Paz Inesperada
Miguel se encontraba completamente determinado, por lo que saltó al universo en el cual existía ese spider que había llamado su atención. Un día cualquiera navegaba en internet, cuando sus poderes que le permitían ver otros universos, le hicieron dar con un spider llamado SpiderClover. Era parte del spiderverso y pese a tener solamente el poder de tener suerte, no tenía eventos canon. Su curiosidad había despertado e investigó, enterándose de que ese spider en realidad no existía y su única variante era un dibujante.
Ya en dicho universo, el hombre de ojos marrones se dispuso a indagar sobre Nissiz, siguiéndola a todas partes. Descubrió que allí, donde ella vive, él es un personaje de una película y la muchacha está obsesionada con él. En la mente del moreno esto sonaba ridículo porque buscaba respuestas y esperaba tenerlas de parte de un spider y no de un civil, como era esta chica. Sin embargo, su curiosidad continuaba siendo la misma, deseaba mucho conocerla. Ella era muy encantadora físicamente y su personalidad parecía dulce y agradable, lo que la hacía más interesante. También, el saber que él era su obsesión, lo encendía sobremanera.
Ese día, se prestó a forzar un encuentro con la chica en cuestión, en una cafetería. Sabía que ella no se le acercaría por cuenta propia pues era una muchacha tímida e introvertida, por lo que él debía facilitar las cosas. Ella solía ir sola a esa cafetería más o menos seguido y ahí se había ubicado, donde siempre. Algo distraída, no alcanzó a reparar en que Miguel pasó por detrás de su silla, “golpeándose” en la pierna.
-¡Ah! ¿Podrías sentarte bien? -se quejó el moreno, mirándola fastidiado. La muchacha quedó helada y sin dudarlo, se volteó para verlo justo en frente de ella. Se sonrojó, él era Miguel O’Hara, ese hombre que la tenía tan obsesionada. Ese hombre sobre el cual sabía todo y también, el dueño de cada una de sus fantasías románticas y eróticas.
-Lo... lo siento -respondió apenas la aludida, en voz baja. Él sonrió hacia sus adentros, había logrado que ella notara su presencia allí. Solo debía continuar en su papel de malas pulgas.
-Acabo de golpearme porque estás mal acomodada -continuó él, de muy mal humor, sin ocultar su alegría por tener los ojos marrones de la dibujante sobre él.
-Perdón -repitió la castaña. Iba a decirle algo, cuando el siguió caminando y tomó una mesa.
Ella se le acercaría en cualquier instante, no había dejado de observarlo, todavía sin poder creerlo. Sería cuestión de un par de horas o quizá menos para que Nissiz hiciera su movimiento.
Hizo de cuenta que estaba al pendiente de su celular en cuanto vio de reojo a la chica poniéndose de pie para ir a donde estaba él. La chica respiró hondo para calmar su nerviosismo, pese a que las mariposas ya revoloteaban en su estómago.
-¿Qué se te ofrece? Estoy algo ocupado -se adelantó él, mirándola con seriedad.
-Eres Miguel O’Hara, ¿cierto? -preguntó ella, emocionada. El moreno asintió y la dibujante agregó-: Te sigo desde siempre. Soy tu fan.
-Oh, ¿es en serio? Siempre he querido una ñacosadora, gracias por llenar ese vacío en mi vida -rió sarcásticamente, a lo que la castaña de sonrojó y esbozó una sonrisa.
-En serio, sé todo sobre tí. No puedo creer que te tenga en frente mío.
-Aunque no lo creas, soy un hombre normal en el fondo. Así que, ¿cuál es tu superpoder? ¿Ser devota mía? -preguntó Miguel, riendo otra vez.
-Bueno, si tú lo dices.
Su corazón dio un brinco al escuchar la respuesta de la chica pues eso, sonaba a que era justo lo que quería de ella en ese momento.
