Dame Otra Oportunidad

Summary

Hongbin sabe a la perfección que cada pareja tiene su propia manera de reconciliarse y volverse a enamorar.

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Capítulo Único

No importaba cuánto brillaran los ojos de Hongbin gracias a esas luces neón, algunas un poco tenues y otras tantas parpadeantes, si su mano tomaba con firmeza un vaso con una bebida alcohólica preparada, una botella de soju, o una lata de cerveza, si sonreía cada tanto, si prestaba atención a la música, o si saludaba a una que otra persona de vez en cuando. Nada de eso valía, porque él solo quería irse a su apartamento y no salir en todo el fin de semana, o en siete días, o por todo un mes entero.

Vaya manera de iniciar diciembre.

Volvió a sentir algo de asco en su garganta, pasó saliva y pegó sus labios a la orilla del vaso de plástico desechable que llevaba rato sosteniendo con la zurda, su nariz detectó al instante el aroma del alcohol mezclado con refresco saborizado, o jugo, o lo que fuera, vaciló un poco antes de darle un trago que fue más como solo un empape en su labio superior; frunció la boca al quitarse el vaso, volteó un poco hacia la izquierda, observando a su mejor amigo quien no dejaba de platicar con otros tres tipos que no conocía y que llevaban cerca de veinte minutos ahí juntos con ellos. Aunque estuviera presente en ese pequeño círculo social, no se ubicaba “presente” de verdad.

Sonrió amplio hacia los sujetos cuando se despidieron amistosamente de él, correspondiendo con cortesía antes de ir borrando el gesto de su rostro poco a poco hasta volver a una neutralidad casi inexpresiva, dándose cuenta de lo mal que podía lucir cuando escuchó la suave risa de su amigo desaparecer por completo.

-Ah, lamento si me distraje mucho con ellos.

-No hay problema, está bien. –Sonrió un poco, queriendo engañarse… Otra vez. Suspiró, volviendo a su seriedad.

-Odio verte así, Hongbin~. –Dijo por lo bajo, tomándolo de un hombro para sacudirlo un poco. Al parecer, su idea de salir de fiesta para distraerlo no había sido buena idea. Así como nada de lo que se le había ocurrido por hacer durante los últimos seis meses.

-Estoy cansado, ¿podemos sentarnos al menos?

-Claro, vamos por acá.

Siguió sus pasos como si se tratara de un robot médico programado para asistir a un paciente. Una vez más dejó de enfocarse en su entorno para clavarse en sus pensamientos, detestaba que su mente hiciera eso cada cierto tiempo, pero tampoco podía controlarse del todo, a veces solo pasaba y ya, a veces siquiera se daba cuenta de que lo hacía. Para su fortuna, pudo volver en sí cuando habían llegado a una de las varias salas lounge del lugar, en la primera planta; se puso cómodo, la música ahora era un poco más de su agrado, quiso distraerse, lo lograba poco a poco, pero cada que quedaba desplazado por su amigo cuando se encontraba con otros amigos o conocidos, volvía a ocurrir. Su cabeza le traía recuerdos que quería apaciguar de alguna manera, por algo Hakjoon le había sugerido salir de fiesta, tras varias semanas de soledad que sin querer se volvieron en meses, por algo él mismo había intentado casi de todo para no dejarse sepultar por las sensaciones negativas que “tomarse un tiempo” empezaban a cortar en su debilitado corazón.

Hacía intentos de tratar de disfrutar el tiempo a solas que ahora tenía, y lo logró muchas veces, podía enfocarse un poco más en el trabajo, pero de manera personal, en sus pasatiempos, no lograba sentirse igual. Faltaba alguien. Faltaba él. Faltaba su voz ruidosa, faltaban sus carcajadas, faltaban sus pucheros e incluso sus quejumbres, faltaban sus expresiones de sorpresa o de enojo, faltaban sus opiniones cuando compraba ropa, faltaban sus lloriqueos falsos cuando por accidente le servían rodajas del chile más picante en su orden cada que salían a algún restaurante nuevo, faltaban los gritos que daba contra el televisor cuando veían alguna película de Marvel, o las pataletas que daba en el cine solo para no gritarle a Iron-Man en un sitio público.

A Hongbin le seguía faltando la presencia de su ¿novio? Una vez más, volvía a cuestionarse qué eran. No habían terminado su relación, a lo cual no podía llamarlo “ex”, pero no estaba seguro si era apropiado seguirle llamando novio, ahora que eran más como amigos que cualquier otra cosa. De ese tipo de amigos que no se veían, no se llamaban, pero que sabían que podían contarse el uno al otro, pues habían decidido tomarse un tiempo de ese noviazgo de cinco años y medio.

Bufó entre los labios de manera absurda cuando Hakjoon saludaba a la lejanía a nuevos amigos, rodó un poco los ojos, sonrió forzado cuando escuchó un “perdón por ser tan amigable” de parte de su mejor amigo, le reprochó incluso, pero por dentro, ese bufido se debía a su situación sentimental actual. Justo en esa semana estaría más que nervioso si hubiera seguido su noviazgo de manera normal porque estaría por cumplir seis años a su lado.

“Hubiera”... “Estaría”...

