"Y AHORA QUE TE TENGO AQUÍ..."
"Y AHORA QUE TE TENGO AQUÍ NO PERDERÉ ESTA OPORTUNIDAD..."
ARCANO II - LA SACERDOTISA Jueves 11 de enero de 2007 - 11:48pm.
Hidelgarda los vigila. Espera pacientemente hasta encontrar el mejor momento de atacar...
deben estar lejos del rehén, sino todo habrá sido en vano. Ya dejaron de darle agua en la boca, se van del inmundo cuarto, no hay nadie en la calle... ahora o nunca.
Corre sin hacer ruido. Con un estruendo, ella derrumba la puerta. El chino cae muerto al suelo por un puñetazo en la nariz que le rompe todos los huesos de la cara. El cholo Humberto no puede creer que una mujer ASÍ haya matado a su camarada, pero sus años en el ejército lo obligan a disparar sin pensar más...
cinco balas de FAL hieren a Hildegarda, antes de que ella desvíe su fusil y, con su espada más corta, le dé un corte de cuello tan feroz que su cabeza quedó colgando en la espalda.
El loco no puede creerlo. Acababa de descargarle a Hildegarda las seis balas de su revólver mientras el cholo se volvía una fuente de sangre oscura en el piso, y ella ahora estaba allí parada mirándole... o al menos eso creía él. No podía articular palabra alguna, solo temblaba ante la visión que tenia ante sí. La atlética joven de 1.60mt de estatura usaba un antifaz negro que le cubría solo los ojos y la frente. Con sus carnosos labios que ostenta, pintados con labial melón de brillo húmedo, ella le hacía una mueca de desprecio.
Su cabello azabache estaba trenzado con piedrillas transparentes en un estilo rasta. Estaba vestida con gruesas tiras de cuero, que le tapaban varias partes de su cuerpo. Los grandes senos de Hildegarda no ocuparon la ansiosa mente del loco. En otras ocasiones, se le habría puesto dura de tan sólo mirar a una mujer así, pero ahora observaba estupefacto como las balas se salían del cuerpo de ella y las heridas de éstas se estaban cerrando solas. Era un hombre muerto... y lo sabía.
-Elige- susurró Hildegarda. Él se puso más pálido aun.
-Elige entre llevar una vida honrada y contar lo que paso o... - continuó -te sacaré los órganos y te los enseñaré, uno por uno- dijo secamente. El loco escapó de allí sin darle la espalda, tropezándose con todo. Juró que la mujer era un demonio.
-¡OSH!- exclamó ella. Suspiró de cansancio y de dolor, pues las balas realmente le dolían...
El ejecutivo del Scotiabank no pudo creer que vio entrar a su celda a una mujer que tenía un aspecto mezcla del Predator y de una dominatrix.
-Estás a salvo- dijo ella. Caminaba despacio hacia él blandiendo su espada.
-Vine a rescatarte de ellos... - añadió al tiempo que caminó hacia él para cortarle las amarras. "¿Ella me salv... ?" pensó el ejecutivo, volvió a ver su cuerpo. No sabía si sentirse agradecido o más angustiado aún.
En cuanto él estuvo sentado en el piso, libre de las cuerdas, ella sujetó bruscamente su cara y le lamió toda su mejilla derecha. Él se giró a verla, sorprendido.
-¿Crees que no me acuerdo de ti?, No me reconoces pero yo a ti sí- dijo ella.
Hildegarda empezó a desabrocharle el pantalón y a arrancarle el calzoncillo.
-Y ahora que te tengo aquí no perderé esta oportunidad... - añadió. El rehén no quiso resistirse mucho, de lo contrario ella lo habría violado. Mas bien casi de inmediato se dispuso a penetrarla.
Ella sintió como si una bendición del cielo entrara a su cuerpo, una bendición masculina hecha de carne y calientes fluidos. “Dios mío, Dios mío... “ solamente gritaba. No deseó que esto acabe, que su tótem de fuego siga entrando y saliendo de ella hasta la eternidad. Pero finalmente, cuando ella le extrajo todo su hirviente néctar, ellos dejaron de moverse. Aunque él solo tuvo un orgasmo después de diez minutos, ella se corrió tres veces.
Cuando Hildegarda se percató que él ya estaba agotado y que no podía esperar más de este hombre mal alimentado por el secuestro, lo abrazó y besó la frente de su compañero al tiempo que acariciaba su cara.
-Ya estarás bien, no te preocupes- le susurró al oído.
Se puso de pie, se acomodó la correa de cuero de la vagina y se marchó de la casa. Reapareció instantáneamente en su cuarto, en casa de sus padres, transformó su cuerpo a su forma original... y se acostó en su cama. Se tapó bien con su cubrecama favorito de "Las Chicas Superpoderosas" y alucinó la noche que tuvo, antes de quedarse dormida. Los maleantes muertos... el fantástico sexo que tuvo con su atractivo jefe... y el hecho que nadie pensaría que ella podría hacer eso a sus tiernos 22 años.