Días y semanas pasaron, dando lugar a una época que sin ellos darse cuenta, marcaría un antes y un después en sus vidas. Miguel comenzó a pasar bastante tiempo en el universo de Nissiz y eso los ayudó a darse cuenta que ambos eran mucho más de lo que aparentaban. La castaña se desbordaba de felicidad por poder tenerlo cerca y aunque le costó algo de trabajo mostrarse por su timidez, finalmente el moreno pudo conocerla a ella. Y mientras la castaña ya sabía hasta el más mínimo detalle sobre él, él se veía encantado por su personalidad.
Le gustaba su personalidad relajada y su modo de vida apacible, sin preocupación alguna sobre lo que podría deparar el destino para ella. Además, el universo donde vivía no poseía villanos intergalácticos, lo que significaba un medio para su propio descanso. Sí, era todo lo contrario a él mismo en cuanto a modo de ser y estilo de vida, pero ¿y si eso era lo que hacía falta en su vida?
Un día nublado pero agradable, Miguel invitó a Nissiz a dar un paseo al salir de su trabajo. Fue directo y explicó que simplemente quería hablar con ella, quien dijo que sí, ruborizada y nerviosa. Se veía maravillosa ese día, lucía un vestido tipo cottagecore en blanco con estampado de flores en rosa, el cual resaltaba sus bellas y abundantes curvas. No obstante, la ansiedad invadió el corazón del hombre de los ojos marrones, ya casi no podía esperar para escuchar sus respuestas y tal vez, para algo más...
La llevó a la azotea de un gran edificio, desde allí se podía ver el hermoso atardecer en todo su esplendor.
-Te traje aquí porque... hay algo importante que debo preguntarte... De hecho, vine a tu universo porque quería respuestas -explicó Miguel, una vez estuvieron contemplando el paisaje. Su semblante era más bien serio en ese momento, incluso triste.
-Dime -dijo ella, mirándolo sorprendida y algo nerviosa.
-Es que... tu universo no tiene eventos canon ni nada de villanos que derrotar. Al contrario, hay tranquilidad y puedo quedarme mucho tiempo a descansar, pero... -comentó, e hizo una pausa antes de continuar-: ...¿por qué perdí a mi familia al romper el canon?
Nissiz demoró unos segundos en responder, le había conmovido su respuesta y él la miraba expectante, por lo que hizo un esfuerzo por decirle algo adecuado sin lastimarlo.
-Creo que eso es porque... vivías en una fantasía, tratabas de vivir una realidad que no te pertenecía -dijo en un tono delicado y se detuvo al apreciar el asombro en el rostro del moreno-. Si me dejas aconsejarte, pienso que... deberías dejar de buscar consuelo en otros lugares, y vivir tu propia historia.
Él se sonrojó ya que lo primero que se le vino a la mente si seguía el consejo de la muchacha, fue comenzar su propia historia a su lado.
-¿Y qué hay de ti? ¿Y qué si en otro universo te encuentras haciendo cosas más importantes que aquí? -indagó.
-Eso no importa, esa es la vida de mi otro yo en ese universo -contestó ella, encogiéndose de hombros y el hombre al frente de ella sonrió un poco. Estaba comenzando a hacerle sentido-. ¿Sabes? Elijo no pensar en esas cosas que hubiera cambiado, solo busco concentrarme en lo que tengo al frente, las cosas que sí puedo hacer.
La inquietud del moreno se disipó despacio, mas recobró su seriedad porque pensaba que era el momento adecuado... para decir la verdad.
-Yo... he estado siguiéndote... de antes de conocerte -confesó. Nissiz se vio muy impresionada.
-¿Es en serio? -indagó.
Miguel asintió y su palpitar se aceleró, tal como el de la castaña. Él se dio unos segundos para admirar la luz azul grisácea de ese atardecer nublado sobre los colores de su pelo, ojos y piel. Sí, eso era... atracción y ya no podía negarlo.
