Primera Parte: Capitulo 1
Mientras el sol comenzaba a ocultarse, muchos hombres y mujeres buscaban refugio ante la tempestad que se avecinaba.
- “Lo siento en mis huesos, una gran tormenta se acerca ¿no cree que ya deberíamos entrar?”- Decía un joven beta mientras vigilaba a su amo, un pequeño niño pelinegro de 8 años que miraba fijamente la entrada con sus ojos avellana , un rasgo distintivo de su familia, la familia del general Stelian Alexiou.
La brisa que cada vez se intensificaba movía delicadamente las hebras de su cabello era acompañada por un cielo cada vez más oscuro adornado por relámpagos que haría correr a cualquier cuerdo, pero el niño no parecía inmutarse.
- “No tenemos tiempo, amo. Aún podemos esperarlo dentro”
El niño guió su mirada hacia el beta al escuchar su pedido. - “Fermin esperemos un poco más, él llegará pronto."- El hombre aún parecía escéptico, sabía que debían entrar pronto.
El pequeño pelinegro al observar que dudaba puso una tierna expresión, conociendo que esa era la debilidad de su fiel sirviente, el hombre lanzó un leve suspiro y asintió ante el pedido del niño. El menor solo le dio una cálida sonrisa y volvió a dirigir su vista hacia la entrada.
Pasaron apenas unos minutos, cuando un pensamiento invadió la mente del menor. -“Fermín, ¿y-y.. si le paso algo?”- El niño que siempre trataba de mantener un tono neutral, pero no pudo evitar titubear, demostrando así su nerviosismo.
Este hecho no pasó desapercibido por el pelirrojo, él sabía que su pequeño amo estaba preocupado. Stelian había ido a una expedición hace más de seis meses. Al momento de partir le prometió a su hijo que volvería antes que el invierno empezará.
Hoy era el día en que la primera tormenta de temporada caería, el no creía que le pasaria algo al general era un alfa dominante después de todo, que no solo ocupaba el cargo por su linaje sino por su gran capacidad en combate y liderazgo, Fermín podía dar fe de eso, el mejor que nadie lo sabía. Instintivamente tocó su nuca, el lugar exacto donde antes estaban las glándulas que lo definían como alfa.- “Lo dudo, el general es muy fuerte.” - Le brindó una sonrisa amistosa, que rápidamente cambió a una de temor al escuchar un trueno, no es que le temiera a los truenos, le temía que cayera un rayo sobre su cabeza si no fuera el adulto correría a refugiarse.
-“Tienes razón, ya debe estar por llegar.”- El pelirrojo solo asintió, unos segundos después fue sorprendido de nuevo por el estruendoso ruido, eso fue suficiente para él, trataría de convencer de nuevo al pequeño de entrar y el sabia exactamente como hacerlo.
- “Joven Amo, regresemos pronto, si su madre se entera que no está, podría matarme si nos descubre aquí y usted no quiere eso ¿verdad?" - con un tono preocupado para darle más dramatismo.
- “Esperemos un poco más, pronto llegará mi padre. Además mi madre no te hará nada a ti."
¿Cuándo sería pronto? Aquí afuera mi vida peligra.
Antes que el hombre respondiera escuchó unos pasos detrás de ellos. -"No te preocupes Fermin, no te pasara nada a ti. Pero no puedo decir lo mismo de Leander"- El niño sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, sabía que estaba en problemas no tenía permiso para estar afuera, suspiro y tomó valor para mirar a su madre, giró lentamente hacia la dirección donde estaba la omega castaña junto a dos omegas que la acompañaban.
La mujer mantenía una actitud serena; sin embargo, sus feromonas eran aterradoras, lo que asustaba más al niño. Al verla no pudo pronunciar ninguna palabra, solo atinó a agachar su cabeza, sabía que sus ojos verdes le lanzaban una mirada inquisidora.
- “Ander te había dicho que no salieras."
-"Ma-madre yo… yo solo salí por un momento." - Mentía había estado cerca de una hora afuera.
