Humano

Summary

Tsubasa es esas personas que aunque el mundo esté cayendo ellos buscan y encuentran la manera de detener el desastre. A veces cuando la situación lo consume me asusto, si Tsubasa le afecta mucho es porque la situación está muy jodida. Últimamente lo veo cansado y decaído, todos lo saben, saben que hay un nudo en el cuello de Tsubasa que nadie puede desenredar. Siempre está felíz, mentira, sabemos que algo lo tiene inquieto por las sombras.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1 — Violentas Espigas

He aquí, Tsubasa, sé que amas el fútbol pero ¿En verdad amas jugar?


Tal vez la fama te comió la cabeza, o la perfección.


--


Esto es terrible.


Las noches de invierno en un 30 y 25 de diciembre siempre han sido las peores, siempre me come una inquietud que hasta ahora nunca ha querido saber de qué se trata, el frío es como el del polo norte y la soledad luego de una fiesta junto a mucha compañía me mata lentamente.


Lo normal es que me pregunte cómo hacen las demás personas para superar esto para yo encontrarle de alguna manera, una vía de escape. Siempre lo consigo, por esa razón soy la cabeza de cualquier proyecto a gran escala.


Es fácil saber cómo actúan las personas luego de estar un día con ellas, y es fácil aún más saber utilizarlas luego de mucho tiempo de su presencia.


Me sabe bien que quedara actualmente fuera del liderazgo de mi mundo, siempre puedo dar una opinión y raíz de ello el líder elige lo que a largo plazo sería una opción correcta a lo que yo hubiera hecho.


Sin embargo con tantas mentes maestras a su alrededor me hace difícil hacer que el rumbo de la situación tome lugar a un escenario que haya predeterminado con tiempo.


Ahora, si de Tsubasa es quién hablo, probablemente tome en consideración mi opinión sobre todo los demás.


Suena muy egocéntrico y creído de mi parte decir eso a secas, pero es la verdad.


Siempre ha sido así, y aunque hayan veces en las que no tenga algo que opinar busca de alguna manera escuchar lo que tengo en la cabeza.


La última temporada de los juegos olímpicos fue toda una locura; fue increíble, agotador y muy frustrante, demasiado para mí. Pienso: cada vez las personas se tratan de sobrepasar más de lo que ellos mismos puedes lograr, y lo logran.


No tengo idea pero espero que no solo ocurriera en el futbol, todos los juegos fue presión constante. Jugábamos lo mejor que podíamos y no veía algún deterioro en nadie, todos carecíamos de lesión alguna y sin embargo fue rudo llegar a la penúltima partida.


El único que no estaba participando en el campo era Misugi que por los lados técnicos hacía su mejor esfuerzo. Tuvo que retirarse en el partido final para sobresalir del bloque B contra Polonia, realmente su enfermedad le ha pegado fuerte y con la pandemia lo tienen prácticamente como una muñeca a punto de romperse, solo juega cuando lo creen necesario.


Diría que es un poco impotente pero prefiero verlo vivo y no que se haga el héroe en algún partido.


A raíz de ello Tsubasa empeoró aún más.


Hace meses se notaba que no disfrutaba ver tan solo un balón, el primero en notarlo fue Sano mientras bajaban una escaleras y casi se va de largo.


Sano había pensado que era el cansancio de haber terminado la semifinal de las Champions con una derrota absoluta, pero se percató que los ojos de Tsubasa se entrecerraban por segundos, no era algo alarmante pero siendo de él si despertaba una alarma en mí cuando Ryo me contó lo de Sano.


Poco a poco empecé a estudiar más a Tsubasa y como cambió su actitud de un tiempo a otro, tal vez es mi culpa no haber notado esa pequeña discrepancia y haber bajado la guardia por tan solo unos segundos, o solo es que estaba igual de estresado que todos los demás tratando de calcular todo a la precisión, mejorando y matandome en el gimnasio y en los entrenamientos privados.


Pero aún no lo entiendo, cómo dejé que eso pasara, hablo muy seguido con Tsubasa y aún así no noté como el reflejo del sol ya no se posaba en sus ojos, fue muy tarde cuando todos quisimos hacer algo al respecto y me maldigo por eso.


Sabemos muy bien que aunque Tsubasa es el capitán y esté capacitado para ese puesto no siempre tendrá las respuestas a todo, aunque tuviera una larga racha de tener una, nunca dejaría que todo recayera en él, cinco personas estábamos detrás de él para que no cayera.


