Two Shots: Deal [Kento/SatoruxTú] [Jujutsu Kaisen]

Summary

¿Cuánto estarías dispuesta a tranzar por eso que tanto te importa? ¿Qué harías si tuvieras una posibilidad de cumplir una de tus fantasías?

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Nanami Kento

Te encontrabas ansiosa en el escritorio junto a tu amiga y compañera de investigación, Miwa. La muchacha del cabello lacio celeste te miraba preocupada mientras tú jugabas con tus uñas y tus dientes, revisando tu celular.

Tu puesto de reportera en el Diario de Shinagawa era lo que más te importaba en la vida, pero creías que era necesario dar a conocer la información tal como era, aunque significara perder tu preciado trabajo.

Y tu trabajo periodístico junto a Miwa sobre la alocada vida de un Ministro ya había sido debidamente entregado al departamento de edición, el que estaba bajo el mando del señor Nanami Kento. Sí, ese atractivo hombre de alrededor de 40 años que estabas segura que jamás posaría sus ojos en tí.

Suspiraste y determinaste dejar tu celular a un lado para dirigir tu mirada hacia tu amiga.

—Ya se está demorando mucho, ¿no crees? —te preguntó ella, preocupada.

En eso, viste a la secretaria del editor aproximándose a ustedes dos. No dijiste nada, solo te quedaste mirándola fijamente. Tu corazón se aceleró, era momento de ver a Nanami.

—Señorita T/N, el señor Nanami la solicita en su despacho de inmediato —dijo la cordial señora, con una sonrisa. Le sonreíste de vuelta y te pusiste de pié junto a Miwa, quien se volteó. La secretaria carraspeó y repitió, dirigiéndose a esta última con tono amable—: Señorita Miwa, solo la señorita T/N es requerida.

Tu amiga y compañera en el periodismo fruncieron el ceño.

—Disculpe, Miwa hizo la mitad del trabajo, y quedó bastante bien. Es mi fotógrafa —reclamaste. Estabas dispuesta a defenderla pues juntas habían hecho un buen reportaje.

—No tiene que preocuparse. El trabajo de la señorita Miwa es reconocido por el señor Nanami. ¿Sería tan amable de acompañarme? —te dijo la señora y volteó para caminar en dirección a la oficina privada del director.

—Ve, amiga. Suerte —te alentó Miwa, sacándote de la perplejidad que te invadía. La miraste y ella te sonreía animosamente.

Tus pies te llevaron tras la secretaria, quien volteó para verificar que la seguías y continuó. Estabas completamente nerviosa dirigiéndote a una situación incierta, lo que lo hacía terrible pues estaba relacionada con lo que habías hecho con Miwa. ¿El reportaje era totalmente de mal gusto? ¿Iban a despedirte por ello? Y más relevante aún, ¿por qué el señor Nanami quería hablar contigo a solas? Te encontrabas absorta en las interrogantes que rondaban tu cabeza cuando te percataste de que ya estabas frente a la puerta de Nanami.

La señora golpeó un par de veces y se asomó para anunciarte, a lo que la voz varonil se escuchó desde el interior.

—Señorita T/N, por favor —dijo la señora, abriendo la puerta para hacerte pasar con un gesto amable.

Diste un hondo respiro, determinada a no permitir que la inquietud tomara el control de ti. Entraste a la oficina y ahí estaba el editor, de pie observándote con toda su atención. Tu corazón dio un vuelco al verlo, tan fascinante en el atuendo que llevaba ese día.

No llevaba chaqueta, por lo que su ceñida camisa gris te daba una idea de los fuertes músculos de sus brazos y pectorales. Una corbata negra se anudaba a su cuello, lucía pantalones color grafito y su cabello rubio ligeramente desordenado se hallaba acomodado hacia atrás. Tan atrayente como siempre, pero su actitud seria y controlada en todo momento era lo que llamaba aun más tu atención. La mirada castaña,⁸ madura y resuelta de Nanami tras sus lentes ópticos dibujó un sentimiento agradable, lo que también se reflejó en su pequeña sonrisa.

—Adelante, señorita T/N –dijo, y la masculinidad de su voz te hizo temblar un poco. Tragaste duro y entraste, sin quitar los ojos de su mirada. Esbozaste una sonrisa y te decidiste a hablar. No podías esperar más para saber sobre el reportaje que habías realizado con Miwa.

—Con permiso, señor Kento. ¿Qué opina de mi trabajo junto a Miwa? ¿Ya lo revisó? —preguntaste con voz suave pero curiosa y tranquila, a lo que él aclaró su garganta.

