Hermanos Infernales
CAPITULO 1
DESTINO PESADILLA
“El era un mundo completamente diferente a mí, en esa noche cuando sus lagrimas rodaban por sus rosadas mejillas me habría gustado ser quien secara esos anhelos de desesperanza.”
1.1 Hermanos infernales
Planeta Terraire
Martes 25 de enero de 2022
Camioneta familiar
5:30 pm
Codder y los otros cinco hermanos de la familia Ruzzei Ainwoll se encontraban en el asiento trasero de la camioneta familiar. Codder estaba en el medio, como de costumbre. A sus costados, se encontraban dos pequeños de seis meses de edad: una beba a su lado izquierdo y un bebé a su lado derecho.
Ambos jalaban su cabello; parecía que eso los entretenía. Para Codder era un poco molesto, pero el lado bueno era que al menos así se mantenían callados. El viaje había sido largo, y soportar tanto ruido habría sido desesperante.
— ¡Wahhh! ¡Wahhh! — Chilló con estusiasmo.
La pequeña nena le dio un gran tirón, haciendo que incluso algunos de sus cabellos quedaran enredados entre sus diminutos dedos.
— Aughh… — Se quejó en silencio.
En el asiento trasero, detrás a la beba, estaba la hermanastra mayor; Agner.
Llevaba los labios pintados de color vino, su tono favorito.
— Cuarenta y cinco… No, con eso van cincuenta… ¿O eran setenta y cinco? —
Agner miraba por la ventana, como esperando encontrar algo interesante entre toda esa multitud de pinos. Lamentablemente, los pinos no se convertirían en príncipes de repente.
Después de un rato observando, pareció darse por vencida, pues se dio cuenta, al igual que Codder, de que por más que mirara, no iba a encontrar nada más que hileras e hileras de pinos y vegetación.
Codder hubiese querido saber qué pasaba por su cabeza en aquel momento, ya que comenzó a hacer una expresión bastante extraña.
Parecía la misma cara que uno haría si una mano se deslizara por su pierna hasta tocar su entrepierna… y quizás un poco más allá. Codder no tenía experiencia en eso; nunca le había pasado. Pero, como había visto un montón de películas donde ocurrían cosas así, podía comparar la expresión de Agner con las de los personajes en esas escenas. Definitivamente, eran iguales.
Después de mirarla por cinco segundos, recapacitó y dejó de hacerlo. Siempre que ella ponía esa cara, significaba que algo pervertido dentro de su mente comenzaba a hacer efecto.
— Si, él debe ser el amante… y ella, la rompe hogares… —
Agner señalaba pinos al azar. Cuando Codder escuchó lo que la pelinaranja decía, comprendió que había empezado a emparejar árboles y a inventarles historias de amor en su cabeza… como el 80 % de las veces.
Decidió voltearse a su costado derecho para ver al nene, que seguía jalando su cabello.
- ¡Wahhh!
El pequeño lo soltó, solo para luego darle un manotazo en la cara.
- Auchhh…
Codder dio un pequeño quejido de dolor.
- ¡Ja, ja, ja! ¡Que buen golpe!
Perky reía eufóricamente, mientras jugaba con su consola de videojuegos.
Debido a las carcajadas que estaba dando, Codder giró para verla. Perky era otra de sus hermanastras y estaba sentada en el asiento trasero, detrás del nene.
Era tan alta que debía encorvarse un poco para caber en la camioneta. De hecho, era más alta que el que Codder conocía como “el espécimen extraño ” y que la otra hermanastra.
- ¡Toma eso imbécil!
Perky aplastaba desquiciadamente los botones de su consola de videojuegos.
Estaba tan absorta en el juego que no prestaba atención a su alrededor.
- ¡Maldición!
Perky sopló los pequeños rizos que le tapaban la cara.
Codder soltó una risita. Le divertía ver cómo su largo cabello rizado le impedía jugar con tranquilidad.
