Prólogo
Autora: MaddieSagita.
Fandom: Hazbin Hotel.
Género: Drama.
Parejas: RadioApple, Charggie (mención).
Derechos: Los personajes no me pertenecen sino a Vivienne "VivziePop" Medrano.
Advertencias: AU, Teología, Depresión, Romance, Tragedia, Violación, Omegaverse, Lenguaje Vulgar, Suicidio, Muerte, Multiverso.
Clasificación: Mayores de 18 años.
Notas de la Autora:
¡Holi! ¡Holi! Esta irresponsable autora llega con otro fic RadioApple sin haber terminado el anterior wiii.
I sorry! Es que en verdad amo a esta pareja y no pude resistirme a escribirlo, después de todo tenía la idea en la cabeza desde hace semanas y al fin se me hizo plasmarla jeje.
Espero que les guste.
Enjoy!
Ha llegado el momento de guardar todas las alegrías
No quieres escuchar mis disculpas
Quiero deshogarme
Siempre trato de dar lo mejor de mi
Sé a lo que temes
Somos similares
Nunca pasaré la prueba
La escena se desvanece
¿Podrá mi alma descansar?
La muerte vendrá por mi
Sé alguien que yo no pude ser
Encuentra una vida que sea como un cuento de hadas
Lejos de ésta tragedia
Es triste que hayas tenido que esperar por mi
Sentí que pasó una eternidad
¡Por favor, perdóname por mis pecados!...
—Dark Aria, Sawano Hiroyuki.
Brrr, Brrr. Era el sonido de un teléfono celular que no paraba de vibrar.
-¿Qué mierda es lo que quiere?-masculló el alfa dueño del teléfono, harto de las constantes llamadas de un hermano al que no quería volver a ver jamás.
Después de todo, Luzbel les había dado la espalda para correr a los brazos de esa alfa que solo lo utilizaba para obtener poder, alegando que ellos no lo entendían, acusándolos de ser los peores hermanos sin ver el daño que les hacía por defender a esa maldita mujer.
Tan egoísta y caprichoso, haciéndose la víctima cuando el verdadero idiota era él.
Y aún así, a pesar de lo mucho que los hirió, su padre, sus hermanos y él habían estado dispuestos a recibirlo de vuelta si tan solo hubiera pedido perdón. ¡¡Solo tenía haber pedido perdón!! ¡Arrepentirse! Pero no, el imbécil estaba tan cegado de amor y orgullo que prefirió caer.
Y ahora, después de tanto tiempo, después de lo que hizo, ¿esperaba que simplemente respondiera sus llamadas? Se notaba que seguía siendo un idiota egoísta.
El arcángel estaba más que dispuesto a arrojar su teléfono a la basura si seguía sonando, pero el repetino reproducir del mensaje de voz que habían dejado en su buzón lo detuvo abruptamente.
"-¡Miguel! ¡Miguel! ¡¿Estás ahí?!"
Lucifer Morningstar miró la vieja y muy deteriorada cabaña que se alzaba frente a él, notando que el techo estaba cayéndose, la madera de las paredes estaba húmeda y muy podrida, las ventanas estaban rotas y sucias y el porche tenía tablas sueltas que cualquiera que intentara caminar sobre él terminaría con un tobillo roto. Sollozó. Sabía que era el peor lugar para quedarse, era incluso denigrante considerando el enorme palacio en el que había vivido toda su vida. Uno de oro y pisos de mármol cuando era un ángel de luz, y otro de roca negra y oro cuando era el Rey del Infierno, pero tampoco planeaba quedarse mucho tiempo.
Tan solo el necesario para terminar con lo que había empezado.