—Buenas tardes. Tome asiento —indicó él, enseñando la silla delante de su gran y elegante escritorio. Acentuaste tu sonrisa y avergonzada, te ubicaste allí. El editor imitó tu acción, quedando frente a ti.

—Disculpe, por favor. Tengo dudas —dijiste, tranquilamente. Él dio un hondo suspiro y frunció el ceño.

—Yo también tengo dudas. Una de ellas, es qué viene después de que su trabajo salga a la luz. ¿Disculpas públicas? –habló Nanami con tono firme, serio pero sereno. Ibas a contestar y él agregó—: Lo más probable es que luego de revisar su reportaje, el dueño del diario la despida así sin más.

Abriste los ojos de la sorpresa y del miedo. Cierto era tu interés por comunicar asuntos relevantes a la gente al precio que fuera, pero en ese segundo te aterraste por el destino de tu carrera.

—Usted no permitiría eso, ¿no es así? —indagaste, con una expresión algo suplicante. Él respiró hondo y su rostro se relajó, mostrando una pequeña sonrisa.

—Puedo evitar que la despidan, señorita T/N —contestó y sonreíste.

—¿Es en serio? —Le dijiste y te inclinaste un poco hacia adelante, con aires de entusiasmo al saber que cabía la posibilidad de no perder tu puesto de trabajo. Nanami solo asintió, así que agregaste—: ¿Qué es lo que tengo que hacer?

Algo cambió en el semblante de tu jefe y aclaró su garganta, quitándose los anteojos y tirando su cuerpo un poco hacia atrás. Te miró misterioso, esbozando una pequeña y maliciosa sonrisa que te hizo ponerte nerviosa. Estabas lejos de tener una idea de lo que él planeaba y te morías de la curiosidad.

—¿Sabe, señorita? Su investigación no es el problema. De hecho, está muy bien. Usted es de nuestros mejores elementos —explicó y te mostraste emocionada y aliviada. Nanami hizo una pausa para pasar sus dedos por su mentón y continuar—: Lo que pasa es que soy un hombre solitario y… preciso de compañía femenina. Una que sea especial.

—¿Qué? —preguntaste, totalmente descolocada y los latidos de tu corazón aumentaron.

—Señorita T/N, sé que no estoy respetándola pero usted no es cualquier mujer para mí —respondió él con un sutil sonrojo, preocupado por tu reacción. Aún así, mantuvo la compostura mientras tú estabas hecha un torbellino de emociones.

—¿Qué fue lo que dijo? —preguntaste, con tus mejillas ardiendo y una expresión de inmensa confusión.

—Lo que escuchó. Si accede, intentaré convencer al dueño del diario para publicar su trabajo. Si no es posible, aseguraré la probabilidad de que mantenga su puesto —respondió Nanami y por un par de segundos trataste de articular una palabra dentro de lo perpleja que estabas, pero alguien tocó la puerta.

El editor contestó cordialmente y entró su secretaria. Intercambiaron un par de palabras, algo que ni siquiera escuchaste pues no eras capaz de reaccionar. Casi estática, viste a Nanami poniéndose de pie seriamente y tomando sus anteojos para ponerselos también.

—Tómelo en consideración, señorita T/N. Ojalá pronto me comunique su decisión, puede contactarme por medio de mi secretaria —te pidió Nanami, posando su varonil mirada chocolate en tus ojos. Pasaste saliva y por fin pudiste hablar.

—Desde luego, señor Kento —dijiste en voz baja, sin salir de tu desconcierto y caminaste un poco veloz en dirección a la puerta.

Pese a que querías salir corriendo, conservaste la tranquilidad de vuelta a tu puesto. Reparaste en que Miwa te esperaba allí atentamente y respiraste hondo, con el fin de no explotar.

-¡T/N! —exclamó la chica ojiazul, consternada. Tomaste asiento frente a ella y la miraste con una leve sonrisa de disimulo. Tu amiga y compañera fotógrafa —: ¿Qué fue lo que ocurrió? Te ves pálida como un papel.

—Miwa… —comenzaste a hablar y te detuviste para pestañear con el temor de darle luces de lo que te sucedía. Diste un hondo suspiro y continuaste—: Descuida, solo es que necesito ir al baño.

Ella se te quedó viendo intranquila al tiempo que te ponías de pie para llevar tus pies a dicho lugar.