Parece ser que Tsubasa nunca nos tuvo en cuenta.


Me acerqué a él un día de entrenamiento y lo invité a casa, tal vez fue muy mal de mi parte hacerlo y no darle la idea, mi egoísmo me lleva a lugares muy lejanos.


Llevé a un ex compañero de Bayern que estudió carrera de psicología para que viera a Tsubasa y me diera su opinión, pasamos y largo rato conversando y disfrutando del día en mi hogar hasta llegada la noche, era hora de que mi amigo se fuera a casa.


Un despiste en el que Tsubasa fue al baño le pregunté qué decía de él.


Nunca tuve que haberme metido en este problema.


Me asusté más de lo que esperé, estaba preparado mentalmente para la respuesta que él me daría y aún así no lograba descubrir qué hacer ahora.


Y después de todo lo despedí con una serenidad que ni la persona con más paz podría dar.


No logré llenar de claridad el asunto porque no quería aclarar el asunto, el qué hacer a partir de ese segundo cuando escuché la puerta de algún cuarto abrir y escuchar pasos salir de ella.


“Genzo, de verás, deberías dejar que él mismo haga lo correcto, no hagas alguna estupidez y habla con él."


Recuerdo muy bien lo que pasó a continuación, tragué fuerte y me armé de valor. Hablé con Tsubasa y una cosa llevó a la otra.


Ahora soy yo el que piensa seriamente ir al médico. Han pasado meses y solo noto un empeoro en Tsubasa.


Siempre se queda colgado mirando a algún lado incluso cuando le hablo, gracias a ello las conversaciones entre los dos han bajado notablemente, siempre que le pido o digo que haga algo lo hace sin pensar y sin ganas, me molesta mucho esa sumisión de su parte y aún no tengo idea de qué hacer.


¿Qué harían otras personas en mí lugar?


Hablar con él de verdad.


Los primeros días de Tsubasa al llegar a mi hogar de forma permanente fueron los más felices que pude tener, se sentía como hablar junto de nuevo como lo hacíamos siempre. Desde que se mudó con Sanae no había sabido nada de su vida, ni siquiera en los entrenamientos me daba la potestad de hablar con él a menos que fuera necesario. Fueron días de paz cuando la luz se ecendió.


Y si la tormenta no viene antes que la calma la calma vendrá después de la tormenta.


Las horas pasaban a días, y los días a semanas y solo conocía mejor la fase de un Tsubasa hogareño. Era muy pulcro y limpio y... Me extrañaba un poco, tal vez era porque no entrabamos en total confianza. Veía como día a día tenía una rutina de ejercicios que hacía con arduo fuego en sus ojos, mi rutina en casa llevaba más horas y él se quedaba acompañándome solo con la mirada.


Hasta ese punto no sabía si ya era paranoia mía, pero sentía los ojos de un muerto observando.


Comenzó lo peor.


Día a día disminuía la rutina mañanera de mi acompañante, así como la rutina de la tarde y la noche.


Llegó un punto al que solo hacía media hora de ejercicio al día, su físico se notaba poco marcado pero no al punto de notarse en verdad, sus expresiones faciales eran neutras cómo penumbra y solo se dedicaba a verme. Así en todo.


Cocinar, lavar,  limpiar, organizar la librería, verme arreglar algo. Le pregunté en algún punto para no ser tan descortés por qué no intentaba hacer cualquiera de las cosas que hago, me dijo que era mejor verme haciéndolas, que yo lo hacía mejor que él. Habían veces en las que lo obligaba a hacer al menos el desayuno, cumplía con mi orden porque era mi orden, no lograba nada ordenandole qué hacer, lo dejé en paz.


Cómo siempre en todo hay un inicio y en él su sonrisa seguía aplicada ahí, llena de esperanza y vida, sus ojos aún me miraban con curiosidad, siempre me ha dado ese sentir de que también quiere hacer cualquier cosa rutinaria, pero algo siempre lo detiene de abrir la boca.


Hice todo lo posible a mis manos de darle una vida sana a Tsubasa desde que poco a poco las porciones de comida dejadas eran cada vez más grandes, aún pensaba qué debería hacer, poca era la valentía de llevarlo a una persona con más conocimiento.


Las veces pasaban por mi mente y perdía la cuenta, él tal vez no sabía lo que le ocurría, o tal vez sí y dejaba que todo transcurriera.


