No soy más grande que un gato
"Y entonces comprendí que mi vecina SheIn me detesta."
Creisy.
Sentí mis oídos acalambrandose más y más mientras los gritos de una figura regordeta, mi vecina para mi mala suerte, Sheln retunbaban mis oídos y un despreciable pitido sonaba de fondo.
Hasta que la voz de un oficial el Sheriff de mi pueblo, Sadlyside, resono exclamando y mi atención se clavo en él, solo mi atención, ya que la posición actual de mi cuerpo no me dejaba mirar más allá que la alfombra sucia y con migajas de comida de la entrada y sala de estar de Sheln. Ya que... Pues... Un poco de mi tronco, mi cabeza y un brazo mío estaba atascados y presionados en la entrada del gato de la casa de los padres de Sheln.
Sheln, sigue molesta conmigo y no deja de repetir "Sane es un completo adundado! Saquenlo ya, ¡me duelen las cejas de verlo!" Sí, yo quisiera que lo de las cejas sea solo una exageración, pero el verano pasado se puede decir que en una especie de broma pesada le rapamos las cejas a Shenl, y le cortamos un poco las pestañas, porque pensábamos que era su hermano mellizo, Lor, él si me cae muy bien, no como su hermana, una completa buena para nada. En fin... ¿Que estaba contando? Ah, sí, escuche al Sheriff hablar y le preste atención.
— ¡Ey, Sane! ¿Que pensabas al meterte a la casa de los Ferri, eh? — Exclamó el Sheriff y de fondo ahora solo se escuchaban quejidos, pues el Sheriff y la familia Ferri, dueños de la casa, estaban en una fila con el Sheriff Hairless en frente agarrando de mis pies, todos jalando en conjunto cuando el Sheriff pronunciaba "¡1, 2 y 3!" sucesivamente tras varios intentos fallidos de sacarme de ahí.
— Y yo ya le dije que no fue a drede, solo deje la carta equivocada y intentaba sacarla! — Dije por... Olvídalo ya perdí la cuenta.
— Bueno, ¡ya fue suficiente! ¿No creen? Es decir, podríamos darle una remodelación a la puerta, hacer una nueva entrada del gato, ¡y a Graisy tartarlo como un miembro mas de la familia! Un miembro gatuno, por su puesto, no podemos permitirnos pagar otra colegiatura. — Dijo en tono firme la señora Ferri, Merti, pronunciando mal mi nombre como ya es costumbre, suspire con pesar al escuchar su tontita idea mientras ella se soltaba de la fila. Pero grite exaltado cuando escuche que todos estaban de acuerdo con ella.
— Me parece bien. ¡Disfruta tu nuevo hogar, amigo! — Pronunció el Sheriff soltando mis pies de un golpe y tambien yendose de la fila, gruñí cuando sentí mis piernas y rodillas golpear contra el cemento duro.
— ¡No me pueden dejar aquí! — Exclamé.
— Uff, hasta que al fin, pensé que nadie lo diría. ¡Llevamos toda la tarde aquí! — Se pronunció el señor Ferri y inmediatamente el tema de conversación cambio a donde irían a comer esta noche.
— ¡Señora Ferri, señor Ferri! — Grité llamando su atención — ¿De verdad planean dejarme aquí? —
— Oh, no te preocupes Graisy, traeremos comida también para ti. — Dijo la señora Merti.
— Y por cierto amigo, no te ofendas pero llevo media tarde en el portal de nuestra casa jalando de los hombros sudados del Sheriff Hairless, y... creo que ya entendiste, ¡hasta pronto Graisy! — Recitó Lor, y alcance a escuchar a Sheln de fondo riéndose y decir algo que juro casi hace que me den las fuerzas para salir yo solo y jalarle sus coletitas mal peinadas.
— Y también de todas formas, ¿para que quisieras salir? Si ahí estás en tu mejor ángulo. Pareces un tamalito mal amarrado, jijiji. — Dijo Shenl y alcance escuchar un par de carcajeos que no eran de Shenl, ya que no sonaban tan chillones, molestos y aniñados.
— ¡Pues está bien, si tanto la señora Ferri quiere remodelar su puerta, si tanto Lor quiere irse de aquí, y si taanto Shenl le desagrada tenerme atascado en la entrada de su gato, pues desarmen la puerta y déjenme ir! —
Un silencio resono en el lugar.
— Ah, sí, no veo porque no. Aunque quería un gato nuevo. Eh no mejor decir integrante más de la familia, claro jeje. — Dijo el señor Ferri y seguidamente se volvio a parar en el portal de su casa y saco un destornillador de debajo del tapete de entrada. Y empezo a desarmar la puerta, supongo que Lor y Shenl se fueron por aburrimiento y oara andar de vagos, ya que no escucho sus voces.
— Querido, ¿porqué tenemos un destornillador debajo del tapete? — Pregunto la señora Merti.