En el baño había una chica acomodando su cabello frente al espejo, quien se retiró y tú te encerraste en uno de los baños. Tomaste asiento sobre la tapa del w.c. y resolviste hacer respiraciones profundas. El calor subió a tu rostro y cerraste los ojos, no te sentías capaz de creer lo que había ocurrido. El señor Nanami Kento que se te hacía tan encantador a la vez que inalcanzable, prácticamente te estaba proponiendo que tuvieran una aventura para que pudieras conservar tu valioso trabajo de periodista. Esta oportunidad no iba a repetirse, ya la habías pasado bastante mal en la vida y no querías privarte de pasar un buen momento con un hombre como Nanami.

Suspiraste hondo y te pusiste de pié para salir y ver tu reflejo en el espejo. Entonces, determinaste volver a tu puesto y no hacer esperar más a tu amiga y compañera de trabajo.

—Tardaste mucho, estaba comenzando a asustarme —dijo Miwa, mirándote consternada en cuanto llegaste a tu puesto e insistió—: ¿Entonces…?

—Al señor Kento le encanta nuestro reportaje y verá si es posible que se publique. Si no es aceptado, dijo que mantendré mi puesto de todas maneras —explicaste con una pequeña sonrisa y la chica del cabello celeste abrió los ojos de la impresión y la emoción.

—¿De verdad? —preguntó con tono alegre y asentiste, luego continuó—: ¡Oye, eso es genial!

—Sí, claro —respondiste con calma, tomando tu celular para revisarlo y así evitar contacto visual con Miwa. La sonrisa se borró del rostro de la ojiazul.

—Tu cara no me convence, ¿dijo algo malo? —indagó, preocupándose nuevamente. Sonreíste y regresaste tu mirada hacia tu amiga y compañera.

—No, no dijo nada malo. Solo cosas buenas —dijiste.

===

A la hora de salida, resolviste decirle a Miwa que tu hermana mayor iba a estar esperándote, por lo cual te quedarías unos minutos más. La chica del cabello celeste se mostró comprensiva, así que se despidió amistosamente y se fue. Luego de unos instantes, te apresuraste con paso firme a la oficina del señor Nanami. Respiraste hondo al ver a su secretaria ya preparando sus cosas para retirarse.

—Señorita T/N —dijo la señora, poniéndose de pie, atenta y cordial— El señor Kento ya se marchó, pero lo contactaré por usted.

La secretaria tomó el teléfono de su escritorio y marcó algunos números. Habló con el y tomó nota en un papel, lo que parecía ser una dirección. La señora se despidió y colgó, entregándote el papel con una sonrisa y se dirigió a ti otra vez.

—El señor Nanami la verá en esta cafetería en 20 minutos.

Recibiste el papel y hechaste un vistazo, justamente te daba el tiempo para llegar allí en 20 minutos. Diste las gracias y te despediste, luego saliste rumbo a la parada de autobús.

El camino se te hizo largo, pese a que solo eran 20 minutos en bus, a ratos te sentías ansiosa y luego te relajabas. Llegaste al lugar indicado y te bajaste caminando en tus zapatos de taco alto hacia la entrada de la cafetería. Viste al señor Nanami desde el vidrio en la puerta, estaba en un rincón viendo el menú y el palpitar de tu corazón se aceleró. Decidiste no detenerte y continuaste al interior del lugar.

Se sentía ligeramente fresco y te quitaste la fina chaqueta que llevabas puesta. Habían personas por aquí y por allá tomando café y existía un ambiente acogedor y elegante. Nanami te notó y se puso de pie de manera automática, clavando la mirada que traspasaba sus gafas, en tu rostro.

—Señor Kento. —Le dijiste con voz suave y sentiste tus mejillas arder un poco. Él esbozó una pequeña sonrisa, quitándose los lentes para mirarte a los ojos.

—Señorita T/N, es un gusto verla —te dijo y contuviste lo nerviosa que estabas. Iban a hablar sobre aquél tema en ese café por iniciativa tuya, lo que te obligaba a comunicarle que aceptabas la invitación.

===

Atardecía en Shinagawa y estabas casi lista para salir a reunirte con el señor Nanami. No le mencionaste a nadie sobre la aventura que estabas apunto de tener, pretendías quedarte la experiencia para ti sola, a modo de secreto.

Habías elegido un vestido elegante que estilizaba tu físico, te pusiste zapatos de taco alto junto a medias traslúcidas, te maquillaste y te perfumaste apropiadamente.