Nosotros somos cercanos desde que nos conocimos, pero ahora es un enredo absoluto. Físicamente estamos unidos como perro a su correa y mentalmente estamos como un refrán sin fin. Nos desentendemos mucho. No logramos llegar al punto en concreto al hablar con el otro, logro saber cómo actúan las personas con tan solo escuchar una oración de ellas pero Tsubasa es un libro rayado para mí, no logro acostumbrarme a este "él" de ahora.


¿Acaso no debería de hablar seriamente con él sobre ir a un psicólogo?


Nunca lo logro.


Siempre he sido avispado en el tema de decirle sus verdades a cualquier ser que respire en este planeta pero a ese tipo siempre es un poco difícil, siento mucha pena al hablar con él luego de tanto que hemos pasado juntos, me da mucha pena aunque comamos en la misma mesa diariamente, aunque durmamos en la misma cama, aunque cosas peores nos hayamos dicho anteriormente. El nudo en mi garganta se siente cada vez peor de lo que había imaginado cuando mis cercanos hablaban de ese sentimiento en momentos de presión en algo tan simple.


Mis hermanos hablan conmigo muy seguido y ellos saben sobre Tsubasa, no detalladamente pero de conocer su existencia lo hacen. En el cumpleaños de Tenma los cinco estuvimos en una mesa más idos que un borracho en la calle, pasaron toda la noche haciéndole bromas y hablando hasta de la marca de zapatos de los demás invitados con Tsubasa. Nadie recordaba muy bien lo que había pasado el día anterior, a ellos les gustó mucho la presencia de Tsubasa, siempre que me llaman preguntan por él y cuando volverán a verlo, siento celos que estén más al pendiente de él que de mí.


Pero cómo me podría quejar, Tsubasa encaja en cualquier lado. Su sentido de socializar parece ser de nacimiento o hederitario, logrando siempre caerle bien al que lo vea aunque sea. Ese siempre es Tsubasa a primera vista. Todos lo aman, todos lo quieren.


Cómo le podría decir a la gente que Tsubasa es una cáscara vacía. Me enoja tanto las personas doble cara.


Tsubasa nunca fue doble cara en sus veintiséis años de vida, pero se sentía como si lo fuera.


Las primeras flores de primavera florecían y poco a poco dejé de estar muy al pendiente de Tsubasa, fuí cayendo lentamente, mi mente no paraba de decir:


"Creo que no seré capaz de ayudarlo."


Dejó de interesarme él y sus problemas, aunque eso no significa ignorarlo. No hablabamos en lo absoluto no obstante hacíamos nuestros quehaceres diarios, cuando Tsubasa terminaba si no tenía nada con su equipo se recostaba en el sillón de la casa y si no dormía se quedaba viendo el techo. Qué tanto pasa por su mente que si tiempo se va en solo pensar, ni siquiera prende la televisión para ver las noticias.


Hay veces en las que la noción del tiempo se le va, e incluso se le olvida dónde está.


Tengo que hacerlo.


Tengo que hablar con él.


Tengo que decírselo.


Me siento impotente, unas simples palabras no pueden salir de mi boca, me molesta tanto.


Me molesta tanto estar de niñero con él, debería ser lo suficientemente autosuficiente como para hacer todo ello él solo.


Lo egoísta que puede ser a veces me enloquece. Toma y busca solucionar los problemas de todos por su cuenta, siempre terminamos ayudándolo pero si decisión queda fuera de lo que alguna vez le dimos como consejos, suda y tiene un tic por momentos en su mano buscando la respuesta en un montón de incógnitas sin describir. Después cuando estamos en casa suelta un suspiro, cansado; ese cansancio no es físico sino mental. Tsubasa de usar la fuerza que la cabeza y no haber aprendido desde pequeño a igualar ambas partes lo hace a largo plazo un problema que le afectaría en los próximos años de vida.


Se recuesta en la cama, tenso, no logra encontrar una manera de pasar a el mundo de los sueños.


Entré muchos descubrimientos que he conseguido al paso de estar a su lado me percato que le gustan las canciones tarareadas, tal vez fue porque aún guarda recuerdos de su más dorada niñez y encuentra una forma de desestresarse con el tan solo oírla, no soy el mejor cantante, Tsubasa no me agradece con palabras que cante aún después se nota un poco más apaciguados para otro día más de estrategia en el equipo.


La noche debería ser la hora en la que las personas encuentren forma de olvidarse de su alrededor por al menos unas horas, para Tsubasa no es como si eso le hiciera un favor, raras son las veces en la que lo veo tener una noche normal, de usual manera el reloj marca las en punto y él aún sigue despierto.


