Prólogo
Desde una temprana edad Enzo supo que era especial, diferente al resto, el sentimiento de poder, al lastimar a cualquier ser vivo indefenso lo abrumaba y sacudía internamente de una manera que lo hacía sentir en el cielo, lo hacía sentir vivo, superior, capaz de cualquier cosa, pero, sobre todo, electrizaba su cuerpo de una forma que lo hacía temblar del éxtasis.
Cuando creció se volvió el jefe de una de las mafias más importantes y temidas de la región, logrando una fortuna inimaginable que le permitía darse los gustos que quería, con una gran mansión en la cual descansar y solo hacer su trabajo desde una oficina, mientras sus secuaces se encargaban del trabajo sucio, y por supuesto, donde yacían sus compañeros nocturnos o, como a él le gusta llamarlos; sus zorritos.
Estas personas merodean por la casa con una sola prenda de ropa y un dildo en su parte trasera, del cual cuelga una larga y peluda cola. Todos ellos firmaron un contrato con Enzo, donde por cierta cantidad de dinero serían sus esclavos sexuales para satisfacer sus excéntricos gustos por un limitado tiempo.
El monto era alto y el tiempo corto, volviendo sumamente tentadora la oferta, más para alguien desesperado como Ethan, quien sin detenerse a pensar dos veces lo que estaba haciendo mando su formulario para ser uno de los zorritos de Enzo.
El dinero le urgía y no pedía ponerse pretencioso en cuanto a trabajos, por eso no dudo en vender su cuerpo para poder pagar la matrícula de la universidad a la que tanto anhelaba asistir, para poder estudiar lo que siempre le apasiono; el arte.
Su tormento comenzó cuando firmo aquel contrato, aunque claro, no lo supo hasta más tarde, cuando todo se tornó sombrío y sangriento, cuando ya no hubo vuelta atrás.