De saber que sería como vivir dentro de un hoyo negro, se hubiera comportado menos celoso, hubiera sido más paciente, hubiera sonreído más y se hubiera enojado menos, hubiera brindado más calidad en vez de cantidad, hubiera dicho “te amo” más seguido, no le hubiera tomado tanta importancia a lo que simples extraños hubieran pensado de ellos en público, no se hubiera quejado de sus hábitos domésticos y hubiera aprendido de ellos, no le hubiera regañado como lo hizo cada que ensuciaba el apartamento rompiendo con la pacífica armonía que su TOC realizaba severamente, hubiera prestado más atención, no hubiera sido egoísta, hubiera sido mejor, se hubiera esforzado cien veces más de lo que creyó que se esforzaba para tener una buena relación.

-¿De quién dijiste que era el cumpleaños? –Preguntó espontáneamente, dando un trago a la bebida en su vaso, queriendo ignorar el gesto curioso que puso Hakjoon.

-Ah, es solo una fiesta. No hay cumpleaños.

-Oh.

-¿No me pusiste atención? –Rió breve, alzando un poquito sus cejas. -¿O acaso el alcohol te hizo olvidarlo? –Quiso bromear para aligerar la situación.

-Quizás.

Se rió de manera absurda en lo que recordaba ese tipo de lugares a los cuales su amigo era invitado, amplios almacenes inservibles que ahora se usaban de supuestos salones de eventos con “arquitectura minimalista”, alguna idiotez moderna en realidad, y que acababan como simples clubes en los cuales pasar un buen rato. Ese en particular lo detestaba, era una vil estructura en obra negra a dos pisos, exageradamente grande para su gusto, algunos maceteros con plantas artificiales, salas por aquí y por allá, dos zonas para DJs, obviamente una en cada planta para crear ambientes diferentes sin que la música de uno interfiriera con otro, una pulcra área de bar en la planta alta. Tal vez Hongbin era demasiado anticuado, porque simplemente no le encontraba lo entretenido a estar encerrado en una construcción grisácea de luces baratas ingiriendo alcohol sin propósito alguno, él no era del tipo de persona que disfrutaba de estar en ese tipo de “festejos colectivos” donde un montón de gente se reunía en un mismo lugar con diferentes propósitos, se distinguía en algunas partes, grupos de chicas abarcando algunas salas con algunos globos de helio por el cumpleaños de una amiga, grupos de chicos hasta el otro extremo celebrando el haber ganado una competencia deportiva, algunos bailando, otros solo bebiendo tranquilamente.

Solo quería irse. Estar en silencio, a solas. Quería la paz que su maltratada alma todavía buscaba.

-Vamos arriba. –Comentó Hakjoon con repentina energía. Hongbin en cambio solo se sintió agotado.

-Pero…

-Anda Hongbin, por favor, vi a alguien… Te llevarás de maravilla con él.

-NO, no, no, si ese es tu propósito, no quiero conocer a nadie. –Sonrió amargo, sacudiendo la cabeza.

-Idiota, no, solo es un amigo. También le gustan los videojuegos.

-Más vale que en verdad solo-…

-Sí, sí, anda apúrate, mueve el culo.

Para Hongbin era extraño que su amigo actuara tan enérgico repentinamente, cómo le demandaba atención cual si estuviera enfocado en algo de vida o muerte, le intrigaba cómo había ocurrido tan de pronto, de la nada. Siguió su paso de todas formas, le veía subir los escalones algo a prisa, trató de alcanzarle cada que repetía “anda, rápido, ven” como si de pronto el distraerse con alguien que chocaba a sus hombros para pedirle una disculpa fuera el peor de sus errores. ¿Quién rayos era tan importante como para olvidarse del mundo entero? Cuestionó, alzando una ceja sin dejar de ver atentamente a Hakjoon; quizás en verdad no era nadie y se trataba de una confusión, concluyó en lo que ahora tomaba cierta distancia antes de seguirlo tan de cerca, observando cómo su amigo no dejaba de ver hacia el área del bar. Hongbin entonces volteó por un segundo, sintiéndose mal por haber chocado tan abrupto contra una chica, dispuesto a disculparse pero ella solo siguió de largo, a lo cual él hizo lo mismo.

-¡Hyung-nim! –Gritó Hakjoon con un vibrante y alegre timbre lleno de positivismo.

Hongbin supo que una vez más sería reemplazado. Vaya que pensar esas palabras era más horrible de lo que creyó.

Estando en el segundo piso caminó paralelo al barandal viendo hacia la primera planta; a su derecha, cada vez más y más lejos, las escaleras dejaban de darle ánimos para irse pronto a casa. Quería dejar de estar ahí, quería volver a su apartamento, no quería estar rodeado de gente que no conocía y que no le importaba, quería estar en silencio, rodeado de su propia calma, acurrucarse en la cama para torturarse cómodamente con las memorias de su… De…

-¿Qué carajo somos? ¿Qué soy ahora para ti? –Murmuró accidentalmente, asustándose un poco por haber exteriorizado su pensamiento. Discreto, observó a todos lados para asegurarse que nadie lo había escuchado.

Avanzó otro poco, trataba de al menos alegrarse un poco por el buen ambiente generado por las personas a su alrededor, sin embargo era difícil. Veía chicos y chicas solitarios, grupos pequeños y grandes de amigos, compañeros de trabajo, e incluso apostaba que hasta podía haber familiares pasando un rato agradable despreocupándose de tener que cuidar a los pequeños del hogar. Los veía a todos, casi analizándolos, por no admitir que los juzgaba.

Cierto, era otra cosa que debía corregirse. Dejar de juzgar a los demás.