Suspiró y avanzó con pasos lentos y pesados hacia el interior del lugar, empujando la puerta que terminó cayéndose de sus bisagras. Caminó con cuidado sobre el piso de madera mohosa y levantó una silla (la que parecía en mejor estado) para sentarse, recostándose sobre una mesa de metal oxidado, donde puso su teléfono y un frasco de píldoras sin etiqueta ahora vacío. Eso y la ropa que llevaba puesta eran lo único que había traído consigo tras abandonar voluntariamente su castillo, dejando atrás toda una vida que solo le había traído mucho dolor y sufrimiento. Lágrimas se deslizaron por sus pálidas mejillas mientras ocultaba su rostro en sus brazos, rompiendo luego en un amargo llanto.
"-Miguel, si estás ahí, quiero que sepas que realmente lo lamento...-sollozó, gruesas lágrimas escurrían sin parar de sus ojos-Lamento todo lo que hice, lamento no haberlos escuchado...ustedes...ustedes tenían razón sobre Lilith, y yo...no los escuché-pasó saliva, intentado deshacer el grueso nudo en su garganta."
Leves quejidos escaparon de sus labios mientras el sonido de gritos y súplicas estallaba en todo el círculo del orgullo. Sabía lo que eso significaba, el nuevo Rey del Infierno estaba siendo coronado justo en ese momento y tal parece que no pudo esperar para comenzar con su reinado de terror. Lo escalofriante es que estaba demasiado alejado de las ciudades y aún así podía escuchar los lamentos de los pecadores que estaban siendo torturados por el soberano. Ese hombre en verdad era un monstruo.
Un monstruo que se encargó de romperlo por completo, al punto de llevarlo a la locura y aunque había hecho un trato para librarse de él sabía bien que ese demonio no lo dejaría en paz nunca. No cuando atormentar almas era su pasatiempo favorito, no cuando podía seguir deleitándose con su humillación y dolor. Por eso estaba ahí, por eso se había esmerado en alejarse lo más rápido que pudo tras sellar su trato, él seguramente estaría distraído por un rato gozando de sus nuevos poderes y ni se acordaría de su existencia, pero cuando la celebración acabara no dudaba en que iría a buscarlo para seguir lastimándolo.
Lucifer sabía bien que solo había una forma de escapar definitivamente de ese demonio. Debía abandonar el infierno.
Pero él era el primer ángel caído, el ángel que lideró una rebelión contra el cielo, el ángel que creó el pecado original y el mal encarnado. Él era el pecado del Orgullo y el cielo nunca lo habría enviado ahí si existiera la mínima posibilidad de que escapara. El pentagrama en el firmamento del primer anillo era en realidad un sello que lo mantenía encerrado en el infierno, un sello que no lo dejaría escapar ni al cielo ni a la tierra y que no se rompería jamás, algo que nadie excepto él sabía, pues siempre se guardó para sí mismo que él era el único prisionero verdadero ahí.
Lógicamente eso lo dejaba con una única opción.
"-Lo siento...¡Lo siento mucho! ¡Perdonenme por favor! S-Sé que no merezco su perdón, sé que merezco todo este dolor, todo este sufrimiento, p-pero yo...quería que supieran que en verdad lo siento. No hay un puto día que no lamente lo mucho que los lastimé, siento no haberlo visto antes...¿p-puedes decirselos? ¿Por favor? Diles a nuestros hermanos, a papá, que lo siento...lo siento mucho...y diles también que...los amo."
Brr, Brr.
El vibrar de su teléfono rompió con el pesado silencio del lugar. Levantó la mirada para tomarlo y encender la pantalla, leyendo el nombre de quién lo llamaba. No le sorprendió ver que se trataba de su hija, supuso que lo llamaría tarde o temprano, quien sabe qué clase de mentiras le había contado ahora su ex pareja, pero tampoco tenía ganas de saberlas.
Ni de hablar con ella. Ya no. Ahora entendía que su relación era irreparable, la había perdido para siempre y si seguía intentándolo solo se haría daño, y ya estaba muy cansado de recibir su odio.
En sus últimos momentos de vida, quería estar tranquilo.