- “Fermín entra.”- Su tono era severo, todo su cuerpo se estremeció.
Ella sabía que mentía.
El beta miró con algo de pena al niño quien aún mantenía su cabeza baja.
- “Sí señora."- El pelirrojo y los dos omegas se retiraron rápidamente del lugar, dejando a solas a la mujer y su hijo.
Una vez solos la omega se acercó al niño y con un tono serio dijo.- "Leander, mírame". Las lágrimas comenzaban a acumularse en sus hermosos ojos color miel , el niño no levantó la mirada con miedo al regaño que recibiría.
- “Madre, lo siento solo quería ver a mi padre, lamento haberte mentido." su mamá tomó su rostro de forma cálida y comenzó a limpiar sus mejillas que ya habían empezado a estar empapadas, el aroma de sus feromonas ya no lo asustaban tanto. El niño levantó su mirada encontrándose con la mirada de su madre, sus ojos mostraban tristeza.
- “Está bien, no estoy enojada por eso" - La mujer mantenía su tono neutro con el que siempre trataba sin embargo sus palabras desconcertaron al niño,- “Leander me molesta que agaches tu cabeza, nunca lo hagas ante nadie". La mujer limpió las lágrimas de sus mejillas y decidió hablarle de una manera más gentil. - “Hijo no me molesta que esperes a tu padre o que mientas por ese motivo. Pero si me molesta que muestres debilidad tan fácilmente.”- La omega hizo una pausa y lo miró preocupada, sabía que el pequeño sería un omega como ella, no quería que por su segundo género fuera denigrado ni mucho menos que él lo permitiera, a pesar que el título de su padre lo protege de tener un destino cruel al que eran sometidos los omegas, él debía aprender a defenderse solo. -”Leander quiero que me escuches con atención, para nosotros los o…, para nosotros es muy complicado ser tomados seriamente en la sociedad, muy pronto comprenderás que un solo titubeo y te destruirán mi pequeño. " -
El niño pudo ver que su madre parecía triste, no entendía porque decía eso, pero si le ponía mal ese motivo no dejaría que tuviera miedo.- “No te preocupes, no te defraudare más.”- La castaña parecía algo aliviada por su declaración, abrazó al más pequeño - “No te defraudare madre.”
Se escucharon truenos y poco después comenzó a llover, la omega tomó en brazos al pequeño quien se acurruco en los brazos de su madre, ambos entraron dentro de la casa.
Papa no cumplió la promesa.
Fue la tormenta más fuerte que el pequeño hubiera presenciado en su corta vida. Cerca de la media noche aun no podía conciliar el sueño por los truenos, así que estaba junto al soñoliento beta leyendo unos papiros de historias fantasiosas, bueno Fermin le leía mientras el pequeño aun miraba por la ventana esperando a su padre, la tormenta había descendido un poco.
Quizás esté cerca
- “... el pequeño omega cuando vio al apuesto alfa sintió que su corazón saldría de su pecho, era la primera vez que una esencia lo hacía enloquecer, sintió como su lubricante salía por….”- El pelirrojo al darse cuenta lo que leía se detuvo, un leve sonrojo cubrió sus mejillas, esta historia no era para niños.
- “ ¿Por donde?”
- “ Eh?”
- “Te quedaste en que algo salía por algún sitio, continúa.”- El leve sonrojo se extendió por todo su rostro. -“¿Por donde salía?”- Rápidamente estrujo el papiro en sus manos y lo escondió.
- “Oye ya es hora de dormir ya no se escuchan los truenos, además tu tutor vendrá mañana y no le digas a tu madre nada de esto.”- Se acercó a la ventana con la intención de cargar al pequeño hacia su cama.
- “¿Decirle nada de que?”- Fermín suspiro parecía que la falta de interés de Leander por la lectura que le habían obligado a leer lo había salvado. - “Te refieres al lubricante.”- El niño le lanzó una mirada pícara, a veces era demasiado inteligente para poder controlarlo.