Sin pensarlo mucho ni darse cuenta de lo que había estado haciendo por algunos segundos, obviamente perdido en sus propias lagunas mentales, logró percatarse de que había un grupo en particular que le llamó la atención, en la planta baja, grupo mismo al cual no había dejado de ver, y no tanto por el repentino escándalo que armaron cuando parecían actuar como jóvenes de secundaria haciendo tontos juegos donde, quien perdiera, recibiría una buena tanda de golpes, sino porque de esos cuatro rostros, logró distinguir a uno en particular.

Kim Wonsik.

Inconscientemente lo buscó, pero él no estaba presente, a lo cual, en cuestión de un segundo, consideró bajar a la primera planta para “toparse casualmente” con Wonsik y preguntarle por el aún dueño de su estrujado corazón. Sí, podía ser buena idea, o un pretexto barato si no elaboraba un buen discurso, ese que debía estar lleno de palabras creíbles, ese tipo de ligeras mentiras que lo guiarían a saber cómo se encontraba él, pues tenían medio año, el tiempo exacto de su estúpido acuerdo para tomarse un tiempo, sin saber nada uno del otro.

Pero, ¿cómo elaborar un encuentro casual con Wonsik y que éste le creyera? “Alcohol”, pensó.

Necesitaba una cerveza en mano, o bien, al menos llenar un poco el vacío vaso que todavía traía consigo, merodear la planta baja sin perderle la pista y, luego, cuando viera la oportunidad, se acercaría una vez que Wonsik “le viera primero”. Sí… Sí, creyó que era buena idea. Sí, se estaba convenciendo de que en verdad era una buena idea.

Buscó a Hakjoon con la mirada de manera rápida, y por primera vez agradecía no encontrarlo, a lo cual se acercó al área del bar para pedir un trago más, lo que fuera, la verdad no le importaba, y una vez que obtuvo la embriagante bebida preparada, volvió a acercarse al barandal del segundo piso solo para asegurarse de que Wonsik seguía en el mismo lugar. Por fortuna así era, y para su suerte, ya no le veía de perfil o de frente, sino de espaldas, y eso le ayudaría a esconder su obviedad por forzar un encuentro entre ellos.

Se acercó a las escaleras con torpeza, volviendo a chocar un poco con otras personas, expresando alguna que otra disculpa pero con voz más tenue, pues trataba de seguir enfocado en Wonsik y su, ahora, grupo de cuatro amigos.

Trató de hacer memoria de sus nombres, pero no los recordaba con exactitud, una vez más, el “hubiera” se hizo presente en su cabeza. Le hubiera puesto más atención, lo hubiera escuchado de verdad. Conforme se acercaba a las escaleras, recordaba todavía su voz quejarse… “Wonsik ya no me quiere, desde que se mudó a Incheon es distinto, tiene tres amigos nuevos mejores que yo, son el cuarteto ideal y yo no encajo para que seamos un escuadrón de cinco.” Quería regresar en el tiempo y volver a ese momento para consolarlo como debió hacerlo en vez de reprocharle con absurdos celos que “parecía querer más a Wonsik”, quería decirle que no dejara que una simple mudanza a la ciudad de junto tiñera sus largos años de amistad con tristeza o sentimientos de abandono, quería regresar para decirle hermosas palabras de aliento cuando las necesitaba.

Su corazón trató de no aferrarse a la esperanza de que las cosas pudieran mejorar solo con acercarse a Wonsik para preguntar por él. Pero era tarde. Se estaba ilusionando a niveles incalculables, ahogándose espesamente.

Pasó saliva cuando empezó a bajar las escaleras, quería ignorar sus rodillas temblorosas, calmar su vibrante pecho, borrar la sonrisa que luchaba por dibujarse plena y feliz en su boca, y más que querer, sabía que necesitaba dejar de voltear hacia el lugar donde estaba Wonsik y su creciente grupo social, pues ya no eran tres amigos o cuatro los que le acompañaban, sino cinco, y Hongbin empezó a temer que cuando se atreviera a acercarse fuera ya una multitud entera la que les rodeara. Entendió a Hakjoon entonces, pues él mismo también comenzaba a ser víctima de una chispa radiante de energía que no sabía de dónde carajo brotaba. Chispa misma que le estalló en la cara para fundirse y detenerle los pies a mediación de las escaleras, justamente en el descanso con forma de escuadra en esas escaleras esquinadas. Era como volver a caer en el hoyo negro donde había estado viviendo por seis meses, y reafirmó que no había peor manera de iniciar diciembre que esa…

Los vio jugar, cómo Taekwoon abrazaba a Jaehwan por la cintura, de frente, para forzar un abrazo posesivo en lo que reían antes de abrir la boca y apegarla en su cuerpo, tentado a atacarle el cuello por lo cual solo se aferró a la parte alta de su trapecio, anclándose con tal fuerza hasta cesar cuando obtuvo de premio un grito, una quejumbre que tintineaba tan adolorida como divertida por igual. Le había visto apartarse triunfantemente, relamiéndose el labio inferior antes de pasearse la raquítica muñeca derecha por los labios para limpiarse un, de seguro, rastro de saliva que le había escurrido, a lo cual se cuestionó… ¿Usó la lengua también? ¿Con qué bastardo propósito? Y lo que más le había ardido hasta el centro de los huesos fue que, por su parte, entre hechizado o maldito, ambos hicieron contacto visual. Lo vio apegarse más a su cuerpo sin romper ese desafiante contacto visual, con una sonrisa en los labios que no era provocada por el ambiente de amigos en el que estaba rodeado, sino por el regocijo que era haber cometido tal acto… Como siempre había ocurrido. Ser juguetón, ser agresivo, ser alguien que siempre convivía con sus amigos de manera física, tocando, mordiendo.