Apagó el teléfono y volvió a ponerlo sobre la mesa, observando su brazo temblar violentamente al hacerlo. No se preocupó por eso, ni por el fuerte mareo que experimentaba, el dolor de cabeza que empezaba a sentir o la sangre dorada que ya manchaba las mangas de su pulcro traje blanco, justo en la zona de las muñecas. Esperaba que eso sucediera, pronto comenzó a ver borroso y a sentir mucho frío, su piel ya había perdido todo color y el sueño se apoderaba rápidamente de él. Vio su vida pasar en ese momento, tan solo en un instante en el que pudo concluir que había sido muy miserble, y se preguntó muchas cosas en ese instante, ¿su hermano habrá escuchado el mensaje que le dejó? ¿Se lo habrá dado a sus otros hermanos y a su padre? ¿Lo habrán perdonado? ¿Y Charlie? ¿Su hija lloraría cuando ya no estuviera más? Rió sin ganas al pensar que probablemente no lo haría. Quizá ni siquiera se enterara, quizá incluso lo festejara. No lo sabía ni quería saberlo, igual ya no importaba.
"-E-E-Está es...la última vez que sabrán de mi, porque...iré a un lugar mejor. Voy a terminar con esto, finalmente...aceptaré mi destino. Soy el mal después de todo, soy el diablo, y ahora la estrella del amanecer se estinguirá para siempre. Es momento de que lo haga. Te amo hermano, no quería morir sin decirtelo...o-ojalá hubiera t-tenido el valor de hacerlo antes...A donde sea que vaya, o si no voy a ningún lugar, r-recuerda que...los amo y que lamenté haberlos herido hasta el final."
El sonido de pasos apresurados dirigiéndose a la cabaña llamaron su atención. Alzó débilmente su mirada solo para ver la silueta de un arcángel aparecer en la entrada, un ángel con un rostro igual al suyo, de armadura dorada brillante, empuñando una espada celestial que mató a muchos rebeldes en el principio de la creación.
Y fue la responsable de su derrota.
-M-Miguel...-susurró quedo, perdiendo todas las fuerzas en su muy debilitado cuerpo.
"-Adiós, hermano."
El arcángel respiraba con dificultad luego de haber volado a toda velocidad desde el noveno cielo hasta el infierno, buscando desesperadamente a su hermano en cada anillo hasta finalmente dar con él.
Sin embargo, no esperó hallarlo así, débil, pálido, distante, con la mirada perdida, tan vulnerable, tan...roto.
¿Qué le había pasado? ¿Quién le había hecho esto a su hermanito? ¡¿Quién se atrevió a hacerle tanto daño?!
Acaso...¡¿Fue esa mujer?!
Lucifer lo miró fijamente. Nunca imaginó que iría a buscarlo, ni siquiera pensó que querría escuchar su mensaje, pero evidentemente subestimó el amor que su gemelo tenía por él. Después de todo, la última vez que se vieron Miguel había estado terriblemente furioso con él, así como dolido por haberle dado la espalda y a su familia por una mujer que solo lo utilizaba, pero verlo ahí, temblando, horrizado y asustado al encontrarlo en ese estado, se preguntó por qué creyó todo ese tiempo que lo odiaba.
Quizá pudieron haber arreglado las cosas mucho antes, quizá todo pudo haber sido diferente. Ahora ya era tarde.
-¡¡Luzbel!!-gritó él corriendo a su lado, notando la sangre en sus muñecas que evidenciaba lo que había hecho-¿Qué mierda hiciste?-espetó sin poder creer lo que veía-¡¿Qué mierda hiciste Luzbel?!
El omega intentó articular una disculpa, pero su lengua se sintió demasiado pesada y su vista se nublaba lentamente hasta que ya no pudo distinguir el rostro de Miguel. La voz de su hermano se volvió lejana y finalmente, todo se quedó en silencio, todo se oscureció.
El corazón de Miguel se detuvo al verlo y las lágrimas se desbordaron de sus ojos.
-¡¡LUZBEL!!
El infierno entero tembló y el cielo se retorció en agonía.
Luzbel, la estrella del amanecer, estaba muerto.
Continuará...