El señor Nanami envió un taxi a la puerta de tu casa y encantada, te subiste. La noche comenzaba a caer en las calles de Shinagawa y suspiraste hondo. Ibas a reunirte a cenar con él y luego lo conocerías más a fondo, de una manera que no podías imaginar. Ignoraste tales pensamientos de lascivia, tu idea era mantener la calma, ojalá en todo momento. Sin embargo, no lograbas dejar de preguntarte si estabas en lo correcto al aceptar una aventura con tu propio jefe. Lo que sí tenías claro era lo afortunada que eras, pues él había posado su mirada en tí.

Llegaste a un refinado lugar, un gran restaurant en un sector del barrio alto de tu ciudad. Estabas a 40 minutos de tu hogar y descendiste del auto, en la entrada fuiste conducida por un cordial anfitrión hacia una mesa reservada vacía.

Pediste un poco de agua a la vez que observabas tus alrededores y luego revisaste tu celular, ninguna novedad. Solo esperabas que Nanami no llegara tarde, por muy raro que pareciera. Estabas guardando tu celular de nuevo en tu bolso cuando viste al señor Kento caminando hacia ti entre las mesas, la gente y los meseros.

Lucía un traje negro cuya chaqueta se fue quitando a cada paso, descubriendo la camisa blanca y la corbata azul. Se veía demasiado atractivo, su cabello peinado hacia atrás y sus ojos castaños libres de sus habituales lentes, los que se fijaron en tí. Te pusiste de pié y se saludaron, él esbozaba una pequeña sonrisa de perversidad como deleitado de verte y tú sonreíste, entre nerviosa y ansiosa. Te ayudó a sentarte caballerosamente y tomó asiento frente a tí.

—Te ves hermosa esta noche, T/N —te dijo con su voz varonil y sentiste tus mejillas arder. Mariposas revolotearon en tu vientre.

—Gracias —dijiste, en voz baja.

Nanami ordenó una cena de tres refinados platos para los dos, acompañados de un costoso vino acorde a la comida. A la vez que comían cada una de las delicias servidas, ustedes dos se dedicaron a conversar largo y tendido. Él te contaba lo aburrido que era trabajar para él pese a que lo había estudiado por elección propia y te hizo algunas preguntas sobre tí. Le contaste detalles de tu vida y tu familia, así como él lo hizo contigo. En efecto, tu jefe era un hombre más bien solitario. Solo poseía una hermana menor, la única persona de confianza con la cual mantenía contacto. Con sus padres, hablaba muy poco.

Más hacia el postre, el señor Kento comenzó a elogiarte. Te hizo saber la buena impresión que tenía de tí como periodista, pero además, te expresó con su voz ronca lo atractiva que eras para él y lo bien que te veías esa noche. Eso te encendió, aquél cosquilleo en tu entrepierna dio inicio y no pudiste resistirte. Igualmente, tú te atreviste a hacerle un par de cumplidos con una actitud un poco coqueta que él adoró.

Fue entonces que llegó el momento clave. En tan solo segundos, te invitó a salir del restaurante y sin pensarlo dos veces, dijiste que sí.

===

A ratos no dabas crédito al hecho de que te hallabas en el auto del señor Kento, ya habías cenado con él e iban en dirección a su casa, coqueteándose mutuamente. Se tocaban las piernas mientras se decían palabras en tono seductor.

Todo pasó rápido y llegaron a su destino. Era una casa de segundo piso grande y de estilo sofisticado, hermosa por fuera tanto como por dentro. Él cerró la puerta con llave y fuiste consciente del lugar en el que te encontrabas. Sonreíste, teniendo en mente lo que estaba apunto de suceder. Tu jefe te llevó hacia las escaleras y llegaron a su habitación.

Tus nervios aumentaron así como tu incredulidad, entraste a la gran y sofisticada habitación, y te detuviste frente a la cama.

Comprendiste que no había vuelta atrás, mas también creíste que el sentirte arrepentida antes de tiempo no tenía sentido. Tenías ganas de pasar una gran noche con Nanami y por algo él te había elegido para ello. Lo que sucediera a raíz de esa noche, era cuento aparte.

Ibas a voltearte en cuanto escuchaste los pasos de Nanami acercarse a ti, pero él fue más rápido y percibiste sus grandes manos en tu cintura. Te quedaste quieta y él se aproximó más, pegando su cuerpo a tu espalda. Percibiste lo abultado de su entrepierna y su boca tan cerca de tu oído que contuviste el aire.