En verdad quería irse a su apartamento pero solo seguía ahí de pie, sin bajar o subir las escaleras. Solo veía la pesada mirada de Taekwoon fija en sí, casi sin parpadear, como una apuesta donde quien parpadeaba primero perdía todo.

-¿Qué te ocurre~?

Rió una vez más, tratando de codearle para apartarlo de su cuerpo pero su amigo seguía apegado como una sanguijuela, sin hablar, sin decir o hacer algo más, a lo cual buscó su rostro con el propio, en un acto de peligrosa cercanía para darse cuenta que Taekwoon se asemejaba a los perros de cacería cuando detectaban una presa y apuntaban a ella hasta que su amo lograra el cometido de cazar. Giró el rostro entonces en la misma dirección que su amigo, otro de los mejores que tenía en su vida aparte de Wonsik, y sus gruesos y sonrientes labios empezaron a borrar la hermosa mueca ahí expresada cuando distinguió a la única persona que estaba quieta en las escaleras.

Esos ojos los reconocería entre una multitud entera, esos bellos, grandes y brillantes ojos que ahora le veían con cierta nostalgia… O tristeza… O dolor… O decepción.

“Mierda”, pensó Hongbin al parpadear repetidas veces, saliendo de ese trance de pesadilla en la vida real para pasar saliva con dureza, y tras retroceder un paso, comenzó a subir las escaleras tratando de no hacerlo corriendo, aunque bien, sus rodillas eran traicioneras expertas porque aunque quisiera correr lejos, las piernas le empezaban a mover con colosal torpeza; lo peor era que no sabía por qué había empezado a subir, hubiera sido más fácil terminar de bajar los escalones restantes, acercarse a la entrada y marcharse a su apartamento de una caraja vez. Pero su cerebro ya no razonaba. Por eso subía, y entonces recordó a Hakjoon, sí, debía ser al menos un poco considerado como para buscarlo, agradecerle la intención de invitarlo a una fiesta para distraerse, decirle que planeaba irse… Sí. Debía mejorar, debía ser más considerado, tener más gratitud.

Frunció las cejas una vez que llegó a la segunda planta. ¿De qué servía intentar ser mejor persona? Era más que obvio que no valía la pena. Era más que obvio que para Lee Jaehwan, Hongbin ya no era nadie en su vida, que no habían decidido “tomarse un tiempo” sino que habían terminado su relación de cinco años y medio hacía seis meses atrás, y que en esa semana, cuando se suponía que iban a cumplir seis fantasmales años de relación, el número nueve en el calendario ya no significaba una mierda. Su expresión facial se endureció con severidad solo para no llorar tan de pronto, solo porque le daba vergüenza quebrarse en público, en una construcción terrible llena de extraños. Expulsó aire por la nariz con fuerza para calmarse, empezó a rodear las pocas mesas ahí presentes, se entrometía un poco entre las personas, rodeó el área del bar, se acercó un tanto a algunas salas pero Hakjoon no aparecía. Consideró llamarle pero no estaba seguro si le respondería, tanto por la música como si seguía hablando con algún amigo, y solo cuando consideró que al menos debía enviarle un mensaje de texto para avisarle que pediría un taxi, se dio cuenta que la mano que sostenía su bebida estaba temblando.

Suspiró hondo, se mantuvo con la boca abierta dibujando una “A” llena de ridiculez, la única que sentía por sí mismo por permitir que Taekwoon ganara una vez más, por dejarse llevar por lo que sus ojos veían, por permitir que los celos le ganaran y que desenchufara el raciocinio de su cerebro. Era ridículo. Él mismo, la situación, la sensación de que volvía a perder. Era peor darse cuenta que perdía a Jaehwan por segunda vez, cuando se suponía que ya no lo tenía presente en su vida como pareja, cuando eran solo dos personas tomándose un tiempo.

-Por una mierda, Hakjoon. –Masculló desesperado, prefiriendo solo ir a las escaleras y escapar, dándose media vuelta con violencia para irse…

-¿Hongbin?

Sí, irse… Irse al carajo. Aunque llegó más rápido de lo que creyó a ese jodido lugar cuando tuvo a Jaehwan frente a sus ojos, sonriéndole con cierta pena mientras sus cejas se alzaban, añadiendo así cierta ternura a su expresión.

-Hola, Jaehwan. –Mencionó su nombre con su voz nerviosa de haber pronunciado ese nombre después de tanto.

-Hola~. –Trató de sonreír un poco más, hundiendo sus hombros un poco en el proceso, sin dejar de ver el rostro del menor, detestando la manera en que era observado. –No, no esperaba verte aquí, vaya… Coincidencia, ¿cierto?

-Sí.

-Eh… ¿Cómo has estado? –Quiso preguntar de manera casual, calándose la garganta.

-Bien.

-Qué bueno. –Asintió un poco, pasó saliva en lo que merodeaba un poco su entorno con la vista. –Mh, ¿vienes solo?

-Con Hakjoon.

-OH~, ¿en serio? No lo veo. –Y volvió a merodear con la vista, incluso volteando a sus espaldas.

-Lo perdí… Lo, lo estaba buscando.

-Ah, ya veo… Es algo grande el lugar.

-Sí. –Susurró, bajando la vista un poco, viendo a los hombros ajenos para luego apartar la vista a otra parte.

-Puedo ayudarte a buscarlo si gustas, eh, sí… Digo, acompañarte hasta que lo veamos.

-No hay problema, solo quería decirle que ya me iba.