- “Bueno entonces si, no le digas nada o si no yo….”- Se escuchó el trote de los caballos ingresando a la propiedad, el niño asomó el rostro por la ventana habían llegado cuatro caballos cada uno con un jinete, el pequeño respiro profundamente sabía que su padre había llegado era imposible confundir el olor almizclado que siempre estuvo presente desde el momento que nació. Salió rápido de su habitación, seguido por Fermin.
El general había llegado después de la medianoche, luego que acabara de llover. Era un alfa imponente de cabello negro y ojos color miel, se encontraba empapado, su cabello mojado caia sobre su rostro dandole un aspecto mas jovial pero no parecia importarle. No había dejado de cabalgar, quería estar al lado de su familia.
Al entrar a su hogar fue recibido por seis de sus sirvientes, cuatro betas y dos alfas. Los alfas se encargaron de los caballos, mientras que los betas rápidamente le brindaron algo para secarse a él y a sus acompañantes.
Stelian era seguido por tres alfas.
Dos hombres de ojos azules y cabello azabache con un corte militarizado, eran los gemelos Dylan y Liber dos alfas dominantes que eran conocidos por su gran habilidad de pelea, se decía que cuando ambos peleaban juntos no había nadie que los detuviera excepto el general. Liber era el menor tenía fama de mujeriego mientras que Dylan tenía fama de sanguinario. Ambos alfas eran seguidos por un tercer alfa, era más joven que los otros tres hombres, su cabello era rubio, tenía ojos verdes y mirada tranquila quien agradeció al pequeño beta que le había proporcionado una toalla para secarse.
Liber reía alegremente mientras su hermano gruñía porque su superior lo había hecho venir en medio de una tormenta, camino que bien pudieron hacer en la mañana.
- “Maldita sea, enfermare por la gran idea que se te ocurrió general.”
- “No te quejes tanto Dylan, podías quedarte en la bahía.”- Dijo el pelinegro de ojos avellana mientras parecía buscar algo.
- “No recuerdo que hubiera habido tal sugerencia general. Debió dar la orden antes de tomar su cabello y salir como si el mundo acabara.”
- “Oh ya cállate” - Dijo el otro ojiazul- “Tú lo seguiste como un perro, sin que diera la orden.”-
- “Y tú me seguiste aquí imbécil. ¿En qué te convierte eso? eh idiota”
- “Claro alguien tiene que cuidar tu culo.”
- “Te demostrare quien necesita cuidar su culo pequeño….”
- “Ya basta.”- El alfa de ojos miel usó su voz y ambos hermanos se tensaron.- “Tenía que llegar pronto, tenía que cumplir con algo que prometí…. aunque sea tarde. Además ninguno de los 2 fueron invitados”- Ambos alfas se le quedaron mirando, Dylan quería gruñirle por usar su voz en ellos, ¿cómo se atrevía a regañarlos? Los 3 eran alfas, fueron a la misma escuela juntos, tenían el mismo estrato social y aun así siempre bajaban la cabeza ante el. Lyber que parecía no importarle, lo detuvo antes que iniciara una estúpida pelea en la que su hermano claramente perdería.
- “Papaaaaaa.”- El pequeño niño que había esperado toda la tarde por la llegada de su progenitor, llamó la atención de los 4 alfas. Corrió hacia su padre que aligero su expresión ante la llegada del pequeño, detrás de él venía su madre, uno de los omegas que siempre la acompañaban. Y Fermin quien esperaba que el pequeño no se cayera.
El alfa acortó el camino del pequeño y lo levantó con sus brazos, le dio un tierno beso y lo abrazó. El niño se acurruco en los brazos de su padre mientras olfateaba su aroma. El alfa también olfateó al pequeño, notando un pequeño cambio.
-“Papá, te extrañe. ¿Tu me extrañaste? Quiero contarte varias cosas.”- Dijo entusiasmado el niño, mientras una pequeñas lágrimas comenzaron a salir, temía tanto no poder verlo, sentía como la calma lo inundaba escondió su cabeza en el cuello de su padre su madre le había dicho que no se mostrará débil. Se aferró más a su padre tratando de calmarse.
