Dublín [LGBT]

All Rights Reserved ©

Summary

Dublin no es cualquier club nocturno y no cualquiera puede entrar. Escondido entre callejones oscuros, ofrece una experiencia como ninguna otra. Es aquí donde se cruzan los caminos de dos hombres. Tenemos a Ha Joon, un padre soltero de 27 años, quien se ve complicado cuando debe mudarse de la casa de su hermana y afrontar la paternidad completamente solo por primera vez. Luego está Kai, un bailarín de 25 años que no encuentra trabajo gracias a la influencia de su ex jefe. Ambos tienen dos cosas en común: necesitan dinero y Dublin los quiere. ACLARACIÓN: Esta historia incluye temas adultos como prostitución y drogas (aunque no es el foco de la historia en sí). Incluye romance y escenas explicitas entre dos hombres. Si alguna de estas situaciones te incomodan, esta historia no es para ti. Esta historia es de mi autoría y no autorizo la reproducción de la misma.

Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
18+

Introducción: Ha Joon

“¿Eso es todo?” quiso decir al terminar el tour de aquel departamento. Considerando el precio esperaba algo mejor, como poder moverse sin chocar con algo. Incluso en el baño, donde ya veía imposible darse una ducha sin mojar nada allí. Aun así trato de sonreir, solo por cordialidad.

No era la primera vez que usaba esa sonrisa falsa: ya había estado en otros tres departamentos. Los que parecían decentes se iban demasiado de su presupuesto o apenas podía entrar en él. Si estuviera solo, no le importaría nada más que un techo y un poco de agua caliente, pero no podía dejar que Jihun pasará por ello.

Sabía que debía decidirse pronto, pues el reloj seguía corriendo. Tan solo dos semanas atrás su hermana había vuelto de un pequeño viaje de fin de semana, donde su novio le había propuesto matrimonio. Estaba feliz por ella, por supuesto, pero eso significaba una cosa: tendrían que mudarse. Ambos le dijeron que no se preocupara, que no había apuro. Pero si no lo hacía ahora, sabía que nunca saldría de allí y Jihun merecía algo mejor. Tampoco era pronto, hacía casi cuatro años que estaba allí. Solamente menciono un par de veces mudarse, pero su hermana siempre insistía con que no era necesario. ¿Por qué le hizo caso? Entendía porqué lo hizo, su hermana siempre lo había apoyado y adoraba a su sobrino. Él debió haberlo pensado mejor. Ahora debía buscar tiempo en su apretada agenda para mirar departamentos, yendo y viniendo sin rumbo.

Esperaba no tener que cambiar a Jihun de su escuela, pero sí estaba muy lejos o no podía costearlo, tendría que.

Quitando esa pregunta de su mente, agradeció al dueño del lugar y se retiró. Tampoco tenía mucho tiempo, debía tomar el bus.

El día no estaba tan frío como otros días, quitándose la bufanda mientras caminaba, lo cual solo le traía más ansiedad: la boda sería en verano. Aún faltaban cuatro meses para ello, pero solo ayer parecía que faltaban cinco.

Usó el viaje en bus para seguir mirando departamentos en su celular, prestando atención a cada detalle. Suspiró, sabía que tenía otra opción pero esperaba no tener que llegar a ello. Aun ahí, cuatro años después, podía escuchar la voz de su padre.

Pero era orgulloso y sabía que jamás volvería a casa de sus padres. Aunque… mierda, tal vez sí era egoísta.

Llegó a su destino media hora más temprano de lo que debía, así que decidió hacer hora en una plaza a dos cuadras de aquel lugar. El departamento no quedaba lejos de allí, pero prefería tomar un poco de aire cuando podía. Generalmente, él escuchaba algún podcast mientras esperaba o solo se sentaba, pero en días melancólicos miraba a su alrededor; como buscando algo que lo hiciera sentir peor. Y lo hacía, claro. A veces veía a ambos padres, a veces solo a madres, en momentos como ese volvía a las palabras de su padre. “El bebé necesita a ambos padres, solo lo harás infeliz. ¿Por quién haces esto?, ¿Por él o por ti?” Hasta ese momento, no había dudado en la respuesta. Pero ahora que iba a estar solo, realmente solo, ¿podría darle lo necesario?

— ¡Mierda! - dijo para sus adentros, mientras sentía sus ojos arder.

— Ni me lo digas. - escuchó a alguien decir mientras sus mejillas se teñían de rojo. Al parecer lo había dicho más fuerte de lo que pensaba.

A su izquierda, recostado contra un árbol, se encontraba un joven. Todo su atuendo era negro, pero bajo su beanie se asomaban mechones plateados. Sus cejas, sin embargo, eran de color castaño. No podía distinguir el color de sus ojos, ya que llevaba gafas de sol.

— Lo siento. - dijo avergonzado.

En vez de responder, el hombre prendió un cigarrillo.

— ¿Quieres uno? - le ofreció, hablando con el cigarrillo entre los labios.

— Gracias, pero no fumo. - su respuesta, sin embargo, recibió una risa seca.

— Yo tampoco.

— Sí que tuviste un día de mierda entonces.