-Ah. –Asintió breve, manteniéndose serio.

-Estabas ocupado con tus “amigos” de todos modos. –Frunció sus labios, alzando una ceja. –Taekwoon ha de estar esperándote, con permiso. –Asintió una vez, apartándose por uno de sus costados.

-Hong. –Le detuvo de manera pacífica, bastando con tomar uno de sus brazos suavemente para frenar toda intención de marcharse. -… Hongbin. –Insistió con voz suave al darse cuenta que el otro no planeaba siquiera mirarlo a los ojos, y con discreción, posó su mano libre sobre aquella que sostenía temblorosamente un vaso con licor.

-¿Qué?

-… Vamos abajo, ¿sí? Quizás Hakjoon esté ahí, te acompaño a buscarlo.

Y lo conocía tan bien como para saber que esa frase no significaba lo que se creía. Sabía que esa era la manera de persuadirlo para ir a la planta baja y tener un momento a solas… ¿Y luego? Seguramente le diría la horrenda frase de “no es lo que parece”, pero ¿para qué diría tal cosa? Ya no eran nada a final de cuentas, eso era más que claro, más que obvio… Hacía seis meses que habían dejado de ser todo el uno para el otro.

-Ya me iba de todos modos, Jaehwan. –Trató de sostenerse firme.

-Claro… Eh, ¿vienes en auto?

-Pensaba tomar un taxi. –Sinceró.

-¿Puedo pedirlo al menos y acompañarte en lo que llega por ti?

-… No es necesario.

-Por favor~. –Rogó suavemente.

Le observó con cierta duda, no quería desconfiar pero una vez más se debatía… ¿Debía despojarse de todos sus aspectos negativos para ser una mejor persona? Sí. No. Sí. No. ¿De qué servía tratar de ser mejor si ya no iba a recuperar a Jaehwan? Quiso darle un puñetazo en la cara… O dárselo a sí mismo.

-Seguro, gracias. –Le vio sacar el móvil entonces, trató de no prestarle atención. –Debo ir al baño.

-Te espero aquí.

-… Claro.

Era horrible sentir que ahora sus rodillas volvían a fallarle cuando se dirigió a los baños de la segunda planta, para su desgracia, Jaehwan estaba en un punto donde no iba a ser fácil evadirlo al momento de salir. De seguro el mayor estaría al acecho como cuando una madre deja ir a su hijo varón al baño público de un centro comercial por primera vez en su vida. Se lavó la cara una, dos o cien veces, no las contó, solo remojaba la piel de su rostro cada tanto, el vaso con licor estaba ahora en el cesto de basura, sus manos ya no temblaban tanto pero su pecho estaba más roto que hacía seis meses atrás, cuando Jaehwan le había pedido un tiempo en una soleada mañana a inicios de junio.

-Perdón si me tardé.

-No hay problema.

-¿Ya habrá llegado el taxi?

-Ah, la ruta me marca que tardará unos diez minutos en llegar.

-Mh, bien.

-Por mientras, ¿no gustas que tomemos asiento o algo?… O… No sé.

-Ir abajo me parece bien.

-¡Sí! Está bien. –Asintió rápido, dispuesto a ceder a lo que fuera que pidiera Hongbin.

Odiaba admitir que había extrañado tanto ver sus ojos de esa manera, escuchar su voz tan alegre. Había extrañado a horrores cada aspecto de él, la manera en que sus labios hacían una mueca inconsciente cuando hablaba, esa dulzura que brotaba con naturalidad al hablar, al caminar, al gesticular, al hacer ademanes. Al existir.

-Creo que hay unas salas libres al fondo y-…

-Solo quiero estar afuera en lo que llega el taxi.

-… Oh… ¿Seguro?

-No tardará tanto en llegar, son solo diez minutos.

-Sí, como gustes.

Hongbin logró sentirse mal cuando notó la resignación con la que le acompañaba, nuevamente, estaba siendo egoísta, pensaba solo en sí sin importarle los pequeños esfuerzos de Jaehwan por crear un ambiente ameno o al menos no tan denso; pensaba solo en sus sentimientos, en sus heridas, en sus derrotas, en que no valía la pena intentar corregirse y ser mejor por el simple hecho de serlo para sí.

-Ah~ está tan helado. –Quejumbró al instante en que salieron, notando la manera en que el menor lo vio de reojo.

-Todavía no hay nieve… Supongo esta helada será peor al año pasado.

-Ni lo digas, me volveré una paleta.

Sonrió un poco, caminando apenas a un costado de la fachada del lugar, bajo un techado de madera que parecía pulida y encerada, con lucecillas navideñas que creaban un ambiente cálido con su luz amarillenta. A sus espaldas, había jardineras altas con faroles alumbrando los arbustos y extrañas florecillas de temporada, por lo cual se recargó contra la estructura de concreto que finalizaba, para su fortuna, a la altura de sus codos, por lo cual pudo recargarlos ahí, viendo hacia la calle, hacia los pocos autos que pasaban cada cierto tiempo.

-Y… Dices que has estado bien… Mh, ¿alguna novedad en tu trabajo?

-Solo más carga y el mismo salario, nada nuevo. –Hizo una mueca, mirando a sus pies. -¿Qué hay de ti?

-Casi lo mismo, estoy tratando de conseguir un acenso y es difícil no quejarme. –Rió apenado, satisfecho de escuchar una risa por igual por parte de Hongbin.

-Ah, eres algo quejumbroso, seguro te es difícil.

-¡Trato de ya no quejarme tanto~! –Rió más amplio.