—¿Por qué es tan atractiva, señorita? —preguntó en un tono bajo y sensual que gatilló una agradable sensación en tu entrepierna. Nanami no esperó respuesta y sus fuertes brazos te rodearon con decisión. Deslizó su lengua por el lóbulo de tu oreja y cerraste los ojos, a lo que él continuó—: Cada día que la veo, usted luce bellísima.

Tu palpitar se disparó y abriste los ojos para intentar darle crédito a lo que estaba apunto de suceder, en cuanto una de las manos de tu jefe hizo tu cabello a un lado con el fin de besar tu cuello. Suspiraste pues la humedad de su boca y su aliento tibio sobre tu piel se sentía tan bien como su miembro endureciéndose y haciendo presión en tu trasero.

“Oh, Dios” dijiste en tu mente, ya no ibas a poder resistirte más al placer y él te abrazó más fuerte, mordiéndote con suavidad. Gemiste por lo bajo y el gruñó, ambos estaban muy agitados y presionó tus senos con las manos. Tocaste su poderosa erección, frotaste con delicadeza y Nanami gimió suave en tu oído.

—Haga el favor de voltearse —dijo, seguiste su orden al instante y él te besó.

Ya habías aceptado el trato, estabas ahí, en la habitación de tu jefe y él te besaba ansiosamente. Lo tomaste del rostro e hiciste el beso más profundo, su lengua en tu boca era la confirmación de que tenías que deleitarte con todo ello. La humedad en tu entrepierna se acentuaba ineludiblemente, Nanami te abrazaba con firmeza y pronto sentiste sus dedos bajando el cierre de tu vestido.

Se separó a un centímetro de tu rostro, para posar sus pequeños y castaños ojos en los tuyos. Mantuviste la mirada fija, comenzó a quitarte la ropa con calma y se te puso la piel de gallina al sentir la yema de sus dedos resbalando por tu piel. “Me mira como nunca antes” pensaste, pues él no se perdía ni un detalle de tu cuerpo ya desnudo, con una expresión de lujuria inconcebible. ¿De verdad tenía tantas ganas de acostarse contigo?

Le sonreíste coqueta y sonrojada, pero él te elevó entre sus brazos con cuidado, dejándote tumbada en la cama. Desde allí, tus ojos lo vieron despojarse de cada prenda lentamente, lo que aceleró tu respiración y aumentó tu humedad. No podías negar que necesitabas tenerlo dentro de ti, definitivamente esto parecía irreal pero maravilloso.

Nanami descubrió ese físico atlético en el que reparaste muchas veces y se veía mejor de lo que imaginabas, pero más sorprendente era su ya erguida y potente virilidad. Nadie más que tú eras la causante de que se pusiera así y ya querías sentirlo todo por completo.

—Señor Nanami… —murmuraste, esperando que él comprendiera tu petición con tu mirada de agradable agonía.

Él se subió a la cama y se ubicó entre tus piernas, llevando un par de dedos a tu ya empapada entrepierna. Gemiste, abriste más las piernas y Nanami mantuvo su lasciva mirada castaña en tus ojos, al tiempo que sus dedos resbalaban en tu entrada.

Cerraste los ojos, lo escuchaste suspirar ardiente por tí y con su otra mano apretó tu muslo. Sus dedos te exploraban, entraban y salían con tal habilidad que creíste no resistir el orgasmo. Abriste los ojos para decirle que se detuviera, cuando lo viste abalanzándose sobre tí. Se besaron apasionadamente y lo rodeaste con urgencia, utilizando tus brazos y tus piernas. Pudiste notar su miembro presionando fuerte, no obstante, Nanami se quitó de encima con el ceño un poco fruncido y lo miraste confundida.

—¿Pasó algo? —preguntaste, a lo que él no respondió y simplemente tomó la corbata que traía puesta un momento atrás. Te la enseñó entre sus manos y esbozó una pequeña sonrisa de malicia. Caíste en la cuenta de lo que tenía en mente, sonreíste y él procedió a amarrarte de las muñecas en el respaldo de la cama.

Jamás un hombre había hecho algo así contigo, lo mirabas emocionada sin saber qué decir y Nanami se mordió el labio inferior una vez te vio ya atada.

Entonces fue que comprendiste cuánto quería Nanami poseerte, lo que coincidía con eso que sentías tú. Entró en ti con suavidad, mantuvieron la mirada fija y se besaron con pasión. Se notaba su preocupación por tu comodidad pues se movió lentamente, pero tus gemidos le indicaron que no era necesario contenerse.