Cada vez que los rizos le tapaban la vista, los acomodaba detrás de la oreja, pero, debido a sus frenéticos movimientos al jugar, volvían a caer sobre su rostro.
Ella solo maldecía silenciosamente su largo cabello, pero eso no le impedía seguir con su extraño juego. Sus ojos verdes, con un tono parecido al limón, estaban fijos en la pantalla, persiguiendo una burbuja que iba de un lado a otro, haciéndo ha Codder sentir mareado de tanto observarla.
Junto a ella, completamente aplastado contra la puerta, estaba el terror de la vida de Codder y el único al que tenía ganas de arrojar de la camioneta en movimiento: Ianm, el insufrible, o mejor conocido como “el espécimen extraño”.
Él tenía la cabeza recargada en la ventana. En el reflejo del cristal, se podía ver su rostro mientras dormía. A Codder le molestaba porque dormía como modelo. Sabía que si él estuviera en su lugar, seguramente estaría babeando y con la boca abierta.
Probablemente, incluso ya se habría tragado unas cinco moscas.
Era increíble cuánto podía dormir. Lo habían sacado de la casa prácticamente inconsciente.
¿Por qué ese idiota tenía tanto sueño? La respuesta era simple: la noche anterior, los tres hermanastros habían ido a un bar cercano y habían regresado a altas horas de la madrugada.
- ¡Ya llegamos!
Ianm venía cargando a Perky y Agner.
Codder escuchó la puerta azotarse, asi que bajó rápidamente a ver que pasaba. Cuando se dio cuenta de que eran ellos, solo los miró en silencio con algo de molestia.
Perky y Agner apenas podían sostenerse en pie, mientras que Ianm solo se tambaleaba.
Las chicas avanzaron hasta el barandal de las escaleras, se agarraron y comenzaron a subir los escalones uno a uno.
A mitad del camino, se percataron de la presencia de Codder, quien las observaba con indiferencia.
Ambas le dieron un beso en la mejilla antes de seguir subiendo.
Ianm, en cambio, se quedo parado en la puerta. Parecía confundido. Antes de que Perky y Agner llegaran hasta la cima de las escaleras, los padrastros de Codder aparecieron.
- Buenas noches…
Dijo Perky, dándoles un beso en la mejilla a cada uno.
- Buenas noches… que tengan dulces sueños…
Dijo Agner, repitiendo el gesto de su hermana antes de meterse a su habitación.
Ellos no dijeron nada.
Para Codder, eso era bastante molesto. Tener que soportar el olor a alcohol y, a veces, hasta ayudarles a cambiarse era como una especie de tortura medieval.
Suspiró y bajó las escaleras para quitar a Ianm de la puerta y cerrarla.
- Lo siento… No queríamos despertarte…
Ianm se disculpó y caminó vacilantemente hasta las escaleras.
- No se porque te disculpas… Si de todos modos, siempre lo hacen.
Codder suspiró con fastidio. Solo quería subir a su habitación y seguir durmiendo tranquilamente.
- Codder…
Ianm lo agarró del brazo.
Como las luces estaban apagadas no pudo ver su cara con claridad, pero su voz sonaba extraña.
- Si es otra de tus estupideces, mejor guárdatelas para ti mismo. Estoy muy cansado.
Codder jaló su brazo y comenzó a subir las escaleras.
- Co…
Ianm intentó llamarlo nuevamente, pero no terminó la frase.
Cuando Codder llegó a la mitad de las escaleras, se giró para mirarlo. Ianm se había sentado en el suelo y apoyaba la espalda contra la pared, con la cabeza gacha.
En ese momento, no pensó que a su hermanastro le estuviera pasando algo. Tal vez, si hubiera dejado su enojo de lado y le hubiera preguntado qué le ocurría, las cosas habrían sido diferentes.
Codder subió a su habitación y se acostó, mientras Ianm sollozaba suavemente.