Hongbin rió de manera ridícula porque, justamente, Jaehwan se quejaba de ello.

-Ah, claro, como digas~… ¿Hay algún otro hábito que estás tratando de ya no hacer?

-Mh, he tratado de comer un poco de picante.

-¿Eh? ¿En verdad?

-Sí… Todavía recuerdo cuando tu mamá hizo pollo picante y verduras picantes para nosotros, la primera vez que fui y que ella no sabía sobre mi poca tolerancia al picante.

-Te dejó un trauma. –Rió bastante al recordarlo. –Todavía recuerdo tu cara… Tus ojos llorosos.

-OYE, no te burles… Mh, como sea… Eso fue un accidente, así que trato de tener un poco más de tolerancia.

-Por si llega a pasar de nuevo, ¿cierto?

-Así es. –Asintió rápidamente.

-… ¿Sabes? Hiciste que recordara algo.

-¿Qué cosa?

-Cuando tu mamá me tomó a mí como su asistente de cocina.

-Oh por Dios, ese día fue… -Suspiró, manteniendo una vergonzosa sonrisa en los labios.

-Me avergüenza que todavía no le he comprado una licuadora nueva.

-Ya han pasado, ¿qué? ¿Dos años de eso?

-Sí, dos años. –Sonrió apenado. –Fui todo un desastre.

-Pero mi mamá nunca pudo odiarte por… Quemar una licuadora. –Alzó una ceja, curioso por lo raro que esa frase se seguía escuchando.

-Entiende que yo no la quemé… Sola empezó a incendiarse.

-Las licuadoras no se prenden en llamas, Hongbin. –Aclaró con calma.

-Ah, ¡claro que sí! ¡La de tu mamá lo hizo!

-Bien, bien, como digas, mh~… Voy a fingir que te creo.

-… Podrá parecer que incendié la licuadora, pero al menos no rompí un reloj de mesa frente a tu padre.

-¡¿Tenías que recordarme eso~?! –Chilló e hizo un puchero dramático. –Tu papá ya había agarrado el reloj y por eso lo solté, estoy seguro que él lo soltó por igual.

-… “Voy a fingir que te creo~”. –Contraatacó, esperando por su reacción, sonriendo cuando notó el gesto de ofensa que le fue regalado.

-¡Hongbin~! –El nombrado solo sostuvo su sonrisa victoriosa. -… Bien, rompí un reloj de mesa frente a tu papá, pero ¿quién usa la ropa húmeda porque no se seca rápido y le da pereza ir y usar las secadoras de la lavandería?

-Eso lo haces tú, Jae~. –Rió. –Y te comes el cereal por colores.

-Al menos no soy un obsesivo compulsivo que limpia el apartamento cada media hora, ¿mh?

-¿Ah sí? ¿Y eso en qué es malo?

-Pasas más tiempo en ello que en otras cosas. –Expresó su herida honestamente, frunciendo un poco las cejas.

-No parece, pero lo estoy corrigiendo.

-¿En verdad?

-Sí. –Asintió un poco, mirando a Jaehwan con atención. –También… He tratado de aprender a cocinar, me quemé hace dos meses, eh, pero sigo intentándolo.

-¿Te quemaste? –Preguntó nervioso, mirándolo algo asustado. -¿Dónde? ¿Fue muy grave? ¿Has ido al doctor?

-He ido al dermatólogo, actualmente solo tengo una ligera marca… Fue en el brazo, está todo bien ahora.

-Qué bueno, ten mucho cuidado por favor.

-Lo tendré, no te preocupes.

-Bien. –Asintió, observándolo a los ojos por breves segundos antes de mirar a las lucecillas arriba de ellos. –Yo he aprendido a organizar mi ropa…

-Eso es bueno.

-… Así como tú lo haces, como me enseñaste.

-¿En verdad? –Preguntó después de algunos segundos de silencio.

-Sí… He ahorrado tiempo en las mañanas gracias a ti.

-Es un método que abue transmitió a mamá, ella a mis hermanas y ellas a mí… Es gracias a abue en realidad.

-Debes corregir eso un poco, ¿mh? Solo acepta los créditos que te di, los mereces.

-Trataré… Gracias.

No quería envolverse en silencio teniéndolo a su lado, porque sabía que éste se tornaría incómodo hasta cierto punto pero inevitablemente empezaban a ser más y más silenciosos, cruzaban miradas cada cierto tiempo y era extraño que ahora dijeran nada. Quería reír junto a él una vez más. Más que querer, lo necesitaba.

-¿Sabes qué más recordé? –Preguntó de pronto, posando las palmas de las manos en el concreto de la jardinera para impulsarse hacia atrás en un brinco alto y quedar sentado en el borde, esperando a que Hongbin hiciera lo mismo y así, una vez sentado a su lado, ambos volvieron a ver hacia la calle, como si estuvieran contando los autos que pasaban. –La vez que nos quedamos atrapados en la cima de la rueda de la fortuna.

-¿Cuánto tiempo estuvimos ahí? –Preguntó con una sonrisa ridícula en la boca.

-Casi una hora.

-Casi… Fue como una eternidad. –Sonrió nostálgico. -… “Azul”. –Murmuró el recuerdo.

-… “No… Rojo”. –Respondió, recordando a la perfección sus palabras, cuando habían apostado que podían distinguir los colores de los autos a pesar de la altura en que se encontraban.

-“¿Cómo sabes que es rojo? Era azul”. –Dijo cual si se tratara de un libreto que había aprendido de memoria, borrando la sonrisa de su boca poco a poco hasta quedarse en absoluta seriedad, esperando que Jaehwan no dijera lo siguiente o le tiraría un golpe.

