voluntad propia a tu casa y se quedara dormida?
YoonGi se rió, dándole un trago a su bebida.
—¿Qué te puedo decir? Soy encantador, TaeHyung.
El payaso gimió con descontento, torciendo los ojos y echándose en el respaldo de su silla con dramatismo.
—Y una mierda. No es justo.
Todos rodeaban una mesa, estaban bebiendo y comiendo, pasando el rato entre risas suaves y golpes amistosos.
—¿Y HoSeok? —inquirió NamJoon, dando una calada a su cigarro.
—Debe estar vigilando —respondió YoonGi con calma, degustando su pastelito—. Empecemos esto de una vez.
—Estoy de acuerdo —añadió alguien más en la habitación. Traía un reloj de mano y una postura elegante —. Se hace tarde y debemos solucionar esto.
En eso un lobo grande atraviesa la puerta con el hocico bañado en sangre, abriéndose paso hasta la mesa. Pronto, aquel canino adquirió la forma de un hombre desnudo con el rostro y pecho igualmente lleno de sangre.
—Maldita sea, NamJoon. ¿Por qué tengo que ser niñera de la puta hada? Odio cuando me hacen ser un cachorro —gimió con desagrado, echándose en una de las sillas, importando poco su desnudez.
—Limpiate —ordenó el hombre del reloj y de mala gana, pero obediente, el lobo se pasó un trapo por la cara y con eso de cubrió la entrepierna.
Hubo un poco más de barullo entre ellos y finalmente NamJoon, ahora sin su sombrero y con una pinta menos extravagante, inició la reunión.
—Fue una oportunidad que no podía desperdiciar, esto nos beneficiará a todos. Saben que tener a un hada de nuestro lado hará que todo por lo que hemos estado trabajando pueda hacerse realidad mucho más rápido.
—¿Y cómo vamos a ganarnos la confianza de esa hada? ¡Me mojó! Es odiosa —exclamó TaeHyung.
—Eso te lo merecías…
—De todas formas, ¿estamos seguros de que es un hada? —intervino HoSeok con desgano—. No tenía sus alas. Nadie ha visto un hada en mucho tiempo, siempre mueren. Probablemente las hadas ni siquiera exis-
YoonGi rápidamente le cubrió la boca, abriendo los ojos.
—Cierra la boca, HoSeok. Ni siquiera lo digas —gruñó—. Podrías matarla.
Hoseok aunque con la mirada hostil, terminó sonriendo con sarcasmo, haciendo un cierre con su boca y botando la llave.
—Es un hada —afirmó luego YoonGi, viendo al grupo—. Puedo sentirlo. Y es una poderosa.
Eso despertó el interés de los demás.
—Además —comentó NamJoon—, sí tiene alas. Pero se las cortaron. El rey las debe tener, eso escuché del mercader.
Con aquello resuelto, todos quedaron más satisfechos.
—Hay que atar al hada con nosotros, así no se irá y nos ayudará con lo que queremos.
—¿Cómo?
—Necesitamos su nombre.
El problema era que las hadas nunca le daban su nombre real a los humanos o a otras criaturas. Sólo las demás hadas lo sabían. La razón era que saber el nombre de un hada daba el poder a la persona de hacer que esta obedeciera y protegiera al portador. Era algo difícil de conseguir, pero no imposible.
Entre todos acordaron intentar conseguirlo sin ser obvios, pero no pudieron ocultar sus sonrisas a lo último.
—Las hadas son… muy cachondas cuando se les provoca. Así que… ella nos ayudará con el circo —sonrió YoonGi—. Y al mismo tiempo buscaremos ventaja sobre su nombre.
—Coño fresco y poder, me parece un buen trato —se rió HoSeok.
Todos miraron en silencio al hombre del reloj, que había escuchado callado y sin intervenir.
—¿Qué piensas, Jin?
—Hay que hacerlo.
Al parecer la aventura de aquella pequeña hada recién comenzaría.