-“Ander, mi pequeño cachorrito, claro que te extrañe, mírate, has crecido mucho.”- El alfa levantó su mirada viendo a su omega que no dejaba de mirarlos. Para cualquiera que la viera pensaría que a la omega no le importaba la llegada de su esposo, sin embargo él la conocía mejor que nadie, el lazo inquebrantable que ambos compartían se lo decía, desde el primer momento alfa y omega se pertenecieron, eran compañeros que estarían juntos hasta el final.
Estaban tan enamorados como la primera vez que se vieron.
Aunque ciertamente parecía que algo le molestaba a la omega.
Regresó la mirada hacia su hijo que aún se resguardaba en sus brazos- “¿Qué haces despierto tan tarde? Tu madre nos regañara a ambos.”- Miró asustado hacia la dirección donde estaba su esposa, fingiendo que nada pasaba. “Cariño, te he extrañado mucho. Te ves tan hermosa como siempre.”- La mujer no respondió, el alfa trató de cambiar de tema.- “Oh, mira este es mi nuevo asistente, Bemus.”- El joven alfa solo inclinó su cabeza en señal de respeto a la omega de su superior.
Mientras que los otros dos alfas se reían, esto no pasó desapercibido por la omega, que apenas vio a ambos hombres su cuerpo se tenso había tratado de evitarlos pero su irritante risa fue difícil de ignorar, la presencia de esos dos alfas le desagrada, en especial la presencia de Liber, odiaba que su alfa los trajera, si bien su compañero era fuerte tenía un defecto muy grande a sus ojos. Confiaba demasiado en quien no debía.
Intentó ignorarlos y dirigió su mirada a su hijo y a su esposo. Uno de los alfas que antes estaba totalmente calmado, frunció el ceño ante el desinterés de la omega. La misma omega que antes lo había rechazado por su amigo, aun cuando él la había salvado de morir y ser la puta de todo el ejército, cuando su tribu fue conquistada. La misma que apenas conoció al otro alfa simplemente olvidó su existencia.
La mujer trataba de mantenerse lo más serena posible, miraba seriamente a su esposo e hijo. - “Leander ve con Fermin para que te acueste.”- No quería a su pequeño cerca de ese par.
El niño se acurruco más en el pecho de su padre- “Pero quiero estar más tiempo con padre, no lo he visto en mucho tiempo.”- La omega vio seriamente al alfa, esperando que este le apoyara.
- “Ander, tu madre tiene razón, además mañana tienes varias lecciones que tomar.” - El niño se separó un poco de su padre y lo miró enojado, pensó que siempre se apoyaban al parecer su padre lo estaba traicionando.
- “Pero, yo quiero estar contigo, quizás no te vea en mucho tiempo de nuevo.”-
El alfa lo miró de una manera juguetona y juntó su frente con la del pequeño. -“No te preocupes estaré aquí mañana, podremos jugar y salir a la plaza cuando termines tus lecciones. Es una promesa.” - El niño cambió su expresión por una sonrisa, le gustaba salir de casa pero sobre todo pasar tiempo con su padre. El pueblo lo amaba. El niño estaba muy orgulloso de su padre.
- “Esta bien, nos veremos mañana. Es una promesa.”- El niño le dio un beso, luego el alfa se lo entregó a Fermin para dirigirlo a su habitación.
Antes de retirarse le susurro al beta pelirrojo que lo bajara para despedirse de su madre. Notando de nuevo la misma mirada triste. Al acercarse se dio cuenta que un par de ojos estaban fijos en él, el joven alfa de ojos verdes parecía seguir sus pasos. Sus miradas se cruzaron. El pequeño por primera vez sentía que una rafaga atravesaba su cuerpo. No podía definir lo que sentía. Solo no podía dejar de ver ese par de ojos. Solo fueron unos segundos antes que su madre tomara su rostro y le diera un tierno beso y lo devolviera a los brazos del pelirrojo, para que lo llevaran a su habitación.
Que interesante.