-“Quiero que pierdas y me pagues”. –Murmuró, observando atentamente a su rostro, el perfil tan serio de Hongbin, tan inexpresivo, el cual parecía tornarse triste ahora.

Odiaba la memoria fotográfica de ese atardecer, el horizonte teñido de anaranjado, rosa y violeta, las nubes que distinguía con mayor belleza, los diminutos autos bajo sus pies por la autopista más cercana, la resignación de estar encerrado con su, entonces, novio en una cabina de la rueda de la fortuna, la demencia de pensar positivamente para no caer en el pánico de que morirían ahí, el absurdo juego que él mismo había creado, y el método de pago que Jaehwan había impuesto para el perdedor…

Su piel se erizó, pero no a causa del helado viento que sopló en el momento, sino por el tacto de la mano de Jaehwan sobre la suya, conociendo su intención, sabiendo que planeaba acercarse, de intentar hacer más presente su tacto, su presencia. Suspiró aliviado y saltó a la acera al instante que vio su taxi orillarse, tragó saliva y saludó con la mano al aire hacia el interior, viendo al taxista.

-Ah, gracias por pedirme el taxi… Eh, y por acompañarme.

-Sí, claro… -Asintió, bajando de la jardinera en un salto por igual, sacudiendo su pantalón. –Gracias a ti por dejarme hacerlo.

-Honestamente creí que no lo habías hecho y que era solo un pretexto para que estuviéramos a solas.

-“Honestamente” pensé hacerlo así… Pero alguien me enseñó a cumplir mi palabra, incluso en pequeñas acciones.

-¿Piensan subir o no? –Gritoneó el taxista cuando bajó la ventanilla. –Por favor, si no van a usar el servicio, díganme para atender a otros clientes.

-Ah, n-no señor, disculpe. –Excusó Jaehwan rápidamente. –Yo no, eh, creo que…

-… No hagas enojar al taxista y sube.

El mayor parpadeó repentinamente, mirando con cierta perplejidad a Hongbin sin entender por qué decía aquello, pero terminó subiendo a la parte trasera del vehículo cuando vio la mirada de reproche que el menor le daba antes de subir al copiloto. No lo entendía, ¿por qué Hongbin actuaba así tan de pronto? Tan impulsivo, espontáneo… Él no era así, él siempre tenía todo planeado, todo organizado, siempre había sido de esa manera, siempre era Hongbin el que parecía estar encerrado en un cubo de perfección lleno de sistemas y reglas por seguir, porque él mismo era todo lo contrario, un desastre caótico lleno de impulsos, de espontaneidad, de planes para nada organizados que se llevaban a cabo de manera improvisada todo el tiempo. ¿Y ahora resultaba que los papeles se estaban invirtiendo?

Claro… Ese era el propósito de tomarse un tiempo, ¿cierto? Era lo que se supone que harían, corregirse y mejorar el uno para el otro, porque… Seguían siendo pareja ¿no? Quiso ver el rostro de Hongbin y encontrar una respuesta, pero solo alcanzaba a verle el perfil, serio, callado, vista al frente.

-Gracias, pase buena noche.

-Gracias a ustedes.

-… Ah, g-gracias señor.

Con torpeza, Jaehwan bajó del vehículo cuando vio que el menor pagó, y se sintió un estúpido cuando Hongbin le observó como si no comprendiera qué hacía ahí parado. Debió quedarse adentro y pedirle al taxista que le llevara a su propio apartamento… Nuevamente, su idiotez lo aniquilaba, su impulso, su torpeza.

-¿Qué ocurre? ¿Dejaste algo en el taxi?

-N-no.

-¿Entonces? ¿Por qué me ves así? –Preguntó en lo que ingresaba al edificio donde vivía, subiendo los escalones hacia el tercer piso, escuchando los apurados pasos del mayor al seguirle.

-E-es que, es que, es que… Lo siento, ya me voy, no debí bajarme y ahora debo pedir un taxi para mí. –Negó un poco con la cabeza, sintiéndose por demás torpe.

-Mh, ya veo. –Asintió breve una vez que se quedó parado frente a su puerta, observando las placas de un opaco color dorado con la numeración 27. Tecleó luego la contraseña de la puerta principal, escuchando un “bip” sutil en señal de que la puerta ya estaba abierta, girándose un poco para verlo luego a los ojos. -¿Quieres que lo pida para ti? Después de todo, pediste el mío.

-Ah, sí claro, por favor, gracias.

-Bien. –Sonrió un poco, quizás para reconfortarlo y terminó de abrir la puerta, cediéndole el paso. –Adelante.

-Sí, sí, gracias.

-Ya sabes dónde van los zapatos~.

-Sí, gracias. –Asentía repetitivo, apenado, acercándose a la puerta de entrada antes de ser detenido por el brazo del menor que se interpuso frente a sí, apoyado sobre el marco de la puerta para impedirle el paso, a lo cual retrocedió apenas algunos centímetros. -¿Oh? ¿Qué ocurre?

-“Te apuesto el doble, Jae, que ese auto era azul”. –Terminó de expresar los recuerdos de la rueda de la fortuna, mirando al otro a los ojos, notando su confusión antes de sonreír con plenitud y mezclar en ese gesto cierta vergüenza que sintió al ser observado de esa forma.