Eso lo hizo reír, esta vez con humor. También lo hizo pensar, él también estaba teniendo un día de mierda pero… No, no podía ir al kinder de su hijo apestando a cigarrillo. Aunque en días como esos extrañaba aquellas salidas: a bares, a clubes, volver cuando el sol salía y oliendo a vodka.

Pero amaba más la vida que tenía ahora, pese a todo. Pensando en eso, miró la hora en su celular y se dio cuenta que debería de ir para el kinder.

— ¿Cómo te llamas? - preguntó el otro, mirando a su dirección por primera vez.

— Ha-joon.

— Kai.

Aquel joven, Kai, extendió su mano hacia él para estrecharla. Así que lo hizo, pero cuando debían separarlas arrastró suavemente los dedos por la palma de su mano. ¿Acaso…? No podía ver sus ojos a través de esos lentes, pero podía sentir que su mirada lo penetraba.

— Me tengo que ir. - dijo, tal vez un poco rápido, antes de levantarse torpemente. - Mucho gusto.

Pudo escuchar la voz de Kai mientras se iba, pero no le prestó atención. Sentía sus mejillas arder, más bien de vergüenza. ¿Tanto tiempo había pasado que algo así lo ruborizaba? Decidió no pensar en la respuesta, mientras apuraba el paso para ver a su hijo.





Aquel intercambio hizo que se olvidara por un momento del aprieto en el que estaba. Bien, no importaba, no necesitaba irse ese mes; el siguiente tal vez podría encontrar algo mejor… ¿cierto?

¡Cambia esa cara! Pensó cuando estaba a media cuadra, no quería que él lo viese así.

En el interior del modesto lugar, se escuchaban gritos de niños, emocionados por ver a sus padres. Ha-joon amaba lo sencillo que era para ellos ser felíz, lo tranquilizaba incluso. Bueno, solo un poco. Sabía que Jihun se ponía contento con cualquier cosa y, debido a su situación económica, entendía a su corta edad que no se podía todo en la vida, pero no hacía fácil tener que decirle que no a veces. Ahora sería más complicado.

Miraba las paredes esmeraldas, algunas con dibujos, deseando no tener que cambiarlo de ese lugar. Y allí lo vió, guardando sus cosas en aquella mochila amarilla en forma de un pollito. Su sonrisa se agrandó al verlo.

— ¡Papi! - gritó el niño, corriendo hacía él.

Ha-joon le devolvió la sonrisa, poniéndose y abriendo los brazos; Jihun saltó contento hacía él.

— ¿Vamos a casa? - preguntó, a lo cuál su hijo asintió.

El departamento estaba perfectamente ubicado a pocas cuadras del jardín, por lo que podían ir y venir caminando. Raras veces lo hacían en silencio, ya que al niño le gustaba hablar por los codos, contando cada detalle de su día. A Ha Joo no le importaba, al contrario, se sentiría preocupado si no fuese así.

Al llegar al departamento, notó que no había nadie. ¿Debía decírselo en ese momento? Lo pensó solo un segundo, pero llegó a la conclusión de que no. Era un viernes, seguro estaba exhausto. Y no tenía sentido darle las noticias cuando aún no podía encontrar nada.

Sí, cada vez pensaba más que era egoísta.

Si tan solo tuviese tiempo para preocuparse, ya que debía ir al trabajo en una hora. Tenía un poco de tiempo, sin embargo, así que lo usó para preparar una merienda a Jihun. Aprovechaba siempre que podía, no tenía casi tiempo para pasar con él. Habiendo dormido cuatro horas o menos, se levantaba para prepararle el desayuno y el almuerzo que llevaba. Trataba en lo posible de no mostrarse cansado cuando caminaban hacia el kinder, aunque su hijo aún se fregara los ojos.

Ahora debería conseguir otro trabajo, pasar menos tiempo con él y…

— ¿Papi? - preguntó Jihun, mirándolo expectante. Sabía que no le estaba prestando atención.

— ¿Qué te parece un poco de avena?

— ¿Con banana? - respondió entusiasmado, olvidando por completo aquello que parecía preocuparlo.

— Obviamente.

Él, sin embargo, sí seguía pensando. Pensando en si tendría que conseguir una niñera. Generalmente, los horarios de su hermana y el suyo no coincidían, por lo que Jihun siempre estaba con alguien pero… ¿y ahora? ¿Podrían seguir así? Si tomaba más horas (y debía), entonces tal vez debería buscar una niñera.

Pudo seguir maquinando dentro de su cabeza, pero la leche empezó a hervir y se desbordó. Apagó rápidamente la hornalla, aunque no sirvió de mucho. Se le había ido de las manos…

— Todo va a estar bien. - dijo en voz alta, no solo a su hijo sino a él mismo. — Va a mejorar.

Excepto que no lo hizo, las cosas no parecían mejorar.

Así fueron pasando los días, las semanas, y sentía que una mano cada vez le apretaba más el cuello. La paciencia que parecía tenerle su futuro cuñado, parecía desvanecerse cada día más. Nunca le dijo nada, pero el “no hay apuro” terminó siendo un “¿Ya encontraste algo?”. Y lo entendía, por supuesto.

Fue en el momento en que decidió darse por vencido, dónde todo cambió.