Capítulo 1
Uno pensaría que después de tanto tiempo peleando contra el clan Wen, sus estrategias se habrían vuelto predecibles. Pero eran tantos de ellos, como hormigueros llenos de hormigas, y un nuevo general aparecía cada tanto para liderar sus tropas, y cambiar toda la estrategia de nuevo.
Una y otra vez, una y otra vez, el flujo no paraba. Las espadas chocaban unas contra otras, la música sonaba, la sangre salpicaba, y los gritos y lamentos eran el pan de cada día en este punto. El ambiente de la guerra era tan fúnebre, que a uno le daban ganas de vomitar, y si Wei Ying no hubiera abrazado antes ya el frio de la muerte y el lamento, quizá vivirlo todos los días ya lo habría vuelto loco.
Las estrategias en yunmeng eran siempre muy diversas, llegaban nuevos discipulos tan rápido como se iban, con casi todos los jiang muertos, no quedaba mucha gente para que transmitiera las enseñanzas de su estilo de pelea, y aunque Wei Ying intentaba ayudar y enseñar lo que podía transmitirse de forma verbal, al final no servia de mucho. Incapaz de tomar una espada, y luciendo como si solo lo hiciera por ser egoísta, porque se dejo deslumbrar por el poder malvado según la mayoría de las personas, todo el trabajo duro recaía en Jiang Cheng.
Todo el trabajo de unión, política y secta había sido relegado a su hermano, sus ojos siempre le estaban pidiendo una explicación cuando lo miraban, Wei Ying leía claro en ellos "¿Porque no estas siendo mi mano derecha? ¿Por qué renunciaste a tu espada?"
Pero aun así, todo el trabajo sangriento recaía en Wei Ying. Con un poder que no tenia comparación, compensaba todas las bajas que tenían levantando mas cadáveres, compensaba la debilidad de las sectas con talismanes y espíritus, asaltando campamentos o peleando en grupos, aunque por el, iba mas en soledad. Compensaba la baja posición en la que había quedado la secta Jiang a nivel económico y político, siendo una amenaza que forzaba a las otras sectas a mantener el respeto por ellos.
Puede que no le sirviera mucho a Jiang Cheng estando presente, pero sin estarlo, su influencia si que servia para mantener la posición. Lo malo es que era una posición fácilmente atacada y cuestionada, manchada por lo impuro y lo incorrecto, toda su existencia siendo un dilema para el mundo del cultivo.
Lo necesitan, pero le temen, lo alaban, y lo repugnan. Sin un lugar donde realmente existir, y cansado de todos los murmuros a sus espaldas que lo mantienen alerta, seguro de que en cualquier momento alguien lo va a apuñalar por la espalda, a Wei Ying solo le queda suspirar.
Tal vez debería hacer menos acto de presencia.
Los caminos los llevaron hacia el sur y luego hacia el norte, Yunmeng iba derribando multiples campamentos, la sangre se derramaba tanto como los problemas venían. Wei Ying se escapo en cuanto tuvo la oportunidad, pronto iba a amanecer, y el estaba alli, sentado sobre la copa del árbol mas alto, mirando sin intervenir, una nueva batalla entre los Lan y los Wen.
A veces observar la guerra sin ser un participante activo de la batalla, te hacia reflexionar en profundidad.
En este caso, Wei Ying mas que reflexionar sobre estrategias de guerra o política, estaba intentando desentrañar a cierto segundo Jade. Lan Zhan no hacia mas que regañarlo, acusarlo, cuestionarlo, su desdén y desprecio por sus métodos era claro, y su poco favoritismo hacia el siempre había sido evidente. Wei Ying nunca había logrado que fueran amigos.
No obstante...
La fuerza de Lan Zhan, su fortaleza, el como su espalda siempre estaba recta y sus túnicas eran de un color blanco pristiño, su largo cabello balanceándose con el viento, sus ojos dorados brillantes, luciendo como gotitas de miel ante los cálidos rayos del sol, y la amabilidad y justicia que goteaba de sus acciones, incluso si parecía como la persona mas fría del mundo...
Volvió a suspirar, pero esta vez por una razón completamente diferente.
Y cuando el ultimo Wen cayo, Wei Ying desvio la mirada hacia su propio cuerpo. Los Lan comenzaron a hacer el molesto trabajo post batalla, ayuda a los heridos, cuenta a los muertos, apila y incinera los cuerpos de los Wen, lo habitual. Wei Ying siempre se dedicaba mucho a ello, sin importar cuanto le repugnara, y Lan Zhan hacia lo mismo, buscando siempre quienes quedaban vivos para intentar ayudar.
El nunca descansa, pensó.
De su túnica saco un pequeño libro, su portada era de cuero desgastado, y al abrirlo, este estaba lleno de dibujos; muchos bocetos hechos con rapidez, pintados con sangre en lugar de tinta, pero lejos de ser matrices oscuras como cualquiera pensaría, eran dibujos de situaciones cotidianas, conejos, la belleza de su Shijie, los paisajes que quedaban intactos, aun no destruidos por la guerra y...
Como protagonista desde hace ya un tiempo de muchas de sus paginas, estaba Lan Zhan. La belleza del jade era tan digna de admirar, su porte y su esencia, era tan hermoso y tan entretenido que Wei Ying nunca podía evitar dibujarlo.
Lan Zhan lucia tan perfecto, que quería arruinar su apariencia prístina, saber como se vería al caer de ese alto podio intocable, bajando para compartir por un minuto, la apariencia de los mortales sucios y vulnerables como el mismo lo era, solo no sabia como lograrlo.
Arruinar arruinar arruinar ¿Cómo seria la mejor manera de arruinar la prístina apariencia de Lan Zhan? Bueno, ya su calma gélida se iba siempre en cuanto se veian, porque parecían dos gatos enemigos de diferentes territorios, no podían verse sin querer agarrarse de las greñas y pelear.
Hmm... Agarrarse del cabello... ¿Eh?
Quiza finalmente se habia vuelto loco, y habia abandonado la poca cordura que le quedaba, porque se le ocurrio la idea mas estúpida del mundo, la cual lo hizo sonreír con emoción.
De repente, el sol lo golpeo en la cara, lo que hizo que hiciera una mueca. Ya estaba amaneciendo, y Jiang Cheng lo mataría si se tardaba en regresar pues iba siendo hora de partir. Archivaría esa idea para después en su memoria, decidió. Bosquejo de forma rápida lo que tenia en mente, luego, se arrojo de rama en rama camino a bajo del enorme árbol en el que por horas había estado sentado.
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