¿Haciendo qué?


Solo él lo sabe, él es sus pensamientos.


Hubo una vez, una pelea, gritos por parte de ambos se escucharon por un buen tiempo, llantos de los dos igual, casi se va de casa, los dos nos conocemos muy bien como para saber que yo nunca permitiría eso. Terminamos los dos abrazados en la cama buscando la manera de perdernos hasta el día de mañana.


Después de todo fue una promesa. En su tiempo pensé que tan positivo hubiera resultado todo si al final lo hubiera dejado ir, ¿Hubiese tal vez conseguido avanzar en mi vida?, Estar con Tsubasa se siente estar estancado, se siente hundirse en arena sin manera de salir, como abrazar un cactus, cómo estar con activista, aún lo sé, me conozco muy bien y todo lo anterior jamás lo dejaría ni por un millón de billetes.


Se volvió mi día a día, no lo podría dejar tan fácil, aunque esté cansado de él y de todo esto, aún no he caído por completo. Sé que no es su culpa y sé que no podría estar enojado por una eternidad con él. Tal vez sea solo mi culpa y ya, así de simple.


Sentía un remordimiento creciendo en mí, todo se detuvo y ya no íbamos ni para adelante ni para atrás. Comparado antes se sentía el tiempo de una manera lenta pero segura, ahora en definitiva no había un futuro para hablar y tampoco un pasado por el que arrepentirme. Los dos estamos bajo el mismo techo compartiendo presencia pero nunca hemos estado viviendo juntos como una pareja normal.


Cierro mis ojos y recuento todo lo que ha pasado, cómo ha resultado y qué me deparará como un futuro.


Suelto un suspiro. En estos instantes no logro organizar mi mente. Desde que esto comenzó, desde que Tsubasa me llamó y Sanae y yo compartimos palabras y opiniones todo se ha sentido fuera de sí.


Si solo Sanae hubiera tenido agallas para afrontarlo ella sola... Si tan solo la estúpida de Sanae hubiera tenido ovarios, pudo haberlo hecho y yo no, nunca quise estar tan junto a Tsubasa, no cómo ahora.


Y ahora, a 15 minutos de iniciar el partido más importante de nuestras vidas y otras 20 personas más en el cuarto, los susurros reinan el lugar.


Tsubasa está a unas bancas alejados de los demás mirando al piso, si lo vieras pensarías que está muerto por el corto tiempo en el que respira.


Taro se acercó a él y se agachó, iniciando una conversación. Solo lograba notar las expresiones de Misaki, parece ser que tenían una conversación amena, notaba más movimientos corporales por parte de Tsubasa, aún así no dejaba de mirarlo con cautela.


Suspiro y me recuesto de la pared, ha pasado tanto tiempo y todos hablan de cómo Tsubasa está más reservado más de lo normal desde que Misugi no está.


Ahora todos estaban conociendo la verdadera naturaleza de Tsubasa Ozora.


Sabían que Tsubasa ya no era el chico hablador que siempre tenía palabras de aliento al equipo antes de salir, una respuesta a todo y ánimos para el más desanimado, ese Tsubasa se fue de sabático y no volverá.


Estábamos con una mala racha de partidas a las cuales hemos salido victoriosos de suerte, no le he puesto interés a nuestra situación colectiva por estar al pendiente de él, me importa mucho el resultado final de este juego, gracias a este juego tendré una repuesta a mis preguntas.


"¿No crees que va siendo hora ya?" Interrogó Ryo, recostandose a mi lado.


"¿Hora de qué?"


"Sabes muy bien a lo que me estoy refiriendo, Genzo Wakabayashi..."


"Ush, hablas como Sanae." Volteé los ojos para otro lado, perdiendo de vista a el capitán.


Ryo me apretó un poco el brazo tratando de crear algún tipo de dolor.


"Tú te quisiste hacer cargo de esto, por eso Sanae te lo dejó en tus brazos ¿o es que acaso piensas ignorar por siempre el acuerdo que hicieron los dos?" Levantó un poco su tono.


La palabra Sanae era como un chirrido de pizarrón insoportable en mi cerebro.

__


"...Wakabayashi-San, espero y estés seguro de lo que estás haciendo, sabes que no puedo ayudarlo pero..."


"Lo sé, Sanae, no te preocupes".


"...y aún no sé con seguridad si tú también".


Sentí un mal bien en mi estómago, no tomé el suficiente interés al revuelo que había en mi interior por estar expectante a lo que haría ella después de ese cierre tan incómodo.