-Hong…

-Si no pagas no entras, y si no entras no hay taxi. –Jaehwan rió suavemente, ladeó el rostro y parpadeó repetitivo tratando de asimilar lo que le acababa de decir Hongbin, tratando de asimilar la situación en general. –Tienes tres segundos Jae…

Pero el mayor no demoró ni un segundo más, no esta vez.

Hongbin cerró los ojos cuando los labios del mayor se unieron a los suyos y rápidamente rodeó su cuello antes de sentir los brazos ajenos acapararle la cintura, sintiendo que su estómago explotaba y que de este salían volando un millar de mariposas que revoloteaban por doquier, concentrando un hormigueo en su pecho que recorría su cuerpo con rapidez hasta llegar a las puntas de los dedos de sus pies y las palmas de sus manos. Abrió un tanto más su boca, trataba de no dejar ni un milímetro de esos labios sin besar, y unió una, dos, cien veces su boca a la ajena, trató de tatuarse eternamente ese sabor, ese tacto, lo que tanto había extrañado, besarle, ser besado, besarse ambos como dos novios enamorados, permitir que sus labios se fregaran cálidamente hasta que olvidaran cómo era respirar.

Lo sintió apartarse primero, la manera en que ese abrazo se volvía nostálgico, cómo escondía el rostro en su cuello causándole un placentero escalofrío al sentir su cálida respiración rozándole la piel. Por eso, paseó sus manos por su espalda, besó su patilla con dulzura y luego el contorno de esa oreja con peculiar forma.

-… Te he extrañado demasiado, Hong.

-Vamos adentro, ¿sí, Jae? –Preguntó con suavidad, sintiendo la forma en que asentía.

Se apartaron solo para poder ingresar al apartamento. Con cuidado, meticuloso, Jaehwan dejó el calzado en el recibidor, tal como Hongbin siempre solía acomodarlo y tal como le había enseñado. El menor, al ver su acción, sonrió un poco, cerró la puerta una vez ambos estuvieron adentro y luego se acercó al interruptor para encender la luz del angosto pasillo que les guiaba a la habitación, tomando una mano de Jaehwan para llevarla a su boca, besando su dorso antes de enlazar sus dedos con la intención de llevarlo consigo hacia las tan conocidas cuatro paredes que compartieron por años.

-¿No ibas a pedirme un taxi? –Preguntó confundido.

-Lo haré… Mañana, después del almuerzo, ¿qué te parece?

-… E-estás, ¿estás bromeando?

-No. –Sonrió, robando un rápido beso de sus labios. –No cocinaré TAN DELICIOSO como Taekwoon. –Escupió el nombre con cierto rencor. –Pero en verdad me he esforzado por aprender, ¿qué dices? ¿Te quedas para el almuerzo? –Preguntó ilusionado, encontrándose con sus ojos, los propios brillando esperanzados.

-Me quedo… Y así puedo ayudarte, la verdad es que le he pedido ayuda a mamá para que me enseñe. –Asintió, ingresando a la habitación de Hongbin, aquella que tanto había extrañado ver. –Y también, sigues siendo un celoso~.

-No parece pero he tratado de corregirme… Pero estos ojos no mienten, Lee Jaehwan, sé lo que he visto.

-Aprecio tu esfuerzo, pero sabes que Taek es mi segundo mejor amigo y el muy estúpido solo quiere hacerte enojar~. No le des el gusto.

-Muy tarde, lo hice. Era eso o ir personalmente a darle un golpe.

-… Se lo di por ti. –Rió bajo. –Fuerte y con el codo, tal como me enseñaste a hacerlo.

-Se lo merecía. Eso y más. –Frunció un poco más las cejas, alistando la cama con algo de coraje al recordar la mirada desafiante del otro.

-Sí, bueno… ¿Sabes qué merezco yo?

-Mh, ¿qué?

-¿Otro beso? –Murmuró de manera dulce, ganándose un almohadazo en la cara. -¡Oye~!

-Pijama y a la cama, Jaehwan, ya sabes dónde guardo la ropa de dormir.

-Ah~. –Suspiró. –Hay ciertas cosas que simplemente no cambian, ¿verdad?

-Como tu extraño gusto por pasearte en calzoncillos por todo el apartamento, lo sé, por eso te pido que uses ropa.

-¿Qué hay de malo en eso~? –Quejumbró. –Es libertad y comodidad.

-No hay nada de malo… Eso es lo malo.

Rieron por lo absurdo que era esa discusión, y cada uno terminó metido en la cama como mejor les pareciera su comodidad, su libertad. Jaehwan extrañaba tanto dormir abrazado a Hongbin, sentir su cómoda ropa floja, acariciarle el cabello de manera mimosa y jugar con la tela de la playera que siempre usaba amplia y holgada. Por su parte, Hongbin extrañaba dormir abrazado a Jaehwan, sentir su piel con las yemas de los dedos hasta erizarla, acariciarle los brazos o abdomen sabiendo a la perfección dónde estaba cada uno de sus lunares.

-Buenas noches, Jae. –Sonrió feliz al sentir su mano jugando con su cabello, cerrando los ojos.

-Buenas noches, Hong. –Murmuró con una sonrisa en los labios cuando la mano ajena acarició su abdomen.

-… ¿Todavía me amas? –Preguntó temeroso, acomodándose lo más posible a su lado.

-Todavía te amo, ¿por qué no lo haría? ¿Acaso tú ya no lo haces?

-¿Estás loco? Yo también te amo, todavía… Es solo quería escucharte decirlo.

-Mh, ¿eso querías~? –Sonrió, besando su cabeza.

-Sí… No… Más bien, lo necesitaba.


FIN