— ¡Buena pregunta! Este destornillador era por si algún día alguno de nosotros olvidaba sus llaves. — Respondió con entusiasmo el señor Ferri, empezando a destornillar los últimos tornillos.
— ¿Y la llave de repuesto? — Pregunté con mi cabeza aun metida en aquella vivienda.
— La perdí. — Dijo el señor Ferri.
— ¿Y el repuesto del repuesto? — Volví a indigar.
— Este es mi repuesto del repuesto, y ahora silencio si no quieres que por "accidente" terminé de desarmar la puerta, le amarre unas rocas y la tire en un río contigo dentro. Pero por accidente, claro. — Termino de destornillar. — Ahora sí hijo, ¿te puedes levantar? —
— ... —
— ...¿Sí te puedes parar? — Volvió a preguntar el señor Ferri. — Graisy, tus papás no me pagaran por ser ru rescatista si te rescate muerto. —
— ¡Usted me dijo que no hablara! — Exclamé cuando escuche su diálogo.
El señor Ferri dió un suspiro hondo antes de hablar. — Sane será mejor que te vayas de aqui antes de que yo te saqué a destornillazos... O antes de que te saque a pasear al río. —
— ¡Ok bien, ya me voy! — Flexione como pude mis piernas y inmediatamente me para tambalente debido a la puerta que cargaba encima, el señor Ferri descargo una risa al verme. — Gracias por nada, señora... ¿Y la señora Merti? —
— Ah, aquí estoy, en la cocina. — Respondió tranquilamente acercándose a nosotros, el señor Ferri y yo que aún seguíamos en el portal. — ¿Porque me miran así? Entre por la puerta trasera. Siempre esta abierta. —
— ¿Hay una puerta trasera, que siempre esta abierta? — Cuestionó el señor Ferri.
— Sí, ¿porqué? ¿estás enojado porque pasamos toda la tarde en el portal de la casa cuando podíamos entrar por atrás? — Pregunto la señora Merti, mientras yo miraba atento a todo el caso.
— ¡Por supuesto que no es eso! ¿Porqué teníamos una llave de repuesto y un destornillador del repuesto del repuesto si podemos entrar por la puerta trasera? — Exclamo el señor.
— Yo-. —
— Y espera... — Interrumpí, llamando la atencion de la pareja. — ¿porqué intenté entrar por la entrada del gato si hay una puerta trasera que siempre esta abierta? —
— ¡Oh, que fortuno! — Exclamo la señora Ferri saliéndose del tema, observando la carta... Esa miserable carta.
— Yo te diré porque intentaste entrar por la puerta del gato. — Se pronunció Sheln que venía de la puerta trasera con su hermano, Lor, detrás. — ¡Por ahuevado! — Exclamó y me dió un coscorron en la mera jupa.
— Graisy, gracias, esta carta si era para esta casa. — Dijo sonriente la señora Merti. Mis oídos se deslumbraron de oír aquella atrocidad, suspire levemente.
— Sheila.. — Llame a Sheln, llamandola de esa forma para molestarla. — ¿Podrías golpearme de nuevo en la cabeza? —
— Claro qué sí. — Me dió otro coscorron mas fuerte. — ¡Ya vete de aquí! — Dijo, y con la cabeza cabizbaja me fui sin pronunciar palabra. — ¡Y nos debes una puerta! —
Camine con lentitud por las calles, ya era de tarde noche y ya ni habían tantas personas por ahí, y suponiendo todo lo que pasó hoy, es mas que seguro que me van a despedir como cartero y... que probablemente Sheln o mejor dicho Sheila, jeje, convenza a sus padres de meterme una denuncia o cobrarnos dinero.. O algo del estilo. Hasta que llegue al frente de mi casa, apunto de girar la manilla de la puerya y ahí el Sheriff Hairless me habló.
— ¡Graisy! — Grito, diciendo mal mi nombre... Como todos, con cansanco voltee. — Muy bonita tu gargantilla eh, un poco grande pero extravagante. — Dijo en tono burlón, refiriendose a la pierya que tenía en el pecho de donde sobresalían mi cuello, mi cabeza y un brazo.
— Jaja. ¿En que lo puedo ayudar? —
— Eh, bueno Sane no creas que yo tengo algo en contra de ti, verdad, pero Sheln Ferri puso una denuncia en contra de tí por allanamiento a la morada, así que acompañame. —
— ¿Soy un criminal? — Pregunté, cuando el Sheriff me arrastraba dentro de su vehículo.
— Eh, no, bueno... Sí, suficientes preguntas, entra al carro.— Dijo y decidí hacerle caso, pero en cuanto me agaché, mi cabeza no cabia dentro del vehículo por la emorme puerta que rodeaba mi cuerpo. — Escucha amigo, vamos a tener que tomar medidas... Delicadas, para ti obvio, yo iré conduciendo y tu correras detras del auto, ¿sí? ¡Vamos, Graisy, ánimos! —
Exclamó y lo único que pudo pasar en mi cabeza fue... "Definitivamente no soy mas grande que un gato..."