-Nissiz, al principio, tú... me pareciste una chica insegura, pero me encantó tu soltura y tu vida despreocupada. Es como si sólo esperaras lo que la vida tiene para ti. Eres increíble... -dijo con un tono de voz que denotaba su fascinación por la muchacha. Ella tragó duro y un sonrojo tiñó las mejillas de ambos. Entonces, él agregó-: Increíblemente maravillosa.
La mente del moreno se despejó de dudas y la tomó de la cintura pegándola a él y la besó. El tiempo se detuvo en el interior de la chica de ojos marrones a la vez que sentía la lengua tibia y mojada de él descubriendo su boca. Ambos respiraban con dificultad, el beso se volvió más candente y pronto las manos de los dos se prestaron a acariciar sus figuras.
-Mmm... Qué ricos se sienten tus pezones... -murmuró él, tocándolos por sobre la tela de su vestido. Todo ese tiempo siguiéndola lo hizo darse cuenta de lo que ella quería con él. Pero, en ese momento, pensaba en ella como una perra cabeza hueca que sería solo para él. Nissiz jadeaba y volteó, quedando con sus manos contra la pared más cercana al edificio.
-Miguel... -susurró, y notó algo increíble. Comenzó a llover, cierto era que no había reparado en las nubes grises del cielo al estar junto a él.
-Ssshh... Tú solo disfruta -dijo él con voz ronca, en su oído. Bajó su jeans y su bóxer descubriendo su verga dura, la cual ella miró tentada. Luego, bajó el jeans de la muchacha y admiró su trasero abultado, poniendo su erección en su entrada ya mojada. La penetró con suavidad y una vez adentro completamente, comenzó a embestirla despacio. La lluvia mojándolos más y más-. ¿Es como lo imaginabas?
-Es aún mejor... Aaahh... Dios... -murmuró ella entre gemidos, moviendo sus caderas al compás del movimiento de Miguel. El moreno la tomó con el fin de penetrarla más fuerte, ambos gimieron de amor y placer.
Él la hizo voltearse con el fin de suspenderla en el aire contra el muro y arremeter suave y sensual. La lluvia se hallaba cubriéndolos por entero.
-Nissiz... Hermosa... -gruñó él, apreciando su rostro placentero y su cabello corto ya empapado.
-Mmm... Miguel... -rogó ella, desesperadamente excitada. Entonces, la penetró con mayor fuerza y rapidez. El sonido de sus cuerpos chocando se volvió mucho más mojado. Nuevamente, Miguel no pudo evitar preguntarse cómo se vería siendo degradada por él. ¿Ella lo disfrutaría también?
-Eres una zorrita, ¿no es así? -murmuró él en su oído y Nissiz asintió, sonrojada. Pudo confirmar que le había gustado pues su vagina se puso más mojada-. ¿Serás mi zorrita?
-Sí... Seré tu zorrita -respondió ella en un susurro sensual y él no pudo resistirlo más.
Llevó su boca al cuello de la chica y sin esperar nada, hincó sus dientes sin piedad. La bella muchacha emitió un gemido intenso de dolor y placer, a la vez que él lamía la sangre de la herida que él había provocado en su cuello.
-Mierda, yo... -musitó el moreno, con la respiración entrecortada. El interior de ella comenzaba a estrujar y la virilidad del moreno empezaba a palpitar, entonces lo supieron e intercambiaron una mirada de complicidad y deseo-. Déjame acabar adentro, zorrita rica.
Ella solo asintió y el máximo placer hizo explosión en ellos, cubriéndolos de la cabeza a los pies mientras sus miradas reflejaban la profundidad de los sentimientos de ambos.
-Eso estuvo... maravilloso -dijo ella en voz baja, sus ojos brillaban como si estuviera llena de amor.
-A mi también me encantó -comentó él con una sonrisa sensual y fue como si justo en ese momento hubiera reparado en el estado en que los tenía la lluvia. Nissiz soltó una pequeña risa y Miguel la tomó entre sus brazos-. Pongámonos bajo techo.