Me soltó los hombros y miró a un lado, buscando unas últimas palabras por decir


"Por favor cuidense, cuídate, y cuídalo, confío en que logrará estar mejor con alguien que lo conoce más que yo".


Un abrazo se sintió como una apuñalada por parte de los los, sería la última vez que hablaríamos por años.


"Cuídate, Sanae".


"Yo estaré bien, eso está de más, cuídate tú, de verdad, hazlo".


Desde que creció siempre fue tan sentimental y ha estado más al pendiente de los demás que de ella misma, parece a Tsubasa, iguales no se llevan.


Aún no logro saber cómo fue que Sanae no lo quiso más, hasta no mucho después.


Me quedé pensando por un largo rato el peso que se sintió el cuídate de Sanae..."


——


Miré de nuevo a Tsubasa, por primera vez sentí algo nuevo hacía ese hombre, algo que nunca quise admitir.


Sentí pena.


Siempre quise convencerme que él es como yo y no éramos alejados del otro.


Nunca me dí cuenta que los dos estábamos en los extremos de un cable, siendo alejados por la electricidad y sin manera de cortar la onda.


¿Cómo dejé que la culpa hacía Tsubasa me llevara tan lejos?


Quería llorar, hubo un punto en el que empecé a odiar a Tsubasa por su forma de actuar.


Se sentía como un deja vú, como si estuviese nuevamente en ese verano cuando ví a un pequeño con una pelota de fútbol entre sus pies, espectante a cada movimiento que hacía, un gato cuidando a su presa.


Taro se separó de Tsubasa y se acercó a nosotros, no dijo nada, solo me miraba, supe que era mi momento de tener una última conversación con él antes del partido.


Me senté a su lado de la banca y lo abracé para poder acercarlo, no me importa cualquier cosa que creyeran los demás, éramos todos los suficiente cercanos como para hacer prejuicios del otro, además, los dos le dábamos la espalda a todo el grupo.


"¿Cómo te sientes?" Froté un poco su brazo. Se sentía raro abrazarlo sin otras intenciones que escuchar.


He sido muy egoísta y cobarde todo este tiempo.


No puedo dejar de serlo, nunca aprendo.


"Bien no te preocupes". Sonrió, daba su mejor mueca para luego apoyar su cabeza en mi pecho.


Es un completo mentiroso, me hierve la sangre que me diga que esté bien, meses viviendo juntos y aún no logra hablar con claridad conmigo.


Agarró mi mano libre y empezó a jugar con ella, jalaba mis dedos o la entrelazaban con su mano.


Poco a poco me doy cuenta de algo nuevo.


"Siempre estaré para tí, no se te olvide eso por favor" Cerré mis ojos con fuerza apoyando mi cabeza con la suya, sentía como trataban de salir las lágrimas. Solamente tal vez hasta el punto en dónde estamos no logro aceptar que Tsubasa tiene depresión.


"No te preocupes, lo sé". Apretó mi mano en ese pequeño susurro, en algún punto notó que mi voz se fue por unos segundos.


"En serio, no solo yo. Hay muchas personas atrás de nosotros que confían en tí y se preocupan por tí tanto como yo. Has tu mejor esfuerzo y no importa lo que resulte después de esto, sigue adelante con lo tuyo".


Silencio.


"Dedícate a amar de nuevo, Tsubasa, te quiero."


"Los quieren a todos afuera, vayan saliendo ahora". Una voz intrusa llamó a todos.


"Gracias, de verdad gracias". Me dió dos palmadas en la mano.


"Espera". Lo agarré de la mano y ví como sus ojos por unos segundos se llenaron de un tenue brillo, ese azul se notó por unos segundos como un azul del cielo ", tal vez, deberías pensar ir al médico ¿No crees?, Te apoyaré en todo, de verdad". Ya no era tanto compromiso lo que decían esas palabras, ahora había también dedicación y preocupación en ellas.


Una sonrisa dulce y sus ojos viejon la profundidad de los míos, se sentía bien sentir el


"Claro, Genzo".


Me levanté para poder verle mejor e ir con los demás.


"Hagámoslo juntos, Genzo, ayúdame".


Ese día ganamos el partido, fue igual de rudo que antes no había cambiado la dificultad en nada.


Pero Tsubasa se le notaba unos aires más tranquilos, algo había cambiado hoy, no solo por esa victoria.


Por fin logré avanzar.


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Humano, porque tu bondad no te llevó al lugar que querías llamar felicidad.