Lo abrazaste con tus piernas, qué bien se sentía la manera en que te lo hacía y sonreíste sensual, cerrando tus ojos. Tu jefe gruñó en tu oído, mordió tu cuello y llevó una de sus manos a tus pechos. Él levantó su rostro, volviste a mirarlo y murmuró tu nombre a un centímetro de tu boca, levantó su torso para mostrarse tan sudado como tú. Entonces, aumentó la velocidad de sus embestidas, llegando a lo profundo de tu interior al tiempo que besaba tus pechos.

Gimió junto a ti con placer y se levantó un poco más, frunció un poco el ceño y no dejó de darte su mirada castaña, teniendote amarrada. Volviste a sonreír coqueta, afirmándote de la suave corbata de tu amante y dándote cuenta de lo que venía. Nanami suspiró alto y se movió fuerte, acariciando tu pierna sobre su hombro y facilitando la intensa y exquisita sensación que se esparció en tu cuerpo.

—Oh, señor Kento —gemiste, y terminaste de caer en la cuenta de que tu atractivo jefe iba en serio estaba haciéndote sentir semejante placer. No tenías idea de que iba a ser tal como pensabas, un experto dada su edad. Lo habías visto pasar tantas veces con admiración, escondiendo tu deseo por él y te hallabas sorprendida pues ahora le pertenecías.

Nanami gruñó y se inclinó para besar tus pechos, tú te recuperabas de la abrumadora lujuria y supiste que eso no era todo. Deslizó su boca y su lengua por tu vientre, hasta llegar a tu entrepierna.

Percibiste los dulces besos y lo miraste fijo para verlo con sus ojos cerrados, gimieron juntos y sonreíste nuevamente. Tu jefe estaba conduciéndote otra vez a la lujuria, te encontrabas más que segura de sucumbir en cualquier momento y continuabas aferrándote al respaldo de la cama.

Él te desató con cuidado y sus ojos chocolate regresaron a tí con el fin de pedirte que atendieras eso grande y duro que poseía entre las piernas. Te incorporaste, el señor Kento se quedó tal como estaba y te aventuraste allí haciendo uso de tus labios y tu lengua.

Nanami gruñó y gimió alto, tú sentiste crecer el calor y la humedad en tu entrepierna. Ahora eras tú la encargada de darle placer y te sentías enormemente complacida. Tu jefe, el encantador hombre ya maduro estaba dejándose llevar por los besos que le dabas. Continuaste un momento mas así y él te tomó de los hombros. Te levantaste, Nanami te hizo voltear hacia la pared tras del respaldo de la cama y quedaste en cuatro.

El atractivo hombre rubio dio inicio de una sola estocada a un vaivén fuerte y rápido, gemiste junto a él a la vez que tus pechos se aplastaban contra la pared. Si él continuaba haciéndolo así ibas a acabar pronto, además de que el palpitar de su miembro y sus gruñidos te decían que también se encontraba cerca de esa sensación.

Te dio una nalgada y giraste un poco tu rostro, mirándolo sexy de reojo. Qué buena idea había sido aceptar esto, que tu jefe agarrara con firmeza una de tus nalgas para disminuir la frecuencia de sus arremetidas mientras tocaba tus senos desde atrás.

—Jefe, yo… —dijiste entre jadeos, te hallabas al borde de un segundo orgasmo. El señor Kento te tomó de las caderas y sus gemidos fueron más alto.

Llegaste a la cima de tu placer, él salió de ti y sentiste un líquido caliente derramándose suave sobre tus nalgas. Se encontraban empapados en sudor, con la respiración agitada y tus piernas temblaban.

—Lo siento, señorita T/N —dijo él con voz aún jadeante y se apresuró a su baño privado con el fin de limpiar tu piel con una toalla. Sonreíste agradada con un sonrojo.

—Muchas gracias, señor Nanami —suspiraste todavía agotada y volteaste. Él acarició tu rostro y tu cabello, esbozando una pequeña sonrisa. Su mirada chocolate volvió a cruzarse con la tuya y te dio un último dulce beso.

—Puedes tomar un baño si así lo quieres —dijo él amablemente con su habitual tono varonil. Asentiste, te encerraste en el baño y miraste tu imagen en el gran espejo por un par de segundos. Pese a que sabías que quizá lo ocurrido no estaba nada de bien, no podías dejar de sonreír. No interesaba lo que pasaría después, esa noche con el señor Nanami Kento iba a quedar en tu memoria.